Libertad de expresión

Milei endurece la Ley de Migraciones: podrá impedir el ingreso o expulsar a extranjeros por mensajes de odio y ultraje a símbolos patrios

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El Gobierno de Javier Milei endureció el régimen migratorio argentino y habilitó nuevas causales para impedir el ingreso al país o cancelar la residencia de extranjeros que hayan emitido mensajes de odio, incitado a la violencia contra argentinos o participado en actos considerados de ultraje contra símbolos patrios nacionales. La modificación fue establecida mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia 681/2026, publicado este jueves en el Boletín Oficial, y alcanza tanto a quienes pretendan ingresar al país como a extranjeros que ya se encuentren radicados en la Argentina.

La medida incorpora un nuevo inciso al artículo 29 de la Ley de Migraciones 25.871, referido a los impedimentos para el ingreso y permanencia. El texto contempla como causal haber dirigido mensajes de odio, en forma oral o escrita, o haber incitado a la violencia contra el pueblo argentino en su conjunto o contra un ciudadano argentino cuando la motivación esté vinculada con su nacionalidad. También incluye la realización o participación en actos de ultraje de símbolos patrios nacionales y la incitación a cometer cualquiera de esas conductas.

El decreto introduce, sin embargo, una salvedad explícita que será uno de los puntos centrales de su aplicación. La nueva causal no podrá utilizarse para encuadrar expresiones de disenso ideológico ni críticas políticas, académicas o ciudadanas que constituyan un ejercicio legítimo de derechos constitucionales. En otras palabras, el Gobierno busca establecer una frontera normativa entre la crítica o el desacuerdo, que quedan expresamente protegidos, y aquellas manifestaciones que sean consideradas mensajes de odio o incitación a la violencia.

La misma lógica se incorpora al artículo 62 de la Ley de Migraciones, que establece las causales por las cuales puede cancelarse la residencia de un extranjero. A partir de la entrada en vigencia del DNU, la existencia de esas conductas podrá habilitar la cancelación de la residencia y, según las circunstancias del caso, la intimación a abandonar el territorio argentino o directamente la expulsión.

El cambio tiene una consecuencia práctica relevante para quienes ya poseen residencia en el país. La nueva normativa no se limita a establecer controles adicionales en las fronteras, sino que amplía las herramientas administrativas disponibles para revisar la permanencia de extranjeros que incurran en las conductas descriptas por el decreto.

El Gobierno justificó la decisión en un supuesto aumento de mensajes de odio, actos de hostilidad y expresiones de menosprecio dirigidos contra los argentinos, su cultura y su identidad nacional. En los fundamentos del decreto, el Poder Ejecutivo sostiene que esas conductas pueden afectar la convivencia social, la integridad de las personas y derechos y garantías reconocidos por el ordenamiento jurídico.

La argumentación oficial también se apoya en la Ley 23.592 contra la discriminación y en la Convención Americana sobre Derechos Humanos. El decreto cita específicamente el artículo 13 del Pacto de San José de Costa Rica, que contempla restricciones a determinadas expresiones vinculadas con la apología del odio nacional cuando constituyan incitación a la violencia o acciones ilegales, y sostiene que la nueva regulación es compatible con la libertad de expresión porque no alcanza al disenso ideológico ni a la crítica política, académica o ciudadana legítima.

El cambio se produce mediante un DNU, una herramienta excepcional prevista por el artículo 99 inciso 3 de la Constitución Nacional para circunstancias que hagan imposible seguir los procedimientos ordinarios de sanción de las leyes. El propio decreto reconoce ese carácter excepcional y ordena dar intervención a la Comisión Bicameral Permanente del Congreso, que deberá analizar su validez en el marco de la Ley 26.122.

La decisión abre así una nueva discusión institucional sobre los límites del poder estatal en materia migratoria, libertad de expresión y protección frente a discursos de odio. El punto sensible no estará solamente en la existencia de las nuevas causales, sino también en cómo se definirá y acreditará administrativamente qué constituye un “mensaje de odio”, una “incitación a la violencia” o un “ultraje” a los símbolos patrios.

El decreto intenta anticipar parte de esa discusión al establecer que la crítica política o ideológica legítima queda fuera del nuevo régimen. Sin embargo, la aplicación concreta de la norma requerirá determinar, caso por caso, cuándo una expresión deja de ser una manifestación protegida y pasa a constituir una conducta alcanzada por las nuevas restricciones migratorias.

Desde el punto de vista operativo, el nuevo esquema refuerza la potestad del Estado para decidir quién puede ingresar, permanecer o ser expulsado del territorio nacional, al tiempo que incorpora expresamente criterios vinculados con la convivencia social, la violencia y la protección de los símbolos nacionales. La norma comenzará a regir desde el día siguiente a su publicación en el Boletín Oficial.

La medida forma parte de la agenda del Gobierno para revisar el régimen migratorio y reforzar los mecanismos de control sobre el ingreso y permanencia de extranjeros. En este caso, el argumento oficial combina seguridad, convivencia y protección frente a expresiones de violencia, pero su implementación también colocará a las autoridades migratorias ante el desafío de aplicar la nueva herramienta sin convertirla en una restricción sobre expresiones legítimas de crítica o disenso.

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Milei cuestiona a periodistas y redefine el vínculo con los medios

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El presidente Javier Milei difundió un extenso mensaje en el que cuestionó el rol de periodistas y medios de comunicación, al tiempo que reafirmó una decisión central de su gestión: la eliminación de la pauta oficial. La publicación, realizada en sus redes, se inscribe en un contexto de confrontación creciente con actores del sistema mediático y plantea una redefinición explícita del vínculo entre el Gobierno y la prensa.

El mandatario sostuvo que “nunca en la historia argentina hubo tanta libertad de expresión como hoy”, pero rechazó la idea de que ese derecho implique “decir cualquier cosa sin consecuencias”. En esa línea, planteó que parte del periodismo confunde libertad con impunidad y defendió la necesidad de que quienes comunican asuman responsabilidades por sus afirmaciones.

Libertad de expresión y financiamiento

El planteo presidencial se apoya en dos ejes: la concepción de la libertad de expresión y el esquema de financiamiento de los medios. Por un lado, Milei propone una interpretación en la que el ejercicio de ese derecho está condicionado por la responsabilidad individual. Por otro, cuestiona la estructura de sostenimiento económico del sector, particularmente el rol de la pauta oficial.

Según lo expresado, el Gobierno nacional eliminó ese mecanismo de financiamiento, lo que —de acuerdo al Presidente— debería derivar en un sistema donde los medios se validen en el mercado. Sin embargo, señaló que la persistencia de pauta en niveles subnacionales distorsiona ese proceso, al sostener medios “artificialmente”.

Sin pauta y con confrontación directa

La decisión política ratificada es clara: no habrá pauta oficial desde la administración nacional. Milei aseguró que, mientras su gobierno continúe, no se restablecerán esos fondos y descartó cualquier esquema de financiamiento indirecto.

En paralelo, el Presidente anticipó una estrategia de confrontación discursiva: “vamos a contestar cada una de sus mentiras, operaciones e injurias”, afirmó, marcando un cambio respecto a modelos anteriores de relación más institucionalizada con el sistema de medios.

Este enfoque implica un doble movimiento: retiro de recursos económicos y aumento de la disputa pública narrativa.

El mensaje reconfigura el equilibrio entre el poder político y los medios. Por un lado, fortalece la posición del Ejecutivo en su narrativa de eliminación de privilegios y ajuste del gasto estatal. Por otro, coloca a los medios —especialmente aquellos con dependencia de pauta pública— en una situación más expuesta.

La lógica planteada por Milei traslada la validación de los medios al mercado y a la audiencia, lo que, según su visión, debería “depurar” el sistema. Sin embargo, también incrementa la tensión con sectores periodísticos que interpretan estas declaraciones como un cuestionamiento directo a su rol.

El planteo presidencial sugiere una transición hacia modelos basados en audiencias y mercado, aunque reconoce que la continuidad de pauta en otros niveles de gobierno podría amortiguar ese cambio.

Mercado, política y narrativa

El posicionamiento de Milei abre varios frentes a observar: la reacción del sistema mediático, la eventual replicación de políticas de ajuste en pauta a nivel provincial y el impacto en la calidad y diversidad informativa.

También queda en juego cómo evolucionará la relación entre el Gobierno y los medios en términos institucionales, en un contexto donde la confrontación pública se vuelve un componente central de la estrategia política.

El posteo de Milei

SOBRE LOS “PERIODISTAS” Hay un fenómeno muy recurrente en los periodistas argentinos, o entre aquellas personas que dicen ejercer el periodismo, que es que ante la primera crítica que reciben acusan censura y violaciones a la libertad de expresión. Déjenme decirles un par de cosas así saldamos esta discusión. En primer lugar nunca en la historia argentina hubo tanta libertad de expresión como hoy. Un error que suelen cometer los periodistas es creer que libertad de expresión significa decir cualquier cosa sin ningún tipo de consecuencia. Eso no es libertad de expresión. La libertad exige responsabilidad. Reclamar un supuesto derecho a poder decir lo que se les antoje sin consecuencias es reclamar el privilegio de poder seguir viviendo en la torre de marfil en la que vivieron durante muchos años. Sin embargo, la Argentina de los privilegios de ha terminado. Todos debemos hacernos responsables de nuestros actos. Hoy les toca enfrentarse a un ciudadano que llegó a Presidente y no le debe nada a nadie más que cumplir el mandato de cambio que nos dio el país, y que no tiene miedo de decir un par de verdades incómodas aunque a muchos privilegiados les duela. En segundo lugar, en un mercado verdaderamente libre, sería la propia sociedad la que se encargaría de limpiar el sistema mandando a la quiebra a aquellos medios que publican falsedades, operaciones e injurias de manera constante, porque la gente no es idiota, a diferencia de lo que algunos medios creen. Pero el sistema de medios en Argentina no es libre. En tanto y en cuanto la mayoría de los medios de comunicación sigan viviendo de la pauta oficial de algún gobierno subnacional ya que nosotros hemos eliminado la pauta, los mecanismos de corrección del mercado no funcionan ya que se sostienen artificialmente al servicio del interés de algún político. Es exactamente lo mismo que sucede con las empresas que subsisten gracias a la prebenda estatal y reclaman poder seguir cazando en el zoológico. En esencia, lo que la mayoría de los periodistas reclaman no es libertad de expresión. Es poder vivir sin hacerse cargo de las consecuencias de las cosas que dicen y que encima la factura la pague el pagador de impuestos. Privilegios y pauta. Ese es el verdadero reclamo de algunos periodistas. Quiero que sepan que mientras nosotros tengamos el honor de seguir conduciendo los destinos de nuestro país, no van a obtener ni privilegios ni pauta (al menos no de nuestra parte). Vamos a contestar cada una de sus mentiras, de sus operaciones y de sus injurias, y tendrán que hacerse responsables de las cosas que dicen como cualquier ciudadano de a pie. Se acabó la Argentina con ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Todos somos iguales ante la ley, todos debemos hacernos cargo de nuestras acciones y de la misma manera que los empresarios tienen que aprender a competir en una economía cada día mas abierta, los periodistas tienen que aprender a hacerse cargo de sus palabras. VIVA LA LIBERTAD CARAJO…!!!

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FOPEA rechaza la creación de la “Oficina de Respuesta Oficial”

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El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) manifestó su profunda preocupación y rechazo ante la creación de la cuenta de la red social X, denominada “Oficina de Respuesta Oficial”, promovida desde la Presidencia de la Nación con el objetivo declarado de “desmentir activamente la mentira” y “dejar en evidencia operaciones”.

A través de un pronunciamiento institucional, la entidad recordó que el Artículo 1 de su Código de Ética establece que el compromiso primordial del periodismo es la búsqueda de la verdad, a partir de una tarea profesional basada en el rigor periodístico, el chequeo de la información, la multiplicidad de fuentes y la honestidad intelectual. En ese marco, subrayó que el periodismo no impone dogmas ni define verdades desde posiciones de poder, sino que trabaja para aportar información verificada a la sociedad.

Desde FOPEA advirtieron que la pretensión del Gobierno de instalar una “verdad oficial” indiscutible colisiona de manera directa con los principios fundamentales de una sociedad libre. En ese sentido, alertaron sobre la gravedad institucional que implica montar desde el Estado un “tribunal de la verdad”, especialmente cuando la iniciativa fue difundida desde la cuenta oficial de Prensa de la Presidencia de la Nación.

Según señaló la organización, este hecho confirma el uso de estructuras oficiales —y, por lo tanto, de recursos públicos sostenidos por el conjunto de la ciudadanía— para vigilar, señalar y estigmatizar el disenso o el ejercicio del periodismo crítico.

El comunicado también contextualiza esta preocupación en un escenario más amplio, marcado por restricciones al acceso a la información pública, como la modificación por decreto de los alcances de la Ley de Acceso a la Información Pública, la ausencia de conferencias de prensa regulares y la falta de una vocería presidencial con funcionamiento pleno.

FOPEA recordó que, a lo largo de sus 23 años de vida institucional, ha expresado públicamente su preocupación frente a iniciativas similares impulsadas por distintos gobiernos. El argumento, indicaron, ha sido siempre el mismo: el Estado tiene la obligación de garantizar la libertad de expresión y el acceso a la información pública, no de auditar el discurso público ni de hostigar a quienes ejercen el oficio de informar.

Finalmente, la entidad sostuvo que el periodismo, como toda actividad pública, está expuesto y debe someterse a la crítica, pero advirtió que ninguna autoridad oficial puede clausurar el debate público, ya que hacerlo implica invalidar al otro, debilitar la libertad de expresión y erosionar la necesaria rendición de cuentas en una democracia.

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Lorenzetti reafirmó el derecho a la libertad de expresión: “Es central para la democracia”

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También se pronunció en contra de la ampliación de miembros de la Corte. El presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, reafirmó el derecho a la libertad de expresión, aseguró que el Máximo Tribunal tiene una amplia jurisprudencia en su defensa y enfatizó que no la cambiará.

“Es central para la democracia”, aseguró Lorenzetti y añadió que “si no hay libertad de expresión no hay argumentos, por más que no nos guste lo que se diga”.

El cortesano se excusó de profundizar el tema, haciendo alusión a las últimas denuncias del gobierno y fallos judiciales para no caer en prejuzgamiento.

Lorenzetti también se pronunció en contra de la ampliación de miembros de la Corte.

“Si se aumenta la cantidad de miembros, cambia la jurisprudencia y eso generará incertidumbre en la vida económica. Hay que dar estabilidad en las instituciones en medio de un proceso económico”, explicó.

Lorenzetti se presentó este miércoles en el ciclo “Diálogos” que está desarrollando la Fundación Mediterránea en Buenos Aires.

El presidente de la Corte Suprema sostuvo que “la jurisprudencia de la Corte es muy clara” respecto de la libertad de expresión y subrayó que “no hemos cambiado la jurisprudencia y no las vamos a cambiar”.

En relación con temas de fondo, Lorenzetti destacó que “la Argentina necesita un cambio profundo en las instituciones y muy relevante en las instituciones”.

Explicó que la situación actual provoca que “los grandes temas no se solucionen, se trasladen”.

Describió que “Argentina tiene un diseño institucional muy defectuoso porque produce grandes triunfos individuales y fracasos colectivos”. Lorenzetti resaltó que “como país vivimos de fracaso en fracaso”.

El presidente de la Corte insistió en la necesidad de “defender la democracia el estado de derecho”.

Afirmó que “la función del poder judicial es mantener la estabilidad para que todos se sientan seguros y protegidos”.

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Radiografía de la Argentina cuando asesinaron a José Luis Cabezas

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Por Romina Calderaro:

No era la Iglesia, no era la justicia, mucho menos los partidos políticos. Cuando hace 25 años en la Argentina fue asesinado el reportero gráfico José Luis Cabezas, la institución que aparecía con más prestigio en las encuestas de opinión pública era el periodismo.

El crimen del fotógrafo de la revista Noticias que consiguió la imagen del empresario Alfredo Yabrán se produjo en la frontera entre el apogeo y la caída del menemismo, pero con un peronismo que aún se creía invencible a pesar de que los datos duros de la economía registraban un 28% de pobreza y un 17,9% de desempleo.

La interna para suceder a Carlos Saúl Menem ardía, con el exministro de Economía, Domingo Cavallo, y el gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde, como firmes candidatos dispuestos a dar la pelea para reemplazar al riojano.

Pero desorientado por el exceso de confianza, el peronismo no contaba con que en 1997 empezaran las conversaciones que alumbraron la Alianza, el entendimiento entre la UCR y el Frepaso que dos años más tarde terminó imponiéndose en las elecciones presidenciales.

Dentro del Gobierno no se daba importancia a las múltiples evidencias de que el modelo de Convertibilidad ya empezaba a mostrar sus límites ni a que los números exhibían un deterioro social que iba a crecer en los años posteriores. No por nada en 1998 una de las tiras más exitosas de la televisión abierta se llamó Gasoleros.

La competencia clásica en la tele era Tinelli-Pergolini y los programas políticos que representaban al menemismo y al antimenemismo eran “Hora Clave” y “Día D”, respectivamente.

Cuando mataron a Cabezas, los teléfonos celulares ya estaban al alcance de muchos argentinos, había canales que transmitían sólo noticias todo el día y en las casas no era infrecuente que empezara a haber más de un aparato para que las familias vieran distintos programas: comenzaba a segmentarse el consumo.

La cultura aparecía atravesada por el espectáculo, pero en clave estadounidense. Fue la época de la llegada de las grandes bandas internacionales a la Argentina.

Más allá de la economía y a pesar de que en 1995 Menem había sido reelecto, el crimen de Cabezas se inscribió en una serie de acontecimientos siniestros, algunos de los ’90 -como los atentados a la AMIA y a la Embajada de Israel, la extraña muerte de Carlos Menem Jr, la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero, por mencionar algunos-, y operó como una frontera, como la gota que rebasó el vaso de la tolerancia de amplios sectores sociales que se expresaron en las urnas en 1999 y consagraron presidente al radical aliancista Fernando de la Rúa

“El año 1997 es importante en dos sentidos: se formó la Alianza y el Frepaso se animó a dar un volantazo que parecía la vía necesaria para vencer al menemismo mientras se empezaban a percibir las primeras señales de ralentización de la economía y a exponerse los límites del del Plan de Convertibilidad”, dijo a Télam Eduardo Minutella, investigador y docente de historia y autor de Progresistas fuimos todos, de siglo XXI Editores.

Artemio López, titular la consultora Equis, coincide: “Los datos duros indican que en 1997 había un 28% de pobreza, un 7% de indigencia y con Carlos Menem la Argentina llegó por primera vez a los dos dígitos de desocupación. El pico se alcanzó en mayo de 1995, cuando la tasa de desempleo se ubicó en 18.4%. Para 1997, en base a Planes Trabajar había descendido a 17.9% en la población general. Sin embargo, la situación seguía siendo crítica. Entre mayo de 1994 y octubre de 1997 los jefes de hogar desempleados que llevaban más de un año en esa situación pasaron del 7,7 al 22,4%. El crimen de Cabezas se produce en un contexto de fragilidad social en el que claramente se estaba terminando el romance con Menem”, aseguró.

El politólogo Julio Burdman matiza: “Desde el punto de vista analítico, los números sociales eran tremendos. Había un deterioro social, pero la macro venía aguantando. La recesión empezó en 1998. La ilusión menemista no se había apagado y la relación con la opinión pública no estaba resquebrajada aún. Como prueba, subraya que en ese momento el peronismo estaba empoderado por segunda vez y se sentía cuasi eterno. “Menem quería la re-reelección y Duhalde y Cavallo querían ser presidentes. Sobraban los candidatos del PJ que se morían por liderar la Argentina, a diferencia de hoy, en que faltan candidatos”, compara.

El sociólogo Ricardo Rouvier enmarca el crimen en el cruce de varios procesos. “Te diría que se produce en el marco del deterioro del dominio menemista, que pone en el tapete el tema de la impunidad de los amigos mafiosos y que remite a prácticas de la última dictadura militar cuyas huellas pueden rastrearse”, sostiene.

Marcelo Leyras cree que el crimen de Cabezas se inscribe en una serie de episodios siniestros del menemismo a los que la sociedad asistía azorada porque no se resolvían. “Fue un episodio más de una serie oscura que se sumó a la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero, a los atentados a la Amia y a la Embajada de Israel, al extraño accidente del helicóptero de Carlitos Menem Jr. y éste fue el episodio más potente que generó una reacción multitudinaria. Yabrán representaba lo fantasmal de la trama del menemismo y Cabezas el que muestra el cuerpo del espectro y tiene que pagar con su vida. La sociedad se harta de ese modo de violencia política, la clase media movilizada estaba muy harta de muerte”, opinó.

Mariano Schuster, periodista y editor de La Nueva Sociedad, es un estudioso de los ’90 y recuerda que en esa época los periodistas estaban erigidos como fiscales de la república y resume así lo que significó el crimen de Cabezas: “Tocar a un periodista en ese momento era como tocar la ética desde la mugre”.

Recuerda que Pinamar era el símbolo de la “nueva” costa y que veraneaba ahí el tipo al que le había ido bien. “Un representante del poder económico del menemismo manda a matar a un periodista en un lugar que representa la nueva estética menemista en la costa”, resume la atrocidad del hecho.

“Ya es la segunda parte del menemismo y estamos más empobrecidos, nos mudamos de Punta del Este a Pinamar. El primer año en el que Carlitos Menem deja Punta y va a Pinamar es 1994. La política y mucha farándula ponen el cuerpo ahí. Y hay cambios. Empiezan a ir modelos más de cabotaje y es una etapa bisagra. En 1998 la tira televisiva estrella es Gasoleros y la moda es la que impone Pamela Rodríguez, que usa ropa batik. Y ya nos burlamos un poco de la galera del marido de Valeria Mazza en su casamiento. Se empezó a vislumbrar todo como más decadente”, reflexionó la periodista Lorena Álvarez, que se ocupó de estudiar las etapas de los ’90 desde sus símbolos.

Algo del orden del hartazgo también percibe el politólogo cinéfilo Gustavo Marangoni. Recuerda que unos meses después del crimen de Cabezas se estrenó la película “Cenizas del Paraíso”, en cuya trama aparece un empresario mafioso. “Me llamó la atención que la gente en el cine suele estar callada y cuando aparecían escenas vinculadas a la corrupción se escuchaban comentarios en voz alta, había algo del orden de lo social que estaba cambiando. Lo comenté con otros politólogos y percibieron lo mismo”, contó.

“El lugar de los medios en la política era realmente muy importante, recordemos que se instala el concepto de video política, se multiplican los canales, hay canales exclusivamente dedicados a transmitir noticias todo el día y hay una fascinación alta de los políticos por este fenómeno. Además, estaba empezando a jugar internet y en cada casa empieza a haber más de una boca de tele y se segmentan los consumos”, recuerda Minutella.

El rol del periodismo no se cuestionaba, Clarín era el diario de “la gente” y Schuster evoca que el trabajo de los periodistas era percibido como “un contrapoder frente a una política que parecía no incomodarse con nada”.

Fue la época del auge de los best seller de investigación periodística y el asesinato de Cabezas provocó de manera inmediata que salvo la denominada prensa “adicta” al menemismo, se abroquelaran para pedir el esclarecimiento del crimen desde PáginaI12 hasta La Nación.

“La muerte de Cabezas es de un impacto irreversible porque establece una frontera respecto del menemismo. El periodismo en su totalidad se unifica bajo el significante del periodismo de investigación. Es la época del auge de las escuelas de periodismo y las estrellas del oficio con héroes para la gente”, agrega. “El crimen generó una frontera ética y profesional”, dijo. Los medios, incluido Clarín, pasaron en su gran mayoría a ser críticos del menemismo.

“Tienen que ver con una lógica de la cultura atravesada por el espectáculo. Xuxa, Tinelli, los Rolling Stones. Empiezan a llegar bandas de afuera de un modo masivo. El grupo The Sacados escribió un tema que se llamaba ‘Paren de venir'”, afirma Minutella y como consecuencia de esa importación sostiene que era difícil producir cultura masiva. “Los shopping, la lógica del parque de diversiones se imponen a la lógica de la biblioteca y esto queda de manifiesto en la designación de determinados funcionarios. Pensemos en Gerardo Sofovich en lo que era Canal 7 y su intento de privatización del canal”, dice el investigador en historia. Y el ícono periodístico menemista por antonomasia le parece Bernardo Neustadt. Recuerda que una vez dejó en sus manos la conducción de uno de sus programas de televisión al propio Carlos Menem. “Hasta tal punto fue un ícono del menemismo que no pudo trascenderlo”, comenta.

Schuster se dedicó a hurgar en lo que era la cultura de izquierda o de centroizquierda de la época. “Para mí en el 95, 96, 97 nace lo que yo denomino ‘pergolinismo cultural’, que para mí es una crítica al menemismo no sólo por la corrupción. Se impone una cosa de jóvenes contra adultos, creo que hay algo antimenemista en la lógica de un programa como ‘El Rayo’ en ese momento. En Soda Stereo, en ciertos consumos culturales de un rock que no es el ‘rock chabón’ sino el publicitado por Daniel Grinbank, vinculado al festival ‘Buenos Aires No Duerme’, que es una respuesta desde el gobierno porteño de De la Rúa a Duhalde, que estaba con el tema del toque de queda en los boliches bonaerenses”.

Minutella cree que es interesante que el menemismo, aupado en la posmodernidad, haya ido borrando la frontera entre consumos culturales exclusivos para gente de determinada clase social específica. “De repente empieza a haber sectores bien posicionados que empiezan a consumir bienes que inicialmente no estaban pensados para ellos”, dice.

A 25 años del mayor ataque a la libertad de prensa en democracia en la Argentina del ’83 al presente, a 25 años del asesinato de José Luis Cabezas en la madrugada del 25 de enero de 1997 en una cava de General Madariaga, revisitar “el contexto de fragilidad social” -a decir de Artemio López- en que se consumó el crimen del reportero gráfico permite analizar también qué pregnancia de aquellos valores persiste en el entramado social y político actual. Porque como señala Rouvier: “una dictadura no termina cuando empieza una democracia o viceversa”. Hay continuidades, ciclos históricos, construcciones de sentido que se encaprichan en borrar el pasado. Tal vez no olvidarse de Cabezas signifique también una interpelación necesaria.

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