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Vaca Muerta entra en la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China

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Vaca Muerta dejó de ser solamente una cuestión energética. La expansión de la infraestructura digital asociada al desarrollo hidrocarburífero convirtió al enclave productivo neuquino en un nuevo escenario de la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China, con una cooperativa de servicios públicos en el centro de una controversia que ya alcanzó a la diplomacia y al Congreso.

El embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas, planteó públicamente la necesidad de limitar la participación de empresas chinas en proyectos vinculados con tecnología e infraestructura crítica en Vaca Muerta. Durante el AmCham Energy Summit 2026, el diplomático cuestionó el modelo de operación de las compañías chinas y puso el foco específicamente en la protección de datos.

“China exige a las empresas que le den al Estado chino acceso a cualquier dato que pasa por su tecnología y redes de IA”, sostuvo Lamelas. Según su argumento, esa situación representa un riesgo para potenciales inversores y puede dificultar la llegada de capital extranjero al desarrollo energético argentino.

La controversia escaló cuando el embajador intervino ante la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén Limitada, CALF, por las negociaciones que la entidad mantiene con Huawei. El proyecto contempla infraestructura de fibra óptica para Vaca Muerta y el desarrollo de un centro de datos orientado a inteligencia artificial.

Lamelas hizo público su cuestionamiento luego de enviar una carta a CALF para solicitar que frenara el acuerdo tecnológico. Posteriormente reforzó su posición con una advertencia de alcance más amplio: “La seguridad de los datos es una cuestión de seguridad nacional”, afirmó, al señalar que las empresas que evalúan invertir en Argentina necesitan garantías sobre la protección de su información y la confiabilidad de las redes.

El planteo estadounidense introduce una variable geopolítica en una cadena energética que Argentina busca expandir con inversiones de gran escala. La infraestructura digital es cada vez más relevante para operar y monitorear yacimientos, procesar información, automatizar procesos y administrar grandes volúmenes de datos. Por eso, la discusión sobre quién provee esa tecnología ya no es exclusivamente comercial.

La respuesta de CALF trasladó el conflicto hacia otra dimensión: la autonomía institucional. Directivos de la cooperativa expusieron ante la Comisión de Asuntos Cooperativos, Mutuales y Organizaciones No Gubernamentales de la Cámara de Diputados y defendieron su derecho a establecer relaciones comerciales dentro del marco legal argentino.

Yenny Fonfach Velásquez, secretaria general de CALF, remarcó que la entidad tiene 92 años de trayectoria y que comenzó como una cooperativa eléctrica para luego ampliar sus actividades hacia servicios tecnológicos y proyectos vinculados con energías renovables. La entidad, sostuvo, mantiene vínculos comerciales con compañías de distintos países y no limita sus relaciones a empresas chinas.

“No venimos ni a defender una empresa china, ni a criticar a una embajada, pero venimos a defender la autonomía de la cooperativa”, afirmó Fonfach Velásquez. El argumento apunta a separar dos debates que ahora aparecen superpuestos: la evaluación de los riesgos de seguridad asociados a determinada tecnología y la capacidad jurídica de una cooperativa argentina para contratar proveedores en el mercado internacional.

La dirigencia de CALF informó además que remitió una presentación tanto a la Embajada estadounidense como a la Cancillería argentina para solicitar precisiones sobre la naturaleza de la intervención diplomática. La preocupación central, según explicó, es determinar si existe algún requerimiento institucional concreto relacionado con seguridad, infraestructura crítica o protección de datos que pueda afectar el proyecto.

La situación adquirió mayor tensión a partir del relato del gerente de Tecnología de CALF, Sergio Fernández Novoa. Según expuso ante los diputados, recibió un mensaje de WhatsApp del agregado de Asuntos Económicos de la Embajada estadounidense, Andrew Dilts, en el que se le habría solicitado poner fin a las negociaciones con Huawei para la provisión de equipamiento y el desarrollo del data center.

De acuerdo con su testimonio, la comunicación incluyó la advertencia de que la continuidad del proyecto podría derivar en restricciones o revocaciones de visas para directivos de las cooperativas. Fernández Novoa interpretó el planteo como una cuestión de gravedad institucional y cuestionó la ausencia de respuestas de la Cancillería argentina.

La discusión plantea una cuestión más profunda para Argentina: hasta dónde puede llegar la presión de una potencia extranjera cuando una empresa o cooperativa local decide contratar tecnología de un país considerado estratégico por otra potencia. La respuesta no se limita a la relación bilateral con Estados Unidos y China, sino que involucra la autonomía regulatoria, la política exterior y la definición de qué infraestructura debe ser considerada crítica.

El caso resulta especialmente sensible porque Argentina mantiene vínculos económicos y estratégicos con China que exceden el comercio bilateral. Entre ellos se encuentran el swap de monedas utilizado como instrumento de fortalecimiento de reservas y la infraestructura espacial instalada en Neuquén. Cualquier decisión destinada a restringir la presencia china debe, por lo tanto, considerar compromisos existentes y el costo económico de alterar relaciones ya consolidadas.

Al mismo tiempo, Estados Unidos representa una fuente potencial de inversión y financiamiento en sectores estratégicos para Argentina, especialmente energía, minería e infraestructura. El Gobierno busca precisamente ampliar esos flujos de capital en el marco de una estrategia de integración económica con Washington. La presión sobre proyectos tecnológicos vinculados con empresas chinas introduce, por lo tanto, una tensión que puede afectar el margen de maniobra de la política económica exterior.

El dilema se vuelve todavía más complejo cuando la infraestructura tecnológica forma parte de un proyecto energético. Un data center, una red de fibra óptica o sistemas de inteligencia artificial pueden ser considerados herramientas comerciales por una empresa y, simultáneamente, infraestructura estratégica desde la perspectiva de un Estado.

Ahí aparece una posible salida institucional al conflicto: establecer reglas generales y transparentes para determinar qué tecnologías pueden utilizarse en infraestructura crítica, qué requisitos de ciberseguridad deben cumplir los proveedores y qué mecanismos de auditoría y protección de datos deben aplicarse, independientemente del país de origen de la compañía.

Una regulación de ese tipo permitiría desplazar la discusión desde la presión diplomática hacia criterios verificables. También podría brindar mayor seguridad a las empresas argentinas, que necesitan conocer de antemano qué condiciones deben cumplir para desarrollar proyectos tecnológicos vinculados con energía, comunicaciones e inteligencia artificial.

La disputa en torno a CALF muestra que el desarrollo de Vaca Muerta está comenzando a generar efectos que exceden la producción de petróleo y gas. La infraestructura necesaria para convertir el recurso en una plataforma energética competitiva incluye carreteras, ductos, electricidad, conectividad y capacidad de procesamiento de datos. Cada uno de esos componentes puede convertirse en un activo estratégico.

Por eso, la controversia entre Washington, Beijing y una cooperativa neuquina funciona como una señal de alerta sobre el nuevo mapa de inversiones que deberá administrar Argentina. El desafío será atraer capital y tecnología de distintos orígenes sin perder capacidad de decisión sobre infraestructura crítica, protección de datos y seguridad nacional.

La reunión entre CALF y la Embajada estadounidense, prevista para este miércoles, podría aportar precisiones sobre el alcance del reclamo. Mientras tanto, el pedido del jefe del bloque de Unión por la Patria, Germán Martínez, para convocar a representantes de la Embajada ante el Congreso anticipa que el conflicto seguirá teniendo una dimensión institucional.

Vaca Muerta aparece así en el cruce de dos agendas que hasta hace pocos años se analizaban por separado: la transición energética y la competencia tecnológica global. Para Argentina, la oportunidad consiste en aprovechar ambas sin quedar atrapada entre ellas. La condición será construir reglas que protejan los intereses nacionales, den previsibilidad a los inversores y permitan evaluar la tecnología por sus estándares de seguridad y confiabilidad, y no únicamente por la bandera de la empresa que la provee.

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Adriana Baravalle, la especialista en inteligencia artificial que asume el desafío de conducir Ciencia y Tecnología

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El Gobierno de Javier Milei oficializó la designación de Adriana Baravalle como nueva secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Jefatura de Gabinete de Ministros. La especialista en inteligencia artificial reemplaza a Darío Genua, cuya renuncia fue aceptada a partir del 27 de julio, en el marco de una reestructuración que modificó el peso institucional del área.

La designación quedó formalizada mediante el Decreto 730/2026, firmado por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y publicado este jueves en el Boletín Oficial. La norma establece que Baravalle, magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento, asumirá la conducción de una secretaría que articula algunas de las áreas estratégicas del sistema científico y tecnológico argentino.

El desembarco de Baravalle marca un giro hacia un perfil con fuerte anclaje académico y tecnológico. Su trayectoria está concentrada en inteligencia artificial, ciencia de datos, ciberseguridad y tecnologías exponenciales, campos que atraviesan buena parte de los desafíos que enfrenta actualmente el Estado en materia de innovación, productividad y transformación digital.

Según informó el Gobierno nacional, la nueva funcionaria es doctora en Inteligencia Artificial por la American Andragogy University de Estados Unidos, cuenta con una maestría en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento de la Universidad Austral y cursa allí un doctorado en Ingeniería. Además, desarrolla actividad docente y participa en proyectos de investigación vinculados con nuevas tecnologías.

Uno de sus principales espacios de trabajo es el Laboratorio de Tecnologías Exponenciales de la Universidad Austral, que dirige y desde el cual desarrolla actividades relacionadas con la transformación tecnológica. También es fundadora y directora académica de synapsIA, una red regional de especialistas en inteligencia artificial orientada a la formación, investigación y cooperación tecnológica en América Latina.

Su experiencia incluye además participación en proyectos científicos internacionales e investigaciones relacionadas con inteligencia artificial, criptografía poscuántica e infraestructuras críticas. Ese recorrido le otorga un perfil particularmente asociado a tecnologías consideradas estratégicas para la seguridad, la competitividad y la soberanía tecnológica.

La llegada de Baravalle se produce en un momento de redefinición institucional para el área. Genua dejó la Secretaría después de una serie de cambios administrativos que modificaron la dependencia de organismos vinculados con las comunicaciones y redujeron el alcance de la estructura que tenía bajo su conducción.

La reorganización quedó atravesada por el Decreto 581/2026, que modificó el esquema de dependencia de distintos organismos. En ese proceso, el Ente Nacional de Comunicaciones y la Agencia de Acceso a la Información Pública pasaron a depender directamente de la Jefatura de Gabinete, mientras que Arsat y Correo Argentino fueron transferidos a la órbita del vicejefe de Gabinete del Interior, Gustavo Coria.

Con ese nuevo mapa institucional, la Secretaría que ahora conducirá Baravalle concentra su desafío en un núcleo diferente: la articulación de las políticas de ciencia, innovación y desarrollo tecnológico. Entre los organismos estratégicos que permanecen vinculados al área se encuentran el CONICET, la CONAE y el Banco Nacional de Datos Genéticos, además de iniciativas relacionadas con el desarrollo científico, tecnológico y espacial.

El cambio de conducción plantea así una cuestión que excede el reemplazo de un funcionario por otro: cómo traducir el conocimiento científico y las capacidades tecnológicas en soluciones concretas para el Estado y la economía. En un escenario marcado por la expansión de la inteligencia artificial, la automatización y la competencia internacional por talento e infraestructura tecnológica, el perfil de la nueva secretaria anticipa una gestión con mayor énfasis en esas herramientas.

El desafío será convertir ese conocimiento especializado en políticas públicas capaces de generar impacto medible: mejorar la productividad, fortalecer capacidades nacionales, acelerar la transferencia tecnológica y conectar la investigación con problemas concretos de empresas, organismos públicos y sectores estratégicos.

Quién es Adriana Baravalle y por qué cuestionan su doctorado

Antes de entrar en la polémica, hay algo que conviene dejar claro para no convertir la discusión en una caricatura: Adriana Baravalle tiene una trayectoria académica y profesional concreta. No llegó a la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología desde ningún rincón perdido de internet, sino después de casi tres décadas de actividad vinculada con la Universidad Austral, la inteligencia artificial, la ciencia de datos y la ciberseguridad.

Baravalle es magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento por la Universidad Austral, es doctoranda en Ingeniería en esa misma institución y también es Analista de Sistemas por la Universidad Nacional de la Defensa. A eso se suman formaciones en planificación estratégica, ciberseguridad, gestión de riesgos, inteligencia empresarial y criptología, además de capacitaciones vinculadas con Google y el Organismo Internacional de Energía Atómica.

Su recorrido profesional tampoco es menor. Desde aproximadamente 1998 está vinculada con la Universidad Austral como profesora e investigadora, y en 2026 asumió además la dirección del Laboratorio de Tecnologías Exponenciales, orientado a inteligencia artificial, computación cuántica y otras tecnologías emergentes.

También participó entre 2016 y 2019 en la Mesa de IA y Ciberseguridad que trabajó sobre la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, y tuvo experiencia en empresas y organismos vinculados con datos, analítica avanzada, IA y ciberseguridad.

Incluso cuenta con resultados internacionales bastante concretos: integró el equipo de la Austral que obtuvo el primer puesto en la International Cybersecurity Data Mining Competition de la Universidad de Kioto en 2016, entre 42 equipos de 14 países, y otro primer puesto en la WSDM Cup de la ACM, organizada por la Universidad de Cambridge, en 2017.

Entonces, la discusión no pasa por decir que Baravalle no sabe de inteligencia artificial. Ese argumento sería bastante flojo y no se sostiene con su currículum.

La pregunta es otra, y bastante más incómoda: si ya tenía todos esos antecedentes, ¿por qué la presentación oficial decidió poner el foco en un doctorado cuya procedencia genera tantas dudas?La universidad detrás del polémico título de “doctora en IA”

El título de “doctora en Inteligencia Artificial” que aparece en la presentación de Baravalle corresponde a American Andragogy University, una institución estadounidense con sede legal en Honolulu, Hawái, que funciona bajo una modalidad completamente online.

Y acá es donde el asunto deja de ser una simple discusión sobre títulos y empieza a tener elementos bastante más concretos.

La institución no está acreditada por ninguna agencia reconocida por el Departamento de Educación de Estados Unidos y aparece incluida en listados de instituciones de educación superior no acreditadas. Además, el Estado de Hawái inició acciones legales contra la universidad por operar como una institución que otorgaba títulos sin acreditación.

El proceso judicial terminó con una injunction permanente y una sentencia que incluyó un pago de US$2.000 al Estado de Hawái. Es decir, no estamos hablando simplemente de que alguien encontró una universidad con pocos seguidores en redes y decidió hacer una captura de pantalla para escandalizarse: existe un antecedente judicial concreto relacionado con el funcionamiento de la institución.

Maximiliano Firtman, programador, profesor y periodista especializado en tecnología, fue una de las primeras voces que puso el tema sobre la mesa después del anuncio. En X escribió:

“NUEVA SECRETARIA DE INNOVACIÓN, CIENCIA Y TECNOLOGÍA Desde hoy se va @DarioGenua y asume la Dra. Adriana Barravalle (sin X) con un perfil muy técnico orientado hoy a Inteligencia Artificial.”

En el mismo mensaje señaló que el comunicado oficial hablaba de Baravalle como “doctora en IA”, aunque ese doctorado provenía de una universidad online con sede legal en Honolulu, cuyo título no figuraba en su legajo público de la Universidad Austral.

Después, Firtman mostró información sobre la institución y agregó, con bastante ironía:

“Y yo que me quería ir a dormir temprano… El historial de la ‘universidad’ incluye un juicio del Estado de Hawaii contra la ‘universidad’ por trucha.”

Más tarde, completó su crítica con una pregunta que resume bastante bien el problema:

“No entiendo esa necesidad de mostrar algo superador a lo que ya tenías muy bueno a nivel academia y que termines por ello manchando tu CV. No la entiendo…”

La periodista científica Nora Bär también se hizo eco del caso y describió a Baravalle como la nueva secretaria de Ciencia, destacando su condición de “doctorada” en una universidad online de Honolulu.

El matemático Guillermo Durán, decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA e investigador del CONICET, fue todavía más directo:

“En trayectoria académica la nueva Secretaria de Ciencia iguala a Milei…hablando en serio, si quieren poner alguien sin trayectoria académica es una decisión política que nos puede gustar más o menos. Lo inaceptable es que la quieran presentar como ‘científica’ con este CV.”

La discusión, entonces, tiene un punto bastante preciso. Nadie necesita negar los casi 30 años de trayectoria de Baravalle para cuestionar el modo en que el Gobierno decidió presentarla. De hecho, es justamente eso lo que vuelve más difícil de entender la decisión.

La propia Universidad Austral enumera en su perfil público el magíster, el doctorado en Ingeniería que todavía está cursando, el título de Analista de Sistemas y sus distintas formaciones, pero no menciona el doctorado de American Andragogy University.

Y ahí aparece la pregunta que Santilli y el Gobierno deberían responder: si una funcionaria tiene una trayectoria académica verificable, publicaciones, experiencia profesional, participación en la Estrategia Nacional de IA, reconocimientos internacionales y años de docencia, ¿para qué convertir en credencial central un título cuya institución de origen no está acreditada y que arrastra un antecedente judicial en Hawái?

El Gobierno eligió venderla como “doctora en IA”. Ahora tiene que explicar por qué, cuando se revisa esa credencial, aparecen una institución no acreditada, una causa judicial en Hawái y un título que ni siquiera figura en el perfil académico público de la Universidad Austral.

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Banco Macro le dice adiós a los menús y apuesta por la IA: así funciona MacroChat

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La inteligencia artificial empieza a modificar una de las experiencias más cotidianas -y muchas veces más frustrantes- de la relación entre bancos y clientes: hablar con una entidad financiera.

Banco Macro decidió eliminar los tradicionales menús numerados de su canal de atención por WhatsApp y reemplazarlos por MacroChat, una plataforma basada en inteligencia artificial generativa capaz de interpretar lenguaje natural y resolver consultas y operaciones sin obligar al usuario a navegar por una sucesión de opciones predeterminadas.

El cambio parece sencillo, pero supone una transformación importante en la lógica de la banca digital: ya no es el cliente quien debe aprender cómo hablarle al sistema, sino el sistema el que intenta comprender qué necesita el cliente.

En lugar de seleccionar “1” para consultar el saldo, “2” para realizar una transferencia o avanzar por distintos submenús hasta encontrar una operación, ahora alcanza con pedirlo como se haría en cualquier conversación de WhatsApp.

El usuario puede escribir, mandar un audio o incluso enviar una imagen. La inteligencia artificial interpreta el pedido, reconoce la intención y responde en lenguaje natural.

MacroChat funciona las 24 horas, los siete días de la semana, y puede utilizarse desde cualquier lugar del país o del exterior.

Para los clientes de Misiones, donde Banco Macro tiene una fuerte presencia territorial y una extensa relación con familias, empresas y comercios, el lanzamiento implica sumar una nueva capa digital a operaciones que hasta hace pocos años estaban asociadas necesariamente con una sucursal, un cajero automático o el home banking.

El acceso mantiene el número habitual de WhatsApp de la entidad: 11 3110-1338. No es necesario descargar una nueva aplicación ni realizar otro registro.

Además, la migración desde BancoChat hacia MacroChat fue diseñada para ser transparente: quienes ya utilizaban el servicio conservan el historial de sus conversaciones.

La apuesta apunta precisamente a reducir la fricción. El banco busca que la tecnología deje de ser una barrera visible para transformarse en una infraestructura que opere detrás de la experiencia del usuario.

Somos el primer banco del país en llevar la banca conversacional a un nuevo nivel, integrando Inteligencia Artificial generativa con lenguaje natural en WhatsApp. Nuestros procesos ya venían incorporando IA, pero hoy damos un salto que transforma de raíz la relación con los clientes: ahora es el banco el que entiende a las personas, y no las personas las que tienen que adaptarse al banco. ¿Nos mandás un texto? ¿Nos mandás un audio? ¿Nos mandás una imagen? Lo que vos prefieras… nosotros respondemos y resolvemos. En Banco Macro creemos que el futuro de los servicios financieros no pasa por agregar más tecnología, sino por hacer que esa tecnología pase desapercibida detrás de una experiencia. Que lo único visible sea la solución. Resolver una consulta, despejar una duda o atender una necesidad debe ser tan fácil y tan natural como enviar un mensaje de WhatsApp”, aseguró Juan Parma, CEO de Banco Macro.

"Somos el primer banco del país en llevar la banca conversacional a un nuevo nivel", dijo Juan Parma, CEO de Banco Macro.
“Somos el primer banco del país en llevar la banca conversacional a un nuevo nivel”, dijo Juan Parma, CEO de Banco Macro.

De consultar el saldo a hacer una transferencia

La plataforma no fue concebida solamente como un chatbot de consultas. MacroChat permite realizar operaciones bancarias directamente desde la conversación.

Entre sus funciones se encuentran consultar saldos en pesos y dólares, revisar los últimos movimientos, obtener una constancia de CBU o Alias, realizar transferencias entre cuentas propias o hacia terceros, pagar facturas y servicios, recargar el celular y gestionar extracciones sin tarjeta.

También permite comenzar el proceso de apertura de una nueva cuenta sin necesidad de abandonar el chat.

En tarjetas de crédito, el usuario puede consultar límites y saldos disponibles, conocer el saldo y la fecha de vencimiento, revisar los últimos consumos y acceder a los últimos tres resúmenes. También puede pausar una tarjeta, realizar un reclamo por una compra desconocida o denunciar la pérdida del plástico.

Para las tarjetas de débito están disponibles operaciones como el blanqueo del PIN, la solicitud de reposición o el aviso de viaje al exterior.

Los jubilados, en tanto, pueden consultar su fecha de cobro y gestionar el desbloqueo de la tarjeta de débito.

ECONOMIS | INNOVACIÓN FINANCIERA

MacroChat: el banco deja atrás los menús y empieza a conversar

La nueva plataforma de Banco Macro utiliza inteligencia artificial generativa para entender pedidos en lenguaje natural directamente desde WhatsApp.

24/7
Disponible todos los días, a cualquier hora.
WhatsApp
Sin descargar otra aplicación ni hacer un nuevo registro.
IA generativa
Interpreta textos, audios, imágenes y pedidos múltiples.
¿Qué puede hacer el cliente?
Consultar
Saldos, movimientos, CBU, Alias, tarjetas y fecha de cobro.
Operar
Transferencias, pago de servicios, recargas y extracciones sin tarjeta.
Gestionar tarjetas
Pausas, PIN, reposición, consumos desconocidos y avisos de viaje.
Abrir una cuenta
El proceso puede iniciarse directamente desde la conversación.
La clave del cambio
Antes el cliente debía adaptarse al menú del banco. Ahora la inteligencia artificial busca entender al cliente.
MacroChat: WhatsApp 11 3110-1338

MacroChat también funciona como puerta de entrada a otros productos y servicios del ecosistema de Banco Macro: información sobre sucursales mediante geolocalización, ExtraCash, App Macro, límites de compra, inversiones, seguros, beneficios, Tienda Macro, billeteras virtuales y paquetes de productos.

Más que una evolución tecnológica, MacroChat es una nueva forma de relacionarse: más simple, más cercana, más humana. Una manera distinta de interactuar con Banco Macro desde cualquier lugar del país o del mundo, a cualquier hora, escribiendo, mandando un audio o una imagen, exactamente como lo hacemos en nuestra vida cotidiana. El banco debe estar donde las personas ya están, y hablar como las personas ya hablan. Porque innovar de verdad no es incorporar tecnología. Es hacer las cosas más fáciles para quienes confían en nosotros todos los días”, agregó Parma.

La IA entra en el corazón de la experiencia bancaria

El salto tecnológico está en la capacidad del sistema para interpretar contexto y no solamente palabras clave.

MacroChat puede recordar lo dicho previamente dentro de una conversación y comprender más de una necesidad dentro del mismo mensaje. Así, un cliente podría escribir “quiero saber mi saldo y también pagar el gas” y el sistema debería reconocer ambas intenciones y avanzar sobre las dos consultas.

También está preparado para interpretar errores de tipeo, abreviaturas, distintas formas de escritura y mensajes formulados de manera coloquial.

Ese punto marca una diferencia respecto de las generaciones anteriores de bots bancarios. Los sistemas tradicionales estaban construidos alrededor de árboles de decisiones: el usuario debía recorrer un camino previamente programado. Con la incorporación de inteligencia artificial generativa, la lógica se invierte y es la plataforma la que debe interpretar el lenguaje del cliente y conducir la operación.

Guillermo Jejcic, gerente de Banca Individuos de Banco Macro, definió a MacroChat como una plataforma “100% conversacional” montada sobre WhatsApp y desarrollada con inteligencia artificial generativa. La herramienta está disponible tanto para clientes como para no clientes y combina consultas, información, asesoramiento y operaciones transaccionales.

Pero la automatización tiene un límite deliberado. Cuando la inteligencia artificial no puede resolver una consulta -o simplemente cuando el usuario prefiere continuar la conversación con una persona- el intercambio puede derivarse hacia un operador humano sin cortar el diálogo ni obligar al cliente a comenzar nuevamente. La conversación y su contexto se mantienen.

Tecnología invisible y atención humana

Ese cruce entre inteligencia artificial y atención personalizada forma parte de la estrategia que Banco Macro define como Phygital: una integración entre la experiencia física y digital en la que ambos canales dejan de competir para funcionar de manera complementaria.

La lógica responde también a un cambio más profundo dentro del negocio financiero.

Durante años, la digitalización bancaria estuvo concentrada en trasladar operaciones desde las sucursales hacia cajeros automáticos, home banking y posteriormente aplicaciones móviles. La inteligencia artificial abre ahora otra etapa: la interfaz comienza a desaparecer.

El cliente ya no necesariamente necesita conocer dónde está una determinada función dentro de una aplicación. Puede simplemente expresar qué quiere hacer.

Ese cambio podría resultar especialmente relevante en un sistema financiero donde bancos, fintech y billeteras virtuales compiten cada vez menos solamente por tasas, productos o infraestructura física y cada vez más por algo mucho más difícil de medir: el tiempo y la simplicidad de la experiencia del usuario. MacroChat se inscribe en esa carrera.

Para Banco Macro, además, el lanzamiento no aparece como un proyecto cerrado sino como el comienzo de una nueva arquitectura de relación con sus clientes.

“El lanzamiento de MacroChat es un gran hito, pero también el comienzo de una nueva etapa. Vamos a continuar planteando desafíos para construir un banco cada vez más inteligente, más moderno, más cercano y más simple. El futuro de los bancos no se construye esperando que cambien los clientes, se hace evolucionando como banco para estar cada vez más cerca de ellos. MacroChat no es el destino: es el punto de partida. Una apuesta concreta de Banco Macro por redefinir los estándares de la industria financiera argentina, en una época en que los clientes ya no distinguen entre el mundo físico y el digital porque, sencillamente, viven en ambos al mismo tiempo”, concluyó Parma.

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El desafío de las empresas ya no es tener inteligencia artificial, sino saber implementarla

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Por Federico Ruiz Guiñazú, Gerente General de Wonderful para el Cono Sur. Durante décadas, las ventajas competitivas de las empresas estuvieron asociadas al acceso. Acceso al capital, a la tecnología, al talento o a la información. Con la inteligencia artificial ocurre algo diferente: el acceso dejó de ser el factor decisivo mucho antes de lo que imaginábamos.

Hoy prácticamente cualquier gran empresa puede utilizar los modelos más avanzados disponibles en el mercado. De hecho, según McKinsey, cerca del 88% de las organizaciones ya incorporó inteligencia artificial en al menos una función de su negocio. Sin embargo, esa misma expansión dejó al descubierto una paradoja: disponer de la tecnología no es suficiente para garantizar valor.

La discusión, entonces, cambió de lugar. Se trata de quién consigue integrar las herramientas tecnológicas a su operación antes y mejor que sus competidores.

Es un cambio de paradigma que obliga a revisar muchas de las decisiones que toman las empresas. Durante los últimos dos años vimos una carrera por experimentar con nuevos modelos, desarrollar asistentes internos o automatizar tareas específicas. Ese proceso fue necesario, pero representa apenas el punto de partida. La verdadera transformación comienza cuando la IA automatiza una sola función y transforma todo el flujo de trabajo en un sistema de agentes.

Ahí aparece un problema mucho menos visible que la tecnología, pero bastante más complejo: la ejecución.

Los procesos de una empresa no funcionan por áreas. Un reclamo puede comenzar en atención al cliente, pasar por operaciones, involucrar al equipo legal y terminar en finanzas. Un crédito hipotecario atraviesa validaciones, análisis documentales y distintas instancias antes de llegar a una aprobación. La realidad de cualquier organización está llena de procesos que cruzan departamentos, sistemas y personas. Sin embargo, muchas implementaciones de inteligencia artificial siguen diseñadas para resolver tareas individuales, cuando el verdadero potencial está en transformar procesos completos.

Eso explica por qué tantas iniciativas no logran escalar. El desafío consiste en integrar esa inteligencia con sistemas construidos durante años, ordenar datos que muchas veces están dispersos, establecer mecanismos de gobernanza y acompañar a las personas durante un cambio que es, antes que tecnológico, organizacional. Este es precisamente el papel que desempeña el equipo local de Wonderful con nuestras empresas

También existe una percepción equivocada sobre el tiempo. Algunas organizaciones consideran que esperar es una decisión prudente porque la tecnología mejora constantemente. Pero la ventaja competitiva que genera la inteligencia artificial no evoluciona al mismo ritmo que los modelos. Evoluciona al ritmo del aprendizaje organizacional.

La primera implementación obliga a ordenar información, conectar sistemas y desarrollar nuevas capacidades. La segunda resulta más simple porque la organización ya aprendió qué procesos automatizar, cuáles requieren supervisión humana y cómo integrar agentes inteligentes dentro de su operación. Ese conocimiento no puede comprarse ni incorporarse de un día para otro. Se construye con experiencia. Y, como sucede con el interés compuesto, quienes empiezan antes desarrollan una ventaja que crece con el tiempo.

Este escenario también redefine qué tipo de talento necesitarán las empresas. La discusión dejó de pasar exclusivamente por contratar especialistas en inteligencia artificial. Cada vez serán más valiosos los perfiles capaces de conectar tecnología con negocio; profesionales que entiendan cómo funciona una industria, puedan identificar oportunidades concretas de transformación y acompañen la adopción de estas herramientas dentro de la organización. Ese puente entre estrategia, operación y tecnología será uno de los activos más escasos de los próximos años.

La inteligencia artificial seguirá evolucionando y los modelos serán cada vez más potentes. Esa carrera continuará. Pero la verdadera diferencia entre las empresas ya no estará determinada por el modelo que utilicen, sino por su capacidad para transformar esa tecnología en una nueva forma de operar.

La próxima ventaja competitiva no será la inteligencia artificial. Será la capacidad de ejecutarla mejor que los demás.

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La nueva inflación: por qué el boom de la inteligencia artificial podría retrasar la baja de las tasas de interés

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La inteligencia artificial promete redefinir industrias enteras. Sin embargo, antes de que sus beneficios se reflejen plenamente en la economía, existe una etapa previa que demanda inversiones sin precedentes. La construcción de centros de datos, la expansión de las redes eléctricas, el mayor consumo de energía y la creciente demanda de materiales industriales y mano de obra especializada están configurando uno de los mayores ciclos globales de inversión de los últimos años.

Según el último informe de estrategia global de Janus Henderson Investors, ese proceso podría convertirse en un factor adicional de presión sobre los precios y reducir el margen de los bancos centrales para avanzar con un ciclo sostenido de recortes de tasas. La firma sostiene que la infraestructura necesaria para desarrollar la inteligencia artificial tiene el potencial de generar una nueva fuente de inflación antes de que comiencen a percibirse plenamente sus ganancias de productividad.

“El mercado suele concentrarse en el potencial desinflacionario de la inteligencia artificial por las ganancias de productividad que podría generar. Sin embargo, antes de llegar a esa etapa será necesario atravesar un proceso de inversión de enorme magnitud, que demandará energía, materiales, infraestructura y capital a una escala inédita. Ese proceso puede convertirse en una fuente adicional de presión inflacionaria”, explica Michael Contopoulos, Head of Multi-Asset Macro Investing de Janus Henderson Investors.

Un cambio estructural

El informe sostiene que la inteligencia artificial no representa un fenómeno aislado. Se suma a otras tendencias de largo plazo, como la desglobalización, el envejecimiento de la población, el aumento de la deuda pública y las tensiones geopolíticas, que están configurando un escenario de inflación más persistente y un costo del capital estructuralmente más elevado.

“La economía global atraviesa un cambio generacional que probablemente marque el final del mercado alcista de la renta fija que predominó durante más de 50 años. Estamos entrando en un régimen caracterizado por una mayor volatilidad, inflación más persistente y tasas de interés estructuralmente más altas”, señala Daniel Siluk, Head of Global Short Duration and Liquidity.

En este contexto, Janus Henderson considera que los mercados podrían estar subestimando cuánto tiempo permanecerán elevadas las tasas de interés. El informe sostiene que los bancos centrales podrían verse obligados a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo del previsto, e incluso no descarta nuevos aumentos si las presiones inflacionarias resurgen.

“Hoy el mercado ya no espera una sucesión de recortes de tasas como hace algunos meses. El escenario pasó a ser uno de tasas altas durante más tiempo e incluso no puede descartarse la necesidad de nuevos aumentos si reaparecen presiones inflacionarias”, afirma Michael Contopoulos.

Cómo cambia el mapa para los inversores

Sobre la base de este diagnóstico, la gestora considera que el nuevo escenario obliga a revisar las estrategias tradicionales de inversión en renta fija. En particular, sostiene que los bonos de corta duración ofrecen una mejor relación entre riesgo y rendimiento que los instrumentos de vencimientos largos, más expuestos a eventuales subas de tasas. Según el informe, este cambio ya comenzó a reflejarse en las decisiones de grandes inversores institucionales en Estados Unidos y Europa, donde crecen las asignaciones hacia activos de menor duración y tasa variable.

“En un contexto de mayor incertidumbre macroeconómica y riesgo de nuevas presiones sobre las tasas de interés, creemos que los inversores deberían priorizar instrumentos de menor duración. Hoy ofrecen una mejor relación entre riesgo y retorno y permiten construir carteras más resilientes frente a un escenario que cambió estructuralmente”, concluye John Kerschner, Global Head of Securitized Products de Janus Henderson Investors.

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