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Agricultores pueden ahora medir y beneficiarse del comercio de carbono de árboles frutales

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Escribe Wilson Odhiambo / Inter Press Service – Los agricultores ahora pueden conocer y beneficiarse de su contribución al cambio climático gracias a una fórmula que se puede utilizar para calcular la cantidad de carbono almacenado en los árboles frutales, como muestra una iniciativa desarrollada en Kenia.

En un proyecto denominado «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental», la Universidad de Agricultura y Tecnología Jomo Kenyatta (Jkuat), en colaboración con el Instituto Internacional de Agroforestería (Icraf, en inglés), desarrolló una fórmula matemática que permite a los agricultores calcular y determinar la cantidad de carbono que almacenan sus árboles frutales.

La fórmula implica el uso de ecuaciones alométricas, mediante las cuales el agricultor introduce el diámetro del árbol para obtener su biomasa, que luego se utiliza para determinar la cantidad de carbono que contiene.

El objetivo de este proyecto es animar a los agricultores a plantar más árboles frutales para promover la mitigación del cambio climático.

La fórmula se centra principalmente en los árboles de aguacate y mango, que son los tipos de árboles frutales más comunes cultivados por los agricultores que practican la agrosilvicultura en Kenia.

Tradicionalmente, había que talar los árboles para determinar la cantidad de carbono que contenían. Ahora, los agricultores pueden evaluar la cantidad de carbono almacenada en un árbol simplemente tomando medidas y haciendo un pequeño cálculo, en lugar de talarlo.

Con este conocimiento, los agricultores pueden mantenerse informados sobre su contribución al cambio climático mientras mantienen su medio de vida, lo que también les ayudará a negociar adecuadamente los créditos de carbono en el mercado de comercio de carbono, en rápido crecimiento.

Tierras agrícolas necesarias para el control del cambio climático

Según Shem Kuyah, el investigador responsable de la fórmula, la captura de carbono se realiza principalmente en los bosques, pero el aumento de la población humana ha dado lugar a actividades humanas que causan continuamente la destrucción y la disminución de los bosques.

Como resultado, se hizo urgente la necesidad de encontrar otras alternativas para la absorción de carbono, y las tierras agrícolas se consideraron una alternativa de conservación a través de la agrosilvicultura.

Kuyah es profesor en la Jkuat, en el departamento de agrosilvicultura.

«Uno de los principales objetivos del proyecto es formar y concienciar a los agricultores sobre la importancia de plantar árboles para el control del clima», afirmó Kuyah a IPS.

Anteriormente, la contribución al secuestro de carbono y a la mitigación del cambio climático se asociaba principalmente a los bosques.

«Sin embargo, con el aumento de la población humana, las reservas forestales comenzaron a disminuir, a pesar de la necesidad de más árboles para combatir el cambio climático. Por lo tanto, se consideró que las tierras agrícolas podían proporcionar espacio para plantar más árboles mediante la agrosilvicultura», explicó Kuyah.

Los agricultores dependen de sus tierras y cultivos para obtener ingresos, por lo que el proyecto tenía que promover la agrosilvicultura teniendo en cuenta los árboles más beneficiosos desde el punto de vista económico.

«Descubrimos que los agricultores preferían plantar árboles frutales y que los mangos y los aguacates eran las especies arbóreas más comunes», afirmó.

Beneficiarse del comercio de carbono igual a plantar más árboles frutales

Dada la importancia de los árboles frutales para el sustento de los agricultores, este proyecto no solo les dio una razón para cultivar árboles frutales para controlar el cambio climático, sino que también les proporcionó un incentivo financiero adicional: aprovechar el comercio de créditos de carbono.

Los créditos de carbono son certificados negociables en los que un crédito de carbono representa una tonelada métrica de CO₂ (u otro gas de efecto invernadero equivalente) reducida o eliminada de la atmósfera.

Permiten a las empresas y gobiernos altamente contaminantes compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero financiando proyectos que reducen o eliminan la contaminación, como iniciativas de reforestación o de energía renovable.

Más allá de su impacto climático, estos proyectos suelen aportar beneficios adicionales, como el empoderamiento de las comunidades, la protección de la biodiversidad o la mejora de la salud pública.

«Tenemos dos fórmulas que se utilizan para determinar la cantidad de carbono en los árboles. La fórmula general, que se puede aplicar a cualquier tipo de árbol, y la fórmula específica para cada especie, desarrollada para satisfacer las necesidades de los agricultores, determinan la cantidad de carbono en los árboles frutales», dijo Kuyah.

Esta última, precisó, «es más precisa en la cuantificación del carbono, ya que solo permite un error marginal (alrededor de 5 %) en comparación con la fórmula general (hasta un 40 % de error)».

Dado que los agricultores pueden determinar la cantidad de carbono sin talar sus árboles, la fórmula les anima a plantar más árboles frutales, lo que beneficia su sustento a través del comercio de créditos de carbono y contribuye a la mitigación del cambio climático.

Acuerdos de la COP30

El hecho de que las plantas sean la principal fuente de sustento de los agricultores convierte este proyecto en un activo importante para la mitigación del cambio climático, especialmente ahora, en un momento en el que las naciones parecen discrepar sobre las medidas de control del clima.

Han pasado diez años desde el Acuerdo de París de 2015, cuyo objetivo era limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados, con 2 grados como máximo absoluto, lograr emisiones netas de carbono cero a mediados de siglo y proporcionar apoyo económico a los países vulnerables al cambio climático.

Sin embargo, la financiación de esta iniciativa sigue siendo un reto.

Muchos países no han cumplido sus objetivos y, según la Organización Meteorológica Mundial, las emisiones de carbono alcanzarán un máximo histórico en 2024.

Los líderes mundiales aún no han llegado a un acuerdo amistoso sobre el camino a seguir en cuanto a las medidas y han puesto un énfasis considerable en encontrar formas de financiar la mitigación.

En la 30 Conferencia de las Partes (COP3) sobre cambio climático, celebrada en la ciudad brasileña de Belém en noviembre, se anunció la plena puesta en marcha del Mecanismo de Créditos del Acuerdo de París (PACM, en inglés), que regula los mercados de carbono.

Además, la Coalición para el Crecimiento de los Mercados de Carbono, lanzada en septiembre por los copresidentes de Singapur, el Reino Unido y Kenia, recibió el respaldo de 11 países y el apoyo de otros más durante las deliberaciones en Belém.

Los objetivos declarados de la coalición son armonizar, integrar y estandarizar dichos mercados para movilizar una mayor financiación para una acción climática más rápida y proporcionar un conjunto coherente de principios y salvaguardias requeridos por las empresas.

¿Cómo se beneficiarán los agricultores de árboles frutales?

El proyecto de Jkuat no solo aborda las medidas contra el cambio climático, sino que también fomenta la participación pública y la educación mediante la formación de los agricultores.

Desde que Kenia se unió al comercio de créditos de carbono en 2023, varios agricultores y propietarios de tierras se han quejado de haber sido estafados o de no haber recibido una compensación adecuada por su contribución a la reducción de carbono.

En un documental reciente, Carbon Contract, realizado por un medio de comunicación local de Kenia, los habitantes del noreste del país se quejaban de que solo recibían 20 % de la venta total de carbono de sus tierras, como parte de un acuerdo que preveía que un proyecto de compensación de carbono utilizara sus tierras durante un máximo de 30 años.

Los participantes se quejaban de la falta de transparencia del proyecto.

Sin embargo, el proyecto de «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental» tiene entre sus objetivos formar a las organizaciones cooperativas de ahorro y crédito de los agricultores y a los agentes de extensión sobre cómo utilizar la fórmula para calcular la cantidad de carbono de sus árboles.

Esa formación les da una ventaja a la hora de negociar los créditos de carbono.

La formación también incluye la comprensión de qué es el comercio de carbono y cómo funciona.

«Nuestra fórmula puede ayudar a los agricultores a negociar los créditos de carbono desde un punto de vista consciente», explicó Kuyah.

Destacó que «con una simple cinta métrica y una calculadora, los agricultores pueden determinar el valor de carbono de sus árboles, de modo que cuando se les acerquen programas relacionados con el comercio de créditos de carbono, sabrán exactamente cuánto deben recibir».

«También intentamos que nuestra fórmula fuera lo más fácil de entender posible para los agricultores, pidiéndoles solo que midieran el diámetro del árbol y lo utilizaran para calcular la cantidad de carbono con una calculadora», detalló.

«Estamos desarrollando una aplicación/interfaz que generará automáticamente la cantidad de carbono después de que el agricultor introduzca la especie y el diámetro del árbol. Actualmente, les hemos proporcionado una plataforma Excel que realiza los cálculos», amplió Kuyah.

El programa de formación para agricultores llevado a cabo por la Jkuat y el Icraf puede ser, por lo tanto, una de las muchas soluciones al cambio climático que se buscaron en Belém, durante la cumbre climática, la COP30, desarrollada entre el 10 y el 22 de noviembre.

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El Ártico da señales de alarma sin precedentes

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Inter Press Service – El Ártico, el termómetro del planeta, está dando señales de alarma sin precedentes: se está calentando a un ritmo vertiginoso, transformando su paisaje helado en un entorno más cálido, húmedo e impredecible, alertó en un informe este jueves 18 la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El cambio climático “está dejando el Ártico irreconocible”, y “lo que pasa en el allí no se queda en el Ártico, ya que su transformación afecta de manera negativa a todo el planeta”, asienta el Arctic Report Card 2025, un informe respaldado por 112 científicos de 13 países.

El informe documenta pérdidas de hielo históricas. Los glaciares del Ártico escandinavo y del archipiélago noruego Svalbard, en la confluencia de os océanos Ártico y Atlántico, sufrieron entre 2023 y 2024 la mayor pérdida neta anual de hielo jamás registrada.

La Capa de Hielo de Groenlandia, la isla danesa en el extremo noreste del hemisferio americano, perdió 129 000 millones de toneladas de hielo en 2025, una cifra que, aunque inferior al promedio anual de las últimas dos décadas, confirma una tendencia de pérdida neta a largo plazo.

Retroceso glaciar

En Alaska, entre el Pacífico y el Ártico, los glaciares han perdido una media de 38 metros de espesor vertical desde mediados del siglo XX, reduciendo de forma generalizada la altitud de las superficies heladas.

Ese retroceso glaciar sigue siendo un factor clave del aumento del nivel del mar, con impactos que van desde la amenaza a las reservas de agua dulce en comunidades árticas hasta un mayor riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y tsunamis que afectan a personas, infraestructuras y líneas costeras.

El hielo marino más antiguo y grueso del Ártico (de más de cuatro años) ha disminuido en más de 95 % desde la década de 1980. En marzo de 2025, el hielo marino invernal del Ártico alcanzó la extensión máxima anual más baja en los 47 años de registro satelital.

El informe subraya una aparente paradoja: durante la temporada de nieve 2024-2025, la acumulación fue superior a la media en amplias zonas del Ártico y se mantuvo elevada hasta mayo. Pero en junio la extensión de la cubierta nival cayó por debajo de los valores normales, en línea con lo observado durante los últimos 15 años.

Actualmente, la extensión de nieve en junio es aproximadamente la mitad de la registrada hace seis décadas, una señal clara de un cambio estructural en el sistema climático ártico.

Uno de los fenómenos más llamativos documentados por el informe es el de los “ríos oxidados”. En más de 200 cuencas hidrográficas de Alaska, el deshielo del permafrost ha liberado hierro y otros elementos que han teñido de color naranja ríos y arroyos anteriormente prístinos.

Enverdecimiento del Ártico

El aumento de la acidez y la presencia de metales potencialmente tóxicos están deteriorando la calidad del agua, comprometiendo los hábitats acuáticos y acelerando la pérdida de biodiversidad.

Detectado por primera vez a finales de los años 90 del siglo pasado, el “enverdecimiento del Ártico” continúa intensificándose. En 2025, la tundra ártica alcanzó su tercer nivel más alto de verdor máximo desde que existen registros satelitales, prolongando una serie de valores récord o casi récord iniciada en 2020.

Este proceso tiene efectos de gran alcance sobre los ecosistemas, las condiciones del permafrost (suelo congelado) y los medios de vida de las poblaciones árticas, además de influir en el ciclo global del carbono y en el clima planetario.

El informe destaca transformaciones estructurales en curso: la “atlantificación”, que empuja aguas más cálidas y salinas hacia el norte; la expansión de especies boreales en ecosistemas tradicionalmente árticos, y la creciente movilización de metales asociada al deshielo del suelo permanentemente congelado.

Advertencia final es inequívoca

“Calor récord, mínimos históricos de hielo marino, glaciares en retirada, calentamiento continuado del océano y eventos extremos sin precedentes están redefiniendo esta región”, señala el informe.

El estudio fue respaldado por la estadounidense Administración Nacional Atmosférica y del Espacio, y por el Programa de Monitoreo y Evaluación del Ártico que asesora al Consejo del Ártico integrado por Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia y Suecia.

La advertencia final es inequívoca, asienta la OMM: lo que ocurre en el Ártico no se queda en el Ártico. Los cambios en la región que se calienta más rápido del planeta ya están influyendo en el sistema climático global, los océanos y la estabilidad ambiental de todo el mundo.

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El próximo secretario general de la ONU gustará a EEUU o será vetado

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Escribe Thalif Deen / Inter Press Service – Cuando en los años 80 se extendió el rumor de que un subsecretario general de la ONU, formado en dos prestigiosas universidades, Oxford y Cambridge, tenía intención de presentarse al puesto de secretario general, el implicado lo desechó de inmediato a IPS.

«No creo que nadie en su sano juicio quiera ese puesto», sentenció.

Un comentario que sirve de anticipo al desastre que se avecina en la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

El próximo año y en medio de una aguda crisis financiera, la ONU deberá buscar -y encontrar- un nuevo secretario general, que asumirá el cargo a partir de enero de 2027.

El actual secretario general, António Guterres, se enfrenta a la difícil tarea de luchar por la supervivencia de la ONU, con una Casa Blanca abiertamente hostil, que obliga al organismo mundial a reducir drásticamente su personal, recortar la financiación y trasladar varias agencias fuera de Nueva York, su sede desde su creación en 1945.

En resumen: el próximo secretario general heredará una ONU prácticamente devastada.

En su discurso ante la Asamblea General en septiembre, el presidente estadounidense, Donald Trump, comentó: «¿Cuál es el propósito de las Naciones Unidas? Ni siquiera se acerca a alcanzar [su] potencial».

Para avalar su consideración de que la ONU es una organización obsoleta e ineficaz, se jactó: «Puse fin a siete guerras, traté con los líderes de todos y cada uno de estos países, y nunca recibí una llamada de las Naciones Unidas ofreciéndome ayuda para cerrar el acuerdo».

Sea quien sea el elegido, el nuevo jefe de la ONU tendrá que cumplir fielmente las reglas básicas de la administración Trump, abandonando prácticamente lo que representa la ONU, incluida la igualdad racial y el empoderamiento de género.

«Las políticas de diversidad, equidad e inclusión que se adoptaron para abordar las injusticias históricas y estructurales están siendo vilipendiadas como injustas», critica Volker Türk, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

En su libro de 345 páginas titulado «Unvanquished: A US-UN Saga (Invicto: una saga entre Estados Unidos y la ONU)», publicado en 1999, el ex secretario general Boutros Boutros-Ghali (1992-1996),  señala que Washington lo acusó de ser «demasiado independiente» de Estados Unidos, pero que al final hizo todo lo que estuvo en su mano para complacer a los estadounidenses.

Pese a ello, cuando se presentó a la reelección, Estados Unidos, que predica el concepto occidental de la regla de la mayoría, ejerció su veto a pesar de que Boutros-Ghali recibió 14 de los 15 votos del Consejo de Seguridad, incluidos los votos de sus otros cuatro miembros permanentes (China, Francia, Reino Unido y Rusia), el llamado P5.

En una circunstancia así, la tradición dictaría que Estados Unidos, el único en desacuerdo, se abstuviera en la votación y respetara los deseos de la abrumadora mayoría del Consejo de Seguridad. Pero Washington no lo hizo.

A diferencia de la mayoría de sus predecesores y sucesores, el egipcio Boutros-Ghali se negó a seguir ciegamente el juego a Estados Unidos, a pesar de que en ocasiones cedió a la presión estadounidense en un momento en que Washington se había ganado la mala fama de intentar manipular al organismo mundial para proteger sus propios intereses nacionales.

Jesselina Rana, asesora de la ONU en el Centro en Nueva York de Civicus, la alianza mundial de organizaciones de la sociedad civil,  dijo a IPS que ciertos Estados miembros incumplen abiertamente las normas internacionales fundamentales y se utiliza el veto para socavar los principios mismos sobre los que se fundó la ONU.

Con ese contexto, «¿serán suficientes las reformas estructurales para restablecer la confianza en la institución?», inquirió.

También se preguntó si la Iniciativa ONU80, lanzada por Guterres en marzo, con el objetivo de reconstruir la confianza en el multilateralismo, puede hacerlo cuando ha resultado un proceso opaco y que ha carecido de una participación significativa de la sociedad civil.

«Un proceso de selección del secretario general responsable y transparente requiere un apoyo más firme y explícito de los Estados miembros», dijo Rana.

A su juicio, un proceso abierto e inclusivo con la sociedad civil y basado en el liderazgo feminista reforzará la capacidad de la ONU para navegar por las difíciles condiciones geopolíticas actuales y ayudará a restablecer la confianza en el multilateralismo, argumentó.

Rana remarca que después de 80 años de liderazgo masculino, el próximo secretario general debería ser una mujer con una trayectoria demostrada en materia de igualdad de género, derechos humanos, paz, desarrollo sostenible y multilateralismo.

Felix Dodds, profesor adjunto del Instituto del Agua de la estadounidense Universidad de Carolina del Norte y miembro asociado del Instituto Tellus de Boston, que ha escrito extensamente sobre la ONU, dijo a IPS que el organismo está atravesando tiempos difíciles, probablemente los más difíciles desde la Guerra Fría.

A su juicio, quizá no sea mala idea trasladar algunas agencias de la ONU. Citó como ejemplo el caso del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), que ya lo hizo en gran medida cuando tuvo como administradora a Helen Clark (2009-2017).

Para el académico, estar más cerca de las personas a las que se ayuda, quizá sea una cuestión de reducción de costes, pero también puede ser algo que se debería haber considerado antes.

«Pero el nuevo secretario general tendrá que ser alguien que Trump apruebe, ya que él tiene derecho de veto», señaló.

Dodds señaló que «la única opción realista» entre los candidatos que se mencionan es la actual secretaria general de ONU Comercio y Desarrollo (Unctad), la costarricense Rebeca Grynspan.

«Ha demostrado ser una buena funcionaria y ha dirigido bien la Unctad, al igual que lo hizo con Costa Rica cuando era vicepresidenta», dijo.

Pero reconoció que «es posible que volvamos a considerar a un hombre.

Es evidente que el nuevo secretario general que asuma el cargo el primer día de 2027 tendrá ante sí una tarea abrumadora. Sea quien sea, tendrá que hacer concesiones al P5 sobre el tamaño y el alcance de la ONU.

Y los recortes actuales de presupuesto y personal pueden ser solo los primeros de una serie.

«El resultado puede ser una ONU con un mandato más claro sobre lo que va a hacer. Por supuesto, las partes interesadas deben defender a la ONU como un organismo fundamental para los asuntos multilaterales, PERO al mismo tiempo deben proponer reformas que sean sencillas y refuercen el ámbito en el que trabajan», analizó Dodds.

En la nueva etapa, a su juicio, habrá que ser realistas en los ámbitos que se reforman para que sean aquellos que las partes interesadas y los gobiernos pueden trabajar juntos.

En última instancia, dijo, «la fuerza motriz debería ser una ONU más eficaz que cumpla con su cometido sobre el terreno». «¿Lo consiguen las propuestas de reforma?», se preguntó.

«La organización siempre ha trabajado en un mundo de presiones políticas. Estoy de acuerdo en que el organismo debe ser un lugar para el diálogo y la protección de los más vulnerables. ONU80 ofrece una oportunidad para el diálogo sobre propuestas realistas. La pregunta es: ¿cuáles son en las diferentes áreas?», concluyó Dodds.

Stephen Zunes, profesor de Política y Estudios Internacionales en la estadounidense Universidad de San Francisco, donde es coordinador del programa de Estudios sobre Medio Oriente, explicó a IPS que, tras las guerras napoleónicas, el Consejo de Europa mantuvo en gran medida la paz hasta que las potencias centrales decidieron que ya no les convenía.

El resultado, recordó, fue la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

La Sociedad de Naciones estableció entonces un marco para mantener la paz hasta que las potencias del Eje decidieron que ya no les convenía. El resultado fue la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), afirmó.

«Ahora nos encontramos en una encrucijada similar, en la que el sistema de las Naciones Unidas se ve desafiado tanto por Rusia como por Estados Unidos, que, como han demostrado las invasiones de Iraq y Ucrania, ya no se sienten limitados por la prohibición de la guerra de agresión», analizó.

Para Zunes, «los ataques más recientes de Estados Unidos contra la ONU son especialmente perjudiciales, dada la importancia de las contribuciones financieras de Estados Unidos para el funcionamiento de la ONU y la capacidad de Washington en las últimas semanas para impulsar resoluciones en el Consejo de Seguridad de la ONU que aparentemente legitiman las ocupaciones militares ilegales de Israel y Marruecos sobre sus vecinos».

Los miembros de la ONU deben estar dispuestos a arriesgarse a la ira de la administración Trump defendiendo la Carta de las Naciones Unidas y los principios básicos del derecho internacional, afirmó.

«Está en juego nada menos que el futuro del organismo mundial y la paz y la seguridad internacionales», subrayó Zunes.

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Alerta de Ipbes: Las empresas afectan a la naturaleza de la que dependen

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Escribe Busani Bafana / Inter Press Service – La naturaleza es un arma de doble filo para las empresas del mundo. Un informe revolucionario revelará en febrero cómo las empresas se benefician de la explotación de los recursos naturales y, al mismo tiempo, afectan a la biodiversidad.

El Informe sobre las empresas y la biodiversidad, una evaluación de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes), analiza el impacto y la dependencia de las empresas respecto a la biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza a las personas.

Negocios y biodiversidad

Este informe, el primero de su tipo, examina las formas en que las empresas se benefician de la naturaleza y las formas en que las operaciones empresariales mundiales afectan a la naturaleza. Se espera que los representantes de 152 gobiernos miembros lo aprueben en la 12 sesión plenaria de la Ipbes, que se celebrará en Reino Unido en febrero de 2026.

En una rueda de prensa sobre el informe, el secretario ejecutivo de la Ipbes, Luthando Dziba, afirmó que la evaluación fue encargada por los gobiernos miembros para comprender las relaciones empresariales globales con la biodiversidad.

El informe tiene por objeto reforzar los conocimientos para apoyar los esfuerzos de las empresas globales que dependen de la biodiversidad y que también tienen un impacto en ella.

«La disminución de la biodiversidad también representa un riesgo importante para las empresas», afirmó Dziba, destacando que existen enormes riesgos económicos asociados a la biodiversidad, cuya pérdida se encuentra entre los diez principales riesgos mundiales para las empresas.

Dziba señaló que el informe tiene por objeto ayudar a las empresas a comprender y medir en qué medida dependen de la biodiversidad y cómo la afectan, lo que puede determinar las medidas que adopten para reducir su impacto en la naturaleza.

«Los gobiernos tienen interés en comprender cómo otros sectores afectan a la biodiversidad, pero también cómo dependen de ella», afirmó Dziba.

«Teniendo en cuenta las tasas sin precedentes a las que está disminuyendo la biodiversidad, es de esperar que esto sirva de llamada de atención y ponga de manifiesto los importantes riesgos que supone, por ejemplo, para las empresas, si la biodiversidad de la que dependen se encuentra en un estado tan grave», añadió.

Según Dziba, los gobiernos pueden diseñar políticas y normativas para crear un entorno propicio para que las empresas actúen de forma sostenible, comprendiendo cómo se benefician y cómo afectan a la biodiversidad.

El Ipbes, un organismo intergubernamental independiente creado para reforzar la interfaz entre la ciencia y la política en materia de biodiversidad y servicios ecosistémicos, ha publicado varias evaluaciones científicas a lo largo de los años.

Estas evaluaciones han proporcionado a los responsables políticos conocimientos actualizados sobre la situación actual y los retos relacionados con la naturaleza, la biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza a las personas.

Pérdida de biodiversidad: una pérdida para las empresas

La publicación seminal de la Ipbes, el Informe de evaluación global sobre la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, publicado en 2019, reveló que un millón de especies animales y vegetales están en peligro de extinción, muchas de ellas en unas décadas.

Los cambios en el uso de la tierra y el mar, la explotación directa de los organismos, la contaminación por el cambio climático y las especies exóticas invasoras son las principales causas de los cambios en la naturaleza.

La naturaleza proporciona varios servicios ecosistémicos, como la polinización, la purificación del agua, la regulación del clima y las materias primas para las empresas, que generan un valor de billones (millones de millones) de dólares a nivel mundial.

Al mismo tiempo, las empresas globales tienen un impacto negativo en la naturaleza a través de la minería, la producción agrícola, la fabricación y la exploración de gas y petróleo.

El Foro Económico Mundial ha advertido que 50 % de la economía mundial está amenazada por la pérdida de biodiversidad, y ha pedido un cambio radical de la actividad humana destructiva a una economía positiva para la naturaleza.

El Informe sobre la nueva economía de la naturaleza II, del Foro Económico Mundial, advierte sobre los riesgos de destruir la naturaleza y afirma que «44 billones de dólares de generación de valor económico, más de la mitad del PIB total mundial, están potencialmente en riesgo como resultado de la dependencia de las empresas de la naturaleza y sus servicios».

El Informe sobre riesgos globales 2022 del Foro Económico Mundial clasificó la pérdida de biodiversidad como la tercera amenaza más grave a la que se enfrentará la humanidad en la próxima década.

En 2024, la Ipbes publicó dos informes que destacaban la importancia de abordar la crisis de la biodiversidad para desbloquear oportunidades empresariales y de innovación.

Según la Ipbes, una acción rápida para proteger la biodiversidad podría generar 10 billones de dólares y apoyar más de 390 millones de puestos de trabajo para 2030.

No actuar contra el cambio climático, alerta, añade al menos 500 000 millones de dólares al año en costes adicionales para alcanzar los objetivos de biodiversidad.

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La inteligencia artificial amenaza con una era de desigualdad

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Inter Press Service – Un manejo inadecuado de la inteligencia artificial (IA) amenaza con ampliar las brechas económicas, de capacidades y de gobernanza entre países, revirtiendo décadas de progreso en la reducción de desigualdades, señaló un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).

“La IA avanza a toda velocidad, y muchos países aún están en la línea de salida”, resumió Kanni Wignaraja, directora regional del Pnud para Asia y el Pacífico.

El informe del Pnud, “La próxima gran divergencia”, se centra en la región Asia-Pacífico, considerándola epicentro de esta dinámica. Abarca más de 55 % de la población mundial, y presenta considerables disparidades de ingresos y las mayores diferencias en la esperanza de vida.

La región representa ahora más de la mitad de los usuarios de IA del mundo y está expandiendo rápidamente su huella de innovación, desde el ascenso de China a casi 70 % de las patentes globales de IA hasta más de 3100 nuevas empresas financiadas con IA en seis economías.

La conclusión central del informe es que la IA, si no se gestiona adecuadamente, podría aumentar la desigualdad entre países al ampliar las brechas en el rendimiento económico, las capacidades de las personas y los sistemas de gobernanza, ya que el punto de partida es enormemente desigual.

El informe destaca que, si bien la IA abre nuevas vías cruciales para el desarrollo, los países inician esta transición desde posiciones extremadamente dispares para captar sus beneficios y gestionar sus riesgos.

Sin una acción política contundente, estas brechas podrían crecer, revirtiendo la tendencia de largo plazo hacia la reducción de las desigualdades en el desarrollo.

“La experiencia en Asia y el Pacífico demuestra la rapidez con la que puede surgir una brecha entre quienes moldean la IA y quienes son moldeados por ella”, observó Wijnaraja.

La IA podría incrementar el crecimiento anual del producto interno bruto (PIB) en la región en aproximadamente dos puntos porcentuales, e impulsar la productividad hasta en un cinco por ciento en sectores como la salud y las finanzas.

Solo las economías de la Asean (los 11 países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) podrían registrar casi un billón (millón de millones) de dólares de PIB adicional durante la próxima década.

Durante el último medio siglo, muchos países de bajos ingresos han acortado gradualmente la distancia con los países de altos ingresos gracias a los avances tecnológicos, el comercio y el desarrollo, señala el reporte.

Sin embargo, advierte de que, sin decisiones políticas deliberadas e inclusivas, la IA podría poner en peligro estos avances en la convergencia.

Si bien Asia-Pacífico se está desarrollando rápidamente en materia de IA e innovación, el nivel de preparación digital varía considerablemente de un país a otro dentro de la región.

Países como Singapur, Corea del Sur y China están invirtiendo fuertemente en infraestructura y habilidades de IA, mientras que otros todavía están trabajando para fortalecer el acceso y el dominio de las tecnologías digitales básicas.

Las mujeres y los jóvenes son particularmente vulnerables.

Los empleos ocupados por mujeres tienen casi el doble de probabilidades de ser automatizados, y el empleo juvenil ya está disminuyendo en empleos con alta exposición a la IA, especialmente entre los 22 y los 25 años, lo que amenaza las oportunidades laborales tempranas.

Los datos de América Latina muestran que casi la mitad de los empleos expuestos a la IA generativa (17 millones de empleos que podrían beneficiarse de ganancias de productividad) se ven frenados por brechas en el acceso digital.

En el sur de Asia, las mujeres tienen hasta 40 % menos de probabilidades que los hombres de poseer un teléfono inteligente.

Las comunidades rurales e indígenas suelen permanecer invisibles en los conjuntos de datos que entrenan los sistemas de IA, lo que aumenta el riesgo de sesgo algorítmico y exclusión de los servicios esenciales.

A pesar de su considerable promesa, la IA también plantea un problema ambiental, vinculado al consumo de recursos, las desigualdades sociales en el acceso y uso, y las dependencias tecnológicas que pueden exacerbar los desafíos climáticos en lugar de mitigarlos.

Los sistemas de IA requieren enormes cantidades de electricidad y los centros de datos consumen entre 10 y 50 veces más energía por metro cuadrado que los edificios comerciales convencionales.

En 2024, los centros de datos de la región Asia-Pacífico, en particular los de China, Japón y Australia, consumieron entre 105 y 180 teravatios-hora (un teravatio equivale a 1000 millones de kilovatios). Tan solo en Singapur, representaron nueve por ciento del consumo eléctrico nacional.

Además, la refrigeración de servidores consume enormes cantidades de agua. Para 2027, los centros de datos de la región Asia-Pacífico podrían requerir hasta 6600 millones de metros cúbicos al año, lo que equivale a la mitad de la extracción anual total de agua del Reino Unido.

En Malasia, se han aprobado menos de 18 % de las solicitudes de uso de agua de los centros de datos, lo que refleja la preocupación por el desvío de agua de los hogares y los ecosistemas.

El hardware utilizado para la IA depende de minerales esenciales como el cobalto, el litio y las tierras raras, cuya extracción genera dióxido de carbono (CO2) y desechos electrónicos perjudiciales para el medio ambiente.

«La minería a menudo conduce a la deforestación, la contaminación del agua y la destrucción del hábitat», señala el estudio.

Pero, en resumidas cuentas, “la principal falla en la era de la IA es la capacidad”, afirmó Philip Schellekens, economista Jefe del PNUD para Asia y el Pacífico. “Los países que inviertan en habilidades, capacidad informática y sistemas de gobernanza sólidos se beneficiarán; otros corren el riesgo de quedarse muy atrás”, concluyó.

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