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Día Mundial del Cerebro: por qué cuidar la salud cerebral es una inversión que empieza mucho antes de la vejez

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Mientras la ciencia avanza en el desarrollo de nuevos tratamientos para enfermedades como el Alzheimer, los especialistas coinciden en que la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva para preservar la salud cerebral y mejorar la calidad de vida.

Cada vez vivimos más años, pero el verdadero desafío ya no es solo aumentar la expectativa de vida, sino hacerlo con buena salud y autonomía. En Argentina, la expectativa de vida ronda hoy los 78 años en promedio —80 para las mujeres y 75 para los hombres— y a mayor edad, mayor es la probabilidad de desarrollar demencia.

El mensaje no es nuevo, pero se viene consolidando con estudios cada vez más contundentes. Uno de los más relevantes fue el estudio finlandés FINGER (2015), que demostró que una intervención combinada de dieta, ejercicio, entrenamiento cognitivo y control vascular podía proteger la cognición en adultos mayores en riesgo. En julio de 2025, el ensayo estadounidense US POINTER (JAMA) confirmó estos hallazgos en más de 2.100 personas, mostrando que los programas con seguimiento y estructura generan mejoras significativamente mayores que los autoguiados.

El dato más reciente y más cercano llegó apenas la semana pasada: el 13 de julio de 2026, el estudio latinoamericano LatAm-FINGERS presentó en Londres sus resultados —publicados simultáneamente en The Lancet— tras seguir durante dos años a más de 1.000 personas en once países de la región, incluida la Argentina. El grupo que recibió el programa estructurado mostró mejoras cognitivas un 55% superiores a las del grupo con recomendaciones generales, confirmando que este tipo de intervención también funciona en contextos latinoamericanos.

La gran pregunta que tenemos que hacernos todos los días es qué estamos haciendo hoy como inversión a largo plazo para nuestra salud general y para nuestro cerebro en particular“, señala el Dr. Juan Cruz Di Carlo, neurólogo, especialista en Medicina del Deporte y docente de la carrera de Medicina de Fundación Barceló.

El especialista explica que la evidencia científica acumulada en los últimos años confirma el impacto que tienen los hábitos saludables —actividad física, alimentación, estimulación cognitiva, control cardiovascular y vida social— en la prevención del deterioro cognitivo. “Lo que ya sabíamos que podíamos modificar para mejorar la salud cerebral hoy lo podemos demostrar con intervenciones sostenidas que van a generar un impacto positivo significativo en la prevención de síndromes demenciales”, afirma.

Sin embargo, cuando se habla de ejercicio físico, el desafío debe ir un paso más allá. 

Salir a caminar siempre es mejor que quedarse sentado mirando televisión, pero el cerebro necesita ser desafiado. La actividad física debe ser frecuente, intensa, combinada y adaptada a cada persona. El entrenamiento de fuerza supervisado es una de las herramientas más importantes para preservar la función cerebral y la autonomía“, sostiene.

Aunque en los últimos años hubo avances en el diagnóstico temprano y en el desarrollo de nuevas terapias para enfermedades como el Alzheimer, el especialista aclara que todavía no existen tratamientos curativos.

En este escenario, contar con un diagnóstico oportuno resulta fundamental para los pacientes y sus familias.

Tener un diagnóstico es fundamental ya que muchas veces lo peor que le puede pasar al paciente y a la familia es la incertidumbre de no saber qué tiene“, afirma.

Hoy existen consultas especializadas, evaluaciones neurocognitivas, estudios por imágenes y marcadores biológicos que contribuyen a un diagnóstico más temprano.

En línea con el lema del Día Mundial del Cerebro 2026, “Salud cerebral: acceso para todos”, el Dr. Di Carlo sostiene que garantizar una buena salud cerebral requiere tanto del compromiso de cada persona como de políticas públicas que aseguren la equidad en el acceso a consultas con profesionales, estudios complementarios y equipos interdisciplinarios. Para el especialista, “lo que hagamos hoy tiene un impacto a mediano o largo plazo en nuestra salud cerebral”. En ese contexto, el mayor desafío no pasa únicamente por desarrollar nuevos tratamientos, sino también por promover la prevención y facilitar el acceso a herramientas que permitan proteger la salud cerebral a lo largo de toda la vida.

El ABC del cuidado del cerebro, según el Dr. Juan Cruz Di Carlo 

  1. Actividad física de calidad: supervisada, intensa y combinada. En grupo, mejor: el deporte promueve la salud física, cerebral, mental y social, y hay que fomentarlo desde edades tempranas y sostenerlo a lo largo de la vida.
  2. Un corazón sano: presión arterial normal.
  3. Alimentación y peso saludable: niveles de glucosa y lípidos dentro de valores normales.
  4. Ejercicios cognitivos: actividades vinculadas a la memoria y a las funciones atencionales y ejecutivas, como leer, aprender un idioma, un instrumento musical o bailar.
  5. Vínculos sociales sanos: el aislamiento es uno de los peores enemigos del cerebro.
  6. Dormir bien: priorizar entre 6 y 8 horas de sueño de calidad cada noche.
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Un nuevo índice ayuda a detectar viviendas con mayor riesgo de Chagas

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En el marco de una investigación doctoral del CONICET y la Fundación Barceló se analizó la validez del Índice de Vulnerabilidad Vectorial (IVV), un indicador que permite identificar qué viviendas presentan mayor riesgo de infestación por Triatoma infestans, principal vector de la enfermedad de Chagas, en viviendas de la provincia de La Rioja.

El estudio se llevó a cabo por la investigadora Bioq. Jimena Luz Rodríguez, becaria doctoral de CONICET y Fundación Barceló, entre 2022 y 2024 en 58 viviendas rurales y periurbanas, donde se evaluaron condiciones estructurales, ambientales y antecedentes de control vectorial. A partir de estos datos, los investigadores diseñaron un índice que integra factores como los materiales de construcción, la presencia de grietas, los refugios potenciales para insectos y la convivencia con animales.

Los resultados evidenciaron una relación directa entre el nivel de vulnerabilidad y la presencia del vector: las viviendas con un índice alto presentaron hasta un 60% de infestación, mientras que en aquellas con bajo nivel de vulnerabilidad no se registraron casos. Esto demuestra que el riesgo de transmisión del Chagas no depende únicamente del insecto, sino de un conjunto de condiciones sociales y ambientales que favorecen su persistencia.

Desde una perspectiva de salud pública, el Índice de Vulnerabilidad Vectorial se posiciona como una herramienta estratégica que permite anticipar zonas de riesgo, priorizar intervenciones y optimizar los recursos disponibles para el control vectorial. Además, propone un enfoque integral que incluye no solo fumigación, sino también mejoras habitacionales, educación comunitaria y acciones sostenidas en el territorio.

Vector Vinchuca Atoma infestans

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