Índice de Confianza en el Gobierno

La confianza en Milei perfora otro piso: cinco caídas consecutivas y desgaste del “núcleo blando”

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La luna de miel política de Javier Milei empieza a mostrar señales de agotamiento más visibles. El último Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella registró en mayo una nueva caída mensual y consolidó una secuencia que ya preocupa incluso dentro del oficialismo: el Gobierno acumula cinco retrocesos consecutivos en lo que va de 2026.

El indicador se ubicó en 1,99 puntos sobre una escala de 0 a 5, con una baja mensual de 1,6% y un retroceso interanual de 18,7%. La caída acumulada desde diciembre ya alcanza el 19,2%, en una dinámica descendente que comenzó en enero y que todavía no encuentra piso político.

El dato tiene una lectura más profunda que la mera estadística mensual. La administración libertaria sigue sosteniendo niveles de confianza superiores a los que exhibía Alberto Fernández a esta altura de su mandato y también por encima de los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. Pero el deterioro empieza a impactar sobre variables sensibles que hasta ahora funcionaban como activos del mileísmo: la percepción de capacidad, honestidad y preocupación por el interés general.

La señal más delicada aparece precisamente en el componente “Capacidad para resolver los problemas del país”, que cayó a 2,36 puntos y marcó el nivel más bajo de toda la gestión Milei. También descendieron los indicadores vinculados a honestidad y preocupación por el interés general, ambos en sus peores registros de 2026.

Políticamente, el dato resulta relevante porque el corazón del apoyo libertario siempre estuvo menos asociado a la empatía o al consenso y más ligado a la idea de eficacia. La narrativa del “ajuste inevitable pero eficiente” empieza a mostrar signos de desgaste en sectores que inicialmente acompañaban el rumbo económico aun soportando caída del consumo, deterioro salarial y recesión.

Sin embargo, el informe también revela que Milei conserva todavía un piso político relativamente sólido comparado con experiencias recientes. En el mes 30 de gestión, el ICG del Presidente se ubica prácticamente en línea con el que tenía Mauricio Macri en igual momento de mandato y claramente por encima de Alberto Fernández.

La diferencia es que el actual Gobierno llegó a ese nivel de confianza tras aplicar el ajuste económico más severo desde el retorno democrático, lo que explica por qué en la Casa Rosada siguen leyendo el escenario con relativa tranquilidad. El problema es que la tendencia dejó de ser estable y comenzó a deteriorarse de forma persistente.

Otro dato políticamente sensible es el comportamiento social de la caída. El desplome más fuerte se registró entre mujeres, donde la confianza cayó 13% en apenas un mes, ampliando nuevamente la brecha de género. Entre los hombres, en cambio, el indicador incluso mejoró.

También aparece una fractura etaria importante. El segmento de 30 a 49 años sufrió la caída más pronunciada y quedó muy por debajo de los jóvenes y mayores de 50 años. Esa franja concentra buena parte de la clase media económicamente activa, precisamente el núcleo más golpeado por la licuación de ingresos, la presión tarifaria y la desaceleración económica.

En términos territoriales, el estudio vuelve a mostrar un patrón que ya se repite desde hace meses: el interior del país mantiene mejores niveles de confianza que el Área Metropolitana de Buenos Aires. El interior registró 2,17 puntos, por encima de la Ciudad de Buenos Aires y bastante arriba del conurbano bonaerense, donde el índice apenas alcanzó 1,65.

Ese dato explica parte de la estrategia política libertaria para 2026: reforzar presencia en provincias y sostener el vínculo con electorados alejados del AMBA, donde el desgaste económico golpea con mayor intensidad y donde la conflictividad social se volvió más visible.

El informe además confirma otra constante del ciclo Milei: la economía sigue siendo el principal ordenador político. Entre quienes creen que la situación económica mejorará dentro de un año, la confianza en el Gobierno alcanza 4,17 puntos. Entre quienes creen que empeorará, se derrumba a apenas 0,37.

En otras palabras, el sostén político del Presidente continúa íntimamente ligado a la expectativa futura más que a la situación presente. Mientras exista una porción significativa de la sociedad convencida de que el sacrificio actual desembocará en estabilidad, inflación baja y recuperación, Milei conservará margen político. El interrogante es cuánto tiempo puede sostenerse esa expectativa en un contexto donde los indicadores sociales siguen deteriorados y la mejora económica todavía no logra derramar sobre amplios sectores de ingresos medios y bajos.

El trabajo de la Universidad Di Tella funciona así como una radiografía precisa del momento político: Milei todavía conserva una base de apoyo competitiva para estándares argentinos, pero el desgaste dejó de ser episódico y comenzó a transformarse en tendencia. Y en política, cuando la percepción de capacidad empieza a erosionarse, el capital simbólico suele consumirse mucho más rápido que la paciencia social.

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