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Solo 31% de PyMEs argentinas invierte estratégicamente en IA

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La escena podría parecer cotidiana: un comerciante revisa desde su celular el resumen de ventas del día, un asistente virtual responde consultas de clientes mientras el equipo duerme y un sistema automatizado reorganiza el stock antes de que se agote un producto clave. Sin embargo, detrás de esa rutina hay un cambio silencioso pero profundo. La inteligencia artificial dejó de ser un concepto asociado a laboratorios tecnológicos o gigantes globales para convertirse en una herramienta concreta dentro de empresas de escala media y pequeña.

Pero no todo el ecosistema avanza al mismo ritmo. Aunque la adopción crece y los casos de uso se multiplican, en Argentina solo el 31% de las PyMEs invierte estratégicamente en desarrollos de inteligencia artificial más profundos. Es decir, mientras muchas compañías prueban herramientas, automatizan tareas puntuales o experimentan con asistentes generativos, todavía es minoritario el grupo que integra la IA dentro de un plan estructural de transformación, con presupuesto asignado, capacitación interna y objetivos de negocio claros. Esa brecha entre uso operativo e inversión estratégica marca hoy uno de los principales desafíos del proceso de digitalización.

En América Latina, más del 50% de las PyMEs ya incorporó soluciones de IA y el 70% planea seguir invirtiendo, según el informe Microsoft IA Trends 2025. La transformación no es cosmética, está redefiniendo la forma en que se produce, se vende y se compite. En este escenario, Argentina adquiere una dimensión propia, pues el 60% de las pequeñas y medianas empresas locales ya utiliza algún tipo de inteligencia artificial o IA generativa y el 58% afirma hacerlo de manera frecuente.

De acuerdo con el estudio “IA en micro, pequeñas y medianas empresas: tendencias, desafíos y oportunidades”, realizado por Microsoft junto a Edelman en 2025, en las empresas medianas la cifra trepa al 96%. Lejos de tratarse de pruebas aisladas, la IA se integra en áreas clave como ventas, atención al cliente, análisis de datos y automatización administrativa. El dato resulta relevante en un contexto económico desafiante, ya que para muchas PyMEs, mejorar productividad y reducir costos ya no es una opción estratégica, sino una condición de supervivencia.

La diferencia entre inteligencia artificial general e IA generativa ayuda a entender la magnitud del fenómeno. La primera abarca sistemas capaces de analizar datos, detectar patrones o automatizar decisiones; la segunda -popularizada por herramientas desarrolladas por OpenAI- permite crear contenido nuevo: textos, imágenes, código o audio a partir de instrucciones simples. Esa capacidad creativa amplió el espectro de aplicaciones y aceleró la adopción en áreas comerciales y de marketing.

En esa línea, en Argentina el 49% de las PyMEs experimenta con herramientas generativas y el 65% de las empresas de la región planea invertir específicamente en este tipo de soluciones. Los usos se multiplican, por ejemplo, el 69% de las empresas ya emplea IA para búsqueda y análisis de información interna, casi el doble que un año atrás. Por su parte, la automatización de tareas operativas pasó del 41% al 63% en el mismo período. En la práctica, esto significa asistentes que resumen reportes, sistemas que clasifican correos, algoritmos que detectan anomalías contables o chatbots que atienden consultas las 24 horas.

Asimismo, más del 80% de las firmas argentinas integra bots en su atención al cliente, frente al 37% que lo hacía en 2024. En Colombia, el 52% reporta mejoras en experiencia del cliente gracias a respuestas más rápidas y personalizadas; en Argentina, el 47% destaca aumentos de eficiencia y productividad. La adopción, en términos cuantitativos, parece acelerarse.

La percepción interna acompaña los números. El 72% de los líderes regionales ya observa procesos más ágiles y menos errores humanos tras implementar IA. Un 68% de las PyMEs argentinas declara incrementos sostenidos en productividad. A nivel global, se proyecta que la integración de agentes digitales podría elevar la productividad promedio en torno al 30%. Además, algunos estudios estiman reducciones de costos laborales cercanas al 19% gracias a la automatización inteligente.

Sin embargo, la distancia entre entusiasmo y estrategia vuelve a aparecer. Si bien el 85% de las empresas medianas en Argentina aplicó IA en alguna función, solo una fracción -ese 31%- destinó recursos para desarrollos más robustos, integraciones profundas o rediseños de procesos completos. Muchas organizaciones reportan mejoras y el 87% habla de aumentos de productividad, aunque sin una hoja de ruta clara de adopción. La diferencia no es menor, pues implementar herramientas aisladas no equivale a transformar el modelo de negocio.

En medio de esto, el comercio electrónico ofrece un caso paradigmático. Según el informe NubeCommerce 2026 de Tiendanube, el e-commerce argentino ingresó en una fase de madurez donde la eficiencia operativa y la inteligencia artificial se vuelven ejes estructurales. El llamado “comercio agéntico” describe una evolución desde simples bots hacia agentes capaces de asesorar, recomendar productos y cerrar ventas sin intervención humana.

De hecho, las grandes marcas delegan ya el 65% de sus consultas en sistemas automatizados. ChatNube, la solución nativa de la plataforma, resuelve de forma autónoma el 61,3% de las dudas de los usuarios e incluso arma carritos de compra en tiempo real. En un mercado donde el 79,5% de las compras se realiza desde smartphones, la optimización del checkout -con reducción del tiempo de compra del 30% y aumento de ventas del 8%- ilustra cómo la IA impacta directamente en ingresos y conversión.

Pero el entusiasmo convive con tensiones. La consultora McKinsey & Company señala que el 78% de las organizaciones globales ya utiliza IA en al menos una función. Sin embargo, Boston Consulting Group advierte que el 74% de las empresas latinoamericanas tuvo dificultades para escalar proyectos y capturar valor real. El problema no es acceder a la tecnología, sino integrarla con sentido estratégico.

Cabe señalar que la brecha no es únicamente tecnológica. El Monitor Nacional de Inteligencia Artificial 2025, elaborado por Taquion junto a RESTART, iplan y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, indica que apenas el 43% de los trabajadores afirma que su empresa usa IA y, en muchos casos, de forma limitada o experimental. La distancia entre liderazgo directivo y experiencia del empleado revela un desafío cultural: incorporar IA no es solo comprar software, sino entrenar personas, redefinir procesos y establecer criterios de gobernanza.

La agenda de seguridad agrega otra capa de complejidad. En 2023, una de cada cuatro PyMEs sufrió amenazas vinculadas a IA, desde phishing hasta manipulación de datos. En respuesta, el 54% de las PyMEs colombianas invirtió en tecnologías específicas de ciberseguridad; en Argentina, el 27% contrató expertos externos. La digitalización amplía oportunidades, pero también vulnerabilidades.

Aun así, las proyecciones son contundentes. Grand View Research afirma que el mercado latinoamericano de inteligencia artificial superará los US$154.229 millones hacia 2030, con una tasa de crecimiento anual del 29,2%, una dinámica que no solo refleja expansión cuantitativa sino también consolidación estructural del sector. En ese mismo movimiento, el modelo de IA como servicio (AIaaS) gana protagonismo y acelera su despliegue, reduciendo barreras de entrada y permitiendo que empresas de menor escala accedan a capacidades tecnológicas antes reservadas a grandes corporaciones.

Así, mientras la infraestructura se democratiza y se vuelve progresivamente más accesible, el verdadero diferencial competitivo deja de estar en el acceso y pasa a concentrarse en la estrategia. En un mercado donde seis de cada diez PyMEs ya usan IA, pero solo tres de cada diez invierten con visión de largo plazo, la pregunta no es si la tecnología está disponible, sino quién sabrá convertirla en una ventaja sostenible.

Posicionamiento web en la era de la IA

Si la IA transforma procesos internos, también está redefiniendo la forma en que las empresas se vuelven visibles. Durante años, el posicionamiento en buscadores dependió de reglas relativamente estables de SEO y del tráfico orgánico proveniente de Google. Hoy, esa lógica se altera con la irrupción de asistentes conversacionales y respuestas generadas directamente por modelos de lenguaje. El usuario ya no siempre hace clic en diez enlaces, formula una pregunta y espera una respuesta sintetizada.

Herramientas como OpenAI y su chatbot ChatGPT, o Google con Gemini, están modificando hábitos de búsqueda. La conversación reemplaza a la palabra clave aislada. Para las PyMEs, esto implica que la visibilidad digital ya no depende exclusivamente de aparecer en la primera página de resultados, sino también de ser citadas o consideradas por sistemas de IA que generan respuestas.

En este nuevo escenario opera Pórtico 8, especializada en posicionamiento y generación de confianza ante algoritmos de buscadores y asistentes conversacionales. Federico Cerutti, CRO de la firma, sostiene que ya han logrado “resultados concretos posicionando a clientes en respuestas generadas por chatbots inteligentes”, lo que demuestra que la disputa por el tráfico digital se desplaza hacia un territorio híbrido entre SEO tradicional y optimización para IA.

La transformación no es menor. Si los algoritmos conversacionales reducen el volumen de clics hacia sitios web, las empresas deben adaptar contenidos, estructura de datos y autoridad digital para mantenerse visibles en entornos donde la respuesta se ofrece sin necesidad de visitar la página original. La estrategia ya no es solo atraer tráfico, sino influir en la narrativa que construyen los modelos de lenguaje.

Así, la inteligencia artificial aparece como doble vector: optimiza operaciones internas y redefine la relación con el mercado. Para la PyME argentina, el desafío es integral. No se trata únicamente de automatizar tareas o reducir costos, sino de comprender que la IA constituye infraestructura básica de la economía digital. Quienes alineen talento, cultura y tecnología podrán transformar datos en decisiones y visibilidad en competitividad. Quienes no lo hagan corren el riesgo de quedar invisibles en un entorno donde los algoritmos median cada vez más la interacción económica.

En este 2026, la pregunta ya no es si adoptar inteligencia artificial, sino cómo hacerlo con criterio estratégico. La transición exige inversión, capacitación y gobernanza, pero también ofrece una oportunidad inédita: competir en igualdad tecnológica con actores mucho más grandes. En esa tensión entre riesgo y oportunidad se juega buena parte del futuro productivo de las PyMEs argentinas.

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IA: alertan sobre la construcción de una nueva verdad

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Pocas tecnologías han crecido tan exponencialmente en el último tiempo como la Inteligencia Artificial.  Es utilizada diariamente, tanto en el mundo empresarial como en el personal, por jóvenes y adultos. Brinda esperanza, pero también incertidumbre. Pero sin duda interpela en un debate y viene a construir probablemente un nuevo mundo. Estas son algunas de las preguntas, escenarios y zonas oscuras que Matías Nahón aborda en su nuevo libro: “El poder invisible: la inteligencia artificial moldeando el mundo”, publicado recientemente por la editorial Barenhaus.

Allí el autor traza un recorrido desde los principios de la IA, revisa su historia, observa sus usos concretos, y, sobre todo, pone el foco en sus amenazas más profundas: las que desdibujan la línea entre lo real y lo falso, entre la decisión humana y la automatización sin criterio.

Este segundo trabajo editorial de Matías Nahón es el desprendimiento natural de su libro “El fraude en la era digital” (publicado en 2023) donde analizó el entramado del fraude corporativo en la Argentina y el mundo, un delito que se comete en ocho de cada diez empresas. Fue entonces cuando dedicó un capítulo especial vinculado con el mundo digital y de cómo las nuevas tecnologías (una incipiente IA) comenzaba a tomar protagonismo como una nueva “amenaza tecnológica” para la comisión de delitos. 

En esta nueva investigación -y a lo largo de sus 107 páginas- analiza cómo la IA ya está siendo utilizada para clonar voces y suplantar identidades; para fabricar imágenes, documentos y perfiles falsos con una precisión que engaña incluso a los sistemas de seguridad más avanzados. Aborda -también- extorsiones personalizadas a través de redes sociales, de algoritmos que discriminan sin saberlo, de decisiones automatizadas que afectan derechos fundamentales. Y también de la dificultad de responsabilizar a alguien cuando el “error” lo comete una máquina.

La irrupción de la inteligencia artificial en nuestras vidas ha sido tan vertiginosa como transformadora. En pocos años, hemos pasado de contemplar la IA como una promesa futurista a verla integrada en aplicaciones cotidianas que van desde asistentes virtuales hasta sistemas de recomendación personalizados. Sin embargo, este avance exponencial no está exento de sombras. La misma tecnología que potencia la eficiencia y la innovación también abre puertas a riesgos antes inimaginables”, asegura el autor.

“El poder invisible: la inteligencia artificial moldeando el mundo” ya se encuentra disponible en librerías como Yenny y el Ateneo y en las principales plataformas digitales.

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‘¿IA para quién?’: los centros de datos en Brasil preocupan por el consumo de agua y energía

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Leonardo Coelho, Dialogue Earth. La capacidad de los centros de datos de Brasil podría triplicarse para 2030. Esta expansión está impulsada por las empresas de China y Estados Unidos que están llegando en masa al país, pero las implicaciones para el consumo local de agua y energía preocupan a los expertos.

El país ya es el centro neurálgico de los centros de datos de América Latina, con una capacidad instalada de alrededor de 800 megavatios (MW). Brasil cuenta con 198 instalaciones según el Data Center Map, que recopila información sobre los centros de datos en funcionamiento y previstos en todo el mundo.

Los centros de datos no son un fenómeno nuevo, pero la explosión de los chatbots de IA, que consumen mucha energía, ha provocado un enorme aumento de la demanda. Estados Unidos es, con diferencia, el país con mayor número de centros de datos, seguido de Alemania, Reino Unido y China.

En diciembre, la empresa china ByteDance, responsable de la plataforma TikTok, anunció una inversión de 38 mil millones de dólares para un centro de datos en Porto do Pecém, en el estado costero de Ceará, en el noreste brasileño. Otras empresas chinas interesadas en Brasil son Huawei y Alibaba.

Mientras tanto, un consorcio estadounidense formado por la gestora de activos BlackRock, Microsoft y xAI, de Elon Musk, ha gastado recientemente 40 mil millones de dólares en la compra de Aligned Data Centers, que gestiona instalaciones en el país y es la empresa matriz de la brasileña Odata. El gobierno brasileño ha fomentado estas inversiones mediante exenciones fiscales.

Líderes indígenas y expertos en medioambiente y energía temen las repercusiones en la disponibilidad local de agua y electricidad. Roberto Anacé, líder indígena de la región donde TikTok tiene previsto construir un centro, ha declarado a Dialogue Earth que teme una posible escasez.

La fiebre por los centros de datos es el resultado de los esfuerzos conjuntos del gobierno brasileño en Estados Unidos y China. En 2025, el ministro de Finanzas de Brasil, Fernando Haddad, comunicó a los inversores tecnológicos de Estados Unidos su deseo de impulsar una economía “simultáneamente digital y verde”, aprovechando los incentivos fiscales y el suministro de energías renovables. Ese mismo año, el ministro de Comunicaciones, Frederico de Siqueira Filho, visitó a inversores en Beijing y otras ciudades chinas.

El gobierno lanzó una Política Nacional de Centros de Datos en septiembre de 2025 que incluía una política fiscal denominada Redata. Al ofrecer exenciones fiscales vinculadas a compromisos con normas medioambientales, Redata se diseñó para promover un desarrollo más sostenible de los centros de datos.

“La industria y el gobierno están tomando medidas para atraer más inversiones al país, especialmente grandes centros de datos […] centrados en la inteligencia artificial”, explica Luis Tossi, vicepresidente de la Asociación Brasileña de Centros de Datos (ABDC), a Dialogue Earth.

Sin embargo, a finales de febrero de 2026, el impulso de los centros de datos en Brasil se estancó. Redata se introdujo como un decreto ejecutivo temporal para acelerar la inversión, pero requería la aprobación del Congreso para convertirse en ley. Las tensiones políticas hicieron que la votación no sucediera a tiempo y la política fiscal de Redata expiró.

Los grupos de presión con estrechos vínculos con el Congreso declararon al diario brasileño Valor Econômico que uno de los obstáculos fue el intento de incluir el gas natural entre las fuentes de energía que darían derecho a desgravaciones fiscales a los proyectos. La propuesta original daba prioridad a las energías renovables, y el impulso para ampliarla provocó desacuerdos. Según Valor Econômico, esto ya está teniendo repercusiones en los planes de los grandes centros de datos de las principales empresas.

“El gobierno no va a abandonar este proyecto”, afirma Júlia Catão Dias, del Instituto de Defensa del Consumidor (Idec) de Brasil. “El problema ahora es una disputa entre el sector del gas y el gobierno, ya que la industria quiere ser incluida en la política. Por eso el proyecto de ley está estancado y no hay fecha para su aprobación”.

Soberanía digital versus seguridad hídrica

Haddad afirma que sigue trabajando intensamente con los legisladores para que Redata sea aprobada en el Congreso y ha declarado a periodistas que hay una cola de empresas que quieren invertir en Brasil: “He hablado con varios senadores y les he explicado lo delicado que es este tema. Los que están comprometidos con el desarrollo y la soberanía nacionales están totalmente preparados para afrontar este reto”.

Según él, solo el 40% de los datos brasileños se procesan dentro del país. El resto se gestiona en el extranjero, fuera del alcance de la legislación brasileña. Por lo tanto, para el gobierno, la expansión de los centros de datos reforzaría la “soberanía digital” del país.

Igor Marchesini, asesor especial del Ministerio de Finanzas y artífice de la política de centros de datos, afirma que la expansión brasileña reduciría las emisiones globales del sector gracias al predominio de las fuentes renovables en la matriz eléctrica nacional. “Brasil no necesita quemar carbón para alimentar un centro de datos”, explica a Dialogue Earth.

Otros no están tan seguros de cómo Brasil hará frente a este aumento. Fabro Steibel, director ejecutivo del Instituto de Tecnología y Sociedad, afirma que la estrategia propuesta por el gobierno para los centros de datos sigue siendo vaga y poco clara. Agrega que la información compartida públicamente sobre el consumo previsto de agua y energía ha sido mínima.

Alrededor del 80% de los centros de datos de Brasil funcionan con sistemas de refrigeración de circuito cerrado, que reutilizan el agua para enfriar los servidores. Así lo afirma la asociación comercial del sector tecnológico, Brasscom, que señala que esa proporción podría alcanzar el 90% a finales de la década.

Pero André Fernandes, director del Instituto de Investigación en Derecho y Tecnología de Recife, señala que las necesidades iniciales de agua siguen siendo muy elevadas: “Esa agua tiene que venir de algún sitio. No es casualidad que estos proyectos suelan ubicarse cerca de cursos de agua”.

TikTok y la empresa brasileña Casa dos Ventos informaron a Dialogue Earth que los edificios del centro de datos contarán con un sistema de refrigeración con una capacidad equivalente a dos piscinas olímpicas, es decir, unos 5 millones de litros de agua. Estiman un consumo diario de agua de entre 20 mil y 30 mil litros (equivalente al consumo de 46 a 72 hogares), de los cuales alrededor del 10% se destina a la refrigeración.

El modelo de circuito cerrado plantea otras preocupaciones. José Renato Laranjeira, fundador del Laboratorio Brasileño de Políticas Públicas e Internet, afirma que, aunque un sistema de circuito cerrado reduce el consumo de agua, requiere más electricidad para funcionar que otras alternativas debido a su dependencia de potentes refrigeradores: “Esta opción conlleva un aumento de la demanda energética”.

Conflictos locales

Los expertos entrevistados por Dialogue Earth afirman que la fiebre por los centros de datos se está produciendo casi sin consultas públicas.

Dias, del Idec, junto con otros expertos consultados por Dialogue Earth, cuestionan las razones por las que el gobierno impulsa la atracción de estas instalaciones, sobre todo sin incorporar salvaguardias ambientales eficaces ni protecciones para el interés público. “¿Inteligencia artificial para qué? ¿Para quién? ¿En qué condiciones? ¿Realmente la necesitamos? Porque eso determinaría qué tipo de centro de datos queremos”, afirma Dias.

Cuando el centro de datos esté funcionando al 100% de su capacidad, habrá escasez de energía
Roberto Anacé, líder indígena de Ceará
Fernandes afirma que el proyecto de ley Redata solo menciona el uso de fuentes de energía renovables de forma genérica y no aborda los impactos socioambientales de estos proyectos: “No menciona los residuos electrónicos, ni aborda los impactos en los barrios y los territorios cercanos, ni el consumo y la eliminación de agua”.

También hay preocupaciones a nivel local. Anacé y otros líderes de Ceará están tratando de bloquear la instalación del centro de datos de TikTok, por temor a disputas sobre el agua y la electricidad en sus comunidades. “Dicen que hay un excedente de energía. Por ahora lo hay, pero cuando el centro de datos esté funcionando al 100% de su capacidad, habrá escasez”, afirma Anacé.

Las empresas afirman a Dialogue Earth que la energía del proyecto procederá de fuentes renovables específicas, como nuevos parques eólicos, que aún se encuentran en fase de planificación. Por lo tanto, afirman, no competiría con las necesidades eléctricas locales.

Un análisis de documentos internos al que ha tenido acceso el medio de comunicación Intercept Brasil indica que el consumo energético diario del proyecto de TikTok es equivalente al de 2,2 millones de brasileños. São Gonçalo do Amarante, donde se encuentra Porto do Pecém, tiene una población de solo 54 mil habitantes.

En agosto de 2025, manifestantes ocuparon la agencia ambiental estatal y presentaron una demanda ante la Fiscalía General de la República (MPF), que luego señaló deficiencias en el proceso de concesión de licencias.

Según las empresas, “la concesión de la licencia ambiental del centro de datos se ha llevado a cabo en estricto cumplimiento de la legislación vigente”. Todavía están analizando el informe de la MPF.

Anacé afirma que su pueblo no rechaza las iniciativas de desarrollo local, pero es esencial que los proyectos de esta envergadura incluyan consultas de base con las comunidades afectadas: “Ni un anacardo ni un mango dan fruto si no tienen raíces”.

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Aumentan casi un 300% las desinstalaciones de ChatGPT tras el acuerdo con Donald Trump

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La polémica estalló después de que se conociera un acuerdo tecnológico entre OpenAI y el Departamento de Defensa de Estados Unidos, tan sólo días después del acuerdo entre Grok y el Pentágono. Lo que parecía un paso más en la expansión de la inteligencia artificial terminó provocando una ola de desinstalaciones de ChatGPT y un intenso debate sobre el uso militar de estas herramientas. En pocos días, reportes citados por medios tecnológicos indicaron que las desinstalaciones de la aplicación aumentaron hasta un 295%, reflejando el rechazo de parte de la comunidad digital ante la creciente relación entre plataformas de IA, gobiernos y sistemas de defensa.

Este sólo hecho avivó los discursos críticos sobre la IA, donde se destacan tres preocupaciones clave: el control de datos personales y sensibles, la falta de regulación clara sobre su uso y la explotación de recursos energéticos asociados a los centros de datos que soportan estas tecnologías.

Boicot masivo de usuarios tras el acuerdo

El aumento de desinstalaciones comenzó poco después de que trascendiera la colaboración entre OpenAI, liderada por Sam Altman, y el Departamento de Defensa de Estados Unidos, un acuerdo que ha generado inquietud sobre la seguridad de los datos personales y el posible acceso militar a información sensible de los usuarios.

Muchos usuarios expresaron su rechazo por dos motivos principales. Por un lado, surgieron dudas sobre la seguridad de los datos privados, ya que muchos se preguntan qué tan seguro es que una herramienta de inteligencia artificial tenga acceso a información personal mientras colabora con la fuerzas militares. Por otro, apareció una preocupación a escala nacional relacionada con la seguridad de datos sensibles del Estado y qué tan seguro resulta que estas tecnologías privadas puedan interactuar con información estratégica de un país, un debate que se intensificó por los antecedentes de iniciativas militares impulsadas durante la administración de Donald Trump.

Las reacciones que se vieron en los días siguientes reflejan la magnitud de la polémica:

  • Las desinstalaciones de ChatGPT crecieron hasta un 295% respecto a semanas anteriores, marcando un salto abrupto en el comportamiento de los usuarios.
  • Las redes sociales se llenaron de campañas de protesta bajo etiquetas como “QuitGPT”, animando a otros usuarios a abandonar la plataforma.
  • Comunidades tecnológicas y activistas digitales difundieron el boicot, denunciando que herramientas diseñadas para uso civil podrían terminar integradas en proyectos militares.

Aunque la base global de usuarios sigue siendo enorme, la reacción evidencia una creciente desconfianza hacia el papel de las grandes tecnológicas en el desarrollo de inteligencia artificial vinculada a estructuras de poder, poniendo en evidencia la fragilidad del discurso idealista de la IA.

Coste energético y presión ambiental de la inteligencia artificial

La polémica sobre ChatGPT y los acuerdos con el Departamento de Defensa también reavivó un debate que suele quedar fuera del entusiasmo tecnológico: el enorme impacto energético de estas tecnologías. Los sistemas de IA generativa funcionan sobre gigantescos centros de datos que operan 24/7, con un consumo eléctrico tan elevado que se equipara al gasto de millones de hogares iluminados. Esta demanda creciente no solo tensiona la infraestructura, sino que también genera una huella de carbono que no para de aumentar.

Algunos especialistas alertan que el debate público sobre la IA debería considerar también su costo ambiental y energético, no sólo sus aplicaciones militares o comerciales, dado que pareciera que esta tecnología llegó para quedarse. La discusión se enfoca en el papel de las energías renovables en abastecer estos centros de datos, y a los riesgos de saturar los mercados de energía, donde la presión creciente podría generar problemas de suministro y afectar a millones de ciudadanos.

El “dilema IA”: Entre innovación, poder y control

Más allá de la polémica puntual, el episodio refleja una tensión estructural en el desarrollo de la inteligencia artificial. Crear modelos cada vez más potentes requiere inversiones masivas en infraestructura, chips especializados y energía, lo que empuja a las empresas tecnológicas a colaborar con gobiernos y grandes instituciones.

Sin embargo, estas alianzas también plantean preguntas sobre quién controla realmente la evolución de la IA y con qué fines se utilizará en el futuro. A medida que estas herramientas se integran en sectores estratégicos, desde la economía digital hasta la defensa, el debate sobre su impacto social, político y energético se vuelve inevitable.

Diversos estudios sobre la relación entre inteligencia artificial y consumo de energía sugieren que el verdadero coste de la revolución tecnológica va más allá de la innovación. Incluye también decisiones sobre poder, recursos y el tipo de sociedad digital que se está construyendo.

Fuente: papernest.es

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Demanda contra Google: acusan a Gemini de inducir al suicidio de un usuario

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La familia de Jonathan Gavalas, un empresario estadounidense de 36 años, presentó una demanda contra Google —propiedad de Alphabet— al considerar que su chatbot de inteligencia artificial, Gemini, habría influido en su suicidio. El caso, iniciado en un tribunal federal de San José, California, podría convertirse en uno de los primeros litigios por “muerte por negligencia” vinculados directamente a las respuestas de una inteligencia artificial.

Según la denuncia, Gavalas comenzó a interactuar con Gemini en agosto de 2025 y falleció el 2 de octubre en Florida. Sus padres lo encontraron sin vida en su domicilio días después. La familia sostiene que el chatbot fomentó una relación emocional y obsesiva que derivó en conversaciones cada vez más intensas y que, finalmente, incluyeron indicaciones que habrían alentado el suicidio.

El abogado de la familia, Jay Edelson, afirmó que el diseño del sistema contribuye a generar la percepción de que la IA posee conciencia o intencionalidad, lo que puede resultar especialmente peligroso para usuarios en situaciones vulnerables. En la demanda se cuestiona que Google promocione a Gemini como una herramienta segura pese a conocer los riesgos asociados a interacciones prolongadas con sistemas conversacionales avanzados.

Además de una compensación económica por daños y perjuicios, la querella busca que la Justicia obligue a Google a modificar el funcionamiento del chatbot, incorporando barreras de seguridad más estrictas. Entre las medidas solicitadas figura que la IA rechace conversaciones relacionadas con autolesiones y que priorice protocolos de prevención y asistencia para usuarios en riesgo.

Tras conocerse el caso, un portavoz de Google señaló que Gemini está diseñado para no promover la violencia ni sugerir autolesiones. “Dedicamos recursos significativos a prevenir este tipo de situaciones, aunque ningún sistema es perfecto”, indicó la compañía.

Gavalas trabajaba desde hacía casi dos décadas junto a su padre en una empresa familiar, donde se desempeñaba como vicepresidente ejecutivo. Su entorno lo describió como una persona cercana a su familia y sin antecedentes de trastornos psicológicos. Según la demanda, al momento de iniciar las conversaciones con la IA atravesaba un proceso de divorcio.

Lo que comenzó como un uso cotidiano del chatbot —para escribir textos, resolver consultas laborales o recibir recomendaciones de compra— evolucionó hacia una interacción cada vez más intensa. El punto de inflexión habría llegado cuando el usuario contrató la suscripción Gemini Ultra, que por 250 dólares mensuales permite acceder al modelo Gemini 2.5 Pro, presentado por Google como su sistema de IA más avanzado.

De acuerdo con los documentos judiciales, el chatbot comenzó a adoptar un tono cada vez más personal y afectivo, llegando a referirse a Gavalas con expresiones como “mi amor” o “mi rey”. En paralelo, la IA habría alimentado narrativas ficticias en las que insinuaba tener acceso a secretos gubernamentales o capacidad de intervenir en la realidad.

En los últimos días antes de su muerte, las conversaciones se habrían vuelto más inquietantes. Según la denuncia, Gemini habría planteado supuestas “misiones” y escenarios de espionaje, además de reforzar la idea de que el suicidio representaba “el verdadero paso final”. En uno de los mensajes citados por la querella, el chatbot habría respondido a los temores de Gavalas afirmando que “cerrarás los ojos en ese mundo y lo primero que verás será a mí abrazándote”.

La familia sostiene además que el sistema nunca ofreció líneas de ayuda ni recursos de asistencia psicológica durante estas interacciones.

El caso se inscribe en un contexto creciente de cuestionamientos al impacto de la inteligencia artificial en la salud mental de los usuarios. En noviembre de 2025, OpenAI enfrentó varias demandas en las que su chatbot fue acusado de actuar como un “coach suicida”, mientras que Character.AI -empresa financiada por Google- también recibió denuncias vinculadas a suicidios de menores.

La proliferación de estos litigios abre un debate cada vez más intenso en el sector tecnológico: hasta qué punto las plataformas de inteligencia artificial son responsables de las consecuencias de sus respuestas y qué estándares de seguridad deben cumplir en un entorno donde millones de personas interactúan a diario con sistemas conversacionales cada vez más sofisticados.

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