Industria

La industria se contrajo 2,1 por ciento en el primer cuatrimestre

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El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en abril un retroceso del 2% respecto al mismo mes del año anterior, de acuerdo con información preliminar. Al mismo tiempo, la producción industrial del mes resultó 4.6% inferior a la de marzo incluyendo factores estacionales, mientras que si estos se corrigen, la actividad registró un avance de 1.3%. En los primeros cuatro meses del año, la actividad industrial registra un retroceso del 2.1%, en comparación con el mismo periodo del año pasado, deteniendo el ritmo de caída observado en el primer trimestre  (Véase Tabla 1 y Gráfico Nº 1).

A nivel de ramas de actividad, en el acumulado para el periodo enero – abril, y en la comparación interanual, la producción de Minerales no Metálicos (4.8%) vuelve a liderar el ranking de crecimiento a partir del avance de los despachos de cemento. Por su parte, la producción siderúrgica registra en el cuatrimestre un avance de 1.2% respecto a igual periodo del año anterior por el crecimiento de la producción primaria y los productos laminados terminados en caliente. Adicionalmente, otros dos sectores registraron una caída interanual de la producción inferior al promedio de la industria, Papel y Celulosa (‐1.2%) y Metalmecánica (‐1.3%). Los restantes sectores industriales muestran caídas de la producción en el cuatrimestre superiores al promedio, incluyendo la producción de y Alimentos y Bebidas (‐2.2%) y siguiendo con los Insumos Químicos y Plásticos (‐2.6%), Insumos Textiles (‐3%), Petróleo Procesado (‐3.4%) y Cigarrillos (‐8.8%). La producción Automotriz (‐10.6%) cierra la nómina de sectores con retroceso de la actividad (Ver Gráfico Nº 2).  

Tomando en cuenta la clasificación de la actividad industrial por el tipo de bienes, la producción de Bienes de Capital, continúa liderando la mejora de la actividad. En el primer cuatrimestre del año y en la comparación interanual, la producción de Bienes de Capital avanzó 5.1%. Por su parte, los bienes de consumo continúan registrando el mayor retroceso; los Bienes de Consumo Durable caen 8.4% y los No Durables lo hacen 3.2%. Finalmente, los Bienes de Uso Intermedio registran en el período una ligera retracción del 0.3% en el primer cuatrimestre y en la comparación interanual. (Gráfico Nº 3)

En términos desestacionalizados, el IPI de abril mostró una mejora del 1.3% en comparación con el mes anterior (Tabla 1). Con este resultado, la medición desestacionalizada de abril se coloca 3.6% por encima del resultado de septiembre del año pasado, mes en el cual se fecha en forma preliminar el inicio de la fase de recuperación. De este modo, la recuperación transita su séptimo mes y alcanza un crecimiento equivalente anual del 6.3%, que por ahora resulta inferior al 10.7% promedio de las nueve fases expansivas previas desde 1980 a la fecha. Por su parte, los indicadores que permiten monitorear la consolidación de la fase cíclica continúan mostrando una ligera mejora, no obstante lo cual la difusión sectorial de la recuperación se mantiene en niveles bajos –del orden del 28%. Los eventos políticos ocurridos en Brasil podrían afectar la consolidación de la recuperación de ese país, en el caso de que una transición lenta demore las reformas económicas en marcha, restando tracción a la recuperación de algunos sectores de la industria Argentina.

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La construcción volvió a subir, pero la industria sigue cayendo

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Según los datos del Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC), durante el mes de abril de 2017 el índice subió 10,5% con respecto a igual mes del año anterior. El dato del acumulado durante el primer cuatrimestre del año 2017 en su conjunto registra un aumento de 3,8% con respecto a igual período del año 2016

El indicador refiere a la construcción en el sector privado y releva la superficie cubierta autorizada por los permisos de edificación privada de 41 municipios, la variación del consumo aparente de insumos representativos y la encuesta cualitativa a un panel de 100 empresas constructoras.

La industria, a contramano

De acuerdo con datos del Estimador Mensual Industrial (EMI), la actividad industrial de abril de 2017 presenta una caída de 2,3% con respecto al mismo mes del año 2016.

La actividad industrial del primer cuatrimestre del año 2017 con respecto al mismo período del año 2016 muestra una disminución de 2,4%.

Con respecto al mismo mes de 2016, en abril se observan subas en las industrias metálicas básicas (11,2%), la metalmecánica excluida la industria automotriz (8,3%) y la refinación del petróleo (0,5%).

Por otra parte, para la misma comparación se registran caídas en la industria textil (-24,7%), la industria del tabaco (-23,4%), la industria automotriz (-7,5%), la edición e impresión (-6,5%), los productos minerales no metálicos (-4,6%), el bloque de papel y cartón (-3,4%), los productos de caucho y plástico (-3,4%), la industria química (-2,6%) y la industria alimenticia (-1,2%).

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La actividad fabril sigue baja, pero con “brotecitos verdes” vinculados al campo y la construcción

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Un informe de la consultora Ecolatina difundido hoy indicó que la actividad fabril sigue muy baja en la Argentina, pero con algunos sectores a los que si les está yendo mejor, como son los vinculados al campo o a la actividad de la construcción, que empieza a exhibir mejoras.     

“La economía no logra consolidar su despegue, y la mayor preocupación radica en la performance de la industria: de acuerdo a datos oficiales, el complejo manufacturero cayó 2,4% i.a. en el primer trimestre de 2017, tras alternar en los últimos cinco años de fuertes caídas y leves recuperaciones”, dice el informe.

“Las únicas ramas que muestran un mayor dinamismo dentro del complejo manufacturero son aquellas ligadas a la actividad agropecuaria y la construcción (dos sectores favorecidos por la política económica actual)”, explicó el reporte.

Algunos de los datos que resaltó Ecolatina, son:

-La producción agropecuaria ha sido uno de los sectores que mejor ha reaccionado al nuevo esquema económico. De acuerdo a las cifras oficiales, en los dos primeros meses del año la producción aumentó 5,4% i.a., tras el repunte observada a fin del año pasado (+1,6% i.a. en el cuarto trimestre de 2016). 

-La construcción es otro sector que ha dado señales de recuperación a comienzos de este año, tras una formidable caída el año pasado (-11,3%). Por caso, según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) que publica el INDEC, trepó casi 2% i.a. en el primer trimestre del año.

-Pese a la merma global de la actividad manufacturera, cabe destacar cierta mejora en algunos rubros que ayudaron a moderar la contracción observada en 2016 (5,7% i.a.). Ahora bien, cuando descomponemos el EMI por bloques se observa que las ramas más dinámicas han sido justamente aquellas ligadas al sector agropecuario y a la construcción.

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La industria de la madera, una de las peores en el ranking de competitividad

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Alimentos, Bebidas, Insumos Básicos, Farmacéutica y Productos de Petróleo son los top five del Ranking 2017 de Competitividad Sectorial de ABECEB, mientras que Calzado, Indumentaria, Madera, Maquinaria de Oficina y Autopartes encabezan la lista de los menos competitivos. Automotriz y Caucho y Plástico sobresalen en el centro del ranking, exhibiendo un desempeño intermedio.

 

El ranking ABECEB de competitividad sectorial de Argentina mapea 22 sectores manufactureros según su posición competitiva.

 

“El buen posicionamiento de aquellos con mejor performance se explica en gran medida por factores de carácter sectorial, ya sea relativos al capital y el trabajo, el acceso a los insumos y las materias primas o bien, por la estructura particular de la industria. En cambio, los aspectos sistémicos, como el ambiente macroeconómico, el marco regulatorio e institucional, la estructura de base y aquellos relativos a la innovación, no contribuyen positivamente”, explicó Alberto Schuster, director de la Unidad de Competitividad de ABECEB.

 

Schuster destacó que “a un año y medio de la actual gestión, se advierten avances orientados principalmente en administrar las fortalezas sectoriales para aprovechar las potencialidades existentes”. Pero subsisten desafíos, especialmente en el plano sistémico. “Si bien aquí también hubo cambios positivos, todavía nos desafía la necesidad de contar con una macroeconomía estable y un marco institucional sólido que promueva la competitividad y atraiga ese proceso inversor que logre quebrar una larga historia de crecimiento económico elusivo; en suma conformar un mejor ecosistema competitivo”.

El sector Alimentos se destaca como el más competitivo del país, en base a su mercado interno y una gran inserción internacional de sus productos signada por la elevada diversificación de sus destinos. Argentina resulta en este rubro un jugador relevante a nivel internacional, erigiéndose como el tercer abastecedor de alimentos del mundo. La ventaja comparativa del país en recursos naturales juega un rol preponderante para explicar su desempeño. Como sucede a nivel global, las principales sub-industrias (como la molienda o los lácteos) se localizan en las cercanías de los centros de producción primaria, lo que permite minimizar los costos de la materia prima, en especial los logísticos.

 

De todos modos, uno de los grandes desafíos para nuestro país en materia de alimentos es incrementar las exportaciones de productos procesados (golosinas, bebidas, preparados de fruta y carne, etc.), con mayor valor agregado y mejor precio relativo que los commodities industrializados. En comparación a países como Brasil y Australia, que también cuentan con buenas condiciones agroecológicas y por ende con gran disponibilidad de materias primas, Argentina tiene un bajo porcentaje de exportaciones en alimentos de alto valor agregado, ya que un 62% de las mismas corresponden a derivados de soja.

 

En tanto, el pobre desempeño en materia de competitividad de los sectores menos competitivos implica la necesidad de contar con la protección de la política comercial para su supervivencia. Dado que la administración actual apunta a integrar la economía argentina a los mercados internacionales y a las cadenas globales de valor, estas ramas se enfrentan al desafío de lograr mayor competitividad o reconvertirse hacia otras actividades.

 

Los rubros Calzado e Indumentaria resultan los menos competitivos, dando cuenta de deficiencias en materia de informalidad y productividad, así como en indicadores de capacitación de personal, inversiones y acceso al financiamiento. La baja escala de la industria argentina también juega en contra, especialmente teniendo en cuenta la alta renovación que caracteriza al sector. Como lo ha identificado la administración actual, son sectores sensibles dada su elevada participación en el empleo privado: conjuntamente, estas dos ramas emplean casi 200.000 personas, 11% del empleo industrial total.

 

La industria Autopartista también se encuentra entre las menos competitivas del país. Son muchos los factores que afectan su performance. De carácter sectorial, los más importantes son: altos costos laborales y logísticos, una escala ineficiente que incrementa la incidencia de los costos fijos y precios de insumos por encima de los internacionales. A nivel sistémico impactan la falta de acceso al financiamiento y una estructura impositiva que aplica impuestos en cascada (ingresos brutos), encareciendo el costo de la producción local versus el de los componentes importados.

 

La rama productora de Automóviles, en contraste con la autopartista, se ubica en una posición intermedia. En este caso, los elevados costos laborales unitarios y una escala ineficiente también inciden negativamente, pero estos factores poseen un menor peso, en el marco de una larga experiencia productiva que brinda know how, especialmente en los segmentos de pick-ups donde Argentina es un importante jugador global.

 

Es importante destacar que el cambio del marco regulatorio dispuesto recientemente contribuiría a mejorar la competitividad en ambos segmentos. Por un lado, la Ley de Autopartes sancionada en 2016 provee incentivos a las compras de insumos locales, lo que beneficiaría a las autopartistas a través de una mayor escala, y a las terminales abaratando el costo de las piezas nacionales. A su vez, en la medida que se logre materializar el plan de impulso de la industria anunciado en marzo pasado y se avance en acuerdos comerciales, la industria también se verá beneficiada por un incremento en los volúmenes exportados, y con ello, una mejora de la escala de producción.

 

En este marco, Schuster explicó que “un país se considera globalmente competitivo cuando obtiene frente a otros una ventaja relativa que, con base en sus factores de producción, es el resultado de haber creado y mantenido en ecosistema que permite a sus empresas y emprendedores competir globalmente, generar utilidades, inversión, empleo e innovación, en un marco de respeto a las normas de relacionamiento y de comercio internacional y, así, propender al bienestar de su gente”.

 

“Los que compiten en la realidad no son los países sino las empresas; ellas son las que insertas en el país, manejándose en base al ecosistema competitivo y con las características particulares de su sector, materializan esta competitividad”, subrayó.

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Se detuvo la caída exportadora de las PyME industriales, pero las importaciones ocuparon más espacio en el mercado interno

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La Fundación Observatorio PyME publicó su último Informe Especial sobre “Competitividad e inserción internacional de las PyME industriales argentinas” del cual se destacan las siguientes conclusiones:

  • En 2016 la rentabilidad de las exportaciones de las PyME industriales aumentó 17%. El “núcleo duro” exportador de las PyME se estabilizó en 12% (22% en 2009) y la apertura exportadora en 14% (22% en 2010); por primera vez se detuvo la caída exportadora que se venía experimentando  desde el año 2009.

 

  • En la ecuación de costos y rentabilidad, durante 2016 los términos del intercambio industrial (cantidad de insumos importados necesarios para obtener una unidad de bienes de exportación) que enfrentaron estas empresas jugó un rol negativo (-3.5%). Es decir que las PyME reciben 3.5% menos insumos importados por unidad de bien nacional entregada. Además, entre 2011 y 2014 los términos del intercambio industrial de las PyME habían ya sufrido una caída del 10%. Dicho de otro modo, las PyME industriales argentinas deben entregar cada vez más exportaciones por cada unidad de insumo importado.  

 

  • Entre 2009 y 2016 el único sector que logró incrementar la proporción de PyME exportadoras fue el sector Químic A su vez, y no obstante, durante el mismo período este sector disminuyó muy significativamente la proporción de sus ventas orientadas al mercado internacional. En síntesis, más PyME químicas operan en el mercado exportador, pero a un promedio de ventas al exterior inferior al registrado en 2009/2010.

 

  • La proporción de PyME que perdieron participación en el mercado interno a mano de las importaciones aumentó del 13% al 21% entre 2015 y 2016.
  • Competitividad e Inserción Internacional de las PyME industriales en Argentina

    La devaluación del peso realizada a fines de 2015 detuvo la caída de la competitividad internacional que las PyME industriales venían sufriendo nítidamente desde 2009, aunque no logró frenar la amenaza importadora ni evitar la pérdida de mercado interno de las empresas menores. 

    El impacto positivo de la devaluación del Peso en las PyME industriales

    Durante 2016 la depreciación del peso se aceleró 32 puntos porcentuales con respecto a la depreciación registrada en 2015 (52% vs. 20%, respectivamente), mientras que las PyME industriales durante el mismo período aceleraron el incremento de sus precios internos en sólo 8 puntos porcentuales (31% vs. 23%, respectivamente). Es decir que estas empresas realizaron una modesta traslación de la devaluación a sus precios en el mercado interno. Adicionalmente, los precios de exportación de sus productos se incrementaron muy levemente (un 1.5% en dólares).

    La consecuencia de todo esto fue un abaratamiento para el resto del mundo de las manufacturas nacionales producidas por las PyME o, dicho de otro modo, un incremento de la competitividad internacional de estas empresas.

  • Sin embargo, es necesario comprender que esta ventaja lograda con la devaluación del peso no podrá ser sostenible si no se acompaña con una adecuada política industrial y comercial, dado que su efecto por sí sólo es transitorio (espurio). Se trata, de darle a la producción industrial de las PyME una perspectiva de competitividad a más largo plazo y una mejor gestión comercial de los mercados de exportación e importación.

    La “rigidez importadora”

    El nivel de la devaluación de diciembre de 2015 parecería haber sido suficiente para frenar la caída de la cantidad de empresas exportadoras y su grado de apertura comercial, pero no así para disminuir la presión de las importaciones (competidoras) en el mercado interno de las PyME.

    A pesar de que en 2016 los productos nacionales fabricados por las PyME industriales resultaron más baratos con respecto a la competencia de manufacturas importadas, estas empresas perdieron espacio de mercado interno a favor de las importaciones: la proporción de PyME industriales que perdió mercado interno pasó del 13% en 2015 al 21% en 2016. 

  • Éste es un hecho alarmante que merece una explicación debido a las implicancias que tiene sobre la política cambiaria y comercial de la Argentina. ¿Cómo se explica que a pesar de que las importaciones se hayan encarecido, la pérdida de mercado interno de las PyME se haya agravado?

    Durante 2016 la producción de las PyME industriales disminuyó un 8%. Sin embargo, la importación de bienes competitivos de la producción local no disminuyó con la misma intensidad. La producción nacional de las PyME fue muy sensible a la caída del PBI de 2016, mientras que las importaciones lo fueron mucho menos.

    Mediante este mecanismo las importaciones ocupan hoy una porción más importante en el mercado interno que en 2015: no existe una invasión de importaciones pero sí una mayor presencia de las mismas en el mercado nacional. Éste es el origen de la preocupación manifestada tanto por los industriales PyME como por el Gobierno mismo.

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