BCRA: compra, pero no acumula al mismo ritmo
El BCRA arrancó 2026 con un buen ritmo de compras. Sin embargo, no acumula reservas a la misma velocidad: el Tesoro, sin acceso al financiamiento externo, absorbió 67% de lo adquirido para hacer frente a sus vencimientos. Hacia adelante, el panorama se presenta más desafiante: la caída en la colocación de ONs, las presiones del calendario electoral y un contexto internacional adverso amenazan la principal fuente de divisas del programa.
El BCRA adquirió US$ 5.425 M en lo que va de 2026 (US$ 457 M hoy), lo que representa, en promedio, el 20% del volumen diario operado (el objetivo estipulado inicialmente era del 5%). Comparado con años anteriores, se trata de un buen ritmo: en el primer trimestre se compró casi el doble que en 2025, 3,3 veces más que el promedio 2003-2023, aunque un 51% por debajo de 2024, cuando el pago de importaciones aún no estaba regularizado.
Sin embargo, la acumulación de reservas ha sido notablemente más modesta: las brutas (RRII) crecieron US$ 2.326 M entre el 02/01 y el 10/04[1], mientras que las netas (RIN) retrocedieron US$ 865 M. La razón principal por la cual las compras no se traducen en acumulación radica en que el Tesoro sigue sin acceso al mercado internacional de crédito y, por ende, debe cancelar sus vencimientos con divisas propias. En consecuencia, el BCRA le vendió US$ 3.658 M en lo que va del año, 67% de lo adquirido en el mercado. A ello se suman pagos netos a OOII por US$ 1.700 M y una caída en los encajes. En el caso de las RIN, el descenso obedece también al REPO concertado en enero, cuyo vencimiento es inferior a un año y, por tanto, se deduce en el cómputo de las reservas netas. De todas formas, cabe destacar que abril arrancó muy bien: el BCRA ya compró más de US$ 1.000 M en tan solo seis jornadas, y las RRII (RIN) subieron US$ 1.700 M (US$ 2.000 M)[2].


Frente a este panorama, si bien el cambio de enfoque del BCRA en relación con 2025 es bienvenido —así como la aceleración en el ritmo de compras de abril—, el desafío central sigue siendo acumular reservas. Las RIN se ubican apenas en terreno positivo luego de varios meses en negativo; no obstante, bajo la metodología del FMI —que descuenta sus propios desembolsos y utiliza otras cotizaciones— el saldo ronda los US$ -15.500 M.
Hacia adelante, el escenario luce más incierto y complejo. La acumulación de reservas ha sido, hasta aquí, dependiente de la Cuenta Financiera, con dos fuentes principales: OOII y el sector privado vía Obligaciones Negociables (ON). Mientras la primera fuente luce relativamente asegurada, es la segunda la que no está garantizada: el flujo de ONs muestra señales claras de enfriamiento, y el contexto —tanto local como internacional— no ayuda.
En el plano externo, la escalada del conflicto en Medio Oriente deteriora las condiciones financieras globales y aleja la posibilidad de que Argentina retorne a los mercados internacionales de deuda en el corto plazo. Su impacto inflacionario en Estados Unidos ya es perceptible, lo que torna cada vez menos probable un relajamiento monetario por parte de la FED y encarece el costo del crédito para el país.
En el plano local, la proximidad de las elecciones de 2027 complejiza la perspectiva de un ingreso de capitales por parte del Sector Público, y el perfil de vencimientos de ese año luce particularmente exigente: incluso en el escenario más favorable —refinanciamiento de OOII, renovación del tramo activado del swap con China, entre otros—, el Tesoro y el BCRA deberán afrontar compromisos por más de US$ 21.000 M.
En este contexto, la colocación de ONs ha caído marcadamente: del pico de US$ 3.200 M en noviembre 2025, se derrumbó a apenas US$ 340 M en marzo 2026, el registro más bajo desde agosto 2024. El Gobierno apuesta a la Ley de Inocencia Fiscal, que busca atraer capitales privados y robustecer la Cuenta Financiera por esa vía. Sin embargo, los avances hasta el momento son escasos. Sin una recuperación sostenida del ingreso de divisas por esta cuenta, o un cambio que permita revertir el rojo de Cuenta Corriente, la acumulación de reservas seguirá siendo el eslabón más frágil del programa económico.
Finanzas y mercados
El conflicto en Medio Oriente continúa extendiéndose más de lo previsto, sosteniendo la volatilidad en el precio del petróleo y elevando los riesgos globales. A nivel local, el BCRA sigue comprando dólares mientras que las tasas -de crédito y personales- se mantienen elevadas y continúan afectando la dinámica de la actividad.
En el plano internacional, el foco continúa puesto en la evolución del conflicto en Medio Oriente, donde la incertidumbre sobre la duración de las disrupciones en la oferta sigue sosteniendo al Brent en niveles cercanos a USD 100 por barril. En este contexto, el WTI también se ubica en esos valores e incluso por encima del Brent, algo que no ocurría desde hace varios años, reflejando la prima por riesgo en el corto plazo. Por el lado bursátil, el S&P 500 y el Nasdaq cerraron con variaciones semanales de 3,5% y 4,7%, respectivamente, en un movimiento que sugiere que el mercado ya comenzó a pricear que lo peor del conflicto podría haber quedado atrás.

A nivel local, la dinámica financiera continúa marcada por una compresión adicional de la curva en pesos. Las tasas de las LECAPs a un año convergen en torno al 31%, en línea tanto con la breakeven implícita entre bonos CER y tasa fija como con las expectativas relevadas en el mercado (REM). Este proceso sugiere que el espacio para tasas reales negativas se ha reducido significativamente, consolidando un nuevo equilibrio de tasas más consistente con la nominalidad esperada.Sin embargo, no toda la estructura de tasas acompañó esta compresión: el crédito al consumo –particularmente en préstamos personales y tarjeta de crédito– bajó en el margen pero continúa operando con tasas muy elevadas y spreads con las pasivas en niveles de máximos históricos. Esta rigidez en el costo del financiamiento impacta en el crédito al sector privado en pesos, que cayó en términos reales, sin estacionalidad, en cuatro de los últimos siete meses, incluidos los últimos dos (febrero -0,2%, marzo -0,4%). Esta dinámica se debe principalmente a que la morosidad sigue en niveles elevados, y un esquema de política monetaria que impactaba en la volatilidad de tasas y exige un piso más alto a las tasas largas por la cobertura de las entidades bancarias.
En paralelo, el BCRA introdujo una serie de modificaciones en el frente cambiario a través de la Comunicación A8417: por un lado, se eliminaron algunas restricciones -como la obligación de liquidar divisas para personas humanas- y se ampliaron plazos para exportadores y empresas, mejorando la operatoria y el acceso al mercado. Sin embargo, estas medidas también incorporan un sesgo más restrictivo en otros márgenes, al reforzar las limitaciones cruzadas para evitar arbitrajes entre el MEP y el CCL. En conjunto, reflejan el delicado equilibrio que busca sostener el BCRA entre avanzar en la normalización del régimen y preservar la estabilidad cambiaria, en un contexto donde también busca reducir el nivel del canje, que se había mantenido elevado en las últimas ruedas.
[1] Se toma como referencia el 02/01/26 y no el 30/12/25, dado que en los últimos días hábiles de cada mes los bancos retiran encajes —el 29 y 30 de diciembre cayeron US$ 2.000 M, por ejemplo—, lo que podría distorsionar el análisis, ya que dichos montos se computan en las RRII y se restan para calcular las RIN.
[2] Se toma la variación entre el 10/04 y el 27/03, por el mismo motivo aclarado en la nota anterior.

