LEBAC

En 2017 subió más de 70% el pago de intereses por la deuda del Tesoro

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En diciembre de 2017, el déficit primario (antes del pago de intereses) del Sector Público Nacional No Financiero (SPNF) rozó los $120.000 millones. De esta forma, más que duplicó al rojo registrado en igual mes del año pasado. Sin embargo, al considerar los ingresos extraordinarios que habían tenido lugar en ese mes producto del blanqueo de capitales, la profundización del saldo negativo se revierte: excluyendo esta masa de recursos (en torno a $90.000 millones), el rojo del sector público se achicó un 25% i.a. nominal, lo que equivale a un retroceso en torno al 40% i.a. en términos reales.
En este sentido, el buen desempeño de diciembre le volvió a permitir al fisco adelantar subsidios para el año entrante, en la búsqueda por relajar obligaciones futuras: del mismo modo que en el último mes de 2016, el sector público le transfirió alrededor de $30.000 millones a CAMMESA (distribuidora del mercado mayorista de energía), correspondientes al ejercicio siguiente. Por lo tanto, al momento de analizar el neto, estos cambios no tuvieron un impacto significativo.
La mejora en el resultado obedeció a un crecimiento de los ingresos ordinarios (sin contar los fondos extraordinarios del blanqueo) más acelerado que el de los gastos: a la par que los primeros treparon 33% i.a. en la comparación interanual (+5,6% i.a. real), las erogaciones avanzaron menos de un 6% i.a. nominal, lo que arroja una caída del 16% i.a. tras descontar por la inflación. En consecuencia, la profundización de la austeridad del sector público, manifestada mediante el recorte de subsidios (caída del 25% i.a. nominal en el mes) y el crecimiento de la actividad que apuntaló a la recaudación, se tradujeron en una considerable recuperación de las cuentas públicas.
Por su parte, el resultado financiero, es decir, el resultado primario más el pago de intereses, arrojó un déficit $150.000 millones en diciembre, lo que implica un salto del 80% i.a. De modo análogo al caso anterior, descontado el “efecto blanqueo”, el rojo del sector público se redujo un 14% i.a., lo que implica una mejora cercana al 30% i.a. medida en términos reales. Este desenlace tuvo lugar pese a un avance del 25% i.a. en el pago de intereses, los cuales saltaron de $25.000 millones en el último mes de 2016 a $30.500 millones en igual período de 2017. Por lo tanto, y al igual que en el resultado primario, diciembre de 2017 mostró un fortalecimiento en las cuentas públicas en comparación a 2016. Ahora bien, con los datos de 2017 completos, cabe preguntarse si esta dinámica se repitió para el todo el año.
Cumplir la meta primaria no garantiza el éxito
En el acumulado anual, el déficit primario superó los $400.000 millones, trepando un 18% i.a. en comparación a 2016, lo que implica un recorte en torno al 8% i.a. en términos reales. Mejor aún, si aislamos el efecto del blanqueo, se registró un ahorro nominal del 1,1% i.a. en el rojo del sector público nacional, lo que equivale a una merma superior al 20% i.a. una vez descontada la inflación.
Producto del achicamiento real del déficit y de la recuperación de la actividad, el gobierno nacional sobrecumplió la meta fiscal que se había autoimpuesto al comienzo del año: el saldo negativo del SPNF implicó un 3,9% de PBI, cuando la pauta lo autorizaba a estirarse hasta el 4,2%. En la misma línea, el adelantamiento de subsidios del año entrante mencionado en la sección anterior, permitió relajar la meta de este año (déficit de 3,2% del PBI). Para su cumplimiento, el gobierno aguarda que un crecimiento más acelerado de la economía morigere los esfuerzos necesarios por el lado de los gastos a la par que apuntale a la recaudación tributaria.
El resultado exitoso de 2017 obedeció a la buena performance que mostraron los ingresos totales, a la par que la reducción de subsidios atenuó considerablemente la expansión de los egresos.
Por el lado de la recaudación, se registró un avance del 22,5% i.a., que redunda en una caída del 4% i.a. al descontar la inflación. No obstante, al aislar el efecto del blanqueo, este movimiento se revierte: el crecimiento en valores corrientes asciende al 28,5% i.a., lo que se traduce en un incremento en términos constantes cercano al 1% i.a. Al igual que en el caso de diciembre, el repunte de la actividad fue la explicación detrás del avance.
Pasando ahora a las erogaciones, se registró un salto del 22% i.a. en términos nominales (caída del 5% i.a. en Pesos constantes). A contramano de los ingresos, en donde la mayoría de los apartados se movieron de forma homogénea, los distintos componentes del gasto tuvieron un comportamiento dispar: a un salto del 37% i.a. en valores del gasto social (+7,3% i.a. real) y del 25% i.a. en salarios (-2,1% i.a. deflactado), le siguió una caída del 22% i.a. nominal en los subsidios económicos (-38% i.a. real).
Alcanzado este punto, merece la pena destacar que los gastos indexados a la inflación (las jubilaciones, pensiones y programas sociales poseen una fórmula de ajuste automático, a la par que los empleados del sector público no se resignaron a perder poder adquisitivo) fueron los que más crecieron, mientras que aquellos más discrecionales (es decir, las transferencias a las empresas prestadoras de servicios públicos) son los que sufrieron los recortes más pronunciados.
Por último, el gasto de capital mostró dos dinámicas contrapuestas a lo largo del último año: a la par que creció 31% i.a. en valores durante la primera mitad del 2017, manteniéndose prácticamente inalterado en términos reales en relación al primer semestre de 2016, trepó un magro 1% i.a. nominal durante la segunda mitad del último año, cayendo 18% i.a. en términos reales. Como resultado, avanzó 14% i.a. en valores corrientes durante el último año, lo que representa una caída del 10% i.a. deflactada. Nuevamente, y al igual que con los subsidios, el gobierno reposó en los gastos más flexibles y con impacto indirecto sobre la población al momento de acotar el gasto y, así, cumplir la meta fiscal.

Si bien el resultado primario mostró avances en comparación al primer año de gestión de Cambiemos, el saldo financiero exhibió un peor desempeño: producto del esquema de financiamiento del déficit fiscal adoptado (más deuda en lugar de emisión), la cuenta intereses saltó más de 70% i.a. (+35% i.a. real) en el último año, rozando los $225.000 millones. De este modo, el rojo financiero superó el 6% del PBI. En consecuencia, se encienden las primeras señales de alerta: aunque el gobierno pasó exitosamente la prueba de acotar el resultado primario, no logró trasladar estas mejoras hacia el resultado financiero. Peor aún, en este contexto de endeudamiento creciente, los pagos asociados a esta cuenta irán en aumento, ubicándose como el punto flaco del nuevo esquema.
 
Los esfuerzos fiscales continuarán enfocados en el resultado primario
​De cara al 2018, el gobierno luce decidido a dar las batallas necesarias para ordenar las cuentas fiscales primarias: la aprobación de la reforma previsional, tributaria y la firma del pacto fiscal fueron señales claras de que el rojo primario de las arcas públicas constituye una de las principales preocupaciones del poder ejecutivo.
Sin embargo, a la par que se muestra “consternado” por el déficit primario, y dispuesto a asumir los costos políticos necesarios para reducirlo, no pareciera preocuparle el ensanchamiento del pago de intereses; por lo tanto, este punto se convierte en el aspecto pendiente del Palacio de Hacienda. Si bien es comprensible que no se puedan atacar todos los frentes a la vez, la ausencia de metas explícitas en esta arista, junto con un endeudamiento en constante crecimiento, abren interrogantes acerca de qué importancia reviste acotar esta variable para el gobierno.
Por lo tanto, 2017 puede ser un adelantamiento de lo que vendrá: un déficit primario en retroceso, conviviendo con una carga de intereses que se agranda. De este modo, la pregunta se transforma en la siguiente: ¿quién le pondrá el límite al pago de intereses? ¿el gobierno o los inversores?

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Hasta ahora, la apertura tuvo éxito sólo en el terreno financiero

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  • Los tres objetivos principales que encara el gobierno en materia de inserción internacional son: la apertura de la cuenta capital; la generación de un flujo de inversiones; y la apertura de mercados de exportación. Sin embargo el Ejecutivo sólo ha avanzado parcialmente en dichos objetivos.
  • La principal dificultad que aparece en esta situación es la falta de competitividad. Un problema de timing se presenta entre los esfuerzos por ganar competitividad no cambiaria (productividad) y el atraso cambiaria existente que se profundiza por el ingreso de capitales.
  • La estrategia de posicionar a nuestro país como el “supermercado” del mundo choca contra las estrategias comerciales de nuestros principales compradores. El arancel a la importación de biodiesel que nos aplicó Estados Unidos, la decisión del gobierno chino de comprar materias primas en vez de alimentos procesados, y las históricas dificultades de colocar productos agroganaderos en Europa, son claros ejemplos.

Estrategias institucionales y económicas

Esta semana estará teñida por el desarrollo de la XI° Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) con sede en Buenos Aires. Estas reuniones, ocurren cada dos años en distintos países miembros de la organización, y tiene como principal objetivo tratar los temas fijados en la Ronda de Doha (iniciada en 2001) así como también discutir diferentes temáticas coyunturales relacionadas con el intercambio de bienes y servicios.

Alcanzar resultados en el marco de la OMC suele ser dificultoso debido a la necesidad de consensos que postula el organismo y probablemente se arriben a pocos resultados concretos. Sin embargo, la organización de esta Cumbre resulta promisoria en el marco de la estrategia de reinserción internacional de nuestro país llevada adelante por el gobierno de Cambiemos.

La apuesta oficial es mostrar al mundo que la Argentina es un mercado emergente con seguridad jurídica donde hay diversas oportunidades de inversión. Para alcanzar este objetivo, el gobierno está tomando ciertas medidas de carácter institucional y económico, pero además está siendo ayudado por una coyuntura internacional que genera el marco propicio para que nuestro país vuelva a tener protagonismo en la vidriera internacional. El desarrollo de la Conferencia Ministerial de la OMC y la asunción de la Presidencia del G20 para el año 2018, harán que Argentina tenga un rol activo en los encuentros multilaterales de las principales potencias del mundo.

Al mismo tiempo, los cambios realizados  en materia de política económica también tienen efectos. La desregulación del comercio internacional, la apertura de la cuenta de capitales, la probable mejora en la calificación por parte de Morgan Stanley, que ascenderá a nuestro país de la categoría de “frontera” a la de “emergente”, y las reformas institucionales que está intentando aprobar el Ejecutivo, tienen una misma dirección: mejorar la percepción de los inversores extranjeros respecto del mercado argentino.

Hasta ahora la estrategia de inserción internacional ha logrado posicionar a la Argentina en la agenda internacional, pero surgen dudas acerca de si esta nueva situación tendrá efectos beneficiosos para nuestro país. Actualmente existe un influjo de capitales significativo, pero la mayoría de las inversiones que están arribando no son mayormente productivas (que se arraigan en el país), sino principalmente financieras (que hoy están pero mañana pueden irse ante cualquier evento).

La pregunta clave a dilucidar es si la Argentina podrá finalmente captar influjos significativos de Inversión Extranjera Directa (IED). El segundo interrogante que surge es si con la nueva estrategia internacional nuestro país podrá ganar mercados externos, para apuntalar nuestras exportaciones


 

Tres objetivos en el frente externo

La estrategia de inserción internacional del actual gobierno busca posicionar a Argentina en el radar de los inversores de los principales países del mundo y desarmar gradualmente el elevado nivel de protección externa. Al hacerlo generó un nuevo relacionamiento externo tanto en el plano comercial como en el de flujos financieros.

El objetivo de esta estrategia fue: i) abrir la cuenta capital tanto para colocar deuda pública para cubrir el déficit fiscal reduciendo la emisión monetaria, como para expandir las operaciones de las empresas locales; ii) generar un flujo de IED que mejore la productividad local y genere empleo; y iii) abrir mercados de forma tal de colocar los productos argentinos en el mundo. Ahora bien, ¿cuál fue el resultado en los dos primeros años de gobierno de Macri?

La apertura financiera sumada a una política fiscal y monetaria particular lograron convertir al país en un tentador destino para los capitales financieros. Al hacerlo se redujo el costo del financiamiento, tornando viable la opción gradualista de reducción del desequilibrio fiscal (a costa de acumulación de deuda e intereses). Asimismo, la política monetaria restrictiva aplicada por el BCRA para combatir la inflación elevó las tasas de interés, generando un rendimiento anual en dólares elevado (actualmente el rendimiento de las Lebac supera en más de 10 p.p. la depreciación esperada). Lógicamente, esto impulsa la entrada de capitales que incrementan la oferta de dólares, apreciando el tipo de cambio real en el proceso. De hecho, en los primeros diez meses del año, los ingresos de capitales financieros crecieron 305% i.a. explicados en su totalidad por las inversiones en portafolios que treparon 650% i.a.

De esta manera, queda en evidencia que la política monetaria y externa del gobierno está logrando con éxito que nuestro país acceda a los mercados financieros incentivando la entrada de capitales. Lamentablemente, no resulta tan claro el panorama al analizar los avances de la inversión productiva y su impacto positivo en nuestra economía. Durante 2017 los anuncios de inversión fueron cercanos al 5% del PBI, pero el número de proyectos en ejecución es significativamente inferior. Además, el impacto sobre el empleo y la productividad luce acotado. Si bien todavía no se logran ver resultados concretos en términos de IED, los anuncios de inversión están llegando y podrán multiplicarse a medida que la salida de un escenario de “estanflación” se consolide.    

En suma, el primer objetivo de la actual estrategia de inserción internacional fue alcanzado, el segundo muestra claroscuros, pero el tercero es, sin dudas, el más complejo hasta el momento. A partir del inicio de la gestión de Cambiemos, la política comercial con el resto del mundo evidenció importantes modificaciones. La quita/reducción de retenciones aplicada a inicios de 2016 sumado a la devaluación del peso, generaron las condiciones apropiadas para que en ese año las ventas al exterior repuntaran (+6,7% i.a.). Asimismo, la apertura de las importaciones, luego de la salida del cepo, también generó un incremento de las cantidades compradas al resto del mundo (+3,3% i.a.).

Este año la situación fue distinta y el avance se dio de manera unilateral en lo que respecta al intercambio de bienes: las importaciones mostraron un avance significativo, mientras que las exportaciones se mantuvieron prácticamente estables. En los primeros diez meses del año, las cantidades importadas treparon 12% i.a. mientras que las vendidas al exterior sólo avanzaron 0,7% i.a., generando un rojo comercial que superará el 1% del PBI en 2017. Es cierto que las exportaciones de servicios han crecido significativamente, pero aquí también el déficit ha aumentado (ver ISE 1.141).

Queda claro que no sólo las inversiones y los flujos financieros son las variables a tener en cuenta. En la búsqueda del crecimiento sostenido, el desbalance comercial no puede perpetuarse en el tiempo y para reducirlo, uno de los pilares fundamentales es el alza de las exportaciones. Entonces, el desafío es incrementar las cantidades de bienes y servicios que se colocan en el exterior.

Este objetivo, clave para dar sostenibilidad inter-temporal al modelo, no se cumplirá solo abriéndonos al mundo. A sabiendas de que la competitividad cambiaria no será un pilar sobre el cual descansar (es probable que el atraso cambiario persista por un par de años), el gobierno busca mejorar la competitividad no cambiaria a través de obras de infraestructura que generen reducciones de costos logísticos, la simplificación burocrática para las exportaciones y el set de reformas económicas enviadas al congreso para reducir costos de producción.

Por último, el Ejecutivo busca posicionar a nuestro país como el “supermercado” del mundo, incrementando el valor agregado que poseen nuestras exportaciones en un contexto de demanda creciente gracias al incremento poblacional y económico de nuestros principales socios comerciales.

 

La difícil hazaña de tener buen timing

Existen dos dificultades en la estrategia mencionada. Por una parte, la competitividad no cambiaria es ardua de alcanzar y puede no compensar el atraso. En la medida que los desequilibrios heredados se resuelvan, el TCR podrá acercarse al equilibrio, pero esto no sucederá en el corto plazo. Es decir, actualmente nuestro sector transable debemos sobrevivir sin mejoras de productividad ni cambiaria.

Por otra parte, las estrategias comerciales de nuestros principales socios comienzan a complicar la decisión argentina de proveer alimentos procesados. De hecho, decisiones tomadas este año, como el arancel a la importación de biodiesel argentino que aplicó Estados Unidos, o la decisión del gobierno chino de comprar materias primas y reducir las compras de alimentos procesados, van diametralmente en contra de las estrategias de inserción de nuestro país. A esto se le suman las históricas dificultades de colocar productos agroganaderos en Europa, lo cual es uno de los principales puntos a discutir de cara a las negociaciones del Mercosur con la Unión Europea.

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Más del 80% de las PyMEs argentinas tienen restringido el acceso a la financiación

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Aunque el 99 por ciento de las empresas registradas en el país son micro, pequeñas y medianas; un estudio afirma que más del 80 por ciento de las mismas tienen restringido el acceso al financiamiento. Así lo asegura un informe realizado por la consultora financiera First Capital Group que identifica a las altas tasas de interés y a las condiciones que imponen las entidades para otorgar créditos como los principales inconvenientes a los que se enfrentan.

El financiamiento es una de las barreras más importante contra la que chocan las PyMEs que aspiran a despegar y crecer. Este sector productivo otorga trabajo a más de 4 millones de personas y genera el 44 por ciento de la riqueza del país.

Según el relevamiento de la firma financiera publicado por Noticias Argentinas, actualmente la demanda insatisfecha de financiamiento para este segmento asciende a los US$ 72.000 millones, si sumamos la demanda potencial del sector micro, esta cifra asciende a US$ 100.000 millones. Del otro lado del mostrador, el informe señala que el volumen ofrecido por el sistema bancario y el mercado de capitales no supera el 3 por ciento del PBI.

Los recursos propios son la principal fuente de financiamiento utilizada por casi 7 de cada 10 empresas, siempre de acuerdo al estudio de First Capital Group. En segundo lugar aparece el financiamiento bancario y completa el podio el fondeo a través del mercado de capitales. Mientras que en la Argentina el 80 por ciento de las PyMEs industriales tienen restringido el acceso de los servicios financieros, el informe apunta que en otros países este número disminuye a 55 por ciento.

En los primeros nueve meses del año, el financiamiento total a las PyMEs fue de $ 440.000 millones, un incremento del 58 por ciento con respecto a las cifras del mismo período del año pasado. También a nivel interanual, la financiación por el sistema bancario creció un 59 por ciento, en tanto, la participación del mercado de capitales aumentó a un ritmo más lento –30 por ciento. 

Fuente: Apertura

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A paso redoblado

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En el país de la ola amarilla el Gobierno se envalentona y va por todo, el proceso argentino es único, la derecha no solo ha ganado por primera vez en comicios democráticos y a través de los votos y no de las botas, además se ha refrendado bajo el mismo método. Este periodo de dos años que lleva como resultado una victoria contundente de la segunda alianza (ojala no termine como la primera), tiene en materia de comunicación enormes victorias producto de la cadena nacional permanente gracias a una alineación de medios como jamás se ha visto por estas pampas.

Analizar el cómo  y el porqué de este experimento neoliberal tardío supone un análisis más profundo y por ende con mayor tiempo y tranquilidad, lo cierto que las reformas que se vienen se basan en una idea fuerza que signara los próximos dos años al menos, y si la entendemos podremos ver como las acontecimientos se desencadenan siguiendo una lógica y no como hechos aleatorios, el Gobierno busca redefinir los patrones de acumulación y desarrollo argentino, a saber favorecer ciertos sectores y perjudicar a otros, esto es siempre así en todo ciclo político, porque lo único realmente importante es la economía lo demás es accesorio.

El macrismo buscará llevar al país a una inserción global como país productor de materias primas y servicios, el sector perjudicado será la industria y sus derivados, llámese empleo y salarios, con este diagnóstico de la orientación ahora vamos por las medidas que esta idea fuerza orienta.

1-Reforma fiscal: el acuciante déficit fiscal que en el país se prevé que cierre en 4.6%(2015 4% datos Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF))  y en el presupuesto 2018 será de 5.5% y el cuasi fiscal (en el que se suman provincias, municipios y bcra ) llega al 9% con relación al PBI, para atender a estas necesidades  se necesitara emitir por lo menos 55mil millones de dólares, ¿pero que es el déficit fiscal? Comparemos  “Si una familia ganó 100 pesos en el mes y gastó $90, tendría un superávit fiscal primario de $10. Sin embargo, si tiempo atrás tomó un crédito y este mes tiene que pagar 15 pesos por intereses al banco, el gasto total del mes sube a 105 pesos. Por esto mismo, como el gasto total ($105) es mayor al ingreso ($100), tendría un déficit fiscal financiero de 5 pesos”. Con este esquema en donde parte de los drive de crecimiento es la valorización financiera se entiende el seguir pidiendo deuda. La salida de este déficit puede o admite dos postulados. Uno, el más usado por la derecha que jamás funciona es el de gastar menos, algo que se admite como argumento psicológicamente persuasivo pero lógicamente incorrecto, por eso  es falaz, si se achican los gastos del Estado para achicar el déficit la economía entra en recesión y se agudiza la crisis ya que el déficit se agranda porque la economía se achica. La otra salida más trabajosa y que requiere de capacidad que parece estar totalmente ausente en la ceocracia gobernante poco acostumbrada a agarrar la pala y muy adicta a pedir guita en los mercado, obviamente guita que ellos no piensan devolver y que alimenta la fuga de divisas de sus amigos y la bicicleta financiera que instalo el procesado presidente del BCRA, la otra alternativa es la de hacer crecer el PBI por lo que el déficit se licua ante una economía que tiene mayores ingresos. Esto se logra con mercado interno fuerte, mayor intervención del estado en determinar un modelo de producción y trabajo, ambas cosas que le generan urticaria a los fundamentalistas de las Lebacs.

2- Reforma laboral: este es también es un tema en carpeta hace mucho por parte de la derecha que ni en su apogeo neoliberal pornográfico de los 90 logro partir a los sindicatos, como quería si lo logro, en el gobierno de la primer alianza mediante la corrupción radical de la famosa banelco de pontacuarto y compañía, aprobar una ley de flexibilización laboral, en esa oportunidad la tenía a la inefable Patricia Bullrich Luro Pueyrredon de ministra de trabajo, hoy ministra de represión para que los muchachos de las fuerzas hagan entrar la revolución de la alegría con el palito de abollar ideas. Pero ¿por qué se hace esta reforma? es simple es el premio consuelo para los industriales que al quedar fuera de los ganadores del modelo le recomponen su tasa de ganancia a fuerza de salarios a la baja ,como para calmar a la fiera, mediante dos vías, es una táctica de pinzas por un lado retracción en los controles de precios y por otro la baja de los salarios, lo que implica una menor participación de los salarios en la riqueza generada en la economía, por lo que se recompone la ganancia de los empresario, para lo que lo pongamos en claro, la torta se achica en cuanto a riqueza generada pero para los empresarios el pedazo que les toca va a ser más grande, entonces así se logra la máxima del capitalismo bananero periférico, privatizar ganancias y socializar perdidas. Los otrora machos alfa del sindicalismo yo no paran como lo hacían antes por el correctamente denominado impuestos a los altos ingresos, ya que en una combinación de arrugue por la extorsión penal y de conveniencia política, entregaran a sus afiliados o la que quede de ellos luego del reformismo permanente del líder galáctico de Balcarce 50.

 3- Reforma previsional: Esta es una combinación de los objetivos de las anteriores dos, por un lado mediante la baja de las prestaciones sociales, mecanismo que si bien ya comenzaron (pami, remedios, pensiones, progresar, FGS, etc.)  tienden a profundizarse, el espejo en el que se miran es Brasil, con la llamada opción de jubilarse a los 70 años, buscan extender la edad jubilatoria de una manera soft (hoy mujeres 60 años y hombres 65) con lo cual el Estado gasta menos en jubilaciones. Por otro lado el nudo central de la reforma es el cambio de la ecuación de actualización de las jubilaciones, AUH y demás prestaciones que ejecuta el Anses, en donde se pasa de una movilidad que combina, el coeficiente de variación salarial y la recaudación impositiva por una que combina índice de inflación y un mísero y vergonzoso 5% del crecimiento del PBI, gracias a esta medida el gobierno piensa ahorrarse 150.000 millones de pesos, el ahorrase es un eufemismo para un liso y llano robo. Pero no son todas malas noticias, los pobres empresarios se verán aliviados de tanto sufrimiento gracias al mejor equipo de los últimos 50 mil años, que llevaran adelante una reducción de los aportes patronales al SIPA. Así la economía macrista muestra a las clara con que camiseta juega, lo que dejan de poner los empresarios la ponen los trabajadores.

 

 

 

Conclusión

A dos años visto, mi hipótesis del 10 de diciembre de 2015, se confirma, gobiernan los dueños del país, los mismos de siempre, son la oligarquía terrateniente usurera, en asociación a una burguesía rentística dispuesta a pasarse a la timba en la primera de cambio, son la misma elite parasitaria de toda la historia argentina, los Peña Braun, los Bulrrich Luro Pueyrredon, los Blanco Villegas, en definitiva la nobleza criolla, no tienen un proyecto de país socialmente viable, tienen un plan de negocio, pero como dice el dicho popular, no es culpa del chancho sino del que le da de comer, el pueblo los voto, los legitimo y como mi padre me enseño el que no tiene cabeza para pensar tiene que tener lomo para aguantar. Se vivirán tiempos interesantes en la argentina en donde como diría cicerón hace más de dos mil años sentenciaba “de todos es errar, pero solo los necios perseveran en el error”.

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Cuidado, que en 2018 el BCRA pasa a jugar de local !!

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En un año electoral, como es este 2017, se supone que la autoridad monetaria debería haber “jugado de visitante”, con una estrategia más bien defensiva, cuidando de no enfriar la economía, de modo de no perjudicar las chances del oficialismo. El Banco Central parece haber asumido ese rol hasta marzo, pero a partir de allí escapó del estereotipo, empujando hacia arriba las tasas de interés. Maquiavelo podría decir que con eso fue suficiente, ya que la expansión monetaria actúa con rezago sobre el nivel de actividad, pero lo cierto es que ahora estamos en otro escenario, con tasas reales de interés de los pases y las Lebacs llegando a entre 7 y 10 puntos/año, según el indicador de inflación que se tome. Los datos de agosto de precios minoristas han mostrado un avance de la desinflación pero, por lo actuado desde abril, cabe esperar que el Central sólo habrá de relajar su política cuando los índices converjan al 1 % mensual. Si ese logro se demora, conviene tener en cuenta que, con el probable resultado de octubre y sin elecciones a la vista, la autoridad monetaria pasará a “jugar de local” en 2018, con lo que eso significa.

El recorrido de la inflación hasta aquí permite afirmar que el Banco Central habrá de incumplir el techo de la meta del 17 % anual en diciembre. Si bien esto significa un daño a su reputación, hay un factor cualitativo compensatorio, ya que no dudó en comenzar a subir las tasas de interés desde abril, seis meses antes de las legislativas, aun sabiendo la importancia que tienen para el oficialismo.

El rol asumido por el BCRA en buena parte de 2017 está destinado a dejar huella. A la hora de imaginar el 2018, los agentes económicos están incorporando señales que quizá a fin de 2016 no resultaban tan evidentes. Así, la permanencia del sesgo contractivo de la política monetaria hasta que la inflación converja a 1 % mensual es un escenario que parece tener cada vez más adherentes.

Existen matices para explicar la divergencia entre metas e inflación en 2017. Uno es la falta de consistencia entre la política fiscal y monetaria; otro, el problema de la inercia en un país con tanta historia inflacionaria. Además, está el hecho que las subas de tarifas tienen efectos de primera y segunda ronda que quizá no han sido suficientemente ponderados, además de la influencia sobre las expectativas de los ajustes pendientes.

Por su parte, los mecanismos de transmisión de la política son débiles por la pequeñez del sistema financiero, y existen filtraciones por el elevado spread, que determina tasas que siguen siendo negativas en términos reales para cierta franja de ahorristas.

Pero lo relevante no es lo que piensan los analistas, sino el diagnóstico del propio Banco Central. Y, tras varios discursos de su presidente, no hay dudas acerca de la importancia que los funcionarios le asignan al “relajamiento prematuro” de la política monetaria, hacia fin de 2016, principios de este año.

En función de ese diagnóstico, el Central está preparado para “jugar de local” en 2018. Una medición simple de la tasa real de interés la ubica actualmente encima de 9 puntos (pases y Lebacs) contra la inflación esperada (REM) de los próximos doce meses. Ese guarismo se ha casi duplicado respecto de fin de 2016. Algo análogo ocurre cuando se compara la tasa de interés de política monetaria con la inflación núcleo (promedio de tres meses) anualizada. De 2 puntos porcentuales a fin de 2016, se ha pasado a casi 7 puntos en el presente. A esta trayectoria de la tasa real se suma el hecho que la curva de rendimientos se ha invertido desde hace un par de meses, resultando más atractivo el retorno de las Lebacs a medida que nos alejamos de los 30 días.

Dado el rezago con el que actúan estas políticas, cabe preguntarse qué habrá llegar antes, si la desinflación o el enfriamiento de la economía. El canal del crédito, que hoy es poco menos que un boom, podría comenzar a resentirse si este escenario se prolonga. Pero, en realidad, el crecimiento de 2018 puede absorber una desaceleración de los bienes durables.

El consumo básico está repuntando, y el mercado de trabajo puede darle continuidad a este movimiento, siempre a un ritmo moderado. El gobierno, además, apunta a un empalme entre obra pública y Proyectos Público-Privados que podría extender la recuperación de la inversión. La salida de la recesión de Brasil podría permitir que la industria y las exportaciones agreguen algunas décimas al crecimiento del PIB local.

Del lado de las expectativas de inflación, es positivo que las pautas presupuestarias sean más consistentes para 2018: la emisión a favor del Tesoro se habrá de achicar a un 14 % de la base monetaria del próximo año, incidencia que en 2015 había sido de nada menos que el 31 % de la base. Respecto del tipo de cambio, el piso más elevado por el mayor déficit comercial seguirá siendo contrarrestado por el ingreso de divisas derivado del financiamiento externo del rojo fiscal. En cuanto al impacto de 2 a 3 puntos del ajuste de tarifas sobre los índices, esta vez puede ser parcialmente contenido por una demanda de dinero más firme de los particulares, con los pesos “quemando menos” en el bolsillo. Este último factor es muy relevante, pero hasta julio se había manifestado de un modo débil, dejando toda la tarea de esterilización al Banco Central, con el consiguiente aumento del stock de Lebacs. Desde agosto, sin embargo, la demanda de dinero parece estar saliendo en ayuda de la política monetaria.

Al final del día, todo indica que el momento clave del partido de 2018 será el período de marzo a mayo, en el que se negocia el grueso de las paritarias. Si la pulseada se acota a guarismos entre 10 y 15 % es un buen escenario, tanto para la inflación como para el nivel de actividad. Pero el horizonte será menos favorable para ambas variables si aquella brecha es mayor. Los empresarios ya han tenido oportunidad de calibrar al Banco Central. Resta ver cuánto de ese mensaje ha llegado al mundo sindical.

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