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El Gobierno modificó la reglamentación del personal militar para garantizar la carrera profesional en cargos del Ministerio de Defensa

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El Poder Ejecutivo Nacional modificó la Reglamentación de la Ley para el Personal Militar N° 19.101 con el objetivo de evitar que el desempeño de cargos en el Ministerio de Defensa afecte la carrera profesional del personal militar. La medida se formalizó mediante el Decreto 58/2026, firmado el 28 de enero de 2026 y publicado en el Boletín Oficial el 29 de enero, y adecua el régimen reglamentario vigente a los cambios introducidos por el DNU 34/2026, que redefinió la situación de revista del personal designado en funciones ministeriales.

Adecuación normativa y fundamentos institucionales

El decreto se dicta en el marco de las atribuciones del Presidente de la Nación como Jefe Supremo y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, conforme a la Constitución Nacional, y en línea con las responsabilidades asignadas al Ministerio de Defensa por la Ley de Ministerios N° 22.520. A su vez, se apoya en las bases establecidas por la Ley N° 24.948, que define la organización y empleo de las Fuerzas Armadas bajo conducción ministerial.

En los considerandos, el Poder Ejecutivo señala que la Ley para el Personal Militar N° 19.101 regula las situaciones de revista del personal militar y los efectos de cada una sobre la carrera profesional. Sin embargo, el DNU 34/26 advirtió una “incongruencia” en el régimen vigente, ya que el personal militar podía ver afectadas sus expectativas de desarrollo profesional cuando era designado por el propio Poder Ejecutivo para desempeñar cargos dentro del Ministerio de Defensa.

Para corregir esa situación, el DNU 34/26 modificó el artículo 38, inciso 1°, apartado b) de la Ley N° 19.101 y estableció que el personal del cuadro permanente se considera en servicio efectivo cuando presta servicios o ejerce un cargo en el Ministerio de Defensa. El Decreto 58/2026 avanza ahora en la adecuación reglamentaria, modificando el Decreto N° 8192/72, que reglamenta la ley para el Ejército.

Cambios en la reglamentación: funciones públicas y situación de revista

El núcleo del decreto se concentra en la sustitución de varios artículos clave de la reglamentación vigente. En primer lugar, se reemplaza el artículo 18, que ahora autoriza al personal del Cuadro Permanente a desempeñar funciones públicas no electivas cuando sea designado por el Poder Ejecutivo Nacional o por otras autoridades, en este último caso con autorización del Jefe del Estado Mayor General del Ejército. En ambas situaciones, el personal queda comprendido en los regímenes previstos por la Ley N° 19.101, con una excepción puntual prevista en la propia reglamentación.

Asimismo, el decreto redefine el artículo 83, que regula los supuestos de permanencia en servicio efectivo. El nuevo texto especifica que oficiales, suboficiales y voluntarios del cuadro permanente se consideran en servicio efectivo cuando prestan servicios en organismos del Ejército; cumplen funciones específicamente militares en el Consejo de Defensa Nacional, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas o la Casa Militar de la Secretaría General de la Presidencia; o realizan comisiones propias del servicio militar.

En cuanto al personal superior del cuadro permanente, se establecen criterios diferenciados según el tipo de designación. Cuando el Poder Ejecutivo los nombre para cargos previstos por leyes o reglamentaciones como funciones a ser desempeñadas por personal militar, se mantiene la condición de servicio efectivo. En cambio, si se trata de cargos no previstos para personal militar y que impliquen el alejamiento del servicio efectivo, ese apartamiento no podrá extenderse por más de dos meses desde la designación.

Finalmente, se incorpora un inciso 11) al artículo 83, que dispone que el personal militar designado en cualquier cargo dentro del Ministerio de Defensa queda comprendido en el régimen de servicio efectivo, con la excepción del Teniente General, cuya situación se rige por disposiciones específicas de la Ley N° 19.101.

Impacto en la carrera militar y en la gestión de Defensa

Desde el punto de vista institucional, el Decreto 58/2026 apunta a alinear la normativa reglamentaria con la estructura de conducción de la defensa nacional, reforzando la integración funcional entre el Ministerio de Defensa y el personal militar. En términos prácticos, la medida busca eliminar desincentivos para que oficiales y suboficiales acepten designaciones en el ámbito ministerial, sin que ello implique un perjuicio en su situación de revista ni en sus expectativas de ascenso y desarrollo profesional.

El impacto directo se concentra en el personal del cuadro permanente del Ejército, aunque el encuadre normativo se inscribe en un esquema más amplio de reordenamiento institucional de la defensa. Al clarificar las condiciones bajo las cuales el personal militar puede desempeñar funciones públicas no electivas, el decreto también aporta previsibilidad administrativa y reduce zonas grises en la aplicación de la ley.

En términos políticos, la norma refuerza el rol del Poder Ejecutivo en la conducción de la defensa y consolida la autoridad del Ministerio de Defensa sobre la administración de los recursos humanos militares, en línea con el marco legal vigente. La entrada en vigencia es inmediata, desde el día de su publicación en el Boletín Oficial.

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Cargos en el Ministerio de Defensa computarán como servicio efectivo para militares

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El Poder Ejecutivo Nacional modificó la Ley para el Personal Militar N° 19.101 mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia 34/2026, dictado el 23 de enero de 2026 y publicado en el Boletín Oficial el 26 de enero. La norma redefine el concepto de “servicio efectivo” para reconocer expresamente que el personal militar designado por el Ejecutivo para cumplir funciones o ejercer cargos en el Ministerio de Defensa continúe en esa situación de revista, sin que se vea afectado el desarrollo de su carrera profesional ni el cómputo de servicios para ascensos y retiro.

La medida introduce un cambio relevante en la arquitectura institucional del sistema de defensa, al corregir una situación que hasta ahora ubicaba a estos oficiales —cuando eran asignados a cargos ministeriales no directamente vinculados a las Fuerzas Armadas— en estados de disponibilidad o pasiva, con impacto directo sobre su trayectoria profesional. El DNU se dicta invocando la necesidad y urgencia previstas en el artículo 99, inciso 3 de la Constitución Nacional, y será remitido a la Comisión Bicameral Permanente del Congreso, conforme la Ley N° 26.122.

El cambio central: cargos en Defensa ahora computan como servicio efectivo

El artículo 1° del decreto sustituye el inciso 1° del artículo 38 de la Ley N° 19.101 y amplía la definición de “servicio efectivo”. A partir de la modificación, se considerará en esa situación al personal militar que:

  • Preste servicios en las Fuerzas Armadas u otras organizaciones militares.
  • Preste servicios o ejerza un cargo en el Ministerio de Defensa, con excepción de quienes hayan alcanzado el grado máximo de cada fuerza: Teniente General, Almirante o Brigadier General.

La exclusión de estos últimos se fundamenta en que dichos grados representan la culminación de la carrera militar, por lo que el tiempo de servicios posterior no incide en los mecanismos de ascenso ni resulta determinante a los fines del retiro.

El decreto mantiene dentro del “servicio efectivo” otras situaciones ya previstas, como licencias por enfermedad causada por actos del servicio (hasta dos años), enfermedad no causada por actos del servicio (hasta dos meses), licencias extraordinarias (hasta seis meses con 20 años simples de servicio), licencias por maternidad (hasta 90 días, ampliables a 110 en caso de nacimiento múltiple), y licencias por asuntos personales para personal superior (hasta dos meses).

De este modo, el Ejecutivo busca eliminar una incongruencia normativa: que oficiales designados por el propio Poder Ejecutivo para cumplir funciones estratégicas en el ámbito del Ministerio de Defensa vieran afectadas sus expectativas de ascenso y retiro por no ser considerados en servicio efectivo.

Haberes, incompatibilidades y adecuación institucional

El artículo 2° del DNU sustituye el artículo 60 de la Ley N° 19.101 y regula el régimen de haberes para el personal militar que se desempeñe en cargos de Ministro, Secretario o Subsecretario, o en otras funciones previstas para personal militar. En estos casos, los efectivos percibirán el haber mensual correspondiente a su grado, más un complemento para alcanzar los emolumentos asignados por la ley de presupuesto al cargo desempeñado, reintegrándose al fisco la diferencia que corresponda.

La norma aclara que esta adecuación no habilita el ejercicio simultáneo de cargos en las Fuerzas Armadas y en el Ministerio de Defensa, y que el personal alcanzado deberá cumplir con el régimen de incompatibilidades aplicable. También garantiza que no se verá afectada la percepción de los gastos de representación correspondientes al cargo.

Desde el punto de vista institucional, el decreto refuerza la articulación entre el Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas, reconociendo que las funciones desarrolladas en la órbita ministerial forman parte del núcleo de la política de defensa nacional, tal como lo establece la Ley de Ministerios N° 22.520.

Fundamentos, urgencia e impacto en la gestión de defensa

En los considerandos, el Ejecutivo justifica el uso del DNU en la necesidad de cubrir de manera inmediata cargos vacantes en el Ministerio de Defensa para asegurar la continuidad y eficacia de la gestión administrativa, operativa y estratégica. Señala que la demora del trámite legislativo ordinario podría afectar el normal funcionamiento del área y generar un perjuicio irreparable en la carrera del personal militar designado, al impedir que ese tiempo compute como servicio efectivo.

Desde una perspectiva de impacto, la modificación apunta a mejorar los incentivos para que oficiales con experiencia y conocimientos específicos acepten desempeñar funciones en el ámbito civil de la defensa, sin penalizaciones en su carrera. A su vez, introduce mayor previsibilidad en el régimen de haberes y situaciones de revista, con efectos directos sobre la planificación profesional y previsional del personal militar.

El decreto fue dictado por el presidente Javier Milei en acuerdo general de ministros y entrará en vigencia a partir de su publicación en el Boletín Oficial, consolidando un ajuste normativo que redefine el vínculo entre carrera militar y gestión política de la defensa.

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Urge nacionalizar las Fuerzas Armadas, tercera parte

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Fuerzas de Defensa o tropas de ocupación al servicio de la antipatria

Desde la revolución fusiladora hasta el “proceso”.

El muy cruento golpe de Estado de 1955, tuvo al menos dos prolegómenos, que anunciaban las fuertes reacciones de sectores de las FFAA muy vinculados o cooptados por la oligarquía tradicional, la cual a su vez históricamente muestra marcada afinidad, rayana en la subordinación explícita, respecto a los mandatos emanados del Reino Unido; y subordinación total a EEUU en las últimas décadas.

En 1951 el General Benjamín Menéndez lideró un alzamiento, que fue rápidamente sofocado.

En junio de 1955, aviones de la Marina, secundados por algunos de la Fuerza Aérea, perpetraron el vergonzoso bombardeo de Plaza de Mayo, en el cual masacraron con alevosía al propio pueblo, provocando numerosas muertes, mutilados y heridos; incluyendo un impacto directo en un ómnibus que llevaba escolares, falleciendo todos ellos.

Posiblemente en la Historia Mundial no se registre otra acción de similar cobardía, crueldad y desprecio por el propio pueblo, como lo hicieron en ese vergonzoso bautismo de fuego esos pilotos y sus apoyaturas en sus bases.

Uno de los aviones atacantes fue tripulado por un civil -Zavala Ortiz-, quien después sería ministro del gobierno radical de Illia, y personaje relevante en los largos períodos de gobiernos pretorianos y los de “democracia condicionada” por la exclusión del peronismo.

Hubo aviones leales al gobierno, que dilataron y seguramente hicieron abortar más oleadas de bombardeos a Buenos Aires. Cobró relevancia el accionar del piloto leal Ernesto “Muñeco” Adradas, quien enfrentó a los agresores, logrando el derribo de uno de los bombarderos genocidas.

Ese deleznable accionar por parte de sectores de las Fuerzas Armadas, rápidamente fue minimizado y luego ocultado, para desconocimiento programado de las siguientes generaciones de argentinos.

En setiembre de 1955 se dio el golpe de Estado, auto denominado por los perpetradores, como la Revolución Libertadora, el cual tuvo en la Marina un rol preponderante.

Como se había detectado que el alzamiento era muy probable, las naves de la Marina fueron dejadas sin municiones y con escaso combustible.

Pero en alta mar, las naves insurrectas fueron abastecidas por la Royal Navy, de combustible y municiones. Prueba irrefutable del accionar intervencionista de la marina imperial. Circuló la versión que Churchill festejó el derrocamiento de Perón.

Un alevoso atentado contra el patrimonio y la dignidad nacional, fue el bombardeo por parte de buques insurrectos, contra los depósitos de combustibles en Mar Del Plata; y la amenaza principal de los alzados era destruir la refinería de La Plata, de enorme importancia para Argentina, siendo por esos años la mayor de Sudamérica.

Esos hechos son demostrativos del nulo patriotismo puesto en evidencia por los instigadores y perpetradores del golpe de Estado.

En cuanto a las motivaciones sociales de los golpistas, cabe recordar que el Contraalmirante Arturo Rial expresó las retrógradas intenciones de abortar toda movilidad social ascendente, con su vergonzosa opinión cargada de clasismo: “sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que, en este bendito país, el hijo del barrendero muera barrendero”.

Claramente, ese deleznable pensamiento, está en línea con las ideas fuertemente clasistas, no exentas de dosis de racismo, de la oligarquía tradicional, como también coinciden con el cerrado anti industrialismo practicado por los usurpadores del poder formal.

Apenas perpetrado el golpe de Estado de 1955, dentro de las FFAA se practicó una fuerte exclusión de todos sus integrantes que mostraran afinidades con el sector Nacional y Popular, y en particular, del peronismo. Los uniformados identificados con el peronismo, fueron expulsados de Las Fuerzas, y muchos de ellos soportaron encarcelamientos y malos tratos.

Cabe considerar que “la fusiladora” marcó el inicio informal pero muy claro, del “partido militar liberal”, el cual define en forma excluyente el “pensamiento militarmente correcto” establecido cuan dogma indiscutido de fe, para los uniformados.

1955 significó el comienzo de la proscripción del peronismo, por 18 largos años, en los que hubo gobiernos militares, y civiles de “democracias condicionadas” bajo la sombra omnipresente del poder pretoriano, de crudo perfil “gorila”, concepto que define al visceral antiperonismo violento. Todo eso con los apoyos de la oligarquía tradicional y sectores afines.

Fueron 18 años de imposición forzosa casi ininterrumpida del poder político – económico liberal, doctrina que es un poderoso instrumento de sumisión a los grandes poderes financieros transnacionales.

En 1956 un levantamiento cívico militar de clara orientación nacionalista, fue duramente reprimido, fusilándose al General Juan José Valle, al Teniente Coronel Lorenzo Cogorno, y perpetrándose fusilamientos masivos en Lanús y en los basurales de José León Suárez.

Una anécdota que muestra el grado de soberbia y miserabilidad de los usurpadores del poder, fue la negativa del presidente de facto Aramburu, a recibir a la esposa del General Valle, quien previsiblemente quería pedir clemencia. El guardia que impidió el paso a la dama, tuvo la excusa de “el general está durmiendo”. Aramburu no tuvo el coraje ni la dignidad de recibir a esa dama.

Ese gobierno, de Aramburu e Isaac Rojas, con el beneplácito de la Sociedad Rural y otros entes empresarios ultra conservadores, aplicó medidas económicas anti industriales, buscando volver al inviable país granja de años del Centenario.

Cancelaron líneas de producción de automotores, que eran producidos por el complejo industrial estatal radicado en Córdoba. En los hechos maltrataron a la empresa Mercedes Benz, que iba a concretar una importante inversión para producir camiones y ómnibus, la cual esa empresa desvió hacia Brasil, de donde importaríamos después los vehículos que deberían haber sido de industria argentina.

La empresa IKA, creada poco antes del golpe de 1955, no habría tenido mayores inconvenientes, presumiblemente por ser parte de su capital de propiedad de la empresa norteamericana Kaiser, y por esos años los sectores ultra conservadores de Argentina, mostraban mutar de la alineación subordinada al Reino Unido, volcándose hacia el poder de EEUU.

En 1958 hubo elecciones, que ganó Arturo Frondizi, creando un partido que se desprendió del tronco del radicalismo “ortodoxo”, llamado UCRI.

Hubo un pacto entre Perón y Frondizi, por medio de sus delegados A. Jauretche y R. Frigerio, por el cual el proscripto peronismo dio sus votos al que sería nuevo presidente. Pero Frondizi no cumplió, al no aplicar una política económica similar a la vigente en el período peronista. Con ello, Frondizi quedó careciente de apoyatura política, siendo permanentemente jaqueado por planteos militares de clara catadura “gorila”, a lo que se añadía la fuerte oposición del radicalismo tradicional.

Un nuevo golpe militar, en 1962, derribó al frondizismo, antes de cumplir cuatro años en el gobierno. Fue otro golpe de Estado claramente vengativo, encarcelando sin probar delitos o con procesos manipulados, tanto a Frondizi como a diversos otros funcionarios, a lo ancho y largo del país.

Pese a esas limitaciones de poder político real, Frondizi dio fuerte impulso a la producción petrolera, alcanzando el autoabastecimiento (que se perdería poco después), y dio muy fuerte impulso a la industria automotriz y a la producción de tractores, cuyos efectos positivos permanecieron, pese a sucesivos gobiernos de orientación liberal.

Cabe señalar que entre 1957 y 1960, con muy poca difusión, hubo instructores de las Fuerzas Armadas de Francia, “capacitando” a sus pares locales, en técnicas de “interrogatorios forzosos”, con las metodologías aplicadas en Argelia, cuando los franceses intentaron impedir la independencia del país norafricano.

Alrededor de 1960, probablemente con el activo accionar del “General de empresa” Alcides López Aufranc (por varios años gestionó Acindar), impulsor de cambios acentuados en las FFAA, la Doctrina de la Defensa Nacional dejó de ser prioritaria, poniendo en su lugar a la doctrina de la seguridad nacional, cuya excluyente prioridad es defender al sistema, cuyos enemigos son -en esa visión particular-, el comunismo y la subversión.

Ese profundo cambio de objetivos básicos de las FFAA, se complementó para peor, con los muy escasos o nulos conocimientos de Geopolítica, Historia y Economía, impartidos en los Institutos de Formación Militar. Eso dio lugar a aberraciones, como la de “sentirse consustanciados totales” (subordinados explícitos) a EEUU y al bloque “libre, occidental y cristiano” (que no es ni libre, ni occidental ni menos aun cristiano).

Preludiando mayor violencia, se estaban gestando grupos guerrilleros, que provocaron atentados e intentos de establecer “focos liberados” (teoría foquista, de Regis Debray); y todo eso llevaría a los años de violencia exacerbada, en un contexto similar a una guerra civil, cuyo objetivo último era destruir los notables avances logrados por Argentina desde 1946 en adelante, según la clara definición del británico Harry S. Ferns. Los odios profundos que produjo todo eso, lamentablemente perduran.

En 1963 se volvió a convocar a elecciones, con las que llegó a la presidencia Arturo Umberto Illia, de la UCRP (radicalismo “ortodoxo”), con muy bajo porcentaje de votos, pues Perón dio instrucciones a sus partidarios, de votar en blanco.

Sin dejar de lado que el gobierno de Illia fue otro de “democracia condicionada” por la proscripción del peronismo, se le atribuyen méritos destacables, como la honestidad, prolijidad de sus acciones, logrando crecimiento económico. Pero incluyó personajes muy discutibles, como Zavala Ortiz.

Illia fue depuesto por otro golpe de Estado, esta vez encabezado por el General Onganía, en 1966, comenzando otro período militar, inicialmente pensado para retener el poder por largo tiempo. Pero los alzamientos populares, en particular el Cordobazo (1969), produjeron cambios, entre ellos dos sucesivos reemplazos presidenciales, con los Generales Levingston y Lanusse, en el cargo.

En 1973, Lanusse se vio forzado a llamar a elecciones sin proscripciones, con lo cual el peronismo se impuso por amplio margen.

Cabe precisar que el gobierno de la autodenominada Revolución Argentina, se diferenció claramente de las asonadas militares de 1955 y de 1976, pues a diferencia de ellas, no aplicó excluyentes políticas de liberalismo económico, posiblemente por las influencias de personalidades identificadas con el Pensamiento Nacional, como el economista Aldo Ferrer, y el especialista en Geopolítica General J.E. Guglialmelli, los que habrían neutralizado en buena parte el accionar liberal que tenía a Krieger Vasena como su exponente más visible.

Caben destacar las fuertes inversiones en grandes obras públicas, como caminos; el Complejo Hidroeléctrico Chocón – Cerros Colorados; el llamado Plan Europa, para reequipar a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, con fuertes inversiones en equipamientos producidos acá, y los desarrollos locales de materiales de defensa, como los aviones Pucará; y también los fuertes impulsos a la industria y a los entes tecnológicos, en particular el nuclear, comenzándose Atucha 1. Muy diferente a las destrucciones del sistema neoliberal que perpetraría el “proceso”, siguiente golpe de Estado, que se dio después del interregno del Tercer Gobierno Peronista.

Hubo tres presidencias, en el tercer período presidencial peronista; de Cámpora, Perón, y María Estela Martínez de Perón.

Los indicadores económicos y sociales fueron buenos, continuando el desarrollo. La desocupación era considerada “friccional” (no era crónica ni grave), del orden del 4 %, y el PBI aumentaba, oscilando en el 4 % anual acumulativo.

Pero a los serios problemas que ocasionaba el accionar violento de las extremas izquierdas (siempre funcionales a los sectores antinacionales), se agregaban las tareas de zapa para crear descontento general, buscado eso por los sectores oligárquicos antinacionales.

Fallecido Perón el 01/07/74, hubo claramente un vacío de poder. Antes de transcurridos dos años, se perpetró otro golpe de Estado, el cual tuvo desastrosas consecuencias, al meternos a punta de bayonetas, en el perverso sistema socio económico neoliberal; de lo cual aún hoy, la mayoría de los uniformados no tienen ni idea, a consecuencia del cerrado adoctrinamiento antinacional, con ignorancias casi totales en Historia, Economía y Geopolítica, que sigue vigente.

Se ampliará el tema en la cuarta parte.

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Urge nacionalizar las fuerzas armadas, segunda parte

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Fuerzas de defensa o tropas de ocupación al servicio de la antipatria.

Desde el centenario al golpe de estado de 1955.

Poco después de los fastuosos actos del centenario (en los cuales el centro y los lugares “paquetes” de buenos aires, fueron cuidadosamente “limpiados” de los muchos pobres en situación de calle); se fueron dando varios hechos políticos de importancia, que permitieron la participación popular mediante el voto secreto, con los que en 1916 Yrigoyen llegó al poder formal, venciendo a las fuerzas políticas ultra conservadoras.

Lo de la ocultada miseria generalizada coexistiendo con una minoría ahíta de riquezas, era la realidad socio económica de argentina en la época del centenario; y hasta hoy la oligarquía insiste en la falsedad de la “grandeza” que supuestamente caracterizaba a nuestro país a comienzos del siglo xx. Inclusive esa grosera mentira, se sigue enseñando, como supuesta “gran verdad” en los institutos militares, y en cátedras ultra conservadoras de las universidades.

En ese contexto, fue un hecho político notable el surgimiento de Yrigoyen, pues interrumpió el medio siglo largo de predominio absoluto del poder del ya consolidado establishment oligárquico, por esos años formado básicamente por los grandes terratenientes de la pampa húmeda, y los sectores vinculados a ese exclusivo bloque socio político. En ese medio siglo largo, las dos únicas excepciones de presidentes que evidenciaron una visión distinta, con algo o mucho de sentido de lo nacional, fueron la corta presidencia de Carlos Pellegrini, y los dos períodos de julio argentino roca.

En la segunda presidencia de roca, dentro de las profundas reformas de las FF.AA. en las que mucho de positivo tuvo el accionar de Riccheri, se implementó una cierta apertura social en los institutos de formación militar, y dentro de ese proceso se concretó el ingreso y posterior graduación del por entonces ignoto perón, sin antecedentes de “alcurnia vacuna” propia de los “apellidos relevantes”, oligárquicos, de mentalidad unitaria apátrida.

Por algo el notable historiador y polemista Jorge Abelardo Ramos, afirmó “sin un Roca no hubiera existido un Perón”. Esto, las progresías, de escasas lecturas y cerrados dogmatismos, lo ignoran o rechazan.

Pero la irrupción de Yrigoyen, marcó un hecho distinto, pues fue la primera vez después de pavón (claudicación de Urquiza, que dejó el poder político en manos de los unitarios mitristas), que el gobierno fue asumido por una fuerza que representó a los hasta entonces excluidos del poder formal.

No exento de bemoles e incluso algunos hechos problemáticos, con tintes negativos (como la fuerte represión en la Patagonia, y los hechos de violencia en la huelga de la empresa Yasena),

Pese a todo, los dos períodos de gobierno de Yrigoyen (el segundo trunco por un golpe de estado), quedaron en la historia como claros referentes del pensamiento nacional

A finales del primer período presidencial yrigoyenista (1922), fue creada YPF, primera empresa petrolera estatal del mundo, quebrando el duopolio de las dos petroleras anglosajonas, que incluso se atrevían a negar el combustible necesario para las fuerzas armadas.

El mérito por la muy correcta y patriótica conducción de YPF, cabe principalmente a Enrique Mosconi y a Alonso Baldrich, ambos con grados de oficiales ingenieros, graduados en el ejército argentino.

El golpe militar de 1930, tras bambalinas, tuvo evidente orientación liberal, o sea apátrida, y como lo definieron los historiadores revisionistas, fue un golpe con fuerte olor a petróleo, pues frenó el accionar de YPF, favoreciendo de hecho a las dos petroleras anglosajonas, que antes de 1922 eran el duopolio que manejaba el abastecimiento de combustibles.

Como sucedió y sigue sucediendo en la historia argentina, los poderes del establishment liberal, fueron muy vengativos contra Mosconi y Baldrich, con feroces procesos persecutorios.    

A Baldrich lo encarcelaron, sin haber perpetrado delito alguno, y a Mosconi lo difamaron, con la mala fe habitual de los personeros del liberalismo apátrida.

Ni Mosconi ni Baldrich fueron encontrados con grandes fortunas, menos aún dineros mal habidos.

El correcto y patriótico accionar de Mosconi y Baldrich, muestra que a comienzos del siglo xx el sector nacionalista de las FF.AA. tenía fuertes adherentes, los que seguramente sottovoce ya confrontaban ideológicamente con el siempre presente sector acomodaticio o servil de los uniformados de orientación liberal, o sea apátridas de hecho.

El más claro caso de militar de ideología liberal, de la llamada “década infame”, fue Agustín Pedro Justo, referente principal de ese muy oscuro período de nuestra historia, caracterizado por la desvergonzada corrupción y el pisoteo alevoso de todo vestigio de soberanía nacional.

O sea, que en los años ’30 del siglo XX, ya coexistían dentro de las FF.AA., un sector nacional y otro liberal.

En la década infame (1930-1943), los negociados perpetrados con descaro y alevosía, eran cosa corriente, y la sumisión a los dictados extranjeros era lo usual.

El notable patriota Lisandro De La Torre denunció en el senado, alevosos negociados y omisiones de impuestos en las exportaciones de carnes al reino unido, lo que dejaba en el ridículo a los personeros del establishment, en particular Luis Duhau y Federico Pinedo, que intentaban detener las andanadas de probadas acusaciones que desgranaba la fuerte verba de De La Torre.

En la última e incompleta sesión del senado, donde se exponía el caso, en julio de 1935, un mercenario intentó asesinar al fogoso acusador, pero se interpuso su gran amigo y compañero de bancada Enzo Bordabehere, quien recibió los disparos, falleciendo en consecuencia.

El escándalo producido, logró frenar las denuncias, no definiéndose quienes fueron los instigadores del atentado.

En 1939, posiblemente deprimido por tanta corruptela y traiciones, de la torre se quitó la vida.

Otro de los tantos casos de corruptelas alevosas, tuvo que ver con las concesiones de los servicios de electricidad, cuyas condiciones eran definidas por las autoridades municipales. Entre otras definiciones del caso, muchos eran llamados “los concejales chadistas”, por sus presuntas vinculaciones con cláusulas leoninas a favor de la empresa extranjera Chade, una de las prestadoras del servicio en el área metropolitana.

En los años ’40 del siglo XX, surgieron dos entidades que tendrían notable influencia en los profundos cambios que sobrevendrían en esa década.

En la semi clandestinidad, se creó y pasó a tener notable influencia intelectual el grupo FORJA (Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina), inicialmente formada por militantes radicales identificados con el yrigoyenismo, opuestos al sector alvearista, sector este que pasó a consustanciarse con la oligarquía campera, o sea en las antípodas del radicalismo original.

Los cuadernillos y otros escritos de FORJA, tuvieron muy buena acogida en el sector nacionalista de las fuerzas armadas, dando consistencia doctrinaria a las profundas y crecientes inquietudes que se expandían entre los uniformados, básicamente dentro de la oficialidad.

Posiblemente las dos personalidades más relevantes que integraron FORJA o que desde fuera aportaron sus esclarecedores escritos, fueron Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz; cuyos escritos y libros siguen siendo materiales imprescindibles para entender la realidad político – económica argentina.

También vinculado con la intelectualidad de pensamiento nacional, cabe citar al notable historiador revisionista José María Rosa, cuyos fundamentados escritos destrozaron las falsificaciones históricas del mitrismo y sus sucesores academicistas.

A la vez, dentro de las FF.AA. principalmente en el ejército, cobró creciente relevancia el accionar de un grupo clandestino, autodenominado GOU., sigla que algunos historiadores discrepan respecto a su significado: grupo de oficiales unidos, o grupo obra de unidad.

El GOU. pasaría a acciones concretas, tomando el poder con el golpe de estado de 1943, el único del siglo que tuvo orientación claramente nacional.

En el accionar del GOU, así como en el gobierno formado en 1943, tuvo creciente importancia el accionar de perón, quien rápidamente pasó a ser figura central de ese gobierno pretoriano y de los profundos cambios que fue implementando.

En 1946 hubo elecciones, en cuyo proceso se verificó el desubicado y abusivo accionar del embajador de EE.UU., Spruille Braden, quien participó en los actos, a favor de la coalición variopinta, que enfrentó al naciente peronismo.

Notables resultan los testimonios gráficos que muestran al embajador, encabezando una manifestación, codo a codo con todo el arco opositor, incluido el partido comunista, radicales alvearistas, partidos ultra conservadores del riñón oligárquico, y otros.

Perón ganó esas elecciones por amplio margen, y en sus dos mandatos presidenciales consecutivos (el segundo interrumpido), profundizó el accionar que había caracterizado su fuerte influencia en el gobierno pretoriano del período 1943-1946.

Las acentuadas mejoras sociales, las nacionalizaciones de empresas estratégicas que estaban en manos extranjeras, los fuertes apoyos al desarrollo industrial, las creaciones de empresas y entes tecnológicos, y un decidido accionar independiente en política exterior, caracterizaron a esa década peronista.

Se estima, fundamentadamente, que la mayor parte de los uniformados sentían afinidad por el sector nacional del pensamiento, incluyendo a buena parte de las suboficialidad de la armada, rama de las FF.AA. que se caracteriza por su afinidad por el liberalismo extremo, por su identificación con el reino unido, y consecuentemente, con los fuertes lazos con la oligarquía campera tradicional.

Después vendrían algunos alzamientos militares, que culminarían en la “revolución fusiladora” de 1955 y todo lo que siguió.

En mérito a la brevedad, lo acontecido entre 1955 y el actual 2026, se intentará resumir en la tercera parte.

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Urge nacionalizar las Fuerzas Armadas

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Fuerzas de defensa o tropas de ocupación al servicio de la antipatria. Desde los albores de la Patria Argentina, al Centenario.

Nacido con la Patria, como una imperiosa e impostergable necesidad para la defensa, el Ejército Argentino tuvo el antecedente de 1806, con el Regimiento de Patricios creado luego de derrotada la primera invasión inglesa; pero formalmente fue creado el 29 de mayo de 1810.

Poco después se gestó la Armada, nacida también de la necesidad de defender los ríos navegables, las extensas costas marítimas, y el enorme Mar Argentino. La Fuerza Aérea se creó en el siglo XX, primero como parte del Ejército, pasando después a tener entidad propia.

Por su parte, tres Fuerzas de Seguridad pueden considerarse -valga el concepto- como extensiones de la respectiva Arma a la cual se asemejan por sus funciones y características. Gendarmería (GN), Prefectura (PNM) y Policía Aeronáutica (PSA), respecto al Ejército, la Armada, y la Fuerza Aérea.

Por su mayor cobertura geográfica, por el número de efectivos, y por su trayectoria histórica, es el Ejército el arma con mayor peso institucional, lo cual se prueba, entre otros hechos, por ser siempre un alto oficial de esa arma, quien condujo a nuestro país, en los sucesivos y recurrentes gobiernos pretorianos, que tomaron por asalto el poder formal.

A excepción del golpe de Estado de 1943 (claramente nacionalista), y en cierto modo el de 1966, que tuvo acciones de corte Nacional, pero también componentes liberales (o sea apátridas); todos los otros gobiernos pretorianos tuvieron perfiles liberales, ultra conservadores, y anti industriales (acorde a “los mandatos” de la muy reaccionaria oligarquía campera, de la influyente Sociedad Rural y otros entes similares); y en Política Exterior, fungieron como “alineados” con la Potencia Mundial anglosajona “de turno”, hasta fines de la década del ’30 el Reino Unido, después EEUU.

Las excepciones a esos “alineamientos explícitos y automáticos”, fueron el radicalismo yrigoyenista, el desarrollismo frondizista, y principalmente, los gobiernos de orientación peronista, que crearon e implementaron la Doctrina de la Tercera Posición, la cual fue referente a nivel mundial.

Entre otros líderes y/o referentes mundiales en Geopolítica, De Gaulle, Tito y otros mandatarios relevantes, adhirieron al concepto de la Tercera Posición; y Alexandr Duguin la menciona para fundamentar su Cuarta Teoría Geopolítica, base ideológica del renacimiento de Rusia y su implementación del exitoso Capitalismo de Estado; lo cual evitó la nada inocente disolución de la gigantesca nación eslava, que fogoneaban los Centros de Poder de “Occidente”.

En los dos siglos largos de vida de Argentina, el Ejército tuvo institucionalmente diversos cambios, muchos de ellos por la fuerza de los hechos y las circunstancias, lo que en el complejo devenir del siglo XIX de nuestra patria es muy complejo detallar en una breve síntesis.

La rigurosidad y orden sanmartinianos, se complementó con el accionar nada convencional pero muy efectivo de las montoneras al mando de Güemes, el mismo que comandó el abordaje por tropas de caballería de un buque británico encallado en la costa de Buenos Aires.

Después, en el marco de las luchas de las montoneras, en el actual NOA argentino, Güemes pasaría a ser el único General argentino, herido en combate y después muerto a consecuencia de la herida recibida.

Tampoco cabe olvidar al patriota Belgrano, abogado e improvisado General, quien enfrentó con decisión a las fuerzas realistas que se hicieron fuertes en el Alto Perú, pero no pudieron avanzar hacia el sur.

Hubo muy serias divergencias entre los Federales (con criterio de Patria Grande), y los unitarios portuarios y las proto oligarquías provincianas, atosigadas del ideario liberal (funcional a las potencias imperiales de esas épocas), que como colonizados mentales de doctrinas de Europa, solo aspiraban a ser un “paisito” de escasas dimensiones, y buscaron subordinarnos a otra corona europea, despreciando a las provincias y defendiendo mezquinos intereses de los comerciantes porteños y ciertos sectores “ilustrados” (prototípicos antecesores de los “intelectuales” subordinados gustosos de potencias extranjeras); enfrentados a los federales, quienes con criterio de grandeza nacional no exenta de conflictos, se opusieron a las mediocridades de confusos intelectuales carentes de raíces nacionales, y de viles traidores que se subordinaron a intereses imperiales.

Rivadavia y sus seguidores doctrinarios, persiguieron y obligaron al exilio a San Martín, además de disolver el libertador Regimiento de Granaderos a Caballo, y entre otras muchas infamias, usaron vilmente al “Espada Sin Cabeza” Lavalle (marioneta de apátridas unitarios y de agresores franco – británicos), para fusilar al patriota Dorrego.

Esos mismos unitarios, con Mitre como referencia, nos usaron para la fratricida guerra genocida contra Paraguay, fogoneada por los imperios de Brasil y del Reino Unido.

Internamente, los mitristas perpetraron una guerra de exterminio contra los caudillos federales, genocidio brutal alentado entre otros por el falso “gran educador” Sarmiento. Para esas infames tareas, los unitarios usaron como oficiales de las tropas argentinas a los uruguayos Sandes, Irrazábal y Paunero, violentos y brutales, para exterminar a los patriotas federales, implantando el terror como método de sometimiento.

Entre muchos otros asesinatos alevosos, mataron al ya anciano Chacho Peñaloza, para luego exhibir por varios días su cabeza puesta en una pica como grotesca vengativa acción.

Con ello, el ejército tempranamente fue cooptado y usado por los unitarios, para imponer por la fuerza la doctrina económica liberal, la cual es herramienta de sometimiento político, económico y cultural, al servicio de las mega potencias extranjeras.

Cabe decir que el medio siglo largo, desde Caseros (1852) al Yrigoyenismo (1916), el poder político centrado en Buenos Aires tuvo muchas infamias, como la del presidente Quintana, quien siendo senador y asesor del Banco británico había avalado la prepotencia británica que amenazó bombardear Rosario por parte de una cañonera, para avalar el accionar prepotente del accionar imperial británico.

Párrafo aparte merece el múltiple traidor Urquiza, quien, con tropas y financiación extranjeras, traicionó y derrotó a las fuerzas federales de Rosas (quien había vencido los bloqueos navales impuestos por Francia y Gran Bretaña).

Después Urquiza traicionaría a los caudillos federales, desoyendo sus pedidos de auxilio ante las acciones vengativas del mitrismo; como también traicionó al aliado histórico Paraguay, apoyando la Guerra de la Triple Infamia.

La más evidente claudicación de Urquiza ante el poder portuario – liberal, se dio en la Batalla de Pavón, en la cual sus tropas estaban venciendo a las del mediocre General Mitre; pero sin motivo concreto alguno (y suponiéndose alguna “sugerencia” que no pudo eludir), ordenó la retirada, transformando una ya segura victoria, en una injustificada derrota por abandono.

En ese período de aquella mediocre Argentina que creció (aupada a un contexto mundial favorable a las materias primas), pero que casi ni se desarrolló, hubo muy escasos referentes asimilables a un sano nacionalismo. Los más destacados (o los únicos) que implementaron acciones con criterio de Patria soberana, fueron Carlos Pellegrini y Julio Argentino Roca.

En particular, Roca, en su segunda presidencia, apoyando el notable accionar de Pablo Riccheri, equipó modernizándolas y transformó las Fuerzas Armadas, y cabe afirmar que impuso criterios de profesionalismo militar congruentes con el Pensamiento Nacional, en las antípodas del crudo liberalismo apátrida del mitrismo y sus sucesores.

Roca tuvo el enorme gesto de volver a crear el regimiento de Granaderos a Caballo, ratificando con ello su postura Nacional.

Notable fue la afirmación del historiador Jorge Abelardo Ramos, quien expresó que “sin un Roca, no hubiera existido un Perón”. Eso respecto a las ideas Nacionales de las que se impregnaron las FFAA, y el grado de apertura de los Institutos Militares, que permitieron el ingreso a amplios sectores de la población, superando criterios elitistas propios de las oligarquías excluyentes.

A Roca no solo le debemos ejercer la soberanía en la Patagonia, el Gran Chaco y Misiones, sino la modernización bajo pautas Nacionales, de las FFAA, lo cual no fue poca cosa.

En mérito a la brevedad, en artículo separado se analizará el período posterior a Roca, hasta la actualidad.

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