GASTO FISCAL

Gasto: falta velocidad de ejecución, no financiamiento

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La contundencia de la derrota en las PASO llevó al gobierno a un fuerte debate interno respecto del tono de la política económica, hasta noviembre primero y en los dos últimos años de gestión después. El voto castigo está explicado en gran parte por la pérdida real de ingresos y de empleos que se da desde 2018 y la pandemia ha acentuado.

El debate escaló al punto de que el ministro Guzmán contradijo explícitamente la visión de la vicepresidenta Cristina Fernández y el kirchnerismo duro en cuanto a que el gobierno viene aplicando hasta ahora una política fiscal contractiva. Con total claridad, señaló que la estrategia fiscal es expansiva, lo que es relativamente cierto comparada con 2019, aunque no con el año de la pandemia. De todas formas, el problema también parece recaer en la propia gestión.

El gasto primario acumula a agosto 5,7 billones de pesos, equivalentes al 14% del PIB. Respecto de 2020, la caída llega a 5,9% en términos reales. De esta lógica escapan los subsidios a la energía y el transporte (+35%), los gastos de funcionamiento (+4,7%) -a pesar de la caída en los salarios públicos ( -3,4%)- y los gastos de capital (+54%).

Respecto de 2019, hasta agosto el gobierno gastó 9,4% más, aun con caídas en partidas clave en términos electorales como jubilaciones (-7,1%) y salarios (-11%). Allí no hay lugar a tergiversación; el gobierno viene realizando un ajuste de gasto sobre los ingresos de las familias.

El ala cristinista de la coalición reclama, en tanto, no estar ejecutando el gasto presupuestado y no haber utilizado los recursos extraordinarios de las retenciones sojeras y el impuesto a las grandes fortunas para mejorar los ingresos. Es ahí donde debe ponerse realmente el centro de la discusión.

Por qué, a pesar de esos recursos adicionales respecto de 2019, este año los ingresos caen 0,8% en términos reales, en particular en partidas clave para la sostenibilidad del gasto como los aportes y contribuciones a la seguridad social (-13%), IVA (-4%) y Ganancias (-1,8%). Estas dinámicas se observan en el siguiente gráfico.

Como resultado de la evolución de gastos e ingresos, el déficit primario acumula a agosto apenas un punto del PIB. Y si bien los niveles de ejecución presupuestaria comenzaron a acelerar desde setiembre, difícilmente el rojo fiscal alcance el 4% que fijó de target el gobierno para este año en el presupuesto 2022 presentado días atrás. Nuestra estimación es que llegará como máximo a 3,5% del producto, acorde con las posibilidades reales del financiamiento en pesos.

Eso implica que, partiendo del déficit acumulado hasta agosto ($431.500 millones), se debe financiar en los últimos cuatro meses del año 1 billón de pesos. ¿Es posible? Creemos que sí., por medio de las siguientes fuentes:

  1. Los bancos públicos todavía tienen $100.00 millones de Leliqs en cartera que podrían ser sustituidos por títulos del Tesoro. Una situación similar surge al analizar el balance del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES, con $100.000 millones en colocaciones a plazos fijos.
  2. El financiamiento del Banco Central resulta más complejo. Por un lado, todavía dispone de utilidades no distribuidas de ejercicios anteriores por $270.000 millones. A su vez, por adelantos transitorios (ATs) el Tesoro puede obtener entre $239.000 millones y $481.000 millones. La diferencia surge de cómo computar el límite que puede recibir por ese concepto según normativa del BCRA. En el máximo se consideran las utilidades que se transferían en 2021 ($790.000 millones) y como ingresos corrientes los DEGs del FMI gracias al decreto 622/21 ($422.174 millones). Por el contrario, en el mínimo no se computan estas dos últimas partidas, en línea con un financiamiento más ajustado a las tradicionales directrices del FMI.

Por tanto, si se suman los vencimientos de títulos en el último trimestre ($888.000 millones), el Tesoro necesitará un roll over de 134% (piso de ATs) o 111% (techo de Ats).

El porcentaje de refinanciamiento necesario luce factible dado que a agosto el acumulado había sido de 125%. Un déficit de 3,5% parece alcanzable. Pero tiene costos. En particular, la necesidad de evitar que la expansión fiscal desemboque en un salto de la brecha cambiaria hace que descontemos que el Banco Central hará una esterilización completa de los nuevos pesos emitidos para financiar el nuevo gasto fiscal. Obviamente, aumentará el stock de Leliqs y habrá un desplazamiento del crédito disponible para las empresas hacia el Estado (crowding out).

El gran interrogante es si el gobierno está en condiciones de ejecutar un gasto total de casi $4 billones hasta fin de año para poder proyectar un aumento de 2,5 puntos en el déficit primario. Al 22 de septiembre, la ejecución presupuestaria era de 69,4%, un porcentaje por debajo del que correspondería a esta altura del año (75%). El porcentaje de ejecución por ministerio, como se puede observar en el cuadro siguiente, resulta muy heterogéneo siendo Economía el más elevado (78%) y Transporte el de menor nivel de ejecución (43,3%).

Es evidente, que más allá de cuánto redujo el gasto, el gobierno también tuvo demoras en la ejecución. Una distribución más pareja del déficit basada en mayores niveles de ejecución presupuestaria hubiese garantizado algo más de actividad económica y quizá un mejor resultado electoral. Sobre todo, porque el freno al gasto ni siquiera aceleró el imprescindible cierre de un nuevo acuerdo con el FMI.

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Como pasar del “ajuste” a “políticas de Estado” para lograr un crecimiento sostenido

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Un informe de la Fundación Mediterranea – IERAL, a cargo de Marcelo Capello y Agustín Cugno, plantea las medidas fiscales para la emergencia, que deberían ceder paso en el futuro a políticas de estado, para asegurar el crecimiento de largo plazo
Apuntando al déficit cero para el resultado primario (antes de intereses) de 2019, el gobierno anunció un ajuste fiscal que implica un recorte de gasto de 1,6 % del PIB y un aumento de los recursos de 1,2 %. La merma en las erogaciones se logra en un 55 % por ajuste del gasto corriente, pero en un 45 % por menor inversión pública
De cumplirse el objetivo oficial, en 2019 el sector público nacional habrá logrado llevar a terreno positivo el ahorro corriente (0,9 % del PIB), luego de cinco años de desequilibrios en este indicador. Esto significa que la Argentina dejará de tomar deuda para pagar gasto corriente. El desafío a futuro es mantener el equilibrio fiscal pero, al mismo tiempo, reemplazar el impuesto a las exportaciones y controlar el gasto corriente, de modo de evitar que el ajuste recaiga sobre la inversión
En 2019, el gasto primario se ubicaría en 20,4 % del PIB, casi 4 puntos porcentuales por debajo del máximo marcado en 2016 (24,1 %), pero todavía muy por encima de guarismos como el de 2007 (15,4 % del PIB). Además, buena parte del ajuste reciente ha recaído sobre el gasto de capital, que está pasando de 2,9 % del PIB en 2014 a 0,9 % en 2019, aunque la merma sería menos significativa en términos físicos
Dado que los dos grandes problemas económicos existentes desde el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner a la actualidad, son el muy alto nivel de déficit fiscal y de cuenta corriente, la combinación óptima de políticas debería haber sido tal que reduzca el déficit fiscal y mejore el resultado de la cuenta corriente, incentivando mayores exportaciones.
Imponer mayores Derechos de Exportación (DE) va en línea con el primer objetivo, pero no con el segundo. Lo óptimo hubiera sido reducir el peso del gasto público más rápidamente en los últimos dos años (especialmente el gasto corriente), lo cual hubiera incidido favorablemente sobre ambos objetivos.
En la actual coyuntura, con un tipo de cambio ya muy depreciado como consecuencia de la nueva corrida cambiaria de las últimas semanas y, ante la necesidad de asegurar solvencia fiscal para el actual año y el próximo, la estrategia del gobierno apunta a bajar a cero el déficit primario en 2019, a través de un ajuste del gasto por 1,6% del PIB, y de un aumento en la recaudación del 1,2%, en este caso aumentando los DE (inclusive a sectores que había antes desgravado) y suspendiendo las rebajas en materia de aportes patronales que correspondía al año 2019. Está claro que en el gobierno deben suponer, para lograr mejorar los resultados fiscales y de  cuenta corriente en forma simultánea, que aún luego de esas medidas, el nivel de rentabilidad para los exportadores primarios, industriales y de servicios resultará mayor que el existente previo a la suba del tipo de cambio en estos últimos meses, con los impuestos vigentes en ese momento.
¿Cómo se puede explicar lo anterior? Ocurre que la fuerte depreciación del peso operada en los últimos meses bajará inicialmente, y en forma importante, el peso de los costos que se derivan de los bienes y servicios no transables (entre ellos el salario), sobre los ingresos de los sectores transables de la economía (los que exportan y compiten con las importaciones), de modo que para éstos últimos podría ocurrir que aún con la aplicación de mayores DE aumente inicialmente la rentabilidad, dada la baja en sus costos resultante de la licuación salarial y de otros costos no transables (no se mueven a la par del dólar). Se tratará de una mejora en la rentabilidad por unidad producida, y medida en moneda local, a valores constantes. La caída en las ventas, no obstante, podría generar pérdidas netas en sectores que dependen más del mercado interno, dado que podrán trasladar parcialmente a precios la suba del tipo de cambio.
Claro que se debe tener en cuenta que suele resultar normal que, luego de una fuerte suba del tipo de cambio real y de la rentabilidad en la producción de bienes transables, tras la estabilización y progresiva normalización de la economía, la inflación le gane al
dólar por algún tiempo, con lo que el tipo de cambio real comienza nuevamente a apreciarse, y así se podría terminar nuevamente en un problema de competitividad y de cuenta corriente, si a la par no se reducen los nuevos tributos aplicados.
Quizá por la anterior razón, los nuevos DE se han definido como montos fijos por cada dólar exportado, de manera que en la medida que el tipo de cambio nominal se siga deslizando al alza en el tiempo (en un país con inflación todavía alta, ello debería tender a ocurrir, en términos nominales), el peso relativo de los DE caerá en el futuro, medido sobre el monto de exportaciones, sin necesidad de decisiones burocráticas al respecto. Esta medida seguramente fue pensada de ese modo para dar sensación de “transitoriedad” a los nuevos DE, aunque también podría concebir un riesgo: si el plan anunciado funciona, y el tipo de cambio nominal, tras el overshooting de las últimas semanas, tiende a bajar, el peso relativo de los DE podría subir por arriba de los niveles iniciales, en lugar de bajar. En este caso, el sector transable quedaría con mayores impuestos y ya no habría tanta licuación de costos vía salarios y otros costos no transables, lo que podría generar problemas al sector exportador, que paga DE más altos.
Si bien se trata de un plan de emergencia, en la urgencia de contener una corrida cambiaria, en que se apunta a resolver el problema fiscal y de cuenta corriente con instrumentos heterodoxos y en algunos casos transitorios, se debe remarcar que, si se hubiese actuado a tiempo, con un mayor ajuste en el gasto público nacional y provincial, podríamos haber evitado esta situación.
A largo plazo, se requiere una política de estado en materia de equilibrio fiscal e incentivos a las exportaciones. Aplicar nuevamente DE no ayuda para ese objetivo. Por ende, debería tratarse de una solución transitoria, que luego vaya mutando hacia otro tipo de estrategia, con incentivos más claros, efectivos y duraderos para la inserción externa de Argentina, una vez superado el actual trance económico y financiero.
Debe partirse de la idea de que, aun teniendo éxito el paquete de medidas anunciado, y se logre contener el tipo de cambio y asegurar la capacidad de pago de Argentina, luego sobrevendrá un período con alguna apreciación cambiaria, de modo que, si los DE no bajan adicionalmente, podría sobrevenir nuevamente un problema de competitividad, generando dudas respecto a la estrategia exportadora que Argentina necesita a largo plazo.


El tipo de cambio real contra el dólar en niveles de 2007 
Con los valores actuales del dólar, el Tipo de Cambio Real (TCR) de Argentina contra dicha moneda se ubica en 1,72, a valores de diciembre de 2001. Se trata prácticamente del TCR bilateral que existía en el año 2007, y no muy lejos del TCR promedio entre 1950 y 2018 (1,92 pesos por dólar).
Vale recordar que en el año 2007 existían algunas variables económicas en niveles muy razonables para la economía argentina, como un superávit primario (Nación más provincias) de 2,9% del PIB, y 0,7% de superávit en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos.
Claro que dicha situación resultó un derivado de la fuerte devaluación del peso ocurrida en 2002 y de los altos precios de las commodities observados desde 2003, mientras que en la actual situación el ajuste cambiario y en el gasto público debió realizarlo la misma administración actualmente en gobierno (con el desgaste político que ello supone), y los precios de las commodities ya no son los existentes hace una década atrás.
Luego de 2007, las variables económicas fundamentales fueron empeorando en forma sostenida, perdiendo sustentabilidad en materia fiscal y de competitividad, error que debe evitarse en las actuales circunstancias.
El ajuste fiscal anunciado esta semana en contexto histórico Las nuevas medidas fiscales anunciadas por el gobierno nacional apuntan a lograr el equilibrio fiscal primario en 2019 (en lugar de 2020, como era la meta anterior), apostando con ello a que el FMI apruebe adelantar total o parcialmente para 2019, los fondos que por el acuerdo vigente recibiría en 2020 y 2021, para así despejar cualquier duda sobre la capacidad del gobierno para cumplir con los compromisos por deudas en 2018 y 2019. Con tal fin, se anunció un ajuste fiscal que consta de un recorte del gasto equivalente a 1,6% del PIB en 2019, y de un aumento en los recursos por 1,2% del PIB, que incluye los mencionados aumentos en los Derechos de Exportación, así como la suspensión en la baja del peso de los aportes patronales el próximo año. El recorte en el gasto, a su vez, se efectuará en un 45% por menor gasto de capital, y 55% por ajuste en el gasto corriente. Si se considera el ajuste fiscal total para 2019, incluyendo la suba de impuestos, ascenderá a 2,8% del PIB, el cual se logrará en un 43% por suba de tributos, 39% por reducción de gasto corriente y 18% por recorte en el gasto de capital.

A continuación, se evalúan los números fiscales anunciados para 2019 con una visión a más largo plazo, de modo de comparar con la situación en el período 2007 – 2019. En primer lugar, puede decirse que, si se cumplen los pronósticos fiscales para 2019, se habrá recuperado el ahorro corriente en el sector público (+0,9% del PIB), tras cinco años de desequilibrio corriente en el sector público nacional. Esto significa que dejaremos de tomar deuda para pagar gasto corriente. No obstante, aun se estará lejos del superávit corriente que se observaba en 2007 (4,8%).

Como se anticipó, en 2019 se volvería al equilibrio primario, situación que no existía desde el año 2009. En cambio, se observará aun déficit financiero por 3,2% del PIB, similar al existente en el año 2012.

Luego de una baja en la presión tributaria en los primeros dos años de la administración actual, con las modificaciones tributarias anunciadas, los ingresos corrientes del sector público nacional ascenderán a 20,4% del PIB en 2019, ratio superior al observado en los años previos. Como se adelantó, una vez que se hayan resuelto las urgencias macroeconómicas, debe retomarse el sendero de reducción de la presión tributaria, y compensar con mayor ahorro en las erogaciones corrientes del estado.

El gasto primario se ubicará en 20,4% del PIB en 2019, cerca de 4 puntos inferior al máximo observado en 2016 (24,1%), pero todavía bastante por arriba del gasto primario que se observaba en 2007 (15,4%). No obstante, no se trataría tanto de un ahorro en erogaciones corrientes, como de un ajuste en el gasto de capital, que pasará de 2,9% del PIB en 2014, a 0,9% en 2019 (caída a un tercio de aquel nivel), aunque probablemente la reducción resultará menos importante en términos físicos.


El gasto en subsidios económicos, que se realiza para disminuir el impacto sobre las tarifas de energía, transporte y agua, entre otros servicios, resultará de 1,7% del PIB en 2019, contra un máximo de 3,9% en 2014.

Junto a las erogaciones de capital, en 2019 se verificará un fuerte ajuste en las transferencias discrecionales a provincias, cuando dichos envíos serán equivalentes a 0,4% del PIB el año entrante, contra 2,4% que representaban en 2010. En este concepto, el ajuste es transmitido a los gobiernos provinciales.

En definitiva, si se cumplen las proyecciones del gobierno, en 2019 se alcanzará equilibrio primario en el sector público nacional, lo cual resultaría un elemento imprescindible para el logro de la sustentabilidad fiscal y macroeconómica de Argentina, pero se lo conseguirá con algunas medidas económicas que realizarán un buen aporte con ese objetivo en el corto plazo, pero que deberán ser reemplazadas por otras decisiones de mejor calidad en el largo plazo, cuando el tipo de cambio real ya no resulte tan alto como el actual. Existirá un gran desafío a futuro: mantener el equilibrio fiscal, pero ir reemplazando los DE y la caída en el gasto de capital por mayor ajuste en el gasto corriente y otras reformas pendientes, de modo de ir compensando la previsible caída en el TCR que se producirá en los próximos meses, con otras medidas que sostengan la competitividad estructural, así asegurar sustentabilidad en los números fiscales y en la cuenta corriente.

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El Gobierno elimina el fondo Solidario de la Soja en un paso más del plan de ajuste

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A través de tres decretos que fueron firmados hoy, el Ministerio de Hacienda informó una profundización del ajuste con el cual espera generar un ahorro de más de $ 65.000 entre lo que resta de este y en 2019. Las tres medidas que se tomaron incluyen una suspensión de la baja de retenciones para aceites y harinas de soja, eliminación del Fondo Federal Solidario, y reducción de los pagos en concepto de reintegros a la exportación. La caída del Fondo Solidario de la Soja tendrá un fuerte impacto en Misiones: en 2017 se coparticipó a los municipios 229.446.506,9 pesos. En total, desde su puesta en vigencia, los municipios misioneros recibieron 1.048.467.728,5 pesos. 
La decisión del Gobierno apunta a profundizar la estrategia de reducción de déficit fiscal en un momento de inestabilidad económica y financiera, con el dólar en una suba imparable, venta masiva de los bonos argentinos y el riesgo país en su máxima desde que Mauricio Macri es presidente.
Estas medidas se suman a las que anunció ayer el Banco Central que apuntan a reducir los megavencimientos de Lebac, y mientras el dólar superó sus máximos históricos para operar por encima de los $ 30. Por un lado, la entidad que preside Luis Caputo, quien habló con ámbito.com sobre los alcances de los anuncios, informó cinco medidas que incluyen cambios en las licitaciones. Pero además, aumentó la tasa de política monetaria al 45%, en busca de quitarle presión al precio de la divisa estadounidense.
Además, con estas medidas Macri y el ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, buscan darle a la misión del FMI, que se encuentra en el país auditando las cuentas nacionales, una prueba de fe de su convicción de profundizar la reducción del déficit fiscal mediante el ajuste del gasto.
Entre las medidas anunciadas, una de ellas suspendió por 6 meses la baja de las retenciones para aceites y harinas de soja. Además, se elimina el Fondo a través del cual se transfería a provincias y municipios el 30% de la recaudación de los derechos de exportación a la soja, y se reduce en un 66% el monto total pagado en concepto de reintegros a la exportación, de acuerdo con un esquema diferenciado por producto.
Las medidas están contenidas en tres decretos que serán publicados en el Boletín Oficial, mediante los cuales se generará un ahorro fiscal estimado de $ 12.500 millones para lo que resta de 2018 y $ 53.000 millones para el 2019, informó Hacienda en un comunicado.
Con relación a los derechos de exportación a la soja, se mantiene la baja prevista en la alícuota de los granos, pero se suspende por 6 meses la baja establecida para aceites y harinas.
Según la información oficial, las alícuotas a la soja se vienen reduciendo de forma sostenida, desde el 35% en 2015 para el poroto de soja al 26% actual, previendo su convergencia al 18% en diciembre de 2019.
En cuanto al aceite y las harinas, la alícuota se redujo desde el 32% en 2015 al 23% actual y también convergerá al 18% en diciembre de 2019.
Los ingresos adicionales para la Nación por esta medida son de $ 1.500 millones en 2018 y $ 12.000 millones en 2019, estimó Hacienda.
Por otra parte, a través de un decreto de necesidad y urgencia, se elimina el Fondo Federal Solidario, a través del cual se transfería a provincias y municipios el 30% de la recaudación de los derechos de exportación a la soja.
Este Fondo fue creado en 2009, cuando las provincias recibían la cuarta parte de la recaudación de impuestos nacionales, indicó el Ministerio.
Y resaltó que, ahora, las provincias “han pasado a recibir un tercio de los recursos nacionales y continuarán aumentando su participación en los próximos años, lo cual torna innecesaria la continuidad de este mecanismo de compensación. La reducción de los reintegros a la exportación, que se deduce de recaudación coparticipable, compensa parcialmente la pérdida de ingresos”.
Con esta decisión, el ahorro fiscal para la Nación es de 8.500 millones de pesos en 2018 y de 26.500 millones de pesos en 2019.
Además, el Ministerio dispuso reducir un 66% el monto total pagado en concepto de reintegros a la exportación, de acuerdo con un esquema diferenciado por producto.
En ese sentido, Hacienda resaltó que los reintegros a la exportación “justifican su existencia en la vigencia de impuestos indirectos que se acumulan durante el proceso de producción y que no tienen una devolución al exportarse.”
“La reforma tributaria y el pacto fiscal, que reducen los impuestos al cheque y a los ingresos brutos, generan el espacio para que dichos reintegros puedan ser reducidos”, justificó.
El ahorro fiscal (coparticipable entre Nación y provincias) de esta medida es de 5 mil millones de pesos en 2018 y 29 mil millones de pesos en 2019.
“Estas tres decisiones se enmarcan en el proceso de convergencia al equilibrio fiscal para 2020, que serán luego complementadas en el proyecto de Presupuesto por medidas relacionadas con las erogaciones del Gobierno Nacional”, afirmó Hacienda.

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Presupuesto 2019: Dujovne y Frigerio negociarán con las provincias como bajar el gasto

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A partir de hoy los ministros Nicolas Dujovne y Rogelio Frigerio discuten con las provincias un nuevo Pacto Fiscal y recorte compartido de 230 mil millones de pesos.
La Casa Rosada activará a partir de hoy una negociación con agenda abierta ante los ministros de economía de las 24 provincias. Nicolás Dujovne y Rogelio Frigerio retomarán la ronda de consultas con los titulares de los Ministerios de Hacienda de Cambiemos -Buenos Aires, CABA, Mendoza, Jujuy y Corrientes-. El jueves será el turno del peronismo federal que estará representado por los funcionarios de Córdoba, Salta, San Juan, Chaco, Entre Ríos y Tierra del Fuego.
El único punto innegociable para Dujovne y Frigerio es la meta de reducción del déficit fiscal a 1,3% del PBI para 2019, de acuerdo al compromiso asumido ante el Fondo Monetario Internacional. El esquema de negociación plantea un reparto igualitario de la reducción del gasto en unos 230 mil millones de pesos de acuerdo al Ministerio de Hacienda de la Nación, más un plus a negociar con provincias.
De acuerdo a la negociación que abrirá hoy el Gobierno nacional con las provincias, los gobernadores deberían hacerse cargo de bajar el gasto en unos 150 mil millones de pesos, un recorte que en caso de lograr aval del peronismo quedará plasmado en el proyecto del Presupuesto 2019. La orden de Mauricio Macri es rubricar ese acuerdo con los mandatarios PJ antes del 15 de septiembre para votar la iniciativa a libro de cerrado. El plan B, en caso de que no se llegue a un entendimiento con el peronismo de Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey, Gustavo Bordet y Rosana Bertone, entre otros, es prorrogar el Presupuesto 2018 y disponer el recorte de partidas de manera unilateral para alcanzar la meta de reducción déficit fiscal del 1,3% del PBI.
Ese tijeretazo presupuestario no sólo lo padecerán las provincias peronistas. Hernán Lacunza (Buenos Aires), Enrique Vaz Torres (Corrientes), Lisandro Nieri (Mendoza); Carlos Sadir (Jujuy), y Martín Mura (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) son los ministros de Hacienda de las provincias de Cambiemos que mañana volverán a reunirse con Dujovne y Frigerio. El Poder Ejecutivo Nacional ya les vetó la posibilidad de prorrogar la baja del impuesto de Ingresos Brutos. María Eugenia Vidal logró por ahora frenar el traspaso de la financiación de AYSA a las cuentas de la provincia de Buenos Aires y aún resta definir si deberá hacerse cargo de los subsidios a la generación de energía. No habrá definiciones hasta tanto las provincias aliadas no tengan en claro en qué están dispuestos a ceder los gobernadores peronistas.
El Gobierno nacional, de acuerdo al Ministerio que conduce Dujovne, deberá recortar sus gastos también en 150 mil millones. Ya se activó un recorte de 20 mil millones en el Estado pero quedan otros 120 mil millones pendientes. La reestructuración del déficit fiscal obligará a Macri a tomar medidas que alterarán el diseño de su Gabinete. Algunos Ministerios, a partir del recorte de presupuestos, quedarán sin caja operativa para funcionar. Eso implicará la reconversión de alguno de los 23 Ministerios que coordina Marcos Peña en Secretarías de Estado. El anuncio estará a cargo del Presidente.
El primer ministro de Economía provincial que abrirá hoy la ronda de negociaciones en Casa Rosada será Alejandro Garzonio de Chubut. El jueves, además de los ministros de provincias donde manda el Peronismo Federal, se sentarán frente a Dujovne y Frigerio los funcionarios de Neuquén, Río Negro y Misiones. La semana próxima la ronda se completará con las demás provincia peronistas y con los distritos donde gobiernan frentes o partidos provinciales como Santiago del Estero y Santa Fe.
Será el inicio formal de las consultas para suscribir un nuevo Pacto Fiscal que se plasmará, o no, en el Presupuesto 2019. Una medida que en el Gobierno nacional ven como la primera luz al final del túnel.

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