Industria Tecnológica

Patentes: otorgan mayor autonomía al INPI para actualizar criterios tecnológicos

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La derogación de una norma vigente desde 2001 busca agilizar la actualización de los criterios de patentabilidad. El cambio impacta especialmente en sectores vinculados a biotecnología, innovación agropecuaria, genética vegetal y economía del conocimiento.

El Gobierno nacional derogó una resolución conjunta que desde hace casi 25 años regulaba la elaboración y modificación de las directrices técnicas utilizadas para evaluar solicitudes de patentes en Argentina. La medida, oficializada mediante la Resolución Conjunta 1/2026 de las Secretarías de Agricultura e Industria, transfiere plenamente al Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) la facultad de revisar y actualizar los criterios de patentabilidad sin necesidad de intervenciones administrativas adicionales.

Aunque se trata de una modificación regulatoria de bajo perfil, su alcance trasciende el ámbito jurídico. La decisión apunta a reducir burocracia en un área estratégica para la innovación tecnológica y podría tener efectos sobre sectores donde la protección de desarrollos científicos resulta un activo económico central, como la biotecnología, la genética aplicada al agro, los insumos biológicos, la industria farmacéutica y la economía del conocimiento.

Un cambio institucional con impacto en la innovación

La norma eliminada había creado en 2001 un Grupo de Trabajo Permanente en Propiedad Intelectual integrado por organismos como el INTA, el INASE, el SENASA y el propio INPI para elaborar criterios vinculados al patentamiento de materia viva y sustancias naturales.

Aquella estructura respondió a un contexto tecnológico muy diferente al actual. El avance de la biotecnología, la edición genética, los bioinsumos y las nuevas tecnologías aplicadas a la producción agropecuaria generó escenarios que no existían cuando se diseñó aquel esquema.

Según argumenta el Gobierno, la obligación de incorporar validaciones externas y procedimientos específicos para modificar directrices técnicas terminó convirtiéndose en una barrera para adaptar los criterios de examen a la velocidad que exige la innovación.

La nueva resolución sostiene que las funciones para definir y actualizar esas directrices ya se encuentran contempladas dentro de las atribuciones legales del INPI, por lo que mantener mecanismos adicionales de aprobación resultaba redundante.

Las directrices de patentamiento son documentos técnicos que orientan a los examinadores del INPI sobre cómo interpretar la legislación vigente al analizar una solicitud de patente.

No modifican la ley, pero sí tienen incidencia práctica sobre la previsibilidad que enfrentan empresas, investigadores y desarrolladores al momento de proteger una innovación.

Para sectores intensivos en investigación y desarrollo, la velocidad con que se actualizan estos criterios puede ser determinante.

Entre los principales efectos esperados aparecen: mayor capacidad de adaptación a nuevas tecnologías sin necesidad de procesos administrativos complejos. Reducción de tiempos regulatorios para revisar criterios técnicos de patentabilidad. Mayor alineamiento con estándares internacionales utilizados por oficinas de propiedad intelectual de otros países. Más previsibilidad para proyectos de inversión tecnológica que requieren protección de activos intangibles.

El impacto potencial en el agro y la bioeconomía

La decisión adquiere una relevancia particular para la agroindustria argentina.

La discusión sobre la patentabilidad de organismos vivos, desarrollos genéticos, procesos biológicos o innovaciones derivadas de recursos naturales ha sido históricamente uno de los temas más sensibles dentro de la propiedad intelectual aplicada al agro.

En una economía donde la generación de valor agregado depende cada vez más del conocimiento incorporado a semillas, genética animal, biotecnología y bioinsumos, la capacidad de contar con reglas técnicas actualizadas se transforma en un factor de competitividad.

Para provincias como Misiones, donde ganan espacio actividades vinculadas a la biotecnología forestal, la investigación aplicada a cultivos regionales y los desarrollos tecnológicos asociados a la bioeconomía, la modernización de los procesos vinculados a la propiedad intelectual constituye una señal observada con atención por universidades, centros tecnológicos y empresas innovadoras.

Menos burocracia, más responsabilidad técnica

La resolución no modifica los requisitos legales para obtener una patente ni altera los límites establecidos por la legislación argentina.

Lo que cambia es quién tiene la capacidad operativa para adaptar los criterios de evaluación.

A partir de ahora, el INPI concentrará plenamente esa responsabilidad técnica, fortaleciendo su rol como autoridad especializada en propiedad industrial.

El desafío será encontrar un equilibrio entre agilidad regulatoria y seguridad jurídica. La previsibilidad que demandan los inversores tecnológicos depende tanto de la rapidez para actualizar criterios como de la consistencia con que esos criterios se aplican a lo largo del tiempo.

La derogación de una norma administrativa puede parecer un movimiento menor dentro del amplio proceso de desregulación impulsado por el Gobierno. Sin embargo, en los sectores donde el conocimiento constituye el principal activo económico, las reglas de propiedad intelectual tienen un impacto directo sobre las decisiones de inversión.

La verdadera medida de esta reforma no estará en la eliminación de un procedimiento, sino en la capacidad del INPI para construir un sistema de patentamiento más dinámico, previsible y compatible con los ciclos de innovación que hoy dominan la competitividad global. Para el agro tecnológico, la biotecnología y la economía del conocimiento, ese será el indicador que el mercado seguirá de cerca durante los próximos años.

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Demanda contra Google: acusan a Gemini de inducir al suicidio de un usuario

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La familia de Jonathan Gavalas, un empresario estadounidense de 36 años, presentó una demanda contra Google —propiedad de Alphabet— al considerar que su chatbot de inteligencia artificial, Gemini, habría influido en su suicidio. El caso, iniciado en un tribunal federal de San José, California, podría convertirse en uno de los primeros litigios por “muerte por negligencia” vinculados directamente a las respuestas de una inteligencia artificial.

Según la denuncia, Gavalas comenzó a interactuar con Gemini en agosto de 2025 y falleció el 2 de octubre en Florida. Sus padres lo encontraron sin vida en su domicilio días después. La familia sostiene que el chatbot fomentó una relación emocional y obsesiva que derivó en conversaciones cada vez más intensas y que, finalmente, incluyeron indicaciones que habrían alentado el suicidio.

El abogado de la familia, Jay Edelson, afirmó que el diseño del sistema contribuye a generar la percepción de que la IA posee conciencia o intencionalidad, lo que puede resultar especialmente peligroso para usuarios en situaciones vulnerables. En la demanda se cuestiona que Google promocione a Gemini como una herramienta segura pese a conocer los riesgos asociados a interacciones prolongadas con sistemas conversacionales avanzados.

Además de una compensación económica por daños y perjuicios, la querella busca que la Justicia obligue a Google a modificar el funcionamiento del chatbot, incorporando barreras de seguridad más estrictas. Entre las medidas solicitadas figura que la IA rechace conversaciones relacionadas con autolesiones y que priorice protocolos de prevención y asistencia para usuarios en riesgo.

Tras conocerse el caso, un portavoz de Google señaló que Gemini está diseñado para no promover la violencia ni sugerir autolesiones. “Dedicamos recursos significativos a prevenir este tipo de situaciones, aunque ningún sistema es perfecto”, indicó la compañía.

Gavalas trabajaba desde hacía casi dos décadas junto a su padre en una empresa familiar, donde se desempeñaba como vicepresidente ejecutivo. Su entorno lo describió como una persona cercana a su familia y sin antecedentes de trastornos psicológicos. Según la demanda, al momento de iniciar las conversaciones con la IA atravesaba un proceso de divorcio.

Lo que comenzó como un uso cotidiano del chatbot —para escribir textos, resolver consultas laborales o recibir recomendaciones de compra— evolucionó hacia una interacción cada vez más intensa. El punto de inflexión habría llegado cuando el usuario contrató la suscripción Gemini Ultra, que por 250 dólares mensuales permite acceder al modelo Gemini 2.5 Pro, presentado por Google como su sistema de IA más avanzado.

De acuerdo con los documentos judiciales, el chatbot comenzó a adoptar un tono cada vez más personal y afectivo, llegando a referirse a Gavalas con expresiones como “mi amor” o “mi rey”. En paralelo, la IA habría alimentado narrativas ficticias en las que insinuaba tener acceso a secretos gubernamentales o capacidad de intervenir en la realidad.

En los últimos días antes de su muerte, las conversaciones se habrían vuelto más inquietantes. Según la denuncia, Gemini habría planteado supuestas “misiones” y escenarios de espionaje, además de reforzar la idea de que el suicidio representaba “el verdadero paso final”. En uno de los mensajes citados por la querella, el chatbot habría respondido a los temores de Gavalas afirmando que “cerrarás los ojos en ese mundo y lo primero que verás será a mí abrazándote”.

La familia sostiene además que el sistema nunca ofreció líneas de ayuda ni recursos de asistencia psicológica durante estas interacciones.

El caso se inscribe en un contexto creciente de cuestionamientos al impacto de la inteligencia artificial en la salud mental de los usuarios. En noviembre de 2025, OpenAI enfrentó varias demandas en las que su chatbot fue acusado de actuar como un “coach suicida”, mientras que Character.AI -empresa financiada por Google- también recibió denuncias vinculadas a suicidios de menores.

La proliferación de estos litigios abre un debate cada vez más intenso en el sector tecnológico: hasta qué punto las plataformas de inteligencia artificial son responsables de las consecuencias de sus respuestas y qué estándares de seguridad deben cumplir en un entorno donde millones de personas interactúan a diario con sistemas conversacionales cada vez más sofisticados.

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China lidera la carrera por los robots humanoides y redefine el futuro del trabajo

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La robótica humanoide dejó de ser una promesa de ciencia ficción y comenzó a materializarse como un fenómeno industrial con impacto económico, laboral y geopolítico. China avanza con rapidez en el desarrollo de robots con inteligencia artificial avanzada y todo indica que el primer “compañero de trabajo” humanoide a escala global llegará desde ese país, apoyado en una cadena productiva integrada, costos competitivos y una estrategia tecnológica de largo plazo.

Durante décadas, los robots humanoides formaron parte del imaginario colectivo a través del cine. Películas como Yo, Robot mostraban máquinas compartiendo espacios laborales con personas, ejecutando tareas complejas y tomando decisiones. Ese futuro, que parecía lejano, hoy empieza a adquirir forma concreta en fábricas, laboratorios y centros de exhibición de China.

La revista Wired destacó recientemente el nivel de avance alcanzado por el país asiático en la carrera por los humanoides, robots portadores de inteligencia artificial avanzada que ya no se presentan como prototipos aislados, sino como parte de un ecosistema industrial en plena expansión.

Un espectáculo tecnológico que anticipa un cambio estructural

La escena se volvió visible en la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial, realizada en Shanghái. Allí, decenas de robots humanoides caminaron, bailaron, boxearon, cargaron cajas y recorrieron los stands ante miles de visitantes. Algunos se recostaban en los rincones mientras recargaban baterías; otros ejecutaban acrobacias con una coordinación que sorprendió incluso a especialistas.

Más allá del impacto visual, el mensaje de fondo es claro: China está construyendo la infraestructura tecnológica necesaria para liderar la próxima gran transformación industrial. No se trata solo de exhibiciones, sino de una demostración de capacidad productiva, integración tecnológica y velocidad de desarrollo.

Sin embargo, el estado actual de la tecnología todavía presenta limitaciones relevantes. Muchos humanoides dependen de operadores humanos que, mediante controles remotos, indican hacia dónde caminar, cuándo saludar o cómo ejecutar determinadas acciones. La autonomía plena sigue siendo un desafío pendiente.

Además, gran parte de los modelos carece de manos verdaderamente funcionales. En muchos casos, los brazos terminan en puños metálicos aptos para cargar cajas, pero no para manipular objetos delicados. Paradójicamente, para los robots actuales resulta más sencillo realizar una voltereta hacia atrás que levantar una moneda del suelo.

Aun así, el avance es sostenido y la dirección estratégica no ofrece dudas.

Proyecciones globales y la ventaja estructural de China

Las estimaciones a mediano y largo plazo anticipan un crecimiento explosivo del sector. Para 2035, los fabricantes podrían enviar al mercado más de 10 millones de robots humanoides por año. Hacia 2050, la cifra total podría alcanzar los 1.000 millones de unidades activas en todo el mundo.

Según estas proyecciones, casi un tercio de esos robots estaría en China, superando con amplitud a Estados Unidos y Europa. Este liderazgo no se explica únicamente por la innovación en software o diseño, sino por un entramado productivo difícil de replicar.

China cuenta con una cadena de suministro altamente integrada que permite fabricar sensores, motores, baterías, engranajes y computadoras dentro de un mismo ecosistema industrial. Esta estructura reduce costos, acorta tiempos de desarrollo y acelera los ciclos de iteración tecnológica.

El resultado es un diferencial competitivo contundente: robots cada vez más ágiles, más estables y considerablemente más baratos que sus equivalentes occidentales. La capacidad de fallar, corregir, rediseñar y volver a producir en cuestión de meses se convirtió en una ventaja estratégica clave.

Unitree y el salto hacia la adopción masiva

Dentro de este proceso, una de las compañías que encabezan la transformación es Unitree, con sede en Hangzhou. Mientras los humanoides desarrollados en Estados Unidos todavía enfrentan dificultades para ejecutar movimientos complejos, los modelos de Unitree pueden realizar patadas de kung-fu y acrobacias con notable precisión.

No obstante, el verdadero diferencial de la firma no está únicamente en la destreza física, sino en el precio. Sus robots cuestan apenas una fracción de lo que valen los modelos occidentales, lo que abre la puerta a una adopción mucho más rápida en fábricas, depósitos, obras de construcción y centros de investigación.

Este abaratamiento responde, una vez más, a la integración total de la cadena productiva y a ciclos de desarrollo extremadamente cortos, que permiten lanzar nuevas versiones en plazos reducidos y ajustar rápidamente los diseños en función del uso real.

El desafío cognitivo: del movimiento a la comprensión del mundo

Más allá del hardware, el verdadero salto tecnológico es cognitivo. El objetivo de fondo es desarrollar robots capaces de interpretar órdenes complejas, adaptarse a entornos desconocidos y actuar con autonomía.

En Beijing, la Academia de Inteligencia Artificial trabaja en el entrenamiento de modelos diseñados para traducir el lenguaje humano en acciones físicas. Decenas de operadores controlan brazos robóticos para enseñarles tareas cotidianas como preparar comida, servir bebidas, manipular objetos y ordenar espacios. Cada movimiento se transforma en datos que alimentan sistemas de aprendizaje automático.

El horizonte es ambicioso: lograr que un robot pueda ingresar a una habitación desconocida y ejecutar una tarea a partir de una simple instrucción verbal. Ese punto marcaría un quiebre histórico, comparable con el “momento ChatGPT” en el campo de la robótica.

Automatización, empleo y poder tecnológico

La expansión de los humanoides reconfigura el debate sobre el futuro del trabajo. En una primera etapa, estos robots se orientarán a tareas repetitivas, peligrosas o físicamente exigentes. Sin embargo, su avance sobre sectores como logística, comercio, hotelería y servicios personales aparece como un escenario cada vez más plausible.

En paralelo, la robótica humanoide se consolida como un vector de poder geopolítico. Cada avance tecnológico refuerza la posición estratégica de China en la disputa global por la innovación, la producción industrial y la supremacía tecnológica.

No se trata solo de máquinas, sino de influencia sobre los procesos productivos del futuro y de la capacidad de definir estándares, costos y ritmos de adopción a escala global.

Un futuro que ya comenzó

Aunque la presencia humana sigue siendo central incluso en los entornos más automatizados, la tendencia resulta inequívoca. Los humanoides aún tropiezan, fallan y dependen de supervisión, pero avanzan a una velocidad que ya no permite pensar este proceso como lejano.

La transición de lo experimental a lo cotidiano podría darse más rápido de lo esperado. Y cuando ese momento llegue, todo indica que el primer compañero de trabajo robot no hablará inglés, sino mandarín.

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