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Paro de prácticos: el Gobierno suspendió la desregulación, acordó una rebaja del 20% y se levantó la medida

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El conflicto que había paralizado la asistencia a la navegación de buques en las principales vías navegables del país encontró una salida provisoria. El Gobierno Nacional acordó con los representantes del sector de practicaje una reducción del 20% en las tarifas y dispuso la suspensión temporal del Decreto 690/2026, la norma impulsada por Federico Sturzenegger que había modificado de manera integral las reglas de una actividad regulada desde 1991.

Con la firma del acta de entendimiento, los prácticos retomarán de inmediato sus tareas en los puertos y vías navegables, mientras el Ejecutivo y el sector abrirán una instancia de negociación para revisar los aspectos normativos y operativos que permanecen en disputa. La solución permite desactivar una medida de fuerza que había comenzado a impactar sobre el funcionamiento de la cadena exportadora.

El Gobierno confirmó que la suspensión del decreto tendrá carácter temporal y que, durante ese período, funcionará una mesa de trabajo conjunta coordinada por el Poder Ejecutivo. Participarán representantes de los ministerios de Seguridad y Defensa, además de otros organismos con competencia en la materia.

El objetivo será revisar puntualmente los cambios introducidos por el decreto y buscar un consenso definitivo sobre el régimen de practicaje. La conformación de este espacio de diálogo respondía también a uno de los principales reclamos planteados durante el conflicto y había sido señalada por el sector agroexportador como una condición relevante para normalizar la actividad.

La disputa había adquirido una dimensión económica que excedía al propio sector de prácticos. El parate en los puertos implicaba, según las estimaciones citadas durante el conflicto, pérdidas superiores a US$4,5 millones diarios para el campo, en un sistema logístico donde cualquier interrupción de la navegación puede trasladarse rápidamente a los costos de exportación y a la operatoria de las cadenas agroindustriales.

El acuerdo incorpora además un componente directamente vinculado con la competitividad: la reducción del 20% en las tarifas del servicio. La rebaja apunta a disminuir los costos asociados a la navegación y, al mismo tiempo, ofrece al Gobierno una herramienta para sostener parte de su objetivo inicial de reducir costos logísticos sin mantener abierta, en esta etapa, la totalidad de los cambios regulatorios que provocaron la reacción del sector.

El origen de la crisis fue el Decreto 690/2026, impulsado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. La normativa había reemplazado la reglamentación vigente desde 1991 y planteaba una reestructuración profunda del sistema de practicaje marítimo y fluvial.

Entre los cambios introducidos se encontraba la posibilidad de que capitanes extranjeros con experiencia quedaran exceptuados de la obligación de contratar prácticos. También se ampliaban las dimensiones de los buques para los cuales resultaba obligatorio contar con asistencia, se eliminaba el límite de cupos para la inscripción de profesionales y se habilitaba a la Prefectura a prestar el servicio.

El decreto también eliminaba la segmentación por tramos geográficos que obligaba a rotar de práctico durante determinados recorridos, flexibilizaba los traslados del personal y ampliaba las exenciones de contratación para algunos buques.

El argumento oficial detrás de la reforma apuntaba a reducir costos y flexibilizar una actividad considerada estratégica para el comercio exterior. “La Argentina necesita que sus ríos sean una autopista para el desarrollo, no un kiosco regulatorio”, había planteado Sturzenegger al defender los cambios.

La suspensión temporal del decreto no supone, por lo tanto, el abandono de la discusión sobre la regulación del practicaje. El Gobierno conserva abierta la posibilidad de revisar el esquema, pero ahora bajo una instancia de negociación que incorpora a los actores directamente involucrados y con una prioridad inmediata: garantizar la continuidad de la navegación y reducir los costos que impactan sobre la logística exportadora.

La salida acordada deja así dos resultados concretos en el corto plazo. Por un lado, se normaliza la asistencia a los buques y se evita que el conflicto continúe generando pérdidas sobre una cadena exportadora particularmente sensible a las interrupciones. Por otro, la reducción tarifaria introduce un alivio sobre los costos del servicio, mientras la mesa técnica deberá determinar qué aspectos de la reforma pueden sostenerse, cuáles requieren modificaciones y bajo qué condiciones.

La prueba para el Gobierno será convertir esta tregua en una reforma sostenible. El desafío consiste en combinar mayor eficiencia y menores costos para el comercio exterior con reglas previsibles para quienes prestan un servicio crítico para la seguridad de la navegación. La suspensión del Decreto 690/2026 abre ese espacio de negociación; el resultado dependerá de que la mesa técnica logre transformar el conflicto en un nuevo marco regulatorio con consenso suficiente para evitar otra interrupción de las vías navegables.

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Paro de prácticos: el conflicto con el Gobierno ya frena más de 150 buques y amenaza las exportaciones argentinas

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La pulseada entre el Gobierno nacional y los prácticos de navegación escaló este lunes a un nivel inédito: mientras los profesionales mantienen un paro en rechazo al Decreto 690/2026, que desregula el régimen de practicaje y pilotaje, la Prefectura Naval Argentina intimó formalmente a más de 500 habilitados para que retomen sus funciones bajo apercibimiento de sanciones administrativas e incluso eventuales denuncias penales. El resultado inmediato ya tiene impacto económico: más de 150 buques permanecen demorados en distintos puertos del país, afectando la salida de exportaciones y la llegada de cargas.

El conflicto trasciende una discusión laboral. En juego está el funcionamiento del principal sistema logístico argentino, por donde se canaliza la mayor parte de las exportaciones agroindustriales, energéticas y de economías regionales. Cada día de paralización implica mayores costos para exportadores, demoras en la cadena comercial y un deterioro de la competitividad en un contexto donde el Gobierno apuesta a incrementar el ingreso de divisas.

La medida de fuerza comenzó luego de la publicación del Decreto 690/2026, impulsado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, que modifica profundamente el régimen de practicaje y pilotaje. Entre los principales cambios, habilita una mayor competencia entre profesionales y elimina regulaciones sobre tarifas, que pasarán a definirse por el mercado.

Para los prácticos, la discusión excede lo económico. Sostienen que la flexibilización reduce estándares de seguridad en una actividad altamente especializada. Argumentan que la navegación en ríos, canales y accesos portuarios argentinos requiere conocimientos locales específicos sobre corrientes, profundidades y riesgos operativos, factores que consideran imposibles de reemplazar únicamente con la experiencia general de un capitán.

El Gobierno, por el contrario, sostiene que el nuevo régimen elimina privilegios corporativos, aumenta la competencia y reducirá costos logísticos para el comercio exterior, uno de los objetivos centrales de la agenda de desregulación que impulsa la administración de Javier Milei.

La respuesta oficial: intimaciones y advertencias penales

Frente a la continuidad del paro, la Prefectura Naval publicó un edicto mediante el cual notificó e intimó a los profesionales habilitados a poner inmediatamente a disposición sus servicios de practicaje y pilotaje.

La autoridad marítima advirtió que quienes mantengan la negativa podrían enfrentar sanciones disciplinarias previstas en el nuevo reglamento aprobado por el Decreto 690/2026 y recordó que determinadas conductas también podrían encuadrarse en los artículos 190 y 194 del Código Penal, vinculados con la seguridad de la navegación y la interrupción del transporte. La intimación alcanza a cientos de prácticos habilitados incluidos en el listado oficial difundido por la fuerza.

Desde el sector afectado rechazan la legitimidad de esa medida. Consideran que, al desempeñarse como profesionales independientes, ninguna norma los obliga a aceptar nuevas contrataciones ni habilita a la Prefectura a exigir la prestación inmediata de sus servicios bajo amenaza de sanciones.

El costo económico de una hidrovía paralizada

La preocupación crece especialmente entre exportadores, terminales portuarias y operadores logísticos. El Centro de Navegación (CNAV), entidad que representa a agencias marítimas responsables de más del 80% del comercio exterior argentino, advirtió que la paralización genera pérdidas millonarias por demoras, sobreestadías de los buques y alteraciones en la programación internacional.

La situación afecta particularmente al complejo agroexportador del Gran Rosario, principal nodo exportador de soja, maíz y derivados del país. Cada barco inmovilizado implica mayores costos de flete, posibles penalidades contractuales y retrasos en la liquidación de divisas.

El conflicto también comienza a impactar sobre proyectos estratégicos de infraestructura energética. Uno de los casos mencionados por operadores del sector corresponde a Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), donde el buque de transporte pesado White Merlin decidió permanecer fondeado fuera del puerto de Punta Colorada hasta contar con un práctico habilitado para realizar la maniobra de ingreso, generando costos adicionales y alteraciones en el cronograma de obras.

Seguridad versus desregulación

El debate de fondo enfrenta dos modelos regulatorios.

Para el Gobierno, la apertura del mercado permitirá reducir costos logísticos que históricamente fueron señalados como uno de los factores que restan competitividad al comercio exterior argentino.

Para los prácticos, en cambio, la discusión no puede reducirse a una cuestión de tarifas. Alertan que una flexibilización excesiva podría incrementar riesgos operativos en una red fluvial considerada una de las más complejas de Sudamérica y sostienen que aún faltan normas operativas complementarias para implementar el nuevo esquema con seguridad.

Un conflicto que trasciende a los puertos

La disputa se produce en un momento especialmente sensible para la economía argentina. Con el Gobierno apostando a aumentar exportaciones para fortalecer el ingreso de dólares, cualquier interrupción en la logística portuaria tiene efectos que van mucho más allá del sector marítimo.

Las economías regionales, el complejo agroindustrial, la industria energética y toda la cadena exportadora dependen de un sistema portuario operativo y previsible. Si el conflicto se prolonga, las pérdidas podrían multiplicarse no sólo por el incremento de costos logísticos, sino también por la pérdida de confianza de operadores internacionales y compradores externos.

La resolución del enfrentamiento aparece como un desafío urgente. La desregulación busca mejorar la competitividad, pero su implementación enfrenta la resistencia de un sector cuya actividad resulta indispensable para mantener en movimiento el comercio exterior argentino. Entre la apertura del mercado y la seguridad de la navegación, el país enfrenta un equilibrio delicado cuyo desenlace impactará directamente sobre las exportaciones y el ingreso de divisas.

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