Lo que la crisis brasileña de la yerba mate me hace pensar sobre el mercado argentino
Por Martín Gómez – Leyendo el reciente artículo de Embrapa Florestas sobre la situación del sector yerbatero en Brasil, me surge una hipótesis que quiero poner a prueba con datos. El diagnóstico que hacen los investigadores es contundente: el precio pagado al productor brasileño cayó 26,5% en términos nominales entre 2022 y 2026 (de R$17,00/@ a R$12,50/@), mientras los costos de cosecha, comercialización y transporte subieron 78,3% en un período en que la inflación acumulada en Brasil fue de aproximadamente 39,6%.
El productor brasileño está siendo presionado desde los dos extremos de la ecuación —precio y costo— a un ritmo que casi duplica la inflación general.
Lo que más me llama la atención es la explicación que dan sobre el origen de ese excedente de oferta: descartan explícitamente el término “supersafra”. No es un salto productivo, sino la recuperación de yerbales que venían golpeados por la sequía (tanto en Brasil como en Argentina) sumada a la entrada en producción de plantíos sembrados antes de la pandemia, que recién ahora maduran.
Esto importa porque distingue un excedente coyuntural —que se corrige cuando la demanda lo absorbe— de uno más estructural, vinculado a mayor superficie en producción. Embrapa advierte que esta presión podría sostenerse en los próximos años, aunque también deja entrever que los primeros indicios sugieren que la curva de retorno podría empezar a revertirse.
Mi hipótesis: si Brasil tiene este nivel de presión a la baja en sus propios precios, con un tipo de cambio relativamente estable, podría repetirse un escenario similar al de años anteriores, donde una entrada significativa de yerba canchada o molida brasileña al mercado argentino terminó presionando aún más la situación de los productores locales. Quiero ver qué dicen los datos recientes del sector en Argentina para validar o no esto.
Lo que muestran los datos argentinos
La cadena yerbatera argentina viene reportando, en paralelo, un deterioro sostenido en varios indicadores. Vale la pena ordenarlo cronológicamente para entender cuándo se empezó a agudizar:
Fines de enero 2026: productores de Misiones amenazan con desabastecimiento, reclamando que el precio de la hoja verde recibido (entre $250 y $300/kilo) está muy por debajo del valor histórico de referencia (equivalente a unos $700 al tipo de cambio actual).
Marzo 2026: distintas fuentes (Página/12, El Miércoles Digital) reportan acuerdos de precio de referencia ($270-$400) que excluyeron a productores primarios de la negociación, y denuncias de pérdida de calidad asociada a la presión de precios.
Mayo 2026: el informe de CEPA sobre el primer trimestre del año marca el peor ratio histórico desde 2019 entre lo que recibe el productor y el precio de góndola (11,6% promedio trimestral), con casos puntuales de venta por debajo del costo de producción.
Coincidiendo con esta ventana temporal, en noviembre de 2025 había entrado en vigencia el Decreto 812/2025, que modificó las facultades del INYM en materia de precios de referencia. La coincidencia temporal entre esa norma y la profundización del deterioro de precios es señalada por varios de los actores consultados en estas notas, aunque no es el único factor en juego ni hay todavía un análisis que aísle su peso relativo frente a otras variables (tipo de cambio, costos, oferta regional).
Mayo-junio 2026: la nota de Economis sobre los primeros cinco meses del año describe una caída simultánea —poco habitual— en producción, consumo interno (-3% interanual) y comercialización total, con el dato adicional de que, por primera vez, el Ministerio de Desregulación recibió a representantes de la cadena yerbatera para evaluar el impacto del esquema actual.
¿Qué dice esto sobre mi hipótesis de importación brasileña?
Acá el dato más fino que encontré, del informe CEPA sobre el primer trimestre 2026: las importaciones de yerba cayeron 50% interanual respecto a 2025.
A primera vista, esto contradice la hipótesis de una nueva ola importadora. Pero hay dos matices que la sostienen parcialmente: Primero, ese 50% de caída es relativo a un 2025 que venía con importaciones muy elevadas (+125% versus 2023). El nivel de 2026, aun cayendo, sigue 103,1% por encima de los valores de 2023 — el canal importador está estructuralmente más abierto que antes de 2024, no se cerró. Segundo —y este es el dato que más sostiene mi hipótesis—: dentro de ese volumen menor, la participación de Brasil como origen subió de 70,3% (medido a octubre 2025) a 86,9% en el primer trimestre de 2026, mientras Paraguay retrocedió a 13,1%.
Esto es coherente con lo que plantea el informe de Embrapa: si el productor brasileño tiene más excedente y más presión interna a la baja, se vuelve comparativamente más competitivo como origen exportador hacia mercados vecinos, ganando terreno sobre Paraguay incluso con un volumen total importado menor. 2 Conclusión: validación parcial, y la necesidad de seguir monitoreando
Mi hipótesis inicial —que viene una ola de importación masiva de yerba brasileña que va a presionar fuerte al productor argentino— no se confirma todavía en magnitud (el volumen importado está cayendo, no subiendo), pero sí se confirma en dirección: Brasil está ganando participación relativa como origen de lo que se importa, en un contexto donde su propio sector reporta presión de precios y excedente de oferta. Es una señal a vigilar, no una conclusión cerrada.
Lo que sí queda claro es que ambos países —Brasil y Argentina— están atravesando, en paralelo y con mecanismos no necesariamente idénticos, una fase de fuerte compresión de rentabilidad para el productor primario.
En Argentina coincide temporalmente con cambios en el esquema regulatorio del INYM, pero también con factores de oferta, tipo de cambio y dinámica de consumo interno que conviene seguir desagregando antes de atribuir el fenómeno a una sola causa.
Lo que me parece más productivo, en lugar de quedarme en el diagnóstico, es pensar qué puede hacer la cadena de valor mientras se sigue monitoreando esta tendencia:
Seguimiento que vale la pena sostener en el tiempo:
Informes mensuales de CEPA / INYM sobre importaciones (volumen y origen Brasil/Paraguay), para ver si la caída de volumen se revierte en los próximos meses.
Evolución de precios pagados al productor en Brasil (Embrapa, CEPEA) versus Argentina, para detectar si la brecha se achica o se amplía.
Tipo de cambio real bilateral Argentina-Brasil, variable clave para la competitividad de las importaciones. Líneas de acción posibles desde los actores de la cadena, independientemente de cómo evolucione el contexto regulatorio o cambiario:
Agregado de valor en origen: avanzar en nuevas presentaciones demás valor (despalada, formatos premium, dosis individuales) que diferencien el producto del commodity a granel y lo saquen de la competencia directa por precio.
Certificación de origen y calidad: fortalecer denominaciones de origen, sellos de trazabilidad y certificaciones (orgánico, comercio justo, sustentabilidad) que permitan capturar mejores precios en mercados que valoran ese atributo, tanto interno como de exportación.
Acceso directo a mercados de exportación: el crecimiento exportador reciente (liderazgo global recuperado en 2025, apertura de China) muestra que hay demanda dispuesta a pagar mejor por el producto argentino afuera; achicar la distancia entre el pequeño productor y esos canales de exportación —vía cooperativas u otros esquemas asociativos— podría captar parte de ese valor que hoy queda en eslabones intermedios.
Reducción de intermediación que no agrega valor: identificar en qué tramos de la cadena el margen se concentra sin una contraprestación clara de valor agregado (logística, financiamiento de plazos extendidos, etc.) y evaluar esquemas de comercialización más directos entre el productor y la industria o el consumidor final.
Incentivos a la mejora de calidad en origen: dado que la calidad del producto en estado de hoja verde y canchada define buena parte del valor final, sostener o ampliar los programas de asistencia técnica (manejo, secado, estacionamiento) ayuda a que el productor capture una porción mayor del precio final por la vía de la diferenciación, no solo del volumen.
En síntesis: hay una hipótesis parcialmente validada sobre la presión brasileña, una crisis de rentabilidad del productor que coincide en el tiempo con varios factores simultáneos, y una agenda de trabajo para la cadena de valor que no depende de cómo se resuelva la discusión regulatoria, sino de seguir construyendo valor agregado en origen.
Martín Gómez, sommelier creador de Mate Perfecto e impulsor del Mundial de la Yerba Mate
