guerra en Irán

Reservas: la aparente recuperación de dólares esconde una fragilidad estructural

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Las reservas del Banco Central muestran una recuperación parcial en 2026, pero el dato central del momento cambiario argentino va en sentido contrario. Mientras las reservas brutas crecieron cerca de 5.000 millones de dólares en el primer bimestre del año, las reservas netas —según la metodología del FMI— se hundieron hasta los -16.865 millones de dólares al 23 de febrero, el nivel negativo más profundo de la serie reciente.

La diferencia entre ambas cifras expone una tensión clave de la política económica actual: el gobierno logra recomponer parcialmente el stock de reservas contables, pero no logra fortalecer el “poder de fuego” real para enfrentar pagos de deuda o eventuales shocks financieros.

El diagnóstico aparece en un informe del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) elaborado por Leandro Amoretti y Pablo Manzanelli, que analiza la dinámica de reservas en un escenario marcado por volatilidad internacional, restricciones financieras y alta demanda de dólares.

En términos políticos, el problema no es solo contable. El dato abre una pregunta estratégica para el programa económico: ¿puede sostenerse la estabilidad cambiaria con reservas netas profundamente negativas y fuertes compromisos de deuda en el horizonte inmediato?

El “efecto Trump”, la burbuja financiera y la recomposición parcial

El informe ubica el inicio del actual ciclo en octubre de 2025, cuando se produjo lo que los economistas denominaron el “efecto Trump”. Ese episodio generó una etapa de estabilidad cambiaria que facilitó el ingreso de capitales financieros y la formación de una nueva burbuja especulativa.

El contexto también incluyó un respaldo del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que contribuyó a frenar la corrida cambiaria y a consolidar políticamente al gobierno tras el resultado electoral de ese año.

Sin embargo, ese respaldo externo no alcanzó para resolver el problema estructural del financiamiento. El país no logró regresar plenamente a los mercados internacionales de crédito, por lo que el acceso a dólares quedó restringido a tres fuentes principales: organismos internacionales, acuerdos de préstamo tipo Repo con bancos internacionales y endeudamiento de empresas y gobiernos subnacionales

En ese marco, el Banco Central logró mostrar un incremento de reservas brutas durante los primeros meses de 2026. El informe identifica tres factores principales detrás de esa mejora: aumento del precio internacional del oro, que eleva el valor contable de las reservas. Préstamos Repo con bancos internacionales. Incremento de los encajes bancarios por depósitos en dólares

La compra directa de divisas por parte del Banco Central también contribuyó, aunque en menor medida.

El resultado fue una entrada de más de 10.000 millones de dólares por distintos canales, aunque buena parte de esos fondos se utilizó para cumplir con pagos de deuda externa por 5.272 millones de dólares.

Reservas brutas vs. reservas netas: la brecha que preocupa

La diferencia entre reservas brutas, líquidas y netas se volvió central para interpretar la situación del Banco Central.

Las reservas líquidas, que miden la capacidad inmediata de intervención cambiaria, aumentaron en 3.544 millones de dólares entre fines de 2025 y febrero de 2026.

Pero el indicador más relevante para la solvencia externa —las reservas netas, que descuentan pasivos y obligaciones— siguió deteriorándose.

El resultado fue un rojo de -16.865 millones de dólares, lo que refleja que la acumulación de reservas no alcanza para cubrir los compromisos externos del Estado.

El problema se agrava si se observa la dinámica de deuda. Según estimaciones basadas en la balanza de pagos, los vencimientos de capital e intereses entre 2026 y el tercer trimestre de 2027 superan los 72.000 millones de dólares, incluyendo compromisos públicos y privados.

En ese contexto, la acumulación de reservas se vuelve una pieza clave del programa económico, pero también uno de sus puntos más frágiles.

Dólares que se van: ahorro, turismo y salida de capitales

A la presión de la deuda se suma otro factor estructural: la demanda interna de dólares.

Desde que se liberaron los controles cambiarios para personas físicas en abril de 2025, la compra de divisas para atesoramiento alcanzó 35.601 millones de dólares hasta enero de 2026, con un promedio mensual de 3.560 millones.

Ese nivel representa el promedio mensual más alto del siglo XXI.

El informe también menciona otros factores que presionan sobre la disponibilidad de divisas: aumento de las importaciones, deterioro del superávit comercial, déficit creciente en turismo y servicios y salida de capitales vinculada a operaciones financieras

La combinación de estos elementos refuerza una dinámica conocida en la economía argentina: la valorización financiera puede sostener el tipo de cambio en el corto plazo, pero tiende a deteriorar la cuenta externa en el mediano plazo.

Un frente externo más incierto

El escenario global tampoco ayuda.

El informe advierte que la guerra en Irán incrementa la incertidumbre internacional y podría acelerar el desplazamiento de capitales hacia activos seguros, un fenómeno que históricamente perjudica a las economías emergentes.

En ese contexto, la estabilidad cambiaria lograda tras la crisis de 2025 podría enfrentar tensiones adicionales si se reducen los flujos de capital hacia países periféricos.

Además, el calendario económico local agrega presión. Tradicionalmente, la oferta de dólares del sector agroexportador se debilita durante el segundo semestre, lo que podría tensionar nuevamente el mercado cambiario.

Notas Breves Reservas CIFRA by CristianMilciades

La estrategia económica bajo observación

El informe concluye que la recomposición parcial de reservas observada en 2026 no resuelve el problema estructural de la economía argentina: la brecha externa generada por deuda, demanda de dólares y fragilidad del financiamiento.

El desafío para la política económica es doble. Por un lado, sostener la estabilidad cambiaria que permitió descomprimir la crisis de 2025. Por otro, reconstruir reservas netas suficientes para enfrentar los vencimientos de deuda y eventuales shocks externos.

La dinámica de los próximos meses será clave. Si la demanda de dólares se mantiene elevada y los flujos financieros se vuelven más volátiles, la capacidad del Banco Central para sostener el equilibrio cambiario podría volver al centro de la escena económica y política.

Por ahora, el indicador más relevante sigue marcando una advertencia: las reservas contables crecen, pero el margen real de maniobra continúa en terreno negativo.

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Trump busca influir en la sucesión del poder en Irán tras la muerte de Jameneí

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que quiere participar en el proceso que definirá al próximo líder supremo de Irán, tras la muerte de Alí Jameneí durante los bombardeos estadounidenses e israelíes que marcaron el inicio de la guerra el pasado sábado. En declaraciones al medio digital Axios, el mandatario consideró “inaceptable” que el cargo recaiga en Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido líder, a quien hoy se señala como el sucesor más probable.

La afirmación introduce un nuevo elemento de presión externa sobre un proceso institucional interno que, según la Constitución iraní, debe resolverse mediante la Asamblea de Expertos, un órgano compuesto por 88 clérigos elegidos cada cuatro años y encargado de designar al líder supremo por mayoría simple.

La intervención discursiva de Trump abre una tensión inmediata: ¿se trata de una señal de estrategia geopolítica para condicionar la transición iraní o de una declaración que busca influir políticamente en un proceso que formalmente está blindado por el sistema institucional de Teherán?

El proceso institucional iraní y el nombre que concentra expectativas

El liderazgo supremo en Irán representa la autoridad política y religiosa más alta del país. La Constitución establece que la Asamblea de Expertos debe designar al sucesor cuando el cargo queda vacante, un procedimiento que combina legitimidad electoral indirecta con el peso del establishment clerical.

En ese contexto, Mojtaba Jameneí, de 56 años, aparece como el nombre con mayor proyección en los últimos días. Distintas referencias políticas lo ubican como una figura con influencia dentro del sistema político iraní y con vínculos con la Guardia Revolucionaria, un actor central en el entramado de poder del país.

Trump cuestionó abiertamente esa posibilidad. En su conversación con Axios sostuvo que la eventual llegada del hijo de Jameneí implicaría continuidad en la línea política del líder fallecido, un escenario que —según su lectura— podría reactivar el conflicto militar con Washington en el futuro.

El presidente estadounidense planteó además que el nuevo liderazgo iraní debería orientarse a “armonía y paz”, una definición que deja entrever la expectativa de que la sucesión produzca un cambio en la relación entre Teherán y Estados Unidos.

La referencia a Venezuela y la proyección de influencia externa

Trump comparó su intención de intervenir políticamente en la transición iraní con lo ocurrido en Venezuela, donde —según explicó— impulsó la designación de Delcy Rodríguez como figura central del Gobierno interino tras la captura del expresidente Nicolás Maduro durante una operación militar realizada en enero.

Ese antecedente forma parte del marco discursivo con el que la Casa Blanca intenta mostrar capacidad de influencia en escenarios de crisis política internacional. Al trasladar esa lógica a Irán, el mensaje adquiere una dimensión estratégica: sugiere que Washington no pretende limitarse al plano militar o diplomático, sino también condicionar la arquitectura política que emerja tras la guerra.

Sin embargo, el sistema político iraní presenta una estructura institucional y religiosa mucho más cerrada, donde los procesos de designación del liderazgo responden principalmente al equilibrio interno entre clérigos y estructuras de poder vinculadas al Estado.

Un proceso de sucesión bajo presión internacional

La sucesión en Irán se desarrolla ahora en un contexto extraordinario: la muerte del líder supremo en medio de una guerra que involucra a Estados Unidos e Israel. Esa situación agrega presión política sobre el órgano encargado de definir el reemplazo.

La Asamblea de Expertos deberá resolver la transición mientras el país atraviesa un escenario de conflicto externo y de reorganización interna del poder. En ese marco, el nombre de Mojtaba Jameneí concentra atención tanto dentro como fuera del país.

Las declaraciones de Trump introducen una variable adicional: la posibilidad de que Washington intente influir en el resultado político de esa transición, aun cuando el mecanismo constitucional iraní no contemple participación externa.

La incógnita sobre el rumbo político de Irán

El proceso de sucesión del liderazgo supremo definirá mucho más que un nombre. De esa decisión dependerá la orientación política del país en un momento en el que el conflicto militar y la presión internacional condicionan el escenario interno.

Si la Asamblea de Expertos confirma a un dirigente cercano al liderazgo anterior, la continuidad institucional podría imponerse sobre cualquier expectativa de cambio. Si emerge una figura distinta, el tablero regional podría reconfigurarse.

Por ahora, la única certeza es que la transición iraní dejó de ser un asunto exclusivamente doméstico. La guerra y las declaraciones de Washington colocaron la sucesión en el centro de una disputa geopolítica que todavía está lejos de cerrarse.

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