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El INDEC confirma que los salarios volvieron a perder contra la inflación y profundizan la caída del poder adquisitivo

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Los salarios volvieron a quedar por debajo de la inflación en febrero y consolidaron una tendencia que ya lleva cuatro meses consecutivos. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el índice salarial creció 2,4% mensual, mientras que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) avanzó 2,9% en el mismo período .

El dato confirma que, pese a la desaceleración inflacionaria en algunos tramos, los ingresos no logran recomponerse en términos reales. La última vez que los salarios le ganaron a los precios fue en octubre de 2025.

Un rezago persistente en el sistema salarial

El informe oficial muestra que el deterioro no es homogéneo, pero sí generalizado en los segmentos formales. El sector registrado —que incluye trabajadores públicos y privados— volvió a perder contra la inflación y acumula seis meses consecutivos de caída real.

En febrero, los salarios del sector privado registrado aumentaron 1,6%, mientras que los del sector público lo hicieron en 2,3%, ambos por debajo del IPC. En contraste, el sector privado no registrado fue el único que logró superar la inflación, con una suba de 4,6% mensual.

A nivel agregado, el índice salarial acumula un incremento del 5% en el primer bimestre y un 35,8% interanual, aunque estos valores no alcanzan para revertir la pérdida de poder adquisitivo frente al ritmo de los precios .

Qué explica la dinámica actual

La evolución de los salarios refleja una combinación de factores: paritarias que corren por detrás de la inflación y ajustes más lentos en el sector formal. El dato de que el segmento informal supere al IPC introduce una señal particular: la recomposición se da en los márgenes menos regulados del mercado laboral.

Esta dinámica sugiere una fragmentación creciente en la estructura salarial, donde los mecanismos formales de actualización pierden capacidad de respuesta frente a la inflación.

Quiénes quedan rezagados

El escenario fortalece una lógica donde los sectores con menor regulación muestran mayor flexibilidad para ajustar ingresos, mientras que el empleo formal —tradicionalmente más protegido— aparece condicionado por acuerdos salariales que no logran seguir el ritmo de los precios.

Para el Gobierno, el dato implica una tensión central: sostener la estrategia de desaceleración inflacionaria sin que el deterioro del salario real impacte en la actividad económica o en el clima social.

Al mismo tiempo, el rezago del sector público introduce presión adicional sobre las negociaciones salariales estatales, en un contexto donde los recursos fiscales son limitados.

Consumo bajo presión

La caída del salario real tiene un efecto directo sobre el consumo. Si los ingresos pierden frente a la inflación, la capacidad de compra se reduce, lo que tiende a enfriar la demanda interna.

El comportamiento diferenciado entre sectores también puede alterar patrones de consumo: mientras el segmento informal ajusta ingresos más rápido, el formal enfrenta restricciones que impactan en decisiones de gasto.

Inflación y salarios en disputa

De acuerdo con estimaciones citadas en el análisis, los niveles de inflación podrían comenzar a ceder a partir de abril, lo que abriría la posibilidad de una recomposición salarial en el segundo semestre.

Sin embargo, la clave estará en la velocidad de ese ajuste: si los precios desaceleran más rápido que las paritarias, el salario real podría recuperar terreno. Caso contrario, la brecha podría profundizarse.

Por ahora, el dato es claro: los salarios siguen corriendo detrás de la inflación, y la disputa por el poder adquisitivo continúa siendo uno de los ejes centrales de la economía argentina.

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Con inflación en alza, el régimen de bandas empuja el techo del dólar por encima de los $1.600

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La aceleración de la inflación de diciembre reconfiguró la dinámica del régimen de bandas cambiarias y llevará al techo del dólar oficial por encima de los $1.600 hacia fines de febrero. El dato del IPC, informado por el INDEC, impacta de manera directa en la indexación automática que aplica el Banco Central desde 2026 y reabre el debate sobre atraso cambiario, intervención oficial y costos macroeconómicos, en un contexto de tasas extremadamente volátiles y un delicado equilibrio entre acumulación de reservas y absorción de pesos.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de diciembre marcó un incremento del 2,8% mensual, por encima de las expectativas del mercado (2,3%), y se convirtió en una variable clave para la evolución del tipo de cambio. Desde enero de 2026, el Banco Central (BCRA) abandonó el esquema de crawl del 1% mensual y pasó a indexar las bandas cambiarias al último dato de inflación disponible, lo que acelera el desplazamiento de los límites sin que necesariamente el dólar acompañe ese ritmo.

Bandas indexadas, inflación en alza y un techo que se aleja

El mecanismo de ajuste establece que las bandas se actualizan a comienzos de cada mes tomando como referencia la inflación de dos meses previos, dado que es el último dato oficial disponible. Por este motivo, al cierre de enero el techo de la banda se incrementará 2,5%, en línea con el IPC de noviembre.

Con ese ajuste, el 31 de enero el precio máximo alcanzará los $1.564,30. Luego, al incorporarse el dato de inflación de diciembre, el límite superior se corregirá otro 2,8% y llegará a $1.608,10 al 28 de febrero.

En contraste, el dólar oficial mayorista se ubica actualmente en $1.457, lo que implica que debería subir 10,3% en el próximo mes y medio para acercarse al techo de la banda. Ese escenario es el que el Gobierno busca evitar, incluso recurriendo a herramientas de intervención directa, con el objetivo de contener las presiones cambiarias y evitar un traslado a precios.

La brecha entre el tipo de cambio efectivo y el límite superior vuelve a instalar el debate sobre el atraso cambiario, un fenómeno que parecía haber quedado atrás, pero que reaparece a medida que la inflación acelera y el dólar oficial se mueve con extrema parsimonia.

Inflación, dólar contenido e intervención oficial

El informe del INDEC mostró que la inflación de diciembre estuvo impulsada principalmente por carnes y precios regulados, como combustibles y transporte. Si bien se trata de un mes estacionalmente más alto, el IPC acumuló su séptima aceleración consecutiva.

Mientras tanto, el tipo de cambio oficial apenas se deslizó 1% en el último mes, profundizando la desconexión entre precios y dólar. Esta dinámica alimenta expectativas de corrección futura, sobre todo cuando el techo de la banda se mueve de forma automática al ritmo de la inflación.

Sin embargo, el comportamiento del mercado en enero mostró otra cara. El dólar oficial registró su mayor baja diaria del año, alejándose del techo de la banda. En el Banco Nación, la cotización cayó $5 hasta $1.485, mientras que en el segmento mayorista retrocedió $10,50 hasta $1.457, quedando a 5,8% del límite superior, ubicado en $1.542. Se trata de la mayor distancia con el techo en casi dos meses.

En paralelo, el BCRA compró u$s55 millones y encadenó su séptima rueda consecutiva con saldo positivo. En lo que va de enero, acumula u$s338 millones, con un promedio diario de u$s41 millones. No obstante, las reservas brutas cayeron u$s88 millones, hasta los u$s44.680 millones, por la baja en la valuación de activos del balance.

Desde Balanz Research señalaron que la inflación de diciembre “sorprendió al alza”, impulsada por los precios regulados (+3,3%), aunque sin modificar el escenario base de desaceleración para los próximos meses. Con este dato, la inflación cerró 2025 en 31,5% interanual, muy por debajo del 117,8% de 2024.

Tasas al límite y un Gobierno que prioriza el dólar

El control del tipo de cambio tuvo costos evidentes en el mercado de pesos. Las tasas cortas volvieron a niveles extremos, con la caución a un día tocando picos del 150% TNA, en un contexto de fuerte demanda de pesos y escasez de liquidez.

Según 1816, el BCRA “sigue retirando más pesos vía ventas de Lelink que los que inyecta con sus compras en el mercado de cambios”, mientras que Cohen Aliados Financieros informó que la caución promedió 35,2% TNA y la tasa Repo 33,1% TNA.

Desde Econviews sintetizaron la estrategia oficial con claridad: “Entre que no hay una tasa de política monetaria y que ni el BCRA ni el Tesoro hicieron mucho para suavizar la suba de tasas, quedó confirmado que, por ahora, el que manda es el dólar”. El mensaje implícito es que el Gobierno prefiere tolerar tasas altas y volatilidad financiera antes que una corrección cambiaria.

La tensión se profundizó por las necesidades del Tesoro. Si bien logró reunir los dólares para afrontar vencimientos por u$s4.400 millones, el BCRA debió tomar un REPO por u$s3.000 millones con bancos internacionales, complementando los u$s2.200 millones disponibles. Esa operatoria implicó una fuerte absorción de pesos del sistema, que luego debió ser parcialmente compensada con intervenciones del Central en el mercado secundario.

Mercado financiero, riesgo país y expectativas

En este contexto, los activos argentinos reflejaron la combinación de factores locales y globales. El riesgo país se ubicó en torno a los 581 puntos básicos, su nivel más alto desde el 15 de diciembre de 2025, mientras que el S&P Merval en dólares perforó los 2.000 puntos, al cerrar en 1.994,52.

Las acciones líderes mostraron caídas generalizadas y los ADRs retrocedieron hasta 3,5%, en un escenario de mayor volatilidad global. Aun así, algunos analistas destacan que, con un dólar contenido y tasas elevadas, se abre una ventana táctica para instrumentos en pesos, siempre que la inflación retome una senda descendente en el primer trimestre.

Una definición clave hacia febrero

Con un techo de la banda que superará los $1.600, una inflación que mostró señales de aceleración y un mercado de tasas bajo estrés, el Gobierno enfrenta una definición central: seguir dejando que el límite superior se aleje del dólar efectivo o permitir una corrección gradual del tipo de cambio, incluso vía compras de reservas.

La decisión no es menor. De ella dependerá no solo la estabilidad cambiaria de corto plazo, sino también la credibilidad del esquema de bandas, el comportamiento de las expectativas y el delicado equilibrio entre desinflación, actividad y financiamiento del Tesoro.

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