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El papa Francisco aceptó la renuncia de monseñor Delgado, ex obispo de Posadas

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El nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, comunicó que el Sumo Pontífice Francisco aceptó la renuncia de monseñor Alfonso Rogelio Delgado Evers, de 75 años, arzobispo de San Juan de Cuyo, conforme a lo establecido por el canon 401,1 del Código de Derecho Canónico.

Asimismo, el representante pontificio hizo saber que monseñor Jorge Eduardo Lozano, de 62 años, hasta el momento arzobispo coadjutor, será el sucesor de monseñor Delgado como nuevo arzobispo de la arquidiócesis de San Juan de Cuyo.

Mons. Jorge Eduardo Lozano, nuevo arzobispo de San Juan de Cuyo
Nació en Buenos Aires el 10 de febrero de 1955; ordenado sacerdote el 3 de diciembre de 1982 en el Estadio Obras Sanitarias, de la ciudad de Buenos Aires, por el cardenal Juan Carlos Aramburu, arzobispo de Buenos Aires; elegido obispo de Fornos Mayor y auxiliar de la arquidiócesis de Buenos Aires el 4 de enero de 2000 por san Juan Pablo II; ordenado obispo el 25 de marzo de 2000 en la catedral de Buenos Aires por monseñor Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires. Fueron co-consagrantes monseñor Raúl Omar Rossi, obispo de San Martín y monseñor Mario José Serra, obispo auxiliar de Buenos Aires; trasladado como obispo de Gualeguaychú el 22 de diciembre de 2005, tomó posesión de esa sede e inició su ministerio pastoral como cuarto obispo de Gualeguaychú el 11 de marzo de 2006. El 31 de agosto de 2016 el papa Francisco lo promovió a arzobispo coadjutor de San Juan de Cuyo, cargo que asumió el 4 de noviembre. En el CELAM es Responsable de la Sección Pastoral Social del Departamente de Justicia y Solidaridad. En la Conferencia Episcopal Argentina preside la Comisión de Pastoral Social. Es Bachiller en Teología (Universidad Católica Argentina).

Mons. Alfonso Rogelio Delgado Evers, arzobispo emérito de San Juan de Cuyo
Nació en Rosario, provincia de Santa Fe, el 21 de junio de 1942; ordenado sacerdote en la Prelatura del Opus Dei el 23 de junio de 1970 en Madrid, por monseñor Luiggi Dadaglio, nuncio apostólico en España; elegido obispo de Santo Tomé el 20 de marzo de 1986 por san Juan Pablo II; ordenado obispo el 25 de abril de 1986, en Buenos aires, por el cardenal Juan Carlos Aramburu, arzobispo de Buenos Aires. Fueron co-consagrantes monseñor Jorge Manuel López, arzobispo de Rosario y monseñor Antonio Rossi, arzobispo de Corrientes. Tomó posesión de esa sede el 11 de mayo de 1986; trasladado como obispo de Posadas el 25 de febrero de 1994, tomó posesión el 1 de mayo de 1994; promovido a arzobispo de San Juan de Cuyo el 29 de marzo de 2000, tomó posesión de esta sede e inició su ministerio pastoral como quinto arzobispo (décimo diocesano) de San Juan de Cuyo el 24 de mayo de 2000. En la Conferencia Episcopal Argentina es miembro de la Comisión de Comunicación Social. Es Agrimensor (Universidad Nacional de Rosario) y doctor en Teología Dogmática (Universidad de Navarra, España). Su lema episcopal: «Ut eatis».+

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Ante una multitud, el Papa convirtió en santos a los pastorcitos de Fátima

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Cien años después de que aseguraran haber visto a la Virgen María, los pequeños hermanos pastores Francisco y Jacinta fueron declarados santos este sábado por el Papa en el santuario portugués de Fátima, ante cientos de miles de emocionados fieles.

“Declaramos y definimos como santos a los beatos Francisco Marto y Jacinta Marto”, dijo el papa Francisco en la misa de canonización delante de la Basílica de Nuestra Señora de Fátima, cuya explanada con capacidad para 400.000 peregrinos se encontraba abarrotada.

Otras personas debieron seguir la celebración en pantallas gigantes colocadas en diversos lugares del santuario, en el centro de Portugal, protegido por fuertes medidas de seguridad.

Los pequeños pastores, humildes e iletrados, murieron de gripe española a los diez y nueve años, respectivamente, algunos años después de haber visto en 1917 seis apariciones de la madre de Jesús. Ambos, enterrados en la Basílica de Fátima, se convierten en los santos más jóvenes de la Iglesia católica que no murieron en martirio.

“Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a San Francisco Marto y a Santa Jacinta”, que con su fe en la Virgen recibieron “la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos”, declaró el Papa en la homilía.

“Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra”, abundó Jorge Bergoglio, muy devoto de la Virgen.

Muchos asistentes durmieron en la explanada, otros llegaron desde la madrugada. Al momento de la canonización, los peregrinos, algunos con lágrimas en los ojos, estallaron en aplausos.

Francisco, el cuarto papa en visitar Fátima en medio siglo, cierra este sábado su peregrinación de menos de 24 horas, en medio de fuertes medidas de seguridad, al popular santuario visitado por millones de peregrinos al año.

Hace exactamente cien años, el 13 de mayo de 1917, Francisco, entonces de 9 años, su hermana Jacinta de 7 y su prima Lucia dos Santos, de 10, dijeron haber visto a la Virgen por primera vez. Ocurriría cinco veces más, siempre los 13 de cada mes.

Considerados como perturbadores del orden público, fueron encarcelados, pero luego liberados por presión popular.

Lucia sobrevivió a Francisco y Jacinta y falleció en el 2005 con 97 años. Su proceso de beatificación comenzó en 2008.

A los niños, María les habría compartido varias profecías y entregado “Los tres secretos de Fátima”.

Los dos primeros fueron revelados a mediados del siglo pasado: en el primero se daba una visión del infierno y el segundo hablaba de una guerra peor que las que había entonces.

El tercero sólo fue dado a conocer en el 2000, en Fátima, por Juan Pablo II, quien beatificó a los pastorcitos.

Se refería al atentado que sufrió el papa polaco el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro, en el aniversario de la primera aparición de Fátima, y a la lucha entre el comunismo ateo y la iglesia en el siglo XX.

Dos “milagros” atribuidos a los niños portugueses y reconocidos por la Iglesia permitieron su canonización: el primero, la curación inexplicable en 1997 de una mujer portuguesa que sufría una paraplejía.

El segundo, la rápida curación sin razón aparente de un niño brasileño que sufrió un traumatismo craneal en 2013. Sus padres contaron en Fátima que el joven se recuperó sin secuelas cuando rezaron a los pastorcitos.

Aunque las apariciones de Fátima no forman parte del dogma de la Iglesia, es decir, no tienen que ser dadas por verdaderas por todos los fieles, Francisco y Jacinta integran desde hoy el panteón de miles de santos católicos.

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Papa Francisco: “Hay corrupción en el Vaticano, pero yo estoy en paz”

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Lo dijo en un diálogo que tuvo en noviembre pasado con 140 superiores, publicado por La Civiltá Cattolica.

“En Buenos Aires era más ansioso, no era como ahora. Hay corrupción en el Vaticano, pero yo estoy en paz”. Lo dijo el papa Francisco el 25 de noviembre último en un encuentro con 140 Superiores Generales de Ordenes y Congregaciones religiosas masculinas. Entonces hubo preguntas y respuestas que fueron transcriptas por el padre Antonio Spadaro, director de la revista La Civiltá Cattolica, que para su edición número 4000, que saldrá pasado mañana, publicó la versión integral del diálogo.

Según un anticipo publicado hoy por el Corriere della Sera, durante esa charla el Papa volvió a decir que si bien “hay corrupción” en el Vaticano, se siente “en paz”. Y confesó que “era más ansioso” cuando vivía en Buenos Aires, donde fue arzobispo desde 1997 hasta que partió para el cónclave de 2013, que lo eligió.

– Pese a los desafíos, las tensiones, oposiciones, usted nos ofrece el testimonio de un hombre sereno, de paz. ¿Cuál es la raíz de su serenidad?

– ¡No, no tomo pastillas tranquilizantes! Los italianos dan un buen consejo: para vivir en paz hace falta un sano menefreghismo [de la frase me ne frega, en italiano, que significa “me importa un bledo”]. No tengo problemas en decir que lo que estoy viviendo es una experiencia completamente nueva para mí. En Buenos Aires era más ansioso, lo admito. Me sentía más tenso y preocupado. En suma: no era como ahora. Tuve una experiencia muy particular de paz profunda en el momento que fui electo, que no me abandona más. Vivo en paz. No sé explicar (…). En las Congregaciones Generales se hablaba de problemas en el Vaticano, se hablaba de reformas. Todos las querían. Hay corrupción en el Vaticano. Pero yo estoy en paz. Si hay un problema, yo le escribo un papelito a San José y lo pongo en una estatuilla que tengo en mi habitación. Es la estatua de san José que duerme. ¡Y a este punto él duerme sobre un colchón de papelitos! Por eso duermo bien: es una gracia de Dios. Duermo siempre seis horas. Y rezo.

El pontífice reiteró que la Iglesia “ha nacido en salida y debe permanecer en salida” hacia lo que él llama “las periferias existenciales y sociales”. En el diálogo con los superiores, ante una pregunta sobre los casos de abusos sexuales, Francisco también aseguró que se trata de una “enfermedad”. Sostuvo: “Parece que de cuatro personas que abusan, dos fueron a su vez abusadas. Se siembra el abuso en el futuro: es devastador. Si están involucrados sacerdotes o religiosos, es claro que está en acción la presencia del diálogo que arruina la obra de Jesús a través de quien debía anunciar a Jesús. Pero hablemos claro: esta es una enfermedad. Si no estamos convencidos de que esta es una enfermedad, no se podrá resolver bien el problema”.

Por lo tanto, atención al recibir en formación candidatos a la vida religiosa sin comprobar bien su adecuada madurez afectiva. Por ejemplo: nunca recibir en la vida religiosa o en una diócesis candidatos que han sido rechazados de otro seminario o instituto sin pedir informaciones muy claras y detalladas sobre los motivos de su alejamiento”, recomendó.

Ante otra pregunta, Francisco también reiteró que para él son positivas las críticas: “a mi me gusta esto, siempre. La vida está también hecha de incomprensiones y de tensiones. Y cuando son críticas que hacen crecer, las acepto, respondo”, dijo. Confesó, finalmente, que para él las preguntas más difíciles suelen ser las que le hacen los jóvenes, no los religiosos: “los jóvenes son caraduras y sinceros y te preguntan las cosas más difíciles”.

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