Luis Ripoll

Luis Ripoll: “No hay que menospreciar a Garupá, empezamos a mover la aguja”

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Garupá dejó de ser una pequeña localidad recostada sobre los límites de Posadas. El crecimiento demográfico, la construcción de barrios, la llegada de industrias y la expansión comercial cambiaron su escala. Sin embargo, ese salto también dejó una ciudad extendida, con distintos núcleos urbanos y una infraestructura que todavía debe correr detrás de la población.

Luis Ripoll gobierna ese territorio en transición. El intendente reconoce que el crecimiento fue acelerado y, en buena medida, desordenado, pero sostiene que Garupá comenzó a dejar atrás aquella imagen de “vecino chiquito” de la capital provincial. La ubicación estratégica, atravesada por las rutas nacionales 12 y 105, el Acceso Sur y el ferrocarril, empezó a atraer inversiones que encuentran allí costos más bajos, disponibilidad de tierras y una conexión directa con Posadas y el interior de Misiones.

“No hay que menospreciar a Garupá”, sintetiza Ripoll. Y asegura que la administración municipal comenzó a “mover la aguja” con obras, servicios y acuerdos con organismos provinciales y nacionales.

La pandemia fue, paradójicamente, un punto de inflexión en la relación entre el municipio y sus habitantes. Durante los meses de mayores restricciones, cuando buena parte de los vecinos permaneció en sus hogares, se hizo visible una tarea municipal que muchas veces pasaba inadvertida.

“La gente empezó a darse cuenta de que el municipio estaba constantemente. Antes salía a trabajar, regresaba y su basura ya había sido juntada, ya se había fumigado. Cuando comenzó la pandemia todavía estábamos a pleno con el dengue. Entonces veían pasar temprano al camión o al vehículo que fumigaba”, recuerda.

Esa etapa también puso a prueba a quienes habían decidido invertir. Algunos emprendimientos gastronómicos encontraron una oportunidad y lograron consolidarse. Ripoll menciona el crecimiento de Petri y la aparición de pubs, bares y otros comercios que ampliaron una oferta hasta entonces limitada.

El proceso no quedó reducido a la gastronomía. El intendente enumera la fábrica de zapatillas, los depósitos vinculados con embarcaciones, las empresas mayoristas, el sector maderero y la recuperación de Pinturas Misioneras después del incendio que afectó sus instalaciones.

Antes del siniestro, la fábrica de pinturas operaba durante tres turnos diarios y empleaba a una importante cantidad de jóvenes. Su reconstrucción representó la recuperación de una de las fuentes laborales industriales del municipio.

La articulación con la Oficina de Empleo se convirtió, según Ripoll, en una herramienta para acercar a los jóvenes al trabajo formal. El municipio aporta postulantes y acompaña un período de inserción laboral, mientras las empresas evalúan su desempeño.

“Lo bueno es que muchos de los que entran como pasantes después quedan. Demuestran las ganas de superarse y las empresas les dan esa posibilidad”, explica. El esquema fue utilizado en compañías como Navarro y Pinturas Misioneras, pero también en locales gastronómicos, escribanías y emprendimientos de diferentes rubros.

Ripoll admite, no obstante, que existe una dificultad: la capacitación. Hay empresas dispuestas a incorporar trabajadores, pero parte de los jóvenes no cuenta con la formación específica requerida. Para el intendente, el desafío es que los programas de empleo funcionen como una puerta de entrada y no como una asistencia permanente.

“El fin del plan es que el chico tenga el primer acercamiento al empleo formal, que empiece a cobrar un sueldo y que después la empresa pueda optar por seguir teniéndolo”, señala.

Una ciudad que creció antes de ordenarse

La expansión demográfica plantea una pregunta inevitable: cómo administrar una ciudad que durante décadas fue considerada pequeña, pero que pasó a disputar los primeros lugares entre los municipios más poblados de Misiones.

Ripoll admite que no existen demasiados antecedentes de ciudades capaces de multiplicar su población en tan poco tiempo. El fenómeno, afirma, obliga a aprender sobre la marcha, corregir errores y buscar acuerdos que permitan sostener las obras.

“Cuadruplicar el crecimiento no es algo que exista normalmente. Eso suma desafíos y, a veces, situaciones difíciles de atender. No son imposibles, seguramente tardaremos un poco más, pero tratamos de llegar mediante convenios y obras”, sostiene.

La administración municipal buscó apoyo en la Dirección Provincial de Vialidad, el Instituto Provincial de Desarrollo Habitacional, la Unidad Ejecutora Provincial y la Dirección General de Arquitectura. La combinación de recursos propios y asistencia provincial permitió avanzar con cordón cuneta, empedrado, asfalto, adoquinado y mejoramiento de calles.

La configuración urbana de Garupá, sin embargo, continúa siendo compleja. El antiguo casco céntrico perdió centralidad frente al crecimiento de Ñu Porá, Santa Helena, la zona de la ruta 105, los barrios del Acceso Sur y los asentamientos que se despliegan a lo largo de la ruta 12.

Ripoll rechaza que el centro histórico haya quedado completamente vacío. Allí siguen funcionando la Municipalidad, el Registro de las Personas, consultorios médicos, dependencias del Instituto de Previsión Social y la estación ferroviaria de cargas. La actividad logística, además, generó nuevos movimientos comerciales y alentó la instalación de empresas en las cercanías.

La prioridad es conectar los barrios entre sí y asegurar que las calles internas tengan salida hacia las grandes arterias.

“Tenemos conectividad con las rutas 12 y 105, con el Acceso Sur y con Posadas. La materia pendiente es mejorar la conexión interna. Estamos buscando que todas las calles tengan salida hacia el Acceso Sur, la ruta 12 o el centro de la ciudad”, explica.

El tren como nuevo puente con Posadas

La recuperación del ferrocarril de cargas devolvió movimiento al casco histórico de Garupá. Para Ripoll, la puesta en marcha de un servicio de pasajeros podría representar un segundo impulso y modificar la relación cotidiana con Posadas.

El intendente considera que el tren puede competir con el transporte tradicional por tres razones: menor tiempo de viaje, mayor capacidad por formación y una conexión más directa entre ambas ciudades. Una formación podría trasladar hasta 200 pasajeros por viaje.

“El tren de pasajeros puede ser otro espaldarazo. Va a sumar una oferta de transporte que puede convenir por el menor tiempo y por la cantidad de personas que puede llevar en un solo viaje”, sostiene.

Pero la apuesta no se limita a los trabajadores y estudiantes que se trasladan diariamente. Ripoll también imagina una utilización turística. La estación de Garupá tiene más de un siglo de historia y podría integrarse a un circuito que combine patrimonio, paisaje y nuevos emprendimientos.

En ese mapa aparecen Santa Inés, vinculada con la familia Núñez y una historia industrial de más de 120 años; el frente costero; el Acceso Sur; las playas y otros puntos reconocibles del municipio, como las instalaciones de Crucero del Norte.

El tren permitiría, de ese modo, conectar a Garupá con la creciente oferta turística de la zona capital y darle una nueva función a su centro histórico.

Cuando se le pregunta por qué un inversor debería elegir Garupá, Ripoll responde con ubicación y costos. Las tasas municipales son más bajas y la ciudad ocupa un punto estratégico en el ingreso a Posadas y en la distribución hacia el resto de la provincia.

Quien llega desde el sur por la ruta 105 o circula por la ruta 12 necesariamente atraviesa Garupá. Esa condición explica la radicación de mayoristas, depósitos, distribuidoras, comercios de materiales y empresas de logística.

“Desde Garupá se tarda menos en llegar a Posadas que desde muchos barrios de la propia capital. Eso permite distribuir rápidamente hacia supermercados, centros comerciales y también hacia localidades del interior como Oberá o Eldorado”, destaca.

El corredor de la ruta 105 aparece como la zona de mayor expansión, aunque la ruta 12 mantiene un ritmo sostenido de nuevas instalaciones. Allí se distribuyen mayoristas, depósitos y emprendimientos como Puerto Pégaso, además de inversiones que aprovechan la cercanía con los principales accesos.

Los loteos también reflejan la demanda. Ripoll cuenta que algunos terrenos que inicialmente se ofrecían por 600 mil pesos pasaron a cotizar entre dos millones y dos millones y medio. “Loteo que se hizo, loteo que se vendió”, resume.

Mirar hacia el río

El crecimiento inmobiliario abre otra posibilidad: que Garupá desarrolle barrios privados y edificios orientados hacia el Paraná, aprovechando su cercanía con Posadas y una costa que durante años permaneció al margen de la planificación urbana.

Ripoll reconoce que varios grupos empresariales comenzaron a consultar por terrenos en el Acceso Sur y por proyectos de barrios cerrados. La disponibilidad de servicios y la vista al río convierten a esa franja en uno de los espacios con mayor potencial.

“Hay inversores que están pensando en mirar hacia el río y en desarrollar algún tipo de barrio cerrado. Tenemos reuniones para comenzar a diagramar esas posibilidades”, revela.

El límite más importante es la falta de una red cloacal con capacidad suficiente. Sin esa infraestructura, el municipio no puede autorizar construcciones de gran altura y debe restringir los edificios a un segundo o tercer piso.

El proyecto cloacal se encuentra bajo análisis con la Entidad Binacional Yacyretá. Ripoll considera que una parte sustancial del trabajo ya está avanzada porque existe un proyecto ejecutivo. Resta definir el financiamiento, las estaciones elevadoras y si el sistema será conectado con la red que atiende a Posadas o contará con plantas de tratamiento propias.

“Las cloacas nos van a permitir el descenso hacia el río y nos darán otra visión para quienes quieran construir. Hoy tenemos inversores interesados en hacer edificios, pero la falta de infraestructura nos limita”, advierte.

Algunos barrios construidos por el Instituto Provincial de Desarrollo Habitacional ya cuentan con conexiones internas preparadas para integrarse a una futura red. El reto será cerrar el sistema y encontrar una solución adecuada para una obra que, por su magnitud, supera la capacidad financiera del municipio.

Salud, servicios y una mirada metropolitana

El aumento de habitantes también incrementó la demanda sanitaria. Garupá cuenta con su hospital y con una red de Centros de Atención Primaria de la Salud, pero Ripoll admite que la oferta queda pequeña frente al crecimiento de los barrios.

La estrategia es profundizar la territorialidad. Después de la apertura de un centro en el barrio La Calandria, el municipio solicitó otro para Horacio Quiroga.

“Los lugares existen, pero muchas veces la demanda supera la oferta. Los adultos mayores y los chicos no deberían tener que trasladarse grandes distancias. Por eso planteamos que cerca de una escuela también pueda existir una sala de primeros auxilios”, explica.

La escala del crecimiento obliga a pensar más allá de las fronteras administrativas. El cementerio metropolitano, la gestión de residuos y la conexión ferroviaria forman parte de una agenda compartida con Posadas y Candelaria.

En materia ambiental, el municipio comenzó a analizar la separación y reutilización de residuos. Ripoll pretende que la economía circular no consista solamente en recolectar materiales para enviarlos a otras provincias, sino en generar valor dentro de Garupá.

Entre los proyectos menciona la fabricación de madera plástica, el reciclado de envases Tetra Pak y la recuperación de colillas de cigarrillos. Estas últimas contienen una fibra que, luego de un tratamiento, podría reutilizarse en procesos de compostaje y otras aplicaciones.

También se estudian sistemas constructivos sustentables, viviendas atérmicas, paneles fotovoltaicos y mecanismos de recuperación del agua de lluvia.

“Estamos rodeados de agua y, sin embargo, todavía no tenemos determinados tratamientos. Tenemos que pensar en las generaciones futuras, en nuestros hijos y nuestros nietos”, afirma.

A los 52 años, Ripoll no oculta su intención de competir por otro mandato. Asegura que quiere seguir siendo “una oferta válida” para Garupá, aunque aclara que la candidatura deberá discutirse dentro del Frente Renovador.

Su argumento político está asociado con la transformación urbana. Sostiene que el municipio comenzó a recuperar parte de los recursos generados por el propio crecimiento y a traducirlos en obras visibles.

“Faltaba gestionar el recupero de la gente a la que le va bien. Empezamos a mover la aguja, a construir, a cerrar un barrio de cinco manzanas con cordón cuneta y después ir a otro lugar”, asegura.

Los programas nacionales, como Argentina Hace, también aportaron financiamiento, pero Ripoll reivindica la intervención municipal en la ejecución y el control de las obras. Su prioridad, dice, no es quién se queda con el reconocimiento político, sino que los trabajos se hagan correctamente.

Garupá todavía arrastra déficits de infraestructura, dificultades de conectividad interna y servicios que necesitan acompañar el crecimiento. Pero para Ripoll la ciudad ya cruzó un umbral: dejó de ser una periferia silenciosa de Posadas y comenzó a reconocerse como un centro urbano con dinámica propia.

El tren, las rutas, la costa, las nuevas industrias y los desarrollos inmobiliarios pueden acelerar ese proceso. El desafío será ordenar lo que durante años creció casi por impulso propio.

“Yo no soy nadie, nada más que un intendente”, dice Ripoll. Y enseguida define su prioridad: “Pienso en los vecinos”. En esa combinación de expansión, infraestructura y gestión se juega el futuro de una ciudad que ya no acepta ser mirada como el vecino pequeño de la capital.

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