narcotráfico

En otro operativo costero la Policía incautó 37 kilos de marihuana y narcos huyeron a los tiros

Compartí esta noticia !

Nuevamente en la continuación de la avenida Kolping y Río Paraná, Toxicomanía sorprendió a “mulas” cuando cargaban panes de Cannabis en la zona ribereña considerada una de las “rutas” utilizadas por los traficantes en la capital provincial.

 

A escasos metros del bañado donde en junio un narco paraguayo fue atrapado con panes de marihuana, ahora la Policía de Misiones nuevamente frustró el traslado de 37 kilos de marihuana fraccionados en panes que eran cargados por narcos quienes huyeron abriendo fuego hacia los investigadores.

Esta ruta “ribereña” está siendo monitoreada por la Dirección Toxicomanía desde hace varios meses, en el marco del Operativo Conjunto Abierto Frontera Misiones (OCAF-MIS). En esta oportunidad los traficantes fueron detectados entre malezas, en la continuación de la avenida Kolping y Río Paraná. El valor de la droga incautada asciende a 629 mil pesos.

El estupefaciente fue puesto a disposición del Juzgado Federal de Posadas.

Sólo bajo esta modalidad de procedimientos encubiertos y de sumo riesgo, la Policía de Misiones con supervisión del Ministerio de Gobierno ya ha incautado más de 6 toneladas de marihuana en este año.

Compartí esta noticia !

Macri, sin filtro contra los narcos: “Hacen mierda a nuestros jóvenes”

Compartí esta noticia !

El presidente Mauricio Macri salió con los tapones de punta contra los narcotraficantes y aseguró que el Gobierno combatirá al narcotráfico “hasta que los echemos a patadas de la Argentina”. En un encendido discurso en el cierre de un acto de Cambiemos en Mendoza, el mandatario se salió de su habitual corrección discursiva para atacar a los narcos que “destruyen a nuestras familias y hacen mierda a nuestros jóvenes”.

Durante un encuentro que encabezó en la sede de la Federación de Box local en donde presentó a los candidatos de Cambiemos en la provincia, Macri sostuvo que avanzará sobre el narcotráfico “sin miedo y sin complicidades” y sostuvo que las elecciones de este año son una oportunidad “para consolidar el cambio frente a los que nos quieren llenar de miedo”. De cara al futuro, el Presidente aseguró que “no hay excusas para ningún político, para ningún juez, para ningún fiscal, para ningún policía a ser cómplice de ellos”.

Macri habló en el cierre del acto, que tuvo como oradores también al gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, al intendente de la capital provincial, Rodolfo Suárez, y a la primera precandidata a diputada nacional de Cambiemos, Claudia Najul.

Metido de lleno en la camñpaña electora, el Presidente le recordó a sus militantes que “en algunas semanas más vamos a tener la oportunidad de decir que hemos decidido un cambio”. En ese snetido, el mandatario sostuvo que “no queremos vivir más en el todo contra todos”.

Previamente, el gobernador Cornejo presentó a los precandidatos a diputados nacionales de Cambiemos y dijo que la lista que encabeza Claudia Najul, acompañada por Luis Petri y Federico Zamarbide en los primeros puestos, “representa a todas las regiones de la provincia”. El mandatario cuyano destacó, además, la importancia de poder reafirmar en las próximas elecciones el rumbo de un país “con una economía sana” y en el que sobresalen los valores del “respeto y la honestidad”.

Compartí esta noticia !

Los policías de Río de Janeiro: servir, proteger, matar y morir

Compartí esta noticia !

RÍO DE JANEIRO, New York Times. — La primera vez que mató, André Luiz de Oliveira buscó el consejo de su padre.

Oliveira se había convertido en policía porque estaba en su sangre: siempre que su papá se ponía el uniforme, le fascinaba el brillo del cinturón y el lustre de las botas. Había crecido escuchando historias sobre servir y proteger, rodeado de policías que iban a su casa los fines de semana para disfrutar de un churrasco, convencido de que luchaban del lado de los buenos.

Pero quitarle la vida a alguien no le parecía natural. Así que aquel día de 1999, cuando abatió en un tiroteo a dos hombres armados que acababan de atracar una ferretería, la primera persona a la que llamó fue a su padre. “Quédate tranquilo”, le dijo, “va a pasar muchas veces. Es una consecuencia de tu vida”.

 

Después de casi 20 años, el hoy sargento segundo de la Policía Militar de Río de Janeiro dice que no recuerda a cuántas personas ha matado en servicio ni tampoco los compañeros que han muerto. Su única certeza, dijo en el salón de su casa, es que cuando entra en una favela va a haber tiros.

“Esto no es Beverly Hills, esto es Río de Janeiro y aquí se vive una guerra por territorio no declarada”, dijo el sargento Oliveira, un hombre de 43 años que parece una réplica humana de un G.I. Joe: mandíbula cuadrada, pómulos pronunciados, cejas espesas, pelo al rape: “Río de Janeiro es una ciudad en la que mueres por tu trabajo”. En lo que va del año, 84 policías han sido asesinados, el número más alto de la última década, la mayoría fuera de servicio.

La policía de Río de Janeiro es la que más muere en Brasil, pero también la que más mata: 480 casos en los primeros cinco meses este año, según el Instituto de Seguridad Pública (ISP), el mayor número desde que se creó la Unidad de Policía Pacificadora en 2008, un proyecto que pretendía retomar el control del tráfico en las favelas a través de la ocupación policial. En la “guerra” del sargento Oliveira y de los cerca de 47.000 policías militares de Río de Janeiro, “servir y proteger” equivale muchas veces a eliminar al enemigo, representado casi siempre por los miembros de las tres facciones criminales que dominan la ciudad: el Comando Vermelho, Terceiro Comando Puro y Amigos dos Amigos.

“Existe una indignación selectiva en la sociedad dependiendo de quién muere. El joven negro que vive en la periferia parece un sujeto matable”, dijo Renata Neder, asesora de derechos humanos de Amnistía Internacional en Brasil. “La favela es un territorio enemigo a ser conquistado. En esta lógica de guerra, las víctimas por las llamadas balas perdidas son aceptadas como daños colaterales. Si la policía parara de matar tendríamos entre un 20 y un 25 por ciento de descenso en los homicidios”.

En Brasil existe el dicho “Bandido bom é bandido morto” (Criminal bueno es criminal muerto) y, según varios estudios, más de la mitad de la población está de acuerdo con estas palabras.

En Río de Janeiro existe una cuarta organización criminal: la milicia, grupos paramilitares formados muchas veces por expolicías (o policías en activo) que supuestamente combaten al narcotráfico en las comunidades y se han convertido en una mafia.

“Los milicianos no suelen enfrentarse a la policía. Entramos en sus comunidades sin problema”, dijo el sargento Oliveira. La milicia vive de la extorsión en los barrios que controla. La corrupción en la policía también llega a otros niveles. La semana pasada, la Policía Civil realizó un operativo contra 96 policías militares del 7.º Batallón en Sao Gonçalo, acusados de recibir sobornos del Comando Vermelho por un millón de reales al mes (unos 300 mil dólares). Los policías fueron acusados de secuestrar traficantes, extorsionarlos y revender armas y drogas entre otros delitos. Los investigados suman 250 homicidios en servicio, uno de los números más letales de los batallones de la ciudad.

“La violencia brasileña es histórica y se agudizó por la dictadura militar. Continuamos con las mismas instituciones y el mismo sistema, tratando al crimen como una lucha del bien contra el mal”, explicó el Coronel Ibis Pereira da Silva, quien llegó a comandar la Policía Militar de Río de Janeiro, un cuerpo castrense formado antes de los tiempos de la República.

Pereira da Silva es un hombre bajito de una calva redonda perfecta, que durante la entrevista llevaba bajo el brazo un libro de poesía y hablaba con pasión sobre el escritor mexicano Juan Rulfo. No encaja mucho con el perfil de soldado que tiene un policía militar; sus más de 30 años dentro del cuerpo lo han hecho crítico.

“La lógica de guerra sale de los cuarteles y la sociedad se va militarizando. Va creyendo que para enfrentar al crimen, necesitas la guerra. Que las muertes de la guerra son normales”, dijo. “La policía, de manera general, está enferma. La guerra, sin duda, fractura a la humanidad. Todos los policías somos víctimas de eso”.

‘Somos guerreros, somos cazadores’

A las afueras del Batallón 41 de la Policía Militar, el último creado en el estado de Río de Janeiro, hay un letrero con una abeja musculosa que sostiene un fusil acompañada de la leyenda: “Hombres comunes convertidos en extraordinarios”.

Adentro del lugar, donde antiguamente producían miel, hay decenas de patrullas medio descompuestas y un vehículo blindado —el caveirão— lleno de disparos de fusil sin un par de neumáticos. El Batallón 41 se encuentra en la Zona Norte, en medio de los complexos de Pedreira y Chapadão, una de las zonas más peligrosas de la ciudad, donde coexisten los tres grupos del tráfico. En este ecosistema de operaciones policiales, enfrentamientos armados, robos al transporte, tráfico de drogas y de armas, el 41 es el batallón más letal de Río de Janeiro.

El mayor Marcio Alexandre suele animar a sus soldados diciéndoles: “Somos guerreros, somos cazadores. Tenemos que actuar y garantizar la seguridad de todos”. El 41, para él, es un batallón de héroes. También es el que peor fama tiene. Desde su creación, en 2010, es la unidad con más “autos de resistencia” del estado: muertes en las que la policía alega legítima defensa. Según Amnistía Internacional, el 92 por ciento de los casos quedan impunes. El año pasado, el Batallón 41 registró 117 autos de resistencia, el 12 por ciento de los registrados en toda la ciudad.

“La letalidad policial en Brasil no está fuera del derecho, está dentro. El auto de resistencia es un documento jurídico que no analiza la actuación policial. Lo que importa es quién muere. La letalidad es una función de la policía en Brasil y en especial en Río”, dijo Orlando Zaccone, delegado de la Policía Civil y autor de la tesis “Indignos de Vida: la forma jurídica de la política de exterminio de enemigos en la ciudad de Río de Janeiro”.

El 28 de noviembre de 2015 cuatro policías del Batallón 41 asesinaron a cinco jóvenes. Los agentes buscaban a los responsables del saqueo de un camión. Vieron un auto y dispararon 111 veces. Sin ningún enfrentamiento de por medio. “Fue un error que está siendo juzgado. Cuando trabajas con vidas, si cometes un error puede acabar con muertos. No es por minimizar la muerte de aquellas personas. Es como en un juego de fútbol: si el portero falla, es gol y ese gol puede acabar con el partido”, justificó Alexandre. “No es que sea un batallón letal, es una realidad de violencia. El enfrentamiento acaba siendo natural”.

El 30 de marzo de 2017, el mayor Alexandre se preparaba para ir al funeral de Fernando Santos, un policía militar que había muerto tratando de impedir un asalto. Días antes, un soldado de su batallón, Pedro Araújo, había recibido un tiro en la cabeza. Esa mañana todavía agonizaba en el hospital.

“Tiene un impacto en la salud mental de la tropa, aunque sea una banalización: uno más que muere en el frente… El policía acaba perdiendo la sensibilidad. Queda en shock. Es natural”, dijo el portavoz de la Policía Militar, Iván Blaz, quien estaba presente en la entrevista ese día antes del funeral.

Después del entierro de Santos en el Jardím da Saudade, donde cientos de policías militares despedían a su colega con salvas, el Batallón 41 volvió a los medios. María Eduarda da Alves, de 13 años, había muerto de un disparo durante un fuego cruzado entre la policía y el crimen cuando estaba en clase de educación física. Un habitante grabó a dos policías del 41 mientras ejecutaban a dos jóvenes armados que yacían en el suelo.

Los que más mueren

El teniente Nelson da Silva viste una camiseta negra con la leyenda S.O.S POLICIAL, un grupo que fundó para denunciar la situación de los policías militares: las precarias condiciones de chalecos y armamento; los retrasos en el sueldo; el impago de los adicionales por la crisis financiera del estado, que hace menos de un año acogía unos juegos olímpicos, y, sobre todo, las muertes de compañeros. Uno de sus lemas es una frase extendida entre los policías: “Derechos Humanos para Humanos Derechos”.

“Hoy matar a un policía es una victoria [para los criminales]. Y no sentimos que haya castigo. A veces, cuando un policía mata a un criminal acaba preso”, se quejó Da Silva.

En una ciudad en guerra, como la definen sus soldados, la policía muere mucho pero mata más. En un periodo de 10 años, entre 2005 y 2014, hubo 8471 homicidios policiales en el estado de Río de Janeiro. En ese mismo tiempo, 1261 policías fueron asesinados. Tampoco matan y mueren en las mismas circunstancias.

“El policía mata en enfrentamiento, cuando está en la punta de la lanza, pero muere en el bar, muere en el trayecto a casa”, explicó Giniton Lages, delegado de Homicidios de la Policía Civil en la Baixada Fluminense, la región más violenta del estado.

Ser policía en la cidade maravilhosa implica perder ciertos derechos. Es común secar el uniforme en el horno para que los vecinos no sepan que un policía vive en el barrio. También dejan de ir a lugares públicos y sus relaciones personales cambian. El delegado de Homicidio de la Policía Civil, Rivaldo Barbosa, dijo en marzo que un 80 por ciento de los policías moría porque iba armado. Ninguno de los policías entrevistados se atreve a salir a la calle sin su arma.

En febrero, mujeres e hijas de los policías de Río de Janeiro organizaron una huelga y bloquearon las puertas de algunos batallones para que sus familiares no pudieran salir a trabajar (el código militar por el que se rige la PM impide el sindicato o la huelga).

“La mujer del policía se despide del marido cuando sale al trabajo pero no sabe si va a volver”, dijo Janira Rocha, esposa de un teniente retirado que participó en la protesta. “A veces lo llamaba y escuchaba ‘Pam-pam-pam-pam’. El día a día era el enfrentamiento”.

Rocha cuenta que su marido cambió en los 30 años que estuvo en el cuerpo. A veces llegaba a casa sin ganas de comer ni hablar. Critica los métodos de entrenamiento, la exaltación a la bandera, al nacionalismo, a lo macho, a lo heroico. “Por ejemplo, tiran una bomba de gas lacrimógeno en un lugar y ven quién es el que consigue permanecer más tiempo ahí. El entrenamiento es muchas veces inhumano, a veces torturador. Pero para ellos es una cuestión de honor”.

Rocha también conoce los esquemas de corrupción dentro de la policía. La mayoría de los comandantes, dice, tiene redes articuladas con el tráfico. “Los soldados recogen el dinero. Hay policías que aceptan y policías que no. Y aunque no estés en el esquema de cierta forma participas porque sabes lo que está pasando. Si te resistes eres un paria”.

María Rosemeyre de Oliveira estaba embarazada de cuatro meses cuando mataron a su marido, el soldado Marcelo da Silveira. Una prima con problemas mentales se había escapado y su esposo fue a buscarla. Estaba saliendo de servicio y todavía tenía su uniforme en la maleta del coche. Un grupo de traficantes lo interceptó y descubrió que era policía. Lo mataron a él y a un amigo que lo acompañaba. “Lo entendería si hubiera muerto en un enfrentamiento, si estuviera en combate porque ese es su trabajo. Pero ¿solo por ser policía?”.

La ‘tregua’

El sargento André Luiz de Oliveira guarda en su casa un álbum con recortes de la prensa local que narran sus hazañas como policía: detenciones de traficantes, incautaciones de armas y drogas, enfrentamientos que duran horas. En la estantería de su salón hay expuestos dos trofeos al “Mejor policía del año” que concede un diario de sucesos de São Paulo. Entre sus recuerdos más preciados está una foto montada en la que tanto él como su padre visten el uniforme. Oliveira parecía un policía orgulloso de ser policía. “¿Vamos a dejar al tráfico imponer su ley? Ellos ahí matan. Ellos son jueces. Imagina salir con tu hijo y ver a un tipo con un fusil y una bolsa de cocaína vendiendo en la puerta de tu casa. Los niños acaban pensando que aquello es normal. Y los bandidos se convierten en sus héroes”, dijo aquella noche de marzo. También dijo que el policía corrupto no era policía, sino un delincuente.

La semana pasada, Oliveira volvió a aparecer en la prensa local. Pero esta vez no reseñaban sus operativos. El sargento es uno de los 96 implicados en la mayor operación de la historia de Río contra la corrupción policial.

Compartí esta noticia !

Gendarmería incautó cerca de 160 kilos de marihuana en Colonia Delicia

Compartí esta noticia !

La droga estaba acondicionada en 512 paquetes distribuidos en el interior de la carrocería de un vehículo. El can detector de narcóticos “Nara” alertó a los uniformados. Hay un detenido.

Gendarmería Nacional, en el marco de la lucha contra el narcotráfico llevado adelante por el Ministerio de Seguridad de la Nación a cargo de Patricia Bullrich y que se encuentra bajo la conducción operativa del Comandante General Gerardo José Otero, secuestró 156 kilos 277 gramos de marihuana que eran transportados ocultos en distintas partes de la carrocería de un automóvil. El chofer fue detenido. El hecho tuvo lugar en la localidad misionera de Colonia Delicia.

Los efectivos de la Unidad de Investigaciones dependiente del Escuadrón 10 “Eldorado”, con apoyo investigativo del personal perteneciente al Escuadrón 13 “Iguazú”, mientras realizaban una patrulla eventual, divisaron sobre la Ruta Nacional N° 12, en cercanías a la localidad de Colonia Delicia, un vehículo que egresaba de un camino terrado, realizando maniobras bruscas.

Tras un seguimiento controlado hasta el acceso principal de la localidad María Magdalena (Puerto Mado), losgendarmes detuvieron al auto marca Chevrolet Meriva, el cual era conducido por un hombre de actitud sospechosa. Al realizar la inspección correspondiente, se detectó un excesivo perfume de desodorante de ambiente y sobre el asiento trasero un pote de grasa vehicular utilizado generalmente para ocultar el olor de estupefaciente.

Los uniformados al solicitar el apoyo del binomio guía- can detector de narcóticos “Nara” y ante testigos, observaron cómo la perra rasguñaba sobre el torpedo sector de la palanca de cambio, en el zócalo y en el baúl.

Por lo que inmediatamente, los funcionarios procedieron a trasladar el vehículo hasta la unidad para realizar un control minucioso, constatando que en el interior del mismo se hallaban 512 paquetes rectangulares con 156 kilos 277 gramos de “cannabis sativa”.

Intervino en la causa la Fiscalía Federal de Eldorado, quien dispuso la detención del ciudadano, la incautación de la droga y del vehículo.

Compartí esta noticia !

Detuvieron a cuatro mujeres que salieron de Eldorado con más de 16 kilos de marihuana adosados al cuerpo

Compartí esta noticia !

En Corrientes, dos mujeres viajaban desde Eldorado hacia Córdoba capital con un total de 8 kilos 374 gramos de marihuana acondicionados en 6 “ladrillos”, y 2 paquetes pequeños que contenían 29 gramos de hachís.  En Misiones, dos ciudadanas trasladaban 12 panes con 7 kilos 970 gramos de “cannabis sativa” desde Eldorado hacia Buenos Aires.

Gendarmería Nacional, en el marco de la lucha contra el narcotráfico llevado adelante por el Ministerio de Seguridad de la Nación a cargo de Patricia Bullrich y que se encuentra bajo la conducción operativa del Comandante General Gerardo José Otero, detuvo a 4 mujeres de nacionalidad paraguaya que viajaban en transportes públicos de pasajeros con 16 kilos 344 gramos de marihuana y 29 gramos de hachís adosado al cuerpo. Este accionar se desarrolló como resultado de dos procedimientos realizados en la localidad correntina de Ituzaingo y en la ciudad misionera de Posadas.

Efectivos del Escuadrón 47 “Ituzaingó”, mientras realizaban controles sobre el kilómetro 1.274 (Paraje Filadelfia), de la Ruta Nacional N° 12, inspeccionaron un micro de larga distancia. Ante testigos, los uniformados controlaron a dos ciudadanas de nacionalidad paraguaya que viajaban desde la ciudad misionera de Eldorado con destino final la cuidad capital de Córdoba, evidenciando contradicciones en su relato sobre el viaje.

Inmediatamente, se constató que cada una transportaba adherido al cuerpo tres “ladrillos” de “cannabis sativa”. Asimismo, una de ellas también llevaba adosado 2 paquetes pequeños que, por sus características, sería hachís (una sustancia concentrada hecha a base de extracciones de marihuana). Personal de Criminalística y Estudios Forenses llevó a cabo las pruebas de orientación Narcotest, arrojando positivo para marihuana, con un peso total de 8 kilos 374 gramos, y para sustancia hachís (29 gramos).

Intervino el Juzgado Federal de Corrientes N° 2, a cargo del Doctor Vallejos Juan Carlos, quien orientó el decomiso de la droga como así también la detención de las ciudadanas involucradas.

En el segundo procedimiento, efectivos dependientes del Escuadrón 50 “Posadas” desplegados en una patrulla fija de la Terminal de la ciudad capital, controlaron un ómnibus de pasajeros procedente de Puerto Iguazú con destino Buenos Aires, con la ayuda de un can detector antinarcóticos, el cual reaccionó ante dos pasajeras oriundas de la República del Paraguay quienes habían abordado en la ciudad de Eldorado (Misiones). Posteriormente, se comprobó que llevaban un total de 12 “panes” adheridos al cuerpo, con un peso total de 7 kilos 970 gramos de marihuana.

Por disposición del Juzgado Federal de Posadas, se detuvo a ambas mujeres y se decomiso el estupefaciente.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin