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Arauco obtuvo luz verde ambiental para el plan de “Residuos Cero” en Misiones

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El Ministerio de Ecología de Misiones dio un paso decisivo que puede redefinir la lógica productiva de una de las principales industrias de la provincia. La aprobación de la viabilidad ambiental definitiva al proyecto de revalorización de residuos industriales de Arauco es la habilitación formal para avanzar hacia un modelo donde el descarte deja de ser un problema y pasa a ser insumo y una solución económica para cientos de familias.

La resolución, sustentada en el marco constitucional del derecho a un ambiente sano y en la legislación ambiental vigente, valida un proceso técnico exhaustivo que incluyó centenares de páginas de análisis, estudios de impacto y evaluación de riesgos. El resultado es el proyecto es considerado ambientalmente viable, siempre bajo estrictas condiciones de control, monitoreo y mejora continua.

Arauco es el principal empleador privado de Misiones y también el principal exportador. Y se está preparando para dar un salto de calidad con alto impacto en la economía. Es una de las metas más ambiciosas de su historia ambiental y productiva: alcanzar el objetivo de Residuos Cero para el año 2030. Tras varios años de investigación y pruebas de campo, la compañía culminó el diseño de un plan integral que busca reciclar absolutamente todos sus desechos industriales y transformarlos en insumos útiles para la producción local, la generación de energía y la restauración de suelos.

Si bien la compañía se ha certificado desde 2020 como carbono neutral, la primera en su rubro a nivel global en alcanzar esa certificación, hoy lleva su compromiso un paso más allá, con el compromiso de cero residuos y una reducción de sus emisiones en aproximadamente 1,5 millón de toneladas de CO2 al 2030. Esto equivale a sacar de circulación aproximadamente 330 mil autos o a las emisiones anuales de 400 mil habitantes.

El objetivo de Arauco es redefinir el concepto de residuo, sustituyendo la idea de desecho por la de recurso renovable dentro de un esquema de economía circular, había explicado a Economis María Paula Balla, Especialista Senior en Medioambiente y Sostenibilidad y Coordinadora Corporativa Medio Ambiente de Arauco. 

Se trata de un cambio de paradigma en la gestión industrial. El plan apunta a transformar los residuos generados en la producción de pasta celulósica en subproductos valorizables, integrándolos a nuevos circuitos productivos. Entre esos materiales aparecen desde corteza, aserrín y astillas hasta cenizas de biomasa, lodos de proceso y derivados químicos. Todos ellos forman parte de un esquema que prioriza la segregación en origen, el almacenamiento controlado, la reutilización, el reciclaje y, cuando es viable, la recuperación energética.

La propuesta se apoya en tres pilares:

Revalorización de residuos industriales a través de innovación tecnológica aplicada en las plantas de Piray y Puerto Esperanza.El objetivo es reducir al mínimo el impacto ambiental mientras se generan nuevas oportunidades económicas. En lugar de representar un costo o un pasivo, los residuos pasan a convertirse en activos potenciales, capaces de alimentar otras cadenas productivas.

Conservación y restauración ambiental: más de 500.000 hectáreas bajo manejo sostenible.

Reemplazo de plásticos por fibras naturales, con desarrollos que incluso alcanzan a la industria de la moda.

Los estudios abarcan la ceniza de caldera, el lodo de clorato, la escoria del licor verde, el lodo de cal y la corteza de árboles, materiales que, una vez tratados, se transforman en enmiendas minerales de alto valor agronómico. Los resultados de las investigaciones están disponibles para otras empresas que quieran utilizarlos o incluso sumarse al programa. 

Entre sus múltiples aplicaciones, estos subproductos permiten corregir el pH de los suelos -en especial aquellos degradados o acidificados por el uso intensivo-, mejorar la estructura y aumentar la retención de nutrientes, generando un impacto directo en la productividad agrícola. Incluso, hay demanda creciente de carbón activado, para sistemas de refrigeración, insumo que también puede obtenerse del proceso industrial de las plantas de celulosa y papel. 

En ensayos supervisados por el INTA, las aplicaciones de estos materiales mejoraron significativamente los rindes de cultivos de zapallo, maíz, mandioca, tabaco y yerba mate, con plantas más vigorosas, raíces más profundas y una mayor capacidad de respuesta a condiciones de estrés hídrico. En la audiencia se exhibió la foto de un zapallito llamativamente más grande que los habituales de una chacra. 

En paralelo, se concretaron experiencias con la Cerámica Garuhapé, que incorporó lodo de carbonato, cenizas y aserrín en la fabricación de ladrillos, y con Hormisa, que utiliza lodos para la producción de cemento. Otros desarrollos incluyen pinturas celulósicas junto al Parque Tecnológico de Misiones, asfaltos para Vialidad Provincial y lana mineral aplicada a placas tipo durlock. El carbón activado es otro residuo que puede ser aprovechado para sistemas de refrigeración y tiene una alta demanda en el exterior. 

La escala del proyecto refuerza esa mirada. La planta de Puerto Esperanza, asentada sobre un predio de más de 3,5 millones de metros cuadrados, es uno de los nodos industriales más relevantes del sector forestal argentino. Desde allí, la implementación de un sistema integral de revalorización puede irradiar efectos sobre proveedores, servicios asociados y actividades complementarias.

Entre las derivaciones más relevantes aparece la posibilidad de utilizar ciertos subproductos como enmiendas agrícolas, una alternativa especialmente significativa en una provincia con suelos naturalmente ácidos. A esto se suma la generación de nuevas actividades vinculadas a la gestión de residuos, la reducción de impactos sobre el ambiente y la mejora en la eficiencia global del proceso industrial.

Ecología establece un conjunto de exigencias que refuerzan el rol del Estado como autoridad ambiental. La empresa deberá presentar informes semestrales, cumplir con planes de contingencia y mitigación, proteger cursos de agua, evitar prácticas como la quema de residuos y garantizar la restauración de las áreas intervenidas. Además, se exige la implantación de especies nativas como parte de las medidas de compensación ambiental.

Cada modificación del proyecto, incluso en etapas futuras, deberá ser informada y evaluada previamente. La lógica es clara: la innovación productiva es bienvenida, pero solo en la medida en que se mantenga dentro de estándares ambientales cada vez más exigentes.

La aprobación llega, además, en un momento clave para la estrategia corporativa de la compañía, que apunta a consolidar un modelo de “residuos cero” hacia 2030. En ese marco, este proyecto representa mucho más que una iniciativa puntual: es la primera validación institucional de una transformación más profunda.

En definitiva, lo que se habilita no es solo una inversión, sino una nueva forma de entender la producción. En un escenario donde la discusión ambiental suele oscilar entre la restricción y la retórica, Misiones parece ensayar un camino distinto: regular para transformar. Apostar a que el desarrollo industrial no se mida únicamente por lo que produce, sino también por cómo gestiona lo que descarta.

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