orden mundial

Estados Unidos y Rusia ¿un segundo round nuclear?

Compartí esta noticia !

Hace apenas unos días venció uno de los tratados más relevantes para el control del armamento nuclear estratégico. En el nuevo orden mundial, su expiración no solo deja al descubierto la fragilidad de los mecanismos de contención existentes, sino que también abre la puerta a una nueva carrera armamentística sin controles internacionales efectivos. El fin del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como Nuevo START, no simboliza únicamente el desamparo frente al poderío nuclear, sino que expresa un síntoma de época: una vez más, el orden global parece quedar en manos de quienes concentran el poder.

Tratado viejo, mundo nuevo

El 5 de febrero llegó a su fin el último gran acuerdo nuclear vigente entre las dos principales potencias militares del planeta. No se trata de un dato menor: Estados Unidos y Rusia concentran cerca del 90 por ciento de las ojivas nucleares existentes en el mundo, una realidad que explica la centralidad del tratado ahora extinguido.

Lo que durante años mantuvo cierta moderación entre Moscú y Washington no fue únicamente la letra del acuerdo, sino también la voluntad política de sostener canales diplomáticos mínimos que transmitieran estabilidad al resto del mundo. Hoy, ni siquiera ese gesto subsiste.

El tratado establecía límites claros: un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada parte, junto con un tope de 700 sistemas de lanzamiento activos, que incluían misiles balísticos intercontinentales, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos pesados adaptados para portar armamento nuclear. A ello se sumaba un límite total de 800 lanzadores, considerando tanto los desplegados como los no desplegados. Estos mecanismos no eliminaban el riesgo nuclear, pero al menos lo encuadraban dentro de parámetros verificables.

Con la caducidad del acuerdo y la decisión de Estados Unidos de no renovarlo, pese a la solicitud formulada por Rusia el año anterior, el escenario queda reducido a dos opciones: una carrera armamentística sin límites o la negociación de un nuevo tratado.

Donald Trump dejó entrever la posibilidad de avanzar hacia un nuevo acuerdo “modernizado”, en sus propios términos. Su propuesta apunta a incorporar a China, una idea que el gobierno chino rechaza por ahora de manera categórica, argumentando que la cuestión debe ser resuelta entre quienes concentran la abrumadora mayoría del arsenal nuclear mundial: Estados Unidos y Rusia.

La intención de sumar a China responde a una lógica estratégica clara: mantener al principal competidor geopolítico bajo observación directa, al tiempo que se busca equilibrar el vínculo entre Washington, Moscú y Pekín. No es casual que China sea, además, el socio estratégico más relevante de Rusia en el escenario global.

El dato no es menor: desde hace más de medio siglo no existía un mundo sin un tratado nuclear vigente entre Estados Unidos y Rusia. La ausencia de reglas compartidas nos devuelve a un clima de tensiones y amenazas propias de los momentos más álgidos de la Guerra Fría, particularmente durante las décadas de 1950 y 1960. La historia muestra que fue precisamente una carrera armamentística descontrolada la que condujo a Europa a la llamada “paz armada”, cuyo desenlace fue la Primera Guerra Mundial. Si bien los contextos históricos no son idénticos, resulta difícil no advertir similitudes inquietantes.

Un mundo en guerra latente

Tal vez debamos empezar a acostumbrarnos a este nuevo escenario. Tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial estuvieron precedidas por períodos de alta conflictividad localizada, que desembocaron en un mundo formalmente diplomático, pero estructuralmente tensionado.

El retroceso de la globalización dejó como saldo una China consolidada como potencia económica, una Rusia que logró recomponerse tras la caída de la Unión Soviética y la caótica década de Boris Yeltsin, y un Estados Unidos que, bajo el liderazgo de Trump, retomó una visión más cerrada y regionalista, en línea con los principios históricos de la Doctrina Monroe.

Hoy no existen frentes bélicos claramente delimitados a escala global, pero sí conflictos que funcionan como laboratorios geopolíticos para las grandes potencias. La guerra en Ucrania y la permanente inestabilidad en Medio Oriente no pueden ser leídas como episodios aislados, sino como anticipos de escenarios futuros que podrían extenderse a regiones estratégicas como Taiwán o incluso las islas Malvinas.

La ausencia de un tratado nuclear efectivo entre Estados Unidos, Rusia y China no parece ser únicamente el resultado de una confrontación irreconciliable, sino también de un acuerdo tácito que permite a cada potencia expandir su capacidad militar según sus propios intereses y posibilidades. La historia demuestra que, cuando las grandes potencias consideran que las reglas ya no les resultan funcionales, no dudan en abandonarlas.

Una carrera armamentística sin límites profundiza la distancia entre Estados Unidos y Rusia respecto del resto de los países con capacidad nuclear, consolidando un dominio casi excluyente. El intento de incorporar a China a este esquema deja en evidencia la configuración de un orden mundial tripartito, donde el poder se reparte entre tres actores centrales.

En este contexto, la acumulación de armamento nuclear no apunta necesariamente al uso directo, sino a reforzar la disuasión como herramienta central. Corea del Norte lo ha demostrado durante décadas: exhibir capacidad nuclear, incluso mediante lanzamientos no armados, funciona como mecanismo de protección frente a presiones externas.

Tal vez el mundo se encamine hacia una diplomacia basada en la amenaza permanente, donde cada potencia busque consolidar su área de influencia: Estados Unidos en América, Rusia en Europa y China en Asia y el Indo Pacífico.

Mientras tanto, sociedades cada vez más absorbidas por la inteligencia artificial, las redes sociales y los avances tecnológicos que mejoran la vida cotidiana parecen adormecidas frente a estos movimientos estructurales. Quizás estemos atravesando una nueva “bella época”, sostenida sobre una paz aparente, mientras las grandes potencias se rearman silenciosamente.

La historia ofrece lecciones claras. Volver a estudiar las causas profundas de la Primera Guerra Mundial no es un ejercicio académico nostálgico, sino una necesidad urgente para evitar que los errores del pasado se repitan en el presente.

Compartí esta noticia !

Trump descarta el uso de la fuerza para adquirir Groenlandia

Compartí esta noticia !

El presidente Donald Trump afirmó que no usaría la fuerza para adquirir Groenlandia, en su declaración más clara hasta el momento descartando recurrir al poderío militar para anexionar la isla ártica.

“Probablemente no conseguiremos nada a menos que decida usar una fuerza excesiva, en cuyo caso seríamos, francamente, imparables”, dijo Trump. “Pero no haré eso. Okey. Ahora todos dicen: ‘¡Bien!’”.

“Esa es probablemente la declaración más importante que he hecho, porque la gente pensaba que usaría la fuerza. No necesito usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza”, afirmó Trump.

“Todo lo que Estados Unidos pide es un lugar llamado Groenlandia”, añadió.

Más tarde, Trump reiteró que contempla la plena propiedad de Groenlandia por parte de Estados Unidos, en lugar de un acuerdo mejorado.

“Todo lo que pedimos es obtener Groenlandia, incluyendo el título de propiedad, porque se necesita la propiedad para defenderla”, dijo. “No se puede defender con un contrato de arrendamiento”.

Compartí esta noticia !

Starmer acusa a Trump de “presionarle” para cambiar su postura sobre Groenlandia

Compartí esta noticia !

El primer ministro británico, Keir Starmer, acusó este miércoles al presidente estadounidense, Donald Trump, de criticar el acuerdo sobre las islas Chagos para así «presionarle» para que cambie su posición sobre el futuro de Groenlandia.

En la sesión semanal de control en la Cámara de los Comunes, Starmer puntualizó que «no cederá» frente a Trump y que defenderá los principios del Reino Unido de que la isla del Ártico pertenece a sus habitantes y al reino de Dinamarca.

El líder laborista, que siempre ha mantenido una posición conciliadora ante Trump y ha evitado criticarle, informó también de que mañana recibirá en Londres a la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, mientras el presidente de EE.UU. no cede un ápice en sus intenciones de controlar «por las buenas o por las malas» la isla de Groenlandia.

El conflicto con Mauricio

Trump calificó ayer en su portal de Truth Social de «GRAN ESTUPIDEZ» el pacto para ceder la soberanía del archipiélago de Chagos a Mauricio, acordado en 2025, y de arrendar a ese estado Diego García -donde hay una base militar conjunta británica-estadounidense- por 99 años.

La palabras de Trump sobre Chagos tenían el «propósito expreso de presionarme a mí y al Reino Unido en relación con mis valores y principios sobre el futuro de Groenlandia», dijo Starmer.

«No cederé. El Reino Unido no cederá en nuestros principios y valores sobre el futuro de Groenlandia bajo amenazas de aranceles, y esa es mi postura inequívoca», puntualizó, en un tono nunca empleado para referirse a Trump.

«He dejado clara mi postura sobre nuestros principios y valores. El primero es que el futuro de Groenlandia es solo del pueblo groenlandés y el Reino de Dinamarca. El segundo es que las amenazas de aranceles para presionar a los aliados son completamente erróneas», insistió.

Amenazas de Trump

El presidente estadounidense ha amenazado con imponer aranceles del 10 % al Reino Unido y otros aliados europeos a partir del 1 de febrero a menos que acepten la compra de Groenlandia, y se ha negado a descartar el uso de la fuerza militar para apoderarse de la isla.

El Gobierno británico defiende que el pacto sobre Chagos es necesario porque los fallos de tribunales internacionales a favor de las reclamaciones de soberanía de Mauricio ya suponían una amenaza para el futuro de la base militar en Diego García.

El Reino Unido acordó pagar a Mauricio al menos 120 millones de libras anuales (138 millones de euros) durante los 99 años de vigencia del acuerdo.

Compartí esta noticia !

Carney en Davos: “El mundo está en medio de una ruptura, no de una transición”

Compartí esta noticia !

En un discurso de fuerte tono geopolítico en el Foro Económico Mundial de Davos 2026, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, advirtió que el orden mundial vigente “no volverá” y llamó a las potencias medianas a coordinarse frente al uso creciente de la coerción económica por parte de las grandes potencias. El mensaje, pronunciado en Suiza, puso en primer plano el impacto político, económico e institucional de un escenario internacional marcado por aranceles, presión sobre cadenas de suministro y disputas por territorios estratégicos como Groenlandia.

Las potencias medianas deben actuar conjuntamente porque si no estamos en la mesa de negociaciones, seremos el plato principal”, afirmó Carney, en una frase que sintetizó la gravedad del diagnóstico. El primer ministro canadiense sostuvo que el sistema internacional atraviesa una ruptura estructural, y no una transición ordenada, y que los países que no se adapten quedarán expuestos a decisiones unilaterales de actores con mayor poder económico y militar.

Un orden basado en normas que dejó de funcionar

Carney evitó mencionar de manera explícita al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aunque varias de sus afirmaciones fueron interpretadas como una respuesta directa a las amenazas arancelarias dirigidas a aliados europeos y al Reino Unido, condicionadas a la cesión de Groenlandia a Washington. En ese contexto, el premier canadiense cuestionó el uso de la integración económica como herramienta de presión.

Las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma, los aranceles como herramienta de presión, la infraestructura financiera como medio de coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que deben explotarse”, sostuvo. Según Carney, el llamado “orden basado en normas” ya presentaba inconsistencias desde hace años:
Sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según la identidad del acusado y la víctima”, afirmó, al tiempo que reconoció que esa “ficción” resultó funcional mientras la hegemonía de Estados Unidos garantizaba beneficios económicos y estabilidad relativa.

Sin embargo, el primer ministro fue categórico al señalar el quiebre del esquema vigente:
Este acuerdo ya no funciona. Permítanme ser directo. Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”.
En esa línea, advirtió que no es posible sostener la narrativa del beneficio mutuo cuando la integración económica se transforma en un mecanismo de subordinación.

Canadá, Groenlandia y la OTAN en el centro de la tensión

El discurso incluyó una reafirmación explícita del respaldo de Canadá a Groenlandia, Dinamarca y la OTAN, lo que generó aplausos entre los asistentes. Como miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Carney subrayó que su país respalda “el derecho exclusivo a determinar el futuro de Groenlandia” y ratificó el compromiso con el Artículo V del tratado, que establece que un ataque contra un Estado miembro se considera un ataque contra todos.

Nuestro compromiso con el Artículo V es inquebrantable”, afirmó. La declaración se produjo en un contexto de creciente tensión, luego de que Trump intensificara su ofensiva retórica sobre Groenlandia e incluyera a Canadá en ese esquema, llegando incluso a referirse al país como el “estado número 51” y a sugerir una eventual integración mediante la “fuerza económica”.

Según se informó en medios canadienses, Ottawa analiza la posibilidad de enviar un pequeño contingente de tropas a Groenlandia para participar en ejercicios militares junto a fuerzas danesas y de otros países europeos. Consultada al respecto en Davos, la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Anita Anand, señaló que el país participa regularmente en ejercicios de la OTAN y que las decisiones sobre futuros despliegues corresponden al ministro de Defensa Nacional y al jefe del Estado Mayor de la Defensa.

Potencias medianas, alianzas flexibles y consecuencias económicas

Carney definió a Canadá como una potencia mediana, categoría que comparten países como Australia, Argentina, Corea del Sur y Brasil, naciones con influencia política relevante pero economías más pequeñas que las de las grandes potencias con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. En ese marco, propuso una estrategia basada en coaliciones flexibles, adaptadas a cada tema y sustentadas en valores e intereses comunes.

Canadá fue uno de los primeros en darse cuenta de que la geografía y las alianzas históricas ya no garantizan seguridad ni prosperidad”, afirmó. Por eso, explicó que su país se presenta ahora como un socio “estable y confiable”, con una agenda activa de acuerdos comerciales, de inversión y de defensa, orientada a diversificar vínculos y reducir vulnerabilidades.

El mensaje tiene implicancias económicas directas. La utilización de aranceles como herramienta de presión, la fragmentación de cadenas de suministro y la militarización de la política comercial introducen mayores costos, incertidumbre y riesgos sistémicos para el comercio global. En ese escenario, las potencias medianas enfrentan el desafío de preservar su autonomía sin quedar atrapadas en disputas entre superpotencias.

Una advertencia con alcance global

El discurso de Carney se inscribió entre las intervenciones más contundentes del Foro Económico Mundial, que se desarrolla del 19 al 23 de enero en Davos-Klosters, Suiza. La advertencia del primer ministro canadiense apuntó tanto a líderes políticos como a decisores económicos, al señalar que la falta de coordinación entre países de peso intermedio puede derivar en una pérdida de capacidad de negociación frente a actores dominantes.

En un contexto de creciente confrontación comercial y geopolítica, el mensaje dejó una conclusión clara: el mundo ya no se encamina gradualmente hacia un nuevo equilibrio, sino que atraviesa una ruptura profunda, con efectos duraderos sobre la arquitectura institucional, la seguridad internacional y la economía global.

Compartí esta noticia !

BlackRock ve un “tercer orden mundial” tras la captura de Maduro y no cambia su estrategia de inversión

Compartí esta noticia !

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro no modificaron la estrategia de inversión de BlackRock. El mayor gestor de activos del mundo encuadró el episodio dentro de un escenario de creciente fragmentación geopolítica, al que definió como un “tercer orden mundial”, pero descartó impactos inmediatos sobre los mercados globales y ratificó su postura favorable al riesgo.

La evaluación surge de un informe difundido la semana pasada por el equipo de estrategia de BlackRock, en el que la firma analizó las implicancias macroeconómicas y financieras de la ofensiva estadounidense y del traslado de Nicolás Maduro a Nueva York, donde enfrenta cargos vinculados a drogas y armamento. Pese al peso simbólico y político del operativo, la gestora consideró que los mercados ya operan bajo un régimen de alta dispersión de resultados posibles y que el evento no altera, por ahora, la dinámica financiera internacional.

Un nuevo régimen macroeconómico marcado por la fragmentación

Para BlackRock, la situación en Venezuela se inscribe en un cambio estructural más amplio del orden global. En su diagnóstico, los acontecimientos recientes reflejan un “nuevo régimen macroeconómico” impulsado por megafuerzas de largo plazo, entre las que se destacan la fragmentación geopolítica y la transformación energética.

Estos eventos son la manifestación de nuestro marco de nuevo régimen macroeconómico: un mundo con una amplia gama de resultados a largo plazo impulsados por megafuerzas, especialmente la fragmentación geopolítica y la transformación energética”, sostuvo la firma en el documento citado.

En esa línea, BlackRock afirmó que el mundo atraviesa el “tercer orden mundial distinto desde la Segunda Guerra Mundial”, caracterizado por Estados Unidos redefiniendo sus relaciones económicas y estratégicas con el resto del planeta. Este contexto, señaló la gestora, incrementa la incertidumbre política, pero no necesariamente se traduce en riesgos sistémicos para los mercados financieros globales.

Sin contagio financiero y continuidad de la estrategia pro-riesgo

A pesar del shock político que implicó la captura de Maduro, BlackRock aseguró que no observa señales de contagio hacia los activos globales. En consecuencia, mantuvo sin cambios su posicionamiento estratégico: sobreponderación en acciones estadounidenses, exposición al tema de inteligencia artificial y preferencia por bonos de mercados emergentes en moneda dura.

Vemos un impacto limitado en los mercados globales por ahora”, indicó el informe. Y agregó: “Nuestra postura pro-riesgo y sobreponderación en acciones de EE.UU., el tema de IA y bonos de mercados emergentes no ha cambiado”.

Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump sostuvo que la acción militar en Venezuela no implica un cambio de régimen, sino un relevo de liderazgo. Para BlackRock, la falta de un plan político y militar claro respecto del futuro venezolano introduce un alto nivel de incertidumbre regional, aunque sin consecuencias inmediatas para los portafolios globales.

No hay un plan político ni militar claro para lo que viene, vemos mucha incertidumbre por delante. Pero esto puede no importar mucho a los mercados globales”, advirtieron los analistas de la gestora.

Energía, commodities y un impacto acotado

Uno de los canales de transmisión que el mercado sigue con atención es el energético. Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, pero su producción actual representa apenas alrededor del 1% del suministro global. Sobre esa base, BlackRock descartó disrupciones relevantes en los precios de los commodities.

Venezuela puede tener las mayores reservas de petróleo del mundo, pero sólo produce alrededor del 1% del petróleo mundial. Esperamos un impacto limitado en el corto plazo y un impacto ligeramente negativo en el largo plazo sobre los precios del petróleo”, señaló la firma.

Asimismo, el informe indicó que no se esperan cambios significativos en la producción de petróleo, gas y minería venezolana en el corto plazo, lo que refuerza la idea de que el canal de materias primas no actuará como vector de contagio macroeconómico inmediato.

Venezuela y la transición política bajo observación

En el plano político, BlackRock anticipó que el foco estará puesto en la eventual hoja de ruta hacia una transición y en el rol que puedan asumir figuras clave del actual esquema de poder. En particular, el informe mencionó la atención sobre la continuidad de Delcy Rodríguez, leal a Maduro y al expresidente Hugo Chávez, en un eventual liderazgo interino.

Observamos cualquier hoja de ruta hacia una transición y si Delcy Rodríguez permanece en el centro de cualquier liderazgo interino”, precisó el documento, aunque aclaró que estos factores no tendrían incidencia directa sobre la estrategia de inversión global.

En síntesis, para el mayor gestor de activos del mundo, la ofensiva de Estados Unidos en Venezuela confirma la consolidación de un orden internacional más fragmentado y volátil, pero no altera el apetito por riesgo ni la asignación estratégica de activos en el corto plazo.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin