G20

Lula advierte: “No queremos otra Gaza en Sudamérica”

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió que la política mundial atraviesa “un momento muy crítico”, marcado por el avance de la ultraderecha, el debilitamiento del multilateralismo y el creciente alineamiento de algunos países sudamericanos con la agenda de los Estados Unidos, en particular durante el nuevo gobierno de Donald Trump.

Durante un acto realizado la semana pasada en el estado de Bahía, Lula llamó a observar con atención la situación política de la región y mencionó explícitamente a países como Chile, Argentina, Venezuela, Paraguay y Ecuador. “Vivimos un momento muy crítico en la política global”, sostuvo ante el auditorio, al tiempo que alertó sobre el impacto regional del giro político en Washington.

Según consignó el medio brasileño Brasil de Fato, el mandatario remarcó que Sudamérica ha sido históricamente una zona de paz y contrastó esa condición con los actuales conflictos internacionales. “No tenemos armas nucleares ni bombas atómicas. Tenemos gente pobre que quiere trabajar, vivir, comer y estudiar. No queremos guerra”, afirmó. Y agregó: “Puede que no tengamos armas, pero tenemos carácter y dignidad, y no bajaremos la cabeza ante nadie, sea quien sea”.

En su discurso, Lula cuestionó además acciones militares impulsadas por Estados Unidos en la región, en referencia a la captura del ex presidente venezolano Nicolás Maduro, y vinculó ese tipo de intervenciones con un clima de creciente tensión geopolítica.

Enfriamiento regional y señales políticas

El presidente de la mayor economía de América Latina dejó entrever que este escenario explica el enfriamiento de las relaciones con algunos mandatarios sudamericanos. En el caso de Paraguay, Lula no asistió en enero pasado a la firma del acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, realizada en Asunción, pese a haber sido Brasil uno de los principales impulsores del tratado y a la invitación formal del presidente paraguayo Santiago Peña.

Si bien al inicio de su mandato en 2023 Peña mantenía una relación cercana con Lula —incluso participando de eventos de alto perfil como la cumbre del G20—, en el último año su gobierno, al igual que el del presidente argentino Javier Milei, mostró una mayor sintonía con la agenda política y estratégica de Washington.

Gaza, multilateralismo y advertencia global

En otro tramo de su exposición, Lula cuestionó los anuncios del gobierno de Trump sobre la reconstrucción de Gaza tras el cese del fuego con Israel. “No queremos otra Guerra Fría. No queremos otra Gaza en Sudamérica”, advirtió. Y fue más allá: “¿Han visto la foto de lo que planean hacer en Gaza? Un complejo turístico. Lo destruyeron todo, mataron a más de 70.000 personas, y ahora dicen que lo convertirán en hoteles de lujo. ¿Dónde vivirán los pobres que sobrevivieron?”, se preguntó.

Finalmente, el presidente brasileño alertó que Trump pretende “crear una nueva ONU” bajo su control y sostuvo que el orden global atraviesa una mutación profunda. “El multilateralismo está siendo reemplazado por el unilateralismo y prevalece el gobierno del más fuerte”, concluyó.

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Quirno viaja este miércoles a Washington y Milei desiste de asistir al G20

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El canciller Pablo Quirno viajará este miércoles a Washington para proseguir las negociaciones con Estados Unidos por el acuerdo de libre comercio, mientras el presidente Javier Milei desistió de participar a fines de este mes de la cumbre del G20, al igual que su par nortemaricano Donald Trump.

Quirno viajará mañana a Estados Unidos acompañado del secretario de Coordinación de Producción del Ministerio de Economía, Pablo Lavigne.

El embajador de la Argentina en Estados Unidos, Alec Oxenford, reveló este martes que el acuerdo comercial entre ambas naciones está cerrado y que solo resta “ponerle el moño”, después de la reunión que Milei y Trump mantuvieron el mes último en Washington.

Por otro lado, Quirno será el encargado de representar a Milei en la cumbre del G20 que se realizará en Johannesburgo los días 22 y 23 de noviembre, según pudo confirmar la Agencia Noticias Argentinas de fuentes oficiales.

El presidente argentino desistió de asistir al encuentro, en una decisión similar a la que había tomado Trump.

En lugar de Milei, el canciller Quirno estará acompañado por Federico Pinedo, quien está a cargo de la Unidad Ejecutora Especial Temporaria Unidad G20.

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El Comité Monetario y Financiero Internacional llama a fortalecer la resiliencia económica mundial

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El CMFI advirtió sobre riesgos globales y pidió consolidar políticas fiscales y monetarias firmes. El FMI y los ministros de Finanzas del G20 respaldaron fortalecer la sostenibilidad de la deuda y preservar la independencia de los bancos centrales para dotar de resiliencia económica.

En su quincuagésima segunda reunión, el Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI) —el principal órgano asesor del Fondo Monetario Internacional (FMI)— advirtió sobre un escenario mundial marcado por una “profunda transformación” y “elevada incertidumbre”, y llamó a los países miembros a adoptar políticas fiscales y monetarias firmes, creíbles y coordinadas para “salvaguardar la estabilidad macroeconómica y financiera”.

El documento final, presentado por el presidente del CMFI, Mohammed Aljadaan, ministro de Hacienda de Arabia Saudita, y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, subraya que el crecimiento global, aunque resiliente, enfrenta tensiones crecientes por la desinflación desigual, los altos niveles de deuda y los conflictos geopolíticos.

“Adoptaremos políticas firmes que fomenten la confianza, generen resiliencia y salvaguarden la estabilidad macroeconómica y financiera”, sostuvo Aljadaan en la declaración de cierre, donde también reclamó una acción global coordinada para frenar los efectos económicos de las guerras y el cambio climático.

Riesgos macroeconómicos y necesidad de ajustes fiscales creíbles

El CMFI —que reúne a los ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales de 190 países miembros— reconoció que la economía mundial atraviesa un proceso de reconfiguración estructural debido a los cambios en las políticas comerciales, la digitalización y las transformaciones demográficas.

El comunicado subraya que, aunque el crecimiento ha resistido, “comienzan a manifestarse tensiones” en un entorno de “alto endeudamiento, bajo crecimiento y vulnerabilidades financieras”. El texto también destaca que la desinflación continuará, pero con fuertes diferencias entre países, lo que obliga a los bancos centrales a mantener su compromiso con la estabilidad de precios.

“Los bancos centrales mantienen su compromiso firme de mantener la estabilidad de precios, en consonancia con sus respectivos mandatos”, señala el documento, que también llama a preservar la independencia institucional para sostener la credibilidad y la confianza en los mercados.

En el plano fiscal, los ministros acordaron “consolidar el giro hacia los ajustes fiscales” con estrategias creíbles a mediano plazo, orientadas a garantizar la sostenibilidad de la deuda, mejorar la eficiencia del gasto y promover inversiones públicas y privadas que impulsen la productividad.

El CMFI también instó a los gobiernos a reforzar la supervisión de los riesgos sistémicos derivados de la inteligencia artificial, los activos digitales y las instituciones financieras no bancarias, aprovechando al mismo tiempo las oportunidades de la innovación tecnológica.

Deuda soberana, gobernanza del FMI y cooperación global

Uno de los puntos centrales del encuentro fue el tratamiento de las vulnerabilidades relacionadas con la deuda, especialmente en los países de ingreso bajo y economías emergentes. El comunicado destaca el compromiso de los miembros del CMFI con la aplicación “eficaz, integral y sistemática” del Marco Común del G20 para el tratamiento de la deuda, e insta a los acreedores privados a reforzar la transparencia y participar activamente en los procesos de reestructuración.

“Mantenemos nuestro compromiso de afrontar las vulnerabilidades de la deuda a escala mundial, lo que comprende seguir impulsando la aplicación del Marco Común de forma previsible, oportuna y ordenada”, afirma el texto aprobado por consenso.

El Comité también respaldó la labor del FMI y el Banco Mundial en la estrategia de tres pilares para asistir a países con fuertes presiones de deuda, que incluye apoyo a reformas estructurales, movilización de recursos internos y atracción de capital privado.

En materia institucional, el CMFI reafirmó su compromiso con un FMI sólido y basado en cuotas, celebrando los avances hacia la Decimosexta Revisión General de Cuotas, que busca reflejar de forma más justa el peso relativo de las economías en el contexto global.

Racionalizar y modernizar la estructura del FMI

Asimismo, se confirmó que el proceso deberá concluir a más tardar en las Reuniones de Primavera de 2026, de acuerdo con la Declaración de Diriyah.

“Reconocemos que la realineación de las cuotas relativas debe procurar reflejar mejor la posición relativa de cada país en la economía mundial, protegiendo las cuotas de los países más pobres”, expresa la declaración.

Por último, el Comité valoró las iniciativas para racionalizar y modernizar la estructura del FMI, con el fin de mejorar la eficiencia institucional, garantizar la sostenibilidad del Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza, y fortalecer la representación regional y de género dentro del organismo.

La próxima reunión del CMFI se celebrará en abril de 2026, nuevamente en Washington D. C.

Contexto político y representación

El encuentro contó con la participación de los ministros y gobernadores de los principales países miembros, entre ellos Luis Caputo, ministro de Economía de Argentina; Gabriel Galípolo, gobernador del Banco Central de Brasil; Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos; Kazuo Ueda, gobernador del Banco de Japón; Rachel Reeves, ministra de Hacienda del Reino Unido; François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia; y Gongsheng Pan, gobernador del Banco Popular de China.

Participaron también observadores institucionales de alto nivel, como Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo; Ajay Banga, presidente del Grupo Banco Mundial; Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC; Mathias Cormann, secretario general de la OCDE; y Pablo Hernández de Cos, director general del Banco de Pagos Internacionales.

El tono general del encuentro reflejó consenso en torno al fortalecimiento de la cooperación internacional, pero también una preocupación creciente por el aumento de los conflictos geopolíticos y sus efectos sobre los mercados energéticos, las cadenas de suministro y la estabilidad financiera.

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Milei confirmó su presencia en el G20 de Brasil y habrá encuentro con Lula

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Finalmente el presidente Javier Milei asistirá a la reunión del G20 que se realizará los próximos 18 y 19 de noviembre en Río de Janeiro, donde se dará el postergado encuentro con su par brasilero, Lula Da Silva.

Según fuentes oficiales, Da Silva espera anunciar la firma del demorado acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, pacto que el embajador argentino en Brasil, Daniel Raimondi, calificó como “muy avanzado” en su cumbre con la delegación nacional. 

Sin embargo, el diplomático no descartó la posibilidad de que la firma se dé, finalmente, en la cumbre de países del Mercosur, prevista para diciembre, en Montevideo.

Una vez más, el G20 estará atravesado por la continuidad de conflictos bélicos internacionales como los de Medio Oriente y la guerra entre Rusia y Ucrania. 

El presidente ruso, Vladimir Putin, ya confirmó que no estará en Río de Janeiro, aunque sí dirá presente el jefe de Estado chino, Xi Jinping. 

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Cómo el G20 puede aprovechar la reciente resiliencia de la economía mundial

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El G20 tiene una gran oportunidad para dejar atrás la lucha contra shocks sucesivos y centrar la atención en una estrategia a largo plazo a favor de un crecimiento vigoroso, sostenible, equilibrado e inclusivo.

Resulta apropiado que los ministros de Hacienda y las autoridades de los bancos centrales del G20 se reúnan esta semana en el Pabellón de la Bienal de São Paulo, diseñado por el famoso arquitecto Oscar Niemeyer. Con sus líneas onduladas y su imponente fachada, es un monumento al arrojo del Brasil moderno.

Espero que el G20 se inspire en esta obra para también actuar con arrojo. Gracias a la reciente mejora de las perspectivas mundiales a corto plazo, las autoridades de los países del G20 tienen la oportunidad de dar un nuevo impulso a las políticas, con miras a labrar un futuro más equitativo, próspero, sostenible y cooperativo.

Tras varios años de shocks, prevemos que el crecimiento mundial se sitúe en 3,1% este año, con la inflación a la baja y mercados laborales estables. Esta resiliencia sienta una base para dirigir la atención hacia las tendencias a mediano plazo que están definiendo la economía mundial. Como deja en claro nuestro nuevo informe [link] al G20, algunas de estas tendencias —como la inteligencia artificial— encierran la promesa de elevar la productividad y mejorar las perspectivas de crecimiento. Esta es una necesidad acuciante; nuestras proyecciones para el crecimiento a mediano plazo han descendido al nivel más bajo observado en décadas.

Un crecimiento mundial escaso afecta a todos, pero sus implicaciones son especialmente problemáticas para las economías de mercados emergentes y en desarrollo. Estos países han sabido capear muy bien los sucesivos shocks mundiales, apoyándose en marcos institucionales y de políticas más firmes. Pero el deterioro de las perspectivas de crecimiento ha hecho que la convergencia con las economías avanzadas sea cada vez más lejana.

Otros factores contribuyen a este complejo panorama mundial. La fragmentación económica está profundizándose a medida que los países reordenan los flujos comerciales y de capital. Los riesgos climáticos están aumentando y ya están incidiendo en el desempeño económico, desde la productividad agrícola hasta la fiabilidad del transporte y la disponibilidad y el costo de los seguros. Estos riesgos pueden imponer lastres a las regiones con mayor potencial demográfico, como África subsahariana.

En este sentido, la agenda de Brasil para el G20 destaca aspectos fundamentales como inclusión, sostenibilidad y gobernanza mundial, con el debido hincapié en la erradicación de la pobreza y el hambre. Esta agenda de amplio alcance, que cuenta con el apoyo del FMI, puede servir de guía para las autoridades en este momento crítico de la recuperación mundial.

Derrotar definitivamente la inflación

Las autoridades de los bancos centrales están debidamente enfocadas en concluir la tarea de volver a situar la inflación en el nivel fijado como meta. Esto es especialmente importante para las familias pobres y los países de ingreso bajo que se han visto golpeados de forma desproporcionada por la carestía de los precios. Pero el loable progreso en la reducción de la inflación significa que este año los bancos centrales tendrán que analizar la decisión de cuándo y cuánto moderar las tasas de interés.

Como la inflación subyacente permanece elevada en muchos países, y como aún hay riesgos de que la inflación supere las proyecciones, las autoridades tienen que vigilar con atención la evolución de la inflación subyacente y evitar una moderación prematura o demasiado rápida de las tasas.

Pero en los casos en que la inflación esté avanzando claramente hacia el nivel fijado como meta, los países deben cerciorarse de que las tasas de interés no permanezcan demasiado altas por demasiado tiempo. La respuesta inmediata y firme de Brasil ante la escalada de la inflación durante la pandemia es un buen ejemplo de las ventajas de actuar con agilidad a la hora de formular políticas. El Banco Central de Brasil fue uno de los primeros bancos centrales en elevar su tasa de política monetaria, y luego relajar la política conforme la inflación retornaba a su meta.

Abordar la deuda y los déficits

Con la inflación a la baja y las economías mejor preparadas para absorber una orientación fiscal más restrictiva, ha llegado el momento de centrar una vez más la atención en reponer las reservas para afrontar futuros shocks, frenar el aumento de la deuda pública y crear espacio para nuevas prioridades de gasto. Esperar podría forzar un ajuste más penoso más adelante. Pero para que los beneficios sean duraderos, el endurecimiento debe proceder a un ritmo cuidadosamente calibrado.

Encontrar el punto justo de equilibrio es complicado, dado que el nivel más alto de las tasas de interés y los costos de servicio de la deuda están generando presión sobre los presupuestos, y dejando menos margen para que los países proporcionen servicios esenciales e inviertan en la gente y en infraestructura. Toda iniciativa para reducir la deuda y los déficits ha de fundamentarse en planes fiscales a mediano plazo creíbles. Asimismo, debe incluir medidas para reducir a un mínimo el impacto en los hogares pobres y vulnerables, pero sin dejar de proteger las inversiones prioritarias.

También es vital que los países continúen dando pasos en firme para captar ingresos y eliminar ineficiencias. Con su histórica reforma del IVA, Brasil ha demostrado liderazgo en este sentido. Pero muchos países están rezagados, y tienen margen para ampliar su base imponible, cerrar lagunas y mejorar la administración tributaria. Es por esta razón que el G20 nos ha pedido poner en marcha una iniciativa conjunta con el Banco Mundial para ayudar a los países a promover la movilización de recursos internos.

Además, los países deben procurar adoptar sistemas tributarios más inclusivos y transparentes, garantizando que en la arquitectura fiscal internacional se incorporen los intereses de los países en desarrollo.

Nuestra labor continúa en el marco de la Mesa Redonda Mundial sobre la Deuda Soberana, con el fin de proponer procedimientos para acelerar las reestructuraciones de deuda y hacerlas más predecibles. Aunque se han logrado avances en el Marco Común del G20, con acuerdos más ágiles sobre el tratamiento de la deuda por parte de acreedores oficiales, quizá sea necesario avanzar con más celeridad en la mejora de la arquitectura para la reestructuración de la deuda mundial.

Un pastel económico cada vez más grande

Además de adoptar medidas monetarias y fiscales que sienten bases sólidas, las autoridades tienen que abordar con urgencia los factores que impulsan el crecimiento a mediano plazo.

En muchos países, aún es posible subsanar algunos de los aspectos que más restringen la actividad económica. En el caso de las economías de mercados emergentes, las reformas en ámbitos como la gobernanza, la regulación de las empresas y las políticas del sector externo podrían propiciar aumentos de la productividad. Pero eso es solo una parte del proceso: las economías también tienen que prepararse para sacar provecho de las fuerzas estructurales que definirán las próximas décadas.

Consideremos la nueva economía climática. En ciertos países y ciertas regiones, generará empleo, innovación e inversión. Para los que dependen mucho de los combustibles fósiles, la situación podría ser más complicada. La cuestión es cómo aprovechar al máximo las oportunidades y reducir a un mínimo los riesgos.

Las políticas para hacer que los contaminadores paguen —como la tarificación del carbono— pueden propiciar la transición hacia la inversión y el consumo con bajas emisiones de carbono. Los estudios del FMI indican que los países que adoptan medidas climáticas tienden a promover la innovación verde y a atraer capitales para inversiones y tecnología de bajas emisiones de carbono. Además, aplicar impuestos a las formas de transporte más contaminantes podría generar ingresos que pueden destinarse a luchar contra el cambio climático y el hambre y a apoyar a los miembros más vulnerables de la población.

Sin embargo, para muchos países vulnerables un crecimiento más vigoroso no bastará para que su potencial se haga realidad; necesitarán apoyo financiero y técnico.

Esto destaca la importancia de una arquitectura internacional capaz de adaptarse a la cambiante dinámica de la economía mundial.

Un sistema internacional más sólido

Como han dejado en evidencia los recientes conflictos militares, estamos viviendo en un mundo cada vez más polarizado. Las tensiones están fragmentando la economía mundial en función de grietas geopolíticas: en 2023, se impusieron alrededor de 3.000 medidas de restricción del comercio, casi el triple que en 2019. A ningún país le conviene esta división de la economía mundial en bloques. Es fundamental restablecer la fe en la cooperación internacional.

En las ocho décadas desde su fundación, el FMI ha ido evolucionando continuamente para atender las necesidades de los países miembros. Desde la pandemia, hemos desembolsado USD 354.000 millones en financiamiento para 97 países, entre ellos 57 de ingreso bajo. Como probablemente deberán hacer frente a crisis más extendidas y complejas, los países tienen que trabajar juntos para reforzar la red mundial de seguridad financiera, cuyo eje es el FMI.

El año pasado, nuestros accionistas nos dieron un firme voto de confianza. Entre otras medidas, redoblaron esfuerzos para cumplir las metas de movilización de fondos para el Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza, a través del cual se otorgan préstamos sin intereses a países de ingreso bajo. También acordaron incrementar nuestros recursos permanentes procedentes de cuotas en 50%. Los países del G20 pueden marcar el rumbo ratificando sin demora el aumento de las cuotas, lo que nos permitirá mantener nuestra capacidad de préstamo y depender menos de los recursos obtenidos en préstamo.

Pero podemos —y debemos— hacer más. Los países miembros también reconocieron la importancia de realinear las cuotas relativas para reflejar mejor la posición relativa de cada país en la economía mundial, protegiendo las voces de los países miembros más pobres. Con esto en mente, estamos formulando posibles enfoques para la realineación, incluida una nueva fórmula de cálculo de las cuotas. Esto se suma al tercer grupo de países en representación de África subsahariana en el Directorio Ejecutivo que se elegirá en las Reuniones Anuales de este año, un paso importante que complementa la flamante condición de la Unión Africana como miembro permanente del G20.

En los años venideros, la cooperación mundial será esencial para abordar la fragmentación geoeconómica y revitalizar el comercio, aprovechar al máximo el potencial de la inteligencia artificial sin incrementar la desigualdad, evitar atascamientos por deuda y responder al cambio climático.

Como dijera Oscar Niemeyer, “la arquitectura es invención”.

La fundación de la arquitectura económica y financiera mundial fue una valerosa proeza de invención colectiva que mejoró la vida de millones de personas. El reto ahora consiste en apuntalarla, en hacerla más equitativa, equilibrada y sostenible, para que millones de personas puedan beneficiarse. Para alcanzar esta meta, debemos encauzar ese espíritu innovador una vez más.

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