INTA Cerro Azul

Impulsan la rosella como una alternativa productiva en Misiones

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Misiones busca ampliar su matriz productiva y la rosella aparece como una alternativa con potencial para la agricultura familiar y la elaboración de alimentos con valor agregado. La especie, conocida científicamente como Hibiscus sabdariffa L., produce cálices de color rojo y carnosos que pueden utilizarse en bebidas, infusiones, mermeladas, jarabes y otros productos.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a través de su Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul, trabaja en la caracterización de los materiales utilizados en la provincia y en la generación de información técnica para mejorar su producción. Originaria de África y posteriormente difundida hacia Asia y América, la rosella encuentra en las regiones tropicales y subtropicales condiciones favorables para su desarrollo, entre ellas las del noreste argentino.

El interés productivo está vinculado también con su capacidad de adaptación y con un ciclo que puede integrarse a sistemas diversificados. La planta presenta un crecimiento rápido y puede alcanzar los dos metros de altura bajo condiciones favorables. En Misiones, buena parte de la producción actual se realiza mediante semillas conservadas e intercambiadas entre productores familiares, una práctica que derivó en poblaciones con diferencias en porte, pigmentación, tamaño de los cálices y fecha de floración.

Esa variabilidad es precisamente uno de los aspectos que el INTA busca caracterizar. Conocer el comportamiento de los materiales disponibles permitiría avanzar hacia una producción más homogénea y mejorar la planificación del cultivo, especialmente si la rosella comienza a incorporarse como una alternativa comercial dentro de establecimientos que ya producen otros cultivos.

En términos agronómicos, la planta comienza a florecer, en líneas generales, alrededor del 21 de diciembre, cuando los días empiezan a acortarse. La implantación puede realizarse mediante siembra directa o a través de almácigos y posterior trasplante.

La preparación de la semilla también puede favorecer el establecimiento del cultivo. El INTA recomienda mantenerla en agua durante 24 horas antes de la siembra para acelerar y uniformar la germinación. En los materiales evaluados en Misiones se obtuvieron porcentajes de germinación cercanos al 85%.

Para la implantación se recomienda una distancia de un metro entre hileras y 0,80 metros entre plantas, lo que representa unas 12.500 plantas por hectárea. El cultivo requiere plena exposición solar y tanto la siembra como el trasplante deben realizarse durante la primavera, evitando el período de heladas.

El manejo del suelo es otro de los factores determinantes. Desde el INTA recomiendan realizar previamente un análisis que permita definir las necesidades de fertilización y prestar especial atención al drenaje. El uso de mulch, compost y abonos puede ayudar a conservar la humedad y mejorar las condiciones del suelo, mientras que durante los primeros 50 días resulta fundamental controlar las malezas.

Una producción que busca valor agregado

Las experiencias realizadas en las condiciones productivas de Misiones permitieron obtener entre 1,5 y 2 kilos de cálices frescos por planta. La relación entre producto fresco y seco es significativa: para obtener un kilo de cálices secos se necesitan aproximadamente cinco kilos de producto fresco. Una vez finalizado el proceso de secado, el material debe conservar una humedad inferior al 9%.

Ese proceso abre una segunda dimensión para la actividad: la transformación. El principal producto comercial son los cálices, pero su utilización no se limita a las infusiones. La rosella puede incorporarse a la elaboración de jarabes, mermeladas, jaleas, salsas, concentrados y colorantes naturales.

También puede combinarse con té o yerba mate, aportando sabor y color. Para una provincia cuya matriz agroindustrial tiene precisamente a la yerba mate y al té entre sus principales cadenas, esa posibilidad permite pensar la rosella no solamente como un nuevo cultivo, sino también como un insumo para desarrollar productos diferenciados.

La especie, además, ya está contemplada por el Código Alimentario Argentino, un aspecto relevante para avanzar desde una producción experimental o de pequeña escala hacia alimentos elaborados con destino comercial.

La oportunidad, en ese sentido, no pasa únicamente por sumar hectáreas. El desafío productivo consiste en construir una cadena que conecte semillas y manejo agronómico con secado, acondicionamiento, transformación y comercialización. Para pequeños productores, esa integración puede ser más relevante que el rendimiento aislado por hectárea.

La experiencia del INTA Cerro Azul aporta en ese punto una base técnica para reducir la incertidumbre inicial. La caracterización de los materiales, la definición de prácticas de implantación y manejo y la evaluación de rendimientos permiten transformar una alternativa todavía incipiente en una opción productiva con parámetros concretos.

Para Misiones, diversificar no implica necesariamente reemplazar sus cadenas tradicionales. La rosella puede ocupar un espacio complementario, especialmente si logra integrarse con la agricultura familiar y con industrias capaces de convertir una materia prima de bajo volumen en productos diferenciados. El próximo paso será determinar si esa oportunidad agronómica puede convertirse, de manera sostenida, en una oportunidad económica.

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Pequeños productores de Arroyo del Medio fortalecen la ganadería como una oportunidad de desarrollo

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Durante décadas, el tabaco fue una de las principales actividades productivas de muchas chacras de Arroyo del Medio. Con el paso de los años, numerosos productores comenzaron a diversificar sus sistemas productivos e incorporar con mayor protagonismo la producción ganadera, una actividad que hasta entonces cumplía principalmente un rol complementario, destinada al autoconsumo o a la venta ocasional de animales. El desafío dejó de ser simplemente criar ganado para pasar a desarrollar una producción más eficiente, capaz de generar ingresos estables y convertirse en uno de los pilares de la economía familiar. Ese proceso de reconversión no implicó solamente aumentar la cantidad de animales, sino también planificar de forma más eficiente para optimizar el uso de los recursos propios y pensar de que forma mejorar la producción.

Un relevamiento realizado sobre cerca de 60 establecimientos del municipio muestra que la mayoría de los productores dispone de entre 25 y 50 hectáreas y rodeos de 25 a 40 animales. Se trata de explotaciones familiares ubicadas en una zona con suelos pedregosos, con fuertes pendientes y limitaciones para la mecanización, donde además muchos productores continúan combinando la ganadería con otras actividades agrícolas para sostener los ingresos del hogar.

Mucho más que tener ganado

La mayoría de estas familias no comenzó de cero en la actividad. Los animales ya formaban parte de la chacra, pero el desafío primordial está puesto en transformar esa producción en un sistema más eficiente y rentable, capaz de ocupar un lugar central dentro de la economía familiar.

“Más allá de que hoy la ganadería está pasando por un buen momento, esta reconversión productiva se viene dando hace mucho tiempo en la zona. La demanda constante de carne, la factibilidad de comercializar en la zona y las características propias del terreno hacen que sea una alternativa muy importante para estos productores”, explicaron Ariel Marastoni y Demetrio Ferreyra extensionista de INTA Cerro Azul.

El diagnóstico permitió identificar que las principales limitaciones no pasan únicamente por la infraestructura o la disponibilidad de recursos económicos. También aparecen dificultades vinculadas a la planificación productiva, al manejo y al aprovechamiento de los recursos forrajeros, escasa subdivisión de potreros, problemas para garantizar agua durante todo el año para los animales y pocas reservas de alimento para afrontar el invierno. A esto se suma que cerca del 90% de los productores no dispone del capital suficiente para realizar inversiones importantes.

“Uno de los problemas principales con que cuentan estos productores es que al tener ya los animales en sus chacras y contar con poca superficie ganadera disponible, esto dificulta realizar los ajustes o correcciones sugeridas que principalmente rondan en mejorar la infraestructura y la oferta forrajera”, señalaron los extensionistas.

Frente a esa realidad, el trabajo de acompañamiento técnico se orientó a promover mejoras graduales y de bajo costo, priorizando aquellas prácticas capaces de generar cambios sostenibles en el tiempo.

Pequeños cambios, grandes transformaciones

Entre las acciones impulsadas se encuentran la división de potreros para mejorar el aprovechamiento de las pasturas, la incorporación de nuevas especies forrajeras con mayor producción, la confección de silos de sorgo y maíz como reserva para el invierno, el fortalecimiento de cañaverales y la construcción de tajamares para asegurar agua de calidad para los animales durante todo el año. A ello se suman capacitaciones sobre planificación en infraestructura, sanidad, reproducción, nutrición y utilización de pasturas.

Según Marastoni y Ferreyra, uno de los principales cambios observados es que los propios productores comenzaron a incorporar estas prácticas a partir de los resultados obtenidos. “Varios productores ya incorporaron nuevas pasturas, empezaron a generar reservas forrajeras, algunos hicieron silos de sorgo y maíz, otros reforzaron sus cañaverales y mejoraron las aguadas. Ellos mismos, al ver los beneficios que van teniendo estos cambios, se animan a incorporar nuevas recomendaciones e innovaciones”, destacaron.

El trabajo articulado con el municipio también facilitó el acceso a maquinarias para la construcción de reservorios de agua y la preparación de suelos destinados a nuevas pasturas o cultivos.

Organizarse para seguir creciendo

Quizás uno de los resultados más significativos del proceso no esté solamente relacionado con la producción, sino con la organización de los propios productores. A medida que fueron compartiendo experiencias y resolviendo problemas comunes, surgió la iniciativa de conformar la primera Asociación Ganadera de Arroyo del Medio.

La propuesta nació de los integrantes del grupo, que comenzaron a visualizar las ventajas de trabajar de manera organizada para realizar compras y ventas conjuntas, acceder a capacitaciones y fortalecer las gestiones necesarias para el desarrollo de la actividad.

“La asociación fue impulsada por los productores. Ellos mismos fueron viendo los beneficios de trabajar juntos y entendieron que muchos de los problemas que enfrentan individualmente pueden resolverse mejor de manera colectiva”, explicaron Marastoni y Ferreyra.

Más allá de los avances logrados hasta el momento, y el camino por seguir recorriendo, esta experiencia aborda un desafío complejo para muchas chacras misioneras: la reconversión productiva, que va mucho más allá de cambiar de actividad. Se trata de cambios complejos, que necesitan de la construcción de nuevas capacidades para planificar, tomar decisiones y gestionar los recursos disponibles. En ese camino, la asistencia técnica, el intercambio de experiencias entre productores y la organización colectiva aparecen como herramientas tan importantes como las mejoras incorporadas en los establecimientos para consolidar una ganadería más eficiente, rentable y sostenible en las pequeñas chacras misioneras.

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Los palitos de yerba mate, de residuo industrial a insumo estratégico

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Un equipo del INTA Cerro Azul desarrolla un biocarbón elaborado a partir de palitos de yerba mate que podría mejorar sustratos, capturar carbono durante más de un siglo y generar una nueva alternativa de agregado de valor para la principal cadena agroindustrial de Misiones.

En una provincia donde la yerba mate concentra buena parte de la actividad agroindustrial, incluso los subproductos comienzan a adquirir un nuevo valor estratégico. Investigadores del INTA Cerro Azul avanzan en el desarrollo de un biocarbón elaborado a partir de los palitos de yerba mate, una biomasa residual que podría convertirse en un insumo de alto valor para la horticultura, la producción de plantines, la recuperación de suelos y las estrategias de mitigación del cambio climático.

La investigación es encabezada por la ingeniera agrónoma y magíster Lorena Bárbaro, quien trabaja en la evaluación del denominado biochar, un material sólido rico en carbono obtenido mediante pirólisis, un proceso térmico que transforma biomasa con una disponibilidad mínima de oxígeno. A diferencia del carbón vegetal convencional, cuyo destino es la combustión, el biocarbón está diseñado para permanecer incorporado al suelo o a sustratos durante décadas, reteniendo carbono y mejorando las condiciones físicas, químicas y biológicas del ambiente donde se aplica.

“El objetivo principal es transformar un descarte de la industria yerbatera en un producto con valor agregado y con beneficios tanto productivos como ambientales”, explicó Bárbaro.

La elección de los palitos de yerba mate no fue casual. Si bien representan apenas entre el 2% y el 5% del volumen industrial procesado, constituyen un flujo constante de biomasa disponible en la provincia. Además, presentan una granulometría particularmente adecuada para su utilización en mezclas de sustratos, permitiendo mantener la porosidad necesaria para una correcta retención de agua y aireación de las raíces.

Actualmente el equipo desarrolla el biocarbón utilizando un horno tipo Kon-Tiki, conocido también como horno de “cortina de llamas”, construido junto a una metalúrgica local. Se trata de una tecnología de bajo costo, adaptable a distintas escalas productivas y ampliamente utilizada en proyectos de biochar a nivel internacional.

Su funcionamiento consiste en incorporar sucesivas capas de biomasa dentro del horno, donde la propia cortina de llamas consume los gases liberados durante la pirólisis y evita el ingreso de oxígeno, condición indispensable para obtener un biocarbón de alta calidad.

“La geometría del horno es determinante. La inclinación permite que el proceso ocurra prácticamente sin oxígeno y eso garantiza una mayor estabilidad del carbono obtenido”, explicó la investigadora.

Antes de avanzar con aplicaciones agronómicas, el material fue sometido a una completa caracterización física y química siguiendo protocolos internacionales. Los resultados mostraron un contenido cercano al 70% de carbono estable y parámetros que cumplen con las normas internacionales para biocarbón de calidad.

Ese aspecto resulta central porque determina la permanencia del carbono en el ambiente. Mientras el carbón utilizado como combustible libera nuevamente dióxido de carbono durante su combustión, el biochar permanece incorporado al suelo durante períodos que pueden superar los cien años, funcionando como un mecanismo de secuestro de carbono.

Pero los beneficios no terminan allí. La estructura microscópica generada durante la pirólisis produce una enorme cantidad de microporos que incrementan significativamente la superficie específica del material. Esa característica le permite retener agua, nutrientes y ofrecer refugio para microorganismos beneficiosos, mejorando las propiedades biológicas del suelo o del sustrato donde se incorpora.

“Esos microporos actúan como reservorios de agua y nutrientes y generan un ambiente favorable para los microorganismos. Desde el punto de vista agronómico, ese es uno de los grandes aportes del biocarbón”, señaló Bárbaro.

La próxima etapa de la investigación estará orientada a evaluar su utilización como componente de sustratos para producción hortícola y plantines. El equipo trabaja inicialmente con mezclas comerciales y posteriormente avanzará hacia formulaciones propias, donde el biocarbón reemplazará parcialmente otros componentes tradicionales.

Uno de los desafíos consiste en determinar la proporción adecuada de incorporación. Debido a su elevado pH, el biocarbón no puede utilizarse como único componente del sustrato. Las primeras evaluaciones indican que porcentajes de entre el 20% y el 30% permiten aprovechar sus beneficios sin alterar el equilibrio químico necesario para el desarrollo de las plantas.

La línea de investigación también dialoga con otros proyectos que el INTA desarrolla sobre nuevos sustratos para sistemas de semihidroponía, donde se buscan alternativas locales para reemplazar insumos importados como la turba. En ese contexto, el biocarbón elaborado con palitos de yerba mate podría convertirse en un complemento estratégico para una horticultura más eficiente y sustentable.

Más allá de las aplicaciones productivas, el proyecto incorpora un componente ambiental cada vez más relevante. La valorización de residuos agroindustriales, la captura de carbono y la economía circular aparecen como ejes que posicionan a este tipo de investigaciones dentro de las nuevas estrategias de adaptación y mitigación frente al cambio climático.

Si las próximas etapas experimentales confirman los resultados obtenidos hasta ahora, un residuo históricamente subutilizado de la industria yerbatera podría convertirse en un nuevo insumo tecnológico desarrollado íntegramente en Misiones, agregando valor a la principal economía regional y abriendo nuevas oportunidades para una agricultura con menor impacto ambiental.

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INTA acelera su ajuste, habilita retiros voluntarios

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El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) oficializó un régimen de retiro voluntario para su personal de planta permanente que estará vigente entre el 4 y el 31 de mayo, con posibilidad de extenderse por otros 15 días. La medida forma parte del proceso de reestructuración del Estado impulsado por el Gobierno nacional y apunta a reducir costos laborales en uno de los organismos técnicos más sensibles para las economías regionales. En Misiones, la decisión genera atención por su impacto potencial sobre la red de asistencia territorial vinculada a la yerba mate, forestación, tabaco, horticultura y agricultura familiar.

La resolución 144/2026 del Consejo Directivo del organismo establece una compensación económica extraordinaria para quienes adhieran al esquema, calculada sobre la base de la antigüedad en planta permanente y con topes según edad.

El dato político detrás de la norma es más profundo que el simple recorte administrativo: el INTA es uno de los pocos organismos nacionales con presencia técnica directa en zonas rurales alejadas de los grandes centros urbanos. En provincias periféricas como Misiones, donde el sistema productivo depende de pequeños y medianos productores, cualquier reducción de personal técnico tiene efectos económicos indirectos sobre competitividad, transferencia tecnológica y productividad.

El ajuste llega a un organismo clave para las economías regionales

El régimen está dirigido exclusivamente a trabajadores de planta permanente con al menos tres años de antigüedad. La gratificación prevista equivale a 1,5 salarios brutos por cada año trabajado, aunque con límites para quienes están próximos a jubilarse.

El esquema excluye a empleados con procesos judiciales, sumarios administrativos o trámites jubilatorios iniciados. También impide el reingreso al sector público nacional durante cinco años para quienes acepten el retiro.

La resolución aparece en un contexto de presión presupuestaria sobre los organismos descentralizados y luego de negociaciones internas entre el INTA, Hacienda y el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado. El propio organismo reconoció que necesitó gestionar una ampliación de partidas para afrontar el costo inicial del programa. El cálculo incorporó aumentos salariales acumulados del 10,3% entre enero y mayo de 2026.

Por qué el impacto en Misiones puede ser mayor que en otras provincias

En distritos metropolitanos, el INTA suele tener un rol más vinculado a investigación y articulación académica. En Misiones, en cambio, el organismo cumple una función territorial crítica.

La experimental Cerro Azul, las agencias de extensión rural y los equipos técnicos que trabajan con cooperativas yerbateras, forestales y tabacaleras son parte del entramado productivo cotidiano. La eventual salida de profesionales con experiencia puede afectar especialmente áreas donde el conocimiento técnico acumulado tarda años en reconstruirse.

La diferencia regional no es menor: La yerba mate depende de asistencia técnica para manejo de suelos, productividad y control sanitario. La forestoindustria utiliza programas del INTA para genética, manejo forestal y agregado de valor. El sector tabacalero trabaja históricamente con esquemas de transferencia tecnológica coordinados entre Nación, provincia y cooperativas. La agricultura familiar, especialmente en zonas de frontera, suele tener al INTA como único soporte técnico estable.

En provincias con fuerte dependencia de economías regionales, el retiro de cuadros técnicos puede generar una pérdida silenciosa de capacidad estatal. No se traduce inmediatamente en conflicto político, pero sí en menor acompañamiento productivo y menor velocidad de innovación.

La señal hacia los organismos descentralizados

La resolución también funciona como señal hacia otros organismos nacionales con fuerte estructura territorial. El Gobierno busca avanzar en una reducción gradual de plantas permanentes evitando despidos masivos y litigios laborales.

El mecanismo elegido apunta a trabajadores con trayectoria extensa y costos salariales altos. Desde la lógica fiscal, el objetivo es bajar gasto estructural de largo plazo. Desde la lógica productiva, el interrogante es cuánto conocimiento institucional puede perderse en el proceso.

En el caso del INTA, el problema no pasa únicamente por cantidad de empleados sino por perfiles técnicos especializados difíciles de reemplazar en el corto plazo. En economías regionales como la misionera, donde la competitividad ya está condicionada por logística cara, presión impositiva y asimetrías fronterizas con Brasil y Paraguay, la reducción de apoyo técnico estatal agrega una variable adicional de incertidumbre.

Lo que empieza a mirar el sector productivo

En cámaras empresariales y cooperativas del NEA la atención está puesta en tres factores: Cuántos técnicos efectivamente adherirán al retiro voluntario. Qué áreas territoriales quedarán más debilitadas. Y si habrá reposición parcial mediante contratos o reestructuración interna.

El punto crítico será la continuidad operativa de los programas de extensión rural y asistencia técnica en territorio. Allí es donde el impacto económico real puede sentirse más rápido.

A mediano plazo, el desafío para Misiones será sostener capacidades técnicas vinculadas a innovación agropecuaria en un contexto donde Nación reduce estructura y las provincias quedan obligadas a cubrir vacíos operativos con recursos propios. El sector privado seguirá de cerca si el ajuste termina siendo únicamente administrativo o si empieza a afectar la competitividad productiva de las economías regionales.

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Pitahaya en Misiones: un cultivo emergente con potencial productivo y comercial

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La pitahaya comienza a posicionarse en Misiones como una alternativa productiva innovadora y de alto valor para la diversificación de las chacras. Aunque todavía se trata de un cultivo incipiente y disperso, las condiciones agroclimáticas de la provincia y el creciente interés de los productores permiten proyectar oportunidades de expansión.

“El cultivo aún no está concentrado en cuencas productivas, pero Misiones presenta condiciones favorables gracias a su clima subtropical, con temperaturas y lluvias adecuadas para su desarrollo”, explicó el Lic. Eric Stolar, investigador del INTA Cerro Azul.

La pitahaya se multiplica principalmente por vía asexual, a partir de cladodios o pencas. Para lograr buenos resultados, se recomienda utilizar material sano, de entre 40 y 50 centímetros, proveniente de plantas vigorosas. La calidad del material es clave, ya que la propagación reproduce las características de la planta madre, tanto sus virtudes productivas como sus posibles debilidades.

Durante la etapa inicial, el manejo de la luz también resulta importante. Las plantas deben mantenerse en condiciones de semisombra, generalmente bajo mallas que reduzcan la radiación, ya que el exceso de sol puede afectar su desarrollo.

En Misiones, el sistema más difundido es el de postes individuales, donde la planta crece hasta la parte superior y forma una copa en forma de “paraguas”. Sin embargo, a nivel internacional comienza a imponerse el sistema en espaldera tipo “T”, que permite aumentar la densidad de plantación, alcanzando entre 5.000 y 6.000 plantas por hectárea, y mejorar la producción total.

La plantación suele iniciarse entre agosto y septiembre. Dependiendo del tamaño del material inicial, la producción puede comenzar al año o año y medio, aunque se estabiliza entre el tercer y cuarto año.

La floración comienza entre fines de octubre y noviembre, y las cosechas se extienden desde diciembre hasta abril o mayo, con varias oleadas productivas.

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