Mercado ganadero

Menos faena y más kilos: la ganadería argentina da señales de un posible giro hacia la retención

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La ganadería argentina atraviesa una etapa en la que tres indicadores comienzan a alinearse en una misma dirección: menos animales enviados a faena, una participación decreciente de las hembras y un mayor peso promedio por cabeza. El cuadro todavía no alcanza para confirmar el inicio de una fase de retención, pero sí permite identificar una transición potencial después de varios años caracterizados por la reducción del stock bovino.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) entre enero y julio de 2026 se faenaron 7,1 millones de cabezas, un 9,5% menos que en igual período del año pasado y cerca de un 10% por debajo del promedio de los últimos cinco años. Se trata, además, del volumen más bajo para los primeros siete meses de un año en nueve años y la proporción de hembras cayó al 44,3% en julio. Junto con un peso de la hacienda en máximos y una tasa de extracción en disminución, la oferta parece alejarse de la fase de liquidación.

En el presente artículo se analizará el desempeño del sector bovino nacional durante los primeros siete meses de 2026, a partir de distintos indicadores de oferta y su posible relación con el ciclo ganadero en Argentina.


La faena de hembras entra en zona umbral

El volumen y la composición de la faena son la principal puerta de entrada para leer en qué fase del ciclo se encuentra la ganadería. En lo que va de 2026, ambos indicadores comenzaron a dar señales. La faena durante los primeros siete meses de 2026 se ubicó en 7,1 millones de cabezas. Esto representa una disminución del 9,5% en comparación con el mismo período del año pasado, y cerca de 10% menos comparado contra el promedio de los últimos cinco años para dicho período. Además, es el registro más bajo en nueve años. El contexto de los últimos años estuvo caracterizado por una fase de liquidación de stocks que comenzó en el año 2019. Entre 2018 y 2025, la cantidad de cabezas en Argentina cayó de 55,0 a 50,9 millones, es decir, hubo en el transcurso de esos años una reducción del rodeo de 4,1 millones de bovinos.

Con la mejora en los precios de la hacienda, que alcanzaron en el transcurso del año en curso récords históricos (medidos tanto en dólares corrientes como en pesos reales deflactados por IPC), sumado a la adecuada disponibilidad hídrica generalizada en buena parte de las áreas productivas, se han visto incrementados los incentivos para reducir la faena de hembras y orientar la estrategia productiva hacia una recomposición de stocks. Todavía no hay evidencia concluyente acerca de que nos encontremos ingresando en una fase de retención, pero sí se observa que algunos indicadores comienzan a alejarse de los umbrales que indican liquidación.

Un ejemplo de lo anterior es el dato de porcentaje de hembras sobre el total de la faena. Históricamente, valores de este indicador por encima del 47% han tendido a coincidir con las fases de liquidación, mientras que valores por debajo del 43% han sido más acordes a fases de retención. Durante el agregado de los primeros siete meses de 2026 el registro se ubica en 46,6%, un valor relativamente alto, pero dentro de la zona umbral entre fases. Además de eso, se observa una tendencia decreciente en el transcurso del año de la proporción de hembras en la faena. En el último mes con datos oficiales, que es julio, la proporción de hembras en la faena disminuyó hasta el 44,3%, siendo este el mínimo registro en 44 meses, el cual ubica al indicador en una “zona intermedia” entre las dos fases que caracterizan el ciclo. 

Desde luego, cabe aclarar que el registro de julio todavía no confirma una fase de retención: para ello el indicador debería ubicarse debajo del 43%, y luego sostenerse en esa zona durante varios meses consecutivos, algo que no ocurre desde 2017. Lo que sí muestran los datos es una zona de posible transición: la señal es coherente con la idea de que el ciclo podría estar comenzando a girar de la liquidación hacia la retención, aunque el cambio no está aún definido ni consolidado, para ello habría que ver si la tendencia se ratifica en los últimos meses del año.


Menos cabezas, pero mayor peso

Los mismos factores que incentivan a la retención de hacienda, es decir, la buena disponibilidad hídrica y los altos precios del kilogramo vivo, impulsaron también a extender el engorde y a enviar animales más pesados a faena. A partir de ello, el peso promedio por animal ascendió durante los primeros siete meses de 2026 a 238,2 kg gancho, superando en 7,6 kg por animal al registro del año pasado, y en 9,5 kg al promedio del último lustro. Este peso promedio es el máximo en los registros para el período considerado, con datos desde 1990.

Si se observan los datos mensuales, en lugar del promedio enero-julio, los datos son aún más alentadores: en julio de 2026, el peso promedio por animal ascendió hasta los 244,3 kg gancho, el máximo valor en los registros. Esta dinámica de mayor agregado de peso previo a la faena se ve también reflejada en las existencias que hay en los establecimientos de engorde a corral. Tal como indica el informe de Rosgan del presente informativo, las mismas alcanzaron las 2.131.785 cabezas al 1° de agosto, lo que representa un incremento interanual del 4,9% respecto del mismo mes del año pasado.


La tasa de extracción también cerca de un valor umbral

Un último indicador que resulta de interés para analizar el estado del ciclo ganadero es el de la tasa de extracción, que puede ser aproximada a partir de la relación entre la faena total durante un año y el stock de bovinos al comienzo de este. En Argentina, la bibliografía especializada indica que existe un valor umbral del 24%: niveles por debajo de esta cifra suelen asociarse a períodos de retención (como ocurrió entre 2011 y 2018, donde el promedio fue del 23,2%), mientras que valores superiores sugieren una fase de liquidación.

Si se realiza el ejercicio teórico de anualizar la faena en base a los primeros siete meses de 2026 y a la estacionalidad promedio de los últimos años, el resultado sería una faena anual de alrededor de 12,3 millones de cabezas en el año en curso. Frente a un stock de 50,9 millones de cabezas a fines del año 2025, esto daría como resultado una tasa de extracción de 24,3% durante 2026, prácticamente en el umbral que delimita el paso de una fase a otra. Si efectivamente se mantuviese esta dinámica hasta fin de año, sería posible que hacia fines de año los stocks presentasen una ligera suba, dado que esto es lo que ha sucedido generalmente en años con niveles de extracción similares. De darse esta situación, los stocks podrían ubicarse en un entorno cercano a las 51,1 millones de cabezas a fines de año. Cabe mencionar, sin embargo, que esto constituye solo un ejercicio teórico, dado que todavía restan verse los movimientos durante los últimos cinco meses del año.

En síntesis, los tres indicadores analizados —una faena en mínimos con una participación de hembras en descenso, un peso por animal en máximos históricos y una tasa de extracción ubicada apenas por encima de su valor umbral— apuntan en una misma dirección: la de una posible transición desde la fase de liquidación hacia una de retención. Ninguno de ellos alcanza todavía para confirmar el inicio de esa nueva etapa, que recién podrá darse por consolidada si la tendencia se sostiene en lo que resta del año. Será clave, por lo tanto, continuar monitoreando de cerca la evolución de estos indicadores en los próximos meses.

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La hacienda recuperó precio, pero la mayor oferta limita nuevas subas

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Después de varios meses de amesetamiento, el precio de la hacienda gorda comenzó a recuperar terreno en julio. Las referencias del Mercado Agroganadero (MAG) registraron subas promedio del 3,7% para los novillos, del 1,8% para los novillitos y del 1,3% para las vaquillonas. Sin embargo, la mejora llega a un mercado condicionado por una demanda cautelosa y, principalmente, por una oferta que podría ganar volumen durante los próximos meses.

El comportamiento reciente vuelve a poner en primer plano una divergencia que atravesó buena parte de 2026. Hasta mediados de año, mientras el precio de la carne acumulaba un incremento del 22%, la hacienda medida a través del índice INMAG apenas había aumentado 2% nominalmente. La brecha se explica por la fuerte corrección registrada en febrero y por la posterior resistencia de los precios minoristas a retroceder pese al abaratamiento de la materia prima.

En otras palabras, el consumidor convalidó durante el primer trimestre un nuevo escalón de precios de la carne que luego logró sostenerse aun cuando el valor del ganado perdió parte de la mejora inicial. Al mismo tiempo, la demanda comenzó a profundizar la sustitución de carne vacuna por alternativas de menor precio, principalmente pollo y cerdo.

Según un reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), tras varios meses de amesetamiento, julio marcó un moderado repunte en el precio de la hacienda gorda.

Las referencias del Mercado Agroganadero (MAG) muestran incrementos promedio del 3,7% para los novillos, del 1,8% para los novillitos y del 1,3% para las vaquillonas. Resta verificar si esta mejora ha logrado o logrará trasladarse plenamente al precio de la carne al consumidor o si encuentra una demanda más cautelosa, que limite la capacidad del comercio para convalidar nuevos aumentos.

Hasta mediados de año, la evolución de ambos mercados había transitado caminos muy diferentes. Mientras el precio de la carne acumulaba un incremento del 22%, la hacienda, medida a través del índice INMAG, apenas registraba una suba nominal del 2%.

La explicación se encuentra en la dinámica observada desde los primeros meses del año. Luego de las fuertes subas registradas en febrero, las cotizaciones de la hacienda comenzaron a retroceder en términos nominales, perdiendo prácticamente toda la mejora alcanzada. En cambio, el precio de la carne, cuyos principales ajustes se concentraron durante el primer trimestre, logró sostener esos valores aun cuando la materia prima se abarató. En otras palabras, el consumidor terminó convalidando un nuevo escalón de precios del cual, posteriormente, no retrocedió.

Si bien, desde el lado de la demanda, se ha profundizado este efecto sustitución que ejercen carnes de menor precio, como el pollo y el cerdo, sobre el consumo de carne vacuna, el comportamiento reciente también evidencia un mercado relativamente estabilizado en los actuales niveles de consumo puesto que, en este contexto, el comercio minorista tampoco se vio presionado a realizar correcciones de precios a la baja tras los retrocesos de la hacienda.

Del lado de la oferta también comienzan a observarse cambios relevantes. La menor disponibilidad relativa de hacienda terminada parece haber contribuido a la reciente recuperación de los valores, aunque difícilmente este factor mantenga la misma intensidad durante los próximos meses.

En efecto, si se analizan los datos de faena de los últimos cinco años, el segundo trimestre suele ubicarse sistemáticamente por encima del primero. Con excepción de 2024, cuando comenzó a evidenciarse un proceso de retención luego de la sequía, la faena entre abril y junio resultó entre un 6% y un 7% superior a la registrada entre enero y marzo. Este año, en cambio, el aumento fue de apenas el 2%.

Esta diferencia refleja un cambio en el comportamiento de la oferta. A diferencia de lo observado en 2024, el proceso de retención actual no se limita a una menor salida de hembras, sino que también involucra machos que permanecen más tiempo en recría o engorde con el objetivo de incrementar el peso de faena y, con ello, la producción de carne por animal.

Un indicador que refuerza esta interpretación es el elevado nivel de ocupación de los feedlots. Según los últimos datos publicados por SENASA al 1.º de agosto, el stock alcanzó los 2,13 millones de cabezas, cerca de un 5% por encima del registrado un año atrás y entre los valores más altos de la serie histórica.

En consecuencia, el importante volumen de animales actualmente encerrados asegura una oferta significativa de hacienda terminada para los próximos meses, lo que constituye un factor que probablemente limite nuevas subas de magnitud en los precios de la hacienda gorda.

A ello se suma la importante cantidad de animales que aún permanece en sistemas de recría o engorde pastoril y que todavía no ingresó a los corrales para su terminación. Es decir, existe una oferta potencial adicional que comenzará a incorporarse al mercado durante los próximos meses.

Finalmente, otro aspecto que merece un seguimiento cercano es la evolución del clima. Los pronósticos que anticipan un escenario de El Niño, con lluvias superiores a lo normal, podrían modificar nuevamente el comportamiento de la oferta. En particular, en las islas y zonas costeras de la franja este del país, un exceso de precipitaciones podría acelerar la salida de hacienda que actualmente se encuentra en engorde pastoril. La falta de corrales o de campos firmes para sostener esos animales podría adelantar su envío a faena hacia fines de año, incrementando estacionalmente la oferta.

En síntesis, el mercado enfrenta un escenario de precios relativamente firmes, aunque con fundamentos que sugieren un margen acotado para convalidar nuevas subas significativas en el valor de la hacienda gorda.

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Invertir en vientres vuelve a ganar atractivo: la ganadería encuentra señales para una nueva etapa de expansión

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La ganadería argentina atraviesa un momento que podría marcar el inicio de una nueva fase de expansión. Aunque el costo de incorporar vientres aumentó significativamente durante el último año, los indicadores del mercado muestran que la inversión en reposición de hembras continúa siendo económicamente atractiva para los productores. Así lo señala un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que identifica una combinación de expectativas positivas, retención de vientres e incentivos fiscales como factores capaces de impulsar una recomposición del rodeo nacional.

La reposición de hembras constituye una de las decisiones más estratégicas dentro del ciclo ganadero. Cada año, los productores reemplazan las vacas descartadas por nuevas vaquillonas para sostener el tamaño del rodeo, pero cuando las perspectivas económicas y productivas mejoran, esa reposición suele transformarse en expansión del stock, una señal que históricamente anticipa mayores niveles de producción de carne en los años siguientes.

La reposición de hembras es clave en el negocio ganadero. Todos los años, el productor tiende a reponer una cantidad de vientres jóvenes equivalente a los descartes realizados durante el mismo período, con el objetivo de mantener su stock.

Lo relevante, en este contexto, es detectar anticipadamente aquellos momentos en los que las condiciones climáticas, políticas o comerciales incentivan una mayor reposición o una expansión del stock de vientres.

Durante este año, desde los primeros meses, el mercado de reposición presentó un escenario de extrema firmeza. En este punto, una de las relaciones de valores más analizadas es la que surge de comparar el precio de una vaquillona preñada con el valor de descarte de una vaca que sale de producción, categoría conserva. Sin embargo, por la propia naturaleza del indicador, una relación de reposición elevada puede responder tanto a una mayor revalorización del vientre nuevo como a una pérdida relativa del valor del animal de refugo.

En este sentido, lo que se viene observando desde la primavera pasada es una importante apreciación de los vientres jóvenes, incluso en un escenario de muy buenos valores para la hacienda destinada a faena. Esta tendencia, que comenzó a evidenciarse hacia fines del año pasado, se consolidó durante el presente año con valores para las vaquillonas preñadas en torno a los $2,4 millones, como promedio general.

Medido contra una vaca de descarte, cuyo valor por kilo se ubica actualmente alrededor de los $2.000 — equivalente a aproximadamente $800 mil por cabeza—, estos valores arrojan una relación cercana a las tres vacas de descarte necesarias para adquirir una vaquillona de reposición. Este nivel, comparado con el promedio de los últimos 15 años, evidencia un incremento de la relación de reposición cercano al 20%.

En efecto, si analizamos la evolución de ambas series por separado, observamos que el valor actual de un vientre nuevo —medido en moneda constante— se encuentra cerca de un 70% por encima del promedio registrado en los últimos 15 años. Por su parte, el valor actual de una vaca de descarte, aun mostrando una importante valorización respecto de su promedio histórico, se ubica aproximadamente un 40% por encima de dicho nivel.

En definitiva, estos datos muestran que el encarecimiento de la relación de compra o reposición de vientres responde principalmente a una mayor revalorización de la hacienda destinada a cría, impulsada por las buenas perspectivas que actualmente ofrece la actividad.

Es por ello que, en este contexto, el criador tiende a retener una mayor cantidad de terneras con el objetivo de asegurar su propia reposición.

Un indicador interesante surge al analizar, en primer lugar, la proporción de terneras que salen de los campos en relación con el stock inicial y, en segundo término, la participación de hembras respecto de machos que ingresan a los corrales de engorde, bajo la categoría terneros.

Considerando únicamente los primeros cinco meses del año —dado que durante junio las estadísticas de traslado de terneros y terneras se vieron afectadas por la campaña de vacunación—, se observa que, a nivel criador, solo un 16% de las terneras declaradas en stock al 31 de diciembre habían salido de los campos. Este porcentaje representa aproximadamente la mitad de lo registrado habitualmente en años anteriores, cuando la salida se ubicaba entre el 29% y el 30%.

Por otra parte, la participación de hembras ingresadas a corrales de engorde se mantuvo por debajo del 40%, frente al 44% y 45% promedio observado en años anteriores.

Hacia adelante, la misma estacionalidad de salida de vacas podría contribuir a mejorar levemente esta relación, producto de la firmeza esperada para esta categoría, cuya oferta tiende a mostrar señales de escasez.

Por otra parte, este año se suma un incentivo adicional para la inversión en ganadería. A través del Régimen de Incentivo para la Mediana Inversión (RIMI) impulsado por el Gobierno, todo pequeño y mediano productor que decida adquirir genética registrada podría acceder a un beneficio fiscal que permitiría reducir, durante el primer año de compra, entre un 25% y un 35% del valor del bien, producto del sistema de amortización acelerada para el cálculo del Impuesto a las Ganancias, previsto por el régimen. A esto se suma la posibilidad de acceder a la devolución total del IVA crédito fiscal asociado a la compra, una vez cumplidos los plazos establecidos.

Sin duda, este mecanismo representa un incentivo adicional para la inversión en vientres con genética registrada, ya sean animales de pedigree o ejemplares identificados por sus respectivas asociaciones. Este escenario podría fortalecer aún más la demanda y, en consecuencia, sostener la valorización de la hacienda destinada a cría en general.

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La faena de vacas tuvo el peor primer semestre de la última década pero el peso promedio tocó un máximo histórico

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La ganadería argentina atraviesa un cambio de dinámica que comienza a reflejarse con claridad en las estadísticas. Durante el primer semestre de 2026 la faena bovina cayó al nivel más bajo de la última década, mientras que el peso promedio de los animales enviados a frigorífico alcanzó un récord histórico, en un contexto donde los productores optan por prolongar los ciclos de engorde para capturar mejores márgenes.

El fenómeno responde a una combinación de factores productivos y económicos: un rodeo con menor cantidad de vientres disponibles, el crecimiento sostenido de los feedlots y una relación de costos que favorece agregar kilos antes de la comercialización.

El semestre con menos faena en diez años

Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), basado en datos del Senasa, durante junio se remitieron a plantas frigoríficas 1.081.077 bovinos. Con ese registro, la faena acumulada entre enero y junio alcanzó aproximadamente 6,03 millones de cabezas.

La cifra representa una caída cercana al 9% respecto del mismo período de 2025, cuando se habían faenado 6,61 millones de animales, convirtiéndose en el peor primer semestre de los últimos diez años.

No obstante, los analistas advierten que el dato no necesariamente implica una menor producción de carne. La diferencia radica en que hoy los animales llegan al frigorífico con mayor peso que en campañas anteriores.

Récord histórico de peso por res

Mientras disminuyó la cantidad de cabezas, el peso promedio siguió creciendo.

En mayo, la res en gancho alcanzó un promedio de 240 kilos, el mayor registro histórico para la ganadería argentina y unos 7,5 kilos por encima del promedio observado un año antes.

Detrás de ese incremento aparece un fuerte incentivo económico: el valor de la hacienda terminada continúa firme y los productores encuentran rentable prolongar la recría y el engorde antes de enviar los animales a faena.

En otras palabras, hoy se producen menos animales, pero más pesados.

Más oferta llegará en la segunda mitad del año

La BCR considera que el comportamiento observado durante el primer semestre responde a un patrón de “faena lenta”, es decir, un desplazamiento de la oferta hacia los últimos meses del año.

Históricamente, el primer semestre representa cerca del 49% de toda la faena anual. Este año, los datos sugieren que esa participación será incluso menor, ya que muchos animales permanecen más tiempo en los establecimientos de engorde.

Con esa tendencia, la entidad proyecta una faena anual de entre 12,4 y 13,1 millones de cabezas, frente a los 13,6 millones registrados durante 2025.

Menos vacas disponibles condicionan la oferta

El límite para aumentar la producción no está únicamente en las decisiones de manejo.

La disponibilidad de animales también juega un papel central.

Según la Bolsa rosarina, actualmente existen unas 500.000 vacas menos expuestas a servicio respecto del ciclo anterior, por lo que difícilmente la producción de terneros aumente de manera significativa.

En 2025 nacieron alrededor de 14,4 millones de terneros, mientras que la faena fue de 13,6 millones. Sin embargo, el stock bovino igualmente terminó reduciéndose en unas 700.000 cabezas, principalmente por mortandad natural.

Para sostener el rodeo en niveles estables durante 2026, la reducción de la faena aparece casi como una consecuencia inevitable.

El feedlot consolida su protagonismo

Otro dato que refleja el cambio estructural es el crecimiento del engorde a corral.

Actualmente, más del 37% de los animales enviados a faena provienen de feedlots, cuando hace apenas cinco años esa participación rondaba el 30%.

Además, al 1° de julio había más de 2,17 millones de bovinos alojados en establecimientos de engorde, el segundo mayor registro de toda la serie estadística del Senasa.

El crecimiento de este sistema responde, principalmente, a la mejora en los márgenes económicos.

Aunque la reposición de terneros continúa relativamente cara, el costo del maíz —principal insumo del feedlot— cayó con fuerza cuando se lo mide en kilos de novillito, ubicándose entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico.

Ese escenario favorece estrategias de mayor intensificación y explica por qué muchos productores deciden extender el tiempo de permanencia de los animales antes de la venta.

Un cambio de modelo productivo

Más que una caída coyuntural de la actividad, los datos muestran una transformación en la forma de producir carne.

El sistema ganadero argentino avanza hacia animales más pesados, mayor participación del engorde intensivo y una oferta distribuida de manera diferente a lo largo del año.

Si esta tendencia se mantiene, 2026 cerrará con una menor cantidad de animales faenados, aunque con un volumen de carne menos afectado gracias al mayor peso de cada res. Al mismo tiempo, esa estrategia permitiría moderar la caída del stock bovino y preservar capacidad productiva para los próximos ciclos.

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La faena bovina cayó 9% en el primer semestre, pero el mayor peso por animal abre una ventana para estabilizar el rodeo

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La ganadería argentina comenzó 2026 con una señal que puede marcar un cambio de tendencia en el ciclo productivo. La faena bovina acumuló una caída del 9% durante el primer semestre y alcanzó el nivel más bajo de la última década para ese período, pero el menor ritmo de extracción viene acompañado por un incremento histórico del peso de faena, un indicador que mejora la eficiencia del sistema y podría contribuir a recomponer el stock ganadero.

Así surge de un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza los registros preliminares de remisiones a plantas de faena y las perspectivas para el cierre del año. Entre enero y junio se habrían faenado aproximadamente 6.025.000 cabezas, frente a los 6.613.000 animales registrados en igual período de 2025.

En los primeros seis meses del año, la faena bovina estaría superando muy ligeramente los 6 millones de animales.

Como dato preliminar, las remisiones a plantas de faena registradas mediante el DTe registran el traslado de 1.081.077 vacunos durante el último mes. En consecuencia, considerando este último registro, la faena acumulada entre enero y junio sumaría aproximadamente 6.025.000 cabezas.

Comparado con los 6.613.000 vacunos faenados en igual período del año pasado, el volumen actual resulta un 9% inferior y constituye, a su vez, el registro más bajo de los últimos diez años.

Más allá del dato parcial, el aspecto más relevante es proyectar cuál podría ser la faena total del año a fin de evaluar su eventual impacto sobre el ciclo ganadero.

Si bien la faena mensual presenta una relativa estabilidad a lo largo del año, las estadísticas muestran una estacionalidad consistente: la actividad registrada durante el primer semestre suele representar una proporción ligeramente inferior a la de la segunda mitad del año.

Sobre la base de los últimos 25 años, la faena del primer semestre representó, en promedio, el 49% de la faena anual, con un máximo del 51% y un mínimo del 46%.

En términos generales, los años en los que el ritmo de faena fue más acelerado —es decir, cuando más del 50% de la faena anual se concentró en el primer semestre— terminaron registrando un volumen anual relativamente bajo de animales. En cambio, los años en los que la participación del primer semestre fue inferior al promedio tendieron a cerrar con niveles de faena más elevados.

Para el presente ciclo, los datos observados hasta el momento sugieren un escenario de faena más cercano a un ritmo lento que a uno acelerado.

En efecto, la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde con destino a faena, sumada al fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación, está desplazando hacia adelante la oferta de animales terminados. Este proceso ya comienza a reflejarse en el incremento del peso de faena: en mayo, el peso promedio de la res en gancho alcanzó un máximo histórico de 240 kilos, con un aumento interanual de 7,5 kilos por res.

Este comportamiento sugiere que una mayor proporción de los animales en producción llegará a faena durante la segunda mitad del año, reduciendo la participación relativa del primer semestre sobre la faena anual.

Bajo este escenario, si se extrapola el volumen faenado hasta junio y se asume que el primer semestre representará entre el promedio histórico (49%) y el mínimo observado en la serie (46%) de la faena anual, los poco más de 6 millones de animales faenados hasta la fecha permitirían proyectar una faena total de entre 12,4 y 13,1 millones de cabezas. Esto implicaría una reducción de entre 500 mil y 1,2 millones de animales respecto de la faena registrada el año pasado.

Como referencia, en 2025, la producción de terneros aportó aproximadamente 14,4 millones de cabezas al sistema, mientras que la faena alcanzó los 13,6 millones. Sin embargo, el stock bovino cerró el año con una caída cercana a las 700 mil cabezas, explicada principalmente por la mortandad natural del rodeo, que habitualmente representa entre el 2% y el 3% de las existencias.

Para el presente año, aun suponiendo una tasa de destete similar o incluso ligeramente superior, el potencial de crecimiento de la producción de terneros se encuentra limitado por una menor cantidad de vientres en servicio. En efecto, el rodeo cuenta actualmente con unas 500 mil vacas menos expuestas a servicio, por lo que difícilmente el número de terneros destetados resulte significativamente superior al del ciclo anterior.

En consecuencia, si la oferta de reposición no aumenta de manera sustancial, la faena anual debería ubicarse entre 1 y 1,5 millones de cabezas por debajo de la registrada en 2025 para permitir que el stock bovino cierre el año en niveles relativamente estables, una vez descontadas las pérdidas naturales del sistema.

En adelante, será clave seguir de cerca la evolución de los feedlots, dada la creciente participación que vienen adquiriendo dentro de la oferta total de animales destinados a faena. Con los datos del primer semestre puede estimarse que más del 37% de los animales remitidos a faena provienen de corrales de engorde, cuando apenas cinco años atrás esa participación apenas superaba el 30%.

Asimismo, la elevada ocupación de los establecimientos de engorde a corral —más de 2,17 millones de animales en stock al 1º de julio, según SENASA, el segundo mayor registro de la serie— reafirma el papel protagónico que seguirán teniendo en la oferta de hacienda durante los próximos meses.
Este incentivo no solo responde a la favorable relación entre el costo del alimento y el valor de la hacienda terminada, sino que además se presenta en un contexto de precios históricamente elevados para la hacienda en general.

En efecto, si bien el precio de la invernada viene mostrando desde el año pasado una relación de reposición relativamente cara respecto de su promedio histórico —habitualmente entre 1,2 y 1,3—, durante el mismo período el costo del maíz medido en kilos de novillito llegó a ubicarse entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico (93,4), fortaleciendo significativamente los márgenes del engorde.

En definitiva, el sector atraviesa una de las combinaciones más favorables para la producción ganadera: precios firmes para la hacienda y costos relativos más bajos tanto para el maíz como también para otros insumos necesarios para intensificar los sistemas de producción. Esta mejora en la relación insumo-producto redunda en mayores incentivos para agregar eficiencia y productividad a lo largo de toda la cadena.

En este contexto, el mejor escenario para el sector sería cerrar el año con una faena moderada en número de animales, pero con una mayor eficiencia productiva, reflejada en un incremento del peso medio de faena y, en consecuencia, en una mayor producción de carne por cabeza. De este modo, la menor extracción de animales no necesariamente implicaría una caída proporcional en la producción de carne, al tiempo que contribuiría a estabilizar el stock bovino.

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