Mercado ganadero

Invertir en vientres vuelve a ganar atractivo: la ganadería encuentra señales para una nueva etapa de expansión

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La ganadería argentina atraviesa un momento que podría marcar el inicio de una nueva fase de expansión. Aunque el costo de incorporar vientres aumentó significativamente durante el último año, los indicadores del mercado muestran que la inversión en reposición de hembras continúa siendo económicamente atractiva para los productores. Así lo señala un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que identifica una combinación de expectativas positivas, retención de vientres e incentivos fiscales como factores capaces de impulsar una recomposición del rodeo nacional.

La reposición de hembras constituye una de las decisiones más estratégicas dentro del ciclo ganadero. Cada año, los productores reemplazan las vacas descartadas por nuevas vaquillonas para sostener el tamaño del rodeo, pero cuando las perspectivas económicas y productivas mejoran, esa reposición suele transformarse en expansión del stock, una señal que históricamente anticipa mayores niveles de producción de carne en los años siguientes.

La reposición de hembras es clave en el negocio ganadero. Todos los años, el productor tiende a reponer una cantidad de vientres jóvenes equivalente a los descartes realizados durante el mismo período, con el objetivo de mantener su stock.

Lo relevante, en este contexto, es detectar anticipadamente aquellos momentos en los que las condiciones climáticas, políticas o comerciales incentivan una mayor reposición o una expansión del stock de vientres.

Durante este año, desde los primeros meses, el mercado de reposición presentó un escenario de extrema firmeza. En este punto, una de las relaciones de valores más analizadas es la que surge de comparar el precio de una vaquillona preñada con el valor de descarte de una vaca que sale de producción, categoría conserva. Sin embargo, por la propia naturaleza del indicador, una relación de reposición elevada puede responder tanto a una mayor revalorización del vientre nuevo como a una pérdida relativa del valor del animal de refugo.

En este sentido, lo que se viene observando desde la primavera pasada es una importante apreciación de los vientres jóvenes, incluso en un escenario de muy buenos valores para la hacienda destinada a faena. Esta tendencia, que comenzó a evidenciarse hacia fines del año pasado, se consolidó durante el presente año con valores para las vaquillonas preñadas en torno a los $2,4 millones, como promedio general.

Medido contra una vaca de descarte, cuyo valor por kilo se ubica actualmente alrededor de los $2.000 — equivalente a aproximadamente $800 mil por cabeza—, estos valores arrojan una relación cercana a las tres vacas de descarte necesarias para adquirir una vaquillona de reposición. Este nivel, comparado con el promedio de los últimos 15 años, evidencia un incremento de la relación de reposición cercano al 20%.

En efecto, si analizamos la evolución de ambas series por separado, observamos que el valor actual de un vientre nuevo —medido en moneda constante— se encuentra cerca de un 70% por encima del promedio registrado en los últimos 15 años. Por su parte, el valor actual de una vaca de descarte, aun mostrando una importante valorización respecto de su promedio histórico, se ubica aproximadamente un 40% por encima de dicho nivel.

En definitiva, estos datos muestran que el encarecimiento de la relación de compra o reposición de vientres responde principalmente a una mayor revalorización de la hacienda destinada a cría, impulsada por las buenas perspectivas que actualmente ofrece la actividad.

Es por ello que, en este contexto, el criador tiende a retener una mayor cantidad de terneras con el objetivo de asegurar su propia reposición.

Un indicador interesante surge al analizar, en primer lugar, la proporción de terneras que salen de los campos en relación con el stock inicial y, en segundo término, la participación de hembras respecto de machos que ingresan a los corrales de engorde, bajo la categoría terneros.

Considerando únicamente los primeros cinco meses del año —dado que durante junio las estadísticas de traslado de terneros y terneras se vieron afectadas por la campaña de vacunación—, se observa que, a nivel criador, solo un 16% de las terneras declaradas en stock al 31 de diciembre habían salido de los campos. Este porcentaje representa aproximadamente la mitad de lo registrado habitualmente en años anteriores, cuando la salida se ubicaba entre el 29% y el 30%.

Por otra parte, la participación de hembras ingresadas a corrales de engorde se mantuvo por debajo del 40%, frente al 44% y 45% promedio observado en años anteriores.

Hacia adelante, la misma estacionalidad de salida de vacas podría contribuir a mejorar levemente esta relación, producto de la firmeza esperada para esta categoría, cuya oferta tiende a mostrar señales de escasez.

Por otra parte, este año se suma un incentivo adicional para la inversión en ganadería. A través del Régimen de Incentivo para la Mediana Inversión (RIMI) impulsado por el Gobierno, todo pequeño y mediano productor que decida adquirir genética registrada podría acceder a un beneficio fiscal que permitiría reducir, durante el primer año de compra, entre un 25% y un 35% del valor del bien, producto del sistema de amortización acelerada para el cálculo del Impuesto a las Ganancias, previsto por el régimen. A esto se suma la posibilidad de acceder a la devolución total del IVA crédito fiscal asociado a la compra, una vez cumplidos los plazos establecidos.

Sin duda, este mecanismo representa un incentivo adicional para la inversión en vientres con genética registrada, ya sean animales de pedigree o ejemplares identificados por sus respectivas asociaciones. Este escenario podría fortalecer aún más la demanda y, en consecuencia, sostener la valorización de la hacienda destinada a cría en general.

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La faena de vacas tuvo el peor primer semestre de la última década pero el peso promedio tocó un máximo histórico

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La ganadería argentina atraviesa un cambio de dinámica que comienza a reflejarse con claridad en las estadísticas. Durante el primer semestre de 2026 la faena bovina cayó al nivel más bajo de la última década, mientras que el peso promedio de los animales enviados a frigorífico alcanzó un récord histórico, en un contexto donde los productores optan por prolongar los ciclos de engorde para capturar mejores márgenes.

El fenómeno responde a una combinación de factores productivos y económicos: un rodeo con menor cantidad de vientres disponibles, el crecimiento sostenido de los feedlots y una relación de costos que favorece agregar kilos antes de la comercialización.

El semestre con menos faena en diez años

Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), basado en datos del Senasa, durante junio se remitieron a plantas frigoríficas 1.081.077 bovinos. Con ese registro, la faena acumulada entre enero y junio alcanzó aproximadamente 6,03 millones de cabezas.

La cifra representa una caída cercana al 9% respecto del mismo período de 2025, cuando se habían faenado 6,61 millones de animales, convirtiéndose en el peor primer semestre de los últimos diez años.

No obstante, los analistas advierten que el dato no necesariamente implica una menor producción de carne. La diferencia radica en que hoy los animales llegan al frigorífico con mayor peso que en campañas anteriores.

Récord histórico de peso por res

Mientras disminuyó la cantidad de cabezas, el peso promedio siguió creciendo.

En mayo, la res en gancho alcanzó un promedio de 240 kilos, el mayor registro histórico para la ganadería argentina y unos 7,5 kilos por encima del promedio observado un año antes.

Detrás de ese incremento aparece un fuerte incentivo económico: el valor de la hacienda terminada continúa firme y los productores encuentran rentable prolongar la recría y el engorde antes de enviar los animales a faena.

En otras palabras, hoy se producen menos animales, pero más pesados.

Más oferta llegará en la segunda mitad del año

La BCR considera que el comportamiento observado durante el primer semestre responde a un patrón de “faena lenta”, es decir, un desplazamiento de la oferta hacia los últimos meses del año.

Históricamente, el primer semestre representa cerca del 49% de toda la faena anual. Este año, los datos sugieren que esa participación será incluso menor, ya que muchos animales permanecen más tiempo en los establecimientos de engorde.

Con esa tendencia, la entidad proyecta una faena anual de entre 12,4 y 13,1 millones de cabezas, frente a los 13,6 millones registrados durante 2025.

Menos vacas disponibles condicionan la oferta

El límite para aumentar la producción no está únicamente en las decisiones de manejo.

La disponibilidad de animales también juega un papel central.

Según la Bolsa rosarina, actualmente existen unas 500.000 vacas menos expuestas a servicio respecto del ciclo anterior, por lo que difícilmente la producción de terneros aumente de manera significativa.

En 2025 nacieron alrededor de 14,4 millones de terneros, mientras que la faena fue de 13,6 millones. Sin embargo, el stock bovino igualmente terminó reduciéndose en unas 700.000 cabezas, principalmente por mortandad natural.

Para sostener el rodeo en niveles estables durante 2026, la reducción de la faena aparece casi como una consecuencia inevitable.

El feedlot consolida su protagonismo

Otro dato que refleja el cambio estructural es el crecimiento del engorde a corral.

Actualmente, más del 37% de los animales enviados a faena provienen de feedlots, cuando hace apenas cinco años esa participación rondaba el 30%.

Además, al 1° de julio había más de 2,17 millones de bovinos alojados en establecimientos de engorde, el segundo mayor registro de toda la serie estadística del Senasa.

El crecimiento de este sistema responde, principalmente, a la mejora en los márgenes económicos.

Aunque la reposición de terneros continúa relativamente cara, el costo del maíz —principal insumo del feedlot— cayó con fuerza cuando se lo mide en kilos de novillito, ubicándose entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico.

Ese escenario favorece estrategias de mayor intensificación y explica por qué muchos productores deciden extender el tiempo de permanencia de los animales antes de la venta.

Un cambio de modelo productivo

Más que una caída coyuntural de la actividad, los datos muestran una transformación en la forma de producir carne.

El sistema ganadero argentino avanza hacia animales más pesados, mayor participación del engorde intensivo y una oferta distribuida de manera diferente a lo largo del año.

Si esta tendencia se mantiene, 2026 cerrará con una menor cantidad de animales faenados, aunque con un volumen de carne menos afectado gracias al mayor peso de cada res. Al mismo tiempo, esa estrategia permitiría moderar la caída del stock bovino y preservar capacidad productiva para los próximos ciclos.

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La faena bovina cayó 9% en el primer semestre, pero el mayor peso por animal abre una ventana para estabilizar el rodeo

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La ganadería argentina comenzó 2026 con una señal que puede marcar un cambio de tendencia en el ciclo productivo. La faena bovina acumuló una caída del 9% durante el primer semestre y alcanzó el nivel más bajo de la última década para ese período, pero el menor ritmo de extracción viene acompañado por un incremento histórico del peso de faena, un indicador que mejora la eficiencia del sistema y podría contribuir a recomponer el stock ganadero.

Así surge de un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza los registros preliminares de remisiones a plantas de faena y las perspectivas para el cierre del año. Entre enero y junio se habrían faenado aproximadamente 6.025.000 cabezas, frente a los 6.613.000 animales registrados en igual período de 2025.

En los primeros seis meses del año, la faena bovina estaría superando muy ligeramente los 6 millones de animales.

Como dato preliminar, las remisiones a plantas de faena registradas mediante el DTe registran el traslado de 1.081.077 vacunos durante el último mes. En consecuencia, considerando este último registro, la faena acumulada entre enero y junio sumaría aproximadamente 6.025.000 cabezas.

Comparado con los 6.613.000 vacunos faenados en igual período del año pasado, el volumen actual resulta un 9% inferior y constituye, a su vez, el registro más bajo de los últimos diez años.

Más allá del dato parcial, el aspecto más relevante es proyectar cuál podría ser la faena total del año a fin de evaluar su eventual impacto sobre el ciclo ganadero.

Si bien la faena mensual presenta una relativa estabilidad a lo largo del año, las estadísticas muestran una estacionalidad consistente: la actividad registrada durante el primer semestre suele representar una proporción ligeramente inferior a la de la segunda mitad del año.

Sobre la base de los últimos 25 años, la faena del primer semestre representó, en promedio, el 49% de la faena anual, con un máximo del 51% y un mínimo del 46%.

En términos generales, los años en los que el ritmo de faena fue más acelerado —es decir, cuando más del 50% de la faena anual se concentró en el primer semestre— terminaron registrando un volumen anual relativamente bajo de animales. En cambio, los años en los que la participación del primer semestre fue inferior al promedio tendieron a cerrar con niveles de faena más elevados.

Para el presente ciclo, los datos observados hasta el momento sugieren un escenario de faena más cercano a un ritmo lento que a uno acelerado.

En efecto, la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde con destino a faena, sumada al fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación, está desplazando hacia adelante la oferta de animales terminados. Este proceso ya comienza a reflejarse en el incremento del peso de faena: en mayo, el peso promedio de la res en gancho alcanzó un máximo histórico de 240 kilos, con un aumento interanual de 7,5 kilos por res.

Este comportamiento sugiere que una mayor proporción de los animales en producción llegará a faena durante la segunda mitad del año, reduciendo la participación relativa del primer semestre sobre la faena anual.

Bajo este escenario, si se extrapola el volumen faenado hasta junio y se asume que el primer semestre representará entre el promedio histórico (49%) y el mínimo observado en la serie (46%) de la faena anual, los poco más de 6 millones de animales faenados hasta la fecha permitirían proyectar una faena total de entre 12,4 y 13,1 millones de cabezas. Esto implicaría una reducción de entre 500 mil y 1,2 millones de animales respecto de la faena registrada el año pasado.

Como referencia, en 2025, la producción de terneros aportó aproximadamente 14,4 millones de cabezas al sistema, mientras que la faena alcanzó los 13,6 millones. Sin embargo, el stock bovino cerró el año con una caída cercana a las 700 mil cabezas, explicada principalmente por la mortandad natural del rodeo, que habitualmente representa entre el 2% y el 3% de las existencias.

Para el presente año, aun suponiendo una tasa de destete similar o incluso ligeramente superior, el potencial de crecimiento de la producción de terneros se encuentra limitado por una menor cantidad de vientres en servicio. En efecto, el rodeo cuenta actualmente con unas 500 mil vacas menos expuestas a servicio, por lo que difícilmente el número de terneros destetados resulte significativamente superior al del ciclo anterior.

En consecuencia, si la oferta de reposición no aumenta de manera sustancial, la faena anual debería ubicarse entre 1 y 1,5 millones de cabezas por debajo de la registrada en 2025 para permitir que el stock bovino cierre el año en niveles relativamente estables, una vez descontadas las pérdidas naturales del sistema.

En adelante, será clave seguir de cerca la evolución de los feedlots, dada la creciente participación que vienen adquiriendo dentro de la oferta total de animales destinados a faena. Con los datos del primer semestre puede estimarse que más del 37% de los animales remitidos a faena provienen de corrales de engorde, cuando apenas cinco años atrás esa participación apenas superaba el 30%.

Asimismo, la elevada ocupación de los establecimientos de engorde a corral —más de 2,17 millones de animales en stock al 1º de julio, según SENASA, el segundo mayor registro de la serie— reafirma el papel protagónico que seguirán teniendo en la oferta de hacienda durante los próximos meses.
Este incentivo no solo responde a la favorable relación entre el costo del alimento y el valor de la hacienda terminada, sino que además se presenta en un contexto de precios históricamente elevados para la hacienda en general.

En efecto, si bien el precio de la invernada viene mostrando desde el año pasado una relación de reposición relativamente cara respecto de su promedio histórico —habitualmente entre 1,2 y 1,3—, durante el mismo período el costo del maíz medido en kilos de novillito llegó a ubicarse entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico (93,4), fortaleciendo significativamente los márgenes del engorde.

En definitiva, el sector atraviesa una de las combinaciones más favorables para la producción ganadera: precios firmes para la hacienda y costos relativos más bajos tanto para el maíz como también para otros insumos necesarios para intensificar los sistemas de producción. Esta mejora en la relación insumo-producto redunda en mayores incentivos para agregar eficiencia y productividad a lo largo de toda la cadena.

En este contexto, el mejor escenario para el sector sería cerrar el año con una faena moderada en número de animales, pero con una mayor eficiencia productiva, reflejada en un incremento del peso medio de faena y, en consecuencia, en una mayor producción de carne por cabeza. De este modo, la menor extracción de animales no necesariamente implicaría una caída proporcional en la producción de carne, al tiempo que contribuiría a estabilizar el stock bovino.

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La ganadería muestra señales de retención, pero la recuperación del rodeo aún no está asegurada

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Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario advierte que la faena de hembras cayó al nivel más bajo de los últimos años, aunque la tasa de extracción continúa por encima del umbral considerado sostenible para recomponer el stock bovino.

La ganadería argentina comienza a exhibir algunos indicadores compatibles con una etapa de mayor retención de vientres, aunque los datos todavía no permiten afirmar que el proceso de recomposición del rodeo haya comenzado de manera consolidada. Así lo sostiene un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza la evolución de la faena de hembras, uno de los principales termómetros para anticipar los cambios del ciclo ganadero.

En torno a este concepto existen distintos indicadores que, para una correcta interpretación, deben analizarse de manera integrada

El primer dato que observar es, sin dudas, el número absoluto de hembras faenadas en comparación con años anteriores.

Durante los primeros cinco meses del año, la faena total de hembras ascendió a 2.345.880 cabezas, frente a las 2.573.937 registradas en igual período de 2025. Esto representa una caída del 9% interanual y constituye, en términos absolutos, el volumen más bajo de los últimos años, considerando la serie desde 2020 hasta la actualidad.

Otro indicador relevante es la proporción que representan las hembras dentro de la faena total. Sin embargo, al tratarse de un indicador relativo, su interpretación debe realizarse en conjunto con el nivel de faena total y con la persistencia temporal de dicho porcentaje.

En este sentido, los datos de los primeros cinco meses muestran una faena total en retroceso, cercana al 10% respecto de un año atrás, con una participación de hembras del 47,5%. Durante el mismo período de 2025, este indicador promediaba el 47%, lo que indica que la reducción de la faena de hembras fue ligeramente menos pronunciada que la de machos.

Por otra parte, si bien existen antecedentes de participaciones superiores —como el 50% alcanzado en 2019—, este es el cuarto año consecutivo en el que esta participación se mantiene por encima del 47%, umbral que suele considerarse como límite de equilibrio para la evolución del stock.

Un tercer indicador a observar es la relación entre la cantidad de hembras faenadas y el stock existente al inicio del ciclo. Este factor permite medir el nivel de extracción del rodeo, es decir, la proporción de animales que salen del circuito productivo en relación con la disponibilidad inicial.

En los primeros cinco meses del año, la tasa de extracción de vacas y vaquillonas alcanzó el 8,2%, resultado de una faena de 2,35 millones de cabezas sobre un stock inicial de 28,4 millones. Si bien este porcentaje muestra una tendencia descendente respecto de años anteriores, continúa siendo elevado en relación con la capacidad actual de reposición del rodeo.

En efecto, al analizar la serie desde 2008 hasta la fecha, se observan dos períodos claramente diferenciados luego de los mínimos alcanzados tras la liquidación de stock ocurrida entre 2008 y 2010: una etapa de crecimiento sostenido hasta 2018 y, posteriormente, una fase de contracción. En términos generales, sobre la serie analizada, puede identificarse un punto de equilibrio en torno a una tasa de extracción del 8% donde, niveles superiores a ese umbral se asociaron con caídas del stock, mientras que tasas inferiores permitieron procesos de recomposición y crecimiento.

No obstante, este indicador también debe evaluarse en función de los ingresos generados anualmente por el sistema. En otras palabras, cuanto mayores sean los niveles de preñez y destete alcanzados, mayor será la capacidad de extracción de hembras sin comprometer la producción futura.

En este aspecto, la situación muestra ciertas limitaciones. Desde los 7,56 millones de terneras obtenidas en 2022, la producción total de terneros -machos y hembras- no ha logrado crecer. Por el contrario, se ha reducido año tras año, restringiendo el ingreso de animales al sistema y, en consecuencia, limitando la capacidad de extracción genuina del stock. Este año, la cantidad de terneras incorporadas al rodeo al inicio del ciclo fue de 7,19 millones de cabezas, unas 120.000 menos que las registradas el año anterior.

Por último, resulta igualmente importante analizar la dinámica con la que evolucionan estos indicadores, es decir, el ritmo que va marcando la faena mensual a lo largo del año.

En particular, la faena de vacas presenta una marcada estacionalidad asociada al ciclo reproductivo, con los mayores volúmenes de salida concentrados entre mayo y agosto para luego, descender significativamente, durante la primavera y el verano, coincidiendo con los períodos de servicio y gestación.

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Carne bovina: las exportaciones marcaron un récord mientras la menor faena redefine el mercado interno

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El sector bovino argentino atraviesa un escenario de fuerte reconfiguración. La menor disponibilidad de hacienda está reduciendo la producción de carne y el consumo interno, pero al mismo tiempo mejora el posicionamiento exportador gracias a precios internacionales más altos y una mayor demanda de mercados estratégicos como Estados Unidos y la Unión Europea.

Así lo refleja un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza el desempeño del complejo cárnico durante el primer cuatrimestre de 2026 y muestra un cambio de ciclo: la oferta doméstica continúa ajustándose mientras el comercio exterior registra los mejores resultados de las últimas décadas.

El valor de las exportaciones del complejo bovino alcanza US$ 1.654 M (+36% interanual), nuevo récord histórico. La faena registra un mínimo de diez años, aunque el peso promedio de los animales faenados se mantiene firme.

La presente nota analiza la coyuntura del sector bovino argentino durante el período enero-abril de 2026, con foco en la faena y producción de carne, el comercio exterior, la dinámica de los precios internacionales y el consumo interno. Se observa una contracción en la oferta doméstica sumada a un contexto internacional favorable para el sector exportador.

Faena y producción

El año pasado había cerrado con una faena de 13,6 millones de cabezas, lo que representó una contracción del 2,5% respecto de 2024 y del 1,6% frente al promedio de los cinco años previos. De este modo, la faena decreció por segundo año consecutivo luego de haber tocado un máximo relativo de 14,5 millones de cabezas en 2023, pico que había estado en gran medida impulsado por la severa sequía de ese año y su impacto negativo sobre las pasturas.

En el primer cuatrimestre de 2026 la tendencia contractiva se profundizó: con 3.935.598 de cabezas faenadas, la serie se ubicó en su registro mínimo en diez años para un primer cuatrimestre. La disponibilidad hídrica y los buenos precios del kilogramo vivo incentivaron a los productores a extender el período de engorde, aumentando el peso de los animales previo al envío a faena. 

En términos mensuales, la faena de febrero de 2026, con 925.235 cabezas, fue la más baja desde abril de 2017, y el dato de abril de 2026 (960.871 cabezas) se ubicó como el más bajo para dicho mes en los últimos nueve años. 

Por el lado de la producción de carne, en el primer cuatrimestre de 2026, la misma se ubicó en 926.583 toneladas equivalente res con hueso, el menor registro en nueve años. No obstante, el dato más destacado es que el peso promedio por animal faenado ascendió a 235,4 kg en gancho, el valor más elevado en los registros para un primer cuatrimestre, con datos disponibles desde 1990. Este indicador supera en 9 kg al promedio de los últimos 10 años para el mismo período (226,4 kg) reflejando una decisión productiva orientada a maximizar el rendimiento por animal en un contexto de precios favorables y oferta restringida.

Exportaciones: primer cuatrimestre récord en valor

De acuerdo con datos de INDEC, el valor exportado por Argentina en productos del complejo Carne y Cueros Bovinos durante el primer cuatrimestre de 2026 ascendió a US$ 1.653,7 millones, un 36% por encima del mismo período del año previo y un 39% por encima del promedio de los últimos cinco años para el mismo lapso, consolidándose como el máximo histórico para un primer cuatrimestre, con datos desde 2002. 

Esto se vio apuntalado en buena medida por el aumento de los precios de exportación: durante abril de 2026, el precio promedio de exportación informado por SAGyP alcanzó los USD 5.490 por tonelada (eq. res con hueso), un máximo desde mayo de 2014.

Excluyendo el secreto estadístico, la distribución por destino muestra que el 39,1% del valor exportado tuvo como destino China, el 19,0% a Estados Unidos, el 12,9% a Israel, el 7,8% a Alemania, el 5,6% a Países Bajos y el 15,6% restante se distribuyó entre otros 35 destinos.

En términos de volumen, las exportaciones de carnes bovinas alcanzaron en el primer cuatrimestre 257.345 toneladas res equivalentes, un 10% superior al mismo período de 2025 y se un 2% por debajo del promedio de los últimos cinco años.

Se destaca un incremento en los despachos de carne a la Unión Europea, particularmente de carne fresca deshuesada. En el primer cuatrimestre, el volumen despachado ascendió a 15.580 toneladas (peso producto), siendo este el mayor volumen exportado al bloque de este producto desde el año 2009, para un primer cuatrimestre. Desde luego, Estados Unidos también viene jugando un rol muy relevante, pero en este caso se destacan fundamentalmente las compras de carne deshuesada congelada, que suman 28.539 t, siendo el máximo registro histórico para un primer cuatrimestre. El volumen de carnes despachado a China, si bien continúa liderando el podio, se presenta como el menor en los últimos seis años para un primer cuatrimestre, totalizando 128.698 t (p.p.). Cabe recordar, sin embargo, que Argentina cuenta con una cuota de 511.000 toneladas de carnes para enviar al gigante asiático durante el año en curso.

Detrás de los incrementos de exportaciones a la Unión Europea y a Estados Unidos, se encuentran el Acuerdo Mercosur – Unión Europea y la Proclama Presidencial presentada este año por EE. UU.

Con respecto al primero, se estableció que a partir del primero de mayo la alícuota de la cuota Hilton bajó de 20% a 0%. Además, se creará una nueva cuota de 99.000 toneladas de carne bovina para el Mercosur, con un arancel preferencial del 7,5%, la cual está dividida en dos cuotas de carne congelada y enfriada de 54.450 y 44.550 toneladas, respectivamente, y de la cual todavía resta definirse la distribución entre los países miembros. Todo esto permite pensar que haya un repunte las exportaciones al bloque europeo se mantengan en niveles elevados en el transcurso de 2026. 

En relación con el acuerdo con EE. UU., cabe recordar se adicionaron 80.000 toneladas libres de aranceles para recortes de carnes magras, las cuales ingresan en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas durante el año 2026. Este volumen se suma al acuerdo preexistente de 20.000 toneladas anuales que cuentan con un arancel preferencial. De este modo, durante el corriente año el volumen total con preferencias arancelarias asciende desde 20.000 hasta 100.000 toneladas.

Dinámica del consumo interno

En el primer cuatrimestre de 2026, el consumo aparente se ubicó en 681.209 toneladas equivalente res con hueso, un 11,7% por debajo del año previo y un 7,8% por debajo del promedio de los últimos cinco años para el mismo período. La caída responde a dos factores que operan de manera simultánea. Por un lado, el incremento real de los precios minoristas que tuvo lugar en el transcurso del último año. En segundo lugar, el menor consumo es también consecuencia a una menor oferta de carne, resultado directo de los mínimos productivos mencionados anteriormente en el informe.

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