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¿Quiere alimentar al mundo? Invierta en los sistemas alimentarios

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Por Busani Bafana / IPS Noticias – A medida que el objetivo mundial de erradicar el hambre para 2030 se aleja rápidamente, invertir en cómo se alimenta el mundo es la única forma de evitar una crisis.

Invertir en los sistemas agroalimentarios —desde la producción y el procesamiento hasta la distribución y el consumo— es crucial para que el sector agrícola mundial sea más resiliente ante las amenazas a la seguridad alimentaria, afirmó Mohamed Manssouri, subdirector general y director del Centro de Inversiones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

«Los sistemas agroalimentarios se están viendo sometidos hoy a una prueba sin precedentes debido a los fenómenos climáticos extremos, la disminución de los recursos naturales, las crisis económicas y las interrupciones en el suministro, la inestabilidad política y la restricción del gasto público», declaró Manssouri a IPS en una entrevista exclusiva.

«La pandemia de covid-19, la guerra en Ucrania y ahora los conflictos en Medio Oriente son un claro recordatorio de que cada vez más países y socios comerciales están conectados a las cadenas de suministro mundiales», detalló.

Manssouri dirige un equipo multidisciplinar global de más de 200 expertos y 500 consultores que operan en 120 países. El equipo ofrece soluciones de inversión y financiación a los países miembros de la FAO, a instituciones financieras internacionales y nacionales, y a inversores públicos y privados.

El Centro de Inversiones de la FAO diseña estrategias y políticas de inversión para apoyar programas de inversión agroalimentaria públicos y privados. Dirige mecanismos financieros innovadores destinados a reducir el riesgo y aprovechar la inversión privada.

Manssouri señaló que los conflictos en Medio Oriente han sumado presión a las ya frágiles cadenas de suministro mundiales de productos básicos, amenazando la disponibilidad, la accesibilidad y la asequibilidad de los alimentos, especialmente en los países importadores netos de alimentos.

Según un análisis de la FAO, las actuales interrupciones en el estrecho de Ormuz han cortado entre 30 % y 35 % del comercio mundial de urea. La urea es un fertilizante fundamental que aporta nitrógeno a los cultivos. Los precios de la urea han subido entre 14 % y 60 %. El precio del gas natural, esencial para los fertilizantes nitrogenados, ha aumentado hasta 90 %.

Estos son algunos extractos de la entrevista de IPS con Mohamed Manssouri.

Mohamed Manssouri, Subdirector General y Director del Centro de Inversiones de la FAO. Imagen: FAO

IPS: ¿Cuáles son algunas de las mayores amenazas a las que se enfrentan hoy en día los sistemas agroalimentarios?

MOHAMED MANSSOURI: Las actuales perturbaciones de los sistemas comerciales y de distribución se ven agravadas por el aumento de los precios de la energía y la volatilidad de los mercados de fertilizantes. Esto está incrementando los costes de producción y afectando a los rendimientos, lo que supone una amenaza para la producción de alimentos, los ingresos agrícolas y la seguridad alimentaria a nivel mundial.

Otros retos actuales incluyen la necesidad de producir alimentos más saludables y nutritivos para alimentar a la creciente población mundial, pero con una menor huella ambiental. Equilibrar los sistemas agroalimentarios en los países en desarrollo es fundamental para alcanzar la Agenda 2030, pero el déficit de financiación sigue ascendiendo a cientos de miles de millones de dólares.

En el África subsahariana, tres de cada cuatro microempresas agroalimentarias carecen de acceso suficiente a la financiación debido a la falta de capacidad para gestionar préstamos, a los costes de transacción prohibitivos y al riesgo percibido de la agricultura.

También existen retos específicos como el envejecimiento de la mano de obra agrícola, el desempleo juvenil y los rápidos avances tecnológicos, incluida la inteligencia artificial, la IA, que exigen nuevas competencias laborales.

Los informes de la FAO revelaron que más de 20 % de los jóvenes a nivel mundial no se encontraban ni estudiando, ni trabajando, ni en formación en 2023, lo que significa que sus competencias no se ajustan al mercado laboral.

IPS: ¿Por qué es crucial invertir en los sistemas agroalimentarios?

MM: Es importante porque invertir consiste en sacrificar algo hoy para tener algo mejor mañana. No podemos esperar resultados si no invertimos. La inversión saca a las personas de la pobreza y el hambre. El director general de la FAO y yo creemos que el derecho a la alimentación es un derecho humano básico y que la paz es un requisito previo para la seguridad alimentaria, que a su vez también es un requisito previo para la paz. Esa convicción guía todo nuestro trabajo.

El informe «El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2025» muestra que el hambre mundial descendió de 8,5 % a 8,2 % en 2024. Esto es alentador, aunque el margen sea pequeño. Pero el progreso es desigual, con un aumento de la inseguridad alimentaria en África y Asia Occidental.

Alrededor de 673 millones de personas se enfrentaban al hambre en 2024, y 2330 millones sufrían inseguridad alimentaria moderada o grave. Queda mucho trabajo por hacer y muchas inversiones por realizar.

Necesitamos transformar urgentemente los sistemas agrícolas para que sean más sostenibles, resilientes e inclusivos. La inversión es fundamental para esa transformación. Crea empleo; casi 1300 millones de personas trabajaban en los sistemas agrícolas en 2022.

Necesitamos políticas y estrategias de inversión que vayan más allá de la agricultura y abarquen el transporte, el almacenamiento, la transformación y los mercados mayoristas y minoristas. Esto ayuda a que los pequeños agricultores, las empresas agroindustriales y los emprendedores rurales prosperen al conectarlos con los mercados, la financiación, la innovación y la tecnología.

Se trata de aspirar a una escala de inversión, desde la pública hasta la privada, y de cómo reducir el riesgo de esas inversiones para lograr la seguridad alimentaria para todos.

IPS: ¿Cómo lo lleva a cabo la FAO a través de su Centro de Inversiones?

MM: La FAO es una agencia técnica de las Naciones Unidas que apoya a los sectores agroalimentarios desde la producción hasta la transformación, incluyendo la agricultura, la ganadería, la silvicultura, la pesca y la acuicultura.

Trabajar en inversiones significa trabajar con otros. La colaboración está en nuestro ADN. Llevamos más de 60 años colaborando con países y entidades financieras. Somos un equipo multidisciplinar que actúa como punto único de entrada para inversiones de alto impacto y soluciones climáticas.

Cada año, trabajamos en 120 países. En 2025, el Centro ayudó a diseñar 43 grandes programas de inversión en 44 países, aprobados por socios financieros por un total de 7800 millones de dólares.

También desarrollamos docenas de estrategias de inversión nacionales y estudios de políticas, y apoyamos los diálogos sobre políticas. La cartera global en la que apoyamos la implementación asciende a unos 50 000 millones de dólares, con socios principales como el Banco Mundial, el Fida, el Banco Africano de Desarrollo, el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Europeo de Inversiones.

En la actualidad, estamos innovando con instrumentos de financiación como la financiación combinada para reducir el riesgo de las inversiones privadas, ya que las inversiones públicas por sí solas son insuficientes, especialmente con un margen presupuestario cada vez más ajustado debido al endeudamiento.

Trabajamos en estrecha colaboración con las instituciones financieras locales para cambiar su percepción de los riesgos de financiar la agricultura mediante una mejor comprensión de los calendarios de cultivo y un acceso oportuno a la financiación. Cada dólar de nuestras inversiones tiene un potencial de rendimiento y un impacto sobre el terreno mucho mayores.

IPS: Ha mencionado que la inversión pública en el sector agroalimentario no es suficiente. ¿Qué está haciendo el Centro de Inversiones de la FAO para movilizar financiación?

MM:  Los gobiernos están recortando el gasto, por lo que necesitamos atraer más inversión pública, privada y mixta. Una forma de reducir el riesgo de las inversiones agroalimentarias es a través del conocimiento, los datos y una profunda experiencia.

Durante casi 30 años, hemos apoyado los esfuerzos para hacer que los sistemas agroalimentarios sean más ecológicos e inclusivos. Nuestra nueva colaboración con la Fundación Gates se centra en integrar innovaciones agroalimentarias transformadoras en los proyectos de inversión.

Una colaboración renovada con el Banco Asiático de Desarrollo da prioridad a las inversiones en agricultura digital y basada en la inteligencia artificial. Junto con el Banco Europeo de Inversiones, apoyamos a los bancos comerciales nacionales y locales del África subsahariana a través de actividades de preinversión, desbloqueando 190 millones de euros en préstamos agroalimentarios para pequeños agricultores y pymes agrícolas.

También colaboramos con la Unión Europea en materia de financiación combinada, prestando servicios de asesoramiento para movilizar 200 millones de euros (unos 235 millones de dólares) en cuatro vehículos de inversión combinada. En Ghana, trabajamos con un instrumento denominado AgriFI que proporcionó 2,5 millones de dólares en préstamos garantizados a una empresa local de tecnología agrícola.

Por último, la Iniciativa Mano de la Mano de la FAO, guiada por datos geoespaciales avanzados, ayudó a presentar oportunidades de inversión agroalimentaria por valor de 17 000 millones de dólares en el foro de inversión del año pasado, mejorando la seguridad alimentaria y la resiliencia climática de cientos de millones de personas.

IPS: ¿Cuáles son algunas de las áreas estratégicas en las que el Centro de Inversiones de la FAO prestará apoyo este año?

MM: En primer lugar, en África, nos centraremos en el empleo agroalimentario y el crecimiento inclusivo. Casi uno de cada dos bebés nace en África. Esto significa que habrá una población cada vez más joven en el continente.

Muchos jóvenes tendrán dificultades para encontrar empleos de calidad. Estamos intensificando los esfuerzos para crear empleos agroalimentarios significativos a lo largo de las cadenas de valor y promover las futuras generaciones de profesionales del sector agroalimentario a través de la formación y la educación.

En segundo lugar, estamos trabajando en tecnologías más eficientes y sostenibles para salvar las brechas de producción, trasladar excedentes a regiones deficitarias, reducir los precios y generar empleo justo.

Estamos ampliando el apoyo integrado a la inversión en cadenas de valor estratégicas como el cacao en Ghana, Costa de Marfil y Camerún; los anacardos en Mozambique, Togo y Benín; y el café desde Uganda hasta América Latina. También estamos trabajando en cultivos alimentarios, como el trigo en Europa y Asia Central, el arroz en África y Asia, y los productos lácteos en Asia Central y África.

Apoyamos plataformas de inversión como el Corredor de Lobito entre Angola, Zambia y la República Democrática del Congo, que pueden reforzar la producción nacional y la seguridad alimentaria.

Por último, estamos incorporando más tecnología e innovación financiera a las inversiones agroalimentarias. Muchos países, especialmente en África, presentan un retraso en materia de productividad. Necesitamos producir más con menos, utilizando soluciones basadas en la naturaleza.

Estamos explorando más opciones de financiación combinada, financiación climática, seguros, garantías y asociaciones público-privadas.

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Las crisis mundiales sitúan la geoeconomía en el centro del escenario 

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Escribe Umar Manzoor Shah / IPS Noticias – En el Foro de Geoeconomía organizado por Foreign Policy, en paralelo a las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial -del lunes 13 al sábado 18 de abril-, los ponentes señalaron repetidamente un mundo marcado por las crisis, en el que las cadenas de suministro, los flujos energéticos y la tecnología se han convertido en herramientas de poder.

«La geoeconomía ya no es un telón de fondo de la política mundial. Es el elemento clave y fundamental», afirmó el director ejecutivo de Foreign Policy, Andrew Sollinger, en su discurso de apertura el miércoles 15 de abril.

La urgencia de ese cambio está estrechamente ligada al conflicto en curso en el Golfo, que ha perturbado los mercados energéticos y puesto de manifiesto las vulnerabilidades de los sistemas comerciales mundiales, y que vive una tregua de 10 días desde el jueves 16.

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano ha hecho comprender al mundo la rapidez con la que las crisis regionales pueden derivar en inestabilidad económica mundial, afectando a todo, desde los precios del combustible hasta la producción industrial.

Los participantes en el foro describieron un orden mundial transformado en el que los gobiernos utilizan cada vez más herramientas económicas que antes se consideraban neutrales o técnicas.

La política comercial, los flujos de capital y las cadenas de suministro sirven ahora a objetivos estratégicos.

Los minerales críticos, esenciales para los semiconductores y los sistemas de inteligencia artificial, se han convertido en puntos de influencia geopolítica.

Adicionalmente, las rutas energéticas, como el estrecho de Ormuz, se han transformado en posibles puntos de estrangulamiento con consecuencias globales, en lugar de ser meros corredores de tránsito.

«La geopolítica y la economía siempre han estado vinculadas. Estamos volviendo a una corriente de pensamiento que las considera inseparables», afirmó durante su participación Jacob Helberg, subsecretario de Asuntos Económicos de Estados Unidos.

Helberg señaló la creciente competencia por los minerales de tierras raras, donde China domina el procesamiento y ha comenzado a utilizar los controles de exportación como herramienta estratégica. Al mismo tiempo, los corredores logísticos y los centros de fabricación han surgido como puntos de presión adicionales en el sistema global.

«Todo está totalmente interrelacionado», afirmó, refiriéndose a la cadena que va desde las materias primas hasta la tecnología acabada. «Hay puntos de estrangulamiento en cada nivel», confirmó.

El foro volvió repetidamente a un tema central: la fragmentación.

Los países se están adaptando a un mundo «propenso a las crisis», marcado por los conflictos, las pandemias y la inestabilidad financiera. Esto ha llevado a un alejamiento de la integración global hacia bloques económicos más regionales y estratégicos.

Las potencias medias, en particular, se enfrentan a decisiones difíciles. A medida que se intensifica la competencia entre Estados Unidos y China, muchas naciones están sopesando cómo alinear su futuro económico y tecnológico.

Pedro Abramovay, vicepresidente de Programas de Open Society Foundations, argumentó que el momento actual ofrece tanto riesgos como oportunidades para estos países.

«Debemos asegurarnos de que las potencias medias actúen como potencias medias y no solo como intermediarios», afirmó, subrayando que la democracia puede moldear su papel en un orden cambiante.

Abramovay señaló que el momento actual ha puesto de manifiesto desequilibrios de larga data en el sistema global.

«Pone al descubierto la realidad que existía antes», dijo, refiriéndose a acuerdos mundiales anteriores que a menudo no servían a los intereses del Sur global.

Señaló que la presión política interna está redefiniendo ahora la forma en que los países interactúan a nivel mundial. Los líderes ya no pueden alinearse externamente sin responder a sus electores internos.

«Esa presión interna puede empoderar a esas potencias medias para que hagan valer su soberanía y negocien de manera efectiva», afirmó Abramovay.

El foro puso de relieve los crecientes llamamientos a un orden internacional reformulado, basado en la soberanía y el interés público, en lugar de en el mero beneficio económico.

«Necesitamos tener una agenda muy clara. Necesitamos el compromiso de aquellos líderes que expresen que están ahí, no representando a grandes corporaciones o, de nuevo, a intereses y organizaciones que hablan por sí mismas, sino hablando exactamente en nombre y representando a la mayoría del mundo», destacó Abramovay.

Frank McCourt, fundador de Proyecto Libertad, advirtió contra la idea de plantear el futuro como una elección binaria entre el dominio del sector privado estadounidense y los modelos estatales chinos.

«Se trata de una falsa dicotomía», afirmó, abogando por una tercera vía que alinee la tecnología con los valores democráticos.

Destacó la creciente inquietud entre los países que se sienten atrapados entre sistemas rivales, señalando que muchos están explorando marcos alternativos para la gobernanza digital y la cooperación económica.

El impacto humano detrás de la estrategia

Aunque gran parte del debate se centró en la estrategia de alto nivel, los ponentes reconocieron las consecuencias humanas de los cambios geoeconómicos.

Las crisis energéticas se traducen en mayores costes para los hogares. Las interrupciones en la cadena de suministro afectan al empleo y al acceso a los bienes. Las decisiones tomadas en las salas de juntas y los ministerios tienen repercusiones en comunidades de todo el mundo.

«Los planes mejor trazados pueden verse interrumpidos por circunstancias imprevistas. Hay que dar un giro, adaptarse y construir mejor», afirmó Sollinger.

Ese mensaje resonó a lo largo de todas las participaciones en el foro.

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Transporte marítimo busca certidumbres para alcanzar las cero emisiones netas

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Escribe Kizito Makoye / IPS Noticias – Mientras el sector marítimo mundial se prepara para otra ronda de negociaciones de alto riesgo, una mezcla volátil de aumento de los costes del combustible, tensiones geopolíticas y profundas divisiones políticas está poniendo a prueba el frágil consenso en torno a un Marco de Cero Emisiones Netas propuesto, destinado a descarbonizar una de las industrias más contaminantes del mundo.

Las negociaciones, convocadas por la Organización Marítima Internacional (OMI) se van a producir en un momento de gran incertidumbre. Una crisis en el estrecho de Ormuz ha disparado los precios del petróleo y el gas, poniendo de manifiesto las vulnerabilidades de las cadenas de suministro mundiales y agudizando los desacuerdos sobre la rapidez -y la equidad- con la que el sector del transporte marítimo debería abandonar los combustibles fósiles.

El Marco de Cero Emisiones Netas (NZF en inglés) se acordó en abril 2025 dentro de la OMI y se consideró entonces como histórico. Fija normas obligatorias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de los buques, con metas de 20 % para 2030 y 70 % para 2040.

Se pretende así dejar los GEI marítimos lo más cerca posible de las emisiones nulas. Para alcanzar ese objetivo, se establece un costo por tonelada de CO2 equivalente de 100 dólares desde 2028, lo que se denomina pago de unidades correctivas, subiendo a 340 dólares por tonelada en casos especiales de incumplimiento.

Pero en octubre del año pasado, los países miembros de la OMI se vieron forzados a retrasar la aprobación definitica del marco un año por la intransigente presión de Arabia Saudi y Estados Unidos.

Sucedó después que en agosto una sesión extraordinaria del Comité de Protección del Medio Marino forzó una votación especial con la participación del propio presidente Donald Trump en el debate.

El propio secretario de Estado, Marco Rubio, se involucró personalmente llamando a altos funcionarios de diferentes países y amenazando con sanciones y aranceles extraordinarias si no se plegaban al aplazamiento de la aprobación del NZF hasta octubre de este año, en un proceso que se calificó de «beligerancia extrema» por parte de Washington.

Ahora, en un encuentro con un grupo de periodistas en línea, expertos en el sector marítimo advirtieron de que el NZF pone en juego mucho más que la regulación marítima.

El resultado, afirmaron, podría determinar el ritmo de la transición energética mundial, la estabilidad de los mercados de combustibles y si los países en desarrollo quedan protegidos o marginados en el cambio hacia un transporte marítimo más limpio.

«La crisis de Ormuz ha hecho subir los precios del petróleo y el gas, al menos a corto plazo», afirmó Tristan Smith, profesor de Energía y Transporte en el University College de Londres. «Los detractores del Marco de Cero Emisiones Netas -encabezados por Estados Unidos y otros con intereses creados en el GNL (gas natural licuado) como combustible marítimo- están presionando de hecho para ampliar su uso en el transporte marítimo», aseguró.

Smith advirtió de que tal cambio podría tener consecuencias de gran alcance.

«Si los precios del GNL ya son elevados, esto introduciría una nueva fuente importante de demanda procedente de un sector que actualmente no depende de él, lo que obligaría a competir con países que dependen del gas para la electricidad y las necesidades energéticas básicas», dijo.

Y agregó: «Eso corre el riesgo de hacer subir aún más los precios, beneficiando a los principales exportadores como Estados Unidos y Qatar, al tiempo que crea desventajas significativas para los países importadores y aquellos que dependen de productos derivados del gas, como los fertilizantes».

El núcleo del debate es si el NZF -acordado por primera vez en 2025- se adoptará como un paquete integral que combine normas de emisiones con un mecanismo de fijación de precios global, o si se diluirá bajo presión política.

Para muchos países del Sur en desarrollo, la distinción es fundamental.

«El marco aprobado en 2025 se diseñó cuidadosamente como un paquete que combinaba normas sobre combustibles y un mecanismo de fijación de precios», afirmó Michael Mbaru, experto en descarbonización marítima de la Oficina del Enviado Especial para el Clima de Kenia.

A su juicio, «el elemento de fijación de precios no es opcional: si desaparece, todo el marco desaparece».

Sin ese pilar financiero, advirtió Mbaru, la carga de la transición recaería de forma desproporcionada sobre las naciones más pobres.

«Sin él, los países en desarrollo corren el riesgo de tener que hacer frente a los costes de la transición sin las herramientas para gestionarlos, lo que haría que el sistema fuera menos justo y menos atractivo para la inversión», remarcó.

Añadió que la fragmentación —en la que las regiones adoptan normas distintas— complicaría aún más las cosas. «La fragmentación aumentaría la complejidad y los costes, especialmente para África, por lo que seguimos comprometidos con un único conjunto de normas globales y no estamos dispuestos a reabrir el marco», dijo el funcionario keniano.

Lo que está en juego ya es visible sobre el terreno. Mbaru señaló el aumento de los precios del combustible en Kenia, donde las recientes subidas de los costes de la gasolina y el diésel han tenido un efecto dominó en la economía, lo que pone de relieve lo vulnerables que siguen siendo muchos países a la volatilidad de los combustibles fósiles.

Más allá de la economía, las negociaciones también se perfilan como una prueba para el multilateralismo.

La reunión de la OMI de agosto del año pasado terminó en un punto muerto después de que una intervención de última hora de Estados Unidos y sus aliados interrumpiera lo que parecía ser un camino hacia la adopción.

Desde entonces, los países se han reorganizado y las alianzas -especialmente entre las naciones africanas- se han fortalecido.

«Estados Unidos es un factor disruptivo importante, pero esto no es simplemente un debate entre Estados Unidos y la ambición climática», dijo Mbaru. «El propio sector del transporte marítimo está pidiendo un marco global porque necesita previsibilidad y seguridad en las inversiones», explicó.

De hecho, uno de los aspectos más llamativos de las negociaciones actuales es la inusual alineación entre los reguladores y la industria.

«El sector del transporte marítimo es muy resistente, pero se ve limitado por la incertidumbre», afirmó Femke Spiegelenberg, del no gubernamental Foro Marítimo Global. «Sabemos que se avecinan cambios importantes, pero no sabemos cuándo ni cómo», lamentó.

Para los armadores y los inversores, esa incertidumbre se traduce en decisiones retrasadas y oportunidades perdidas.

«El NZF proporciona la certeza y las herramientas que el sector está pidiendo: normas claras, igualdad de condiciones y la capacidad de planificar e invertir», afirmó Spiegelenberg. «Está diseñado para reducir el riesgo y facilitar la inversión, y debilitarlo aumentaría la incertidumbre y socavaría la transición».

El impulso del sector a favor de la regulación marca un cambio notable en un rubro tradicionalmente receloso de las normas globales. Pero con miles de millones ya invertidos en combustibles alternativos como el amoníaco verde y el metanol, las empresas buscan cada vez más claridad sobre la dirección a seguir.

«Soy cautelosamente optimista», afirmó Rockford Weitz, de la Escuela Fletcher de la estadounidense Universidad de Tufts. «Si observamos los mercados energéticos mundiales y los miles de millones que ya está invirtiendo la industria, el transporte marítimo está liderando la transición», consideró.

Weitz señaló el creciente impulso en Europa y Asia, donde los principales actores están avanzando hacia los combustibles sin emisiones de carbono. «Para mí, el futuro está claro: es un futuro del transporte marítimo sin emisiones de carbono, aunque la política genere perturbaciones a corto plazo», anticipó.

Sin embargo, señaló, la política sigue siendo una fuerza poderosa.

«La administración Trump publicó su estrategia y un plan de acción para febrero de 2026, centrado principalmente en revitalizar la construcción naval estadounidense», detalló.

A juicio de Weitz, «si se analizan los detalles, en realidad debería apoyar esta transición, y lo mismo se aplica a Arabia Saudí».

«En cambio, la ideología se interpone en el camino de políticas que se alinean con sus propios intereses económicos, y ahí es donde reside la verdadera oportunidad», criticó.

El contexto geopolítico también está redefiniendo el cálculo económico de la descarbonización. El aumento de los precios de los combustibles fósiles, provocado por el conflicto en Medio Oriente, está haciendo que los combustibles alternativos sean más competitivos y reforzando los argumentos a favor del transporte marítimo ecológico.

Los analistas afirman que estos acontecimientos podrían acelerar la inversión en infraestructuras de energías renovables, especialmente en regiones con abundantes recursos solares y eólicos.

Para los países de África, Asia y América Latina, el NZF podría abrir nuevas oportunidades para la industrialización verde, si se aplica de manera eficaz.

Aun así, el camino a seguir sigue siendo incierto.

Los negociadores se enfrentan a tres grandes escenarios: un nuevo impulso para adoptar el NZF tal y como se acordó; un giro hacia medidas más débiles y de carácter meramente técnico, preferidas por algunos países; o un compromiso que retrase las decisiones mientras se busca un nuevo consenso.

Cada uno conlleva riesgos.

Un marco debilitado podría ralentizar la transición y agravar las desigualdades. Un sistema fragmentado podría aumentar los costes y la complejidad. Y nuevos retrasos podrían minar la confianza de los inversores en un momento crítico.

Por ahora, los expertos coinciden en un punto: el margen para una acción decisiva se está reduciendo.

Las decisiones que se tomen en las próximas semanas, afirman, tendrán repercusiones mucho más allá de las rutas marítimas, y determinarán el comercio mundial, los sistemas energéticos y los resultados climáticos durante las próximas décadas.

Como señaló Mbaru, lo que está en juego es tanto inmediato como a largo plazo: garantizar que la transición para abandonar los combustibles fósiles no solo sea ambiciosa, sino también justa.

«El marco debe reducir la exposición a largo plazo a las crisis de los combustibles fósiles», afirmó, «al tiempo que garantiza que los países con menor margen fiscal no se vean obligados a soportar la carga más pesada».

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Agricultores pueden ahora medir y beneficiarse del comercio de carbono de árboles frutales

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Escribe Wilson Odhiambo / Inter Press Service – Los agricultores ahora pueden conocer y beneficiarse de su contribución al cambio climático gracias a una fórmula que se puede utilizar para calcular la cantidad de carbono almacenado en los árboles frutales, como muestra una iniciativa desarrollada en Kenia.

En un proyecto denominado «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental», la Universidad de Agricultura y Tecnología Jomo Kenyatta (Jkuat), en colaboración con el Instituto Internacional de Agroforestería (Icraf, en inglés), desarrolló una fórmula matemática que permite a los agricultores calcular y determinar la cantidad de carbono que almacenan sus árboles frutales.

La fórmula implica el uso de ecuaciones alométricas, mediante las cuales el agricultor introduce el diámetro del árbol para obtener su biomasa, que luego se utiliza para determinar la cantidad de carbono que contiene.

El objetivo de este proyecto es animar a los agricultores a plantar más árboles frutales para promover la mitigación del cambio climático.

La fórmula se centra principalmente en los árboles de aguacate y mango, que son los tipos de árboles frutales más comunes cultivados por los agricultores que practican la agrosilvicultura en Kenia.

Tradicionalmente, había que talar los árboles para determinar la cantidad de carbono que contenían. Ahora, los agricultores pueden evaluar la cantidad de carbono almacenada en un árbol simplemente tomando medidas y haciendo un pequeño cálculo, en lugar de talarlo.

Con este conocimiento, los agricultores pueden mantenerse informados sobre su contribución al cambio climático mientras mantienen su medio de vida, lo que también les ayudará a negociar adecuadamente los créditos de carbono en el mercado de comercio de carbono, en rápido crecimiento.

Tierras agrícolas necesarias para el control del cambio climático

Según Shem Kuyah, el investigador responsable de la fórmula, la captura de carbono se realiza principalmente en los bosques, pero el aumento de la población humana ha dado lugar a actividades humanas que causan continuamente la destrucción y la disminución de los bosques.

Como resultado, se hizo urgente la necesidad de encontrar otras alternativas para la absorción de carbono, y las tierras agrícolas se consideraron una alternativa de conservación a través de la agrosilvicultura.

Kuyah es profesor en la Jkuat, en el departamento de agrosilvicultura.

«Uno de los principales objetivos del proyecto es formar y concienciar a los agricultores sobre la importancia de plantar árboles para el control del clima», afirmó Kuyah a IPS.

Anteriormente, la contribución al secuestro de carbono y a la mitigación del cambio climático se asociaba principalmente a los bosques.

«Sin embargo, con el aumento de la población humana, las reservas forestales comenzaron a disminuir, a pesar de la necesidad de más árboles para combatir el cambio climático. Por lo tanto, se consideró que las tierras agrícolas podían proporcionar espacio para plantar más árboles mediante la agrosilvicultura», explicó Kuyah.

Los agricultores dependen de sus tierras y cultivos para obtener ingresos, por lo que el proyecto tenía que promover la agrosilvicultura teniendo en cuenta los árboles más beneficiosos desde el punto de vista económico.

«Descubrimos que los agricultores preferían plantar árboles frutales y que los mangos y los aguacates eran las especies arbóreas más comunes», afirmó.

Beneficiarse del comercio de carbono igual a plantar más árboles frutales

Dada la importancia de los árboles frutales para el sustento de los agricultores, este proyecto no solo les dio una razón para cultivar árboles frutales para controlar el cambio climático, sino que también les proporcionó un incentivo financiero adicional: aprovechar el comercio de créditos de carbono.

Los créditos de carbono son certificados negociables en los que un crédito de carbono representa una tonelada métrica de CO₂ (u otro gas de efecto invernadero equivalente) reducida o eliminada de la atmósfera.

Permiten a las empresas y gobiernos altamente contaminantes compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero financiando proyectos que reducen o eliminan la contaminación, como iniciativas de reforestación o de energía renovable.

Más allá de su impacto climático, estos proyectos suelen aportar beneficios adicionales, como el empoderamiento de las comunidades, la protección de la biodiversidad o la mejora de la salud pública.

«Tenemos dos fórmulas que se utilizan para determinar la cantidad de carbono en los árboles. La fórmula general, que se puede aplicar a cualquier tipo de árbol, y la fórmula específica para cada especie, desarrollada para satisfacer las necesidades de los agricultores, determinan la cantidad de carbono en los árboles frutales», dijo Kuyah.

Esta última, precisó, «es más precisa en la cuantificación del carbono, ya que solo permite un error marginal (alrededor de 5 %) en comparación con la fórmula general (hasta un 40 % de error)».

Dado que los agricultores pueden determinar la cantidad de carbono sin talar sus árboles, la fórmula les anima a plantar más árboles frutales, lo que beneficia su sustento a través del comercio de créditos de carbono y contribuye a la mitigación del cambio climático.

Acuerdos de la COP30

El hecho de que las plantas sean la principal fuente de sustento de los agricultores convierte este proyecto en un activo importante para la mitigación del cambio climático, especialmente ahora, en un momento en el que las naciones parecen discrepar sobre las medidas de control del clima.

Han pasado diez años desde el Acuerdo de París de 2015, cuyo objetivo era limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados, con 2 grados como máximo absoluto, lograr emisiones netas de carbono cero a mediados de siglo y proporcionar apoyo económico a los países vulnerables al cambio climático.

Sin embargo, la financiación de esta iniciativa sigue siendo un reto.

Muchos países no han cumplido sus objetivos y, según la Organización Meteorológica Mundial, las emisiones de carbono alcanzarán un máximo histórico en 2024.

Los líderes mundiales aún no han llegado a un acuerdo amistoso sobre el camino a seguir en cuanto a las medidas y han puesto un énfasis considerable en encontrar formas de financiar la mitigación.

En la 30 Conferencia de las Partes (COP3) sobre cambio climático, celebrada en la ciudad brasileña de Belém en noviembre, se anunció la plena puesta en marcha del Mecanismo de Créditos del Acuerdo de París (PACM, en inglés), que regula los mercados de carbono.

Además, la Coalición para el Crecimiento de los Mercados de Carbono, lanzada en septiembre por los copresidentes de Singapur, el Reino Unido y Kenia, recibió el respaldo de 11 países y el apoyo de otros más durante las deliberaciones en Belém.

Los objetivos declarados de la coalición son armonizar, integrar y estandarizar dichos mercados para movilizar una mayor financiación para una acción climática más rápida y proporcionar un conjunto coherente de principios y salvaguardias requeridos por las empresas.

¿Cómo se beneficiarán los agricultores de árboles frutales?

El proyecto de Jkuat no solo aborda las medidas contra el cambio climático, sino que también fomenta la participación pública y la educación mediante la formación de los agricultores.

Desde que Kenia se unió al comercio de créditos de carbono en 2023, varios agricultores y propietarios de tierras se han quejado de haber sido estafados o de no haber recibido una compensación adecuada por su contribución a la reducción de carbono.

En un documental reciente, Carbon Contract, realizado por un medio de comunicación local de Kenia, los habitantes del noreste del país se quejaban de que solo recibían 20 % de la venta total de carbono de sus tierras, como parte de un acuerdo que preveía que un proyecto de compensación de carbono utilizara sus tierras durante un máximo de 30 años.

Los participantes se quejaban de la falta de transparencia del proyecto.

Sin embargo, el proyecto de «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental» tiene entre sus objetivos formar a las organizaciones cooperativas de ahorro y crédito de los agricultores y a los agentes de extensión sobre cómo utilizar la fórmula para calcular la cantidad de carbono de sus árboles.

Esa formación les da una ventaja a la hora de negociar los créditos de carbono.

La formación también incluye la comprensión de qué es el comercio de carbono y cómo funciona.

«Nuestra fórmula puede ayudar a los agricultores a negociar los créditos de carbono desde un punto de vista consciente», explicó Kuyah.

Destacó que «con una simple cinta métrica y una calculadora, los agricultores pueden determinar el valor de carbono de sus árboles, de modo que cuando se les acerquen programas relacionados con el comercio de créditos de carbono, sabrán exactamente cuánto deben recibir».

«También intentamos que nuestra fórmula fuera lo más fácil de entender posible para los agricultores, pidiéndoles solo que midieran el diámetro del árbol y lo utilizaran para calcular la cantidad de carbono con una calculadora», detalló.

«Estamos desarrollando una aplicación/interfaz que generará automáticamente la cantidad de carbono después de que el agricultor introduzca la especie y el diámetro del árbol. Actualmente, les hemos proporcionado una plataforma Excel que realiza los cálculos», amplió Kuyah.

El programa de formación para agricultores llevado a cabo por la Jkuat y el Icraf puede ser, por lo tanto, una de las muchas soluciones al cambio climático que se buscaron en Belém, durante la cumbre climática, la COP30, desarrollada entre el 10 y el 22 de noviembre.

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El Ártico da señales de alarma sin precedentes

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Inter Press Service – El Ártico, el termómetro del planeta, está dando señales de alarma sin precedentes: se está calentando a un ritmo vertiginoso, transformando su paisaje helado en un entorno más cálido, húmedo e impredecible, alertó en un informe este jueves 18 la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El cambio climático “está dejando el Ártico irreconocible”, y “lo que pasa en el allí no se queda en el Ártico, ya que su transformación afecta de manera negativa a todo el planeta”, asienta el Arctic Report Card 2025, un informe respaldado por 112 científicos de 13 países.

El informe documenta pérdidas de hielo históricas. Los glaciares del Ártico escandinavo y del archipiélago noruego Svalbard, en la confluencia de os océanos Ártico y Atlántico, sufrieron entre 2023 y 2024 la mayor pérdida neta anual de hielo jamás registrada.

La Capa de Hielo de Groenlandia, la isla danesa en el extremo noreste del hemisferio americano, perdió 129 000 millones de toneladas de hielo en 2025, una cifra que, aunque inferior al promedio anual de las últimas dos décadas, confirma una tendencia de pérdida neta a largo plazo.

Retroceso glaciar

En Alaska, entre el Pacífico y el Ártico, los glaciares han perdido una media de 38 metros de espesor vertical desde mediados del siglo XX, reduciendo de forma generalizada la altitud de las superficies heladas.

Ese retroceso glaciar sigue siendo un factor clave del aumento del nivel del mar, con impactos que van desde la amenaza a las reservas de agua dulce en comunidades árticas hasta un mayor riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y tsunamis que afectan a personas, infraestructuras y líneas costeras.

El hielo marino más antiguo y grueso del Ártico (de más de cuatro años) ha disminuido en más de 95 % desde la década de 1980. En marzo de 2025, el hielo marino invernal del Ártico alcanzó la extensión máxima anual más baja en los 47 años de registro satelital.

El informe subraya una aparente paradoja: durante la temporada de nieve 2024-2025, la acumulación fue superior a la media en amplias zonas del Ártico y se mantuvo elevada hasta mayo. Pero en junio la extensión de la cubierta nival cayó por debajo de los valores normales, en línea con lo observado durante los últimos 15 años.

Actualmente, la extensión de nieve en junio es aproximadamente la mitad de la registrada hace seis décadas, una señal clara de un cambio estructural en el sistema climático ártico.

Uno de los fenómenos más llamativos documentados por el informe es el de los “ríos oxidados”. En más de 200 cuencas hidrográficas de Alaska, el deshielo del permafrost ha liberado hierro y otros elementos que han teñido de color naranja ríos y arroyos anteriormente prístinos.

Enverdecimiento del Ártico

El aumento de la acidez y la presencia de metales potencialmente tóxicos están deteriorando la calidad del agua, comprometiendo los hábitats acuáticos y acelerando la pérdida de biodiversidad.

Detectado por primera vez a finales de los años 90 del siglo pasado, el “enverdecimiento del Ártico” continúa intensificándose. En 2025, la tundra ártica alcanzó su tercer nivel más alto de verdor máximo desde que existen registros satelitales, prolongando una serie de valores récord o casi récord iniciada en 2020.

Este proceso tiene efectos de gran alcance sobre los ecosistemas, las condiciones del permafrost (suelo congelado) y los medios de vida de las poblaciones árticas, además de influir en el ciclo global del carbono y en el clima planetario.

El informe destaca transformaciones estructurales en curso: la “atlantificación”, que empuja aguas más cálidas y salinas hacia el norte; la expansión de especies boreales en ecosistemas tradicionalmente árticos, y la creciente movilización de metales asociada al deshielo del suelo permanentemente congelado.

Advertencia final es inequívoca

“Calor récord, mínimos históricos de hielo marino, glaciares en retirada, calentamiento continuado del océano y eventos extremos sin precedentes están redefiniendo esta región”, señala el informe.

El estudio fue respaldado por la estadounidense Administración Nacional Atmosférica y del Espacio, y por el Programa de Monitoreo y Evaluación del Ártico que asesora al Consejo del Ártico integrado por Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia y Suecia.

La advertencia final es inequívoca, asienta la OMM: lo que ocurre en el Ártico no se queda en el Ártico. Los cambios en la región que se calienta más rápido del planeta ya están influyendo en el sistema climático global, los océanos y la estabilidad ambiental de todo el mundo.

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