MAÍZ TRANSGÉNICO

Tiempos de prudencia: acerca de la polémica por los transgénicos en Misiones

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La crisis ambiental que se vive en el globo resulta lo que denominamos un hecho notorio, y no admite prueba en contrario. Se trata de una verdad irrefutable y las causas responde a un complejo juego de múltiples causas y efectos en una relación circular.
Ante esta grave circunstancia el derecho ha desarrollado numerosas herramientas que le permiten regular los procesos productivos a fin de que una visión puramente economicista devenga en un daño ambiental con consecuencias funestas para ésta y las siguientes generaciones.
Dentro de éstos instrumentos legales ha decidido darle una vital relevancia a la prudencia ante la falta de pruebas científicas concluyentes y lo ha denominado principio precautorio.
El principio mencionado (de orden público receptado en el derecho internacional) invierte la carga de la prueba y quien debe demostrar con certeza científica que una actividad o un producto no producen daño es quien lo pretende introducir al mercado. A la sociedad y a las instituciones (incluimos los gobiernos) le bastará con demostrar una duda razonable.
Esto es lo que pasa con los transgénicos. Existen dudas razonables acerca de los efectos nocivos sobre el ambiente, la alimentación y la salud de los pueblos. Es lógico -jurídico y socialmente- recurrir al principio precautorio hasta tanto no surja la convicción y el consenso científico sobre la inocencia de los transgénicos.
No existe certeza científica sobre los efectos de los transgénicos pues se mantienen dudas respectos de la influencia sobre las alergias y las transferencias genéticas a los seres humanos, a animales y hasta a otros alimentos (Outcrossing), todo ello conforme la misma OMS. Creemos que incluso hay más.
La mirada exclusivamente económica que hacen desde la Nación adolece justamente de una perspectiva integral que requieren los problemas vinculados a la sustentabilidad: un análisis ambiental, social y económico. Ésta mirada sesgada no alcanza, los problemas ambientales son complejos, holísticos, a modo de sistema.
Además la Nación debería explicar que no es lo mismo producir en la zona de la Pampa Húmeda que en una tierra donde abundan bosques nativos, cursos de agua y la mayor biodiversidad del país. Un daño ambiental (que por definición es prácticamente irreversible) es claramente mucho más grave en Misiones que en cualquier lugar del país.
En el mundo tienen las mismas dudas: Francia y Alemania tienen prohibido los transgénicos. ¿Lo hacen porque no quieren producir y obtener réditos económicos? No. Lo prohíben porque tienen serias dudas sobre sus bondades.
Omite la Nación efectuar una proyección a futuro de las siembras y las chances de que se multipliquen las tierras con dichos polémicos transgénicos pues seguro se producirán consecuencias en el suelo, acerca de la posibilidad de desmonte para plantar y sobre el aumento de los fertilizantes del tipo glifosato.
Las preguntas siguen: ¿Los laboratorios que producen fertilizantes no están involucrados en la investigación, producción y comercialización de semillas transgénicas? Si la respuesta es positiva pues parece un negocio redondo. Uno de los mayores motivos por los que se recurre a estas mutaciones es para que sean resistentes a los plaguicidas, y los fabricantes de plaguicidas seguro apoyan este uso. Sobre ellos (los agrotóxicos) cada vez hay menos opiniones apoyando su inocuidad.
Es lógico (y es necesario) que autoridades provinciales eleven su voz de alerta y de reclamos pues la intervención de la nación estimulando y promoviendo el uso de productos cuyas consecuencias ambientales no cuentan con certeza científica pues de producirse efectos nocivos será la titular del dominio de los recursos naturales la que deba afrontar la recomposición, además de la obligación de prevenir los mismos.
Los agricultores, aun cuando sean titulares del derecho de dominio sobre sus chacras, no pueden ejercer ese derecho cuando es incompatible con el derecho ambiental y pueda afectar la sustentabilidad (arts. 240 y 241 Código Civil y Comercial de la Nación) por lo que no podrán escudarse en derechos individuales pues prevalece la mirada colectiva. Nadie tiene derecho a afectar a terceros (art. 19 CN)
Me sumo a la necesidad de discutir esta cuestión profundamente, comparto y apoyo la preocupación fundada de la Secretaria de Agricultura Familiar de Misiones y solicito aplicar el principio precautorio, que por imperativo de la CSJN (Fallo “Salas”) constituye una obligación extendida a todos los funcionarios públicos, por cuanto no está comprobado científicamente que los transgénicos no generen daños ambientales, a la salud y a la vida de los ciudadanos.
El objetivo es el mismo: lograr la seguridad alimentaria sostenible. Es importante entonces que se tengan presente los intentos locales para lograr medios innovadores que puedan asegurar alimentos sanos y producciones limpias. Cuando ello no está avalado certeramente por la ciencia es necesario y obligatorio recurrir a la cautela y la prudencia pues la potencialidad de un daño ambiental es de gran alcance.


Leonardo Villafañe Doctor en Derecho (UCSF) Profesor de Derecho Ambiental (UCSF – UBA) Miembro del Instituto de Derecho Ambiental de la Asociación Argentina de Justicia Constitucional.

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El debate por el maíz transgénico: piden que el proyecto respete la biodiversidad y conservación del suelo

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Luego que los representantes de Agricultura Familiar de Nación defendieran el proyecto de producir maíz transgénico en pequeñas chacras misioneras, la Federación de Asociaciones Rurales y Forestales de Misiones (FARM) salio a sentar postura.
Desde la organización criticaron los planteos de Jerónimo Lagier y Walter Kunz quienes afirmaron a través de un comunicado que “la propuesta de la Nación es incentivar el desarrollo de un modelo agronómico de alta productividad”. Piden un debate claro sobre los pro y contras de implementar plantaciones de maíz transgénico así como el impacto de este proyecto en el ordenamiento territorial y cuidado ambiental de la provincia.
El comunicado:
Posición de la F.A.R.M. en relación al proyecto de Agroindustria de nación – Maizar para Misiones.
El proyecto de implantación de 250.000 has de maíz propuesto por la Secretaría de Agricultura de la Nación, presenta carencias que lo tornan más una expresión de deseos que un proyecto de desarrollo productivo.
La discusión no debería centrarse en si el material a utilizar es o no modificado genéticamente. El avance de la biotecnología en general, y especialmente en el área de la agricultura es inevitable. Será sin dudas cada productor el que decidirá qué semilla usar en base a los asesoramientos recibidos y su posición frente al tema.
Para la provincia sería muy importante poder producir el maíz que requiere para la producción de proteína animal. Sólo para alimentar a la cuarta parte del rodeo bovino de Misiones, esto es a 100.000 animales, se requiere de 300 mil Toneladas de Maíz/año. Estamos hablando de una superficie de 60.000 hectáreas con maíces que deberían producir 5 Tn./Ha. promedio año. Esto sería ya de por sí un logro real e implicaría un avance muy importante para la producción de proteína vegetal aplicable a la transformación de proteína animal en Misiones.
Sin embargo vemos ciertas cuestiones no menores que si se deberían debatir ante un proyecto que se presenta con tanta grandilocuencia.
La Nación firma un acuerdo con MAIZAR, donde se proponen metas que, en primer lugar decididamente afectan una política de estado de la Provincia de Misiones en cuanto a la sostenibilidad de suelo y bosques nativos. El Estado Misionero decidió la protección de sus recursos naturales, y esta decisión, discutible o no, obedece a potestades originarias, no delegadas e irrenunciables de la Provincia. La Nación debe como mínimo acordar y dar participación a la provincia garantizando que el proyecto no afectará esta decisión soberana, ni las leyes que la sustentan.
Implementar este tipo de políticas de cultivos anuales en la escala declarada, también significa avanzar contra otras actividades como Forestación, Yerba, Te, Ganadería, etc. El recurso tierra es limitado y la realización de una u otra actividad, en la mayoría de los casos, es una elección por exclusión –
En este contexto, la superficie objetivo de 250.000 has es inalcanzable en el mediano plazo y constituye una expresión de deseos, ya que la superficie potencialmente apta y disponible para ese cultivo anual no llega ni remotamente a ese nivel . Como ejemplo de lo anterior nos remitimos a la superficie total bajo agricultura de Soja / Maíz de los años 70/80 que no superaba las 100.000 has, siendo que en aquella época no existían las limitaciones conservacionistas que hoy tenemos por la Ley de Ordenamiento Territorial o más conocida como “Ley de Bosques”.
Para mantener con sostenibilidad una actividad agrícola anual en estas latitudes se requiere de tecnología de conservación de suelos que implique la Siembra Directa (SD) y uso de Curvas de Nivel y rotación de cultivos, todo lo cual es de escasa utilización en la provincia y además requiere de capacitación previa en la tecnología.
El uso de SD trae inmediatamente el problema de falta de maquinaria de siembra adaptada a las condiciones de minifundio de la “población objetivo” planteada, aún cuando se piense en traerla desde Brasil, que si la dispone.
Los híbridos a utilizar deben necesariamente disponer de tecnología genética adaptada a las plagas (oruga cogollera, barrenador, militar, etc) y enfermedades (Tizón, bacteriosis vs) locales. Si bien existen materiales que se han aplicado con éxito en el NOA, en condiciones ambientales similares, requerirían de avales técnicos locales.
Lo anterior nos hace dependientes del monitoreo de plagas y enfermedades, ya que ello implicaría el uso masivo de insecticidas, fungicidas y herbicidas de última generación, maquinaria y tecnología de pulverización (hoy inexistente o, por lo menos escasa) y, lo que puede traer discusiones interminables, también la utilización de híbridos con biotecnología de “eventos apilados” para evitar el uso masivo de los insumos antes mencionados.
Hay una falta casi total de infraestructura de acopio y secanza en la zona, salvo situaciones puntuales, lo que implica costos de “flete falso” elevados por transporte de agua, o asumir pérdidas potenciales elevadas al dejar secar en planta el cultivo para mover grano seco al 13,5-14%.
El clima zonal (subtropical sin estación seca) y su variabilidad trae un factor de riesgo climático permanente que, aunque mensurable en términos de rendimientos de indiferencia (usar rendimientos bajos cercanos a ingresos similares al costo x ha de cultivo) hacen por lo menos discutible la factibilidad económica de esta producción y pone en serio riesgo la sostenibilidad del productor / empresario de basar su potencial en este cultivo y no en un portfolio de alternativas (Por Ej. Cultivo y ganadería).
Por estas razones, desde la FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES RURALES Y FORESTALES DE MISIONES, estimamos que los proyectos técnicos deben ser ajustados a las situaciones reales y bases concretas realizables. No estamos de acuerdo con declaraciones grandilocuentes que sólo generan falsas expectativas en productores y la sociedad toda. Justificarlos en que ese es el camino del crecimiento, generación de riqueza, arraigo rural etc, es caer en un lugar común para evadir la discusión de los aspectos técnicos que definen si un proyecto es o no viable. Todos quienes de algún modo trabajamos para el mejoramiento productivo buscamos los mismos objetivos: más producción, mayor rentabilidad al productor, arraigo rural etc. Pero no es dable soslayar el “cómo”.
Consideramos importante el impulsar cultivos de maíz de alto rendimiento, siempre que sea sostenible y viable en el tiempo que contemple todo este tipo de condicionantes técnicos y, por sobre todo, el cumplimiento de una decisión ambiental de la Provincia fundada en sus derechos autonómicos a respetar la biodiversidad y conservación de suelos generando en él actividades sostenibles y sustentables.
 
 
 
 
 

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