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Francisco habló de “las fake news y el periodismo de paz”

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En el marco de la 52 Jornada Mundial por las Comunicaciones Sociales, el Papa Francisco emitió un comunicado donde habla de las fake news y el periodismo de paz.
«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz
Queridos hermanos y hermanas: En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.
Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.
Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la
comunicación de la verdad.
1. ¿Qué hay de falso en las «noticias falsas»?
«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.
La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.
La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la
desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de
opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.
2. ¿Cómo podemos reconocerlas?
Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de millones de perfiles digitales.
Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder.
Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad
y la creación.
La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4).
Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6). Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.
De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.
Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación. 
3. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)
La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la
verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).
Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas.
La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).
Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.
4. La paz es la verdadera noticia
El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.
Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.
Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:
Señor, haznos instrumentos de tu paz. Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios. Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas. Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.
Amén.
Francisco

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Monseñor Martínez: “Tenemos Papa para mucho tiempo”

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El obispo de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez, mantuvo un encuentro privado con el papa Francisco. Durante su encuentro, el prelado pudo manifestarle la cercanía y la oración de la comunidad. Trataron temas como la pastoral diocesana, el seminario y el trabajo de diálogo entre los obispos del NEA (Nordeste Argentino), sobre todo en lo concerniente a la piedad popular. Próximamente, anticipó el Papa a monseñor Martínez, saldrá una encíclica referida a la santidad. 
Martínez, se reunió el 12 de marzo de forma privada con el papa Francisco. El encuentro fue en las vísperas de su quinto aniversario como Santo Padre, y el prelado lo describió como “un momento muy gozoso”.
“Pude saludarlo, manifestarle que rezamos desde nuestra diócesis, que la gente lo siente cerca. Fue un momento muy lindo y muy gozoso realmente. Además lo vi muy bien a él, muy contento, animado”, expresó monseñor Martínez, y destacó las palabras de Francisco en esta fecha especial: “A veces las cosas parecen difíciles, pero nunca perdí la paz, creo que Él me sostiene”.
Al ser consultado sobre cómo se sintió en esta reunión, monseñor Martínez reconoció que le “encantó” la experiencia del Papa de sentirse con paz en una tarea tan difícil como la de asumir el papel de sucesor de Pedro. “Además es él quien tiene que impulsar la evangelización de toda la Iglesia”, señaló.
“Hablamos también de la pastoral de nuestra diócesis. Le comenté de nuestro seminario diocesano y también de un trabajo de diálogo que estamos teniendo los obispos de la región del nordeste, destacando el trabajo de acompañamiento a la piedad popular, un tema que a él le preocupa y le interesa mucho. Sobre esto conversamos de manera especial y de cómo es una de las claves el estar cerca de la gente, de la religiosidad de nuestro pueblo”, relató el obispo de Posadas.
Para finalizar, comentó que también se trataron “varios temas que hacen a nuestra pastoral cotidiana”. Francisco le comentó además que próximamente saldrá una nueva encíclica que trata sobre la santidad y advirtió que “muchas veces todo lo percibimos desde un análisis político o en un análisis ideológico y es allí donde perdemos la gracia”.
“Con la encíclica sobre la santidad, yo creo que nos va a hacer mucho bien a todos”, consideró el prelado, y concluyó asegurando que “tenemos Papa para mucho tiempo”.+

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En su último día en Perú, Francisco dijo que “América Latina está en crisis por la corrupción”

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El papa Francisco denunció que América Latina está en crisis por la corrupción, aseguró que el caso Odebrecht “sólo fue una parte chiquita” y criticó que la región “está sufriendo bajo un capitalismo liberal deshumano”.
“En general la política en América Latina está más enferma que sana. Hay una crisis política no sólo en el Perú”, dijo el Pontífice en una conversación improvisada con obispos peruanos, a los que visitó en el Arzobispado de Lima.
“Gran parte de Latinoamérica sufre la decadencia y el embate de la corrupción. El caso Odebrecht sólo fue una parte chiquita. Estamos en crisis por la corrupción”, denunció Jorge Bergoglio en referencia al escándalo de sobornos que involucra a una constructora brasileña y a varios gobiernos de la región.
Y lamentó: “Se da que gana la oposición y acusa de corrupto al anterior; luego gana el otro y también lo acusa… y los dos tienen algo de razón”.
“El juego político es muy difícil y nos pone en dificultad si queremos ser pastores. Tampoco la denuncia es la única arma, están la persuasión y la formación política”, les dijo.
En ese sentido, hizo referencia al “fenómeno de los paraísos fiscales, muchos de los cuales están en América Latina”.
“América Latina estaba buscando un camino, la patria grande, y de golpe con los años está sufriendo bajo un capitalismo liberal deshumano”, señaló.
Al hablar frente a unos 60 obispos peruanos en el Arzobispado de Lima, el Pontífice homenajeó al santo Toribio de Mogrovejo y lo puso como ejemplo de alguien que “quiso llegar a la otra orilla, no sólo geográfica sino cultural”, y para eso “promovió por muchos medios una evangelización en la lengua nativa”.
“¡Cuánto urge esta visión para nosotros, pastores del siglo XXI, que nos toca aprender un lenguaje totalmente nuevo como el digital, por citar un ejemplo”, les pidió, animándolos a retomar el espíritu del evangelizador del siglo XVI.
Asimismo, los convocó a “conocer el lenguaje actual de nuestros jóvenes, de nuestras familias, de los niños”.
“Como bien supo verlo santo Toribio, no alcanza solamente con llegar a un lugar y ocupar un territorio; es necesario despertar procesos en la vida de las personas para que la fe arraigue y sea significativa”, dijo Bergoglio en su último día en Perú, desde donde regresará a Roma.
“Y para eso tenemos que hablar su lengua. Es necesario llegar allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, alcanzar con la palabra de Jesús los núcleos más profundos del alma de nuestras ciudades y pueblos”, aseveró el Pontífice.
Francisco también pidió a los obispos que “no tengan miedo de denunciar los abusos y excesos que se cometen frente a su pueblo”.
“El bien espiritual no puede nunca separarse del justo bien material, y tanto más cuando se pone en riesgo la integridad y dignidad de las personas”, enfatizó.
En su encuentro, reforzó además el pedido de “unidad” dentro de la Iglesia peruana, con el que había empezado el día frente a unas 500 monjas de clausura.
“Queridos hermanos, trabajen para la unidad, no se queden presos de divisiones que parcializan y reducen la vocación a la que hemos sido llamados: ser sacramento de comunión”, les dijo.
En esa línea, Francisco había pedido antes a las religiosas que “recen por la unidad de la Iglesia, que está tentada por la desunión”.
Fuente: Ambito.com

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Histórico: el Papa Francisco pidió perdón por los abusos en la Iglesia

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El papa Francisco pidió disculpas por los abusos a menores por parte de ministros de la Iglesia. Lo hizo en  su primer discurso en Chile, pronunciado en el Palacio de la Monedadel estado trasandino ante la presidenta chilena, Michelle Bachelet, país donde llegó ayer para una visita de tres días.
El sumo Pontífice se refirió a los abusos cometidos a menores por parte de sacerdotes durante su discurso: “Escuchar a los niños, que se asoman al mundo con sus ojos llenos de asombro e inocencia y esperan de nosotros respuestas reales para un futuro de dignidad. Y aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia”. 
“Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir”, sentenció. Sus palabras generaron un prolongado aplauso de los presentes en el acto.
Francisco, que llegó ayer por la tarde a Santiago de Chile, comenzó su discurso recordando que en este país se formó durante su juventud, dado que estuvo un año en 1960, y agradeció “por tanto bien recibido”. Asimismo, elogió su diversidad y riqueza geográfica, y también un pasado en el que se ha enfrentado a “diversos periodos turbulentos” pero que logró -no sin dolor- superar”, y que ha logrado “consolidar y robustecer” el sueño de los padres fundadores. Luego fue el momento en el que pidió disculpas, un hecho histórico que no dejó a nadie indiferente.

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El Papa ya está en Chile para una intensa visita de cuatro días

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El avión de Alitalia con el Sumo Pontífice y su comitiva aterrizó a las 19.13 hora local (2213 GMT) en el aeropuerto internacional de Santiago procedente de Italia.
El primer Papa latinoamericano fue recibido en el aeropuerto por la presidenta Michelle Bachelet y la Conferencia Episcopal chilena.
Francisco, partirá en una caravana por una autopista hacia una de las parroquias más antiguas de la capital, que en su creación se orientó a ayudar a las familias más pobres.
Luego se trasladará en un papamóvil por la principal avenida de Santiago en la que se espera miles de personas lo saluden en su camino hacia la Nunciatura Apostólica.
El martes, en su primer día de actividades oficiales, Francisco hablará en la sede de gobierno, el Palacio de La Moneda, desde las 08:20, y luego tendrá un encuentro privado con Bachelet. Luego, el pontífice tendrá su primera misa, en el parque O’Higgins de Santiago, antes de visitar la cárcel de mujeres de la capital chilena y luego proseguir sus actividades reuniéndose sucesivamente con sacerdotes, obispos y jesuitas.
El presidente argentino, Mauricio Macri por su parte, agradeció el saludo protocolar que le envió el Papa y en un mensaje en Twitter le respondió:


 

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