El próximo martes 25 de octubre, a las 9:30 horas y, tanto de manera presencial como virtual, la Asociación Forestal Argentina – AFoA – junto al Sistema Argentino de Certificación Forestal – CERFOAR- invitan a participar del Conversatorio: Gestión Sostenible de Bosques y Forestación en marco de la Transición Productiva hacia una Economía Circular, el cual se desarrolla en el marco de la Semana de Acción Climática (SAC) organizada por la Secretaría de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación de la Nación.
Los bosques y el uso de la madera son claves para la mitigación del cambio climático y una transición productiva inclusiva hacia la carbono-neutralidad. La capacidad de los bosques de absorción de CO2 y las amplias posibilidades de la madera de sustituir productos de origen fósil o no renovable -cemento, plásticos, textiles, aluminio, energía, químicos, etc. – posicionan las políticas forestales como una de las favoritas para las políticas de mitigación del cambio climático. Pero para que sean efectivas, deben ser sostenibles. Este espacio comentará las oportunidades de Argentina en el sector forestal y las experiencias en sistemas de gestión sostenible de bosques con trazabilidad a origen certificados por sellos reconocidos internacionalmente.
Las disertaciones estarán a cargo de Claudia Peirano – directora ejecutiva de la Asociación Forestal Argentina y de Florencia Chavat – directora ejecutiva del Sistema Argentino de Certificación Forestal – PEFC Argentina, Ingeniera Forestal (UNLP), Representante Argentina ante el PEFC Council, experta técnica del Organismo Uruguayo de Acreditación, especialista en procesos de evaluación de la conformidad para el sector forestal.
La Semana de la Acción Climática, del 24 al 27 de octubre, es un espacio que propone instalar en el debate público la trascendencia y urgencia de abordar los desafíos que plantea el cambio climático en el país. Dentro de ella se articulan diversos sectores y actores, públicos y privados, con el propósito de construir conjuntamente el conocimiento y las herramientas para adaptarnos a los efectos del cambio climático y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
La edición 2022 del Informe Planeta Vivo enfatiza la velocidad y la escala del impacto negativo que las actividades humanas tienen en la naturaleza, manifestadas en el descenso promedio del 69% en la abundancia de las poblaciones de mamíferos, reptiles, aves, peces y anfibios de todo el mundo. Además, este informe de WWF (Organización Mundial de Conservación) que se publica cada dos años, confirma nuevamente que es en Latinoamérica y el Caribe -una de las regiones más biodiversas del planeta-, en donde se registra el declive regional másalto, con una disminución del 94% en las poblaciones monitoreadas.
El Informe Planeta Vivo publicado en todo el mundo por WWF -organización que Fundación Vida Silvestre Argentina representa en nuestro país- deja en claro el crudo panorama del estado de la biodiversidad y advierte urgentemente a los gobiernos, las empresas y al público a tomar medidas transformadoras que reviertan su destrucción.
Asimismo, remarca que el mundo enfrenta una doble emergencia inducida por los seres humanos, compuesta por la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, que amenazan el bienestar de la humanidad. “De la misma forma que es necesario disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, es urgente revertir la pérdida de biodiversidad y el declive y degradación de los ecosistemas. El Informe nos da información esencial para restablecer nuestra relación quebrada con el mundo natural y muestra lo apremiante que es integrar principios de justicia ambiental y social en el centro de los cambios. En el marco de la próxima conferencia de biodiversidad COP15 de la ONU, es prioritario impulsar un plan global que, como el Acuerdo de París, tenga como meta revertir las pérdidas y mejorar la salud de las poblaciones silvestres y los ecosistemas”, destacó Luis Germán Naranjo, director de Conservación de WWF Colombia.
En el informe se muestran los resultados del monitoreo a casi 32.000 poblaciones de 5.230 especies del planeta y ofrece la imagen más nítida sobre su evolución con que se cuenta hasta ahora. El parámetro de medición es el Índice Planeta Vivo (IPV), el cual hace un seguimiento de la abundancia en poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios. La relevancia de las tendencias registradas es que muestra una instantánea de los cambios en los ecosistemas y alerta sobre su estado de salud. De igual forma, el IPV permite observar medidas de éxito cuando se aplican políticas de conservación adecuadas.
En cuanto a especies, las poblaciones de agua dulce muestran un mayor descenso general en el ámbito mundial con un 83%. Por citar un ejemplo, una de las poblaciones evaluadas es el delfín rosado del Amazonas, que sufrió una disminución del 65% debido al aumento de la pesca selectiva, así como a las presiones impuestas por el rápido crecimiento de la población humana.
La mitad de los corales del planeta se han perdido, lo que genera impactos negativos en otras especies, ya que albergan 1/4 de todas las especies marinas y dan soporte a una compleja cadena trófica que nos incluye. Así también, la abundancia en el mundo de 18 de las 31 especies de tiburones y rayas oceánicas se han reducido un 71% en los últimos cincuenta años. En clave local, en el Mar Argentino existen unas 12 especies de grandes tiburones, presentes tanto en las costas, en mar abierto, como en las profundidades. Entre ellos el Escalandrún, uno de los representantes por excelencia de nuestras costas, que en la actualidad se encuentra en peligro crítico de extinción.
Los principales factores directos identificados como responsables de la degradación de los sistemas terrestres, marinos y de agua dulce son los cambios de uso del suelo, la sobreexplotación de la flora y la fauna, el cambio climático, la contaminación y las especies exóticas invasoras. El Informe sostiene que la doble crisis ambiental se puede mitigar con el aumento de los esfuerzos de conservación y restauración, la producción y el consumo de alimentos de forma más sostenible, y la rápida y profunda descarbonización de todos los sectores. Los 89 autores que participaron en la redacción e investigación de este informe piden a los responsables políticos que transformen las economías para que los recursos naturales se valoren adecuadamente. Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina, reforzó que “necesitamos con urgencia pasar a prácticas sostenibles en la agricultura y los sistemas alimentarios, como también en la pesca, energía y minería, hasta en la infraestructura y la construcción. Es preciso que los gobiernos se comprometan con acciones ambiciosas y transformadoras en estos sectores productivos claves, para asegurar un planeta positivo para la naturaleza para 2030”.
América Latina, región de alta prioridad
El Informe remarca que las tendencias de abundancia de fauna silvestre varían según regiones, siendo las tropicales las que están sufriendo un mayor declive. Asimismo, las nuevas técnicas de análisis cartográfico sugieren que hay zonas que tienen una alta probabilidad de impacto en la vida silvestre por amenazas como la agricultura o la tala y por su alta riqueza en especies. La deforestación en las zonas tropicales genera emisiones de carbono y conduce a climas locales más cálidos y secos, incrementando la cantidad de sequías y de incendios y, dependiendo de su magnitud, reduce las precipitaciones y modifica sus patrones globales. Por tanto, esto es perjudicial para el clima, la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de millones de personas en todo el mundo. La contribución de los bosques a la seguridad alimentaria y nutrición exige una mayor atención en políticas forestales, ya que su deterioro se traducirá en una reducción de la productividad agrícola. En ese sentido, se identificaron diez áreas de alta prioridad para la mitigación de riesgos, algunas de estas en América Latina: la cuenca del Amazonas (que está constituida por todos los ríos que drenan al río Amazonas); el bosque Atlántico (ubicado en Argentina, Brasil y Paraguay); y el norte de los Andes hasta Panamá y Costa Rica. En lo que respecta al Bosque Atlántico en nuestro país (conocido como selva misionera),un análisis de la cobertura de uso del suelo de los últimos 37 años indica que en Argentina se perdió casi el 20% de los bosques que existían en 1985 (aproximadamente 305 mil hectáreas).
A su vez, se destaca que las tierras que ocupaban estos ecosistemas actualmente se destinan a agricultura (60%), forestaciones (27%) y pasturas (10%).
En este ecosistema aún sobrevive menos del 1% de la población de yaguaretés que se estima que existieron en la región antes de la llegada de los europeos. Las estimaciones poblaciones de 2020 indican que son aproximadamente entre 76 y 106 los yaguaretés (con una media de 90) que habitan el Bosque Atlántico. En la mayoría de las áreas donde persiste, sus densidades poblacionales son muy bajas y la extinción local podría ser inminente si no se toman acciones urgentes que reviertan esta situación.
Otra de las áreas más amenazadas de nuestro país es el Gran Chaco, ecorregión compartida con Paraguay, que se encuentra entre los sitios con mayor deforestación del mundo. En las últimas décadas perdimos el 30% de los bosques chaqueños y se siguen destruyendo sus ambientes naturales y su biodiversidad a un ritmo alarmante.
El Informe Planeta Vivo destaca también la situación en la Amazonía, el bosque tropical más grande y con mayor diversidad biológica y cultural del mundo, cuya cuenca se encuentra degradada en un 17%.
Derecho a un ambiente sano De particular relevancia en la edición 2022 del Informe, concebido para impulsar la acción y la reflexión, es el papel que se le concede a los derechos humanos como desencadenante de cambios sociales transformadores. En el documento se identifica el colapso climático, la pérdida de naturaleza, la contaminación y la pandemia de Covid-19 como situaciones bisagra que han puesto en crisis los derechos humanos, y celebra que la Asamblea General de la ONU haya reconocido, en julio pasado, el derecho de las personas a un ambiente saludable.
En más de 80 países en donde se reconoció el derecho a un ambiente sano, se obtuvo como resultado la creación de leyes y políticas ambientales más firmes, como también una mejor implementación, una mayor participación de la sociedad y, lo más importante de todo, un mejor rendimiento ambiental. Es un catalizador de cambios sistémicos, que la ciudadanía lo ha usado para proteger a las especies amenazadas y los ecosistemas en peligro.
“La humanidad buscó descubrir la naturaleza, para luego dominarla. Hoy sabemos que la supervivencia de nuestra especie y de todas las que habitan el planeta, depende de nuestra capacidad de revertir ese paradigma y reforzar los esfuerzos para conservarla, restaurarla y regenerarla”, concluyó Manuel Jaramillo, director general de Vida Silvestre.
“No tengo necesidad de ir a un supermercado, hace cinco años que no voy al pueblo, produzco mis propios alimentos y medicinas”, cuenta con orgullo y en portuñol Luis Pedrolo, colono del monte del oeste misionero en el Paraje La Bonita, en el portal a la Reserva de Biosfera Yabotí, próximo al río Uruguay y a Brasil. No existen las fronteras en este territorio donde los idiomas y las vidas se mezclan naturalmente. Vive con su esposa, Margarita Recalde y ambos hace 30 años que están desconectados del mundo, trabajando la tierra sosteniendo una soberanía medicinal y alimentaria. “Tengo una farmacia en el rancho hecha con hierbas, esencias y raíces”, dice.
No tienen electricidad, ni heladera ni conocen los dispositivos electrónicos. Mucho menos la televisión, o los diarios. En sus 40 hectáreas, tienen todo lo que necesitan para vivir: la tierra roja, como venas de energía vital, conecta las diferentes parcelas cultivadas. “Si me das un celular, no sé encenderlo, pero conozco cómo plantar las semillas, conozco a los animales, y comemos lo que nosotros mismos hacemos. Entonces: ¿quién es el más inteligente?”, interpela Pedrolo. Su chacra está en una de las laderas de un cerro. El agua brota por todas partes en este rincón de transición entre el monte y la selva. “No recuerdo cuándo fue la última vez que me enfermé”, confiesa.
Margarita Recalde y Luis Pedrolo
“No sé lo que es tener fiebre ni un dolor de cabeza”, reconoce. Nacido en la zona de los Saltos del Moconá —ese atronador y poderoso corazón del Río Uruguay producido por una falla geológica que remueve millones de litro de agua configurando una de las maravillas de Misiones—, su vida la pasó en la frontera. Su padre vino de Brasil (con orígenes italianos), su madre es argentina. “Me crié descalzo, eso me hizo más fuerte porque tuve siempre mucho contacto con la tierra”, sostiene. Hizo la primaria caminando ocho kilómetros por día, todos los días, durante siete años. “No se nos daba la necesidad de tener zapatillas”, cuenta.
“Mi maestro me enseñó todo lo que sé”. Así recuerda su infancia en la escuela rural, a orillas del río Uruguay. Como todas las casas en esta tierra, hecha de madera y pintada de colores vivos, rosado, amarillo, verde o azul. Madera que no perdura más de cinco años, atacadas por la humedad y el sol. “Nos daba clases, pero nos llevaba a su chacra y nos enseñó a trabajar la tierra; esas enseñanzas me ayudaron toda la vida —cuenta—. Mi padres nos dieron mucho conocimiento, cómo hacer una casa, por ejemplo”. Lo demás vino de vivir en la selva y entender su lenguaje.
Luis y Margarita hacen todo solos. Se levantan antes que salga el sol y trabajan todo el día hasta que cae. “Ella es tan fuerte como yo, es increíble la cantidad de cosas que dos personas pueden hacer”, afirma Pedrolo, la mitad de sus palabras en portugués, la otra en castellano.
Una vez al día, para conectarse con el mundo, oyen la radio
Son muy conocidos en la región por una razón: producen aceites esenciales, principalmente de citronela, que es el aroma que define a Misiones. En una de las laderas de su chacra, tienen esta hierba perenne de un verde tan vivo que parece irreal. La cosechan ambos a mano, y juntos llevan las chalas hasta un gran alambique que tiene la edad del tiempo, donde a través de un método sencillo —a fuego de leña— se destila la hierba con agua. El resultado se ve cuando el aceite se separa y flota en el agua.
Lemon grass, sidrera, eucalipto y la critronella, el oro verde que teje relaciones y fortalece las vidas. “Dinero no necesito, pero vendo los aceites”, cuenta Pedrolo. Mientras camina por una resplandeciente huella rodeada de citronela, enumera sus cualidades. Principalmente repele los mosquitos y los molestos mbarigüís, previene sus picaduras, relaja los músculos del estómago, es analgésico, ayuda a mejorar la tensión cervical y quita el dolor de cabeza. “Si usted suda mucho, citronela hace que baje el sudor”, agrega.
Turistas suizos, alemanes y de varias partes del mundo lo han visitado para buscar esta esencia pura y curativa. También vienen a buscarla sus vecinos y gente de todas partes del país.
“Todos los males se curan con plantas —dice y señala una porción de la ladera donde tiene todas las plantas medicinales―. Todo lo que ves (hay más de 50 variedades de plantas que siembra) no tiene ni una gota de químicos. Así nos lo enseñaron nuestros padres, así lo hacemos. Protegés la naturaleza y ella sola te cuida, es muy simple”.
Cada hoja que toca tiene una propiedad. “La hortela [menta] es muy buena”, refiere Pedrolo. La hoja de lima, dice, baja la presión arterial. El eucalipto perfuma el aire. “Hago un jarabe para la tos con sus hojas”, cuenta.
Vivir sin heladera
“¿Heladera, qué es eso? No la necesitamos”, afirma Pedrolo. El método es típico de los colonos. La grasa derretida porcina o vacuna se usa para conservar carne. “Hace unos días carneé un chancho de 100 kilos y guardé la carne en cinco latones con grasa, se conserva perfecto un año”, dice. Primero se frita la carne y luego se la sumerge en la grasa. Margarita, de pocas palabras, asiente parada en la puerta de su rancho. “Hemos tenido suerte de encontrarnos”, dice Luis mirándola. Ella asiente con una sonrisa cómplice.
Los aceites esenciales, los únicos productos que venden a los visitantes.
Cerca de la casa está el supermercado y la verdulería, es decir, la huerta y sus árboles. Porotos negros, arroz, mandioca, zapallos, tomates, lechugas, acelga, maíz, ciruelos, ananá, mandarina, pomelo, naranja, manzanos, guayabos, mangos, perales, higos… la lista es larga. ¿Qué comen durante la semana? Feijoada, carne de vaca, cerdo y de gallina, verduras y muchas frutas. “Alimentación muy variada”, agrega Pedrolo. Una vez al día, se conectan con el mundo, oyen la radio, a veces la estación brasilera, otra de Posadas. “No está bien el mundo”, reconoce.
El monte se funde en la selva paranaense —así se denomina a la misionera— delante de los ojos y a cada paso. El guatambú, el petiribí, la palmera pindó, el ybirá-pitá y el gigante palo rosa, que llega a medir hasta 45 metros, se mezclan con los arbustos y una espesa alfombra de hojas húmedas dejan espacio a pequeñas huellas por donde se ve la tierra roja. Camufladas entre la vegetación, las casas de los colonos conviven con algunas aldeas mbya guaraní, el Paraje La Bonita tiene 100 habitantes. El crisol de razas se completa con los descendientes de inmigrantes polacos, ucranianos y alemanes que hace un sigo llegaron para vivir en el selva.
“Son pioneros, entre ellos se llaman colonos, los primeros habitantes de estas tierras”, afirma Virginia Criado, a cargo junto a su pareja, Lautaro Guardamagna, de Margay Lodge de Selva, un alojamiento ecológico dentro de una reserva privada que tiene sus habitaciones frente al arroyo Paraíso y delante de la Reserva de Biosfera Yabotí. Son vecinos de Luis y Margarita. Llevan a sus huéspedes a conocerlos. Explica la dinámica de sus vidas. “Se levantan a las 4.30 de la madrugada, trabajan todo el día y se rigen por el sol, no tanto por las agujas del reloj —cuenta—. Llevan una vida simple”.
La pareja produce aceites esenciales, principalmente de citronela
“Son autosuficientes: no solo producen sus propios alimentos, sino también medicinas y productos de cosmética a base de plantas —afirma Criado—. No tener electricidad es por propia decisión, no es porque no haya”.
Un cable de red pasa justo por la puerta de la casa del matrimonio. “Hablan un lenguaje nuevo, el portuñol”, cuenta e incluye a las comunidades mbya guaraníes, habitantes del mismo territorio. Las escuelas de los parajes de la selva son bilingües: el idioma originario más el castellano. “Las mujeres lo están aprendiendo”, reflexiona. La integración de culturas enriquece el tapiz de perfiles humanos que comparten el “último relicto de selva virgen” del Cono Sur.
El dinero en el Paraje La Bonita y en las colonias no es algo necesario. “Ellos se intercambian productos —afirma Guardamagna—. Producen una profunda admiración”. Tienen una relación comercial, además de la amistad. “Nos abastecen de sus esencias, frutas y verduras”, cuenta.
¿Quiénes atraviesan caminos escondidos para conocer estas historias? “Nos visitan quienes quieren reconectar con lo simple, restaurar el vínculo con la naturaleza que han perdido en la ciudad, rodeados de materiales que no están vivos”, dice Criado.
“La última vez fui al pueblo vi que los niños manejan bien el celular, pero no saben nada de semillas, que es lo que te puede dar de comer”, reflexiona Pedrolo. Detrás de su porción de monte y selva tiene otros vecinos, el yaguaraté, el ocelote y el puma, los monos y más de 300 aves. “¿Qué es lo que más nos gusta de esta vida: que no dependemos de nadie, somos felices así, trabajando juntos”, sintetiza.
El ministro Juan Cabandié se presentó esta tarde en la comisión de Presupuesto y Hacienda, que encabeza el diputado Carlos Heller, en donde abordó las principales líneas de fortalecimiento de las acciones ambientales y de desarrollo sostenible como política de Estado.
“Los bienes naturales necesitaban una fuente de financiamiento y eso lo hemos conseguido”, afirmó el ministro de Ambiente durante su intervención. A partir del 2019, por una decisión política de la administración de Alberto Fernández, la inversión en esta área se incrementó con una tendencia ascendente año tras año que derivó en un aumento presupuestario en cinco años de 1200 % para el Ministerio de Ambiente nacional.
Sobre el presupuesto destinado al Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), el ministro indicó: “Lo incrementamos 35 veces en relación al ejercicio 2019”, agregó que “de 67 brigadistas, pasamos a 133 y a eso hay que sumarle los 395 de Parques Nacionales”. También argumentó: “Hemos triplicado la cantidad de bases que tenía el Estado nacional para el manejo del fuego. La histórica es la de Golondrinas y nosotros creamos una en San Luis, otra en Apóstoles, Misiones, y estamos en proceso de crear para la región del NOA una en Catamarca”.
También, aseguró: “El Estado nacional nunca ha tenido medios aéreos propios y nosotros estamos ejerciendo nuestra función para generar lo más rápido posible la compra de estos. Hemos cerrado con Canadá la compra de dos helicópteros de gran porte”.
Pero además, el ministro señaló que “la sociedad cambió, el Estado está cambiando, pero sin dudas lo que falta que cambie es la Justicia”. “Ninguno de los Gobiernos ejecutivos tenemos poder de policía. ¿Dónde está la Justicia? Eso nos preguntamos hace dos años”, manifestó sobre la situación de los incendios en distintos puntos del país.
Cabandié explicó, además, que se concretó el convenio colectivo de trabajo sectorial que beneficia a 500 brigadistas; se impulsó la ley de creación de un régimen diferencial de jubilaciones para brigadistas y se gestionó la compra de 3200 kits de indumentaria para combatientes. En materia de prevención y alerta temprana se instalaron cinco faros de conservación en el Delta del Paraná y se proyecta el emplazamiento de otros 22. Asimismo, se adquirieron y entregaron 25 camiones volcadores, 20 chipeadoras y 20 camionetas de ataque inicial, y se encuentran en proceso de licitación más vehículos y maquinaria para el combate del fuego y un servicio de drones de monitoreo de temperatura en zonas de difícil acceso.
Para el combate de incendios, se entregaron, asimismo, dos camiones comando de operaciones de emergencia (COE); cuatro campamentos móviles equipados con dormitorio, cocina y sanitarios; y se encuentran en licitación 18 autobombas, un hospital veterinario móvil y un camión de capacitaciones. También se firmaron convenios para equipar las brigadas provinciales por un monto de hasta $ 50 millones por provincia.
El fortalecimiento presupuestario para el área también permitió, según Cabandié, “la política vinculada a la gestión integral de los residuos sólidos urbanos (GIRSU)”. “Hoy estamos en proceso de creación de ocho centros ambientales en distintas ciudades del país: Quilmes, Chascomús, Concordia, Formosa capital, Villa María, Valle de Uco, Luján y Moreno. Dos de ellas van a inaugurarse este año: el primero en Formosa, el segundo va a ser en Concordia”, explicó. También aseguró: “Tenemos una planificación de llegar a 15 centros ambientales”. Además, el ministro comentó que se entregaron más de 1000 máquinas a 110 municipios y se proyecta la licitación de 570 máquinas más para otros 65 municipios.
Por su parte, la política de conservación y manejo sostenible de los bosques nativos se vio fortalecida gracias a un incremento presupuestario contemplado por la Ley 26331. Sobre esta norma, el ministro dijo: “Ha sido importante porque ha reducido la deforestación anual, pero no alcanza y tenemos que ser más proactivos en términos de conservar nuestros bosques nativos, nuestras ecorregiones”. “Si comparamos lo presupuestado en 2019, frente al ejercicio vigente, y también al próximo año —que es la discusión de este encuentro— hemos multiplicado por 10 los fondos de bosques”, agregó a la vez que recordó que en los ejercicios 2016-2017 “la transferencia fue 0 a las provincias para la protección de sus bosques nativos”. De aprobarse el proyecto del presupuesto 2023, se contará con $ 8500 millones, cifra que representa un 1326 % más del presupuesto contemplado en 2019 para este tema.
Asimismo, está en ejecución la donación del Fondo Verde para el Clima de 82 millones de dólares que ayudará a reducir las emisiones causadas por la deforestación y la degradación forestal. En tanto, gracias al programa Bosques Nativos y Comunidad que ejecuta la cartera a cargo de Cabandié, las provincias de Salta, Santiago del Estero y Chaco disponen de 423.636 hectáreas en donde se realiza un manejo sostenible de sus bosques nativos. Además, se avanza en la construcción de 22 pozos de agua potable, 17 techos colectores de agua lluvia y 54 tajamares. También se logró agilizar y ampliar el Sistema de Alerta Temprana (SAT), con reportes más rápidos y una cobertura a nuevas regiones, y se elaboró el segundo Inventario Nacional de Bosques Nativos.
En materia de cambio climático, Cabandié recordó el compromiso asumido a nivel internacional en la materia: “Argentina se compromete a limitar para 2030 un 27.7 % en relación a la presentación que hizo el Estado nacional en 2016”, al referirse a lo asumido en la última Contribución Determinada a Nivel Nacional sobre la reducción de gases de efecto invernadero. Asimismo, explicó que se está finalizando de consensuar el Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático que será presentado en noviembre en la COP 27 ante la comunidad internacional. Señaló que, de no cumplir, nuestro país tendría “serios problemas para adelante, pensando en la producción, el desarrollo”. “Es una discusión que hay que dar porque no hay otro camino”, señaló. A la vez, reconoció que “los países que más han contaminado y degradado el ambiente son los del hemisferio Norte” y expresó que por eso se lleva adelante “un reclamo internacional, que es que los organismos internacionales brinden lo que comprometieron hace varios años, que son líneas de crédito para los países en desarrollo, algo que hasta ahora nunca sucedió”.
Sobre los logros alcanzados respecto a áreas protegidas, se destaca la creación de dos nuevos parques nacionales: Ansenuza (Córdoba) e Islote Lobos (Río Negro); y del primer parque federal Campo San Juan (Misiones), así como la ampliación del Parque Nacional Pre-Delta (Entre Ríos). Al mismo tiempo, se obtuvo un préstamo del Banco Mundial para el por 60 millones de dólares; se concretó el convenio colectivo de trabajo sectorial del cuerpo de guardaparques nacionales; se avanzó en la restauración del edificio histórico del Palacio Haedo, futura nueva sede de la Administración de Parques Nacionales; y se anunció la construcción de seis centros de investigación en parques nacionales, mediante un convenio con el Ministerio de Ciencia, por 3,5 millones de dólares.
En tanto, las acciones de control y monitoreo se han fortalecido con la creación de la Brigada de Control Ambiental. En 2021 se hicieron 83 % más de fiscalizaciones que en 2019 y lograron rescatarse 800 ejemplares de la fauna silvestre.
Por último, se prevén nuevas acciones en el marco del programa Casa Común; se destaca el inicio de inventarios de humedales en seis provincias a partir de la creación del Programa de Humedales; se avanza en la actualización del Inventario Nacional de Glaciares con el IANIGLA-CONICET; y se reactivó el Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible en el Delta del Paraná (PIECAS-DP).
Cabandié estuvo acompañado por Juan Manuel Vallone, jefe de Gabinete, Beatriz Domingorena, secretaria de Política Ambiental en Recursos Naturales; Sergio Federovisky, secretario de Control y Monitoreo Ambiental; Cecilia Nicolini, secretaria de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación; Jorge Etcharrán, subsecretario de Fiscalización y Recomposición y otras y otros directores del Ministerio de Ambiente y de la Administración de Parques Nacionales.
En el marco de la política de conservación de la biodiversidad que lleva adelante el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, la cartera celebra que la provincia de Misiones haya declarado al carayá negro y dorado Monumento Natural Provincial y de Interés Público. La medida se integra a los esfuerzos llevados a cabo mediante el Plan Nacional de Conservación de Primates, orientado a generar acciones para combatir las amenazas para las poblaciones de monos en el país.
Misiones implementa esta decisión mediante la Ley XVI – N.° 154 que prohíbe en todo su territorio la captura, caza, tenencia, transporte, exhibición, oferta, demanda, comercialización y acciones que puedan afectar la preservación, conservación o reproducción de la especie.
Estos monos tienen un rol fundamental como centinelas de enfermedades infecciosas —como la fiebre amarilla, a la que son más susceptibles— y sirven, con otros mamíferos, como barreras que disminuyen los saltos zoonóticos de patógenos a otras especies. También cumplen un papel de importancia como dispersores de semillas y polinizadores y ofrecen otros servicios ecosistémicos.
En Argentina son cinco las especies de primates presentes en algunos puntos del territorio: carayá negro y dorado o aullador negro y dorado (Alouatta caraya); carayá rojo, aullador rojo o aullador marrón (Alouatta guariba clamitans); mono de noche o mirikiná (Aotus azarae); el capuchino negro o caí misionero (Sapajus nigritus) y el capuchino de cabeza marrón o caí de las Yungas (Sapajus cay). Se trata de animales cuya conservación está en riesgo.
En particular, el aullador negro y dorado es una especie amenazada, que posee la distribución más austral de los primates en el Neotrópico. Tiene presencia en las provincias de Misiones, Corrientes, Formosa, Chaco y Santa Fe. La población del norte de Corrientes y sur de Misiones se considera en peligro, por lo que Corrientes ya había declarado a este mamífero Monumento Natural Provincial (Ley 6590).
El nombrado plan de conservación es un instrumento diseñado desde el Ministerio de Ambiente nacional, a cargo de Juan Cabandié, mediante la Dirección Nacional de Biodiversidad de la Secretaría de Política Ambiental en Recursos Naturales, en coordinación con otros organismos nacionales y de las provincias con presencia de primates en sus territorios. Incluye un conjunto de amenazas a partir de las cuales se establecen objetivos y acciones que procuran disminuir el riesgo de extinción.
Desde el punto de vista de la biodiversidad, la buena salud de un ecosistema es clave para evitar saltos zoonóticos que afecten a las personas. Cuando una especie se extingue, los agentes que causan la enfermedad no desaparecen y buscan infectar a otras. Un ecosistema empobrecido en especies tiene menos capacidad de resiliencia ante eventos extraordinarios.