Innovación Biotecnológica

Agricultura actualiza el marco regulatorio para microorganismos genéticamente modificados y acelera los procesos de evaluación

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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca oficializó un nuevo régimen para la evaluación y autorización de actividades vinculadas con microorganismos genéticamente modificados (MGM), con el objetivo de modernizar el sistema regulatorio argentino, reducir la dispersión normativa y brindar mayor previsibilidad a las empresas e instituciones que desarrollan proyectos de biotecnología aplicada al agro.

La medida fue establecida mediante la Resolución 96/2026, publicada este lunes en el Boletín Oficial, y reemplaza las resoluciones 5/2018 y 52/2019, que hasta ahora regulaban los ensayos experimentales y los procesos de liberación comercial de microorganismos genéticamente modificados.

La decisión se inscribe dentro del nuevo marco general para organismos genéticamente modificados fijado por el Ministerio de Economía a comienzos de este año y busca adecuar la regulación a los avances científicos registrados durante los últimos años, incorporando tecnologías que no estaban contempladas en la normativa anterior.

Uno de los principales cambios consiste en la creación de un procedimiento único para tres tipos de trámites: la autorización de ensayos experimentales en condiciones controladas con microorganismos genéticamente modificados viables, la evaluación de bioseguridad como requisito previo a la autorización comercial y la certificación de ausencia de microorganismos viables en productos derivados de estos desarrollos.

La resolución establece que todas las evaluaciones continuarán siendo realizadas por la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), con intervención de la Coordinación de Innovación y Biotecnología de la Dirección Nacional de Bioeconomía. El análisis deberá efectuarse caso por caso, considerando evidencia científica y técnica específica para cada desarrollo.

Plazos definidos y mayor previsibilidad para las empresas

Uno de los aspectos centrales de la nueva regulación es la incorporación de un plazo máximo de 90 días hábiles administrativos para concluir la evaluación técnica de las solicitudes, aunque el cómputo podrá suspenderse cuando el organismo requiera información adicional al solicitante o existan modificaciones sustanciales del proyecto presentado.

El Gobierno sostiene que la fijación de plazos claros busca otorgar mayor previsibilidad a empresas, universidades y centros de investigación que desarrollan proyectos biotecnológicos, reduciendo tiempos administrativos sin alterar los estándares de bioseguridad.

La resolución también incorpora mecanismos de consulta previa opcionales, que permitirán a los desarrolladores presentar proyectos preliminares para resolver criterios regulatorios antes del inicio formal del trámite. Estas consultas deberán responderse en un máximo de 30 días hábiles.

Bioseguridad y control durante todo el proceso

El nuevo régimen mantiene un fuerte énfasis en los controles de bioseguridad. Toda liberación experimental requerirá autorización previa y estará sujeta a inspecciones del SENASA antes, durante y después del ensayo. Asimismo, los responsables deberán informar cualquier incidente, desviación o escape del microorganismo dentro de plazos específicos y ejecutar los protocolos de contingencia previamente aprobados.

La normativa también obliga a llevar registros permanentes de actividades y existencias mediante libros rubricados, informar avances semestrales y presentar un informe final una vez concluido cada ensayo experimental.

En paralelo, se establecen obligaciones adicionales para los ensayos con animales de producción, que deberán cumplir las normas vigentes sobre bienestar animal y garantizar la correcta identificación de los ejemplares utilizados.

Impulso a la bioeconomía y articulación regulatoria

Desde la Secretaría de Agricultura argumentan que la actualización normativa permitirá fortalecer el desarrollo de la bioeconomía, facilitar la transferencia tecnológica hacia el sector productivo y mejorar la coordinación entre los distintos organismos competentes en materia de bioseguridad, inocuidad alimentaria, bioinsumos y productos fitosanitarios.

El texto oficial destaca que la experiencia acumulada durante los últimos años evidenció la necesidad de unificar procedimientos, eliminar superposiciones regulatorias y adaptar la normativa a las nuevas herramientas biotecnológicas que comenzaron a utilizarse tanto en la producción agropecuaria como en procesos agroindustriales.

En esa línea, el Gobierno busca consolidar un esquema regulatorio que combine mayores niveles de previsibilidad para la inversión privada con criterios técnicos uniformes para la evaluación de riesgos, en un contexto donde la biotecnología aparece como uno de los sectores estratégicos para incrementar la productividad y el valor agregado de las cadenas agroalimentarias argentinas.

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Cooperación regional: cómo Misiones fortalece la cadena bananera de Salta desde 2020

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Desde 2020, Biofábrica Misiones aporta tecnología de vitroplantas y asistencia técnica a productores de Orán, Salta, consolidando un modelo de cooperación regional que eleva la competitividad de la banana argentina frente a los estándares internacionales.

En las últimas semanas, una delegación de Biofábrica Misiones S.A. —integrada por su presidente Leonardo Morzán, la gerenta general Luciana Imbrogno y el subgerente Juan Serventi— recorrió cultivos de banano en Orán, provincia de Salta, implantados con vitroplantas enviadas desde 2020.

La inspección permitió verificar el impacto económico y productivo de estas plantas de alto valor genético y sanitario, desarrolladas mediante biotecnología aplicada en Misiones. Según explicaron los técnicos, las plantaciones visitadas demostraron que el uso de vitroplantas es hoy la única alternativa viable para producir a escala en Argentina, al garantizar mayor rendimiento, sanidad y uniformidad.

Las ventajas son múltiples:

  • Precocidad: entrada en producción más rápida y cosechas en menor tiempo.
  • Sanidad y vigorosidad: plantas libres de plagas y enfermedades, reduciendo riesgos fitosanitarios.
  • Uniformidad: ciclos más predecibles y rendimientos de más de 40 toneladas por hectárea, con racimos de hasta 20 kilos.

Estandarización y planificación productiva

El modelo productivo impulsado por Biofábrica se basa en un manejo estandarizado que simplifica la planificación agrícola y mejora la eficiencia. La recomendación técnica establece un marco de plantación de 2 x 2,5 metros, con una densidad de 1.800 a 2.000 plantas por hectárea, lo que permite además avanzar hacia la mecanización de tareas.

Actualmente, en Orán se lleva adelante la recría de los plantines, una etapa clave para su fortalecimiento antes de la plantación definitiva, programada para los próximos días. Este esquema no solo permite acelerar la entrada en producción, sino también equiparar la calidad de la banana argentina con la importada de países líderes como Ecuador o Colombia, lo que abre una oportunidad estratégica para reducir la dependencia del mercado externo.

Cooperación regional y proyección internacional

La iniciativa refleja un modelo de cooperación regional en el que Misiones aporta innovación biotecnológica a productores de otras provincias. Desde su creación, Biofábrica Misiones se consolidó como referente nacional en el desarrollo de plantas de calidad certificada, aplicando tecnología de multiplicación in vitro en cultivos estratégicos como yerba mate, forestales, hortalizas… y, ahora, la banana.

“El impacto en campo es contundente: la única manera de producir banana competitiva en Argentina es con vitroplantas”, aseguraron desde la delegación técnica. Con este esquema, los lotes salteños alcanzan estándares que permiten pensar en abastecer al mercado interno con fruta nacional y, en el futuro, avanzar hacia la exportación.

El acompañamiento institucional también refuerza la política de sustitución de importaciones, al disminuir la necesidad de bananas extranjeras —un rubro que implica fuertes erogaciones de divisas— y promover el empleo en el norte argentino.

El desafío inmediato es escalar la superficie implantada en Salta, consolidar la recría de vitroplantas y ampliar la red de productores que adopten el esquema biotecnológico. A mediano plazo, el objetivo es posicionar a la banana argentina como un producto competitivo en calidad y volumen, disminuyendo la brecha con las importaciones.

El caso salteño marca un precedente: con innovación, cooperación interprovincial y biotecnología aplicada, Argentina puede desarrollar cadenas frutícolas con alto valor agregado, reduciendo vulnerabilidades externas y generando empleo en origen.

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