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¿Los hongos pueden ser una alternativa para las chacras de Misiones?

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Oreja de chancho o velo de novia. Dos especies de hongos que se encuentran en Misiones y que, prácticamente, pasan desapercibido al paladar. Es que son comestibles, como casi todos los hongos que crecen libremente en el monte misionero o en los bosques implantados. En la tierra colorada no se encuentran hongos tóxicos mortales. Ahora el objetivo es que se conozcan sus propiedades nutritivas y su enorme valor comercial, que los  colocan como un apetecible producto gourmet o de exportación.

Emanuel Grassi es director general del Instituto Misionero de Biodiversidad y un entusiasta estudioso de los hongos. De hecho, su tesis la hizo sobre los hongos misioneros y finalmente, se vino a vivir a Puerto Iguazú, desde donde difunde sus virtudes. En la noche del jueves dio una clase sobre diversos hongos, su uso comestible y las condiciones necesarias para que sean “cultivados”. 

“Mucho de lo que aprendí, fue en la provincia, sobre todo con colonos. La comunidad guaraní no ha utilizado los hongos como los colonos, aunque ahora le están dando valor. La idea es mostrar y poner en valor un producto que crece libremente”, explicó sobre la iniciativa diseñada en conjunto con Selva Adentro, el encuentro gourmet de comida regional, que la semana que viene hará una edición dedicada a los hongos. 

¿Hay muchas especies de hongos en Misiones?

Hay unas condiciones ambientales propicias para que salgan los hongos todo el tiempo, todo el año. Hay 850 especies en general. Y en Misiones tenemos temperatura y lluvia abundante. Una humedad por arriba del 70 por ciento y una temperatura por encima de los 25 grados, son ideales para que salgan los hongos. Es un recurso que tenemos ahí para aprovechar. 

¿Y se consume el hongo en la comida misionera?

El misionero no está acostumbrado. Recopilamos mucha información de los colonos que cuentan que el abuelo recolectaba y se comía. Pero eso se fue perdiendo. Hay una connotación negativa, que tiene veneno, que produce alergias. Por eso hay que desmitificar. Los hongos que hay en Misiones se pueden tocar, se pueden mostrar a los hijos y explicarles que tienen un reino aparte, que no son plantas. En Misiones no hay hongos tóxicos mortales. 

¿Cuál es el hongo característico?

Oreja de Chancho sale mucho. En madera. Uno lo ve y realmente no lo imagina en un plato, pero tiene un sabor muy rico. Se hace a la vinagreta o se lo puede comer en ensalada. Incluso puede reemplazar la carne. Los chef comenzaron a recolectar. Especialmente hongos de pino, que abundan. Chefs y productores han captado la idea y comenzaron a usar en forma incipiente. 

¿Cómo se recolecta un hongo?

Lo primero es salir con información al campo. Saber lo que se va a buscar. Hay guías, pero sobre todo, preguntar. Identificar el lugar. En un pinar o en un bosque nativo, vamos a encontrar cosas distintas. Hay que llevar un canasto, el canasto del chipero, para asegurar la sustentabilidad, porque se asegura que se dispersen las esporas en el camino. Y eso garantiza la continuidad. Los hongos se dispersan por movimiento. El recolector así cumple un rol ecológico.

¿Cuál es el más rico?

El más extendido, es el Suillus granulatus, el hongo del pino, que es muy rico. Se puede usar en pasta o risotto. Pero se compra de la Patagonia o de Córdoba, cuando lo tenemos acá. Es bastante abundante y lo usamos poco, frente a otros hongos que tienen cualidades más nutritivas. Es un recurso natural que tenemos en la selva y en los bosques implantados.

Grassi trabaja en la conservación de la biodiversidad del monte misionero y también en su visibilización. El Instituto Misionero de la Biodiversidad ya cuenta con un banco genético de la flora  y ahora se está poniendo en marcha algo de vanguardia en la Argentina: un biobanco genético de la fauna para el resguardo de genes a futuro. “Pensamos obviamente en los grandes íconos de la biodiversidad misionera, el yaguareté, el zorro pitoco, pero es para toda la genética que encontramos en nuestra selva. El cambio climático es lo que más afecta, pero la pérdida de diversidad genética también es peligrosa. Por eso debemos preservar los genes. en Misiones hay una gran cantidad de yaguaretés, es cierto. Pero en algún momento, todo serán parientes. Por eso pensamos en preservar e insertar genes y mejorar la diversidad”, explica el especialista.

¿Por qué se puede pensar en el cultivo de hongos en Misiones?

Hay mucho sustrato, aserrín, paja, todo sirve para el cultivo de hongos. Humedad y calor.

¿Para consumo local o de exportación?

En principio, para consumo local y hay una potencialidad regional. Puede ser una producción para la diversificación del colono. Que esté en las ferias es un objetivo a corto plazo. Pero si algún productor se diferencia, puede venderle a Brasil o a China, que es el gran consumidor de hongos. Hay hongos antioxidantes, se puede usar en cremas, suplementos dietarios. 

¿Qué se necesita? ¿Tierras?

Espacio físico, pero depende del volumen. Sustrato, energía si es un lugar cerrado. Depende del momento en el que se pretende cultivar. En Iguazú hay un emprendedor que cultiva en base al bagazo del cocinado de la cerveza artesanal. En Cerro Azúl, hay un productor que en los tocones de madera, inocula los hongos. Recién ahora se empieza a ver los frutos. 

¿Qué valor económico tiene? ¿Se vende por kilo?

Se vende por kilo. Depende de la especie. Hay de mil a tres mi pesos. Pero los más caros valen seis mil dólares el kilo, que son las trufas. Acá en Argentina hay dos productores, pero en Misiones no, porque las trufas crecen asociadas a los robles.

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Latina y feminista, así es la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo

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El primer puesto es para el restaurante del chef argentino Mauro Colagreco, además figuran la parrilla porteña Don Julio y varios de comida latinoamericana.

Este martes 25 de junio se conoció la prestigiosa lista The World’s 50 Best Restaurants o los 50 mejores restaurantes en el mundo, con el restaurante Mirazur del chef argentino, Mauro Colagreco, en el primer puesto y 8 establecimientos latinoamericanos: 2 restaurantes mexicanos, 1 colombiano, 1 chileno, 1 argentino, 1 brasileño y 2 peruanos.

Latina

Ante las críticas de años anteriores, la organización se esforzó por desviar la mirada de Europa, por primera vez la entrega de premios se celebró en Singapur, famoso por su riqueza gastronómica y aparecieron nuevos restaurantes de nuestro continente.

El primer restaurante de América Latina en figurar en el sexto puesto, es Central, de la ciudad de Lima, Perú. A este se le suma Maido, del mismo país, ocupando el décimo lugar.

México, surge dos lugares más abajo con el restaurante Puloj y reaparece en el 24 puesto con Quintonil, ambos son de la Ciudad de México.

Un poco más abajo, se reconoce al restaurante Boragó de Santiago de Chile como el número 26 y a la parrilla porteña, Don Julio, en el puesto 34. Este orgullo palermitano, escaló más de 20 posiciones en comparación al año pasado, que obtuvo el puesto número 55.

Por último, también figuran el restaurante brasileño, A casa do Porco y el colombiano Leo, cuya chef, Leonor Espinosa se convirtió en la primera de su país en aparecer en la lista.

A parte del ranking mundial, el comité realizó listas por continente. Acá están los mejores restaurantes de América Latina del 2019, según The World’s 50 Best Restaurants (los dos últimos no están entre los 50):

1. Maido, Lima, Perú
2. Central, Lima, Perú
3. Pujol, Ciudad de México
4. Boragó, Santiago de Chile
5. D.O.M., Sao Paulo, Brasil
6. Don Julio, Buenos Aires, Argentina
7. A Casa do Porco, Sao Paulo, Brasil
8. Astrid y Gastón, Lima, Perú
9. Quintonil, Ciudad de México
10. Leo, Bogotá, Colombia

Feminista

Por primera vez, desde el 2002, año en el que se empezaron a otorgar estos premios, hay paridad de género entre los 1.040 expertos que toman las decisiones. El comité de integración se compone, en iguales cantidades, por chefs, periodistas y gourmets, que hasta este año eran mayoritariamente de género masculino.

El premio de Mejor Chef Femenina fue concecido a la mexicana Daniela Soto-Innes, a cargo en Nueva York de los restaurantes Cosme y Atla. Además de ser mujer y latinoamericana, tiene 28 años y es la más joven en recibir este reconocimiento. “Me prometí crear un ambiente agradable para todos” confesó, “Como mujer mexicana, creo que se debe luchar contra los prejuicios y la ignorancia” agregó.

El mejor restaurante del mundo es de un chef argentino:

Situado en Menton y dirigido por Mauro Colagreco, el establecimiento Mirazur tiene 3 estrellas Michelin y desde el 2006 es el único establecimiento francés que se mantuvo entre los primeros 10 del mundo, en el 2018 ocupó el tercer puesto.

España, el mejor país: Con 3 restaurantes entre los 50 mejores, incluyendo tres entre los diez primeros, España es el más representado en la lista de los 50 mejores. En el puesto 3 se ubica Asador Erxebarri, en el 7 Mugartz y en el 9 Disfrutar, de Barcelona.

Esta es la lista de 2019 de los mejores restaurantes del mundo:
1. Mirazur, Francia
2. Noma, Dinamarca
3. Asador Erxebarri, España
4. Gaggan, Tailandia
5. Geranium, Dinamarca
6. Central, Lima, Perú
7. Mugartz, España
8. Arpege, Francia
9. Disfrutar, Barcelona, España
10. Maido, Perú
11. Den, Japón
12. Puloj, Ciudad de México
13. White Rabbit, Rusia
14. Azurmendi, España
15. Septime, Francia
16. Alaiin Ducasse Au Plaza Athenee, Francia
17. Steirereck, Austria
18. Odette, Singapur
19. Twins Garden, Rusia
20. Tickets, España
21. Frantzen, Suecia
22. Nariwawa, Japón
23. Cosme, Nueva York, EE.UU.
24. Quintonil, Ciudad de México
25. Alleno Paris Au Pavillon Ledoyen, Francia
26. Boragó, Santiago de Chile
27. The Clove Club, Londres
28. Blue Hills at Stone Barns, EE.UU.
29. Piazzo Duomo, Italia
30. Elkano, España
31. Le Calandre, Italia
32. Nerua, España
33. Lyle’s, Londres
34. Don Julio, Argentina
35. Atelier Crenn, EE.UU.
36. Le Bernardin, EE.UU.
37. Alinea, EE.UU.
38. Hisa Franko, Slovenia
39. A casa do Porco, Brasil
40. Restaurant Tim Raue, Berlín, Alemania
41. The Chairman, Hong Kong, China
42. Belcanto, Portugal
43. Hof Van Cleve, Bélgica
44. The Test Kitchen, Sudáfrica
45. Suhring, Tailandia
46. De Librije, Países Bajos
47. Benu, EE.UU.
48. Ultraviolet by Paul Pairet, China
49. Leo, Bogotá, Colombia
50. Schloss Schauenstein, Suiza

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Agua de las misiones Gourmet vuelve a demostrar su excelencia y calidad al recibir el Premio Internacional al Sabor Superior 2018

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El Instituto Internacional del Sabor y la Calidad (ITQI, por sus siglas en inglés) ha publicado recientemente los resultados de la Edición 2018 de su mundialmente renombrada cata a ciegas, que congrega anualmente a 175 Chefs y Sommeliers de las asociaciones culinarias más prestigiosas de Europa; son los líderes de opinión en términos de sabor y tienen más de 30 años de experiencia en la degustación de alimentos y bebidas de todo el mundo.
En la ocasión, y como lo viene haciendo desde el año 2014, el agua mineral natural “Agua de las misiones Gourmet®” obtuvo el galardón de 2 Estrellas Doradas, esta vez para su versión con gas; único producto de la provincia de Misiones que lo recibió en esta Edición, para orgullo de todos los misioneros.
El premio ITQI es garantía de un excelente sabor y de la más alta calidad. El proceso de cata no consiste en una competencia entre productos sino en una evaluación de los alimentos y bebidas en base a sus propios méritos. Los productos que alcanzan un puntaje de más del 70% son reconocidos con el “Premio al Sabor Superior”, con una, dos o tres Estrellas Doradas, similar a las estrellas Michelin otorgadas a la gastronomía:

  • 1 estrella dorada: puntaje total entre 70 y 80 % – muy buen sabor
  • 2 estrellas doradas: puntaje total entre 80 y 90% – sabor notable
  • 3 estrellas doradas: puntaje total superior a 90% – sabor excepcional

 
De esta manera, “Agua de las misiones Gourmet®” se vuelve a destacar en el mundo y en un mercado altamente competitivo, asegurando a  sus consumidores excelencia en sabor y calidad.

Acerca de iTQi
iTQi es la organización mundial líder en certificación al sabor. Su Jurado está compuesto por reconocidos chefs y sommeliers de prestigiosas asociaciones culinarias europeas – como la Maîtres Cuisiniers de France, the Association de la Sommellerie Internationale (ASI), the Federazione Italia Cuochi (FIC), the Euro-Toques, the Federación de Asociaciones de Cocineros de España or the Verband der Köche Deutschlands – quienes catan y califican los alimentos y bebidas de acuerdo a una metodología objetiva y muy estricta, certificada por las Normas ISO 9001. Estos catadores tienen una experiencia de muchos años en la degustación de alimentos de todo el mundo. No sólo han ejercido sus oficios en Europa, sino también en países tan diversos como Japón, China, Tailandia, Australia, América del Norte, Centro y América del Sur.
 

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Los beneficios de la palta, esa nunca tan bien ponderada “super” fruta que cae del cielo

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La palta es una superfruta que crece en la región, -que en la variedad Hass se cultiva en Misiones-, pero que también se ofrece en góndola desde Brasil y Paraguay. Un alimento que “cae del cielo” en las veredas y picadas, en las riveras y patios de cualquier ciudad del litoral donde, lamentablemente, puede pasar desapercibida.

Sin embargo, aparece (tímidamente) en la oferta gastronómica del circuito tradicional de restós de la ciudad ya que tiene una versatilidad como pocas otras frutas para ser presentada en distintos platos y formas de consumo. (El chef Julio Salina, por ejemplo, elabora helado de palta que ofrece desde la cocina de “Zoco”, la boutique gourmet de Posadas)

La nutricionista Angélica Emategui, Presidenta del Colegio de Nutricionistas de Misiones, insiste con eso de que “la palta es un fruto muy interesante para incorporarlo en las comidas, en la mesa, como licuado o en diferentes formas para consumirlo”.

Y echa por tierra un mito: “tenemos que decir que hay un pre-concepto de que la palta “engorda mucho”. Y esto no es así”, dijo la nutricionista en diálogo con el chef Julio Salina y Carlos Vedoya Recio, en Frontera Jesuita.

“Lo que tiene de bueno la palta es su aporte energético. ¿Qué significa esto? En poco volumen, en no más de 100 gramos de palta, tenemos 200 calorías más o menos. Entonces aquellas calorías que debemos consumir ya las incorporas con la palta. Podemos decir que 100 gramos equivale a una palta chiquitita”, dijo la Emategui.

En el mercado hay de varios tamaños, “algunas gigantes que tienen hasta 800 gramos” pero comer media palta por día es suficiente, “es una porción adecuada” incluso “una palta por familia, distribuida entre cuatro o seis personas”, comentó la Presidente del Colegio de Nutricionistas de Misiones.

“Además de lo energético, en los aportes de la palta, se destacan las grasas saludables “monoinsaturadas”, y que tienen muchos beneficios en nuestro organismo, por eso es importante consumirlas”. Es el primer punto fundamental de la fruta que encontramos en la ciudad.

“El ácido graso que contiene tiene beneficios para el corazón, para evitar problemas cardiovasculares, para quienes tienen triglicéridos o colesterol alto. Cuando se está enfermo, obviamente, se recomienda consumir paltas por sus beneficios para la salud”, detalló.

Además la palta tiene buena cantidad de fibra alimentaria “recomendadas porque ayudan al funcionamiento de evacuación del organismo. La cantidad de fibras es destacable si la comparamos con otros alimentos, como la acelga o la ciruela, por ejemplo. Su perfil “lipídico” es excelente”, subrayó.

Por otro lado tenemos las vitaminas liposolubles, que son las A, D, E, K, que son los antioxidantes por excelencia. “Entonces por ser un alimento con el contenido graso que tiene, a nivel intestinal se puede absorber fácilmente. Es importante aclarar que hay otros alimentos que tienen estas (4) vitaminas, pero no tienen tanto contenido graso, entonces el cuerpo no las absorbe de la misma manera”, explicó la nutricionista en Frontera Jesuita.

El potasio también se encuentra en la palta. “Incluso contiene más potasio que la banana. Cuando se pide consumir alimentos ricos en potasio, a los deportistas o a las embarazadas se les recomienda comer palta”, dice Emategui”. Sin embargo, en su medida justa, “a los enfermos renales se les pide que no coman tanto. Por eso es importante siempre consultar con el Nutricionista Matriculado, porque cada alimento tiene estas características, mucho de un nutriente y poco de otro, por eso depende la salud de cada uno, de cada persona o paciente, y si es bueno recomendarlo o no”, detalló la experta, matrícula 005.

“En el caso de esta fruta tiene además una barbaridad de vitamina C, más que algunos cítricos incluso. No olvidemos que el organismo va tomando y dejando de acuerdo a la combinación de alimentos que hacemos. La vitamina C es muy buena, antioxidante igual que las liposolubles. Súper beneficioso”.

¿Comer sano es caro? “Es bajo su costo ante la cantidad de beneficios que tiene. Es otro mito. Comer bien no sale caro. Obviamente que si yo te indico que comas todos los días salmón, lógicamente va a salirte caro, pero yo te estoy indicando que consumas todos los días palta, que es barata y tiene un perfil nutricional excelente”, explicó la nutricionista.

La palta contiene un alto valor de saciedad. “Viste cuando uno come algo y se siente lleno? Ahí está el valor de saciedad. Como tiene tan buen perfil de ácidos grasos, la digestión es lenta, el proceso es lento, y esto hace que no se tenga hambre al ratito. En otras palabras, perdura en el tiempo la sensación de saciedad”, dijo.

La primera comida del día. “Si partimos de un desayuno completo, al que le agregamos una fruta como la palta, es beneficioso para todo el resto del día. Si incorporamos alimentos variados repartidos durante el día, vamos a tener menos apetito de consumir alimentos pocos nutritivos, hipercalóricos o con grasas malas. Entonces incluir en el desayuno un alimento con tantas bondades como es la palta sería buenísimo”, aseguró.

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* Foto: Gentileza de Lucas Sartori | Especial Frontera Jesuita

 
 
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Iván Ortega: “Salté a la fama con un sándwich”

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Deleitó con sus platos en varias ciudades de Europa y cocinó en algunos de los mejores restaurantes de Buenos Aires. Pero la tierra tira. Por eso decidió volver y convertir su nombre en una marca registrada vinculada a la gastronomía misionera y regional.

Iván Ortega confiesa que se convirtió en chef después de un paso frustrado por la actuación, que había sido su primera pasión que lo llevó a perfeccionarse en París después de haber estudiado en una de las compañías de teatro más prestigiosas de Argentina. Pero esa frustración se transformó en una nueva pasión. “Soy un hombre con suerte”, asegura ahora, con un largo camino recorrido. Y una anécdota lo confirma: se hizo famoso por un sándwich que llegó hasta la mesa de Mirtha Legrand.

La transformación es permanente. El chef se convirtió en marca registrada, en consultor gastronómico y ahora está en proceso de ser empresario.

“Ser consultor es como en cualquier profesión, la utilización de tus antecedentes profesionales puestos al servicio de alguien. Lo que vendés es tu  Know How, es la venta de lo que sabés hacer”, explica.

Pese a su pasión por la cocina gourmet, entró a las grandes ligas casi de casualidad, de la mano de Pablo Campos, un CEO de McDonalds que comenzaba a abrirse paso para apostar a un nuevo concepto asociado a la cadena de pastelería Martín De Ridder.

“Estuviste por París -me dice- ¿Conocés el croque madame?” Sí, el sándwich que tiene huevo arriba”, le contesté. Charlamos largo… “Me gustaría entrevistarte, yo creo en la sangre joven”, me respondió. El diálogo se dio en la sala de espera de un aeropuerto.

Campos tenía la idea. Vender sándwiches, ensaladas, crocs. Pero no tenía el menú. “Me contratan junto a Nicolás García Díaz, otro cocinero y nos reunimos los dos jovencitos a diseñar el menú que hoy tienen en cinco locales, por no decirte seis porque están por abrir uno”, recuerda.

El primer local abrió en plena Recoleta porteña, donde funcionaba el antiguo Bar “Pitas”, de donde eran las famosas “niñas petiteras”.

“Era interesante ver como un bar gallego, venido a menos, se iba transformando. Ahí aprendí mucho sobre la gestión de un restaurante. Poco a poco fui opinando y si no opinaba, veía. Después vino el momento de crear el menú e hicimos una lista grande, de eso seleccionaron los platos y como quién no quiere la cosa estuve en la apertura en un café gourmet. Y fue exitoso desde el día uno, con filas en espera que se mantienen hasta hoy. Ese fue el primer local y el segundo fue en el Palacio de Errazuritz, frente al Automovil Club Argentino. Ahí abrimos un “croque madame” en el Museo Nacional y ya había tomado más brío”.

Sin embargo, la muerte de su padre, el reconocido periodista “Neneco” Ortega marcó un quiebre, que a la postre, definiría su futuro.

Se emociona cuando lo piensa. “El murió muy tranquilo de mi profesión. Me había dado un título, yo estaba pisando fuerte. Llegó a ver la nota que me hicieron en la revista Ticket de la Nación”, recuerda orgulloso.

Los últimos meses los habían pasado juntos, ya que por el tratamiento médico, el veterano cronista se atendía en Buenos Aires.

Al momento de la muerte de su padre, Iván había ganado una beca de especialización en el País Vasco. Europa volvía a ser un refugio, pese a la zona de confort que significaban los Croque Madame que estaban en pleno auge.

El País Vasco fue un lugar para mitigar la tristeza. El bolso volvía a armarse. Pero sus jefes no aceptaron la renuncia, sino una licencia sin goce de haberes. Era lógico. El Croque Madame creado por Ortega había marcado la fama del local. “Era un pan lactal con queso, con jamón y un huevo arriba. Lo que hice, con un sacabocados, fue un agujero al sándwich y lo puse a la plancha, con el huevo al estilo del ojo griego. Cuando das vuelta el sándwich, queda parejito como si no tuviera nada. A la hora de la prueba, me dicen “Iván, le falta el huevo”. “Les digo no, córtalo al sándwich y ahí chorreó todo el huevo semi coagulado. Realmente sorprendí con una pavada en un sándwich y así conseguimos la atención de toda la prensa. Los primeros interesados fueron los de la revista La Nación. Le agregamos una ensalada de salmón ahumado, que había visto en foto en un edificio de un reloj Art Decó, y unos crocantes de queso que eran las agujas. Con eso saltamos a la fama, hasta que llegamos a la mesa de Mirtha Legrand que nos invitó a su programa, porque a Marcela Tinayre le gustaba mucho el Croque Madame”.

 

¿Cómo pasás de estudiar actuación a la cocina?

De una profunda frustración, siempre digo lo mismo, no tengo miedo de las palabras. Tengo que reconocer que me sentí frustrado como actor, pero no por mis condiciones, por burocracia. Cuando fui a Buenos Aires, decido estudiar Comunicación Social, como mis padres, empiezo a hacer el CBC. Pero un poco por cobardía, yo tengo muy buena gramática y escritura, pero no muy buena ortografía, supe retirarme a tiempo, porque siempre supe retirarme a tiempo de los lugares. Lo veo como una cuestión de grandeza y no de cobardía el retirarme a tiempo.  En paralelo empecé teatro con Ana María Campoy y Cristina Banegas, porque mi hermana era actriz –Liliana Ortega fue la protagonista misionera de Yago, Pasión Morena, con Facundo Arana-. Gano una beca para ir a estudiar teatro Francia con un misionero, Oscar Sixto. Para ese entonces ya había dejado Psicología, porque en realidad la carrera que dejé fue Psicología”, enumera.

La beca fue un aprendizaje doble. Trabajó en un restaurante como muchos otros argentinos que van a probar suerte: lavando copas.

“¿Por qué mi frustración? Porque me va muy bien en París, con el idioma incluso y me contratan para ser asistente de producción en una obra que se iba a llamar “La guerra Prometida”, de Miguel Delibes, el español y se iba a realizar en la Rue de Avignon. Tuve que volver para gestionar mi estatus de trabajador. Dejé la mitad de mis cosas en París. Pero había un error en el contrato. Había que legalizarlo en París. Burocracia, querían frenar la inmigración y el tiempo pasó. Prácticamente a bajarse los calzones a la embajada, era un horror presentar certificados de sueldos y era trabajoso conseguir un contrato legalizado, y fue rechazado. Me hicieron otro y rebotó por el monto. Y ya no hubo tercer contrato. Tenía 22, 23 años y me dije “hasta acá llegamos”.

“Yo había trabajado en Paris, para poder mantenerme en un pequeño barcito de París y ahí yo había dicho si esto no va, me dedico a la cocina…. Y fui consecuente con eso. Me frustré mucho. Ya tenía un lugar en Francia, otra vez tener que luchar, tener que hacer. Pero no me arrepentí de haberme retirado… Estudié cocina y fue muy lindo. Conocer al Gato Dumas de entrada, ser su ayudante de entrada. Yo soy un hombre de suerte”.

¿En qué te inspiras para diferenciarte en medio de este auge de la cocina?

Yo comencé con esto hace 15 años. El primer medio que me publicó un plato fue El Territorio, allá en el 2003 en la revista NEA, estaba cursando el primer año de gastronomía. Mi papá era el secretario de redacción así que me publicaron un plato. ¿En qué me inspiró? En las grandes ideas. No me importa la bandera, en los grandes cocineros internacionales, en las grandes ideas más que en los cocineros, e intento convertirlas y utilizo algo que tiene que ver con mi origen. La gran herramienta de la cocina de los Jesuitas fue el de la sustitución, ellos venían con un recetario europeo, pero debieron sustituirlo con los ingredientes del nuevo mundo. Me inspiro en las grandes ideas del mundo a nivel gastronómico y utilizo casi de manera ancestral la sustitución con productos locales. Y me inspiro mucho en mi infancia. Los más grandes platos que me enorgullecen de lo regional-fusión, uno es el M´beyú relleno, que lo hice en 2006. Recibí tantas críticas, tantas críticas… ¿Qué hace este pelado que hace un M´beyú cheto? Cheto porque le ponía tres quesos y lo miraban como a un taco mejicano. Pasaron 10 años y me paro frente a los negocios de la Costanera y tengo ganas de decirles: “No sabés la primera vez que hice esto como me criticaron”.

¿En qué lugares cocinaste? ¿Volviste a Francia?

Volví a Francia para tomar cursos, hice formación más que nada. Después cociné en el Restaurant Casa Cámara del País Vasco –muy famoso-. Fue mi cable a tierra cuando falleció Neneco. Me tocó un jefe muy bueno… Alberto, me acuerdo que llegué con una tristeza tan grande. Era otoño, hacía frío y las calles estaban mojadas, porque el restaurante está construido casi sobre el mar. Se levantaba el vaho de la calle, una película. Lo único que quería es que sea una buena persona el jefe de cocina y fue una persona increíble. Estuve seis meses en el País Vasco. Después tuve que regresar porque las mujeres de la casa me necesitaban. Y acá me di cuenta que me necesitaban mucho, mi familia y la sociedad. No había ni siquiera mandioca frita en los restaurantes. La Ruedita siempre tuvo, pero en un restaurante común no había, en una pizzería de barrio tampoco. Era más fácil encontrar papas fritas McCain que mandiocas fritas”.

“Entonces regreso para ver cómo estaban mi mamá y mi hermana, las encuentro tristes, como estaba yo. Abro el diario y leo que buscaban profesionales cocineros para las clases de cocina del Instituto Superior de Estudios Terciarios. Hice la entrevista y vieron mi curriculum y me quedé.

Tu tierra también te llama…

Mi tierra me llamó. Si bien pensaba quedarme dos o tres meses, un año, hasta que la familia esté bien y retornar a Buenos Aires, enseñaba a chicos que venían de El Soberbio, Colonia Alicia, chicos que venían de Campo Ramón y otras colonias. Muchas veces, por no decir la gran mayoría, ni siquiera habían sido comensales en grandes restaurantes y yo contaba de Europa, del arte decorativo, del Croque Madame, de la mesa de Mirtha Legrand. A ellos les brillaban los ojos. Ahí me dije: “Yo dije soy muy útil acá”.

La tierra te sirvió para abrir tu propio camino…

En ese ser útil acá encontré mi lugar. Tampoco había, más allá de Benjamín Heras, que era español y nunca quiso hacer otra cosa. Él fue muy noble con su origen. Cuando yo llegué él ya estaba enfermo. Entonces fue como un traspaso generacional y a la vez conceptual, de matriz. Yo tenía experiencia en San Sebastian, en cocina española y formación en París, en Europa. Podía ponerme a diseñar platos franceses, pero tengo un señalador que dice: “Ser original es retornar al origen”. Entonces decido dedicarme a la cocina que me enseñó mi abuela, mi madre. En ese momento era la cocina paraguaya y luego entendimos todos que el patrimonio cultural es de una región. Comencé con la cocina regional, en ese comenzar a instruir a los jóvenes que querían ser cocineros y necesitaban a un chef con experiencia, un coterráneo suyo. Ahí encontré mi lugar de singularidad.

 

Hoy hay en la televisión muchos programas de cocineros, ¿Creés que se valora la cocina o es solo un show?

La televisión es el gran reflejo de la sociedad. Desde lo antropológico la comida ha sido la que articuló la sociedad, a partir de que se cocinan los alimentos el  hombre dejó de ser recolector y se reúne en torno al fuego, espera la comida y comienza el lenguaje. A partir de la comida están los grandes festejos, con la comida está la identidad. Estos programas de televisión deben estar. ¿Qué es lo importante en ese programa? Lo importante es el genio y figura del cocinero, no tanto del alimento. Muchas veces el alimento es tratado de manera secundaria e incluso hoy en día yo miro algunos platos, que me parecen bellísimos y no estoy hablando de los programas de cocina, de revistas, en general. Digo platos y digo qué bellezas, me gustaría hacer una copia y con ellos unos cuadros y ponerlos en mi cocina. Después lo miro y veo que son manchas de una emulsión o un puré, con dos delgadísimas rayas de dos rabanitos, con manchas de un aceite con un punto de otro aceite adentro de otro color, con dos brotecitos de soja, una línea de una reducción y tres pétalos de flores, y, me pregunto si eso se come. Sí me parece que hay mucho de show en esos programas y me parece que hay un abuso de las condiciones del trabajador gastronómico. Los cocineros, los jefes de cocina, somos muy cabrones, yo tengo un genio horrible, eso tiene que ver con la gran presión que siento… pero maltratar a alguien en un estudio de televisión, sin que haya comensales esperando, sin que ese plato sea de un restaurante, sin que alguien vaya a pagarlo, es como la simulación de enojarte. Simular bajarle la autoestima a alguien no me gusta. Pero los programas deben estar, son necesarios y positivos.

 

¿Los misioneros saben comer bien?

Los misioneros saben lo que quieren comer, es muy difícil introducirles cambios. El misionero sabe cómo quiere la sopa paraguaya, cómo quiere la mandioca, como quiere el pollo, a las brasas con vegetales y panceta. El asado le gusta bastante hecho, no le gusta la carne cruda, quiere los guisados cuando hace frío. El misionero quiere la gallina con arroz, la harina de maíz con gallina, por eso el M´baiyphy o la polenta, el Borí- Borí con gallina. Que de ahí hagamos un análisis si está balanceada su dieta o si es sibarita, es otra cosa. Identitariamente la tiene clarísima Misiones.

 

¿Y se paga bien en la cocina?

¿En Misiones? Muy mal. Se paga muy mal y te lo dice un privilegiado que gana muy bien. No puedo no dejar de ver el padecimiento de mis compañeros gastronómicos, siento a veces una profunda tristeza. Yo abrí doce unidades de negocio en la región, con un promedio de 20, 25 puestos incluido mi local Cabureí que tenía 5 empleados. Hago un cálculo de haber generado más de 200 empleos, incluido Vualá que reabrirá sus puertas pronto. Esas personas ponen muchas ganas y mucho amor a su profesión, pero este es un país que no ayuda al trabajador gastronómico. El trabajador gastronómico sirve a la sociedad en sus momentos festivos, los siete días, descansa un día a la semana, con suerte descansa medio día más. Trabaja más de ocho horas, nueve, diez, por estatuto, no por ganas. Trabaja en todas las fiestas, el cumpleaños de quince de su hija, tantas cosas, y no llega, por lo general, a su propio coche con su trabajo. En Europa el trabajador europeo viene en su coche, puede planear sus vacaciones tranquilo y me duele ver lo de acá.

¿Has hecho un montón de cosas, recorrido el mundo qué te queda como desafío?

Ahora me queda dejar mi lugar a las nuevas generaciones, en lo que es mostrar la provincia, dejar mi lugar en exposiciones, ferias, en revistas. No es retirarme, sino ayudar a un cocinero que no tiene experiencia en ferias nacionales como tiene que moverse, por qué no acompañarlo la primera vez, o hasta cuando me necesiten. Y de a poco ir retirándome. Porque ¡qué feo es decir esto! Me siento feliz, me siento realizado, como representante y como cocinero con nombre propio. El objetivo ahora es ser un buen empresario.

¿Cómo es esa mutación del cocinero al empresario?

Con Cabureí fue mi primera experiencia, y todo el mundo me decía cómo vas a ir a abrir en 115 y Quaranta –a las afueras de Posadas- no va a ir ni el loro. Cuando lo vendí tenía tres compradores, la gente del centro siempre me pedía a ese lugar. Pienso que voy a ser un buen empresario, un empresario justo, quiero formarme más en administración, más en recursos humanos. Quiero empezar de abajo como hice siempre, porque empecé limpiando heladeras en el hotel Hilton.

Cocinaste en muchos lugares, pero ¿a qué cocinero querrías conocer y dónde comer como comensal?

Quiero ir a uno que es del cocinero Jordi Cruz en Barcelona, y de la Argentina, Tegui de German Martitegui, que es una persona muy amable conmigo.

 

¿Te sentís a la par de esos nombres?

Hace unos días me encontré hablando con Narda Lepez, con German Martintegui, se armó una ronda. Me decían estos grandes que no sabían que el maní es autóctono de Misiones. En realidad lo es de la región guaranítica, y les conté del mandubí. En Misiones a diferencia de otros lugares, toda la gastronomía está en la mesa cotidiana. Acá la sopa paraguaya la vende la chipera en la esquina, pero el aceite de maní el mandubí se elaboraba acá. Hoy en día ya no se elabora más y los cocineros si queremos incorporar eso tenemos que comprar de China. Ellos no sabían del mandubí.

Este año también estuve en la representación del Plan Cocinar, en Madrid, cuya cereza de la torta fue ese gran asado en la Plaza Mayor de Madrid, con Francis Mallman. Estuve entre esos 40 cocineros argentinos que tomaron la plaza Mayor de Madrid. Yo llegué y recordé que fue el primer punto que pise en Europa. Y me tocó pelar pollo, mirá lo que hice… Lo increíble del asado fue estar ahí, en lo gastronómico no hice mucho, pero estuve ahí, mirando los frescos y me recordé a mí cuando era joven y voy a decir una frase hecha pero pensé: “Has recorrido mucho muchacho”.

 

Iván asegura ser muy amiguero. Pero es, del grupo, el que no quiere cocinar. Admite que su fuerte no es el asado y que a la hora de cenar, bien puede comer un picadillo con galletitas y un vaso de gaseosa.  “Soy de comprar comida por kilo en el supermercado”, se ríe.

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