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La carne vacuna encuentra un nuevo equilibrio: caen los aumentos de precios mientras cambian los hábitos de consumo

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La dinámica del mercado de carnes en Argentina comienza a mostrar señales de un cambio estructural. Luego de varios años marcados por fuertes ajustes de precios y una inflación que condicionaba el comportamiento del consumo, la carne vacuna atraviesa una etapa de mayor estabilidad. Al mismo tiempo, el crecimiento sostenido del consumo de carne porcina y el sostenimiento de la demanda de pollo configuran un mercado más competitivo, en el que el consumidor adquiere un papel cada vez más determinante en la formación de precios.

Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), basado en datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), durante junio el precio promedio de los cortes vacunos prácticamente no registró variaciones. Con un valor medio de $18.617 por kilogramo, el incremento mensual fue de apenas 0,3%, completando el tercer mes consecutivo con subas inferiores al ritmo de la inflación.

Los últimos datos disponibles sobre la evolución de los precios de la carne al consumidor parecen marcar un nuevo escenario para la carne vacuna en el mercado interno.

De acuerdo con el Relevamiento de Precios Minoristas que realiza el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), durante junio los precios de los distintos cortes de carne vacuna prácticamente no registraron variaciones. Con un valor promedio de $18.617 por kilo, el incremento mensual fue de apenas 0,3%, completando así el tercer mes consecutivo con aumentos inferiores a la inflación.

En paralelo, al observar la evolución del consumo doméstico también se advierte una cierta desaceleración. En mayo, el consumo aparente de carne vacuna se ubicó en 47,4 kilos por habitante al año, lo que representa una caída del 6,4% respecto del mismo mes del año anterior.

Sin embargo, al analizar este indicador es importante recordar que se trata de un consumo aparente o indirecto. Es decir, no surge de una medición directa de las cantidades efectivamente consumidas, sino que se estima a partir de la producción total de carne obtenida en un determinado período, descontando el volumen exportado durante ese mismo lapso.

En consecuencia, el indicador refleja la disponibilidad de carne para el mercado interno y no el consumo efectivo. Implícitamente, supone que toda la carne destinada al mercado doméstico durante un mes es consumida en ese mismo período, sin contemplar variaciones de existencias o almacenamiento entre meses.

Por ello, la forma más adecuada de analizar este tipo de indicadores es mediante medias móviles, que permiten identificar cambios de tendencia y reducen el efecto de fluctuaciones mensuales que muchas veces responden a cuestiones de oferta antes que a modificaciones reales en el nivel de consumo. No obstante, los indicadores de consumo siempre deben analizarse de manera integral.

Bajo este criterio, al observar la evolución del consumo de carnes en los últimos años se aprecia una tendencia descendente en el consumo per cápita de carne vacuna, mientras que las carnes aviar y porcina muestran trayectorias crecientes o, en el caso del pollo, relativamente estables. Esta evolución responde, en parte a una cuestión de oferta, pero también a una relación de precios relativos cada vez más favorable para estas dos proteínas. En efecto, con el equivalente al precio de un kilo de carne vacuna es posible adquirir aproximadamente dos kilos de carne porcina y casi cuatro kilos de carne aviar, lo que incrementa significativamente su competitividad frente a la carne vacuna.

Mientras que en 2021 el consumo promedio de carne vacuna alcanzaba los 49,2 kilos por habitante por año, actualmente se ubica en 47,4 kilos, es decir, cerca de dos kilos menos por persona.

En paralelo, el consumo de carne aviar se mantuvo prácticamente estable, pasando de 46,2 kilos per cápita en 2021 a 46,7 kilos según los datos disponibles a mayo de este año. En tanto, el consumo de carne porcina incrementó su participación de manera sostenida, pasando de 15 a 19,6 kilos por habitante al año durante el mismo período.

En consecuencia, el consumo agregado de las tres principales carnes en Argentina se expandió desde un promedio de 110 kilos por habitante por año en 2021 hasta cerca de 114 kilos en la actualidad. De este modo, el país continúa ubicándose entre los mayores consumidores de carne del mundo, sólo por detrás de Estados Unidos y por encima de otros importantes productores y consumidores como Brasil y Australia.

Por lo tanto, desde una perspectiva agregada, la oferta total de carnes disponible para el mercado interno continúa siendo elevada en relación con el tamaño de la demanda doméstica.

Este aspecto ayuda a explicar la aparente disociación que hoy existe entre la menor disponibilidad de carne vacuna y la inusual estabilidad de sus precios.

En este sentido, al analizar la evolución de los precios minoristas relevados por el IPCVA durante el último año y medio, se observa un cambio en el patrón de ajuste respecto del registrado en años anteriores, cuando la elevada inflación explicaba gran parte de los movimientos de precios.

Actualmente, en un contexto de mayor estabilidad macroeconómica y con una oferta de carnes alternativas más abundante y competitiva, el consumidor local parece mostrar una menor disposición a convalidar incrementos bruscos en el precio de la carne vacuna, tal como ocurría en períodos de mayor inflación.

De hecho, luego del fuerte ajuste registrado en marzo, cuando los precios aumentaron más de 10%, el mercado ingresó en una etapa de mayor estabilidad. Es probable que esta situación se prolongue durante buena parte del segundo semestre, favorecida por una mayor disponibilidad estacional de hacienda terminada y, particularmente este año, por una estrategia generalizada de retención de animales para agregar kilos antes de la faena.

Por otra parte, la mayor oferta de proteínas disponible para el consumidor ya no proviene únicamente de las carnes sustitutas —principalmente pollo y cerdo—, sino también de una porción aún reducida, aunque en crecimiento, de carne vacuna importada que comienza a integrarse a la oferta total del mercado interno, con más de 11.500 toneladas ingresadas en los primeros cinco meses del año.

Este último componente constituye otro de los cambios estructurales que gradualmente comienzan a observarse en el mercado argentino y que acercan su funcionamiento al de otros grandes países productores y exportadores de carne vacuna. En esos mercados, una mayor apertura comercial y una demanda doméstica más diversificada favorecen una integración más eficiente entre el consumo interno y las exportaciones, permitiendo maximizar la generación de valor a lo largo de toda la cadena.

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China reconfigura el mercado de la carne y Argentina apuesta a capturar mejores precios

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La estrategia comercial de los principales proveedores de carne vacuna hacia China comienza a redefinir el tablero del comercio internacional y abre un escenario de oportunidades, aunque también de incertidumbre, para Argentina. Mientras Brasil y Australia aceleraron sus embarques hasta dejar prácticamente agotadas sus cuotas de exportación antes de finalizar el primer semestre, el resto de los países exportadores optó por una política mucho más conservadora, apostando a que la escasez relativa de oferta impulse una recuperación de los precios durante la segunda mitad del año.

El resultado es un mercado que, lejos de haber encontrado un nuevo equilibrio, permanece en pausa a la espera de una definición política por parte de Beijing. La decisión que adopte el gobierno chino sobre el tratamiento de la mercadería que eventualmente llegue fuera de cuota será determinante para el comportamiento de los precios internacionales durante el cierre de 2026 y el inicio de 2027.

De acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Australia ya habría consumido la totalidad de su cupo anual de 205.000 toneladas asignadas por China. Según el Ministerio de Comercio chino (MOFCOM), al 20 de junio los embarques australianos completaron ese límite.

Antes de finalizar la primera mitad del año, tanto Australia como Brasil habrían quedado, virtualmente, fuera de juego en el mercado chino.

Según informó el propio Ministerio de Comercio de China (MOFCOM), al 20 de junio los envíos de carne vacuna desde Australia cubrieron la totalidad del cupo asignado de 205.000 toneladas anuales.

En el caso de Brasil, si bien aún no se ha emitido un anuncio oficial, las principales plantas procesadoras que faenan para China están ajustando e incluso suspendiendo la producción de cortes destinados a este mercado, con el objetivo de evitar embarques que arriben fuera de cuota y queden sujetos al pago de un arancel final del 67%. Esta decisión evidenciaría un virtual agotamiento de su cupo anual de 1.106.000 toneladas y, en consecuencia, la necesidad de redireccionar parte de sus exportaciones hacia otros destinos.

En una situación estratégica diferente se encuentran el resto de los proveedores —Argentina, Uruguay, Nueva Zelanda y, naturalmente, Estados Unidos—, que registran hasta el momento un avance considerablemente menor en la utilización de sus respectivas cuotas.

De acuerdo con los datos informados por la Administración General de Aduanas de China, al 31 de mayo Australia había ingresado 175.082 toneladas de carne vacuna, equivalentes al 85% de su cuota anual. Por su parte, Brasil acumulaba 723.745 toneladas, cubriendo el 65% de su cupo.

En contraste, los demás orígenes mostraban avances significativamente inferiores. Argentina registraba una ejecución del 41%, con 210.857 toneladas ingresadas; Uruguay y Nueva Zelanda alcanzaban apenas el 22% de utilización de sus cuotas, sobre un total de 324.000 y 206.000 toneladas, respectivamente; mientras que Estados Unidos, con apenas 803 toneladas ingresadas, prácticamente no había utilizado su cuota anual de 164.000 toneladas.

Por su parte, los proveedores que operan sin una cuota exclusiva aportaron en conjunto 56.122 toneladas, lo que representa un nivel general de cobertura del 33%.

Estos datos reflejan una marcada diferencia en la velocidad de ejecución de las cuotas entre los distintos actores del mercado, en línea con estrategias de posicionamiento claramente divergentes. Mientras que los dos países menos favorecidos en la distribución de cuotas, Australia y Brasil, apuntaron a saturar rápidamente el mercado bajo la expectativa de una negociación —primero sobre los criterios de aplicación para los envíos en tránsito y luego respecto de una eventual ampliación de cuota—, un segundo grupo de países, entre ellos Argentina, apostó por mantener un ritmo más moderado de ejecución, a la espera de un agotamiento de las cuotas y, en consecuencia, de un fortalecimiento de los precios impulsado por las necesidades de la demanda.

Lo cierto es que, hasta el momento, ninguna de las dos estrategias ha logrado plasmar plenamente sus resultados.

En los primeros cinco meses de 2026, China importó cerca de 1,3 millones de toneladas de carne vacuna, un 18% más que en igual período del año anterior, pagando además valores promedio un 14% superiores a los registrados doce meses atrás.

Ambos indicadores contrastan notablemente con la caída del 4% en las importaciones que el propio gobierno chino había proyectado a comienzos de año mediante la asignación de cuotas y, por ende, con las expectativas de precios que predominaban en el mercado. En efecto, el esquema de distribución establecía un límite anual de importaciones de 2.688.000 toneladas, frente a las 2.802.000 toneladas registradas por la aduana china durante 2025.

Una vez conocidas las cuotas asignadas a los distintos orígenes, el mercado esperaba una ejecución relativamente previsible. De hecho, tomando como referencia el comportamiento promedio de compras observado entre 2019 y 2025, era posible proyectar un ritmo mensual relativamente estable.

Sin embargo, la fuerte presión ejercida por Australia y Brasil durante los primeros meses del año alteró rápidamente esas proyecciones, obligando a recalcular los volúmenes disponibles para los meses restantes, que ahora se ubicarían entre 40.000 y 50.000 toneladas mensuales.

No obstante, todavía persisten elementos de incertidumbre dentro del mercado chino. Este año, el patrón de compras podría verse aún más alterado durante el tramo final, sin que dicho cambio resulte necesariamente visible en las estadísticas aduaneras.

La principal incógnita radica en si el gobierno chino permitirá el ingreso de mercadería fuera de cuota para su almacenamiento en depósitos aduaneros.

Si esta alternativa no fuera habilitada, no deberían esperarse cambios significativos respecto del ritmo habitual de compras observado durante la segunda mitad del año. Bajo este escenario, los países que aún disponen de una porción importante de sus cuotas sin utilizar —entre ellos Argentina— podrían consolidar una posición más favorable dentro del mercado chino durante los últimos meses del año.

Por el contrario, si se habilitara el almacenamiento de mercadería fuera de cuota, los dos grandes jugadores que actualmente se encuentran virtualmente fuera de juego —Australia y Brasil— podrían comenzar a presionar los valores de ingreso al mercado chino hacia fines de año, con el objetivo de posicionar mercadería para su nacionalización inmediata una vez renovados los cupos anuales a partir del 1 de enero de 2027.

De confirmarse este escenario, y considerando los tiempos de navegación, Brasil probablemente sería el primer actor en mover sus fichas, convirtiéndose nuevamente en un competidor de fuerte peso para el resto de los exportadores de la región.

Por el momento, lejos de observarse una presión alcista por parte de los importadores chinos, el mercado parece haber ingresado en un impasse, condicionado por una fuerte expectativa y cautela.

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Corrientes remata el frigorífico Muralla China: el proyecto que prometía exportar a termina en subasta por USD 5 millones

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El frigorífico La Muralla China, uno de los proyectos industriales más ambiciosos que recibió Corrientes en los últimos años, será rematado por orden judicial el próximo 8 de julio. La planta, ubicada en Riachuelo y desarrollada con capitales chinos para abastecer al mercado asiático, saldrá a subasta con una base superior a los 5 millones de dólares, tras una ejecución hipotecaria y una serie de reclamos laborales que aún permanecen abiertos.

La decisión marca el cierre definitivo de una experiencia que nació en 2019 con expectativas de convertirse en una plataforma exportadora de carne bovina hacia China, pero que nunca logró obtener la habilitación sanitaria necesaria para acceder al principal mercado que justificaba la inversión.

La subasta fue ordenada por el Juzgado Civil y Comercial N°11 de Corrientes, en el marco de una causa de ejecución hipotecaria iniciada por acreedores privados. El inmueble comprende cerca de 37 hectáreas ubicadas sobre la avenida San Héctor Valdivielso Sáez, en el municipio de Riachuelo.

La base fijada para el remate asciende a USD 5.018.071,23. En caso de no registrarse ofertas durante la primera hora, el valor se reducirá un 25%, hasta los USD 3,76 millones.

Además de la ejecución hipotecaria, sobre el frigorífico pesan otros ocho embargos vinculados a demandas laborales promovidas por ex trabajadores que reclaman salarios e indemnizaciones adeudadas.

Un proyecto pensado para exportar que nunca consiguió la habilitación

La historia de Muralla China resume buena parte de las dificultades que enfrentan las inversiones industriales orientadas a la exportación cuando dependen de autorizaciones estratégicas.

La planta fue inaugurada el 29 de octubre de 2019 por inversores chinos encabezados por Yi Zhuang. El plan de negocios estaba diseñado alrededor de un objetivo central: exportar carne vacuna al gigante asiático.

Sin embargo, la habilitación federal para acceder a China nunca llegó.

Durante casi cuatro años la empresa realizó gestiones ante los organismos sanitarios nacionales para obtener la autorización. Mientras tanto, la planta operó con mercados limitados, fundamentalmente Hong Kong y Brasil, destinos que resultaban insuficientes para sostener una estructura industrial de gran escala.

Fuentes vinculadas al frigorífico sostienen que el negocio se volvió inviable porque la operación estaba diseñada para una integración exportadora mucho más amplia.

“Con los anteriores dueños se exportaba a más de veinte mercados, entre ellos Estados Unidos, Rusia, Chile, Unión Europea y países africanos. La lógica del negocio frigorífico es complementar destinos para colocar cada corte en el mercado más conveniente. Sin esa diversificación, la ecuación económica deja de cerrar”, explicaron personas que participaron de la operación de la planta.

Costos crecientes y pérdidas permanentes

La situación se agravó durante 2023.

Según relató en aquel momento el propio Yi Zhuang a los trabajadores, el frigorífico acumulaba pérdidas mensuales que se habían vuelto imposibles de sostener.

La faena rondaba las 4.000 cabezas mensuales, un volumen insuficiente para cubrir los costos de una instalación concebida para exportar.

Entre los principales problemas aparecían los gastos energéticos y de mantenimiento. Una de las últimas facturas eléctricas había pasado de 11 a 20 millones de pesos en apenas unos meses.

“La planta tiene calderas y equipamiento de gran porte que deben funcionar independientemente del volumen de producción. No es comparable con un matadero tradicional”, explicaban entonces fuentes cercanas a la empresa.

La imposibilidad de acceder al mercado chino terminó profundizando el desequilibrio financiero. Los mercados habilitados ofrecían oportunidades limitadas: Hong Kong absorbía principalmente menudencias y Brasil demandaba cortes específicos, sin capacidad para sostener el funcionamiento integral del establecimiento.

El cierre que dejó cien trabajadores sin empleo

La crisis llegó a su punto final en agosto de 2023.

El presidente de la compañía reunió a todo el personal y anunció el cierre de las operaciones. Días después comenzaron a enviarse los telegramas de despido.

Más de cien personas perdieron su fuente laboral, entre trabajadores permanentes y contratados temporarios.

La empresa afrontó indemnizaciones estimadas en alrededor de 14 millones de pesos, aunque posteriormente surgieron reclamos judiciales por diferencias salariales y compensaciones pendientes, que derivaron en los embargos que hoy continúan vigentes.

Una inversión que quedó a mitad de camino

La caída de Muralla China dejó una señal de alerta sobre las dificultades para consolidar proyectos exportadores de gran escala en el sector frigorífico.

La planta había sido concebida para aprovechar el crecimiento de la demanda china de carne vacuna, uno de los principales motores de la industria cárnica argentina durante la última década. Sin embargo, la falta de habilitación sanitaria, los cambios de contexto económico, la pandemia y el aumento de costos terminaron erosionando la viabilidad del emprendimiento.

Ahora, casi tres años después del cierre, el complejo industrial volverá al mercado, esta vez no como una apuesta de expansión exportadora sino como un activo judicializado que busca un nuevo dueño.

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Carne cae la oferta, crecen las exportaciones, pero el consumo interno ya no convalida más precios

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La menor faena redujo la disponibilidad de carne vacuna, aunque el mercado muestra un consumidor más sensible y una creciente sustitución por pollo y cerdo.

Aun cuando mayo mostró un mayor ritmo de actividad en la faena, los indicadores acumulados del año continúan exhibiendo un marcado retroceso.

Los datos provisorios elaborados sobre la base de los animales remitidos a faena anticipan para los primeros cinco meses del año, una caída del 11% respecto de igual período de 2025.

Si bien la producción de carne por animal faenado viene mostrando una leve mejora, todavía no alcanza para compensar una retracción de semejante magnitud.

Paralelamente, impulsadas por el favorable contexto internacional y comparadas con el bajo nivel de actividad registrado durante los primeros meses del año pasado, la exportación está absorbiendo un volumen creciente de producción. De acuerdo con los datos disponibles hasta abril, los embarques acumulaban un volumen 10% superior al registrado en igual período de 2025. En términos prácticos, esto implica una menor disponibilidad de carne para el consumo interno. Ajustándonos a las estadísticas oficiales del primer cuatrimestre, se trata de un recorte cercano al 12% interanual.

Sin embargo, a pesar de esta menor oferta, los precios de la carne vacuna en los mostradores no han registrado aumentos en los últimos dos meses. Por el contrario, medidos en términos reales, muestran una caída frente a la inflación minorista.

Según el relevamiento de precios que realiza el IPCVA, en mayo el valor promedio de los distintos cortes de carne vacuna considerados en la medición se ubicó en $18.569 por kilo, prácticamente sin cambios respecto de los promedios registrados en marzo y abril, frente a una inflación que para esos dos meses habría acumulado cerca de cinco puntos porcentuales.

Según el relevamiento de precios que realiza el IPCVA, en mayo el valor promedio de los distintos cortes de carne vacuna considerados en la medición se ubicó en $18.569 por kilo, prácticamente sin cambios respecto de los promedios registrados en marzo y abril, frente a una inflación que para esos dos meses habría acumulado cerca de cinco puntos porcentuales.

A su vez, esta combinación de menor oferta y precios estancados pone de manifiesto el grado de elasticidad que presenta actualmente la demanda de carne vacuna frente a otras fuentes de proteína animal, una característica que años atrás tendía a ser menos evidente.

En efecto, el consumo aparente de carne vacuna en términos per cápita —expresado como promedio de los últimos doce meses— se sitúa por debajo de los 48 kilos por habitante al año, es decir, un 5% menos que los casi 51 kilos per cápita registrados un año atrás.

Tomando el mismo criterio de medición basado en las estadísticas oficiales de consumo, el pollo, aun con precios creciendo a un ritmo superior al de los salarios, logra sostener sus niveles de consumo en torno a los 47 kilos per cápita, prácticamente equiparando al consumo de carne vacuna.

Por su parte, el cerdo continúa ganando terreno frente a ambas carnes y alcanza su mayor registro histórico, con más de 19,5 kilos por habitante, tras registrar un crecimiento del 8,6% respecto de los 18 kilos observados un año atrás.

Sucede que, a los valores actuales, el kilo de asado equivale a casi 4 kilos de pollo fresco y a 2 kilos de pechito de cerdo tras un incremento significativo en el último año.

Estas relaciones de precios favorecen un proceso de sustitución cada vez más marcado en las decisiones de consumo de los hogares, aunque manteniendo el consumo agregado de carnes en niveles estadísticamente estables.

No obstante, para el mercado interno —y especialmente para toda la cadena comercial de la carne vacuna— estos períodos en los que el consumo se estanca o reduce su ingesta, se perciben de manera inmediata.

Una señal elocuente de esta situación fue la caída observada en los valores operados en el Mercado Agroganadero durante la última semana. Aun tratándose de una semana de inicio de mes, habitualmente asociada a una renovación del poder de compra por el ingreso de salarios, prácticamente todas las categorías -con excepción de las vacas- registraron bajas de entre $100 y $300 por kilo respecto de los promedios de la semana previa.

No obstante, aunque profundizado durante la última semana, este proceso de ajuste ya se viene observando desde hace tres meses. Entre febrero y principios de marzo se registraron los precios máximos del año en todas las categorías.

Desde entonces, los novillos perdieron -en términos reales- un 18%; los novillitos, un 16%; las vaquillonas, un 16,5%; y las vacas, un 18,5%, aunque en este último caso, la comparación con febrero no resulta del todo apropiada debido a la fuerte estacionalidad de oferta que caracteriza a esta categoría.

Aun así, la tendencia reciente refleja un marcado interés de los compradores por hacerse de esta hacienda, fuertemente orientada a la exportación. En particular, durante las últimas semanas el interés comenzó a concentrarse en lotes de vacas más livianas, con posibilidades de ser reingresadas al circuito de invernada para su posterior terminación y salida como hacienda gorda para exportación. Si bien continúa siendo un mercado mucho más estacional, esta dinámica refleja la fuerte tracción que ejerce actualmente la demanda externa para este tipo de hacienda.

Al analizar una serie de precios más amplia, medida a valores constantes de hoy, se observa que, más allá del recorrido bajista registrado desde los máximos alcanzados en febrero, los valores de la hacienda continúan siendo muy favorables en términos históricos. En pesos constantes, superan en un 40% los niveles registrados dos años atrás.

Sin embargo, a diferencia de lo observado durante los primeros meses del año, cuando las subas parecían no encontrar techo, hoy se advierte una actitud considerablemente más cautelosa por parte de los compradores. Esto refleja a un consumidor que comienza a mostrar un grado de sensibilidad a los precios poco habitual para los patrones históricos de consumo del mercado local.

En adelante, esta cautela por parte de los compradores de hacienda podría incluso profundizarse a medida que empiece a salir con mayor fluidez la hacienda que actualmente se encuentra encerrada en los feedlots, en pleno proceso de engorde y terminación.

Es en este contexto donde la exportación debería actuar como el principal catalizador para morigerar la eventual debilidad que pueda presentar el consumo interno por estos meses.

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Exportaciones de carne se disparan en marzo, suben 34% en dólares

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Las exportaciones de carne bovina registraron en marzo de 2026 un salto significativo y volvieron a ubicarse en el centro de la escena económica: alcanzaron 61,6 mil toneladas por 419,3 millones de dólares, con subas del 25,1% en volumen y 34% en valor respecto a febrero, según el informe del Consorcio ABC difundido el 21 de abril.

El dato no es menor. En un contexto donde el Gobierno necesita sostener el flujo de divisas y consolidar expectativas, la mejora exportadora plantea una pregunta de fondo: ¿es un rebote coyuntural o el inicio de una recomposición más estructural del frente externo?

El salto interanual refuerza la señal: los volúmenes crecieron 38,5% y el valor casi se duplicó con un 97,9% más que en marzo de 2025.

Un esquema productivo que vuelve a rendir en dólares

Detrás de la mejora aparece una combinación de factores que el informe deja entrever sin explicitar una estrategia oficial directa: recuperación de precios internacionales, recomposición de mercados y mayor dinamismo en los embarques.

El precio promedio de exportación llegó a USD 6.802 por tonelada, con una suba del 7,1% mensual y una mejora sustancial frente a los niveles del año anterior.

En paralelo, la producción también acompañó: la faena alcanzó aproximadamente 1,029 millones de cabezas y generó 243,3 mil toneladas, con incrementos del 12,2% respecto a febrero y del 3,3% interanual.

El esquema exportador muestra una fuerte concentración: China absorbió el 62,2% de los volúmenes, consolidando su rol como destino dominante. En menor medida, también traccionaron Europa, Estados Unidos, Israel y Chile, especialmente en cortes de mayor valor agregado.

El Consorcio ABC, que representa el 38,5% de la faena total, vuelve así a marcar el pulso del sector exportador, con un peso determinante en la generación de divisas.

Divisas, precios y tensiones internas

El crecimiento exportador tiene implicancias directas en la macroeconomía. Más dólares alivian el frente externo, pero también reactivan una tensión histórica: el equilibrio entre exportaciones y mercado interno.

El informe muestra que los envíos al exterior no solo crecen en volumen, sino también en valor, impulsados por mejores precios internacionales. Esto potencia el ingreso de divisas en el corto plazo, en un contexto donde el Gobierno necesita sostener reservas y estabilidad cambiaria.

Sin embargo, el propio comportamiento del mercado —con fuerte dependencia de un único destino como China— introduce un factor de vulnerabilidad estructural. La concentración exportadora limita la diversificación de riesgos y condiciona la política comercial.

Al mismo tiempo, la suba de precios internacionales tiende a presionar la formación de precios internos, un punto sensible en un escenario donde la inflación sigue siendo un eje central de la política económica.

Entre el rebote y la tendencia: lo que se juega hacia adelante

El desempeño de marzo abre un escenario de interpretación abierto. Por un lado, consolida una mejora clara en el flujo exportador y en el ingreso de divisas. Por otro, deja interrogantes sobre su sostenibilidad.

El informe señala que en el acumulado del primer trimestre de 2026 se exportaron 164,1 mil toneladas por USD 1.070,8 millones, con subas del 14,3% en volumen y 52,9% en valor interanual. Esto sugiere una tendencia positiva, aunque aún condicionada por variables externas como precios internacionales y demanda asiática.

En las próximas semanas, el foco estará puesto en tres variables: la continuidad de la demanda china, la evolución de los precios internacionales y el impacto que este dinamismo pueda tener en el mercado interno.

El dato de marzo ordena el presente. Pero no cierra la discusión.

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