norberto alayon

Acerca de la “casta” política

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Resulta evidente que los comportamientos de muchos políticos son verdaderamente aberrantes y contribuyen al debilitamiento de la democracia como sistema y a la pérdida de credibilidad de los representantes públicos del interés colectivo.

Si los “representantes del pueblo” violentan -¡y de qué modo en tantas ocasiones!- el mandato recibido para defender el bien común, la desconfianza ciudadana se instala y crece la desvalorización de la política como alternativa idónea para regular y articular intereses diversos y para evitar el predominio de algunos sectores sociales sobre otros.

Pero a los “méritos” propios de muchos de esos malos políticos, se suma una vasta y significativa prédica que atravesó la conciencia de gran parte de la población, focalizando la desgracia del país sólo en el accionar de los políticos y liberando de hecho y simétricamente de responsabilidad a otros actores sociales.

De este modo, los empresarios, los banqueros, los organismos internacionales, los medios de comunicación, etc., aparecen casi como impolutos y carentes de todo tipo de responsabilidad en la degradación del funcionamiento general de la sociedad.

La gran proliferación de cuestionamientos, de diatribas, de mofas, hacia la “casta política”, no guarda relación con la insuficiente impugnación hacia otros actores que tienen “méritos” similares.

En muchas oportunidades aparece con absoluta claridad que, detrás de la crítica y de la desvalorización de los políticos y de la política, está el mercado (y los mercaderes) como alternativa supletoria y eventualmente eficiente para conducir los destinos de la Nación.

En ese sentido, la década de los 90 y el más reciente macrismo asociaron -con éxito fatal- la farandulización y degradación de la política con el endiosamiento del mercado como posibilidad redentora de los problemas nacionales. Precisamente, este tipo de política y este tipo de mercado construyeron una alianza efectiva que condujo al país al retroceso más profundo de toda su historia.

En los últimos años se ha profundizado con mayor intensidad la prédica antiestatista, generando la aceptación de ideologías ultraliberales y conservadoras, por parte de vastos sectores de la población, principalmente jóvenes.

Convendrá, entonces, auscultar cuidadosamente qué consecuencias puede tener la sistemática desvalorización de la política y qué tipo de intención subyace y prevalece en las extendidas críticas que identifican a los políticos casi como los únicos responsables de todos los males.

Despotricar, ingenua o interesadamente, sólo contra los políticos y la política (con su consiguiente desgaste), puede abrir el camino, nuevamente, a desgraciadas experiencias guiadas por los sectores de mayor concentración y poder económico e instrumentadas por actores autoritarios.

La revalorización de la política (también por los políticos), en el sentido de profundo servicio y representación cabal de los intereses del conjunto de la población, resulta imprescindible para garantizar el resurgimiento del país. De la crisis se podrá salir con más política y no con menos.

* Norberto Alayón es profesor titular consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

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Manual casero para la militancia

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No soy joven, no soy obrero, no vivo en barrios populares, no sufro hambre, tengo vivienda propia, estoy jubilado y quiero militar por la vigencia de proyectos nacionales y populares.

Tuve militancia política orgánica hace muchos años; ahora no. No vengo del peronismo, pero ya son muchos en la actualidad que me dicen o creen que soy o me volví peronista. Pero no, me sigo pensando o creyendo de izquierda nacional.

Sufrí y sufro, como la mayor parte de las y los argentinos, la pandemia macrista a la que, para preservar cierto buen gusto y el estado de ánimo, evitaré referirme en detalle en esta breve nota. Claro que lo mío, en comparación con una enorme cantidad de extremadamente sufridos compatriotas, se trata de un padecimiento no vital en relación a las condiciones materiales de subsistencia.

Soy un argentino que aún aspira a ser reconocido y sobre todo auto reconocido entre los que en épocas pretéritas se describía como alguien “bien nacido”, para referirse al amor por lo nacional y a la indignación contra todo aquello (y aquellos) que signifique pensar y accionar en contra de las mayorías, en contra de los históricamente subordinados, en contra de la igualdad de derechos, en suma en contra de la justicia social.

Tengo muchos amigos y conocidos, peronistas y de otras viejas procedencias, militantes o no, de pensamientos y de condiciones de vida similares a mí, que se mostraron descorazonados, desalentados y no concurrieron a votar en las recientes elecciones. No tengo dudas de su adscripción al campo de lo nacional y popular, pero expresaban y argumentaban el por qué de su apatía y reticencia en variadas razones: que la elección que valía sería la de noviembre; que no había varias opciones entre los distintos espacios del Frente de Todos; que existía sectarismo en algunos y ello derivaba en insoportables imposiciones excluyentes, etc. Todo ello con fundamentaciones y en muchos casos con referencias empíricas incontrastables.

Desazón y rabias varias hicieron olvidar una premisa central de la política, cual es la necesidad de identificar siempre al adversario principal. Y es que del otro lado seguía estando y está el macrismo y sus variados aliados, sustentados por países y organismos extranjeros y por muy poderosos sectores locales que defienden sus intereses, apelando a cualquier tipo de acciones, en perjuicio del interés del conjunto de la comunidad argentina.

Y ante los resultados tan adversos de la reciente elección surge el interrogante acerca de qué podríamos hacer para que la debacle electoral en noviembre no se mantenga o aún se incremente.

Es sabido que en la actualidad la búsqueda de adhesiones políticas, y de votos en concreto, por parte de las llamadas “derechas” a nivel mundial transita por nuevos y sofisticados mecanismos de captación de datos y perfiles de los votantes, construcción de mensajes en base a esos perfiles, segmentaciones etarias, difusión canallesca de mentiras que se convierten en “verdades” irrebatibles, apelación a las peores formas de fortalecimiento de todo lo ajeno a la racionalidad.

Las próximas elecciones son muy importantes para defendernos de esas corrientes y para robustecer y profundizar el proyecto nacional y popular. No entenderlo así, contribuirá objetivamente a la revitalización de todo el arco de las “derechas” locales varias, desde las “palomas” que anhelan la presidencia de la nación para el 2023, hasta las expresiones más extremas de los “halcones” y las emergencias bolsonaristas de los falsos “libertarios” con reminiscencias hitlerianas. Todos ellos son los poderosos enemigos de los sectores populares.

De ahí que preservar con total convicción el criterio de la unidad y defensa de la legitimidad presidencial, más allá de todos los matices existentes, de debilidades, de personalismos, en el contexto de tremendas adversidades internacionales y nacionales, debe constituir la opción estratégica central y requiere de nuestro irrestricto apoyo.

Hay que sumar, aunque sea de uno en uno, las voluntades y los votos para la próxima elección. Como decía nuestro Martín Fierro: “hasta el pelo más delgado, hace su sombra en el suelo”.

Recuerdo que en vísperas de las elecciones de septiembre de 1973, el candidato Juan Domingo Perón recibió al líder de la izquierda nacional en Argentina, quien había ido a ofrecerle su apoyo para la postulación presidencial. El viejo general, en la perspectiva de sumar, aceptó la adhesión y entre bromas recordó un refrán popular español: “maíz por maíz el loro se comió el maizal”. ¡Caray, que no era ningún gil Perón, para hacer política!

Yo, obviamente, estoy a “años luz” de Perón. Pero, por lo menos, no quisiera ser un anciano totalmente gil. Y entonces ¿qué puedo hacer para contribuir, aunque mínimamente, como simple ciudadano desde una militancia no orgánica? Primero, identificar lo crucial de la elección de noviembre. Segundo, fortalecer la confianza personal y de nuestros allegados en que se pueden mejorar los malos resultados recientes, para buscar revertir las condiciones que mantienen en situaciones de extrema necesidad a gran parte del pueblo.

Y tercero, lo principal, hablar con todos nuestros amigos y conocidos, que mostraron renuencia y hasta malestar, para que comprendan la importancia de concurrir a votar, de no votar en blanco, de no impugnar y fundamentalmente de votar sin duda alguna -a pesar de que no coincidamos en todo- al FRENTE DE TODOS.

Si perdemos, a manos del macrismo que será muchísimo peor esta vez, no pierde el peronismo, ni el albertismo, ni el kirchnerismo, ni ningún otro ismo: PERDERÁ LA PATRIA.

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Democracia o Barbarie

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El gobierno atraviesa un muy difícil momento. Acosado por la brutal herencia recibida del macrismo, por la pandemia del coronavirus mundial y local, y por la derechización global del mundo, debe conducir el proyecto nacional y popular que propuso para ser elegido en diciembre de 2019, hace apenas nueve meses.

Pero no tiene respiro, ante las enormes dificultades y la persistente campaña sin límites, llevada a cabo desde diversos ámbitos, de los sectores conservadores de la sociedad que anhelan e impulsan el caos total, para intentar recuperar el poder institucional de la nación.

Las propuestas y acciones desestabilizadoras y golpistas, de obvio tenor antidemocrático, se despliegan obscenamente a diario en la perspectiva de atenazar e impedir la puesta en marcha de políticas que respondan a las necesidades e intereses del conjunto de los habitantes y en especial de las mayorías populares.

Está claro que no se puede esperar otro tipo de comportamientos de los sectores conservadores del país. Defienden sus intereses con uñas y dientes, y hasta con terror y sangre como se pudo observar en distintos períodos de nuestra historia. Son violentos y antidemocráticos, y barbarizan la vida cotidiana, apelando a cualquier medio, sin pudor alguno, con irracionalidad absoluta, con odio inimaginable.

Esperar una oposición responsable de la derecha, para poder ayudar al país a salir de la crisis estructural que nos dejó el macrismo neoliberal, es ilusorio y puede ser riesgoso para el gobierno y para el campo popular.

Cabe, entonces, en primer lugar, no subestimar a estos sectores en su convicción y capacidad de hacer daño al país, esmerilando y debilitando al gobierno democrático por todos los medios a su alcance.

Macri con su nota en el diario de la oligarquía “La Nación”; Ernesto Sanz induciendo, a modo de pregunta, “cuánto tiempo más demora esto en explotar”; Patricia Bullrich asumiendo la “posible sustitución de este gobierno en el 2021; Eduardo Duhalde, siendo o haciéndose el psicótico, vaticinando un golpe de estado y luego afirmando que el presidente Fernández esta “grogui”; la denunciante serial Elisa Carrió con amenazas diversas; los columnistas “estrellas” de los diarios “La Nación” y “Clarín”, miembros inseparables del bloque opositor; los “sótanos de la democracia”, aún vigentes; el accionar de Carlos Rosenkrantz, en sintonía con la oposición; etc.

Enfrentar a semejantes adversarios, dispuestos a todo y por cualquier medio, a esta altura hace necesaria alguna acción política decidida por parte de los actores diversos del campo popular. Claro que hay que considerar y comprender objetivamente la correlación de fuerzas vigente. Pero es necesario minar la fuerza opositora, potenciando la propia.

Defender al gobierno de Alberto Fernández de los constantes e irracionales ataques de los sectores encarnados en el macrismo, contribuye decisivamente a defender la democracia. Todas y todos podemos, y debemos, hacer algo para defender la democracia, en resguardo del interés nacional y popular. Si la democracia se perdiera, no será reemplazada por un modelo que mejore la vida de la gente; sería definitivamente peor.

Sin ninguna indebida pretensión de prescribir comportamientos, ¿el próximo 17 de octubre, será posible y podría ser útil una larga marcha de cientos y miles de camiones y automóviles, en todo el territorio nacional, para demostrar apoyo al gobierno popular?

Como con la pandemia del coronavirus, no hay que confiarse minimizando el peligro proveniente de sectores sociales marcadamente enfermizos. No es aconsejable llorar sobre la leche derramada, cuando está en juego el presente y el futuro de la patria.

La disyuntiva a entender y a tomar decidido partido por una u otra, es DEMOCRACIA o BARBARIE

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