incertidumbre económica

La incertidumbre económica cayó 22,9% y tocó el nivel más bajo de los últimos dos años

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La incertidumbre alrededor de la política económica argentina experimentó una fuerte reducción en septiembre. El EPU Argentina, elaborado por la Universidad de San Andrés, cayó 22,9% respecto de agosto y se ubicó en 79,3 puntos, el registro más bajo de los últimos dos años.

El indicador mide la incertidumbre económica a partir de la presencia simultánea de referencias vinculadas con economía, política e incertidumbre en artículos publicados por los principales medios del país.

La lectura de septiembre confirma un cambio de tendencia después de un período prolongado de elevada incertidumbre. Según la Escuela de Negocios de la Universidad de San Andrés, el índice se mantuvo en niveles altos durante buena parte de 2025 y comenzó a descomprimirse de manera más clara desde junio de este año.

El contraste resulta especialmente marcado frente a septiembre de 2025, cuando el indicador había alcanzado uno de sus picos. Un año después, el escenario presenta una disminución considerable del volumen de noticias en las que aparecen simultáneamente referencias a economía, política e incertidumbre.

El gráfico histórico presentado por UdeSA permite además observar que la serie no responde exclusivamente a factores domésticos. En distintos momentos, los episodios de tensión comercial y geopolítica internacional generaron saltos significativos en el indicador asociado a esas variables, mientras que la medición general argentina también atravesó varios episodios de elevada volatilidad.

La caída a 79,3 puntos coloca ahora al EPU por debajo de sus niveles habituales recientes. Pero la propia universidad introduce una advertencia: menor incertidumbre no equivale a ausencia de riesgos.

El índice permanece por encima de su piso histórico de aproximadamente 70 puntos. La señal, por lo tanto, es doble. El ruido alrededor de la política económica disminuyó considerablemente respecto de los meses anteriores, pero todavía no regresó a los niveles mínimos registrados por la serie.

La combinación resulta particularmente interesante frente al Nowcast publicado en el mismo informe de UdeSA: mientras disminuye la incertidumbre económica, la estimación de actividad se deteriora. Es decir, una mayor previsibilidad relativa no se está traduciendo, al menos todavía, en una mejora de la dinámica del PBI, cuya contracción para el segundo trimestre fue estimada en 0,89%.

Son dos indicadores que miden fenómenos diferentes, pero que juntos ofrecen una fotografía particular de la coyuntura: menos incertidumbre política y económica convive con señales más débiles provenientes de la economía real y, especialmente, del empleo.

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Empresas sostienen el optimismo pero ajustan inversión y salarios en un escenario de incertidumbre

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El clima de negocios en Argentina no se deteriora, pero tampoco avanza. Durante el primer trimestre de 2026, el optimismo empresarial se mantuvo en 64%, sin variaciones respecto al período anterior, según el International Business Report (IBR). El dato confirma una estabilidad que, lejos de expresar fortaleza, expone un cambio de comportamiento: las empresas continúan operando, pero bajo una lógica más defensiva.

El informe revela que, en un contexto global tensionado por conflictos geopolíticos y aumento de costos, las compañías del mercado medio local priorizan eficiencia, control de gastos y decisiones selectivas de inversión. La señal es clara: no hay retirada, pero sí una recalibración del riesgo.

Un equilibrio frágil en el frente económico

El mantenimiento del nivel de optimismo contrasta con el deterioro global, donde el indicador cayó a 68%, afectado por la guerra en Medio Oriente y su impacto en cadenas de suministro y precios energéticos. En ese marco, Argentina aparece como una excepción relativa, aunque sin impulso expansivo.

De acuerdo al reporte, la estabilidad local se sostiene sobre un cambio en la gestión empresarial: menor apuesta a crecimiento acelerado y mayor foco en sostenibilidad operativa. Esta transición no responde a una mejora estructural, sino a la necesidad de adaptarse a un entorno todavía condicionado.

Ingresos firmes, pero inversión más selectiva

Las expectativas de ingresos y precios de venta lideran el escenario, con un 61% de respuestas positivas en ambos casos. Se trata de los indicadores más dinámicos del trimestre, con subas de 11 y 19 puntos porcentuales respectivamente.

Sin embargo, ese optimismo no se traduce en expansión externa. Solo el 12% de las empresas proyecta crecer en mercados internacionales, lo que confirma un repliegue hacia el mercado interno como principal sostén.

En paralelo, la inversión muestra una reconfiguración clara:

  • Tecnología: 53%
  • Sustentabilidad: 50%
  • Investigación y desarrollo: 42%

En contraste, la inversión en marca cae al 29%, con una baja de 9 puntos. El cambio sugiere un corrimiento hacia activos más directamente vinculados a productividad y eficiencia.

El informe identifica dos restricciones principales: el costo y disponibilidad de materias primas (39%) y la incertidumbre económica (39%). Aunque esta última disminuye respecto al trimestre anterior, sigue siendo un condicionante central.

Al mismo tiempo, cae la preocupación por la demanda: la falta de pedidos baja a 16% y la expectativa de menor consumo a futuro desciende a 14%. Este dato introduce un matiz: el problema no está tanto en vender, sino en producir en condiciones competitivas.

Salarios y empleo: señales de ajuste

El frente laboral muestra un giro más contractivo. Solo el 9% de las empresas prevé aumentos reales de salarios, mientras que la expectativa de subas nominales cae de 83% a 68%.

El dato sugiere que la recomposición salarial pierde centralidad en la estrategia empresarial, en un contexto donde los márgenes se ven presionados por costos y donde la prioridad pasa por sostener la estructura antes que expandirla.

El comportamiento empresarial revela una lógica de administración del riesgo más que de expansión. Las empresas no abandonan el mercado, pero reducen exposición, priorizan eficiencia y postergan decisiones de mayor alcance.

En ese esquema, ganan centralidad las inversiones tecnológicas y operativas, mientras pierden peso aquellas vinculadas a posicionamiento o crecimiento externo. La señal es consistente con un escenario donde las condiciones macroeconómicas no terminan de consolidarse.

Estabilidad sin tracción

La estabilidad del optimismo no se traduce en dinamismo económico. Por el contrario, refleja un equilibrio precario: ingresos sostenidos, pero sin impulso inversor masivo; demanda más estable, pero con costos en alza; empleo sin expansión clara.

En términos concretos, esto implica un ritmo de actividad moderado, con empresas enfocadas en sostener niveles operativos más que en ampliar capacidad.

La tendencia hacia la eficiencia y el control de costos podría tener implicancias en economías regionales como Misiones. En particular, la menor expansión externa y el foco en mercado interno podrían reforzar dinámicas comerciales locales, aunque sin un salto en inversión.

A su vez, la presión sobre costos de insumos y materias primas podría trasladarse a cadenas productivas regionales, dependiendo de su integración con mercados nacionales.

International Business Report Grant Thornton by CristianMilciades

Inflación, crédito y costos como variables clave

El rumbo de la actividad empresarial dependerá de tres factores centrales: la evolución de la inflación, el acceso al crédito y la dinámica de costos productivos.

Si estas variables se estabilizan, el actual equilibrio podría transformarse en una plataforma de crecimiento. Si no, la lógica defensiva podría profundizarse, consolidando un escenario de estancamiento con adaptación permanente.

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