MASACRE DE OBERÁ

Hijos de la Cosecha: un retrato de la Masacre de Oberá y luchas del presente

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Los encuentros eran casi diarios; ambos se las ingeniaban para verse, a veces a la hora de rutina, otras cuando podían escapar de sus obligaciones. No hacía falta que acordaran, un lazo invisible los atraía y ellos se reunían para cortejarse.

Una tarde Blaz no aguantó más y se dejó arrastrar por la pasión. Introdujo la lengua en la boca jugosa de Inha y fue como si un terremoto sacudiera la tierra, ambos lo sintieron igual. Ella se aferró a sus hombros, temía caer en un pozo sin fin, y él se apoyó en el árbol que estaba detrás y la atrajo hacia él. Las bocas fueron ganando terreno, y las lenguas cobraron vida, hurgaron, dibujaron, jugaron. Las manos de Blaz le tomaron el rostro y delinearon sus facciones con pasión.

-Quiero llevarte grabada en mi piel-susurró sobre el cuello caliente de la muchacha, donde sus venas latían, desaforadas.

-Te quiero-murmuró Inha-, siempre te querré.

Gabriela Exilart retrata así una escena de la pasión desatada entre Blaz, un joven alemán y la exuberante Inah Kotsur, una joven de una colectividad “rival” en plena efervescencia de una de las luchas agrarias que marcaron a fuego la historia de Misiones: la masacre de Oberá, que este sábado cumplió 89 años, pero que está presente no sólo en la memoria, sino en las luchas agrarias que se repiten. 

En el escenario temporal de la Oberá de los años 30 y 40 se desarrolla la novela Los Hijos de la Cosecha, de la autora que nació en Mar del Plata y de Misiones conoce sólo las Cataratas del Iguazú y, en una visita fugaz, Posadas. 

Sin embargo, logra reflejar con exactitud los choques culturales, los nacionalismos, el húmedo y agobiante monte misionero, además de las disputas por la tierra y el valor de sus productos en las primeras décadas del siglo XX, un conflicto que se vuelve presente cíclicamente.

Exilart es abogada y docentes de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP). Escritora desde siempre -su primera novela es de cuando tenía catorce años-, comenzó a publicar recién a los 40. Escribió las novelas Tormentas del pasado, Renacer de los escombros, Pinceladas de azabache, Con el corazón al sur, Por la sangre derramada, Napalpí. Atrapada en el viento, En la arena de Gijón, Secretos al alba, El susurro de las mujeres, Pulsión y El vuelo de la libélula, todas éxitos de ventas que la convirtieron en una de las autoras del género histórico y romántico más leídas de la Argentina. Hijos de la Cosecha ya va por la cuarta edición, tras su aparición en octubre del año pasado. Recibió los premios Alfonsina (2018), Universum Donna segunda edición (2019), Lobo de Mar al Deporte y la Cultura (2019) y una Primera Mención por su cuento “La bicicleta roja” (2020). 

“Es una responsabilidad escribir sobre otra provincia, sobre algo que no conozco”, admite Exilart en una entrevista con Economis

La Masacre de Oberá se produjo como represalia a un grupo de colonos tabacaleros que marcharon hacia la ciudad, desde localidades aledañas (Samambaya, Los Helechos, Ameghino, Guaraní y Campo Viera), reclamando por mejores precios por sus productos. Fueron emboscados y recibidos a golpes y tiros por los policías, bajo el mando de Leandro Berón, con aval político. Hubo decenas de heridos, mujeres violadas, colonos que fueron llevados como prisioneros y cuatro muertos confirmados, aunque algunos historiadores sostienen una cifra mayor. La descripción que hace Exilart traslada al lector al medio del caos. 

Este episodio fue catalogado en un principio como un ataque a la ciudad por parte de los colonos, promovido por inmigrantes comunistas. Sin embargo las investigaciones posteriores apuntaron contra el jefe de policía, demostrando la culpabilidad en las fuerzas policiales. Entre las víctimas se encontraban Basilicia Zaviski, de 14 años -que aparece en el libro-, Nicolás Oyempamchuk, Nicolás Holiferchuk o Aleferzuk y Juan Melnik (que no había participado de la protesta).

¿Cómo llegaste a la Masacre de Oberá?

“Después de haber publicado historias sobre la Patagonia, buscaba un entorno selvático, un paisaje distinto, y llegué a la Masacre de Oberá investigando en hechos históricos de la región”.

Para construir la base histórica de la novela, Exilar recurrió a un arduo trabajo de investigación. “No hay mucha literatura a nivel nacional sobre este hecho, y la mayoría de las fuentes provienen de editoriales universitarias”, explica. “Fue un desafío. Había poca bibliografía disponible. A través de MercadoLibre y librerías, logré conseguir algunos libros. Pero el hallazgo clave fue la tesis doctoral de Guillermo Castellioni, “Pedimos pan, nos dieron balas“. Su investigación, con testimonios y documentos de la época, fue fundamental. Su obra contenía copias de partes del sumario, testimonios de sobrevivientes y publicaciones de diarios de la época. Eso me ayudó a dar una base sólida a la historia”. También cita a Cosecha de Injusticias, de Eduardo Torres.

A pesar de no haber visitado Oberá, Exilart describe con precisión lugares como la Picada Finlandesa y el entorno selvático de la Capital del Monte. 

¿Con qué te quedaste de esta historia? ¿Qué fue lo que más te impactó de todo lo que relataste?

Los patrones que se repiten en la historia. Los procesos históricos tienen esa circularidad. Escucho que los reclamos de los yerbateros continúan y pienso en cómo, a pesar de los cambios de gobiernos y generaciones, las luchas siguen siendo similares”.

Me impactó la similitud con la represión sufrida por comunidades aborígenes, igual a otros de mis libros, como Napalpí: Atrapada en el viento. La mecánica de la opresión se repetía, esta vez con inmigrantes que llegaron con promesas de tierras y trabajo, pero encontraron explotación y violencia.

En medio de este contexto histórico crudo, desarrollas un romance intenso entre dos personajes de orígenes opuestos. ¿Cómo surgió esa idea?

Fue pura ficción. Quería un conflicto fuerte para la historia de amor, algo que los protagonistas tuvieran que superar. Para que la parte romántica tenga entidad, tiene que ser algo difícil, tiene que haber un conflicto. En una entrevista, Flavia Pitella me dijo: ‘Esto es Montescos y Capuletos‘, y aunque no fue consciente, es cierto que esas dinámicas de odio sin explicación aparente están presentes”.

“Hijos de la Cosecha” revela una historia poco conocida de Misiones. ¿Crees que la novela puede contribuir a visibilizar este pasado y generar reflexión?

Es una historia dolorosa que merece ser contada. Espero que la novela invite a conocer este episodio y a reflexionar sobre las injusticias que aún persisten. Debemos estar atentos para no repetir los errores del pasado.

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