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La Elisa: frutilla y una cabaña Braford en un modelo productivo diversificado

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La Elisa fue una de las experiencias productivas que se mostraron durante el tercer encuentro de Periodistas Agropecuarios de la Mesopotamia. La recorrida por Bella Vista permitió acercar historias que muestran cómo las familias productoras diversifican, invierten y generan empleo para sostener y hacer crecer sus empresas. Entre ellas, la de La Elisa se destaca por un modelo donde la frutilla financia la expansión ganadera y los cultivos de intrezafra mantienen activa la estructura durante todo el año.

En Demochado, departamento Bella Vista, Corrientes, la familia Alegre encontró en la diversificación algo más que una estrategia para repartir riesgos: construyó un modelo productivo en el que una actividad financia el crecimiento de otra. La frutilla es hoy el principal ingreso de La Elisa; la ganadería funciona como inversión y respaldo financiero de largo plazo; y, entre campañas, la empresa suma sandía postrera, melón y maíz dulce para aprovechar la estructura disponible y sostener a su equipo de trabajadores.

La historia productiva comenzó con el tabaco. Néstor Alegre fue durante años productor tabacalero, hasta que la crisis de esa actividad lo llevó a buscar una alternativa. La encontró en la frutilla, luego de escuchar una recomendación familiar que terminó cambiando el rumbo del establecimiento. La apuesta funcionó y el cultivo se convirtió en la principal fuente de recursos de la empresa.

Pero el siguiente paso no fue simplemente ampliar la superficie de frutilla. Alegre comenzó a pensar en cómo transformar parte de ese flujo de fondos en patrimonio productivo para sus hijos. Allí apareció la ganadería, primero como una actividad complementaria y una suerte de reserva de valor familiar, y posteriormente como el punto de partida para construir una cabaña especializada en genética Braford.

La frutilla como motor financiero de la ganadería

La lógica de inversión de La Elisa puede resumirse en una frase de Néstor Alegre: “La plata de la frutilla va a la cabaña”. Su hijo Arturo completa la idea: “Gracias a la frutilla invertimos en la cabaña. La idea es que la cabaña sea nuestro sustento”.

No se trata, por lo tanto, de dos negocios independientes que conviven dentro de un mismo campo. La frutilla genera el flujo necesario para financiar una actividad ganadera que todavía está en etapa de consolidación. La ganadería, a su vez, apunta a convertirse progresivamente en un activo capaz de generar sus propios ingresos y darle mayor estabilidad al negocio familiar.

Cabaña La Elisa cumple cuatro años en septiembre y todavía es una estructura joven dentro de la industria de la genética. Antes de convertirse en cabaña, la familia ya tenía un rodeo general de cría. El desafío fue transformar esa base en un planteo orientado a producir genética, utilizarla en el propio rodeo y, posteriormente, comercializar los reproductores.

La familia eligió Braford por una combinación de características que considera especialmente adecuadas para su ambiente: adaptación, precocidad, biotipo y aptitud carnicera. Es una elección productiva condicionada por el territorio. La Elisa trabaja en una zona donde la presión sanitaria es significativa, con presencia de garrapatas y mio-mio, por lo que la adaptación de los reproductores no constituye solamente una característica deseable para las pistas, sino también una condición de funcionalidad productiva.

El establecimiento propio cuenta con 350 hectáreas donde se concentra prácticamente todo el plantel de la cabaña, mientras que la actividad de cría también se desarrolla sobre un campo arrendado. En los animales destinados al circuito de exposiciones existe un manejo alimenticio individualizado y asesoramiento específico.

La reproducción constituye otro componente central de la estrategia genética. La cabaña utiliza inseminación artificial a tiempo fijo y transferencia embrionaria, con un esquema que busca multiplicar los materiales que considera superiores. A la vez, la familia es la primera usuaria de esa genética: los reproductores producidos se incorporan al propio rodeo antes de pensar en su comercialización.

De una apuesta familiar a resultados en las pistas

La estrategia comenzó a mostrar resultados antes de que la cabaña alcanzara una escala importante. En las Nacionales 2025, el toro Navideño, criado por La Elisa, obtuvo el premio de Tercer Mejor Macho. El animal actualmente se encuentra como reproductor en la empresa biotecnológica CIAVT (Cooperativa de Inseminación Artificial Venado Tuerto).

En 2026 llegaron nuevos reconocimientos. La familia consiguió un Gran Campeón en la Expo Goya y un Reservado Gran Campeón con otro ejemplar. También destaca entre sus antecedentes la Gran Campeona de la Expo Corrientes 2024, un animal nacido y criado dentro de la propia cabaña.

Para Arturo Alegre, estos resultados tienen un valor que excede el premio puntual. La competencia coloca a una cabaña de apenas cuatro años frente a establecimientos de mucha mayor trayectoria y escala. Poder competir sin desentonar, explica, constituye una confirmación del camino elegido.

El objetivo siguiente es transformar esos resultados en una estructura comercial propia. La familia ya piensa en organizar, cuando la escala lo permita, un remate de La Elisa en la Sociedad Rural de Bella Vista. No aparece como una urgencia inmediata, sino como el paso siguiente de un proceso que comenzó con la incorporación de genética y avanza hacia la construcción de una identidad propia como criadores.

La diversificación también sostiene el empleo

La segunda característica del modelo aparece fuera de la ganadería. La empresa no termina su actividad cuando concluye la campaña de frutilla. Allí comienza otra parte de la estrategia.

Sobre la estructura que deja el cultivo se incorporan sandía postrera, melón y, más recientemente, maíz dulce. Son producciones de entrezafra que generan ingresos adicionales, pero que cumplen además una función laboral decisiva: permiten utilizar durante más meses al mismo equipo de trabajadores.

La Elisa mantiene entre 30 y 40 trabajadores fijos. El objetivo es que ese grupo pueda participar en el cierre de una campaña, preparar la siguiente producción de intrezafra y volver a incorporarse al ciclo de la frutilla sin que la empresa deba desarmar permanentemente su estructura laboral.

La decisión tiene una lógica empresarial concreta. La producción hortícola necesita mano de obra especializada y perder trabajadores entre campañas también implica perder experiencia acumulada. Mantenerlos durante todo el año permite conservar capacidades dentro de la empresa y reducir la dependencia de una estructura exclusivamente estacional.

Arturo Alegre lo plantea desde una perspectiva productiva y social: detrás de cada trabajador hay una familia que necesita ingresos durante todo el año. Por eso, la diversificación no busca solamente sumar facturación, sino sostener la actividad de la empresa y darle continuidad al empleo.

Además, la familia alegre realizó cambios importantes para mantener el equipo de trabajadores. Modificaron el modelo de cosecha de la frutilla, dándole más valor al rol del cosechero, donde por medio de unos carritos la frutilla es seleccionada por el trabajador y ya queda lista para el empacado. Esto les permite ahorrar un paso en la recolección y menos perdidas de calidad de la fruta en el proceso. Esto permite que un trabajador logre un ingreso de entre 70 y 90 mil pesos por día. Por otra parte, algunos cosecheros pueden hacer una tarea extra llamada despalillado, el cual les genera un ingreso aparte.

Diversificar para no quedar atados a una sola campaña

El caso de La Elisa muestra una estrategia que parte de una restricción habitual de las producciones agropecuarias: depender de una sola campaña concentra el riesgo productivo y financiero. La respuesta de la familia Alegre fue construir una secuencia de actividades que se complementan en el calendario.

La frutilla ocupa el lugar central porque es la actividad que genera los recursos con los que se financia el crecimiento. La ganadería representa una inversión de mayor horizonte, con la expectativa de que la genética Braford se transforme progresivamente en un negocio autónomo. Las producciones de intrezafra completan el esquema y permiten aprovechar tierra, infraestructura y mano de obra que de otro modo tendrían períodos de menor utilización.

El modelo todavía está en construcción. La familia reconoce que su escala no permite plantear por ahora un ciclo ganadero completo y que el objetivo exige seguir creciendo. Pero justamente allí está el dato productivo más interesante: La Elisa no esperó alcanzar una gran escala para comenzar a diversificar. Utilizó el excedente generado por una actividad consolidada para construir una segunda unidad de negocios y, al mismo tiempo, buscó nuevas producciones para sostener la primera estructura.

La historia que comenzó con el tabaco y encontró en la frutilla una salida productiva ahora suma genética Braford. La vaca no desplazó a la frutilla: nació de ella. Y las producciones de entrezafra completan una ecuación que busca que el establecimiento permanezca activo durante todo el año.

En un escenario agropecuario donde la escala, los costos y la volatilidad obligan a administrar cada vez mejor el capital productivo, La Elisa ofrece una experiencia concreta de diversificación familiar: una actividad genera el flujo, otra construye patrimonio y las restantes permiten que la estructura productiva y laboral no se detenga entre campañas.

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