mercado laboral argentino

En dos años se perdieron más de 23.500 empleadores privados en Argentina

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En los últimos dos años, Argentina perdió 23.587 empleadores del sector privado, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. El organismo releva a las personas humanas o jurídicas que cuentan con al menos un trabajador registrado bajo cobertura del sistema de riesgos del trabajo.

El informe excluye a los empleadores de la Administración Pública, las organizaciones extraterritoriales y los hogares con servicio doméstico, con el objetivo de analizar exclusivamente el comportamiento del empleo formal en el sector privado.

Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, la cantidad de empleadores privados se redujo un 4,3 por ciento a nivel nacional. Se trata de una caída significativa tanto en términos absolutos como relativos, con impacto extendido en casi todo el país.

De las 24 jurisdicciones relevadas, sólo una registró crecimiento: Neuquén, con un aumento del 0,7 por ciento, equivalente a 59 empresas más. En contraste, el resto de las provincias evidenció retrocesos de distinta magnitud, desde caídas moderadas inferiores al 2 por ciento, como en San Juan y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hasta descensos de dos dígitos en Catamarca (10,8 por ciento), Tierra del Fuego (10,9 por ciento), Chaco (11,0 por ciento) y La Rioja (15,0 por ciento).

En términos absolutos, la provincia de Buenos Aires concentró la mayor pérdida, con 5.949 empresas menos, lo que representa una baja del 3,5 por ciento. Le siguen Córdoba, con 4.011 firmas menos (7,7 por ciento); Santa Fe, con 2.414 menos (4,8 por ciento); y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con una caída de 2.345 empleadores (1,9 por ciento).

Estas cuatro jurisdicciones explican gran parte de la contracción nacional, ya que concentran el 72 por ciento del total de empresas del país. Por ello, sus variaciones tienen un fuerte impacto en el resultado agregado.

La caída se mantiene en el último año

Si se analiza el período más reciente, entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, la tendencia contractiva se mantiene. En ese lapso, el total de empleadores privados se redujo un 2,0 por ciento, lo que equivale a 10.646 empresas menos en todo el país.

En este caso, sólo dos provincias lograron mostrar mejoras: Neuquén, con un incremento del 0,5 por ciento, y San Juan, con una leve suba del 0,1 por ciento. En el resto de las jurisdicciones continuaron las caídas, con La Pampa registrando la menor baja (0,4 por ciento) y La Rioja la más pronunciada (7,1 por ciento).

En términos absolutos, Neuquén sumó 45 empresas y San Juan otras 8. Por el contrario, las mayores pérdidas volvieron a concentrarse en la provincia de Buenos Aires, con 3.061 empleadores menos; Córdoba, con 1.688; Santa Fe, con 1.053; y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con 925 menos.

El análisis, elaborado por Politikon Chaco en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, confirma un proceso sostenido de retracción del entramado empresarial formal en el país.

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En dos años cerraron 23.000 empresas en el país y casi 900 en Misiones

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Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, el sistema de riesgos del trabajo mostró una caída sostenida en la cantidad de trabajadores cubiertos y empleadores con personal declarado. A nivel nacional se perdieron 334.457 puestos cubiertos y 23.149 empleadores; en Misiones, la baja fue de 11.688 trabajadores y 895 empresas. En el NEA, la retracción alcanzó a 29.607 empleos y 2.837 empleadores.

A contramano de los números que dio el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien dijo que se crearon 400 mil empleos en los últimos dos años, la foto del empleo formal argentino, medida a través de la cobertura del sistema de riesgos del trabajo en unidades productivas, dejó en dos años una señal nítida de retroceso: menos empresas con personal declarado y menos trabajadores cubiertos. La poda fue nacional, pero en Misiones se sintió con más fuerza relativa. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, la Argentina perdió 334.457 trabajadores cubiertos en unidades productivas y 23.149 empleadores con personal declarado. En el mismo período, Misiones resignó 11.688 trabajadores y 895 empleadores.

Los datos surgen de los boletines estadísticos mensuales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo para diciembre de 2023, 2024 y 2025. El de 2025 se conoció este lunes y allí se observa que el total nacional de trabajadores cubiertos en unidades productivas pasó de 9.893.914 en diciembre de 2023 a 9.647.751 en diciembre de 2024 y a 9.559.457 en diciembre de 2025. En paralelo, la cantidad de empleadores de unidades productivas con trabajadores declarados cayó de 512.898 a 499.682 y luego a 489.749. Es decir: el primer año explicó la mayor parte del deterioro, pero 2025 volvió a cerrar en baja.

En términos porcentuales, la contracción nacional fue de 2,49% en trabajadores entre 2023 y 2024, y de otro 0,92% entre 2024 y 2025. En el acumulado de dos años, la baja fue de 3,38%. Del lado empresario, el recorte fue de 2,58% en 2024 y de 1,99% en 2025, para una caída acumulada de 4,51%. Traducido a números duros, el país terminó 2025 con 334.457 trabajadores cubiertos menos y 23.149 empleadores menos que al cierre de 2023.

Misiones mostró una trayectoria más contractiva que la media nacional. La provincia pasó de 139.960 trabajadores cubiertos en diciembre de 2023 a 133.078 en 2024 y 128.272 en 2025. Eso implica una pérdida de 6.882 trabajadores en el primer tramo y de otros 4.806 en el segundo. El saldo acumulado fue de 11.688 trabajadores menos, equivalente a una caída de 8,35%, más del doble de la retracción nacional.

La caída también fue visible en la cantidad de empleadores con trabajadores declarados. Misiones pasó de 9.638 empleadores en diciembre de 2023 a 9.140 en 2024 y 8.743 en 2025. Son 498 menos en el primer año y otros 397 menos en el segundo. En total, desaparecieron 895 empleadores del registro, una baja acumulada de 9,29%. Otra vez, el deterioro provincial superó al promedio argentino, que en ese mismo lapso cayó 4,51%.

La comparación con el NEA también deja una lectura relevante. Si se suman Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa, la región pasó de 453.755 trabajadores cubiertos en diciembre de 2023 a 435.016 en 2024 y 424.148 en 2025. Eso significa una pérdida de 29.607 trabajadores en dos años, equivalente a 6,52%. En empleadores, el NEA bajó de 29.930 a 28.217 y luego a 27.093, una reducción de 2.837 empleadores, o 9,48%. Aquí aparece un dato central: Misiones explicó 39,5% de la caída regional del empleo cubierto, porque de los 29.607 puestos perdidos en el NEA, 11.688 correspondieron a la provincia.

En cantidad de empleadores, Misiones conservó el liderazgo regional en los tres años analizados: 9.638 en 2023, 9.140 en 2024 y 8.743 en 2025, siempre por encima de Corrientes y Chaco. Dicho de otro modo: Misiones tiene más empleadores formales que sus vecinos del NEA, pero con una escala media menor en cantidad de trabajadores por empleador.

Ese rasgo también se ve en la relación entre trabajadores y empleadores. En 2025, Misiones tuvo alrededor de 14,7 trabajadores cubiertos por empleador, por debajo del promedio nacional, que se ubicó en 19,5, y también debajo de Corrientes, que superó los 20 trabajadores por empleador. Es un dato que sugiere una estructura más atomizada, con mayor peso de firmas pequeñas y medianas, algo consistente con la matriz económica provincial.

En participación relativa, Misiones también cedió terreno. En 2023 representaba el 1,41% de los trabajadores cubiertos del país; en 2025 bajó al 1,34%. Entre los empleadores, pasó de explicar el 1,88% del total nacional al 1,79%. Dentro del NEA, en cambio, su peso siguió siendo decisivo: concentró el 30,8% de los trabajadores cubiertos de la región en 2023 y el 30,2% en 2025; y mantuvo en torno de un tercio de los empleadores regionales, con una participación de 32,2% en 2023 y 32,3% en 2025. Es decir, aun en retroceso, Misiones siguió siendo la provincia con mayor densidad empresaria formal del Nordeste.

La lectura de fondo es inquietante. No se trata solo de una baja en la nómina de trabajadores cubiertos, sino de una retracción simultánea del entramado empresario que sostiene ese empleo. Cuando cae la cantidad de empleadores, el problema deja de ser únicamente laboral y pasa a ser también productivo: hay menos unidades económicas activas con personal declarado, menos masa crítica para sostener inversión y menos capilaridad formal en el territorio. En el caso de Misiones, esa doble caída fue más intensa que en el promedio nacional y también más severa que la contracción del empleo regional.

Menos trabajo en casas particulares

A ese panorama de caída del empleo formal en empresas se suma otra tendencia silenciosa en el mercado laboral argentino: la reducción del trabajo registrado en casas particulares, uno de los sectores con mayor presencia de empleo femenino y con fuerte peso en la economía doméstica de las familias. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, el sistema de riesgos del trabajo registró una baja sostenida en la cantidad de trabajadoras cubiertas. A nivel nacional, el total de personas trabajadoras en casas particulares pasó de 627.636 en 2023 a 612.830 en 2024 y a 602.685 en 2025, lo que implica una pérdida acumulada de 24.951 puestos registrados en dos años, equivalente a una caída de 3,97%.

La reducción también se observa del lado de las familias empleadoras registradas. En diciembre de 2023 había 523.692 empleadores con personal de casas particulares declarado dentro del sistema; en 2024 el número bajó a 510.755, y en 2025 descendió a 501.864. En términos nominales, esto significa que 21.828 hogares dejaron de registrar personal doméstico en dos años, una caída de 4,17%. La dinámica reproduce, aunque con menor intensidad, la misma tendencia que se observa en las unidades productivas: menos empleadores y menos personas cubiertas por el sistema formal.

En el caso de Misiones, la evolución del empleo registrado en casas particulares también mostró una tendencia contractiva entre 2023 y 2025. Según los boletines estadísticos del sistema de riesgos del trabajo, la provincia pasó de 7.402 trabajadoras registradas en diciembre de 2023 a 7.158 en diciembre de 2024 y a 6.982 en diciembre de 2025. En términos nominales, esto implica que 420 puestos de trabajo doméstico formal se perdieron en dos años, lo que representa una caída aproximada de 5,7% en el empleo registrado del sector en la provincia.El retroceso también se observa en la cantidad de hogares empleadores registrados. En Misiones había 6.197 empleadores de casas particulares declarados en diciembre de 2023, cifra que descendió a 5.985 en 2024 y a 5.842 en 2025. Es decir, 355 familias dejaron de registrar personal doméstico en el sistema formal, una reducción cercana al 5,7% en dos años. La dinámica provincial reproduce así la tendencia nacional: menos trabajadores domésticos registrados y menos hogares empleadores dentro del sistema formal, en un contexto de deterioro del ingreso familiar y creciente informalización de este segmento laboral.

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Los números de Sturzenegger

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En un largo posteo en X, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado Federico Sturzenegger hizo un enorme esfuerzo por tratar de transformar los datos y, por ende, la realidad, a su criterio. Naturalmente, no estuvo exento de miles de críticas por la enorme distorsión de la información que usa. Lo más llamativo de todo (o quizás no) es que se trata de una persona con amplia formación académica que no puede caer en tamaños errores cometidos: no podemos pensar que de su parte hay ignorancia; bajo ese supuesto, hay tergiversación, manipulación y mala interpretación forzada de los datos. 

Para quienes no estén tan al tanto, vamos con un resumen: afirmó que en la Argentina no existe una crisis de empleo, que en los dos años de gobierno de Milei se crearon 400 mil puestos de trabajo y que la mayoría de los economistas, consultoras y profesionales que se dedican al análisis de datos estamos equivocados porque, en palabras más palabras menos, no sabemos interpretar la información. 

Vamos a explicar punto por punto lo afirmado por el ministro. Primero, dice que “la economía está en una fase muy fuerte de crecimiento económico: 6,6% el primer año de Milei y +3,5% el segundo. El REM (Relevamiento de Expectativas del Mercado) parece ubicar a la economía con una tasa de crecimiento del 1% trimestral. Si así fuera hasta el final del mandato, luego de más de una década de estancamiento absoluto, Milei terminaría su primer mandato con una economía casi 20% más grande. Notable. Pero lo mencionamos aquí porque es implausible que con tanto crecimiento tengamos un problema de empleo”. 

¿Por qué está equivocado Sturzenegger en este punto? Por lo mismo que el INDEC muestra mes a mes. La economía, medida por el Estimador Mensual de Actividad Económica, muestra crecimiento, en eso no hay discusión. Pero altamente atado a sectores de muy baja empleabilidad (minería, intermediación financiera y agro). Sin embargo, cuando miramos al fondo de la tabla, los sectores que más caen son aquellos que concentran más del 40% de empleo registrado argentino: la industria, el comercio y la construcción, entre otros. Por ende, si bien es cierto que hay cierta paradoja en crecimiento económico con destrucción del empleo (de hecho, el 2025 es el primer caso observable en el país con ese fenómeno) eso no le da la razón al ministro cuando dice “es implausible que con tanto crecimiento tengamos un problema de empleo”. 

De hecho, es exactamente ese problema el que muestra todo el sistema estadístico argentino. En resumen: sí, la economía creció pero eso no produjo alza de empleo. Así de sencillo. 

Luego, Sturzenegger dice que “la EPH, que es la fuente canónica de datos de empleo, lo dice con claridad: en el tercer trimestre de 2025 la tasa de actividad (la gente que quiere trabajar) supera a la del tercer trimestre del 2023 (48,6% vs 48,2%). En términos numéricos, la población económicamente activa (PEA) pasó de 14.210.000 a 14.554.000 personas. Esto es una buena señal: aumenta la participación cuando las condiciones laborales mejoran. Así, aunque la tasa de empleo se mantiene relativamente constante, la cantidad de personas empleados pasó de 13.396.000 a 13.606.000. Según estos números, en los dos primeros años de Milei más de 100.000 personas en promedio consiguieron empleo cada año”. 

En términos estadísticos, tiene razón. Pero el problema de fondo para analizar los datos de EPH no es solo la cantidad de personas ocupadas, sino también las características del empleo. El propio INDEC muestra, en esa fuente, el fuerte incremento de la informalidad y además, el empleo asalariado presentó una caída de fuerte magnitud: cuando en 2023 explicaba el 74,8% de los ocupados totales, bajó al 71,9% en 2025; en ese mismo período, el empleo cuentapropista pasó del 23,5% al 24,5%. Esta variación en las modalidades de ocupación refleja un problema de fondo y básicamente muestra un movimiento clave para entender el contexto: un empleado que ya no tiene ese trabajo pasó a tener una ocupación de modalidad independiente para poder sostener ingresos. El fenómeno Delivery o chofer de App, que aunque es una simplificación de la situación, es la explicación más gráfica de este escenario. 

Como Sturzenegger sabe las limitaciones de la EPH, sigue su posteo en X citando los datos de la Cuenta de Generación del Ingreso (CGI) que produce INDEC, donde se “toma todas las fuentes posibles para generar una estimación de los puestos de trabajo que termine siendo compatible con las cuentas nacionales”; y aclara como “nota técnica” que por definición “puestos de trabajo” no es lo mismo que “personas empleadas” debido al factor de pluriempleo, pero aunque hace esa aclaración sigue sin ponerse colorado diciendo que la CGI muestra que “en los últimos dos años en el conjunto de la economía se crearon 400.000 puestos de trabajo; esto es, en promedio, 200.000  por año en la gestión de Milei”. Otra vez, omite dos cosas: la precarización que prima de la ocupación independiente en primer lugar; y en segundo, la negación del pluriempleo: en los últimos tiempos, el fenómeno de trabajadores con más de una ocupación se expandió de manera fuerte en el país, demostrando que “puestos de trabajo” no es directamente vinculable a “persona ocupada”.

Respecto a lo primero, Sturzenegger sostiene que la creación del trabajo independiente es el fenómeno que impulsa la creación de empleo. Dice textual: “Este crecimiento en el empleo total se compone de un aumento de 630.000 puestos informales e independientes y una caída de 222.000 formales” y luego se pregunta y responde solo: “¿Esto es bueno o no? Difícil de saber”. El empleo formal siempre y en todo momento es el mejor escenario en términos agregados por dos factores centrales: el que atañe al trabajador por tener garantías mínimas de derechos laborales; y el que atañe al Estado: ¿Cómo financiar jubilaciones si los trabajadores activos pasan a la informalidad o, en el mejor de los casos, al monotributo, donde el aporte previsional es considerablemente menor al de un asalariado registrado? 

Si Sturzenegger o cualquier persona del Gobierno alienta la creación de empleo informal o de registraciones mínimas como monotributo, se están pegando un tiro en el pie. Y en esa línea, cabe hacerse una pregunta: si festejan la caída de los formales por el hecho de que los informales e independientes crecen mucho: ¿para que querían la Reforma Laboral? 

Lo más insólito viene al final: habla de los datos de SIPA, que mide a los trabajadores registrados y se toma el atrevimiento de explicar que la caída viene del lado de los monotributistas sociales. Dice textualmente que “el último año, por ejemplo, los trabajadores registrados en esa base pasaron de 13.287.000 a 12.852.000. Pero se omite indicar que dentro de los empleos registrados está el monotributo social que se había inflado artificialmente cuando el kirchnerismo lo había hecho gratuito. Cuando restablecimos el pago histórico de la mitad de la prestación de salud, el monotributo social se derrumbó. De hecho, en el último año cae de 653.400 a 248.900, explicando prácticamente el 100% de la caída de trabajadores registrados”. Es tan insólito como falaz.

Primero: en el último año, tomando diciembre 2025 vs. diciembre 2024 en la serie desestacionalizada, los trabajadores enmarcados en el Monotributo Social cayeron sólo en 6.179 personas, pero es cierto que caen en 384.392 comparado con diciembre de 2023, pero estos representan apenas el 2% de los trabajadores registrados en 2025 (5% en 2023). Lo que Sturzenegger no se anima a decir es que la caída del empleo registrado medido por SIPA se explica fundamentalmente por el segmento de los asalariados del sector privado: en 2025 cayeron en 91.915 personas contra el cierre 2024; acumulan -189.845 contra diciembre de 2023 y -200.941 contra noviembre de ese año. Para ponerlo en comparación: en los dos últimos años hay 189.845 trabajadores del sector privado formal menos, pero al mismo tiempo hay 167.337 nuevos independientes (monotributo y autónomos). Es decir, el aumento de los independientes cubrió solo el 88% de los privados perdidos. Si a eso le sumamos la pérdida del empleo registrado del sector público (-78.617 en los dos últimos años), los nuevos independientes cubren apenas el 62% de lo perdido. 

Incluso el propio Gobierno habla de destrucción de empleo en este segmento. Este viernes se publicó el reporte de “Situación y evolución del trabajo registrado” de la Secretaría de Trabajo, que afirma, respecto al empleo privado, que “(…) en los últimos siete meses (junio a diciembre de 2025) el empleo registró variaciones mensuales negativas, acumulando una pérdida de 96,8 mil empleos”. 

Por más esfuerzo que se ponga en desmentirla, la realidad es una sola. La Argentina atraviesa una crisis de empleo, tanto por acceso (personas que no logran tener una ocupación) como de calidad (condiciones deterioradas). No hacia falta ese posteo propagandístico del ministro justo el día que su propio Gobierno informó que se perdieron más de 12 mil empleos privados formales. Mi consejo no pedido por nadie: dejen de pelearse con los datos. 

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Se perdieron más de 106.000 puestos registrados en 2025 mientras crece el monotributo

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El mercado laboral argentino cerró 2025 con un dato que, en apariencia, sugiere estabilidad pero esconde un cambio profundo en la calidad del empleo. Según datos de la Secretaría de Trabajo basados en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el total de trabajadores registrados se mantuvo prácticamente sin variaciones interanuales, pero con una transformación significativa: el empleo asalariado cayó en más de 106.000 puestos mientras el trabajo independiente, especialmente el monotributo, creció con fuerza.

El dato central revela una mutación en la estructura laboral. El empleo asalariado —que incluye al sector privado, al sector público y al trabajo en casas particulares— retrocedió 1% interanual en diciembre de 2025 frente al mismo mes de 2024. En números concretos, la economía perdió 106.200 puestos formales bajo relación de dependencia.

Al mismo tiempo, el trabajo independiente aumentó 3,8%, con 104.800 nuevos inscriptos. Esa expansión compensó estadísticamente la caída del empleo asalariado y evitó que el total de puestos registrados mostrara un descenso más marcado.

El resultado plantea una tensión que ya comienza a discutirse en el plano político y económico: el empleo formal no desaparece del todo, pero cambia de forma. Y en ese proceso, el peso del trabajo con menor protección laboral crece.

La caída del empleo asalariado y el impacto sectorial

El retroceso del empleo registrado bajo relación de dependencia se distribuyó en varios segmentos del mercado laboral.

El sector privado explicó la mayor parte de la contracción, con una caída interanual del 1,4% equivalente a 88.800 puestos menos. El empleo público también mostró retrocesos, aunque más moderados: bajó 0,5%, lo que representa 18.700 empleos menos.

El único segmento con estabilidad fue el trabajo en casas particulares, que registró una variación prácticamente neutra, con un leve aumento de 0,3%.

Los datos muestran que el problema no se concentra en un solo sector. El deterioro atraviesa tanto al empleo privado como al estatal, lo que sugiere un impacto más amplio del contexto económico.

La dinámica tampoco es reciente. Según la serie del SIPA, la destrucción neta de puestos comenzó en septiembre de 2023 y se profundizó durante 2024. Aunque hacia fines de ese año se observó una recuperación moderada, durante 2025 el mercado laboral volvió a mostrar señales negativas.

Entre junio y diciembre del año pasado, el empleo privado acumuló siete meses consecutivos de variaciones negativas. En ese período se perdieron 96.800 puestos.

Si se amplía la mirada temporal, el deterioro es más marcado: entre septiembre de 2023 y diciembre de 2025 desaparecieron aproximadamente 150.000 empleos privados registrados.

Industria y comercio, los sectores más golpeados

El análisis sectorial revela que el impacto del ajuste económico se concentró en actividades intensivas en mano de obra.

Durante 2025 la industria perdió cerca de 40.000 puestos de trabajo registrados, la mayoría durante el segundo semestre del año. El comercio también mostró una caída significativa: desde mayo se redujeron 22.600 empleos.

El fenómeno no parece limitado a sectores tradicionalmente vulnerables. Incluso áreas consideradas beneficiarias del actual esquema económico —como agro, minería o intermediación financiera— destruyeron empleo durante el segundo semestre de 2025.

Ese comportamiento sugiere que la desaceleración laboral responde a un cuadro económico más amplio, marcado por la caída de la actividad y el ajuste fiscal.

El crecimiento del monotributo como amortiguador estadístico

El crecimiento del trabajo independiente aparece como el principal factor que evita una caída más pronunciada del empleo registrado total.

Durante 2025, el monotributo incorporó más de 104.800 trabajadores. Desde noviembre de 2023, el aumento acumulado alcanza 159.501 nuevos monotributistas.

Sin embargo, ese crecimiento también abre un debate sobre la calidad del empleo generado. En muchos casos, el monotributo funciona como un esquema laboral con menor estabilidad, menos protección social y sin las condiciones propias del empleo asalariado formal.

El fenómeno no es nuevo en el mercado laboral argentino, pero los datos recientes indican que se aceleró en el contexto del ajuste económico.

Un mercado laboral en transición

El balance de 2025 deja un diagnóstico ambiguo: el empleo registrado no colapsó en términos cuantitativos, pero sí experimentó un desplazamiento hacia modalidades laborales más flexibles.

Esa transformación ocurre en paralelo a una economía que todavía no logra consolidar una recuperación sostenida de la actividad.

El comportamiento del empleo en los próximos meses dependerá de dos variables centrales: la evolución del nivel de actividad y la capacidad de los sectores productivos de volver a generar empleo bajo relación de dependencia.

Por ahora, los datos sugieren un mercado laboral que se mantiene en pie, aunque con una estructura cada vez más distinta de la que existía apenas dos años atrás.

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La brecha salarial de género alcanza su mayor nivel: los hombres ganan 9,4% más por hora

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La desigualdad salarial entre hombres y mujeres volvió a ampliarse en el mercado laboral argentino y alcanzó su nivel más alto de los últimos años. Según un informe elaborado a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, los hombres ganan en promedio 9,4% más por hora trabajada que las mujeres, el mayor diferencial registrado en la serie reciente.

El fenómeno se da en un contexto de deterioro general de los ingresos laborales y está estrechamente vinculado con la caída del poder adquisitivo de los salarios públicos. La explicación radica en que una mayor proporción de mujeres se desempeña en el sector estatal: el 19% de las mujeres ocupadas trabaja en el sector público, frente al 13% de los hombres.

La pérdida de poder de compra en estos salarios —que acumulan una caída superior a un tercio desde el cambio de gestión— impacta con más fuerza en las trabajadoras, particularmente en áreas altamente feminizadas como educación y salud. Estos sectores, además, suelen marcar el ritmo de las negociaciones salariales del resto de la economía.

Sin embargo, la desigualdad de ingresos es aún más profunda cuando se observa el conjunto de los salarios percibidos. Si se consideran las medianas de ingreso anual, la brecha total llega al 44%, debido principalmente a que las mujeres trabajan menos horas remuneradas en el mercado laboral.

Esta diferencia responde a múltiples factores estructurales, entre ellos la mayor carga de tareas de cuidado no remuneradas, una mayor presencia en empleos parciales o de menor estabilidad y trayectorias laborales más interrumpidas.

El impacto de estas desigualdades también se refleja en la economía de los hogares. Los estudios sobre estrategias familiares muestran que los hogares con jefatura femenina son los que más han incrementado el uso de mecanismos para llegar a fin de mes, como endeudarse, gastar ahorros o pedir dinero prestado. Entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, estas estrategias crecieron un 12% entre los hogares liderados por mujeres, frente a un aumento de 3,7% en los encabezados por varones.

Al mismo tiempo, la precarización laboral también se profundiza con mayor intensidad entre las mujeres. El trabajo desprotegido —sin estabilidad ni cobertura social— aumentó más entre ellas que entre los hombres en los últimos años.

En este contexto, el informe destaca que la educación superior aparece como uno de los factores que más contribuyen a reducir las desigualdades laborales, ya que entre trabajadores con título universitario completo las diferencias de condiciones laborales y desprotección tienden a reducirse significativamente.

El escenario confirma que, pese a los avances en participación laboral femenina, la igualdad en ingresos y oportunidades sigue siendo uno de los desafíos estructurales del mercado de trabajo argentino.

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