PATIO TRASERO

Maduro bajo presión: el retorno del “patio trasero”

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Otro de los tantos nombres que se suman a la abultada agenda de enemigos públicos de Estados Unidos es el de Nicolás Maduro. El controvertido líder que gobierna Venezuela con mano de hierro vuelve a estar en el centro de la tormenta. Washington puso precio a su cabeza: cincuenta millones de dólares por información que conduzca a su captura, y veinticinco millones por su principal aliado, Diosdado Cabello.

Los cargos son múltiples: narcotráfico, violaciones a los derechos humanos y abuso de poder. Sin embargo, detrás de cada acusación también laten los intereses estratégicos de Estados Unidos, que nunca ha disimulado su mirada sobre los recursos venezolanos.

Desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, la presión sobre Caracas se ha intensificado. La Casa Blanca sostiene que Maduro encabeza una organización de narcotráfico conocida como el “Cartel de los Soles”, integrada, según las acusaciones, por altos funcionarios del chavismo. Washington no solo lo señala como un régimen corrupto, sino como un actor que combina negocios ilícitos con prácticas cercanas al terrorismo.

La respuesta de Caracas fue reforzar la alerta militar ante una posible invasión. Maduro ordenó movilizar cuatro millones y medio de milicianos, quince mil efectivos en estados fronterizos y un despliegue de buques. A esto se sumó el llamado a reservistas voluntarios. El contraste con la capacidad militar estadounidense es abrumador: destructores frente a las costas venezolanas, submarinos, aviones Poseidon y más de cuatro mil marines listos para actuar.

La comparación con Siria no parece descabellada. Una intervención militar podría convertirse en una guerra sangrienta, que la oposición celebraría como liberación, pero que podría abrir las puertas a una nueva etapa de intervencionismo directo en América Latina.

El trasfondo económico y geopolítico es evidente. Venezuela no solo controla cerca del veinte por ciento de las reservas mundiales de petróleo, sino que mantiene un diferendo con Guyana por el territorio del Esequibo, donde empresas como ExxonMobil operan con fuerte respaldo de Washington. Allí donde hay energía y petróleo, suele estar Estados Unidos.

El paralelismo histórico es inevitable. En la Guerra Fría, América Latina fue considerada el “patio trasero” de Washington, escenario de experimentos políticos y económicos. La historia de Manuel Noriega en Panamá es un espejo: acusado de narcotráfico y de desafiar a los Estados Unidos, fue derrocado en 1989 tras una invasión, capturado y condenado a cuarenta años de prisión. La pregunta es si Maduro puede terminar el mismo camino.

Hoy Venezuela se encuentra aislada. Rusia enfrenta sus propios problemas en Ucrania y busca distender con Estados Unidos. China condena la intimidación, pero no da señales de involucrarse directamente. Trump, por su parte, parece decidido a reinstalar la idea de un “patio trasero” latinoamericano, en línea con las viejas recetas del siglo XX.

Lo que está claro es que el régimen de Maduro no es un modelo transparente ni democrático. Las denuncias de corrupción y los testimonios de los millones de venezolanos que buscaron refugio en otros países lo confirman. Pero una intervención militar extranjera difícilmente sea la solución. Basta con mirar los resultados en Medio Oriente y África para entender que los pueblos terminan pagando un precio altísimo. El futuro venezolano, en cualquier escenario, se anuncia lleno de incertidumbre y sufrimiento.

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Los capataces del patio trasero: de Braden a Stanley, de Ponsonby a Philip Kent

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Con el natural desparpajo y estudiada desubicuidad, propia de los que operan como todopoderosos patrones de estancia dictando órdenes en el “patio trasero” definido por la colonialista y anacrónica Doctrina Monroe, el actual embajador de EEUU en Argentina se inmiscuyó alevosamente en cuestiones de política interna de Argentina pretendiendo dictar el rumbo de decisiones que como extranjero no le deben incumbir. 

Esa nueva muestra de neocolonialismo, que con tanta “naturalidad” expresan con preocupante frecuencia, diversos personeros de las dos potencias anglosajonas y del Bloque Atlantista, fue apenas mencionada por los compactos medios de difusión oligopólicos del establishment, y excepto un claro repudio por parte de la vocera presidencial, muy poco o nada se pudo constatar que otros dirigentes o intelectuales hayan salido al cruce inmediatamente, para demostrar el patriotismo que debe primar siempre. 

Hubo después varias opiniones de repudio a lo expresado por el atrevido embajador. 

Ese intervencionismo brutalmente abierto tiene su más claro antecedente en el nefasto accionar del entonces embajador de EEUU en Argentina Spruille Braden, quien en 1945 encabezó públicamente las manifestaciones y acciones de la variopinta coalición, que sin éxito intentó evitar que Perón ganara las elecciones. 

Esa coalición incorporó a todo el arco de sectores políticos opuestos al Pensamiento Nacional, abarcando no solo a múltiples partidos y sellos de goma de los sectores oligárquicos (los agrogarcas, solo preocupados por mantener sus privilegios), sino también a radicales, comunistas, socialistas, y otros. 

El grosero intervencionismo del embajador yanqui, dio origen a la contundente frase utilizada por el peronismo en esas elecciones: “Braden o Perón”, eje de la campaña que definió aquellas elecciones. Varios historiadores revisionistas mencionaron que, tanto al asumir Yrigoyen como Perón, en sus respectivas primeras presidencias, fueron inmediatamente visitados por el embajador británico de turno, quien les hizo saber la “preocupación” y las “recomendaciones” de viejo imperio, para ser aplicadas en los respectivos gobiernos. Con fría cortesía, Yrigoyen expresó que, si fue antes se obedecían esas “sugerencias”, no era así en su gobierno; mientras que Perón, seguramente exhibiendo su típica sonrisa campechana, dijo, palabras más o menos, que prefería ser criticado afuera antes que ser considerado un h… de p… por el pueblo que lo había votado. Después, en 1955, Churchill festejaría en el parlamento británico la caída del peronismo, perpetrada por sus colonizados mentales los milicos de “la fusiladora” … pero esa ya es otra historia. 

Es la misma continuidad histórica de intervencionismo anglosajón, con la complicidad y beneplácito de cipayos locales, estos últimos antes unitarios, hoy liberales, neoliberales y libertarios. 

En esa línea se puede ver la continuidad en el accionar nefasto e intervencionista soberbio y grosero de Lord Ponsonby (interviniendo en la política exterior e interior de Argentina en nuestros comienzos; en forma claramente negativa contra nuestra Grandeza Nacional); luego el cínico accionar de Philip (el príncipe consorte Felipe de Edimburgo), quien convocado por los sempiternos agrogarcas feudales y tozudamente antiindustrialistas, en pleno gobierno de Frondizi y ante los notables avances de industrialización, “aconsejó” volver a dedicarnos solamente a “aquello que sabemos hacer”…o sea, a retrotraernos al país estancia, anacrónico e inviable ya a comienzos del siglo XX; y se puede ver la continuidad en el abrazo de la impresentable ministra Gómez Alcorta con el embajador Mark Kent, seguramente coincidiendo en las exaltaciones de “políticas de género” y similares (que en muchos casos provocan serios e insondables debates internos, que abonan la fragmentación nacional), mientras parece haber olvidado la cárcel que padece Milagro Sala. ¿No sabe Gómez Alcorta que se abrazó con el representante de la potencia usurpadora y agresora…? 

Tampoco caben olvidar las descaradas presiones de altos funcionarios de EEUU, que viajaron a Buenos Aires para presionar en contra de la continuidad del Plan Nuclear y de Atucha 3, con financiación y tecnología china; y con sordina para evitar que el imprescindible reequipamiento de nuestras Fuerzas Armadas – especialmente la maltrecha Fuerza Aérea- se haga en base a las muy interesantes propuestas de Rusia y China, las que lógicamente no son alcanzadas por los sucesivos vetos del Reino Unido y EEUU a otras posibles adquisiciones barajadas en años anteriores. 

Claramente nos quieren inermes e indefensos, mientras los muy colonizados milicos proceseros (en las antípodas de los Señores Militares de Mentalidad Nacional, que supimos tener, y que hoy parecen muy escasos), siguen en las nebulosas de sus confusiones y profundas ignorancias, mentalmente subordinados a “la gran democracia del norte” mientras siguen recelando e incluso odiando irracionalmente a Rusia y China, tal como les siguen instigando con “mensajitos” y publicaciones “de defensa”, anacrónicos y carecientes del más elemental sentido de Grandeza Nacional. 

Claro está que también es muy negativo el pensar y accionar de ciertas “progresías”, que con nulo raciocinio y Sentido de Lo Nacional, se oponen con argumentaciones burdas y descalificaciones fáciles de “fachos”, a todo proyecto positivo que involucre a las Fuerzas Armadas en iniciativas de integración al tejido social y a posibles y muy necesarios involucramientos en iniciativas de desarrollo industrial y tecnológico. 

Son las mismas “progresías” que con necios entusiasmos apoyan al ecologismo cavernario, que bajo pretextos “ecológicos” se oponen a todo proyecto de desarrollo nacional; como también apoyan secesionistas iniciativas de segregación y disolución nacional, bajo pretextos de ultra indigenismo odiador, con libretos dictados desde Mapuche Nation y otras usinas de colonización cultural, con claras trazas del Foreign Office y de los promotores de la globalización salvaje. 

En ese aquelarre de confusiones, se regodean los personeros del neoliberalismo, que siguen con sus acciones carentes de todo Sentido Nacional, y en medio del escandaloso y amañado juicio contra la Vicepresidenta, subrepticiamente logran mantener el statu quo de la Hidrovía y su falta de controles nacionales, por lo cual todo ese sector bien podría calificarse (parafraseando a Eduardo Galeano), como Las Venas Abiertas de Argentina. 

Complicado cuadro de situación, de lo cual es imprescindible tomar conciencia y accionar en forma pronta y expeditiva, pues nos llevan a los empujones a la disolución nacional, objetivo claro del neoliberalismo, con sus agentes internos y las presiones de al menos partes sustanciales del Bloque Atlantista. 

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