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La hacienda recuperó precio, pero la mayor oferta limita nuevas subas

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Después de varios meses de amesetamiento, el precio de la hacienda gorda comenzó a recuperar terreno en julio. Las referencias del Mercado Agroganadero (MAG) registraron subas promedio del 3,7% para los novillos, del 1,8% para los novillitos y del 1,3% para las vaquillonas. Sin embargo, la mejora llega a un mercado condicionado por una demanda cautelosa y, principalmente, por una oferta que podría ganar volumen durante los próximos meses.

El comportamiento reciente vuelve a poner en primer plano una divergencia que atravesó buena parte de 2026. Hasta mediados de año, mientras el precio de la carne acumulaba un incremento del 22%, la hacienda medida a través del índice INMAG apenas había aumentado 2% nominalmente. La brecha se explica por la fuerte corrección registrada en febrero y por la posterior resistencia de los precios minoristas a retroceder pese al abaratamiento de la materia prima.

En otras palabras, el consumidor convalidó durante el primer trimestre un nuevo escalón de precios de la carne que luego logró sostenerse aun cuando el valor del ganado perdió parte de la mejora inicial. Al mismo tiempo, la demanda comenzó a profundizar la sustitución de carne vacuna por alternativas de menor precio, principalmente pollo y cerdo.

Según un reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), tras varios meses de amesetamiento, julio marcó un moderado repunte en el precio de la hacienda gorda.

Las referencias del Mercado Agroganadero (MAG) muestran incrementos promedio del 3,7% para los novillos, del 1,8% para los novillitos y del 1,3% para las vaquillonas. Resta verificar si esta mejora ha logrado o logrará trasladarse plenamente al precio de la carne al consumidor o si encuentra una demanda más cautelosa, que limite la capacidad del comercio para convalidar nuevos aumentos.

Hasta mediados de año, la evolución de ambos mercados había transitado caminos muy diferentes. Mientras el precio de la carne acumulaba un incremento del 22%, la hacienda, medida a través del índice INMAG, apenas registraba una suba nominal del 2%.

La explicación se encuentra en la dinámica observada desde los primeros meses del año. Luego de las fuertes subas registradas en febrero, las cotizaciones de la hacienda comenzaron a retroceder en términos nominales, perdiendo prácticamente toda la mejora alcanzada. En cambio, el precio de la carne, cuyos principales ajustes se concentraron durante el primer trimestre, logró sostener esos valores aun cuando la materia prima se abarató. En otras palabras, el consumidor terminó convalidando un nuevo escalón de precios del cual, posteriormente, no retrocedió.

Si bien, desde el lado de la demanda, se ha profundizado este efecto sustitución que ejercen carnes de menor precio, como el pollo y el cerdo, sobre el consumo de carne vacuna, el comportamiento reciente también evidencia un mercado relativamente estabilizado en los actuales niveles de consumo puesto que, en este contexto, el comercio minorista tampoco se vio presionado a realizar correcciones de precios a la baja tras los retrocesos de la hacienda.

Del lado de la oferta también comienzan a observarse cambios relevantes. La menor disponibilidad relativa de hacienda terminada parece haber contribuido a la reciente recuperación de los valores, aunque difícilmente este factor mantenga la misma intensidad durante los próximos meses.

En efecto, si se analizan los datos de faena de los últimos cinco años, el segundo trimestre suele ubicarse sistemáticamente por encima del primero. Con excepción de 2024, cuando comenzó a evidenciarse un proceso de retención luego de la sequía, la faena entre abril y junio resultó entre un 6% y un 7% superior a la registrada entre enero y marzo. Este año, en cambio, el aumento fue de apenas el 2%.

Esta diferencia refleja un cambio en el comportamiento de la oferta. A diferencia de lo observado en 2024, el proceso de retención actual no se limita a una menor salida de hembras, sino que también involucra machos que permanecen más tiempo en recría o engorde con el objetivo de incrementar el peso de faena y, con ello, la producción de carne por animal.

Un indicador que refuerza esta interpretación es el elevado nivel de ocupación de los feedlots. Según los últimos datos publicados por SENASA al 1.º de agosto, el stock alcanzó los 2,13 millones de cabezas, cerca de un 5% por encima del registrado un año atrás y entre los valores más altos de la serie histórica.

En consecuencia, el importante volumen de animales actualmente encerrados asegura una oferta significativa de hacienda terminada para los próximos meses, lo que constituye un factor que probablemente limite nuevas subas de magnitud en los precios de la hacienda gorda.

A ello se suma la importante cantidad de animales que aún permanece en sistemas de recría o engorde pastoril y que todavía no ingresó a los corrales para su terminación. Es decir, existe una oferta potencial adicional que comenzará a incorporarse al mercado durante los próximos meses.

Finalmente, otro aspecto que merece un seguimiento cercano es la evolución del clima. Los pronósticos que anticipan un escenario de El Niño, con lluvias superiores a lo normal, podrían modificar nuevamente el comportamiento de la oferta. En particular, en las islas y zonas costeras de la franja este del país, un exceso de precipitaciones podría acelerar la salida de hacienda que actualmente se encuentra en engorde pastoril. La falta de corrales o de campos firmes para sostener esos animales podría adelantar su envío a faena hacia fines de año, incrementando estacionalmente la oferta.

En síntesis, el mercado enfrenta un escenario de precios relativamente firmes, aunque con fundamentos que sugieren un margen acotado para convalidar nuevas subas significativas en el valor de la hacienda gorda.

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Carne cae la oferta, crecen las exportaciones, pero el consumo interno ya no convalida más precios

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La menor faena redujo la disponibilidad de carne vacuna, aunque el mercado muestra un consumidor más sensible y una creciente sustitución por pollo y cerdo.

Aun cuando mayo mostró un mayor ritmo de actividad en la faena, los indicadores acumulados del año continúan exhibiendo un marcado retroceso.

Los datos provisorios elaborados sobre la base de los animales remitidos a faena anticipan para los primeros cinco meses del año, una caída del 11% respecto de igual período de 2025.

Si bien la producción de carne por animal faenado viene mostrando una leve mejora, todavía no alcanza para compensar una retracción de semejante magnitud.

Paralelamente, impulsadas por el favorable contexto internacional y comparadas con el bajo nivel de actividad registrado durante los primeros meses del año pasado, la exportación está absorbiendo un volumen creciente de producción. De acuerdo con los datos disponibles hasta abril, los embarques acumulaban un volumen 10% superior al registrado en igual período de 2025. En términos prácticos, esto implica una menor disponibilidad de carne para el consumo interno. Ajustándonos a las estadísticas oficiales del primer cuatrimestre, se trata de un recorte cercano al 12% interanual.

Sin embargo, a pesar de esta menor oferta, los precios de la carne vacuna en los mostradores no han registrado aumentos en los últimos dos meses. Por el contrario, medidos en términos reales, muestran una caída frente a la inflación minorista.

Según el relevamiento de precios que realiza el IPCVA, en mayo el valor promedio de los distintos cortes de carne vacuna considerados en la medición se ubicó en $18.569 por kilo, prácticamente sin cambios respecto de los promedios registrados en marzo y abril, frente a una inflación que para esos dos meses habría acumulado cerca de cinco puntos porcentuales.

Según el relevamiento de precios que realiza el IPCVA, en mayo el valor promedio de los distintos cortes de carne vacuna considerados en la medición se ubicó en $18.569 por kilo, prácticamente sin cambios respecto de los promedios registrados en marzo y abril, frente a una inflación que para esos dos meses habría acumulado cerca de cinco puntos porcentuales.

A su vez, esta combinación de menor oferta y precios estancados pone de manifiesto el grado de elasticidad que presenta actualmente la demanda de carne vacuna frente a otras fuentes de proteína animal, una característica que años atrás tendía a ser menos evidente.

En efecto, el consumo aparente de carne vacuna en términos per cápita —expresado como promedio de los últimos doce meses— se sitúa por debajo de los 48 kilos por habitante al año, es decir, un 5% menos que los casi 51 kilos per cápita registrados un año atrás.

Tomando el mismo criterio de medición basado en las estadísticas oficiales de consumo, el pollo, aun con precios creciendo a un ritmo superior al de los salarios, logra sostener sus niveles de consumo en torno a los 47 kilos per cápita, prácticamente equiparando al consumo de carne vacuna.

Por su parte, el cerdo continúa ganando terreno frente a ambas carnes y alcanza su mayor registro histórico, con más de 19,5 kilos por habitante, tras registrar un crecimiento del 8,6% respecto de los 18 kilos observados un año atrás.

Sucede que, a los valores actuales, el kilo de asado equivale a casi 4 kilos de pollo fresco y a 2 kilos de pechito de cerdo tras un incremento significativo en el último año.

Estas relaciones de precios favorecen un proceso de sustitución cada vez más marcado en las decisiones de consumo de los hogares, aunque manteniendo el consumo agregado de carnes en niveles estadísticamente estables.

No obstante, para el mercado interno —y especialmente para toda la cadena comercial de la carne vacuna— estos períodos en los que el consumo se estanca o reduce su ingesta, se perciben de manera inmediata.

Una señal elocuente de esta situación fue la caída observada en los valores operados en el Mercado Agroganadero durante la última semana. Aun tratándose de una semana de inicio de mes, habitualmente asociada a una renovación del poder de compra por el ingreso de salarios, prácticamente todas las categorías -con excepción de las vacas- registraron bajas de entre $100 y $300 por kilo respecto de los promedios de la semana previa.

No obstante, aunque profundizado durante la última semana, este proceso de ajuste ya se viene observando desde hace tres meses. Entre febrero y principios de marzo se registraron los precios máximos del año en todas las categorías.

Desde entonces, los novillos perdieron -en términos reales- un 18%; los novillitos, un 16%; las vaquillonas, un 16,5%; y las vacas, un 18,5%, aunque en este último caso, la comparación con febrero no resulta del todo apropiada debido a la fuerte estacionalidad de oferta que caracteriza a esta categoría.

Aun así, la tendencia reciente refleja un marcado interés de los compradores por hacerse de esta hacienda, fuertemente orientada a la exportación. En particular, durante las últimas semanas el interés comenzó a concentrarse en lotes de vacas más livianas, con posibilidades de ser reingresadas al circuito de invernada para su posterior terminación y salida como hacienda gorda para exportación. Si bien continúa siendo un mercado mucho más estacional, esta dinámica refleja la fuerte tracción que ejerce actualmente la demanda externa para este tipo de hacienda.

Al analizar una serie de precios más amplia, medida a valores constantes de hoy, se observa que, más allá del recorrido bajista registrado desde los máximos alcanzados en febrero, los valores de la hacienda continúan siendo muy favorables en términos históricos. En pesos constantes, superan en un 40% los niveles registrados dos años atrás.

Sin embargo, a diferencia de lo observado durante los primeros meses del año, cuando las subas parecían no encontrar techo, hoy se advierte una actitud considerablemente más cautelosa por parte de los compradores. Esto refleja a un consumidor que comienza a mostrar un grado de sensibilidad a los precios poco habitual para los patrones históricos de consumo del mercado local.

En adelante, esta cautela por parte de los compradores de hacienda podría incluso profundizarse a medida que empiece a salir con mayor fluidez la hacienda que actualmente se encuentra encerrada en los feedlots, en pleno proceso de engorde y terminación.

Es en este contexto donde la exportación debería actuar como el principal catalizador para morigerar la eventual debilidad que pueda presentar el consumo interno por estos meses.

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