MERCADO FINANCIERO

El Tesoro convalidó una tasa de 7,83% en dólares y adjudicó apenas USD 100 millones frente a ofertas por USD 691 millones

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La Secretaría de Finanzas adjudicó este viernes apenas USD 100 millones en la segunda vuelta de la licitación del Bono del Tesoro Nacional en dólares con vencimiento en octubre de 2028 (AO28), pese a haber recibido ofertas por un total de USD 691 millones. La decisión implica que el Gobierno aceptó menos del 15% de la demanda presentada por los inversores, una señal que refleja la estrategia oficial de privilegiar el costo del financiamiento antes que maximizar la captación de divisas.

Según informó el organismo, las 325 ofertas recibidas representaron un valor nominal de USD 691 millones y un valor efectivo de USD 668 millones. Sin embargo, la adjudicación final alcanzó únicamente USD 100 millones de valor nominal, equivalentes a USD 97 millones de valor efectivo.

El instrumento adjudicado corresponde a la reapertura del Bonar 2028 (AO28), un título denominado en dólares que paga una tasa nominal anual (TNA) del 7,56% y cuya tasa interna de retorno efectiva anual (TIREA) quedó establecida en 7,83%. El precio de corte fue de USD 967 por cada USD 1.000 de valor nominal.

La elevada diferencia entre el volumen ofertado y el finalmente adjudicado obligó a aplicar un fuerte prorrateo entre las propuestas aceptadas. La Secretaría de Finanzas informó que el factor de adjudicación fue de apenas 14,47%, lo que significa que incluso quienes ofertaron al precio de corte recibieron solamente una pequeña proporción de los montos solicitados.

Desde el punto de vista financiero, el resultado constituye una señal relevante sobre la estrategia que viene adoptando el Ministerio de Economía en el mercado de deuda. Lejos de aprovechar la elevada demanda para ampliar el endeudamiento, el Tesoro optó por limitar la colocación y mantener acotado el volumen emitido, privilegiando la disciplina financiera y evitando validar rendimientos superiores a los considerados compatibles con su programa de financiamiento.

La operación también permite tomar el pulso del apetito inversor por activos soberanos argentinos denominados en dólares. Las ofertas superaron casi siete veces el monto finalmente colocado, un nivel de sobreoferta que evidencia la existencia de liquidez dispuesta a ingresar a instrumentos del Tesoro cuando las condiciones de rendimiento resultan atractivas.

Al mismo tiempo, el resultado muestra que el Gobierno conserva margen para administrar el ritmo de emisión sin depender de colocar la totalidad de la demanda disponible, una diferencia significativa respecto de etapas anteriores en las que las necesidades de financiamiento obligaban a aceptar mayores costos o ampliar el endeudamiento.

Tras esta reapertura, el Bonar 2028 elevó su volumen nominal en circulación hasta los USD 2.000 millones, consolidándose como uno de los principales instrumentos en dólares dentro de la curva de deuda soberana de mediano plazo.

El desempeño de esta licitación será seguido de cerca por el mercado, ya que constituye una referencia sobre el costo al que el Estado argentino puede obtener financiamiento voluntario en moneda dura y sobre la percepción de riesgo que mantienen los inversores respecto del programa económico. La combinación de una fuerte demanda con una colocación acotada sugiere que el Tesoro continúa priorizando la sostenibilidad financiera y el control del costo de la deuda por encima del ingreso inmediato de divisas.

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Análisis de Mills Capital: los desafíos del Tesoro ante un roll-over de $16 billones

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El Tesoro Nacional afronta esta semana uno de los mayores desafíos financieros de 2026: renovar vencimientos por aproximadamente $16 billones, una cifra que se encuentra casi en su totalidad en manos de inversores privados y que pondrá a prueba el apetito del mercado por los activos en pesos.

Consciente de la magnitud del desafío, el equipo económico desplegó una amplia batería de instrumentos que incluye Lecaps, Boncer, bonos duales, títulos ajustados por tasa TAMAR, dollar-linked y la reapertura de bonos soberanos en dólares. La estrategia apunta a captar demanda en todos los segmentos posibles y minimizar el riesgo de una renovación insuficiente.

La licitación llega en un contexto menos favorable que el observado semanas atrás. Durante junio, la tasa de caución escaló hasta el 25,5%, desde niveles cercanos al 20%, mientras que el tipo de cambio mostró una aceleración y creció el volumen operado en bonos atados al dólar. Este escenario refleja una mayor búsqueda de cobertura por parte de los inversores y una creciente cautela respecto de la evolución financiera en la segunda mitad del año.

La presión cambiaria constituye uno de los principales focos de atención. Con expectativas que ubican la banda superior del esquema cambiario aproximadamente un 18% por encima de la cotización actual, el mercado se muestra más reticente a extender plazos en instrumentos puramente nominados en pesos. En consecuencia, el Tesoro debió ampliar las alternativas para satisfacer distintos perfiles de riesgo.

Entre los instrumentos ofrecidos sobresale la reapertura del Bonar 2028, una operación que podría completar emisiones por hasta USD 2.000 millones si logra adjudicar el cupo restante de USD 350 millones. La colocación es seguida de cerca por el mercado, ya que representa una nueva señal sobre la capacidad del Gobierno para acceder a financiamiento en moneda dura.

Al mismo tiempo, la oferta incorpora títulos de vencimiento más corto respecto de la licitación anterior. Entre ellos aparecen una Lecap a 136 días y un Boncer con vencimiento en octubre de 2027, dos alternativas que varios operadores identifican como las de mayor atractivo en el menú actual debido a su menor exposición a la volatilidad política y cambiaria.

La estrategia oficial también incluye una reapertura parcial de los bonos duales, entre ellos el TXMD9, aunque quedaron fuera otros instrumentos similares como el TXMD8 y el TXMJ0. La selección revela una intención de ofrecer mecanismos de cobertura sin incrementar excesivamente los riesgos para las cuentas públicas.

Los Boncer de plazos más largos atraviesan el período electoral y ofrecen tasas reales elevadas para compensar la incertidumbre. Los bonos ajustados por TAMAR buscan captar inversores interesados en diversificar posiciones, mientras que los dollar-linked recuperan protagonismo en un contexto donde el tipo de cambio real continúa apreciado y persisten dudas sobre la trayectoria futura del dólar.

El mensaje que surge de la licitación es claro. Por un lado, el Gobierno busca demostrar flexibilidad y disposición para atender las distintas demandas de cobertura del mercado. Por otro, reconoce implícitamente que la demanda exige rendimientos más atractivos y que el margen para continuar reduciendo tasas se ha acotado significativamente.

La licitación será observada como una prueba de confianza hacia la estrategia económica oficial. Más allá de la variedad de instrumentos disponibles, el resultado permitirá medir hasta qué punto los inversores están dispuestos a seguir financiando al Tesoro en un año atravesado por desafíos electorales, tensiones cambiarias y una economía que aún busca consolidar su proceso de estabilización.

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Las variables que seguirá el mercado durante el segundo semestre, según Mills Capital

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La economía argentina ingresa en el segundo semestre de 2026 con un escenario diferente al de los últimos años. Tras una etapa marcada por la aceleración inflacionaria, los desequilibrios fiscales y la volatilidad financiera, el mercado comienza a enfocarse en nuevas variables: la consolidación de la desinflación, la recuperación de la actividad y la capacidad de sostener la estabilidad macroeconómica.

Ese es el diagnóstico de Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital, quien considera que el país atraviesa una fase de estabilización avanzada, aunque todavía incompleta, y que el desafío ya no pasa por contener una crisis, sino por consolidar un proceso de crecimiento sostenible.

“La economía argentina está transitando una etapa de estabilización avanzada, aunque todavía inconclusa. El desafío ya no es frenar una dinámica inflacionaria disruptiva, sino consolidar un proceso que permita sostener la desinflación, recuperar la actividad y avanzar en una mayor normalización financiera”, sostuvo.

Una macro más ordenada

Según Botto, el mercado observa una combinación de factores que hace tiempo no coincidían en la Argentina.

Entre ellos mencionó una macroeconomía más ordenada, una menor incidencia del déficit fiscal sobre la política monetaria, expectativas de inflación en descenso, el regreso del crédito y la presencia de sectores con capacidad de impulsar el crecimiento estructural durante la próxima década.

“Hoy se observa una combinación de factores que hace tiempo no coincidían en Argentina: una macroeconomía más ordenada, menor dominancia fiscal sobre la política monetaria, una expectativa de inflación descendente, el regreso del crédito y motores de crecimiento estructural vinculados con energía, minería, agroindustria y economía del conocimiento”, explicó.

A pesar de esas mejoras, el ejecutivo considera que los activos argentinos todavía no reflejan plenamente el nuevo escenario.

“Uno de los elementos más llamativos es que las valuaciones de los activos argentinos continúan relativamente bajas y la participación de inversores extranjeros sigue siendo reducida”, indicó.

A su juicio, esto se explica porque históricamente los procesos de revalorización de activos en la Argentina no se desarrollaron de manera gradual, sino mediante fuertes compresiones del riesgo país y rápidas correcciones de precios.

Los sectores con mayor potencial

En materia de oportunidades de inversión, Botto identificó a la energía como uno de los sectores más atractivos de largo plazo.

“El desarrollo de Vaca Muerta y la creciente demanda global de recursos estratégicos posicionan al sector como uno de los grandes generadores de divisas de la próxima década”, afirmó.

La minería también ocupa un lugar destacado dentro de las perspectivas positivas, especialmente los proyectos vinculados al litio y al cobre, dos minerales considerados estratégicos para la transición energética global.

“La minería, especialmente vinculada al litio y al cobre, también presenta un potencial estructural importante”, señaló.

A esos sectores suma la agroindustria y la economía del conocimiento, actividades que, según su análisis, continúan mejorando sus niveles de productividad y capacidad exportadora.

En el mercado bursátil, Botto considera que todavía existen oportunidades selectivas debido a que las acciones argentinas mantienen valuaciones inferiores a las de otros mercados de la región.

“Las valuaciones todavía lucen rezagadas respecto de otros países de la región y el Merval aún se encuentra por debajo de sus máximos medido en dólares, lo que abre oportunidades selectivas para inversores con horizonte de largo plazo”, indicó.

Las tres variables que seguirá el mercado

Para el segundo semestre, el jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital identifica tres indicadores centrales que marcarán la evolución de los mercados.

El primero es la actividad económica.

“La recuperación del nivel de actividad será determinante no sólo para el humor social, sino también para fortalecer la recaudación y sostener el superávit fiscal”, explicó.

La segunda variable es la inflación. Aunque considera que la tendencia sigue siendo favorable, advierte que el proceso todavía puede presentar episodios de volatilidad.

“La consolidación de la baja de la inflación será una de las variables centrales. La tendencia de fondo sigue siendo descendente, aunque el proceso puede presentar cierta volatilidad en el corto plazo”, sostuvo.

El tercer elemento es la normalización financiera y cambiaria.

“El avance hacia una mayor normalización del mercado cambiario y financiero será clave para facilitar una mayor participación de capitales internacionales en los activos argentinos”, afirmó.

Una nueva etapa para los inversores

Botto entiende que, si el proceso de estabilización continúa, también cambiará la lógica de inversión que predominó durante años en la Argentina.

“Si el escenario macroeconómico continúa normalizándose, la generación de valor dependerá cada vez menos de encontrar un activo puntual y más de la capacidad de construir estrategias diversificadas, detectar oportunidades específicas y administrar el riesgo con una mirada integral”, señaló.

En ese contexto, considera que los inversores deberán priorizar la gestión activa y la diversificación por encima de las apuestas concentradas.

“Con rendimientos más bajos, la gestión activa, la diversificación y una visión de largo plazo volverán a ganar protagonismo”, indicó.

Bajo esa lógica, proyecta un crecimiento sostenido de herramientas como los Fondos Comunes de Inversión y las carteras balanceadas, instrumentos que podrían ganar relevancia a medida que la economía avance hacia un escenario de menor inflación y mayor previsibilidad financiera.

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Cocos entra en “modo banco”: ya tiene listo su plan para competir contra Mercado Pago, Naranja X y Ualá

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La fintech Cocos dio uno de los pasos más importantes desde su creación al incorporar a Banco Voii dentro de su estructura. La operación marca un cambio estratégico para la compañía fundada por Ariel Sbdar y Nicolás Mindlin, que busca dejar atrás su perfil de plataforma de inversiones para convertirse en un jugador financiero integral capaz de competir simultáneamente con bancos tradicionales, billeteras digitales y neobancos.

La apuesta no pasa únicamente por sumar una licencia bancaria. El objetivo es construir una plataforma donde los usuarios puedan concentrar toda su actividad financiera cotidiana: cobrar el sueldo, administrar liquidez, invertir, comprar dólares, constituir plazos fijos y acceder a financiamiento desde una única aplicación.

Del mercado de capitales al negocio bancario

Desde su nacimiento en 2021, Cocos se posicionó como una alternativa disruptiva dentro del mercado financiero argentino. Su estrategia de eliminar comisiones para inversiones y simplificar el acceso al mercado de capitales le permitió crecer rápidamente en un segmento tradicionalmente dominado por sociedades de bolsa orientadas a clientes de alto patrimonio.

Ese crecimiento se reflejó en los números. Según datos de la compañía, actualmente administra más de 2.000 millones de dólares en activos, supera los dos millones de usuarios y cuenta con más de 1.200 millones de dólares bajo gestión en fondos comunes de inversión a través de Cocos Asset Management. Además, durante 2025 registró ingresos por 49,7 millones de dólares y alcanzó una facturación anualizada superior a los 70 millones de dólares.

Sin embargo, la empresa identificó un límite estructural: participaba del ahorro de sus clientes, pero no de su actividad financiera diaria.

El salario seguía acreditándose en bancos tradicionales, los pagos se realizaban desde billeteras digitales y el crédito provenía de otras entidades. Con la compra de Banco Voii, Cocos busca capturar esa relación completa.

La primera apuesta: empresas antes que consumo

Contrariamente a lo que podría suponerse, la expansión bancaria no comenzará con una agresiva oferta de préstamos personales.

La prioridad inicial estará puesta en los servicios bancarios básicos y en el financiamiento corporativo. La compañía considera que allí posee una ventaja competitiva inmediata gracias a una cartera cercana a 3.000 clientes empresariales con los que ya opera en inversiones, administración de liquidez y mercado de capitales.

Ese vínculo previo le permite conocer balances, comportamiento financiero y necesidades de financiamiento de esas compañías, reduciendo riesgos y acelerando el desarrollo de nuevas líneas de negocio.

Por el contrario, el crédito al consumo avanzará de forma gradual. La empresa entiende que ese segmento requiere modelos sofisticados de evaluación de riesgo, procesos de originación y capacidades operativas que demandan mayor tiempo de desarrollo.

Por qué eligió Banco Voii

La elección de Banco Voii tampoco fue casual.

Se trata de una entidad financiera de nicho especializada en préstamos personales, fideicomisos financieros, tesorería y servicios digitales, con una estructura pequeña y una cartera reducida de clientes. Precisamente esa escala acotada resultó atractiva para Cocos.

La operación no buscó adquirir una red de sucursales ni una gran base de depósitos. El verdadero activo estratégico fue la licencia bancaria y la infraestructura regulatoria ya desarrollada.

Con esa adquisición, la fintech obtiene capacidad para operar cuentas bancarias, ofrecer depósitos, desarrollar productos crediticios y generar fondeo propio, evitando años de trámites regulatorios y construcción institucional.

Un nuevo tablero competitivo

La incorporación del banco cambia también el universo de competidores.

Hasta ahora, Cocos disputaba mercado principalmente con otras ALyC y plataformas de inversión. A partir de esta integración comenzará a enfrentarse con jugadores como Mercado Pago, Ualá, Naranja X, los neobancos digitales y las entidades tradicionales que aceleran su transformación tecnológica.

La diferencia, según la tesis de la empresa, es que mientras muchos de esos competidores construyeron su crecimiento desde los pagos o el crédito, Cocos pretende recorrer el camino inverso: captar usuarios a través de las inversiones, retenerlos mediante servicios bancarios y expandir el negocio con financiamiento.

El objetivo final: un “sistema operativo financiero”

La visión de largo plazo es convertir la plataforma en una especie de sistema operativo financiero para personas y empresas.

La compañía imagina un entorno donde el usuario pueda realizar todas sus operaciones financieras desde una sola interfaz: cobrar el sueldo, administrar una cuenta bancaria, constituir plazos fijos, operar dólar oficial, invertir en fondos comunes, comprar CEDEARs y acceder a crédito sin necesidad de migrar entre distintas aplicaciones.

Más que una transformación hacia un banco tradicional, la compra de Voii representa el intento de construir un ecosistema financiero completo sobre una infraestructura regulada, aprovechando la tecnología, la experiencia digital y la base de usuarios que Cocos logró desarrollar en apenas cinco años.

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Finanzas logró un rollover del 120% y estira vencimientos hasta 2030 con fuerte demanda por bonos duales

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La Secretaría de Finanzas cerró una nueva licitación de deuda con un resultado que fortalece la estrategia oficial de administración de pasivos: adjudicó $6,12 billones frente a vencimientos del día y alcanzó un rollover del 120,42%, lo que implica que no sólo refinanció la totalidad de los compromisos inmediatos sino que además obtuvo financiamiento neto positivo.

El resultado adquiere relevancia en un contexto en el que el Gobierno busca consolidar el equilibrio fiscal, reducir la emisión monetaria y construir una curva de financiamiento de largo plazo en moneda local. La operación recibió ofertas por $7,40 billones, lo que evidencia una demanda superior al monto finalmente adjudicado y permitió al Tesoro seleccionar condiciones más favorables.

La principal apuesta de los inversores estuvo concentrada en los nuevos bonos duales CER/TAMAR con vencimientos en 2028, 2029 y 2030. Estos instrumentos, diseñados para ofrecer cobertura tanto frente a la inflación como ante la evolución de las tasas del mercado, captaron más de $4,3 billones. El bono con vencimiento en junio de 2030 fue el más demandado, con adjudicaciones por $2,11 billones y una tasa interna de retorno efectiva anual del 9,30% sobre la pata TAMAR y del 6,34% sobre la pata CER.

La fuerte adhesión a estos títulos revela una señal relevante para el equipo económico: el mercado comienza a aceptar plazos cada vez más extensos en pesos. En términos prácticos, el Tesoro logró trasladar parte de sus necesidades financieras desde instrumentos de corto plazo hacia vencimientos ubicados entre 2028 y 2030, reduciendo presiones futuras de refinanciación.

Otro dato significativo fue la colocación de instrumentos vinculados al dólar. La nueva letra dólar linked con vencimiento en agosto de 2026 absorbió $1,62 billones, mientras que el bono dólar linked a diciembre de 2028 sumó otros $116.000 millones. La demanda por este tipo de activos refleja que una porción del mercado continúa buscando cobertura cambiaria, aunque sin recurrir a instrumentos emitidos directamente en moneda extranjera.

En paralelo, el Gobierno concretó una nueva reapertura del Bonar 2028 (AO28), denominado y pagadero en dólares. La operación captó USD 191 millones efectivos mediante la adjudicación de USD 200 millones de valor nominal, con una tasa de retorno del 8,63%. El nivel de demanda superó el monto ofrecido, obligando a aplicar un prorrateo cercano al 31% para las órdenes presentadas al precio de corte.

La colocación del AO28 tiene una importancia estratégica para la administración de Javier Milei. Por un lado, permite captar dólares genuinos del mercado sin recurrir a organismos multilaterales. Por otro, funciona como una referencia para medir la percepción de riesgo sobre la deuda soberana argentina en moneda dura.

El operativo incluyó además una conversión voluntaria de títulos con vencimiento a fin de junio de 2026. Los tenedores del BONCER TZX26 y del bono dual TTJ26 aceptaron canjear una parte relevante de sus posiciones por los nuevos bonos duales a más largo plazo. La adhesión alcanzó al 24,89% del stock en circulación del TZX26 y al 21,79% del TTJ26.

Desde la óptica financiera, esta conversión representa una extensión efectiva de vencimientos por más de $3 billones, reduciendo las necesidades de caja que el Tesoro hubiera debido afrontar en las próximas semanas. Al mismo tiempo, permite construir una curva de rendimientos más extensa para los nuevos instrumentos duales.

La operación confirma que el Ministerio de Economía continúa aprovechando el escenario de desaceleración inflacionaria para reconfigurar el perfil de la deuda pública. La aparición de instrumentos con vencimientos hasta 2030 marca una diferencia respecto de los años previos, cuando la mayor parte del financiamiento se concentraba en plazos considerablemente más cortos debido a la incertidumbre macroeconómica.

El desafío hacia adelante será sostener esta dinámica. Si el Gobierno logra mantener la estabilidad cambiaria, la baja de la inflación y el superávit fiscal, la extensión gradual de plazos podría transformarse en una de las herramientas centrales para disminuir la vulnerabilidad financiera del sector público. Por lo pronto, la licitación dejó una señal positiva para el equipo económico: el mercado continúa dispuesto a financiar al Tesoro y comienza a hacerlo a horizontes temporales cada vez más largos.

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