GUSTAVO PETRO

Petro rechaza denuncias por narcotráfico

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Gustavo Petro decidió responder de manera directa y política a una acusación que, aun sin notificación formal, amenaza con alterar el delicado equilibrio de su relación con Estados Unidos. Este viernes, el presidente de Colombia negó tener vínculos con el narcotráfico luego de que circularan reportes periodísticos sobre posibles investigaciones en oficinas federales de EE.UU. por presuntas reuniones con criminales y eventuales donaciones a su campaña presidencial. La reacción no quedó solo en una defensa personal: la Embajada de Colombia en Washington se alineó con el mandatario, descalificó la publicación por estar “basado en fuentes anónimas y falto de hallazgos” y remarcó que no recibió ninguna notificación formal de autoridad competente. El dato central, por ahora, no es una imputación ni una actuación judicial confirmada, sino la irrupción de una sospecha en un momento de recomposición bilateral. Y ahí aparece la tensión de fondo: si se trata de un episodio mediático con derivación incierta o de un elemento capaz de volver a desordenar una relación que recién empezaba a salir del conflicto.

Una denuncia sin notificación formal, pero con impacto político inmediato

La secuencia se activó a partir de reportes de medios que retomaron un artículo de The New York Times, según el cual al menos dos oficinas de fiscales federales de Estados Unidos estaban investigando posibles vínculos de Petro con el narcotráfico. El foco, siempre según esa publicación citada en el texto base, estaría puesto en reuniones con criminales y en aportes a su campaña presidencial.

Petro eligió contestar en su cuenta de X y lo hizo con un mensaje que buscó desactivar tanto la sospecha judicial como la narrativa política que podría desprenderse de ella. “En Colombia no existe una sola investigación sobre relación mia con narcotraficantes”, escribió, y atribuyó esa situación a una razón tajante: “nunca en mi vida he hablado con un narcotraficante”. No se limitó a negar. También intentó invertir el sentido de la acusación al recordar que dedicó diez años de su vida a denunciar vínculos entre narcotraficantes y dirigentes políticos, gobiernos locales y nacionales, en lo que definió como una etapa de “gobernanza paramilitar”.

La Embajada de Colombia en Estados Unidos reforzó esa línea. Sostuvo que ninguna autoridad competente de EE.UU. emitió determinación o notificación formal alguna ni confirmó las afirmaciones del reporte. Además, afirmó que las insinuaciones carecen de “fundamento jurídico y fáctico”. En términos institucionales, esa intervención buscó algo más que respaldar al Presidente: intentó fijar la posición oficial del Estado colombiano ante un episodio que, de escalar, puede salirse del terreno mediático y convertirse en un problema diplomático.

La defensa del Gobierno apunta a preservar el canal político con Trump

La reacción del gobierno colombiano no ocurre en el vacío. Llega cuando Bogotá y Washington venían ensayando un acercamiento luego de meses de confrontación. Ese dato modifica la lectura del episodio. No se trata solo de una denuncia sensible sobre el Presidente de Colombia, sino de una perturbación en un vínculo bilateral que el propio Petro venía intentando recomponer con Donald Trump.

Según el texto base, la semana pasada ambos mandatarios mantuvieron una llamada telefónica de casi media hora, la segunda desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025. La conversación giró sobre cooperación energética, lucha contra el narcotráfico y la situación en Venezuela. Esa agenda no es neutra. Muestra que la relación estaba siendo reconstruida sobre temas de alta densidad geopolítica y de seguridad, precisamente aquellos que podrían quedar más expuestos si prosperaran sospechas en torno al Presidente colombiano.

El acercamiento ya había tenido hitos previos. Tras meses de insultos públicos, amenazas de sanciones, fricciones diplomáticas y el fin de la ayuda financiera a Colombia, Trump y Petro hablaron por primera vez el 7 de enero. Ese contacto abrió un canal directo y, casi un mes después, el 3 de febrero, ambos se reunieron en Washington en un encuentro que definieron como “muy buena” y con “aire optimista”.

Ese contexto vuelve especialmente sensible la aparición de versiones sobre investigaciones federales. Porque la novedad no golpea en una etapa de ruptura abierta, donde todo ya estaba roto, sino en una fase de reconstrucción donde todavía no hay demasiados márgenes de confianza acumulada.

El antecedente de las acusaciones de Trump vuelve a cargar de sentido el episodio

Hay otro elemento que explica por qué la reacción fue tan rápida. Trump ya había calificado a Petro como un “líder narcotraficante”, algo que el mandatario colombiano negó repetidamente. Esa acusación no quedó en el terreno de una frase suelta: formó parte de un período de deterioro bilateral con consecuencias concretas en la relación entre ambos gobiernos.

Por eso, aun cuando la Embajada remarca que no existe notificación formal y que el reporte se sostiene en fuentes anónimas, el episodio no puede leerse como una simple controversia de prensa. Tiene un peso político acumulado. Reactiva una línea de ataque que ya había sido usada en el pasado reciente y que puede volver a tensionar la interlocución entre Bogotá y Washington.

Además, el texto base ubica otro antecedente de alto voltaje en el tablero regional: la operación militar estadounidense en Caracas que terminó con la captura de Nicolás Maduro, a quien Washington acusa de narcoterrorismo, narcotráfico y manejo de armas. Maduro niega esos cargos y espera una nueva audiencia judicial en Nueva York la próxima semana. Aunque se trata de un caso distinto, su sola mención en la cronología del acercamiento entre Petro y Trump muestra que la agenda regional de Estados Unidos combina diplomacia, seguridad y expedientes judiciales. En ese marco, cualquier insinuación sobre un líder regional vinculada al narcotráfico adquiere una densidad mayor.

Más que un problema judicial, un riesgo de desgaste político e institucional

Con los datos disponibles, no hay imputación, ni notificación formal, ni confirmación oficial de una investigación. Pero eso no elimina el impacto político. En escenarios de alta polarización, muchas veces el costo no empieza con una resolución judicial sino con la instalación de una sospecha. Y el texto base deja claro que el Gobierno colombiano intenta evitar precisamente eso: que una versión sin validación institucional se convierta en una herramienta de desgaste permanente.

Petro eligió defenderse desde dos planos. Uno personal, al negar cualquier contacto con narcotraficantes. Otro histórico-político, al reivindicar su trayectoria de denuncias contra los vínculos entre crimen y política. La Embajada, en cambio, habló en lenguaje diplomático y jurídico, con el objetivo de marcar ausencia de actos formales y cuestionar la consistencia del reporte. Esa división de roles sugiere una estrategia coordinada: contener el daño interno y, al mismo tiempo, impedir que la cuestión escale en el frente bilateral.

El punto delicado es que, aunque la desmentida oficial logre frenar la narrativa en lo inmediato, la mera circulación del tema ya introduce ruido en una agenda compartida con Washington donde el combate al narcotráfico ocupa un lugar central. Ahí aparece la principal paradoja política del caso: Petro niega cualquier vínculo y su gobierno subraya que no existe notificación alguna, pero el episodio lo obliga a defenderse justamente en el terreno donde buscaba mostrar cooperación con Estados Unidos.

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EE.UU. pone a Petro bajo investigación y reabre un frente sensible en la campaña colombiana

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Gustavo Petro quedó bajo una nueva zona de riesgo político después de que trascendiera que dos fiscales federales de Estados Unidos lo investigan, en etapa preliminar, en el marco de pesquisas vinculadas al narcotráfico y al narcoterrorismo. La novedad, informada por The New York Times y confirmada por Reuters a partir de fuentes con conocimiento del caso, sitúa al presidente de Colombia dentro de expedientes que tramitan en las fiscalías de Manhattan y Brooklyn y que analizan posibles contactos con personas ligadas al narcotráfico, además de una eventual entrada de fondos ilícitos en su campaña presidencial de 2022. No aparece, por ahora, como objetivo principal. Pero su inclusión en el radar judicial estadounidense altera el clima político a semanas de la primera vuelta del 31 de mayo y vuelve a colocar la relación con Washington en el centro de la disputa de poder. La tensión de fondo ya está planteada: ¿se trata de una derivación judicial de investigaciones más amplias o de un factor que puede reordenar la campaña y condicionar el cierre del ciclo de Petro?

Una investigación preliminar con impacto político inmediato

El dato más delicado del caso no es sólo judicial, sino temporal. La revelación irrumpe cuando Colombia ya transita la campaña presidencial y con un calendario definido: la primera vuelta será el 31 de mayo, la segunda el 21 de junio si hiciera falta, y el nuevo presidente asumirá el 8 de agosto. En ese contexto, toda novedad que roce al jefe de Estado adquiere una dimensión superior a la estrictamente procesal.

Según el texto base, los equipos a cargo están integrados por fiscales especializados y agentes federales. La pesquisa examina dos ejes: posibles contactos del mandatario con personas vinculadas al narcotráfico y la posible entrada de dinero ilícito en la campaña de 2022. Las investigaciones siguen en una etapa preliminar y todavía no está claro si derivarán en imputaciones. Esa precisión importa. No hay una acusación formal ni un avance procesal concluyente. Pero sí existe una señal institucional fuerte: el presidente colombiano quedó mencionado dentro de investigaciones federales en Estados Unidos sobre una materia de máxima sensibilidad política.

También se remarca que no hay evidencia de que la Casa Blanca haya intervenido en la apertura de estos procesos. Esa línea busca trazar una frontera entre el plano judicial y el político. Sin embargo, en una relación bilateral tan cargada de fricción como la que construyeron Petro y Donald Trump, la separación formal no alcanza para desactivar el impacto político.

El antecedente con Trump vuelve a pesar

La novedad llega, además, en un momento particularmente cargado. Petro y Trump habían acercado posiciones en un encuentro reciente en febrero, después de meses de confrontación pública. Ese deshielo parecía ofrecer una pausa en una relación marcada por acusaciones, sanciones y amenazas verbales. Pero la aparición de esta investigación vuelve a poner esa tregua bajo presión.

El texto recuerda que, antes del encuentro del 3 de febrero en la Casa Blanca, Trump había llamado a Petro narcotraficante, le había advertido que “debía cuidarse” e incluso afirmó que le “sonaba bien” una acción militar en Colombia similar a la emprendida en Venezuela. No se trata de un detalle menor. Es el antecedente político que vuelve inevitable cualquier lectura estratégica sobre la pesquisa.

A eso se suma que, a fines de 2025, el Departamento del Tesoro sancionó al presidente colombiano, a su familia y a un miembro de su gobierno por acusaciones de participar en el tráfico global de drogas. En ese momento, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, sostuvo que Petro había permitido que los carteles prosperaran y se había negado a detener esa actividad, aunque sin presentar pruebas específicas, según el texto base. Antes incluso de ese episodio, Estados Unidos ya le había revocado el visado después de que el mandatario pidiera a soldados estadounidenses que desobedecieran a Trump en un mitin propalestino en Nueva York.

Con ese historial, la nueva investigación no cae en terreno neutral. Se inserta en una secuencia previa de deterioro, sanciones y acusaciones cruzadas, aunque ahora bajo una forma institucional más sensible: la del expediente judicial.

La respuesta de Petro: rechazo frontal y defensa de su trayectoria

Petro respondió con rapidez y eligió una desmentida sin matices. En una publicación en X, afirmó que “en Colombia no existe una sola investigación sobre relación mia con narcotraficantes” y atribuyó esa situación a una razón tajante: “nunca en mi vida he hablado con un narcotraficante”.

La reacción no fue sólo defensiva. También buscó reconstruir un marco político sobre su propia biografía. Dijo haber dedicado diez años de su vida a denunciar vínculos entre narcotraficantes poderosos y políticos en el Congreso y en gobiernos locales y nacionales, una tarea que, según sostuvo, puso en riesgo su existencia y provocó el exilio de su familia. Además, aseguró que en sus campañas siempre indicó a los gerentes que no se aceptaran donaciones “ni de banqueros ni de narcos” y remarcó que no recibió “un solo peso” de los carteles.

Ese movimiento tiene una lógica clara. Petro intenta desplazar la sospecha desde el terreno penal al terreno político, presentándose no como un actor permeable al narcotráfico, sino como alguien que lo enfrentó. No responde únicamente a un expediente; también busca blindar su capital político frente a una narrativa que, en plena campaña, puede volverse expansiva.

La dimensión institucional: justicia, soberanía y campaña

Aunque la investigación se desarrolla en Estados Unidos, el efecto institucional se proyecta directamente sobre Colombia. El presidente no sólo enfrenta un cuestionamiento externo. También queda expuesto a una discusión interna sobre legitimidad, soberanía y capacidad de gobierno en el final de su mandato.

El propio Petro ya había acusado a Estados Unidos de violar la soberanía colombiana y de matar gente inocente en sus operaciones antidroga. Esa postura vuelve ahora con más peso potencial, porque cualquier avance de la pesquisa puede ser leído por sus aliados como una intromisión sobre la política doméstica colombiana, y por sus adversarios como una validación internacional de sospechas previas.

El texto además señala que el mandatario niega cualquier vínculo con carteles y sostiene que su administración combate activamente el comercio ilícito de drogas. Frente a las acusaciones por el aumento del tráfico de cocaína desde Colombia, argumentó que durante su gestión el narcotráfico se expandió a un ritmo menor y hubo más incautaciones que en gobiernos anteriores. Esa defensa busca inscribir la discusión en indicadores de gestión y no en imputaciones personales. Pero en una campaña polarizada, los tiempos judiciales y los tiempos políticos no necesariamente avanzan con la misma lógica.

Correlación de fuerzas: quién se fortalece y quién queda condicionado

La aparición de una investigación federal en Estados Unidos sobre Petro fortalece, ante todo, a los sectores que vienen construyendo una crítica dura sobre su relación con Washington y sobre su política frente al narcotráfico. Incluso sin imputaciones, el solo hecho de que su nombre figure en pesquisas de Manhattan y Brooklyn les ofrece un argumento de alto voltaje político en medio de la competencia electoral.

Al mismo tiempo, condiciona al oficialismo y al entorno del presidente, que quedan obligados a administrar una doble agenda: contener el impacto institucional de la noticia y evitar que el caso monopolice el debate público en la recta final hacia el 31 de mayo. La investigación introduce un factor de ruido sobre la campaña, pero también sobre la gobernabilidad del cierre de mandato, porque amplifica la fragilidad del vínculo con Estados Unidos en un momento en que esa relación ya venía tensionada.

Para Washington, el episodio también tiene costos potenciales. Aunque no haya evidencia de intervención de la Casa Blanca en la apertura de los procesos, el historial reciente entre Trump y Petro hace difícil que el caso quede encapsulado como un asunto exclusivamente judicial. La administración estadounidense puede verse empujada a responder, aclarar o tomar distancia según evolucione la investigación y según el impacto que esta tenga en la política colombiana.

Un expediente preliminar que puede alterar la campaña

Todavía no hay imputaciones. Tampoco hay, según el texto base, pruebas presentadas públicamente que permitan anticipar una derivación concreta. Pero en política, especialmente en un escenario electoral polarizado, el carácter preliminar de una investigación no neutraliza sus efectos. A veces apenas los inaugura.

Lo que habrá que mirar en las próximas semanas no será sólo el curso judicial en Manhattan y Brooklyn. También importará cómo usan esta revelación los distintos sectores en campaña, si la relación entre Petro y Trump vuelve a endurecerse después del acercamiento de febrero, y si el oficialismo logra encuadrar el caso como una presión externa o queda obligado a responder sobre el fondo de las sospechas.

La investigación abre una zona de incertidumbre que excede el expediente. Toca el vínculo entre Colombia y Estados Unidos, irrumpe en pleno calendario electoral y pone sobre la mesa una materia que en la región nunca es neutra: narcotráfico, financiamiento político y poder. Por ahora, más que una definición cerrada, lo que aparece es un nuevo frente en construcción.

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Colombia y Venezuela buscan entrar al Mercosur y reactivan la integración regional

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En un movimiento que reconfigura el mapa político y económico de América del Sur, Colombia y Venezuela anunciaron que solicitarán su ingreso como miembros plenos del Mercosur. La decisión fue confirmada tras una cumbre bilateral en Caracas que también dejó avances concretos en seguridad fronteriza, lucha contra el narcotráfico y proyectos de integración social, como la doble nacionalidad.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, comunicó que ambos países impulsarán el levantamiento de la moratoria que pesa sobre Venezuela dentro del bloque, al tiempo que Colombia formalizará su propia solicitud de adhesión plena. La iniciativa se inscribe en un proceso de recomposición de las relaciones bilaterales y en una estrategia más amplia de integración regional.

Uno de los puntos más relevantes del encuentro fue el avance hacia un esquema de doble nacionalidad, que permitiría a ciudadanos de ambos países acceder a derechos plenos en cualquiera de los dos territorios. La propuesta apunta especialmente a la población de frontera, considerada un eje clave para la integración efectiva.

En paralelo, las delegaciones acordaron reforzar la cooperación en materia de seguridad. Entre las medidas definidas se destacan el intercambio permanente de información y la implementación de “operaciones espejo” para combatir el narcotráfico, la minería ilegal y otras economías ilícitas que operan en la región limítrofe. La agenda continuará con una reunión técnica prevista para abril en Maracaibo, donde se abordarán además temas energéticos.

Desde ambos gobiernos destacaron que el fortalecimiento de la coordinación bilateral busca atacar al crimen organizado transnacional y mejorar las condiciones de vida en la frontera. En ese marco, remarcaron que la integración no solo tiene un componente político, sino también económico y social.

El eventual ingreso de Colombia y la normalización de Venezuela dentro del Mercosur abrirían un nuevo escenario para el bloque, ampliando su peso geopolítico y su mercado interno. Sin embargo, el proceso dependerá del consenso de los actuales miembros y de la evolución de las condiciones políticas y económicas en la región.

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Petro se reunirá con Trump el 3 de febrero para discutir narcotráfico y cooperación bilateral

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El presidente de Colombia, Gustavo Petro, confirmó que se reunirá con el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, el próximo 3 de febrero en Washington, en un encuentro clave para aclarar información vinculada al narcotráfico y destrabar tensiones acumuladas tras meses de advertencias de la Casa Blanca en el marco de su política antidrogas. La reunión, según el propio Petro, será “determinante” para el vínculo bilateral y para la lectura que hace Estados Unidos sobre la estrategia colombiana contra las drogas.

La confirmación fue realizada por el jefe de Estado colombiano, quien sostuvo que el diálogo directo con Trump permitirá “dar tranquilidad al pueblo colombiano” y exponer ante las autoridades estadounidenses lo que definió como “mentiras” difundidas por sectores de la oposición de su país sobre su gestión y su política antidrogas.

Una reunión “determinante” tras meses de tensión

“El debate de los Gobiernos, de los presidentes, ha terminado con la posibilidad de reunión que será el 3 de febrero y ya veremos los resultados de esa reunión que es determinante”, afirmó Petro, de acuerdo con un informe difundido por la agencia Xinhua. La cita se realizará en Washington y se da luego de un período marcado por advertencias y presiones desde Estados Unidos en relación con el combate al narcotráfico en Colombia.

Según explicó el mandatario colombiano, el encuentro apunta a recomponer canales formales de comunicación al más alto nivel político. “Por fin, hay una comunicación que permite que el presidente y las autoridades de Estados Unidos sepan realmente qué está pasando con la lucha que hemos librado en este Gobierno contra los narcóticos en general”, señaló.

En ese marco, Petro planteó que parte del objetivo de la reunión es contrarrestar versiones que, según indicó, fueron promovidas desde la oposición colombiana ante funcionarios estadounidenses, afectando la percepción externa sobre la política de seguridad y drogas del actual Gobierno.

Producción de cocaína, fentanilo y responsabilidades compartidas

Durante sus declaraciones, Petro reconoció que Colombia continúa siendo uno de los mayores productores de cocaína a nivel mundial, pero introdujo un eje central en su argumentación: el consumo y el impacto del fentanilo en Estados Unidos. El presidente colombiano sostuvo que el abuso de esa sustancia constituye un problema de salud pública cuya responsabilidad recae exclusivamente sobre el Gobierno estadounidense.

“El fentanilo es un arma de destrucción masiva”, afirmó Petro, al tiempo que remarcó la necesidad de impedir que esa droga ingrese a Colombia. En ese sentido, aseguró que una de las prioridades de la Fuerza Pública es identificar y desarticular posibles redes criminales que intenten introducir y comercializar esta sustancia en el país sudamericano.

El planteo marca una diferenciación conceptual en la agenda bilateral: mientras Colombia asume el desafío estructural de la producción de cocaína, el Gobierno de Petro busca instalar que el consumo y la crisis asociada a drogas sintéticas como el fentanilo requieren respuestas internas en Estados Unidos, más allá de la cooperación regional.

Cooperación antidrogas y enfoque productivo

Petro también dejó abierta una vía alternativa para la cooperación bilateral. Señaló que, si Estados Unidos desea profundizar su colaboración con Colombia en la lucha contra el narcotráfico, podría comenzar por comprar los productos de los campesinos que sustituyeron voluntariamente los cultivos ilícitos.

El planteo introduce una dimensión económica y social al debate antidrogas, al vincular la reducción de cultivos ilegales con la generación de mercados para la producción legal. En términos institucionales, la propuesta apunta a reforzar políticas de sustitución voluntaria mediante incentivos comerciales, en lugar de concentrarse exclusivamente en estrategias represivas.

La reunión del 3 de febrero se perfila así como un punto de inflexión en la relación entre Bogotá y Washington, con implicancias políticas, económicas y de seguridad que exceden el vínculo bilateral y se proyectan sobre la agenda regional en materia de narcotráfico.

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Petro: “Para superar la crisis climática, hay que dejar de consumir petróleo y carbón” 

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Gustavo Petro en la COP27: “Colombia otorgará 200 millones de dólares anualmente durante 20 años para salvar la Selva Amazónica”. El presidente colombiano viajó hasta Egipto para participar en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático 2022

Para hoy, 7 de noviembre, quedó programada la intervención del presidente colombiano, Gustavo Petro, en la COP 27. Con un criticado inicio, por su ausencia en la fotografía de los mandatarios de diferentes partes del mundo, el jefe de Estado inició su discurso, aquel con el que promete exponer la importancia de poner la lupa sobre el cambio climático producido, de acuerdo con lo que destacó, por la economía fósil. El líder del Pacto Histórico se ha referido a ello como el ‘peor problema’ del mundo y el que puede acabar con él. Presentó el decálogo para el destino de la humanidad.

El presidente de la República colombiana, ante el Foro Asociación de Líderes para Bosques y el Clima, destacó que “la política de reforestación no logra suplir lo que debe ser la política para superar la crisis climática: no es más que dejar de consumir petróleo y carbón (…) Es hora de la humanidad y no la de los mercados”.

“La COP ya no da respuestas y el tiempo se agotó. Las conferencias globales de gobiernos deben poner la política al mando para generar un plan global de desconexión de los hidrocarburos de manera inmediata. La descarbonización es un cambio real y profundo del sistema económico que domina”, inició diciendo durante su intervención al público. “La movilización de la humanidad corregirá el rumbo y no el acuerdo de tecnócratas influidos por los intereses de las empresas del carbón y el petróleo”, continuó.

“El primer eje de una política que supere con eficacia la crisis climática implica dejar de consumir petróleo e hidrocarburos y cada vez más los seguimos consumiendo (…) Colombia es la segunda potencia mundial en biodiversidad, tenemos el 10% de las especies del mundo. Si la selva amazónica se quema, hay un punto de no retorno, su destrucción provoca un camino hacia la extinción de la vida en el planeta”, agregó.

Tal y como lo prometió, en su intervención, Gustavo Petro entregó un listado de diez pasos a seguir para hacerle frente a la problemática ambiental que hoy afecta al mundo entero.

Inicialmente, respecto al primer punto, destacó que se debe entender que si la política mundial no supera la crisis climática se extinguirá. “Los tiempos de la extinción que vivimos deben empujarnos a actuar ya y globalmente como seres humanos con o sin permiso de los gobiernos. Es la hora de la movilización de la humanidad toda”. Seguido a ello, al referirse a su segundo numeral, aseguró que el mercado no es el mecanismo principal para superar la crisis climática. “Es el mercado y la acumulación de capital quien la produjo y no serán jamás su remedio”, argumentó.

En cuanto a su tercera propuesta, Gustavo Petro manifestó que solamente la planificación pública y global, multilateral, permitirá pasar a una economía descarbonizada mundial. “La ONU debe ser el escenario de la planificación”, puntualizó. Sumó a su decálogo, en el cuarto punto, que está en manos de política mundial, en la movilización de la humanidad, corregir el rumbo “y no el acuerdo de tecnócratas influidos por los intereses de las empresas del carbón y el petróleo”.

El jefe de Estado colombiano mencionó, en el quinto argumento de su lista, que es necesario salvar los pilares del clima del planeta. “La selva amazónica es uno. Colombia otorgará 200 millones de dólares anualmente durante 20 años para salvar la Selva Amazónica. Esperamos el aporte mundial”, señaló.

Hacia el sexto destacado, Petro comentó que la crisis climática solo se supera si se deja de consumir hidrocarburos. “Es hora de desvalorizar la economía de los hidrocarburos con fechas definidas para su final y valorizar las ramas de la economía descarbonizada. La solución es un mundo sin petróleo y sin carbón”, sentenció.

En cuanto al séptimo titular, el jefe de Estado colombiano señaló que los tratados de la OMC y el FMI van en contra de la solución de la crisis climática, “por tanto se deben supeditar a los acuerdos de la COP y no al revés”. El FMI, según expuso en la octava parte de su decálogo, debe iniciar el programa de cambio de deuda por inversión en la adaptación y mitigación del cambio climático en todos los países en desarrollo del mundo. “Las políticas de bloqueo económico hoy no favorecen la democracia y van en contra de los tiempos de la humanidad para actuar contra la crisis”, puntualizó.

“La banca privada y multilateral del mundo debe dejar de financiar la economía de los hidrocarburos (…) De inmediato hay que iniciar las negociaciones de la paz. La guerra quita el tiempo, vital de la humanidad para evitar su extinción”, dijo en la conclusión de sus dos últimos puntos.

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