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Menos faena y más kilos: la ganadería argentina da señales de un posible giro hacia la retención

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La ganadería argentina atraviesa una etapa en la que tres indicadores comienzan a alinearse en una misma dirección: menos animales enviados a faena, una participación decreciente de las hembras y un mayor peso promedio por cabeza. El cuadro todavía no alcanza para confirmar el inicio de una fase de retención, pero sí permite identificar una transición potencial después de varios años caracterizados por la reducción del stock bovino.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) entre enero y julio de 2026 se faenaron 7,1 millones de cabezas, un 9,5% menos que en igual período del año pasado y cerca de un 10% por debajo del promedio de los últimos cinco años. Se trata, además, del volumen más bajo para los primeros siete meses de un año en nueve años y la proporción de hembras cayó al 44,3% en julio. Junto con un peso de la hacienda en máximos y una tasa de extracción en disminución, la oferta parece alejarse de la fase de liquidación.

En el presente artículo se analizará el desempeño del sector bovino nacional durante los primeros siete meses de 2026, a partir de distintos indicadores de oferta y su posible relación con el ciclo ganadero en Argentina.


La faena de hembras entra en zona umbral

El volumen y la composición de la faena son la principal puerta de entrada para leer en qué fase del ciclo se encuentra la ganadería. En lo que va de 2026, ambos indicadores comenzaron a dar señales. La faena durante los primeros siete meses de 2026 se ubicó en 7,1 millones de cabezas. Esto representa una disminución del 9,5% en comparación con el mismo período del año pasado, y cerca de 10% menos comparado contra el promedio de los últimos cinco años para dicho período. Además, es el registro más bajo en nueve años. El contexto de los últimos años estuvo caracterizado por una fase de liquidación de stocks que comenzó en el año 2019. Entre 2018 y 2025, la cantidad de cabezas en Argentina cayó de 55,0 a 50,9 millones, es decir, hubo en el transcurso de esos años una reducción del rodeo de 4,1 millones de bovinos.

Con la mejora en los precios de la hacienda, que alcanzaron en el transcurso del año en curso récords históricos (medidos tanto en dólares corrientes como en pesos reales deflactados por IPC), sumado a la adecuada disponibilidad hídrica generalizada en buena parte de las áreas productivas, se han visto incrementados los incentivos para reducir la faena de hembras y orientar la estrategia productiva hacia una recomposición de stocks. Todavía no hay evidencia concluyente acerca de que nos encontremos ingresando en una fase de retención, pero sí se observa que algunos indicadores comienzan a alejarse de los umbrales que indican liquidación.

Un ejemplo de lo anterior es el dato de porcentaje de hembras sobre el total de la faena. Históricamente, valores de este indicador por encima del 47% han tendido a coincidir con las fases de liquidación, mientras que valores por debajo del 43% han sido más acordes a fases de retención. Durante el agregado de los primeros siete meses de 2026 el registro se ubica en 46,6%, un valor relativamente alto, pero dentro de la zona umbral entre fases. Además de eso, se observa una tendencia decreciente en el transcurso del año de la proporción de hembras en la faena. En el último mes con datos oficiales, que es julio, la proporción de hembras en la faena disminuyó hasta el 44,3%, siendo este el mínimo registro en 44 meses, el cual ubica al indicador en una “zona intermedia” entre las dos fases que caracterizan el ciclo. 

Desde luego, cabe aclarar que el registro de julio todavía no confirma una fase de retención: para ello el indicador debería ubicarse debajo del 43%, y luego sostenerse en esa zona durante varios meses consecutivos, algo que no ocurre desde 2017. Lo que sí muestran los datos es una zona de posible transición: la señal es coherente con la idea de que el ciclo podría estar comenzando a girar de la liquidación hacia la retención, aunque el cambio no está aún definido ni consolidado, para ello habría que ver si la tendencia se ratifica en los últimos meses del año.


Menos cabezas, pero mayor peso

Los mismos factores que incentivan a la retención de hacienda, es decir, la buena disponibilidad hídrica y los altos precios del kilogramo vivo, impulsaron también a extender el engorde y a enviar animales más pesados a faena. A partir de ello, el peso promedio por animal ascendió durante los primeros siete meses de 2026 a 238,2 kg gancho, superando en 7,6 kg por animal al registro del año pasado, y en 9,5 kg al promedio del último lustro. Este peso promedio es el máximo en los registros para el período considerado, con datos desde 1990.

Si se observan los datos mensuales, en lugar del promedio enero-julio, los datos son aún más alentadores: en julio de 2026, el peso promedio por animal ascendió hasta los 244,3 kg gancho, el máximo valor en los registros. Esta dinámica de mayor agregado de peso previo a la faena se ve también reflejada en las existencias que hay en los establecimientos de engorde a corral. Tal como indica el informe de Rosgan del presente informativo, las mismas alcanzaron las 2.131.785 cabezas al 1° de agosto, lo que representa un incremento interanual del 4,9% respecto del mismo mes del año pasado.


La tasa de extracción también cerca de un valor umbral

Un último indicador que resulta de interés para analizar el estado del ciclo ganadero es el de la tasa de extracción, que puede ser aproximada a partir de la relación entre la faena total durante un año y el stock de bovinos al comienzo de este. En Argentina, la bibliografía especializada indica que existe un valor umbral del 24%: niveles por debajo de esta cifra suelen asociarse a períodos de retención (como ocurrió entre 2011 y 2018, donde el promedio fue del 23,2%), mientras que valores superiores sugieren una fase de liquidación.

Si se realiza el ejercicio teórico de anualizar la faena en base a los primeros siete meses de 2026 y a la estacionalidad promedio de los últimos años, el resultado sería una faena anual de alrededor de 12,3 millones de cabezas en el año en curso. Frente a un stock de 50,9 millones de cabezas a fines del año 2025, esto daría como resultado una tasa de extracción de 24,3% durante 2026, prácticamente en el umbral que delimita el paso de una fase a otra. Si efectivamente se mantuviese esta dinámica hasta fin de año, sería posible que hacia fines de año los stocks presentasen una ligera suba, dado que esto es lo que ha sucedido generalmente en años con niveles de extracción similares. De darse esta situación, los stocks podrían ubicarse en un entorno cercano a las 51,1 millones de cabezas a fines de año. Cabe mencionar, sin embargo, que esto constituye solo un ejercicio teórico, dado que todavía restan verse los movimientos durante los últimos cinco meses del año.

En síntesis, los tres indicadores analizados —una faena en mínimos con una participación de hembras en descenso, un peso por animal en máximos históricos y una tasa de extracción ubicada apenas por encima de su valor umbral— apuntan en una misma dirección: la de una posible transición desde la fase de liquidación hacia una de retención. Ninguno de ellos alcanza todavía para confirmar el inicio de esa nueva etapa, que recién podrá darse por consolidada si la tendencia se sostiene en lo que resta del año. Será clave, por lo tanto, continuar monitoreando de cerca la evolución de estos indicadores en los próximos meses.

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La faena bovina cayó 9% en el primer semestre, pero el mayor peso por animal abre una ventana para estabilizar el rodeo

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La ganadería argentina comenzó 2026 con una señal que puede marcar un cambio de tendencia en el ciclo productivo. La faena bovina acumuló una caída del 9% durante el primer semestre y alcanzó el nivel más bajo de la última década para ese período, pero el menor ritmo de extracción viene acompañado por un incremento histórico del peso de faena, un indicador que mejora la eficiencia del sistema y podría contribuir a recomponer el stock ganadero.

Así surge de un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza los registros preliminares de remisiones a plantas de faena y las perspectivas para el cierre del año. Entre enero y junio se habrían faenado aproximadamente 6.025.000 cabezas, frente a los 6.613.000 animales registrados en igual período de 2025.

En los primeros seis meses del año, la faena bovina estaría superando muy ligeramente los 6 millones de animales.

Como dato preliminar, las remisiones a plantas de faena registradas mediante el DTe registran el traslado de 1.081.077 vacunos durante el último mes. En consecuencia, considerando este último registro, la faena acumulada entre enero y junio sumaría aproximadamente 6.025.000 cabezas.

Comparado con los 6.613.000 vacunos faenados en igual período del año pasado, el volumen actual resulta un 9% inferior y constituye, a su vez, el registro más bajo de los últimos diez años.

Más allá del dato parcial, el aspecto más relevante es proyectar cuál podría ser la faena total del año a fin de evaluar su eventual impacto sobre el ciclo ganadero.

Si bien la faena mensual presenta una relativa estabilidad a lo largo del año, las estadísticas muestran una estacionalidad consistente: la actividad registrada durante el primer semestre suele representar una proporción ligeramente inferior a la de la segunda mitad del año.

Sobre la base de los últimos 25 años, la faena del primer semestre representó, en promedio, el 49% de la faena anual, con un máximo del 51% y un mínimo del 46%.

En términos generales, los años en los que el ritmo de faena fue más acelerado —es decir, cuando más del 50% de la faena anual se concentró en el primer semestre— terminaron registrando un volumen anual relativamente bajo de animales. En cambio, los años en los que la participación del primer semestre fue inferior al promedio tendieron a cerrar con niveles de faena más elevados.

Para el presente ciclo, los datos observados hasta el momento sugieren un escenario de faena más cercano a un ritmo lento que a uno acelerado.

En efecto, la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde con destino a faena, sumada al fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación, está desplazando hacia adelante la oferta de animales terminados. Este proceso ya comienza a reflejarse en el incremento del peso de faena: en mayo, el peso promedio de la res en gancho alcanzó un máximo histórico de 240 kilos, con un aumento interanual de 7,5 kilos por res.

Este comportamiento sugiere que una mayor proporción de los animales en producción llegará a faena durante la segunda mitad del año, reduciendo la participación relativa del primer semestre sobre la faena anual.

Bajo este escenario, si se extrapola el volumen faenado hasta junio y se asume que el primer semestre representará entre el promedio histórico (49%) y el mínimo observado en la serie (46%) de la faena anual, los poco más de 6 millones de animales faenados hasta la fecha permitirían proyectar una faena total de entre 12,4 y 13,1 millones de cabezas. Esto implicaría una reducción de entre 500 mil y 1,2 millones de animales respecto de la faena registrada el año pasado.

Como referencia, en 2025, la producción de terneros aportó aproximadamente 14,4 millones de cabezas al sistema, mientras que la faena alcanzó los 13,6 millones. Sin embargo, el stock bovino cerró el año con una caída cercana a las 700 mil cabezas, explicada principalmente por la mortandad natural del rodeo, que habitualmente representa entre el 2% y el 3% de las existencias.

Para el presente año, aun suponiendo una tasa de destete similar o incluso ligeramente superior, el potencial de crecimiento de la producción de terneros se encuentra limitado por una menor cantidad de vientres en servicio. En efecto, el rodeo cuenta actualmente con unas 500 mil vacas menos expuestas a servicio, por lo que difícilmente el número de terneros destetados resulte significativamente superior al del ciclo anterior.

En consecuencia, si la oferta de reposición no aumenta de manera sustancial, la faena anual debería ubicarse entre 1 y 1,5 millones de cabezas por debajo de la registrada en 2025 para permitir que el stock bovino cierre el año en niveles relativamente estables, una vez descontadas las pérdidas naturales del sistema.

En adelante, será clave seguir de cerca la evolución de los feedlots, dada la creciente participación que vienen adquiriendo dentro de la oferta total de animales destinados a faena. Con los datos del primer semestre puede estimarse que más del 37% de los animales remitidos a faena provienen de corrales de engorde, cuando apenas cinco años atrás esa participación apenas superaba el 30%.

Asimismo, la elevada ocupación de los establecimientos de engorde a corral —más de 2,17 millones de animales en stock al 1º de julio, según SENASA, el segundo mayor registro de la serie— reafirma el papel protagónico que seguirán teniendo en la oferta de hacienda durante los próximos meses.
Este incentivo no solo responde a la favorable relación entre el costo del alimento y el valor de la hacienda terminada, sino que además se presenta en un contexto de precios históricamente elevados para la hacienda en general.

En efecto, si bien el precio de la invernada viene mostrando desde el año pasado una relación de reposición relativamente cara respecto de su promedio histórico —habitualmente entre 1,2 y 1,3—, durante el mismo período el costo del maíz medido en kilos de novillito llegó a ubicarse entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico (93,4), fortaleciendo significativamente los márgenes del engorde.

En definitiva, el sector atraviesa una de las combinaciones más favorables para la producción ganadera: precios firmes para la hacienda y costos relativos más bajos tanto para el maíz como también para otros insumos necesarios para intensificar los sistemas de producción. Esta mejora en la relación insumo-producto redunda en mayores incentivos para agregar eficiencia y productividad a lo largo de toda la cadena.

En este contexto, el mejor escenario para el sector sería cerrar el año con una faena moderada en número de animales, pero con una mayor eficiencia productiva, reflejada en un incremento del peso medio de faena y, en consecuencia, en una mayor producción de carne por cabeza. De este modo, la menor extracción de animales no necesariamente implicaría una caída proporcional en la producción de carne, al tiempo que contribuiría a estabilizar el stock bovino.

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