industria del vino

Solo la calidad salva una vendimia para el olvido: “He visto algo que nunca, que se deje la uva en la planta”

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La vendimia 2026 quedará marcada por una paradoja que atraviesa a toda la vitivinicultura argentina: una calidad excepcional en los vinos, en un contexto de crisis profunda que compromete la sostenibilidad del sector.

Las condiciones climáticas jugaron a favor desde el punto de vista enológico. Se trató de un año frío y húmedo en los principales valles productivos, lo que permitió una maduración más lenta y equilibrada de la uva. El resultado, según coinciden los referentes del sector, es una cosecha de alto nivel en prácticamente todas las regiones del país.

Sin embargo, esa mejora cualitativa contrasta con una caída en los volúmenes y, sobre todo, con un deterioro económico que empieza a mostrar consecuencias concretas en la cadena productiva.

Menos producción y señales de alerta

De acuerdo con el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la cosecha en Mendoza -principal provincia productora- se ubicaría en torno a los 13,45 millones de quintales, con una caída cercana al 9% respecto de 2025.

Pero el dato más preocupante no es solo la merma productiva, sino que una parte significativa de la uva directamente no se cosechó por falta de recursos. Ese fenómeno, inédito en su magnitud reciente, no solo impacta en la campaña actual, sino que compromete la sanidad de los viñedos y condiciona la vendimia 2027.

El escenario se agrava en un contexto de “mercado de traslado”, donde los productores enfrentan precios deprimidos y, en muchos casos, deben optar por elaborar mosto o vino por cuenta propia para intentar capturar valor en el futuro.

Un año sobresaliente en calidad

Desde el punto de vista técnico, la evaluación es prácticamente unánime. Marcelo Belmonte, director de Vitivinicultura y Enología del Grupo Peñaflor, calificó la cosecha como “fantástica”, con características similares a la de 2021, aunque con mayor presencia de lluvias.

Las temperaturas más frescas resultaron determinantes para la calidad, favoreciendo perfiles más equilibrados en variedades clave como Malbec, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. Además, se observó una homogeneidad poco habitual entre regiones, con desempeños sólidos tanto en Cuyo como en el norte y el sur del país.

En Mendoza, la lectura es similar. Diana Fornasero, enóloga de Viña Cobos, describió a los vinos 2026 como “finos, elegantes y con energía”, destacando la combinación entre concentración, frescura y tensión como sello distintivo de la añada.

La crisis que se profundiza

Detrás de la calidad, el cuadro económico es cada vez más delicado. Productores y bodegas enfrentan una ecuación cada vez más ajustada: costos en alza —energía, insumos, logística— y precios que no acompañan.

La consecuencia directa es la falta de liquidez para sostener las labores culturales y sanitarias en los viñedos. Esto ya se traduce en el abandono de parcelas y en la expansión de enfermedades como la peronospora, especialmente en el Este mendocino.

A esto se suma un problema estructural en la cadena de comercialización: bodegas que no compran uva, productores obligados a vinificar sin escala y un mercado sin referencias claras de precios.

El resultado es un quiebre en la cadena de pagos y una creciente incertidumbre sobre la rentabilidad futura. Sin capacidad de reinversión, el riesgo es que la crisis deje de ser coyuntural y se transforme en un problema de largo plazo para toda la vitivinicultura argentina.

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La paraguaya Alma Cabral es la nueva Mejor Sommelier de la Argentina y representará al país en Portugal

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Alma Cabral, la paraguaya que conquistó el vino argentino y se consagró Mejor Sommelier del país

La paraguaya Alma Cabral, nacida en Ciudad del Este y radicada en Buenos Aires desde hace dos décadas, fue reconocida como la Mejor Sommelier de la Argentina tras imponerse en la 10° Edición del Concurso nacional.
Su trayectoria, marcada por la migración, el esfuerzo personal y la inserción en la industria vitivinícola del país vecino, la posiciona como una de las figuras más destacadas del sector en la región. Su próximo desafío será competir en el Concurso Mejor Sommelier del Mundo, que se realizará en Portugal.

De Ciudad del Este a Buenos Aires: una carrera forjada entre disciplina y vocación

La historia profesional de Alma Cabral comenzó cuando dejó su natal Ciudad del Este con el objetivo de estudiar cocina en la capital argentina. Allí ingresó al Instituto Argentino de Gastronomía (IAG), donde una clase de Vinos y Servicio marcó definitivamente su rumbo.

“Empecé a estudiar en el IAG, y cuando tomé la clase de Vinos y Servicio, quedé fascinada”, recordó. Ese descubrimiento la llevó a formarse en Sommellerie en el Centro Argentino de Vinos y Espirituosas (CAVE).

Lo que inicialmente pensó como un complemento para su carrera gastronómica, evolucionó hasta convertirse en su verdadera profesión.

El recorrido no fue fácil. Cabral explicó que emigrar siendo joven la obligó a adquirir autonomía rápidamente:
“Tuve que aprender a manejarme sola, a tomar decisiones y a construir mi propio camino”.

Sostuvo que Buenos Aires la recibió con una fuerte red de contención integrada por colegas y amistades, y que el desarrollo de la Sommellerie en Argentina —el mayor productor de vinos de Latinoamérica— fue determinante para forjar su crecimiento profesional.

Su dedicación constante la llevó a conquistar el paladar argentino, un mercado altamente competitivo, y finalmente a consagrarse como ganadora del concurso que distingue a la Mejor Sommelier del país.

La consagración: un reconocimiento al trabajo técnico y a la formación continua

Para Cabral, obtener el premio representa la culminación de años de estudio, práctica y perseverancia en un sector que exige precisión y actualización permanente. “Fue un momento muy especial”, afirmó al recordar el anuncio de su nombre como ganadora. También destacó el rol de la Asociación Argentina de Sommeliers, organizadora del certamen, por su aporte al crecimiento profesional de la disciplina.

En cuanto a los desafíos del concurso, subrayó que el nivel de complejidad fue elevado: “Existe un abanico de posibilidades infinito a la hora de prepararse, dado que lo que hacemos no sólo se relaciona al vino”.

Detalló que la formación de un sommelier abarca destilados, bebidas fermentadas e incluso infusiones, lo que requiere un conocimiento profundo y transversal.

Cabral también enfatizó el valor del trabajo colectivo: “El éxito es un resultado de la dedicación, pero también del aporte de otros colegas y del cariño de los seres queridos”.

Afirmó que este reconocimiento reafirma la pasión y el compromiso hacia la profesión, especialmente en una industria donde la competencia global exige niveles crecientes de especialización.

Un camino con proyección internacional: de la cocina al vino y del Cono Sur a Europa

A lo largo de su recorrido, Cabral trabajó en restaurantes que consideró “verdaderas escuelas”, tanto en Latinoamérica como en Europa, donde profundizó aprendizajes en estilos de servicio y propuestas gastronómicas diversas. Recordó que sus primeros pasos los dio en Resto, donde tuvo como mentora a Paz Levinson, referente internacional de la sommellerie.

Su evolución profesional adquiere ahora una nueva dimensión: el reconocimiento como Mejor Sommelier de Argentina le abre la puerta a participar del Concurso Mejor Sommelier del Mundo, que se realizará en octubre del próximo año en Portugal. Allí competirá con los máximos exponentes globales del sector.

“A su vez, quisiera continuar trabajando en comunidad para fortalecer y elevar el posicionamiento del vino argentino en el mundo”, expresó.

El desafío internacional coincide con su convicción de que el aprendizaje es un proceso constante:

“Aprendí a confiar en los procesos, a aceptar los desaciertos como parte del crecimiento y a disfrutar del camino más que del resultado”.

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