OBISPO DE POSADAS

El Obispo Martínez respaldó el reclamo yerbatero y recordó que: “Todo proyecto económico que no incluya a la gente no nos sirve”

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La crisis de la producción yerbatera sumó un nuevo actor institucional de peso. El obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, recibió este miércoles a representantes de productores, tareferos y organizaciones civiles de Misiones, quienes expusieron el profundo deterioro económico y social que atraviesa la actividad. Tras el encuentro, el titular de la Diócesis de Posadas advirtió que la provincia enfrenta una situación de emergencia y sostuvo que “todo proyecto económico que no incluya a la gente no nos sirve para nada”.

La reunión fue solicitada por las entidades que representan a miles de familias vinculadas a la producción de yerba mate. Para el obispo, el principal objetivo fue escuchar de manera directa una realidad que ya conoce a partir de sus recorridas pastorales por toda la provincia, pero que esta vez llegó con el respaldo de organizaciones que expresan la problemática de pequeños productores y trabajadores rurales.

Martínez diferenció la realidad del sector yerbatero misionero de otros conflictos agropecuarios del país. Remarcó que en Misiones predominan los pequeños productores y los tareferos, familias que dependen exclusivamente de la actividad para subsistir y que hoy enfrentan un escenario de extrema vulnerabilidad.

“Acá no estamos hablando de grandes terratenientes ni de grandes capitalistas. Estamos hablando de pequeños productores y tareferos que padecen circuitos de injusticia y que hoy, según ellos mismos manifestaron, ya no pueden sobrevivir”, afirmó.

El obispo explicó que la crisis trasciende al sector primario y termina afectando a toda la economía de los pueblos del interior. Cuando el ingreso de quienes producen y cosechan yerba desaparece, también se resiente el consumo, caen las ventas en los comercios y se deteriora la actividad económica local.

“Esa depresión económica alcanza al supermercado, al almacén, al comerciante, a las fuentes de trabajo. Es un problema social que impacta sobre toda la comunidad”, describió.

Durante la reunión surgió además la propuesta de conformar una mesa de emergencia que permita articular respuestas entre distintos actores sociales e institucionales. Martínez recordó que la Diócesis cuenta con la Comisión de Justicia y Paz, organismo que ya intervino en otras etapas críticas de la historia argentina, especialmente durante la crisis de 2001.

El obispo consideró que aquel antecedente demuestra que el diálogo institucional puede contribuir a ordenar situaciones complejas cuando los sectores afectados logran expresar sus demandas de manera organizada.

Más allá de la coyuntura yerbatera, Martínez amplió el análisis hacia el rumbo económico nacional. Reconoció que la estabilidad macroeconómica constituye un objetivo compartido, pero advirtió que pierde legitimidad cuando no mejora la vida cotidiana de la población.

“Todos queremos estabilidad económica. Pero si esos números cierran sin la gente, si aumenta la pobreza, si cierran comercios, si se pierden fuentes de trabajo y se deteriora la vida social, entonces ese modelo nos daña profundamente”, sostuvo.

En ese sentido, llamó a que las políticas públicas contemplen especialmente a los sectores más vulnerables y recordó que el desarrollo económico solo resulta sostenible cuando incorpora inclusión social.

Frente a las familias que hoy atraviesan la crisis productiva, Martínez dejó un mensaje de esperanza, pero también de organización comunitaria.

“Nunca hay que bajar los brazos. En los momentos difíciles es fundamental mantenerse unidos, organizarse y sostener la esperanza”, expresó.

Durante la conferencia también fue consultado sobre el debate nacional en torno al proyecto de ley sobre la inviolabilidad de la propiedad privada. El obispo recordó que tanto la Conferencia Episcopal Argentina como la Pastoral Social ya manifestaron su rechazo a la iniciativa.

Explicó que la Doctrina Social de la Iglesia reconoce el valor de la propiedad privada, pero rechaza su concepción absoluta cuando entra en conflicto con el bien común. En esa línea, advirtió sobre la necesidad de proteger los recursos estratégicos del país frente a intereses económicos globales.

“Tenemos que defender nuestros minerales, el litio, el acuífero y todos aquellos recursos que forman parte del patrimonio nacional. Si no existe un discernimiento adecuado, podemos terminar entregando riquezas que condicionarán el futuro de las próximas generaciones”, afirmó.

Para el obispo, la actual crisis yerbatera también debe interpretarse como una oportunidad para fortalecer los espacios de diálogo entre el Estado, los sectores productivos y las organizaciones sociales. Consideró que las soluciones no surgirán únicamente desde los indicadores macroeconómicos, sino de la capacidad de construir consensos que permitan sostener el empleo, preservar la producción y evitar que miles de familias rurales continúen profundizando su situación de vulnerabilidad.

El respaldo de la Iglesia Católica al reclamo de productores y tareferos incorpora una nueva dimensión institucional a un conflicto que ya dejó de ser exclusivamente económico. La preocupación expresada por la Diócesis de Posadas refleja que la crisis de la yerba mate impacta sobre el tejido social de Misiones y plantea el desafío de encontrar respuestas antes de que las consecuencias sean aún más profundas.

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El obispo Martínez alertó sobre el deterioro del poder adquisitivo y la desigualdad

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En una nueva visita a Radio Tupambaé, el obispo de Posadas, monseñor Juan Martínez, advirtió sobre el agravamiento de la situación social al señalar que “el salario no alcanza” y que cada vez más trabajadores formales quedan por debajo de la línea de pobreza.

El prelado sostuvo que la pérdida del poder adquisitivo es el eje del problema económico actual y afirmó que “la pobreza ya no está sólo asociada a la desocupación”. En ese marco, cuestionó la credibilidad del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), al considerar que sus mediciones no reflejan adecuadamente los gastos cotidianos.

“La gente ya no cree en los datos oficiales. Es necesario incorporar más variables para que los índices sean verídicos”, expresó, al tiempo que advirtió que sostener cifras alejadas de la realidad “no sirve”.

Asimismo, subrayó el aumento de la desigualdad, señalando que los sectores de mayores ingresos perciben hasta 13 veces más que los de menores recursos. Mencionó especialmente el impacto del costo de medicamentos, servicios y vivienda sobre jubilados y trabajadores.

Economía al servicio de la persona
En su análisis, el obispo posadeño insistió en que la economía debe estar al servicio de la persona. “Si no se refleja en la vida diaria de la gente, pierde sentido”, afirmó, subrayando la necesidad de escuchar las realidades concretas de las familias.

Monseñor Martínez también se refirió al escenario internacional y manifestó su preocupación por el crecimiento de la violencia, en sintonía con el llamado del papa León XIV a promover la paz y evitar discursos agresivos.

Durante la entrevista, destacó además sus recientes encuentros con jóvenes en ámbitos académicos, en los que abordó temas como la inteligencia artificial y la ética. En ese contexto, reafirmó el rol central de la educación: “De ella depende nuestra democracia”, señaló, al advertir que su postergación puede derivar en una “pseudo democracia”.

Finalmente, valoró el compromiso solidario de Cáritas, al destacar la participación de la comunidad en la colecta de Cuaresma incluso en contextos de dificultad. “Vivimos tiempos complejos, pero la fe nos impulsa a actuar”, concluyó.

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Martínez advierte sobre el deterioro social: “La clase media se va debilitando”

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El obispo de Posadas, monseñor Juan Ramón Martínez, expresó una fuerte preocupación por la situación social y económica del país. Cuestionó que “el ajuste lo están haciendo las clases baja y media”, reclamó mayor diálogo institucional en debates sensibles como la baja de la edad de imputabilidad y planteó una pregunta directa al presidente Javier Milei sobre la dignidad humana.

¿Cómo analiza la Iglesia la situación social que se está viviendo?

—El pensamiento general para nosotros es de una gran preocupación por la situación social en la que está inmersa gran parte de la población argentina. La pobreza nos preocupa mucho porque hoy es una realidad extendida. Vemos gente en cierta marginalidad, pero también percibimos que la clase media se va deteriorando, porque la relación entre los sueldos y los gastos de la vida no es buena. Cada vez las cosas están más caras. Incluso nos sorprenden algunos datos del Indec sobre inflación.

Inclusive a la gente se le agrega el no poder pagar los servicios…

Es una preocupación muy genuina. No es un análisis abstracto ni distante, sino lo que vemos caminando los barrios. Tenemos parroquias, sacerdotes, religiosas y muchos laicos comprometidos en la realidad cotidiana. Lo que vemos es preocupante.

¿Ha aumentado la cantidad de gente que necesita ayuda social de la Iglesia?

Sí. Permanentemente tenemos situaciones complejas con personas muy necesitadas. Algunos comedores ya no tienen las respuestas del Estado que tenían antes y se sostienen gracias a la solidaridad. Hay gente que no llega a fin de mes, pero igual comparte alimentos con vecinos que están peor.

¿Tienen más consideración que los políticos?

Nosotros estamos en la calle, en los barrios, y no lo hacemos previo a una campaña electoral. Hace poco se incendiaron viviendas humildes en un barrio de Posadas y la intervención de la parroquia fue muy importante. No vimos presencia política.

¿El tema social está produciendo que adolescentes cada vez más chicos delinquen o se acerquen a las drogas?

Sí, tanto en la venta como en el consumo.

En provincias limítrofes se observa que jóvenes se van a Brasil a trabajar. ¿Cuál es su opinión?

Van temporalmente porque a veces un sueldo de un mes allá equivale a lo que aquí ganan en un año. Son problemas de Estado que deberían dialogarse entre todos.

Se debate la baja de la edad de imputabilidad. La Iglesia expresó su desacuerdo…

Lamentablemente asistimos a un país donde para tratar esta ley se dialoga con gobernadores, pero no con otros sectores. Nunca fuimos convocados para aportar nuestra mirada. Emitimos un documento el día de San Juan Bosco.

Tal vez hubiera sido interesante un diálogo con la Iglesia…

Sí, deberían haberse convocado representantes de las distintas iglesias.

Redes sociales y dignidad humana

España anunció restricciones al uso de redes sociales para menores. ¿Cómo ve este tema?

No tengo una posición totalmente definida, pero es cierto que la inteligencia artificial y las tecnologías vinieron para quedarse. Debe haber un discernimiento ético. El papa León XIV planteó cómo compatibilizar la inteligencia artificial con la dignidad humana. Allí entran nuestros niños y jóvenes.

“El presidente Milei”

Si pudiera hablar a solas con el presidente Javier Milei, ¿qué le diría?

Le preguntaría qué piensa sobre la infinita dignidad humana que tienen las personas. Le haría una pregunta concreta sobre su valoración de que toda persona es infinitamente digna.

¿Ve futuro para la Argentina?

Futuro siempre hay. Me preocupa que el ajuste no lo está haciendo la casta política sino el pueblo, las clases baja y media.

¿Coincide en que muchos políticos viven otra realidad social?

—Sí.

La democracia tiene deudas pendientes…

No podremos madurar nuestra democracia si la educación no está entre los principales problemas a resolver.

Sin educación y salud como prioridad, ¿el futuro es difícil?

Sin educación y sin salud como temas prioritarios el futuro es muy difícil. En Misiones, debo decirlo, la salud y la educación son prioridad. Pero estamos ligados a contextos nacionales. Tenemos crisis en la yerba, en el té, apertura de importaciones. Se habla de inversión y no viene capital. Se van industrias a Paraguay y nadie analiza suficientemente por qué.

Martínez citó la encíclica Laborem Exercens de Juan Pablo II para sostener que el trabajo tiene prioridad sobre el capital. “El trabajo es el que produce el capital. Cuando se destruye el trabajo o se reemplaza por subsidios permanentes, tampoco se dignifica a la persona”, afirmó.

La “mea culpa” y el legado papal

¿Hay alguna mea culpa que deba hacer la Iglesia?

Sí. Tenemos defectos y debemos acercarnos más a la gente pobre. Hay una gran apertura en la Iglesia.

¿Qué dejó el papa Francisco?

Nos dejó muchísimo. Fue un hombre de Dios coherente con el Evangelio.

¿Qué expectativa tiene con León XIV?

Muchas. Creo que es continuidad de Francisco, con un estilo diferente.

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Fuerte mensaje del obispo de Posadas en la misa de San Cayetano: “Un proyecto de país sin inclusión es un fracaso”

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Miles de fieles se congregaron este jueves 7 de agosto en la parroquia San Cayetano de Posadas para venerar al santo del pan y del trabajo. En una jornada marcada por la fe y la esperanza, el obispo de la diócesis, Juan Rubén Martínez, pronunció una homilía con un mensaje contundente sobre la realidad económica y social del país, cuestionando los efectos de las políticas macroeconómicas que no contemplan la inclusión y la dignidad humana.

Entre los presentes se encontraba el presidente de la Cámara de Diputados de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, quien participó de la celebración religiosa junto a los devotos.

Durante la misa, el obispo Martínez destacó que “el trabajo dignifica” y advirtió que “si algo debe buscarse cuando se piensa un proyecto de país o de sociedad, es que la economía esté al servicio de la persona”. En ese sentido, afirmó que “nunca un proyecto que sea solo macro, sin tener en cuenta a la gente, puede ser exitoso”.

Martínez fue aún más categórico al señalar que “solo es exitoso aquello que incluye” y que “por más que los números cierren, si la gente no está incluida, en realidad es un fracaso”. Para el obispo, “lo que se construye siempre tiene que ser en función de la persona y de su dignidad”.

El mensaje se dio en un contexto de creciente preocupación social por el impacto de la recesión, la inflación y el desempleo, factores que afectan con dureza a los sectores más vulnerables. San Cayetano, patrono del trabajo, se convierte cada año en símbolo de esperanza para quienes buscan sustento y oportunidades dignas, en medio de un panorama incierto.

La celebración religiosa fue acompañada por expresiones de fe popular, procesiones, ofrendas y momentos de recogimiento, donde miles de misioneros renovaron su compromiso con los valores del trabajo, la solidaridad y la justicia social.

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El valor de la Peregrinación

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para la Solemnidad de Jesucristo Rey del universo [26 de noviembre de 2023]

Este fin de semana es especialmente significativo para nuestra Diócesis. En la Solemnidad de Cristo Rey, peregrinamos a nuestro Santuario Diocesano para recuperar la memoria de tantos hombres y mujeres que evangelizaron en estas tierras, como los mártires Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo. Entre ellos también el Padre Antonio Ruiz de Montoya, que junto a miles de indígenas vivieron una experiencia inédita en las comunidades fundadas y que en nuestra Diócesis fueron diez. En Loreto alimentamos nuestro ánimo en la memoria, pero también los sufrimientos, los martirios y la vitalidad de estos testigos del pasado. Ellos nos fortalecen en la esperanza para sobrellevar las dificultades, persecuciones y luchas en este tiempo.

Considero que nos puede ayudar un texto del documento de Aparecida sobre la importancia de la peregrinación en nuestra América Latina como un valor importante de nuestra religiosidad y espiritualidad: «Destacamos las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí, el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres.

La decisión de partir hacia el Santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual.

Allí, el peregrino vive la experiencia de un misterio que lo supera, no solo de la trascendencia de Dios, sino también de la Iglesia, que trasciende su familia y su barrio. En los Santuarios, muchos peregrinos toman decisiones que marcan sus vidas. Esos lugares contienen muchas historias de conversión, de perdón y de dones recibidos, que miles podrían contar» (Documento de Aparecida 259-260).

Cada año se va configurando más profundamente el significado de nuestro Santuario. Esta tierra santa de Loreto está enmarcada por diversos lugares de religiosidad y oración. En la reflexión y discernimiento del proyecto que caminamos se asoció la Capilla de Loreto a los misterios gozosos del rosario. En el antiguo lugar del via crucis, como camino procesional, quedan los restos de la única capilla externa que existió en las reducciones, con el nombre de «Monte Calvario». Ese era el lugar en el que confluían todas las comunidades que venían a Loreto para rezar el Viernes Santo en peregrinación. A este lugar, que hemos recuperado después de varios siglos, hemos asociado los misterios dolorosos del rosario. Finalmente, el tercer lugar del Santuario, y ligado a los misterios gloriosos y luminosos del rosario es el Templo Mayor, abierto, ecológico, relacionado a nuestra selva misionera, en donde están los Santos Mártires de las Misiones. Son muchos los peregrinos que durante el año se acercan aquí desde Parroquias, escuelas o individualmente.

Este año la peregrinación tiene por lema «María se levantó y partió sin demora». Nosotros, como María también caminamos para encontrarnos con Dios y entre nosotros. Queremos una vez más unir nuestros corazones para pedir a Dios por la vida, por las familias, por la paz y por la evangelización. Para que hoy como ayer podamos anunciarlo a Jesucristo, el Señor.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo Domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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