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Inflación: demasiada brecha entre el mercado y el Banco Central

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Por Jorge Vasconcelos, Fundación Mediterránea. La actualización del Relevamiento de Expectativas de Mercados que publica el BCRA arroja una proyección de inflación anual de 20,8 % para 2017, un fuerte avance frente a 2016, pero todavía muy lejos, más de 6 puntos porcentuales por encima, del centro de la meta perseguida por el Banco Central para este año, que es de 14,5 %. No es que el mercado intuya una gran devaluación que impacte en la dinámica de precios, ya que el tipo de cambio esperado para diciembre es de 18,4 pesos por dólar. Más bien, la brecha parece obedecer a la expectativa de negociaciones salariales con cláusulas de ajuste más cercanas al 25 % que al 20 %, y a la subsistencia de múltiples mecanismos de indexación. Al margen de las conjeturas, la credibilidad del Banco Central se juega este año en el comportamiento de la inflación durante el segundo semestre, ya que sería un éxito si los guarismos se acercan a 1 % mensual, aun cuando el acumulado del año se ubique algo por encima del techo de la meta (17 %). Esto podría lograrse con un 18,5 %, por ejemplo, pero no con el 20,8 % proyectado por el mercado.

Es probable que el Banco Central tenga una visión más optimista acerca de la marcha de la inflación y por eso mantiene, pero no sube, las tasas de interés de corto plazo. Sin embargo, a partir de abril o mayo la especulación comenzará a ceder espacio a los datos. Para la autoridad monetaria habrá un dilema si para ese momento la inflación proyectada del año sigue encima del 20 %, porque ese guarismo tendría implícito un ritmo de 1,5 % mensual para la suba de precios a lo largo del segundo semestre. En ese escenario, los tiempos políticos resultarían muy inoportunos, ya que si el Banco Central decidiera endurecer su postura, habría cuestionamientos por los riesgos recesivos de esa política en plena campaña electoral de las legislativas.

 

Y si optara por la inacción frente a los desvíos, se debilitaría su credibilidad, un activo clave para que la reactivación de 2017 pueda empalmar en crecimiento, en lugar de quedar trunca a poco de andar, como ya ocurriera en 2011/12 y en 2013/14. Una inflación en torno al 1,5 % mensual a lo largo del segundo semestre de 2017 sería mala noticia para la política económica por dos razones principales:

– La inflación promedio de julio a diciembre de 2016 fue de 1,4 % mensual según el IPC INDEC, por lo que una variación del costo de vida similar o levemente superior para iguales meses de 2017 sería una señal de estancamiento, de falta de avances, en la lucha por la estabilidad.

– En la escalera descendente para llegar a 5 % anual en 2019, la inflación de los últimos meses de cada año es una referencia clave para determinar la factibilidad de las metas del año siguiente. El guarismo de 1,4 % mensual del segundo semestre de 2016 proyectaba una inflación anualizada de 18,2 %, o sea, apenas 3,7 puntos porcentuales por encima del centro de la meta de 2017, que es 14,5 % anual.

 

En cambio, en un escenario de inflación mensual de 1,5 % entre julio y diciembre de este año, la proyección anualizada llegaría a 19,6 %, nada menos que 9,6 puntos porcentuales por encima del centro de la meta explicitado para 2018, que es 10 % anual (entre 8 % y 12 %).

 

Hasta ahora, el mercado se ha movido bajo el supuesto que, para el Banco Central, una tasa real de interés (por encima de la inflación) de entre 4% y 5 % anual es algo razonable, que permite desinflacionar la economía sin afectar la recuperación del crédito bancario y del nivel de actividad.

 

Sin embargo, por alguna razón, las expectativas de inflación se resisten a perforar el piso de 20 % para 2017, lo que implica –en caso que el mercado esté en lo cierto- un segundo semestre de inquietante brecha entre los datos y lo que el Banco Central necesita para lograr su objetivo.

 

El punto es que el esquema de metas es tan reciente en el país, que no está descontada cual habrá de ser la “función de reacción” de la autoridad monetaria en ese escenario.

Por ende, al margen de subas mensuales engordadas por los ajustes tarifarios que van de febrero a abril, deberá prestarse de aquí en adelante suma atención a la evolución de los precios libres, de los servicios privados y, particularmente, de las negociaciones salariales. Hay razones para esperar que la inflación pueda acercarse más a las metas que lo previsto por el mercado, como se consignara en el artículo “¿Puede la meta del 17 % manchar la credibilidad del Central?”, publicado en El Economista Diario el 30/9/16.

 

Del lado de la oferta, subsiste capacidad ociosa, hay todavía bastante “agua” en los precios de bienes y servicios y la competencia de importados se hace sentir. El mercado cambiario se ha tranquilizado por el impasse en que entró el escenario del “súper-dólar” con Trump y también como reflejo de la mayor coordinación entre la política fiscal y la monetaria en el plano local.

 

Otro importante vector desinflacionario es el significativo aumento de la demanda de dinero que se observa desde el arranque del año, con pesos que circulan más lentamente. Bajo estas condiciones, una tasa de interés de corto plazo efectiva mensual actualmente en 2,4 % (los pases del BCRA), debería ser suficiente para que la inflación descienda un par de escalones adicionales a partir de mayo. El Banco Central necesita que ese guarismo se acerque a 1 % mensual antes de fin de año. No es imposible, pero ya se sabe que el futuro puede ser ingrato con los pronosticadores…

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La “maquinita” no para: aumentó fuerte la emisión monetaria a fin de año

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La emisión monetaria aumentó fuerte a fines del 2016 y se encuentra a un ritmo similar al del final del kirchnerismo.

“Los pesos en circulacion crecen a un ritmo mayor al 40%, con lo que la expansión monetaria regresó a los niveles que mostraba en los últimos meses de la gestión Kirchner”, señala un informe del diario La Nación.

El titular del Banco Central, Federico Sturzzeneger, viene haciendo gala de lo contrario, de una política monetaria “dura”, de sacar pesos de la plaza. En parte a eso se debe la recesión del 2016, coinciden los economistas.

Sin embargo, Sturzzeneger no contrajo la base monetaria emitiendo menos, sino que utilizó las licitaciones de LEBACs para sacar ese dinero luego de haber sido emitido, en parte para financiar el creciente déficit fiscal.

Como en los últimos tiempos Sturzzeneger empezó a bajar las tasas y a no renovar vencimientos de esas letras (en poder de bancos e inversores de afuera, en su mayoría), la base montería empezó a crecer nuevamente.

El agravante de esta situación es que el Gobierno actual, cuando era oposición, criticó mucho la emisión monetaria. Además, arregló con los hold outs (se les pagó en cash 13.000 millones de dólares) y comenzó un rally de toma de deuda en bonos que ya supera los 60.000 millones y pone en jaque a la Argentina en el mediano y largo plazo.

Los expertos coinciden que todavía no hay nubarrones en el horizonte, pero después de las elecciones hay que hacer correcciones sí o sí para no empezar a tener turbulencias financieras con semejante nivel de deuda y déficit. Y todo eso no sirvió para que la “maquinita” dejara de funcionar.

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Brasil logró la menor inflación de un inicio de año en décadas

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El costo de vida en enero fue de 0,38%, el más bajo para el primer mes del año desde 1979, fecha del inicio de la serie estadística. Crecen las expectativas de recorte de tasas.
La inflación de Brasil subió menos de lo esperado en enero y consiguió el menor índice histórico para el mes desde 1979, fecha del inicio de la serie estadística. Este dato reforzó las expectativas de una aceleración de recorte de las tasas de interés.
El índice de Precios al Consumidor (IPCA) fue de 0,38%, lo que contrastó con enero de 2016, que en plena espiral inflacionaria, había sido del 1,27%.
En el acumulado de doce meses, se registró un aumento de 5,35%, después de haber cerrado 2016 en 6,29%.

La consultora Gradual Investimentos preveía un aumento mensual de 0,44%. Para André Perfeito, analista de esta empresa, la fuerte caída de los precios es a la vez “una buena y una mala noticia”. Esto último porque constituye “otra señal de la desaceleración de la economía”.
Según Eulina Nunes dos Santos, coordinadora del IBGE, “el perfil de los últimos meses con un desempleo en ascenso, dificultades para la obtención del crédito y tasas de interés alta, tuvieron el efecto de hacer descender los precios”. “La caída de la demanda es fundamental para lograr la tasas más baja en más en años”, dijo.
“La demanda no da margen a un aumento de los precios, tal vez sino hubiera algunos reajustes, la suba podría ser aún mucho menor”, señaló.
La mayor economía latinoamericana está sumida desde hace dos años en su peor recesión en más de un siglo, que llegó a combinarse con una disparada de la inflación, que llegó a 10,67% en 2015.
La tasa de referencia Selic del Banco Central de Brasil (BCB) llegó en septiembre de 2015 a un 14,25% anual, culminando un ciclo de alzas iniciado en 2013. Un nivel considerado disuasivo para la inversión, antes de iniciar en octubre un reflujo que la llevó a 13% en enero.
Perfeito prevé que la Selic cierre este año a 9,75%, algo por encima de la expectativa media del mercado de 9,50%.
El BCB trabaja con una meta inflacionaria anual de 4,50%, con un margen que hasta ahora era de dos puntos porcentuales hacia arriba o hacia abajo, pero que a partir de este año será de 1,5 puntos, una meta realizable, de acuerdo con los analistas y operadores consultados, que prevén que el IPCA cierre 2017 en 4,64% y 2018 en 4,50%.

El presidente del BCB, Ilan Goldfain, estimó que, en vista de los buenos resultados, la meta podría reducirse a 3%, en línea con la de otros países emergentes, y sobre todo con las políticas de ajuste impulsadas por el gobierno conservador de Michel Temer.
El ramo que más subió en enero fue el de transportes (0,77%), le siguen salud (0,55%) y alimentación y bebidas (0,35%).

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Precios Transparentes: los electrodomésticos se encarecen hasta 40% con financiamiento

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Los precios de los televisores, aires acondicionados, teléfonos celulares y lavarropas para compras con tarjetas de crédito en las principales cadenas de electrodomésticos se encarecieron hasta casi un 40% en promedio durante febrero con la puesta en marcha del programa Precios Transparentes, mientras que para pago al contado las rebajas llegan al 10%.En el caso de los aires acondicionados, los precios se incrementaron un 10% para compras en seis cuotas fijas y un 38% en hasta 18 cuotas fijas, destacó en un informe la consultora especializada en tecnología IntegraGo. Al contado, ese importe se redujo un 8% en febrero, con respecto a un mes antes.El precio de los lavarropas aumentó un 37% en promedio en compras con 18 cuotas y un 10% en 6 cuotas, mientras que en contado hubo una rebaja del 4%.

Los televisores fueron los que más se encarecieron durante ese período: un 39% en 18 cuotas y también un 10% en 6 pagos, mientras que al contado se registraron caídas promedio del 9%. El mismo escenario se registró en la categoría telefonía celular, aunque en contado la baja fue menor: 5%.

De acuerdo al promedio, las rebajas por compras al contado se acentuaron durante la segunda semana de febrero, con respecto a los cinco días previos. En televisores, se pasó de 8 a 10% en ese período; en telefonía celular del 5 al 8%; en televisores, de 9 al 10%. La excepción fueron los lavarropas, que cayó del 4 al 2%.

La diferencia de precios por pago de contado y con tarjeta de crédito Visa es de entre el 10% en seis cuotas y el 70% en 24 cuotas, aunque varía de acuerdo a la cadena donde se adquiera el producto. Con American Express, es de entre el 9% y 38% mientras que con MasterCard el diferencial es de entre el 10% y el 70%. Tarjeta Naranja, en tanto, ofrece costo de financiación de entre 11% y 27% y Cabal, de entre 9% y 70%.

El análisis esta basado en los precios al contado publicados durante el mes de enero y vueltos a relevar luego de la implementación del plan de Precios Transparentes, el resultante no muestra un descuento promedio (para pago en efectivo) de un -7%.

• Entre las cadenas relevadas los descuentos varían considerablemente, en otros casos mas puntuales los precios sufrieron algún aumento y otros no se han modificado aún.

• Analizando las webs de los principales retails se observan diferencias en la información que se muestra al momento de definir la compra. EN algunos casos solo podemos visualizar el precio contado y productos sin datos de financiación.

• La categoría de televisores es la de mayor descuentos otorga con un promedio del -9%, seguida por aire acondicionados con el -8%, con descuentos menores se encuentran los teléfonos celulares -5% y lavarropas -4%.

• Con respecto a la nueva financiación en las 4 categorías relevadas el pago en 6 cuotas genera un interés del 10%, mientras que a mayor financiación los interés van variando entre las cadenas y las categorías. Considerando como ejemplo la financiación en 18 Cuotas el interés promedio es del 38%.

• La segunda semana de febrero se volvieron a relevar los precios y se observa un reordenamiento en los mismos dando diferencias con respecto a la semana anterior. El descuento total promedio sobre el valor de enero es del 8% (+1p.p con respecto a la semana 1)

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Remarcados: la inflación de los alimentos en el supermercado del mundo

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La Argentina sufrió un fuerte aumento de los precios de la canasta analizada en este trabajo, del orden de 5,83 por ciento en dólares (de u$21,80 a U$23,07), lo que ha provocado que la Argentina en 2016 pase de la quinta a la cuarta posición en relación a los costos de la misma canasta para el resto de los países seleccionados.

Este proceso es posible distinguirlo también al analizar la evolución del IPA-FAO, que para el período noviembre-2015-octubre 2016, presenta un incremento de sólo 10,82%, mientras que la Canasta Básica Alimentaria calculada por IndEP-Centro de Economía Política Argentina para la región metropolitana lo hizo en 52 por ciento.

Asimismo, en dicho periodo, nuestro país disminuyó sensiblemente el poder adquisitivo del salario mínimo, pasando esto de un poder de compra de 7,61 canastas a sólo 4,38 canastas, siendo la mayor caída de las economías consideradas, del orden del 29% en poder adquisitivo relativo a alimentos.

El impacto en los precios de la devaluación ha sido el principal factor de la dinámica mencionada. Junto con ello, la quita de retenciones, especialmente a los granos (destinados a alimentación y como insumo fundamental de las cadenas cárnicas, porcina y aviar) incrementó dramáticamente los al acoplar el precio doméstico del precio internacional.  Otro factor ha sido el desmantelamiento del programa de “Precios Cuidados”, y su reemplazo por “Precios Claros”, este último con un impacto nulo sobre la evolución de los precios.

La salida del control cambiario impulsó, desde el comienzo del gobierno de Cambiemos, un sensible aumento de los precios de los alimentos. El impacto de la devaluación, sumado a la quita de retenciones a los granos, sumado a la caída de la de actividad, del empleo y de los salarios reales hizo escalar posiciones a la Argentina en el ranking de precio de alimentos respecto de otros países.

Para que la canasta sea comparable, se incluyeron algunos productos básicos que se comercializan en todos los países (considerando marcas locales en cada uno de los casos), y bebidas populares a nivel global. Los productos seleccionados fueron: aceite de girasol, arroz, bananas, coca cola, harina de trigo, huevos, leche larga vida, manteca, manzana roja, naranja, queso crema y zanahoria. Se realizó la correspondiente medición a través de diferentes cadenas de retail online en Argentina, Australia, Brasil, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Kuwait, México, Paraguay y Uruguay. La canasta de alimentos se valorizó en dólares estadounidenses, tomando como referencia los tipos de cambio oficiales. A partir de los índices de precios de alimentos de cada una de las economías considerada, se deflactó el valor de la canasta en noviembre del 2015 y se valorizó en dólares estadounidenses con los tipos de cambio de 2015. Para argentina se consideraron mediciones propias para el año 2015.

Finalmente, se realizó un análisis sobre la evolución del poder de compra, considerándose los salarios mínimos de cada país. Como cada economía tiene legislaciones laborales distintas, se armonizaron los valores ajustando según la cantidad de pagos anuales obligatorios y las vacaciones también obligatorias. Se ajustó asimismo según la duración de la jornada laboral y de la cantidad de días trabajados en la semana, considerándose luego el valor teórico de un salario mínimo mensual de 48 hs semanales. Los resultados muestran en primer lugar, que, para las economías consideradas, Argentina se adelanta una posición (del puesto 5 al 4) en relación al costo de la canasta de alimentos.

En segundo lugar, se concluye que si bien Argentina mantiene el puesto 5 en lo referido a poder de compra, la variación del mismo cayó un 29% en términos de la canasta considerada, ubicándose como la peor caída en términos relativos dentro del conjunto de países considerados.

De los gráficos N° 1 y 2, que se presentan a continuación, resalta el encarecimiento de la
canasta argentina en dólares entre 2015 y 2016.

Los precios de la canasta mencionada y respecto de los países seleccionados, indican que Argentina en 2016 pasa de la 5° a la 4° posición, solo superada por Estados Unidos, Uruguay y Australia. La quita de retenciones a las exportaciones, y la devaluación “acoplaron” los precios domésticos de los alimentos a los precios internacionales, lo cual trajo aparejado el encarecimiento de la canasta argentina. La virtual y paulatina desaparición del programa de precios cuidados también tuvo efectos sobre el efecto de precio de referencia de dicho programa.

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