Operación Furia Épica

Trump fija el fin de la guerra con Irán en su propio criterio mientras EE.UU. intensifica la ofensiva militar

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La guerra iniciada el 28 de febrero contra Irán sigue escalando militarmente mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evita comprometer un calendario político o diplomático para su final. En una entrevista telefónica emitida por Fox Radio, el mandatario sostuvo que el desenlace del conflicto dependerá de su propio criterio: “terminará cuando lo sienta en mis huesos”.

La frase no es menor en el contexto actual. Mientras Estados Unidos e Israel continúan sus operaciones militares contra Irán, la definición del presidente refuerza una lógica de conducción personal del conflicto, donde el cálculo político parece pesar tanto como las variables militares o diplomáticas.

Trump dejó entrever que la guerra podría no prolongarse demasiado tiempo. “No creo que vaya a pasar mucho tiempo antes de que esto termine”, afirmó. Sin embargo, la ausencia de un horizonte concreto abre interrogantes: ¿se trata de una campaña militar limitada o de un conflicto que aún puede escalar según la dinámica regional?

La ofensiva militar y la narrativa de victoria anticipada

Las declaraciones de Trump se producen mientras la campaña militar estadounidense e israelí continúa ampliándose en territorio iraní. Según la información difundida por el Pentágono, en catorce días de operación militar denominada “Furia Épica”, las fuerzas aliadas atacaron más de 15.000 objetivos, con un promedio superior a 1.000 blancos diarios.

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, aseguró que la capacidad defensiva iraní quedó severamente deteriorada.

“Irán no tiene defensas aéreas. Irán no tiene Fuerza Aérea. Irán no tiene Armada”, sostuvo durante una conferencia de prensa. De acuerdo con su evaluación, los misiles iraníes se redujeron en un 90% y los drones en un 95% como resultado de los bombardeos.

El jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, agregó que en menos de dos semanas las fuerzas aliadas neutralizaron la capacidad de combate de la Armada iraní, aunque aclaró que la campaña militar continúa porque Irán todavía puede causar daños al tráfico marítimo y a fuerzas aliadas.

Ese matiz introduce una lectura más prudente dentro del propio aparato militar: la superioridad estratégica no implica necesariamente un cierre inmediato del conflicto.

El estrecho de Ormuz y el frente marítimo

Uno de los focos de tensión se trasladó al estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Entre el 20% y el 25% del comercio marítimo global de hidrocarburos pasa por ese corredor estratégico.

Según el Pentágono, Irán respondió con ataques contra tanqueros y buques mercantes, una señal de que el conflicto puede extender su impacto más allá del plano estrictamente militar.

La escalada en ese punto crítico introduce un factor geopolítico adicional: cualquier alteración sostenida en el tráfico marítimo puede afectar directamente al mercado energético global.

Las insinuaciones sobre Rusia

En su entrevista, Trump también introdujo otro actor en el tablero. El presidente estadounidense sugirió que Vladímir Putin podría estar brindando algún nivel de asistencia a Irán.

“Creo que podría estar ayudándolo un poco”, señaló, aunque sin aportar detalles.

El mandatario planteó además la lógica de reciprocidad estratégica que, a su juicio, podría explicar esa eventual ayuda. “Probablemente piensa que estamos ayudando a Ucrania”, dijo en referencia al conflicto europeo.

La mención no confirma una participación directa de Moscú, pero expone cómo el enfrentamiento en Medio Oriente empieza a cruzarse con otras tensiones globales.

Un liderazgo basado en decisiones personales

Desde el inicio de la campaña militar, Trump envió señales contradictorias sobre la duración del conflicto. En algunas intervenciones sostuvo que la guerra podría terminar pronto; en otras, dejó abierta la posibilidad de prolongarla.

El propio presidente afirmó esta semana que “Estados Unidos ya ganó la guerra” y describió a Irán como un “tigre de papel”, pero al mismo tiempo aclaró que eso no significa que el conflicto vaya a terminar de inmediato.

El mensaje combina dos dimensiones: la construcción de una narrativa de superioridad militar y la preservación de margen político para extender la ofensiva si lo considera necesario.

Trump también advirtió que Estados Unidos tiene la capacidad de atacar infraestructura clave dentro de Irán, incluyendo zonas de la capital, Teherán. Sin embargo, señaló que no buscan destruir completamente el país.

Costos humanos y presión internacional

El conflicto ya dejó consecuencias humanas significativas. Según los datos disponibles, cientos de personas murieron en Irán a causa de los bombardeos, entre ellas civiles y niños. Del lado estadounidense, al menos once militares fallecieron en ataques iraníes desde el inicio de la ofensiva.

La guerra también registró incidentes operativos: cuatro militares estadounidenses murieron al estrellarse un avión cisterna KC-135 en el oeste de Irak, mientras otros dos tripulantes resultaron heridos.

Estos episodios muestran que, pese a la superioridad militar declarada por Washington, el conflicto sigue teniendo un costo directo para las fuerzas involucradas.

Un conflicto que aún no define su salida

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán avanza sobre varios frentes al mismo tiempo: bombardeos estratégicos, tensiones en rutas energéticas y movimientos diplomáticos todavía difusos.

La declaración de Trump —“terminará cuando lo sienta en mis huesos”— condensa esa lógica. El presidente mantiene la conducción política del conflicto en una zona deliberadamente abierta, sin comprometer un calendario ni un formato claro de cierre.

En las próximas semanas, el foco estará puesto en tres variables: la evolución de los ataques en territorio iraní, la estabilidad del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y la reacción de actores externos que puedan alterar el equilibrio regional.

Por ahora, la guerra continúa bajo una conducción política que privilegia la decisión presidencial por sobre los plazos formales. Y ese factor, en un escenario ya volátil, introduce un elemento adicional de incertidumbre.

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Irán amenaza con atacar “todos los centros económicos” de Medio Oriente y escala la guerra con EE.UU. e Israel

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En el cuarto día de guerra abierta entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el régimen de Teherán lanzó una advertencia que amplía el alcance del conflicto: atacará “todos los centros económicos de Medio Oriente” si no cesan las operaciones militares en su territorio. La amenaza llega en medio de bombardeos cruzados, ataques con drones sobre sedes diplomáticas y un bloqueo del Estrecho de Ormuz que ya impacta en los mercados energéticos.

La escalada se produce tras la operación conjunta denominada “Furia Épica”, iniciada el 28 de febrero, con bombardeos sobre instalaciones gubernamentales y bases militares iraníes. Desde entonces, el conflicto dejó de ser un enfrentamiento focalizado para convertirse en una confrontación regional con efectos geopolíticos y económicos globales.

El mensaje de Teherán no apunta solo a objetivos militares. Al mencionar “centros económicos”, introduce una dimensión estratégica que involucra infraestructura energética, puertos y nodos comerciales. La pregunta que sobrevuela es si el conflicto cruzará un umbral que comprometa de manera sostenida el flujo energético mundial.

Operación militar, represalias y presión diplomática

El Comando Central de Estados Unidos informó que desde el domingo se alcanzaron aproximadamente 700 nuevos objetivos en Irán, elevando el total a más de 1.700 blancos impactados en el marco de la operación “Furia Épica”. Entre los activos desplegados se encuentran bombarderos B-1, B-52 y cazas F-15.

Tres F-15 estadounidenses fueron derribados accidentalmente por defensas aéreas kuwaitíes, según reportó el propio comando militar.

La ofensiva incluyó ataques en Teherán y en la ciudad iraní de Qom, donde fue bombardeado el edificio de la Asamblea de Expertos, el órgano clerical encargado de elegir al sucesor del ayatolá Alí Jameneí, muerto el sábado en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel.

En paralelo, Arabia Saudita confirmó que la embajada estadounidense en Riad fue atacada con drones. Washington pidió a sus ciudadanos abandonar de inmediato 14 países y territorios de Medio Oriente y cerró misiones diplomáticas en Arabia Saudita y Kuwait tras ataques con drones iraníes.

El conflicto también se extendió a Líbano. Las Fuerzas de Defensa de Israel anunciaron una nueva oleada de ataques contra Beirut, dirigida a cuarteles y depósitos de armas del grupo Hezbollah, mientras esa organización lanzó drones contra una base militar israelí.

Declaraciones cruzadas y narrativa de poder

El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que “pronto” se conocerá la represalia por el ataque a la sede diplomática en Riad y sostuvo que casi todas las capacidades militares de Irán “fueron destruidas”. También señaló que la operación podría extenderse y que el objetivo es acabar con las estructuras militares iraníes.

Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que atacará “aún con más fuerza” a Irán y Hezbollah, y advirtió que la guerra no ha hecho más que comenzar. Desde Israel se indicó que la campaña podría desarrollarse durante semanas.

Irán respondió con un mensaje de resistencia prolongada. El portavoz del Ministerio de Defensa iraní afirmó que el país está preparado para una “guerra muy larga” y que aún no utilizó sus “armas más efectivas”. Teherán también lanzó misiles contra Israel y contra países de la región con presencia militar estadounidense, como Qatar, Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, agrega presión económica a la confrontación militar.

Impacto regional y correlación de fuerzas

La amenaza de atacar centros económicos regionales altera la correlación de fuerzas. Amplía el teatro de operaciones y coloca a países del Golfo en una posición más vulnerable. También eleva el riesgo para infraestructuras críticas vinculadas a energía y comercio.

En términos políticos, Estados Unidos e Israel refuerzan su alianza operativa. La ofensiva aérea conjunta y el volumen de objetivos alcanzados consolidan una estrategia de presión directa sobre el régimen iraní.

Irán, en tanto, apuesta a la asimetría. Misiles, drones y bloqueo marítimo funcionan como herramientas de disuasión frente a una superioridad aérea evidente.

La dimensión diplomática queda en suspenso. La evacuación de personal estadounidense y el cierre de embajadas reflejan que la guerra ya impacta en la arquitectura institucional regional.

Escenario abierto y umbral energético

El conflicto ingresa en una fase de incertidumbre estratégica. Israel sostiene que avanzará durante semanas. Irán advierte que puede prolongar la guerra y escalar objetivos. Estados Unidos mantiene una ofensiva de alta intensidad.

La clave estará en dos variables: si el bloqueo del Estrecho de Ormuz se consolida y si la amenaza iraní contra centros económicos se traduce en ataques efectivos. Cualquiera de esos movimientos podría transformar la guerra regional en un shock energético global.

Por ahora, la confrontación combina bombardeos, mensajes políticos y movimientos diplomáticos. El teatro de operaciones se expande y la dimensión económica se vuelve tan relevante como la militar. El desarrollo de los próximos días definirá si se trata de una ofensiva acotada o del inicio de un conflicto de alcance más amplio.

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