Iglesia

La Iglesia advirtió sobre la “creciente desocupación”

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La Iglesia advirtió hoy sobre la “creciente desocupación” en el país y reclamó “cuidar y generar” nuevos puestos de empleo, al saludar a los trabajadores en su día, cuya fecha coincide con la fiesta religiosa de San José Obrero.

“Vivimos a nivel global -y con repercusiones locales importantes- una crisis en el ámbito laboral. Trabajadores no registrados, explotados, y una creciente desocupación.

Lamentablemente hoy ni siquiera los trabajadores debidamente registrados tienen un ingreso adecuado y unos cuantos siguen debajo de la línea de pobreza”, sostuvo el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano.

El prelado consideró “imperioso cuidar los puestos de trabajo y generar otros nuevos”, por lo que estimó necesario, citando al papa Francisco, “un cambio de mentalidad tendiente a buscar otros modos de entender la economía y el progreso”. Monseñor Lozano dio gracias a Dios por el trabajo y elevó una oración por “todos los que sufren a causa de no tener un empleo digno para ganar el sustento cotidiano”.

 

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El acontecimiento de Cristo

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Después de haber acompañado a Jesucristo, el Señor, en estos días desde la celebración de Ramos en su llegada a Jerusalén, donde el Dios hecho hombre dio su vida, sufrió y murió por nosotros; este domingo celebramos aquello que es central para nuestra fe: la Resurrección del Señor. Por eso en el Evangelio que leemos [Jn 20,1-9], dice: «El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”» El relato nos señala que los dos fueron al sepulcro y vieron que el Señor no estaba y termina diciéndonos: «Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos».

Es importante repasar y leer desde la fe estos momentos cruciales de la historia humana, que por el amor que Dios nos tiene se transformaron en historia de la Salvación. Este domingo celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte: La Resurrección de Cristo. ¡Es la celebración de la Pascua y de la Esperanza!

Sabemos que en el centro de la acción evangelizadora de la Iglesia, que es su razón de ser, está la experiencia fundamental que cada cristiano tiene que hacer de Jesucristo, el Señor, el que murió y resucitó. ¡Esta es la experiencia Pascual! Es la certeza de que a pesar de tantas situaciones personales o comunitarias de dolor y de fracasos, sabemos que la Vida triunfa sobre la muerte, y que podemos seguir caminando aun cuando convivimos con sufrimientos. También esta experiencia Pascual nos reubica ante los logros y éxitos, placeres y alegrías, sabiendo que son dones de Dios y nos ayuda a no ponernos en el lugar de Dios. Esta experiencia pascual nos hace discípulos y misioneros.

En el documento de Aparecida leemos: «El acontecimiento de Cristo es, por lo tanto, el inicio de ese sujeto nuevo que surge en la historia y al que llamamos discípulo: No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. Esto es justamente lo que, con presentaciones diferentes, nos han conservado todos los evangelios como el inicio del cristianismo: un encuentro de fe con la persona de Jesús» (Aparecida 243).

Si bien es cierto que transitamos por un profundo cambio de época y unamarcada crisis que afecta la comprensión de los valores y la misma evangelización, también hay que señalar que la Iglesia con la asistencia comprometida del Espíritu Santo y la experiencia de tantos testigos-discípulos de Jesucristo resucitado, siempre fue dando respuestas a los desafíos que se presentaron en la historia. Hay una cierta mirada que analiza los hechos desde la superficie, sin discernir los signos más profundos que vive nuestro tiempo. Desde esa mirada se entiende la misión de la Iglesia como un mero defender tradiciones. Esa mirada, en general, está ligada a ciertos ambientes más sofisticados y complejos que pretenden un mensaje moderno, liviano, sin la cruz, y sin compromiso con la revelación dada en la Palabra de Dios. En estos ambientes, a menudo falta una comprensión más profunda de las cosas de la fe que ayude a no pretender simplemente adecuar el Evangelio a las situaciones personales.

La Iglesia necesita que los cristianos realmente seamos testigos de la Pascua. Sin esta experiencia indispensable no llegamos a ser discípulos de Jesucristo resucitado y menos misioneros de Él. Siempre, aún con dificultades, la Iglesia buscó y buscará dialogar con las nuevas realidades que se dan en la dinámica de la historia. No sólo está llamada a dialogar, sino a amar el tiempo y la gente concreta que vive, sufre y que se alegra… todo esto con el gozo de la vocación que es un don de Dios y que no implica relativizar lo que creemos, ni perder nuestra identidad.

En este domingo de Pascua queremos transmitirle a tantos hermanos y hermanas que están tristes y sufren, a muchos que perdieron la fe y a veces el sentido de la vida, que nuestra existencia está cargada de sentido cuando nos encontramos con Dios. Con un Dios que por amor se hizo uno de nosotros, que asumió nuestros sufrimientos, que murió y Resucitó.

¡Feliz Pascua!

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El reclamo de la Iglesia para la Semana Santa en Argentina

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José María Arancedo envió un mensaje donde pide “recrear una cultura que tenga su fuente en el diálogo y el respeto”.

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo envió el mensaje por Pascua en nombre de la Iglesia católica, donde lamentó que la Argentina es un país dividido que “no da soluciones a los problemas de la gente”, y reclamó recrear una “cultura del diálogo y la honestidad” en el marco institucional de los poderes del Estado.

Monseñor Arancedo destacó que la Pascua es “siempre es comienzo y esperanza de una vida nueva”. “No puedo de dejar de pensar en esta Pascua en tantas víctimas de la violencia que nos hablan de una sociedad enferma que ha perdido el sentido del valor y del respeto por la vida”, aseveró.

El arzobispo de Santa Fe destacó que “Pascua es el sí de Dios, dado en Jesucristo, que refuerza nuestra esperanza y alienta el compromiso con estos ideales”. A su vez. consideró necesario que se vuelva a rezar en esta Pascua la Oración por la Patria, que los obispos escribieron en plena crisis 2001-2002, y que dice: “Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso con el bien común. Concédenos, Señor, la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda”.

“Pido al Señor que sepamos aprovechar este tiempo para ahondar en nuestra condición de hijos de un Dios que es Padre y nos ama, y así descubrirnos hermanos, para juntos sentirnos parte de una Patria que nos necesita y espera lo mejor de cada uno de nosotros. Felices Pascuas”, concluyó.

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