mentoría en Posadas

Alejandro Motta abre el debate sobre el futuro de la mentoría, una profesión que busca institucionalizarse

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La mentoría busca dejar de ser entendida como una práctica informal de acompañamiento para avanzar hacia un modelo profesional, con formación, metodología y criterios éticos. Ese será uno de los ejes que Alejandro Motta, director de la Red Global de Mentores, abordará este viernes desde las 14 en la Escuela de Negocios de INCADE, en Posadas, durante un encuentro que combinará emprendedorismo, mentoría y los cambios que atraviesa el mundo del trabajo.

Motta llega a Misiones con una trayectoria vinculada al desarrollo de emprendedores y a la formación de mentores. Según explicó, la Red Global de Mentores nació hace 13 años en San Pablo con profesionales de distintos países de América Latina y actualmente busca consolidar estándares para transformar la mentoría en una disciplina ejercida profesionalmente.

La actividad también tendrá una derivación concreta para el ámbito educativo. Desde INCADE anticiparon que trabajan en una especialización en mentoría y que avanzan en las conversaciones correspondientes con el área de Educación Superior para incorporar formalmente esa formación a su propuesta académica.

Para Motta, la mentoría parte de una diferencia sustancial respecto de la simple transmisión de consejos. Una persona puede haber atravesado determinada experiencia, pero eso no alcanza para convertirse automáticamente en mentor. La experiencia debe haber sido procesada, reflexionada y transformada en conocimiento que pueda ser utilizado para acompañar a otra persona.

Ese proceso explica también por qué la Red Global de Mentores plantea la necesidad de modelos de acompañamiento estructurados, aunque suficientemente flexibles para adaptarse a cada mentorado. En el caso del propio Motta, especializado en emprendedores tecnológicos, el modelo que utiliza contempla un acompañamiento de ocho meses, con distintas etapas vinculadas con la construcción y validación de proyectos.

La lógica no es entregar una receta. El mentor acompaña al emprendedor para que pueda analizar alternativas, tomar decisiones y construir su propia hoja de ruta. Motta resume ese proceso en tres conceptos: discernimiento, criterio y autonomía.

La diferencia resulta relevante frente a otras disciplinas de acompañamiento. Mientras una consultoría puede partir de un problema y proponer directamente una solución, la mentoría busca que la persona desarrolle herramientas para resolver situaciones presentes y futuras por sí misma.

El límite entre mentoría, coaching y terapia

Otro de los puntos que Motta considera centrales es la delimitación profesional entre las distintas disciplinas. Psicología, terapia, coaching, consultoría, asesoramiento, docencia y mentoría pueden formar parte de un ecosistema de desarrollo humano, pero no cumplen la misma función ni tienen las mismas reglas de actuación.

En su planteo, el mentor debe conocer sus límites. Si una persona atraviesa una situación que requiere intervención sobre emociones, angustia u otros problemas vinculados con la salud mental, la respuesta no debería ser reemplazar al profesional correspondiente, sino derivar.

La profesionalización de la mentoría, en ese sentido, también implica construir códigos de ética y criterios de actuación. Para la Red Global de Mentores, el objetivo es que la disciplina pueda ser reconocida por su metodología y no quede asociada únicamente a encuentros informales o recomendaciones basadas en la experiencia personal.

Motta vincula la expansión de la mentoría con una transformación más amplia: el avance de la inteligencia artificial sobre las tareas que tradicionalmente realizaban profesionales y trabajadores.

Durante su exposición, plantea una hipótesis de fuerte impacto para el sistema educativo y laboral: a medida que la tecnología automatice tareas repetitivas y también procesos de decisión basados en patrones, algunas profesiones deberán redefinir su función.

La afirmación de que la inteligencia artificial podría reemplazar una proporción significativa de los empleos forma parte de la perspectiva planteada por Motta y no constituye por sí misma una proyección estadística verificable. Su argumento apunta a otro aspecto: si las máquinas pueden procesar información y generar respuestas a una velocidad difícil de igualar por una persona, el valor diferencial del trabajo humano puede desplazarse hacia capacidades como el criterio, la ética, la interpretación y la toma de decisiones.

Ese cambio también interpela a la educación. Motta sostiene que el modelo basado exclusivamente en la transmisión de conocimiento técnico pierde centralidad a medida que estudiantes y profesionales tienen acceso directo a herramientas capaces de responder preguntas, procesar información y asistir procesos de aprendizaje.

Desde esa perspectiva, el docente podría asumir progresivamente un papel más cercano al de guía o mentor, orientando la utilización del conocimiento disponible en lugar de concentrar su función únicamente en transmitirlo.

Empresas, emprendedores y sucesión familiar

El campo de aplicación de la mentoría excede al emprendedorismo. Motta señaló experiencias en grandes empresas donde los mentores acompañan a nuevos mandos medios para acelerar su incorporación a las organizaciones, además de procesos vinculados con crisis institucionales y lanzamiento de nuevos proyectos.

También identificó un espacio creciente en las empresas familiares. Allí, uno de los problemas más delicados es la sucesión: el traspaso de una compañía construida durante décadas hacia una nueva generación puede involucrar simultáneamente decisiones empresariales y vínculos familiares.

La existencia de mentores especializados en sucesión apunta a acompañar ese proceso para evitar que la transferencia del control de la empresa se convierta en un conflicto que afecte tanto al negocio como a la familia.

El fenómeno adquiere relevancia a medida que empresarios de generaciones anteriores alcanzan edades en las que comienzan a pensar en su retiro y en la continuidad de las compañías que construyeron. La mentoría aparece allí como una herramienta de acompañamiento, no como sustituto de las decisiones societarias, jurídicas o financieras que requiere una sucesión.

Una profesión que busca institucionalizarse

La Red Global de Mentores trabaja sobre tres vías de formación y certificación: recorridos autodidactas, centros de formación especializados y programas académicos desarrollados junto con universidades. El objetivo declarado es avanzar hacia una mayor estandarización de la disciplina.

Motta explicó que la organización busca que las universidades incorporen programas de mentoría en distintos formatos, desde especializaciones y diplomaturas hasta maestrías. En ese proceso ubica también la futura evolución de la regulación, que podría trasladar progresivamente parte de los estándares desde entidades profesionales hacia organismos educativos y regulatorios.

INCADE busca incorporarse a ese proceso con una especialización propia en mentoría. La propuesta se encuentra en una etapa de desarrollo y gestión institucional, por lo que su eventual apertura dependerá de la finalización de los procedimientos correspondientes.

El mentor como segunda carrera

Uno de los conceptos más particulares planteados por Motta es el vínculo entre mentoría y envejecimiento de la población. Su hipótesis es que las personas que llegan a los 40, 50, 60 años o más acumulan experiencias profesionales y vitales que pueden transformarse en conocimiento útil para otros, siempre que hayan sido reflexionadas y sistematizadas.

El planteo adquiere otra dimensión en sociedades donde aumenta la expectativa de vida y se extiende el período posterior a la jubilación. Para Motta, la mentoría puede convertirse en una segunda actividad profesional para personas que todavía tienen décadas de vida activa por delante y buscan transformar su experiencia en una forma de acompañamiento.

No se trata necesariamente de una cuestión de edad. La propia Red Global de Mentores reúne personas jóvenes con experiencias específicas que pueden transmitir a otros. La variable central, según su enfoque, no es la edad cronológica sino la experiencia adquirida, la capacidad de reflexionarla y las herramientas para convertirla en un modelo de acompañamiento.

La charla de este viernes en INCADE pondrá esas ideas en discusión con emprendedores, empresarios, docentes y personas interesadas en explorar la mentoría como disciplina profesional. El encuentro también funciona como anticipo de una transformación más amplia que la institución busca incorporar a su oferta educativa: formar personas capaces no solamente de transmitir conocimiento, sino de acompañar procesos de decisión en un contexto donde la tecnología está modificando la manera en que ese conocimiento se obtiene.

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