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¿Para qué sirve la OTAN?

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La gran alianza militar predilecta de Occidente, vuelve a estar en los ojos del mundo, al actualizar su lista de miembros, pero, ¿es útil?

Corría el año 1949, cuando los países más importantes del bloque capitalista, encabezado por Estados Unidos, decidían formar la tan mencionada alianza. En inglés NATO, en español, OTAN, dando el significado de Organización del Tratado del Atlántico Norte, y con una tarea específica: hacerle frente a la Unión Soviética. 

Claro, eran años de plena Guerra Fría, la amenaza del fascismo había sido eliminada con eficacia en esa alianza entre Estados Unidos y la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, pero una vez acabado eso, la enemistad ideológica permaneció. 

La segunda parte del siglo XX fue muy convulsionada en términos geopolíticos, donde tanto la OTAN como el Pacto de Varsovia (la OTAN soviética), jugaron un rol preponderante en las tensiones y distensiones de los momentos históricos. Casi se enfrentaron, de hecho: la crisis de los misiles cubanos en 1962 fue el momento más caliente, en donde las potencias casi “se fueron a las manos”.

Sin embargo, la URSS cayó en 1991, junto a todo el famoso bloque comunista, arrastrando al ostracismo al Pacto de Varsovia. La globalización se hacía paso y Estados Unidos se consolidaba como el único gran hegemón mundial. Hasta allí, la historia nos muestra un cierto raid, donde parece lógica la existencia de la OTAN… pero, ¿hoy en día sirve? El mundo cambió en demasía. Esa onerosa globalización parece estar tambaleando en un mundo cada vez más multipolar, donde los regionalismos llevan las banderas de los nuevos modelos político-económicos, con una estructura de economía de capital y con un rol del Estado determinado, con mayor o menor intervencionismo. Este nuevo panorama pone en cuestión a todos los instrumentos del “viejo mundo”.

Con el paso de los años, la OTAN perdió ese objetivo específico, en términos analíticos, aunque siguió siendo la mayor fuerza militar del mundo. Hoy en día, amplió sus miembros con el reciente ingreso de Suecia tras idas y vueltas con Turquía, y parece cobrar relevancia. La Alianza Atlántica se transformó en la cobija de los países temerosos ante Vladimir Putin.

Desde el arranque de la invasión rusa sobre Ucrania, muchos países corrieron bajo el manto de la OTAN, buscando protección inmediata. Es justamente la alianza militar la que, indirectamente, le está marcando la cancha a Rusia. Lo que sucede en Europa es que están atravesando una crisis de identidad que los puede expulsar de la posición privilegiada de ser el centro del mundo. Durante la guerra en Ucrania, la crisis económica explotó a través del desabastecimiento de gas y energía, sumado a una galopante crisis migratoria, la cual tiene efectos inmediatos en la economía. Asimismo, ese no es el problema más grande. El mayor dolor de cabeza de la Unión Europea es que no tiene un líder férreo o lo suficientemente imponente como para dialogar o hacerle frente a Putin. 

La salida de Merkel del poder en Alemania fue el inicio de este proceso que decantó con el expansionismo ruso a flor de piel y el fantasma de una guerra que se puede expandir. 

Con todo este contexto, parece ser que revive el objetivo de la OTAN. Antes era la Unión Soviética y el comunismo, hoy es Rusia y Putin. La Alianza Atlántica es la única fuerza capaz de hacerle frente al gigante ruso, quien tiene el respaldo de China, Corea del Norte, Irán, India y unos cuantos paladines más. Estados Unidos es un viejo zorro cuando se habla de geopolítica. Sabe que un enfrentamiento directo con Rusia sería devastador para el mundo en sí, y con la fragilidad política por la cual está atravesando Washington, podría poner en riesgo la vital hegemonía que mantienen, a veces unilateral y a veces compartida, pero siempre está ahí. Más allá de eso, escudarse detrás de la OTAN es estratégico, no es un país, es una alianza de países, en donde la unión, literalmente, hace a la fuerza. Además de ser el motivo perfecto para realizar tareas de disuasión militar y que el revanchismo no caiga sobre una sola bandera. Ese punto tiene a favor la OTAN, entendiendo que las potencias orientales no gozan de una alianza tan dura como para poder hacer frente a las vicisitudes del mundo. Entonces, ¿la OTAN sirve? La respuesta es sí. Hoy en día, esta institución es la única que evita el derrumbe del poderío occidental frente al pulular crecimiento de potencias como Rusia o China. Es la única barrera que hoy sostiene el péndulo mundial y le brinda cierto equilibrio, al menos desde el punto de vista de mantener una paz armada global. Esto no quiere decir que la OTAN sea algo bueno. La visión de lo bueno o lo malo no sirve para analizar a las sociedades, son más bien los intereses. En esos intereses, está más que claro que China, por ejemplo, no es un bebé de pecho. Un país con evidentes intenciones imperiales y con un modelo autoritario, podría ser un combo de exportación letal para las naciones emergentes del cono sur, por ejemplo. Y del otro lado del ring, mantener en cercanía a la nefasta OTAN es permitir la presencia británica en Malvinas, por tomar un solo ejemplo. Esto significa, que desde la zona del mundo y bajo el contexto en el cual nos encontramos, el equilibrio de una paz armada es dentro de todo positivo, aunque el entreguismo pueda ser la espina que provoque la debacle en ese tema. Sin ánimos de pesimismo, pero con tantos frentes de conflicto de peso en el mundo (Ucrania, Gaza, Taiwán, Corea) hoy el mundo parece estar en vísperas de algo nuevo: un conflicto global o un nuevo orden. Esperemos que no aparezca ningún Franz Ferdinand que detone nuestro planeta.

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La OTAN simplifica el proceso de adhesión a Ucrania, pero no le da fecha de entrada

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El presidente ucraniano Volodímir Zelenski considera absurda esta actitud de los aliados militares.

El primer día de cumbre de la OTAN acababa en Vilna en una cena, a la que acudía el presidente ucraniano Volodímir Zelenski masticando su decepción ante la negativa de sus miembros a darle una fecha concreta para la incorporación de su país a la organización militar.

Mientras las naciones bálticas abogaban por establecer una ruta clara, Estados Unidos y Alemania se mostraron más prudentes: en estos momentos más que disuasión supondría una provocación para Rusia.

Es decir acordaron proporcionar a Ucrania garantías de seguridad, que incluye intercambio de inteligencia, entrenamiento conjunto, incremento de la producción de municiones, interoperabilidad con la Alianza y suministro de armas en cantidades suficientes, pero, aunque ya prácticamente la consideran como un miembro más, postergaron la adhesión oficial, por los peligros que supondría.

El G7 plasmó aquello en una declaración conjunta que describe el apoyo económico y de seguridad a largo plazo que planean brindar a Ucrania como resultado de la invasión rusa , así como el apoyo para facilitar una “agenda de reforma que brindará a Ucrania la buena gobernanza necesaria para avanzar hacia sus aspiraciones euroatlánticas”.

A cambio de este apoyo, según The Guardian, Ucrania se comprometería con reformas “para subrayar sus compromisos con la democracia, el estado de derecho, el respeto por los derechos humanos y la libertad de prensa”, “poner su economía en un camino sostenible” y fortalecer “el control civil democrático de la militar”.

El ataque a 1 miembro es un ataque a todos, por lo tanto la guerra, como en otras ocasiones en la historia, trascendería las fronteras del país invadido y se desataría un caos. Ya no sería una guerra entre Rusia vs Ucrania sino con el resto del bloque. 

Este miércoles (12/07/23) el ministro de Relaciones Exteriores de Italia y viceprimer ministro Antonio Tajani, explicó: 

“La decisión sobre el ingreso de Ucrania en la OTAN ya se ha tomado, pero no está claro cuándo sucederá exactamente. De hecho, hay una decisión de unirse a Ucrania, la pregunta es cuándo. Por supuesto, esto no sucederá durante la guerra debido al peligro de una escalada. Todos pensamos en aceptar a Kiev después del final de la guerra. Estamos ayudando a Kiev a proteger su independencia, su territorio”.

“Ucrania será miembro de la OTAN”

Pero, de todas maneras, Ucrania debería estar animada, había señalado previamente el secretario general Jens Stoltenberg. Le han simplificado el mecanismo de entrada -porque entrar, entrará- y Kiev será tratada de igual a igual en un consejo bilateral de consulta y toma de decisiones.

“Reafirmamos que Ucrania se convertirá en miembro de la OTAN y acordamos eliminar el requisito del Plan de Acción para la Adhesión. Esto cambiaría el camino de adhesión de Ucrania de un proceso de dos pasos a un proceso de un solo paso”.

“Una decisión absurda”

Zelenski, arropado por los lugareños, calificó de absurdo no contar con una fecha clara de invitación, criticando tanta vacilación.

“Hoy he venido aquí, creyendo en la determinación, creyendo en los socios, creyendo en la OTAN fuerte. En la OTAN que no duda, que no pierde el tiempo y que no vuelve la cabeza hacia ningún agresor’.

Según Stoltenberg, el programa ofrecido a Kiev, además de entrenar a sus tropas y modernizar sus sistemas de defensa, ayudará a cubrir cuestiones básicas como el suministro de combustible, y de equipos médicos y de desminado.

En la agenda de la segunda jornada de la cumbre figura la seguridad climática, en la que intervendrán aliados del Indo Pacífico como Australia y Japón.

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Putin está ganando la guerra, en los mercados energéticos, pese a las sanciones

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La OTAN no entiende cómo Rusia sobrevive a las sanciones. La teoría indicaba que ningún país podría sobrevivir a las sanciones coordinadas de los países de la OTAN. Pero Rusia ha demostrado la fragilidad del concepto.

El volumen de la producción de petróleo y gas de Rusia y sus precios en los mercados indican que Vladimir Putin está ganando la guerra en el mercado de hidrocarburos, afirmó el columnista de Bloomberg, Javier Blas. Aparentemente, los países de la OTAN se preguntan cómo es que sus sanciones no han logrado el propósito de disciplinar a Moscú.

Javier Blas es columnista de Bloomberg Opinion que cubre energía y materias primas; y ex editor de materias primas de Financial Times, coautor de ‘El mundo en venta: dinero, poder y los comerciantes que intercambian los recursos de la Tierra’.

Blas recuerda que en julio la producción de petróleo de Rusia fue equivalente al nivel de principios de 2022, antes del inicio de la invasión autodenominada ‘operación especial’, con un promedio de casi 10,8 millones de barriles por día, cuando en enero fue de 11 millones.

“No fue un repunte: julio fue el 3er. mes consecutivo de recuperación de la producción de petróleo”, afirmó Blas.

Luego, el precio: inicialmente, Rusia tuvo que vender petróleo con grandes descuentos, pero en las semanas recientes, Moscú ha recuperado oportunidades de precios al aprovechar la oferta limitada en el mercado.

“Al menos en este momento, las sanciones energéticas no están funcionando”, escribió Blas.

En el interín, el fracaso de Joe Biden en su viaje a Riad, operación diplomática neutralizada por el vice 1er. ministro ruso, Alexander Novak, quien también viajó a Riad y, días después, la OPEP+ anunció un muy escaso aumento en la producción de petróleo.

“Cuando las sanciones europeas a las exportaciones de petróleo rusas entren en vigor en noviembre, los gobiernos de la región se enfrentarán a una elección difícil a medida que la crisis energética comience a afectar a los consumidores y las empresas”, advirtió Blas.

Hora de reproducir la comentada columna de Blas en Bloomberg titulada ‘En los mercados energéticos, Putin está ganando la guerra’:

Independientemente del indicador que utilice, el presidente ruso, Vladimir Putin, está ganando en los mercados energéticos. Moscú está ordeñando su fuente de ingresos del petróleo, ganando cientos de millones de dólares todos los días para financiar la invasión de Ucrania y comprar apoyo interno para la guerra.

Una vez que las sanciones europeas contra las exportaciones de crudo ruso entren en vigor a partir de noviembre, los gobiernos de la región enfrentarán algunas decisiones difíciles a medida que la crisis energética comience a afectar a los consumidores y las empresas.

na vez que las sanciones europeas contra las exportaciones de crudo ruso entren en vigor a partir de noviembre, los gobiernos de la región enfrentarán algunas decisiones difíciles a medida que la crisis energética comience a afectar a los consumidores y las empresas.
Se espera que los costos de electricidad para hogares y negocios se disparen a partir de octubre, ya que el aumento en los ingresos del petróleo le permite a Putin sacrificar los ingresos del gas y reducir los suministros a Europa. Es probable que los precios en el Reino Unido aumenten un 75 %, mientras que en Alemania algunas empresas de servicios públicos municipales ya han advertido que los precios aumentarán más del 100 %.

Rusia ha convertido con éxito los suministros de energía en armas; Los gobiernos occidentales se verán cada vez más presionados para gastar miles de millones, ya sea subsidiando las facturas de los hogares o, como ya ocurre en Francia, tomando el control de las compañías eléctricas.

Crisis de poder

El contrato de electricidad alemán de referencia con un año de antelación ha subido a un máximo histórico, unas 10 veces más que su nivel ant erior a la crisis.

El primer indicador que muestra cómo Putin ha cambiado el rumbo del petróleo es la producción de crudo ruso. El mes pasado, la producción del país volvió a subir a niveles cercanos a los de antes de la guerra, con un promedio de casi 10,8 millones de barriles por día, solo marginalmente por debajo de los 11 millones bombeados en enero inmediatamente antes de la invasión de Ucrania.

Según las estimaciones de la industria, la producción de petróleo es ligeramente superior en lo que va del mes.

No es un problema: julio marcó el 3er. mes consecutivo de recuperación de la producción de petróleo, con un aumento significativo desde el punto más bajo de este año de 10 millones de barriles establecido en abril, cuando los compradores europeos comenzaron a evitar a Rusia y Moscú se apresuró a encontrar nuevos compradores.

En recuperación

La producción de petróleo rusa se recuperó después de que cayó bruscamente en marzo y abril, acercándose al nivel que tenía antes de la invasión de Ucrania.

Después de esa lucha inicial, Rusia ha encontrado nuevos clientes para el millón de barriles diarios que las refinerías de petróleo europeas han dejado de comprar debido a la autosanción.

La mayor parte de ese crudo termina en Asia, especialmente en India, pero también en Turquía y en otros lugares de Medio Oriente. Y algo sigue apareciendo en Europa, con compradores que siguen comprando crudo ruso antes de la introducción prevista de sanciones oficiales a principios de noviembre. Todos los que apostaron a que la producción de petróleo rusa continuaría cayendo, incluido yo mismo, se equivocaron.

El 2do. indicador es el precio del petróleo ruso. Inicialmente, Moscú se vio obligada a vender sus sabores de crudo con grandes descuentos frente a otras variedades para atraer a los compradores.

En las últimas semanas, sin embargo, el Kremlin ha recuperado el poder de fijación de precios, aprovechando un mercado ajustado.

El crudo ESPO, una categoría de petróleo ruso del Lejano Oriente, es un buen ejemplo de la nueva tendencia.

En su punto más bajo a principios de este año, se vendió con un descuento de más de 20 dólares el barril frente al crudo de Dubái, el punto de referencia petrolero regional para Asia. Recientemente, el crudo ESPO ha cambiado de manos en paridad con Dubai.

El crudo de los Urales, la principal exportación rusa de petróleo a Europa, no se está beneficiando tanto como ESPO, ya que sus principales compradores han sido tradicionalmente países como Alemania en lugar de India.

Pero también se está recuperando en precio, vendiéndose recientemente entre US$ 20 y US$ 25 por barril más barato que el Brent de referencia, luego de cotizar con un descuento de casi US$ 35 a principios de abril.

Moscú está encontrando nuevos comerciantes de productos básicos, que a menudo operan desde Medio Oriente y Asia y probablemente financiados con dinero ruso, dispuestos a comprar su crudo y enviarlo a mercados hambrientos.

Con el crudo Brent rondando los US$ 100 por barril, y con Rusia capaz de ofrecer descuentos más pequeños, hay mucho dinero entrando al Kremlin. Al menos por ahora, las sanciones energéticas no están funcionando.

El indicador final del éxito ruso es político, más que relacionado con el mercado. En marzo y abril, los formuladores de políticas occidentales se mostraron optimistas de que el cartel de la OPEP, encabezado por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, abandonaría su alianza con Rusia. Ha sido todo lo contrario.

A pesar de un viaje del presidente estadounidense Joseph Biden a Riyadh, Putin ha conservado su influencia dentro de la alianza OPEP+. Poco después de que Biden partiera de Arabia Saudita, el viceprimer ministro ruso, Alexander Novak, la persona clave de la nación que manejaba la relación con el cártel, voló al reino. Unos días después, la OPEP+ anunció un minúsculo aumento de la producción de petróleo, manteniendo la presión sobre los mercados energéticos mundiales.

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¡Hasta la vista, baby!

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Una nueva semana en la que la política internacional demuestra la voracidad de los cambios abruptos en el viejo continente. Desde Gran Bretaña, Italia y la azotada Ucrania, han dado muestras de giros de 180 grados que no se suelen ver con naturaleza en Europa, que, además, está atravesando una tremenda ola de calor histórica que golpea a su población. Días en los que los europeos añoran los años de estabilidad que gozaron durante décadas.

Boris dijo adiós

Pareciera ser que el Boris Gate no tiene fin, aún cuando el mismo proceso judicial se dio por cerrado y con un resultado político más que caro para el saliente primer ministro. Sin embargo, como si fuera poco, Boris Johnson volvió a ser tapa de los diarios del mundo al despedirse de su parlamento. En un escatológico y enérgico discurso, el representante de los tories, hizo una breve reflexión de su gestión, de los puntos a favor y de las adversidades que tuvo que afrontar su gobierno. A pesar de eso, la frutilla del postre estuvo en el final de su discurso, donde se despidió de los parlamentarios británicos con un irónico ¡Hasta la vista, baby! Esta parodia evidente de Terminator 2, colmó de aplausos y risas del parlamento del Reino Unido, aunque, por otro lado, y pensando en clave política y comunicacional, fue una nueva demostración de lo enajenado que se encuentra el poder político en ese país. Aunque, otra respuesta podría ser que “Boris fue Boris”, es decir, que se despidió con la misma postura hilarante que lo caracteriza, y que de manera explícita lo llevó adelante en sus prácticas políticas con esas animosas fiestas en Downing Street. 

Ahora bien, Boris Johnson se va definitivamente el 6 de septiembre, y un día antes se conocerá finalmente a sus sucesores. Se trata de dos nombres fuertes dentro del seno conservador de Reino Unido: Liz Truss y Rishi Sunak. Arranquemos por el último, quien es considerado por los analistas políticos británicos como el sucesor por naturaleza de Boris Johnson. En este sentido, Rishi Sunak fue miembro y funcionario activo del gobierno del dimisionario primer ministro. Detentó el cargo de ministro de finanzas y tuvo la ardua tarea de lidiar con dos problemáticas económicas de gran tamaño para el Reino Unido. Efectivamente, Sunak afrontó el proceso del Brexit, esa salida paulatina de la Unión Europea, que cosechó un gran número de críticas y de defensores, y con ello la restructuración del comercio exterior británico. Por otra parte, Sunak también fue el encargado de coronar una serie de medidas económicas para solventar los efectos de la cuarentena estricta y el cese de actividades comerciales, industriales y productivas en el Reino Unido, a causa, lógicamente, de la pandemia de COVID – 19. Rishi Sunak, además, podría transformarse en el primer premier británico no blanco y con raíces de la India. 

Además de Sunak, la otra candidata es Liz Truss. Se trata de una conservadora del ala más derechista, fanática de Margaret Thatcher y fiel defensora del libre comercio. Truss se caracteriza por ser confrontativa y con un carácter avasallante, eso le valió una posición considerable en el partido conservador. Al igual que Rishi Sunak, Truss también formó parte del gabinete del saliente Boris Johnson y tuvo una durísima tarea como ministra de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña. La situación más complicada que tuvo que atravesar fue, lógicamente, la Guerra en Ucrania y todo lo que se desprenda de la misma. De esa forma, fue encargada de modelar la postura británica en este conflicto, en las sanciones labradas hacia Moscú y en el sistema de alianzas que busco construir y consolidar en este tiempo de mandato. 

El drama de las exportaciones ucranianas

Finalmente pareciera ser que se destrabó la problemática económica que aflige a gran parte del mundo. Fue Turquía precisamente, quien ofició como mediador entre Ucrania y Rusia para poder volver a poner en marcha una inmensa cantidad de producción de granos que tendrán destinos variados y que saldrán por el Mar Negro. 

Aquí pareciera ser una obviedad entender que, en plena guerra, la producción entera de Ucrania se paralizaría. Sin embargo, este país es primordial en el mercado internacional de los granos, sobre todo del trigo, que sirve para abastecer a regiones del globo que no cuentan con producción propia. Asimismo, también parecía una obviedad que Rusia iba a impedir que se efectivicen esas exportaciones, poniéndole un cepo financiero y alimentario a Ucrania y los países que se valen de esa producción. Sin embargo, el impedimento de esa salida de granos hacia el mundo podría provocar una enorme crisis alimentaria, la cual, aparentemente se pudo evitar. 

Fue justamente Erdogan, el presidente de Turquía, quien sirvió de moderador en este conflicto. Gracias a la intervención turca, Ucrania y Rusia llegaron a un acuerdo o pacto que consiste en el establecimiento de corredores humanitarios para que la producción del grano ucraniano llegué al Mar Negro y se distribuido al mundo. Nuevamente, una simple guerra demuestra la fragilidad de un sistema de completa dependencia del capital transnacional, y queda a las claras, que esto también es un arma que Vladimir Putin puede utilizar a su favor. 

¿Draghi Gate?

Italia no es la excepción ante este cisma político que está viviendo actualmente Europa. Fue justamente Mario Draghi quien pagó las consecuencias de un evidente debilitamiento del poder y la institucionalidad en el viejo continente. Luego de su fallido primer intento de dimisión, Draghi afrontó un voto de confianza que logró atravesarlo de manera positiva, aunque perdió la mayoría de su respaldo en el parlamento italiano, por lo que volvió a presentar su dimisión, esta vez aceptada por Sergio Mattarella, presidente de Italia. 

La situación de Draghi no pareciera ser algo aislado, sino más bien el síntoma de una época. Europa entera está comenzando a cuestionar sus propias decisiones en un trajín de debilidad propinada por la hegemónica dependencia del gas ruso. A partir de allí y de una galopante crisis económica, el viejo continente comienza a demostrar signos de ablandamiento institucional y de, quizás, nuevos modelos de orden político. En el caso de Italia, el 25 de septiembre se conocerá quién lleve las riendas del país. Aunque nadie esté tocando el violín, Roma arde junto al resto de Europa. 

La naturaleza también golpea a Europa

El viejo continente está pasando por una de las olas de calor que, con brutal fiereza, está azotando a la isla británica, la península Ibérica y también a Francia. Con temperaturas récord que superan los 40ºC, Europa suma un nuevo problema que no es controlado, directamente, por el ser humano. El abrumador calor afecta al humor social del viejo continente, el cual suma todos los días, un nuevo número de fallecidos por esta ola de altas temperaturas. Asimismo, es el escenario propicio para que se generen focos de incendios, los cuales dijeron presente en Portugal, España y Francia, arrasando con todo a su paso. Una gran cantidad de hectáreas de bosques fueron consumidas por el fuego en esos países, y también sembrando la incertidumbre del alcance de los focos ígneos, y del evidente temor de que pueda acercarse a zonas residenciales, con todo el riesgo que eso implica. Parece ser que ni siquiera la naturaleza puede respaldar a Europa en estos días. 

Allá también pasa

Una lección interesante, con una lectura en clave internacionalista, de lo que sucede en Europa es la destrucción del mito de la idealidad de ese continente. Día tras día, ante las inclemencias económicas que vive Argentina y la región, es común escuchar frases como “en Europa no pasa esto”, “en un país serio no pasa esto”, “me voy a Europa porque allá sí se puede estar tranquilo”. Es claro que esa afirmación se transforma en una endeble falacia con el simple hecho de poder visualizar los acontecimientos que sacuden al viejo continente en estos días. Un combo de problemáticas hace que Europa no pareciera ser el oasis idílico que venden los relatos preelaborados, sino todo lo contrario, allá también existen las crisis económicas, las devaluaciones, el aumento de precio, las guerras, los gobiernos débiles, las renuncias de políticos, las crisis migratorias y el abrumador abrazo de una ola de calor histórica. Esto no es en detrimento de Europa, sino todo lo contrario, sirve para entender como se han naturalizado una serie de ideas que son alimentadas día tras día, cuando la realidad dice otra cosa. Por otro lado, es una oportunidad para que la Unión Europea y la la OTAN comiencen a pensar cómo reconstruir el sistema de alianzas y los mercados en la Europa post guerra en Ucrania, post caída del Euro y post debilitamiento de jefes de Estado. Es un llamado de atención para un continente, que, de querer seguir manteniendo la postura hegemónica construida desde la operatividad del Plan Marshall, deberá tomar las riendas y, junto a ella, un volantazo que explique y solucione las cuestiones nombradas. La multipolaridad llegó al mundo para quedarse.

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¡Muy peligrosos vientos de guerra en el horizonte cercano!

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Absoluta y excluyentemente preocupante, resulta la muy clara y agresiva declaración pública de la OTAN, en la cual formalmente se sale de su supuesto rol meramente “defensivo” (tal fue el objetivo, al menos declamativo, de su creación), para pasar ya abiertamente a una postura de enfrentamiento directo contra Rusia y China, autoerigiendose aquella alianza militar atlántica en defensora a ultranza de los mandatos del Bloque Atlantista y de la globalización forzosa y al como sea, bajo las muy negativas políticas neoliberales, todo lo cual el Bloque Atlantista pretende imponer a escala planetaria. 

Resulta muy claro que las dos principales potencias que se oponen a la pretendida reinstauración del mundo unipolar que el Atlantismo quiere imponer -regido por la dupla anglosajona y el mega poder financiero transnacional-, son China y Rusia; cuya actual fuerte alianza estratégica es el núcleo del Bloque Continentalista, el cual evidencia tener espaldas suficientes como para no doblegarse ante los pretendidos mandatos “obligatorios” de los Atlantistas y su brazo armado, la OTAN. 

No sorprende que sobre Rusia y China se descargue toda la batería de demonizaciones e intentos de detener sus posturas soberanas, que evidencian no ser genuflexos ante las coercitivas presiones del Bloque Atlantista, pues hoy son el principal e inmanejable obstáculo que se opone al neocolonialismo del Bloque Atlantista, el cual dio pruebas contundentes de pretender doblegar a toda nación que no se allane a sus agresivas pretendidas “imposiciones obligatorias”.

Dentro de esas acciones de descarnado neoimperialismo, siempre salpimentado con abundantes dosis de “frases y conceptos hermoseados”, como “defender la democracia” (apoyando sin sonrojarse a gobiernos tiránicos…mientras les sean dóciles, “buscar la paz” (lo cual no dudan hacer a los bombazos), “respetar a los derechos humanos” (con métodos que no son derechos ni humanos), “buscar un mundo mejor y más justo” (mientras en los hechos el neoliberalismo que promocionan e imponen a los que se doblegan, multiplica la miseria y la obscena concentración de la riqueza), y -entre muchos otros conceptos falaces- dicen defender “valores éticos superiores” mientras buscan imponer un materialismo a ultranza carente de todo elemental humanismo. 

No es un dato menor, que mientras el núcleo del Atlantismo, compuesto por EEUU, Reino Unido y la Unión Europea, ve crecer e incluso fomenta el materialismo descarnado en sus propias poblaciones, con funestas consecuencias para las mismas; por el contrario la Rusia de Putin anuda lazos con la Iglesia Ortodoxa, siendo consciente que la espiritualidad de su sufrido pueblo no pudo ser anulada en siete décadas de la hoy fuera del poder doctrina marxista, la cual es declaradamente no solo atea, sino anti tea; mientras por su parte China revalora a Confucio y tiende lazos con el catolicismo. 

Existen sobrados elementos probatorios como para calificar de guerra apenas semi encubierta entre la OTAN y Rusia, al conflicto armado que eclosiona en territorio de Ucrania. La OTAN y sus líderes principales, dicen “buscar la paz en Ucrania”, mientras siguen enviando armamentos pesados a Ucrania, seguramente junto a “asesores militares” y a diversos mercenarios, de los cuales ya se difundieron evidencias, las que dentro del aquelarre informativo que caracteriza a las guerras en general, parecerían ser concretas. 

Los medios masivos de difusión y los discursos de los referentes de la OTAN insisten en el monocorde discurso de “condena a la agresión rusa”, analizando los hechos solo desde el comienzo de las hostilidades; pero cuidadosamente omiten los agresivos continuos avances de la OTAN hacia las fronteras rusas, con las consecuentes instalaciones de baterías misilísticas de tipos tácticos y estratégicos, que tornarían ilusorias todas las contramedidas defensivas rusas en caso de un ataque de la OTAN, e incluso se constataron instalaciones que proveerían de material altamente sensible para ataques biológicos con virus patógenos. Tampoco se analizan en los medios “occidentales” las más de 14.000 muertes provocadas por los ataques contra el área del Donbass, ni las injerencias de personeros de la OTAN en la guerra cibernética que eclosionó en Maidán y provocó un abrupto cambio de gobierno en Ucrania. Todo lo precedente no pretende “justificar” la intervención armada rusa, pero sí en cambio cabe preguntarse que harían EEUU, Reino Unido o Francia, si en sus fronteras se instalaran amenazantes equipos bélicos de última generación, apuntando a sus sitios estratégicos. 

Claro que, de lo último, como es usual en temas sensibles e impresentables para el poder establecido del Atlantismo, “de eso no se habla”. 

Cuando la OTAN agrede en forma alevosa, como lo perpetraron en Libia, en la ex Yugoeslavia, en Iraq, en Siria; y como lo hacen con muy poca difusión en diversos puntos de África, y como lo hicieron contra Argentina en el Atlántico Sur, se lo presenta en formatos edulcorados o con las usuales “justificaciones”, como las expuestas precedentemente, o en el colmo de lo absurdo, agreden “en nombre de la paz”…pero cuando el Oso Ruso reaccionó ante una cadena de provocaciones…las condenas del establishment Atlantista, son estentóreas, constantes y crecientes. La usual doble vara para medir los hechos. 

En forma muy preocupante para la paz mundial, los últimos discursos belicistas y las acciones que se están tomando por parte de la OTAN, podrían ser los irracionales prolegómenos de una muy destructiva guerra convencional, con el riesgo muy concreto de derivar prontamente a un catastrófico conflicto nuclear; del cual se corre el serio riesgo de aniquilar toda civilización. 

Mientras tanto, las baterías de sanciones económicas de la Unión Europea y sus mentores anglosajones de ambas márgenes del Atlántico, están evidenciando afectar en forma mucho más acentuada a los propios “sancionadores” de la Unión Europea, provocando una severísima crisis energética sin soluciones económicas posibles a corto y mediano plazo; y para peor se avizora una gran crisis humana y económica a escala global, que por la acentuación del contexto belicista puede tener una profundidad y gravedad de las que solo se saldría con dolorosas consecuencias para el mundo; y sobre todo para el mundo subdesarrollado, al cual las Potencias Atlantistas son expertas en transferir las consecuencias de sus acciones, multiplicando la miseria, la exclusión social y la hambruna, esta vez a escalas que pueden ser dantescas. 

Ni la muy autorizada opinión del Papa Francisco, en su llamamiento a la paz y la cordura, parece haber sido tenida en cuenta.

Modestos llamados a la paz y la racionalidad como la presente opinión y muchas más que afloran a diario, parecen ser solo gotas de agua derramadas sobre un incendio de terribles proporciones, al cual la soberbia y la miopía de los poderosos, parecen estar arrastrándonos irremisiblemente. 

No son temas ajenos ni menores, analizar que son los Atlantistas los que promueven y apoyan la reedición en formato muy acentuado, de la siniestra doctrina del “Gran Garrote” para sumirnos en el Patio Trasero de la Doctrina Monroe; y para ello apelan a toda la batería de medidas neocolonialista, como el brutal endeudamiento en que nos sumieron a los argentinos; presionan para impedirnos obras claves para nuestro desarrollo (como la Central Nuclear Atucha 3); impiden y condicionan el necesario rearme de nuestras hoy alicaídas Fuerzas Armadas; apoyan a los apátridas neoliberales que nos quieren volver a convertir en el anacrónico e inviable país feudal que fuimos en el siglo XIX; buscan la balcanización de nuestro territorio, por medio de diferentes operadores, como el impresentable exgobernador “independencista” de Mendoza, y el mapuchismo agresivo y separatista fogoneado desde Gran Bretaña y apoyado por marionetas “progresías” locales carentes del más elemental patriotismo; y sostienen el anacrónico rol colonial usurpador de los británicos en Malvinas. 

Por el contrario, China y Rusia nos tendieron las manos, ofreciendo financiaciones blandas y factibles, para obras estratégicas de infraestructura imprescindibles para nuestro desarrollo; ofrecieron reequipar sin condicionamientos a nuestras Fuerzas Armadas; nos facilitaron grandes cantidades de vacunas cuando en plena epidemia se nos negaban desde las naciones “occidentales y cristianas”; y entre muchos otros hechos positivos, apoyan activamente la justa causa de Argentina en el urticante tema de Malvinas. 

Debemos sin duda apoyar la paz, pero no por ello caer en “condenas” o alineamientos que no contemplen el contexto general, ni las propias necesidades geopolíticas de nuestro país y de nuestra gran región de Íbero América. 

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