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¿Quiere alimentar al mundo? Invierta en los sistemas alimentarios

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Por Busani Bafana / IPS Noticias – A medida que el objetivo mundial de erradicar el hambre para 2030 se aleja rápidamente, invertir en cómo se alimenta el mundo es la única forma de evitar una crisis.

Invertir en los sistemas agroalimentarios —desde la producción y el procesamiento hasta la distribución y el consumo— es crucial para que el sector agrícola mundial sea más resiliente ante las amenazas a la seguridad alimentaria, afirmó Mohamed Manssouri, subdirector general y director del Centro de Inversiones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

«Los sistemas agroalimentarios se están viendo sometidos hoy a una prueba sin precedentes debido a los fenómenos climáticos extremos, la disminución de los recursos naturales, las crisis económicas y las interrupciones en el suministro, la inestabilidad política y la restricción del gasto público», declaró Manssouri a IPS en una entrevista exclusiva.

«La pandemia de covid-19, la guerra en Ucrania y ahora los conflictos en Medio Oriente son un claro recordatorio de que cada vez más países y socios comerciales están conectados a las cadenas de suministro mundiales», detalló.

Manssouri dirige un equipo multidisciplinar global de más de 200 expertos y 500 consultores que operan en 120 países. El equipo ofrece soluciones de inversión y financiación a los países miembros de la FAO, a instituciones financieras internacionales y nacionales, y a inversores públicos y privados.

El Centro de Inversiones de la FAO diseña estrategias y políticas de inversión para apoyar programas de inversión agroalimentaria públicos y privados. Dirige mecanismos financieros innovadores destinados a reducir el riesgo y aprovechar la inversión privada.

Manssouri señaló que los conflictos en Medio Oriente han sumado presión a las ya frágiles cadenas de suministro mundiales de productos básicos, amenazando la disponibilidad, la accesibilidad y la asequibilidad de los alimentos, especialmente en los países importadores netos de alimentos.

Según un análisis de la FAO, las actuales interrupciones en el estrecho de Ormuz han cortado entre 30 % y 35 % del comercio mundial de urea. La urea es un fertilizante fundamental que aporta nitrógeno a los cultivos. Los precios de la urea han subido entre 14 % y 60 %. El precio del gas natural, esencial para los fertilizantes nitrogenados, ha aumentado hasta 90 %.

Estos son algunos extractos de la entrevista de IPS con Mohamed Manssouri.

Mohamed Manssouri, Subdirector General y Director del Centro de Inversiones de la FAO. Imagen: FAO

IPS: ¿Cuáles son algunas de las mayores amenazas a las que se enfrentan hoy en día los sistemas agroalimentarios?

MOHAMED MANSSOURI: Las actuales perturbaciones de los sistemas comerciales y de distribución se ven agravadas por el aumento de los precios de la energía y la volatilidad de los mercados de fertilizantes. Esto está incrementando los costes de producción y afectando a los rendimientos, lo que supone una amenaza para la producción de alimentos, los ingresos agrícolas y la seguridad alimentaria a nivel mundial.

Otros retos actuales incluyen la necesidad de producir alimentos más saludables y nutritivos para alimentar a la creciente población mundial, pero con una menor huella ambiental. Equilibrar los sistemas agroalimentarios en los países en desarrollo es fundamental para alcanzar la Agenda 2030, pero el déficit de financiación sigue ascendiendo a cientos de miles de millones de dólares.

En el África subsahariana, tres de cada cuatro microempresas agroalimentarias carecen de acceso suficiente a la financiación debido a la falta de capacidad para gestionar préstamos, a los costes de transacción prohibitivos y al riesgo percibido de la agricultura.

También existen retos específicos como el envejecimiento de la mano de obra agrícola, el desempleo juvenil y los rápidos avances tecnológicos, incluida la inteligencia artificial, la IA, que exigen nuevas competencias laborales.

Los informes de la FAO revelaron que más de 20 % de los jóvenes a nivel mundial no se encontraban ni estudiando, ni trabajando, ni en formación en 2023, lo que significa que sus competencias no se ajustan al mercado laboral.

IPS: ¿Por qué es crucial invertir en los sistemas agroalimentarios?

MM: Es importante porque invertir consiste en sacrificar algo hoy para tener algo mejor mañana. No podemos esperar resultados si no invertimos. La inversión saca a las personas de la pobreza y el hambre. El director general de la FAO y yo creemos que el derecho a la alimentación es un derecho humano básico y que la paz es un requisito previo para la seguridad alimentaria, que a su vez también es un requisito previo para la paz. Esa convicción guía todo nuestro trabajo.

El informe «El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2025» muestra que el hambre mundial descendió de 8,5 % a 8,2 % en 2024. Esto es alentador, aunque el margen sea pequeño. Pero el progreso es desigual, con un aumento de la inseguridad alimentaria en África y Asia Occidental.

Alrededor de 673 millones de personas se enfrentaban al hambre en 2024, y 2330 millones sufrían inseguridad alimentaria moderada o grave. Queda mucho trabajo por hacer y muchas inversiones por realizar.

Necesitamos transformar urgentemente los sistemas agrícolas para que sean más sostenibles, resilientes e inclusivos. La inversión es fundamental para esa transformación. Crea empleo; casi 1300 millones de personas trabajaban en los sistemas agrícolas en 2022.

Necesitamos políticas y estrategias de inversión que vayan más allá de la agricultura y abarquen el transporte, el almacenamiento, la transformación y los mercados mayoristas y minoristas. Esto ayuda a que los pequeños agricultores, las empresas agroindustriales y los emprendedores rurales prosperen al conectarlos con los mercados, la financiación, la innovación y la tecnología.

Se trata de aspirar a una escala de inversión, desde la pública hasta la privada, y de cómo reducir el riesgo de esas inversiones para lograr la seguridad alimentaria para todos.

IPS: ¿Cómo lo lleva a cabo la FAO a través de su Centro de Inversiones?

MM: La FAO es una agencia técnica de las Naciones Unidas que apoya a los sectores agroalimentarios desde la producción hasta la transformación, incluyendo la agricultura, la ganadería, la silvicultura, la pesca y la acuicultura.

Trabajar en inversiones significa trabajar con otros. La colaboración está en nuestro ADN. Llevamos más de 60 años colaborando con países y entidades financieras. Somos un equipo multidisciplinar que actúa como punto único de entrada para inversiones de alto impacto y soluciones climáticas.

Cada año, trabajamos en 120 países. En 2025, el Centro ayudó a diseñar 43 grandes programas de inversión en 44 países, aprobados por socios financieros por un total de 7800 millones de dólares.

También desarrollamos docenas de estrategias de inversión nacionales y estudios de políticas, y apoyamos los diálogos sobre políticas. La cartera global en la que apoyamos la implementación asciende a unos 50 000 millones de dólares, con socios principales como el Banco Mundial, el Fida, el Banco Africano de Desarrollo, el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Europeo de Inversiones.

En la actualidad, estamos innovando con instrumentos de financiación como la financiación combinada para reducir el riesgo de las inversiones privadas, ya que las inversiones públicas por sí solas son insuficientes, especialmente con un margen presupuestario cada vez más ajustado debido al endeudamiento.

Trabajamos en estrecha colaboración con las instituciones financieras locales para cambiar su percepción de los riesgos de financiar la agricultura mediante una mejor comprensión de los calendarios de cultivo y un acceso oportuno a la financiación. Cada dólar de nuestras inversiones tiene un potencial de rendimiento y un impacto sobre el terreno mucho mayores.

IPS: Ha mencionado que la inversión pública en el sector agroalimentario no es suficiente. ¿Qué está haciendo el Centro de Inversiones de la FAO para movilizar financiación?

MM:  Los gobiernos están recortando el gasto, por lo que necesitamos atraer más inversión pública, privada y mixta. Una forma de reducir el riesgo de las inversiones agroalimentarias es a través del conocimiento, los datos y una profunda experiencia.

Durante casi 30 años, hemos apoyado los esfuerzos para hacer que los sistemas agroalimentarios sean más ecológicos e inclusivos. Nuestra nueva colaboración con la Fundación Gates se centra en integrar innovaciones agroalimentarias transformadoras en los proyectos de inversión.

Una colaboración renovada con el Banco Asiático de Desarrollo da prioridad a las inversiones en agricultura digital y basada en la inteligencia artificial. Junto con el Banco Europeo de Inversiones, apoyamos a los bancos comerciales nacionales y locales del África subsahariana a través de actividades de preinversión, desbloqueando 190 millones de euros en préstamos agroalimentarios para pequeños agricultores y pymes agrícolas.

También colaboramos con la Unión Europea en materia de financiación combinada, prestando servicios de asesoramiento para movilizar 200 millones de euros (unos 235 millones de dólares) en cuatro vehículos de inversión combinada. En Ghana, trabajamos con un instrumento denominado AgriFI que proporcionó 2,5 millones de dólares en préstamos garantizados a una empresa local de tecnología agrícola.

Por último, la Iniciativa Mano de la Mano de la FAO, guiada por datos geoespaciales avanzados, ayudó a presentar oportunidades de inversión agroalimentaria por valor de 17 000 millones de dólares en el foro de inversión del año pasado, mejorando la seguridad alimentaria y la resiliencia climática de cientos de millones de personas.

IPS: ¿Cuáles son algunas de las áreas estratégicas en las que el Centro de Inversiones de la FAO prestará apoyo este año?

MM: En primer lugar, en África, nos centraremos en el empleo agroalimentario y el crecimiento inclusivo. Casi uno de cada dos bebés nace en África. Esto significa que habrá una población cada vez más joven en el continente.

Muchos jóvenes tendrán dificultades para encontrar empleos de calidad. Estamos intensificando los esfuerzos para crear empleos agroalimentarios significativos a lo largo de las cadenas de valor y promover las futuras generaciones de profesionales del sector agroalimentario a través de la formación y la educación.

En segundo lugar, estamos trabajando en tecnologías más eficientes y sostenibles para salvar las brechas de producción, trasladar excedentes a regiones deficitarias, reducir los precios y generar empleo justo.

Estamos ampliando el apoyo integrado a la inversión en cadenas de valor estratégicas como el cacao en Ghana, Costa de Marfil y Camerún; los anacardos en Mozambique, Togo y Benín; y el café desde Uganda hasta América Latina. También estamos trabajando en cultivos alimentarios, como el trigo en Europa y Asia Central, el arroz en África y Asia, y los productos lácteos en Asia Central y África.

Apoyamos plataformas de inversión como el Corredor de Lobito entre Angola, Zambia y la República Democrática del Congo, que pueden reforzar la producción nacional y la seguridad alimentaria.

Por último, estamos incorporando más tecnología e innovación financiera a las inversiones agroalimentarias. Muchos países, especialmente en África, presentan un retraso en materia de productividad. Necesitamos producir más con menos, utilizando soluciones basadas en la naturaleza.

Estamos explorando más opciones de financiación combinada, financiación climática, seguros, garantías y asociaciones público-privadas.

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Las crisis mundiales sitúan la geoeconomía en el centro del escenario 

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Escribe Umar Manzoor Shah / IPS Noticias – En el Foro de Geoeconomía organizado por Foreign Policy, en paralelo a las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial -del lunes 13 al sábado 18 de abril-, los ponentes señalaron repetidamente un mundo marcado por las crisis, en el que las cadenas de suministro, los flujos energéticos y la tecnología se han convertido en herramientas de poder.

«La geoeconomía ya no es un telón de fondo de la política mundial. Es el elemento clave y fundamental», afirmó el director ejecutivo de Foreign Policy, Andrew Sollinger, en su discurso de apertura el miércoles 15 de abril.

La urgencia de ese cambio está estrechamente ligada al conflicto en curso en el Golfo, que ha perturbado los mercados energéticos y puesto de manifiesto las vulnerabilidades de los sistemas comerciales mundiales, y que vive una tregua de 10 días desde el jueves 16.

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano ha hecho comprender al mundo la rapidez con la que las crisis regionales pueden derivar en inestabilidad económica mundial, afectando a todo, desde los precios del combustible hasta la producción industrial.

Los participantes en el foro describieron un orden mundial transformado en el que los gobiernos utilizan cada vez más herramientas económicas que antes se consideraban neutrales o técnicas.

La política comercial, los flujos de capital y las cadenas de suministro sirven ahora a objetivos estratégicos.

Los minerales críticos, esenciales para los semiconductores y los sistemas de inteligencia artificial, se han convertido en puntos de influencia geopolítica.

Adicionalmente, las rutas energéticas, como el estrecho de Ormuz, se han transformado en posibles puntos de estrangulamiento con consecuencias globales, en lugar de ser meros corredores de tránsito.

«La geopolítica y la economía siempre han estado vinculadas. Estamos volviendo a una corriente de pensamiento que las considera inseparables», afirmó durante su participación Jacob Helberg, subsecretario de Asuntos Económicos de Estados Unidos.

Helberg señaló la creciente competencia por los minerales de tierras raras, donde China domina el procesamiento y ha comenzado a utilizar los controles de exportación como herramienta estratégica. Al mismo tiempo, los corredores logísticos y los centros de fabricación han surgido como puntos de presión adicionales en el sistema global.

«Todo está totalmente interrelacionado», afirmó, refiriéndose a la cadena que va desde las materias primas hasta la tecnología acabada. «Hay puntos de estrangulamiento en cada nivel», confirmó.

El foro volvió repetidamente a un tema central: la fragmentación.

Los países se están adaptando a un mundo «propenso a las crisis», marcado por los conflictos, las pandemias y la inestabilidad financiera. Esto ha llevado a un alejamiento de la integración global hacia bloques económicos más regionales y estratégicos.

Las potencias medias, en particular, se enfrentan a decisiones difíciles. A medida que se intensifica la competencia entre Estados Unidos y China, muchas naciones están sopesando cómo alinear su futuro económico y tecnológico.

Pedro Abramovay, vicepresidente de Programas de Open Society Foundations, argumentó que el momento actual ofrece tanto riesgos como oportunidades para estos países.

«Debemos asegurarnos de que las potencias medias actúen como potencias medias y no solo como intermediarios», afirmó, subrayando que la democracia puede moldear su papel en un orden cambiante.

Abramovay señaló que el momento actual ha puesto de manifiesto desequilibrios de larga data en el sistema global.

«Pone al descubierto la realidad que existía antes», dijo, refiriéndose a acuerdos mundiales anteriores que a menudo no servían a los intereses del Sur global.

Señaló que la presión política interna está redefiniendo ahora la forma en que los países interactúan a nivel mundial. Los líderes ya no pueden alinearse externamente sin responder a sus electores internos.

«Esa presión interna puede empoderar a esas potencias medias para que hagan valer su soberanía y negocien de manera efectiva», afirmó Abramovay.

El foro puso de relieve los crecientes llamamientos a un orden internacional reformulado, basado en la soberanía y el interés público, en lugar de en el mero beneficio económico.

«Necesitamos tener una agenda muy clara. Necesitamos el compromiso de aquellos líderes que expresen que están ahí, no representando a grandes corporaciones o, de nuevo, a intereses y organizaciones que hablan por sí mismas, sino hablando exactamente en nombre y representando a la mayoría del mundo», destacó Abramovay.

Frank McCourt, fundador de Proyecto Libertad, advirtió contra la idea de plantear el futuro como una elección binaria entre el dominio del sector privado estadounidense y los modelos estatales chinos.

«Se trata de una falsa dicotomía», afirmó, abogando por una tercera vía que alinee la tecnología con los valores democráticos.

Destacó la creciente inquietud entre los países que se sienten atrapados entre sistemas rivales, señalando que muchos están explorando marcos alternativos para la gobernanza digital y la cooperación económica.

El impacto humano detrás de la estrategia

Aunque gran parte del debate se centró en la estrategia de alto nivel, los ponentes reconocieron las consecuencias humanas de los cambios geoeconómicos.

Las crisis energéticas se traducen en mayores costes para los hogares. Las interrupciones en la cadena de suministro afectan al empleo y al acceso a los bienes. Las decisiones tomadas en las salas de juntas y los ministerios tienen repercusiones en comunidades de todo el mundo.

«Los planes mejor trazados pueden verse interrumpidos por circunstancias imprevistas. Hay que dar un giro, adaptarse y construir mejor», afirmó Sollinger.

Ese mensaje resonó a lo largo de todas las participaciones en el foro.

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