IANIGLA

El Gobierno promulgó la reforma de la Ley de Glaciares y redefine el control sobre recursos estratégicos

Compartí esta noticia !

El Gobierno nacional formalizó el 23 de abril la promulgación de la Ley 27.804, una reforma clave al régimen de protección de glaciares sancionada por el Congreso el 8 de abril. El Decreto 271/2026 puso en vigencia una actualización de la Ley 26.639 que redefine el alcance de los presupuestos mínimos ambientales y reconfigura el equilibrio entre Nación y provincias sobre un recurso estratégico: el agua. La decisión no es neutra. Llega en un contexto donde la regulación ambiental vuelve a cruzarse con la agenda productiva y plantea una pregunta de fondo: ¿se trata de un endurecimiento real de controles o de una redefinición más flexible del esquema vigente?

Un rediseño legal con impacto federal

La reforma introduce cambios sustantivos en el corazón del régimen. El nuevo artículo 1° redefine el objeto de la ley al establecer que los glaciares y el ambiente periglacial deben preservarse como reservas estratégicas de recursos hídricos, con usos explícitos: consumo humano, agricultura, biodiversidad, investigación científica y turismo. A la vez, los declara bienes de carácter público.

Pero el punto más sensible está en cómo se articula esa protección con el federalismo ambiental. La norma subraya que la interpretación debe ser compatible con los artículos 41 y 124 de la Constitución Nacional, es decir, reconoce la potestad de las provincias sobre los recursos naturales. Esa aclaración no es menor: fija el marco político de aplicación y limita cualquier intento de centralización plena desde Nación.

El texto también refuerza el rol del Inventario Nacional de Glaciares, que pasa a ser de consulta obligatoria para las autoridades. Sin embargo, incorpora un elemento novedoso: el principio precautorio queda condicionado a verificación técnica. Los glaciares incluidos en el inventario serán protegidos hasta que la autoridad competente determine, mediante estudios, si cumplen funciones hídricas. Si no las cumplen, pueden quedar excluidos del régimen.

Evaluación ambiental y prohibiciones: el nuevo equilibrio

La ley mantiene y detalla las prohibiciones sobre actividades en zonas protegidas: contaminación, obras de infraestructura no vinculadas a investigación, explotación minera o hidrocarburífera e instalación de industrias. Pero introduce una clave operativa: será cada jurisdicción la que determine, mediante evaluación de impacto ambiental, qué actividades generan una “alteración relevante”.

Ese desplazamiento de la decisión hacia las autoridades locales reconfigura el poder efectivo de aplicación. La Nación fija el marco general, pero las provincias definen la ejecución concreta.

Además, todas las actividades proyectadas deberán someterse a evaluación ambiental previa, con participación ciudadana obligatoria en los términos de la Ley General del Ambiente. Se suman excepciones específicas —como actividades científicas o deportivas sin impacto— que delimitan el alcance real de la regulación.

El Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) mantiene un rol técnico central en la elaboración y actualización del inventario, aunque su intervención queda articulada con las notificaciones de las autoridades jurisdiccionales.

Poder distribuido y margen de discrecionalidad

La reforma no altera solo un régimen ambiental; redefine la correlación de fuerzas entre Nación, provincias y actores económicos. Al reforzar el rol de las jurisdicciones en la identificación, evaluación y autorización de गतिविधades, el esquema se descentraliza.

En términos políticos, esto puede fortalecer a las provincias en la gestión de recursos estratégicos, pero también introduce heterogeneidad en la aplicación. La misma norma podría tener impactos distintos según la interpretación local de qué constituye una “alteración relevante”.

Desde el punto de vista regulatorio, el nuevo criterio técnico —que permite excluir glaciares del régimen si no cumplen funciones hídricas— abre una zona de tensión. Por un lado, aporta flexibilidad basada en evidencia científica; por otro, deja margen para disputas sobre criterios y evaluaciones.

El Gobierno, al promulgar sin observaciones, valida el texto tal como fue aprobado por el Congreso, lo que sugiere un equilibrio político previo en torno a la norma. Sin embargo, la implementación efectiva será el verdadero campo de disputa.

Un esquema en movimiento

La promulgación cierra la etapa legislativa, pero abre una fase más compleja: la aplicación. Habrá que observar cómo cada jurisdicción define sus criterios técnicos, qué rol concreto asumen las evaluaciones ambientales y cómo se articula el Inventario Nacional con las decisiones locales.

También será clave el ritmo de actualización del inventario y las eventuales exclusiones de áreas que hoy están bajo protección. Ese proceso puede redefinir, en la práctica, el mapa de restricciones.

La ley fija un marco. Pero el equilibrio entre protección ambiental, desarrollo productivo y autonomía provincial no queda resuelto en el texto. Empieza ahora, en la gestión.

Compartí esta noticia !

Glaciares, minería y federalismo, los cambios clave que impulsa el Gobierno en la ley ambiental

Compartí esta noticia !

El Gobierno nacional avanza con un proyecto de adecuación de la Ley de Glaciares N° 26.639 que redefine el alcance del ambiente periglacial, introduce criterios técnicos más precisos y refuerza las competencias provinciales en materia ambiental. La iniciativa, a la que accedió Energy Report, propone un giro regulatorio de alto impacto económico e institucional: pasar de un esquema de prohibiciones amplias y definiciones imprecisas a un régimen basado en evaluaciones ambientales rigurosas, seguridad jurídica y federalismo ambiental, con especial incidencia en proyectos mineros y energéticos en la cordillera.

Un cambio de enfoque en la protección ambiental y el federalismo

El proyecto de adecuación de la Ley de Glaciares, aún en etapa de discusión y previo a su ingreso al Congreso, busca ordenar el marco regulatorio vigente sin alterar el carácter de los glaciares como bienes públicos ni su función estratégica como reservas hídricas. La propuesta se apoya en el principio de utilización racional de los recursos naturales consagrado en la Constitución Nacional y explicita la necesidad de compatibilizar la preservación ambiental con el desarrollo productivo.

Según el texto, el nuevo objeto de la ley mantiene la protección de glaciares y del ambiente periglacial, pero aclara que dicha protección debe interpretarse de manera armónica con el artículo 41 de la Constitución Nacional y con el dominio originario de las provincias sobre los recursos naturales establecido en el artículo 124. De este modo, se introduce un criterio de equilibrio entre preservación y uso racional, atendiendo a las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras.

El proyecto, calificado como “confidencial” y que será remitido al Congreso por el Poder Ejecutivo conforme al Decreto 865/25 del presidente Javier Milei, cuenta con consenso político para su envío, aunque fuentes oficiales no descartan ajustes menores antes de su tratamiento parlamentario. Por la intensidad de la agenda legislativa prevista entre el 10 y el 30 de diciembre, el debate podría postergarse hasta febrero.

Inventario de Glaciares, principio precautorio y evaluaciones ambientales

Uno de los ejes centrales de la adecuación es la redefinición del Inventario Nacional de Glaciares. La nueva redacción limita su alcance a glaciares y geoformas periglaciales que cumplan funciones hídricas estratégicas, ya sea como reservas de agua o como proveedores para la recarga de cuencas hidrográficas. El inventario se mantiene como herramienta de consulta obligatoria, pero sin menoscabar las atribuciones de las autoridades competentes, un punto clave para la gestión provincial.

El proyecto incorpora además el artículo 3° bis, que introduce expresamente el principio precautorio. En ese marco, todas las geoformas incluidas en el inventario se consideran protegidas hasta que la autoridad ambiental competente verifique que no cumplen funciones hídricas. Una vez constatada la inexistencia de dichas funciones, esas geoformas dejan de estar alcanzadas por la Ley de Glaciares, aunque continúan bajo el amparo general de la Ley General del Ambiente. Esta disposición apunta a corregir uno de los principales cuestionamientos a la normativa vigente: la protección automática y permanente de geoformas sin función hídrica comprobada.

En cuanto a la actualización del inventario, el artículo 5° mantiene al IANIGLA como organismo responsable del relevamiento y monitoreo, pero refuerza el rol de las provincias, que podrán informar la existencia de nuevos glaciares o la pérdida de funciones hídricas de aquellos ya inventariados. Un punto de alto impacto jurídico establece que la omisión del IANIGLA en actualizar el inventario no invalida las autorizaciones otorgadas por la autoridad ambiental provincial competente, despejando una de las mayores fuentes de inseguridad jurídica del régimen actual.

Prohibiciones, competencias y respaldo político de las provincias

El artículo 6° conserva la prohibición de actividades que alteren de modo relevante la condición natural o las funciones de glaciares y ambientes periglaciales con función hídrica comprobada. Continúan expresamente vedadas actividades como la minería y los hidrocarburos en esos casos, pero la novedad es que la determinación de qué constituye una “alteración relevante” queda sujeta a la evaluación de impacto ambiental realizada por la autoridad competente de cada jurisdicción, reemplazando la prohibición genérica por un análisis técnico caso por caso.

El artículo 7° refuerza este enfoque al exigir evaluación de impacto ambiental previa para todas las actividades proyectadas y, cuando corresponda, evaluación ambiental estratégica, además de consolidar la participación ciudadana conforme a la Ley General del Ambiente. Se mantienen las excepciones para actividades científicas, deportivas no motorizadas y acciones de emergencia.

Finalmente, el artículo 8° redefine el esquema de autoridades competentes: cada jurisdicción determinará su autoridad ambiental y, en áreas protegidas nacionales, intervendrá la Administración de Parques Nacionales. Se asigna expresamente a las provincias la identificación de los glaciares y ambientes periglaciales que cumplen funciones hídricas, reforzando el federalismo ambiental.

El proyecto cuenta con respaldo político de gobernadores de provincias cordilleranas, que enviaron una carta al presidente Javier Milei en nombre de la Mesa del Litio (Jujuy, Salta y Catamarca) y la Mesa del Cobre (Jujuy, Salta, Catamarca, Mendoza y San Juan). En la misiva, firmada por los gobernadores de San Juan, Marcelo Orrego, y de Catamarca, Raúl Jalil, advierten que la aplicación actual de la ley generó incertidumbre regulatoria, paralización de inversiones y conflictos de competencia. “Termina por obstaculizar su finalidad última: promover el desarrollo sostenible de nuestras provincias y de la Nación, sin comprometer a las generaciones futuras”, señalaron.

En conjunto, la adecuación de la Ley de Glaciares propone un cambio de paradigma regulatorio. El debate en el Congreso será determinante para definir si la Argentina logra compatibilizar protección ambiental efectiva, respeto por las autonomías provinciales y desarrollo productivo en una de las normas más sensibles del entramado regulatorio nacional.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin